Capítulo anterior:

-¡Eso es! –exclamó haciendo que las otras dos la mirasen confundidas- "El 8 siempre protege al 5, el 5 siempre está en el corazón del 8, juntos nada los podrá detener" –repitió- Eso es lo que quería decir Estella. Tú eres el 8 –señaló a Quinn- y yo soy el 5, tenemos que estar juntas y nada nos podrá detener.

Quinn la miró frunciendo el ceño confundida.

-¿Juntas en que sentido? –preguntó.

-Pues… -la miró pensativa- no lo tengo muy claro.

Y Ruth no pudo evitar que una traviesa sonrisa apareciese en su rostro.

Capítulo 21: Unión.

Llegaron a casa de Quinn en silencio cada una perdida en sus pensamientos. No sabían que hacer con lo que acaban de descubrir y Ruth en realidad no había sido de mucha ayuda.

-¿Qué tal el paseo cariño? –preguntó Judy interceptándolas en el pasillo en dirección a las escaleras.

-Bien mamá –murmuró Quinn con voz apagada- Estaremos en mi habitación –dijo escuetamente.

Judy la miró frunciendo el ceño dándose cuenta del estado en el que se encontraba su hija y no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Miró a Rachel intentando encontrar alguna explicación pero la morena solo sonrió tímidamente y enseguida desvió la mirada dejándose guiar por Quinn hasta su habitación.

Nada mas entrar Quinn se dejó caer en la cama, colocándose de lado y abrazando su almohada, estaba devastada, confusa, todo era demasiado ya e intuía que iba a ir a peor a cada día que pase, hasta que todo terminase, porque estaba completamente segura de que iba a terminar y seguramente con su muerte, ya era un hecho para ella.

No tenía fuerzas para luchar, no tenía ganas, con sumo gusto se entregaría a aquel hombre para que acabase con ella de una vez por todas porque toda esa espera, todo ese caos la estaba matando lentamente.

Cerró los ojos y suspiró pesadamente mientras Rachel se quedó unos segundos en la puerta sin saber que hacer, hasta que se decidió tumbándose justo detrás de la rubia y abrazándola por la espalda, intentando darle el confort que tanto necesitaba.

Quinn automáticamente se relajó entre sus brazos, echándose un poco hacia atrás para pegarse aun más a ese pequeño cuerpo que conseguía lo que ninguna otra cosa. Seguía sin entender su relación, el porque le aliviaba estar con Rachel, pero en esos momentos no le importaba, solo quería sentirse bien por un momento.

El silencio era lo único que se escuchaba en aquella habitación mientras que Quinn solo quería dormir y no despertar y Rachel se aferraba a la otra con firmeza, no queriendo dejarla escapar con tanta facilidad.

Eran un complemento, lo llevaban siendo desde que empezó todo aquello pero cada vez eran más conscientes de ello. Tenían que asumirlo, parecían destinadas a estar juntas de una extraña, misteriosa y confusa manera, pero juntas al fin y al cabo.

La mano de Rachel se deslizó lentamente de arriba abajo sobre el vientre de Quinn de manera ausente mientras que intentaba relajarse inundándose del olor de la rubia y llevando sus pensamientos a algún recóndito lugar en su cabeza. No quería reconocerlo, pero ella también estaba agotada, evidentemente no era el mismo agotamiento que el de Quinn porque después de todo ella no estaba viviendo todo aquello, ella era mas bien un apoyo, una observante de toda aquella extraña historia, pero la tensión y el estrés hacía también mella en ella de una manera que ni siquiera había sido del todo consciente. Si, había estado durmiendo muy poco últimamente, pero eso nunca había sido un impedimento para su rebosante energía, hasta ese momento. O es que a lo mejor simplemente Quinn la relajaba, como bien dije antes, se complementaban, Rachel cedía su energía a la rubia para que pudiese continuar todo aquello y Quinn conseguía que la morena se relajase, todo un logro en ambos casos.

-¿Crees que Ruth tenía razón? –murmuró Quinn pensativa mientras comenzaba a hacer caricias con uno de sus dedos en la mano de la morena.

-¿En que exactamente? –indagó Rachel deteniendo la mano dejando que la rubia jugase con ella.

-En que el destino nos juntó por una razón, que tenemos una conexión especial –respondió Quinn con voz tranquila mientras seguía dibujando figuras abstractas en la piel de la otra.

-No… no lo sé –tartamudeó algo nerviosa.

Quinn suspiró sin detener sus caricias.

-Creo que… -comenzó a hablar de nuevo Rachel de manera pausada- Uhm… -pensó durante un segundo intentando averiguar como expresarlo- creo que nos complementamos. Me siento cómoda estando contigo, tranquila y siento como si pudiese ser yo misma, sin necesidad de ocultar alguna parte de mí.

-Siento lo mismo –susurró mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro al escuchar la confesión de la morena- ¿Crees que si nada de esto hubiese ocurrido nos hubiésemos dado cuenta? –preguntó frunciendo levemente el ceño.

-Yo… -carraspeó- yo siempre he querido formar parte de tu vida de alguna manera –confesó- por eso siempre he insistido tanto en que fuésemos amigas, pero tú nunca parecías tener intención de acercarte a mi –murmuró tristemente.

-Yo era estúpida –dijo con firmeza- Aun lo soy… -reconoció- estaba tan obsesionada con ser popular, con destacar que no me importaba nada mas, ni siquiera lo que fuese mejor para mi o simplemente lo que me gustaría hacer. Tenía que tener una mascara constante, no flaquear en ningún momento, era… -cogió aire con fuerza- frustrante.

Los patrones en la mano de Rachel cambiaron sin que ninguna de las dos fuese consciente. Quinn comenzó trazar el mismo dibujo con sus caricias una y otra vez.

-¿Por qué te importa tanto la popularidad? –preguntó Rachel de manera curiosa.

-No lo sé… -susurró pensativa- Me gusta ese poder, esa atención, por lo menos lo hacía, aunque nunca me ha gustado lo que tengo que sacrificar para conseguirlo –explicó.

-¿Cómo por ejemplo? –indagó la morena.

La estancia se quedó en silencio mientras Quinn pensaba sin dejar de trazar el dibujo en la mano de la otra. ¿Qué es lo que tuvo que sacrificar por la popularidad? Pensó para si misma. Muchas cosas, comer lo que quisiera, vestir como realmente le gustaba, poder juntarse con quien le apeteciese y una larga lista que seguía a todo aquello, pero en esos momentos solo podía ver una cosa, la mas importante para ella en esos instantes que tuvo que sacrificar con ser popular.

-Tú –dijo con firmeza.

Rachel se congeló en cuanto esas palabras salieron de su boca. Quería responder de alguna manera, pero parecía como si hasta su corazón se hubiese detenido momentáneamente al oír aquello que si era sincera siempre había esperado escuchar. Pero después de ese momento de congelamiento, todo cambió de repente, en un instante.

-¡Ahhhhhhh! –gritó Rachel de repente alejando su mano con brusquedad de Quinn y aferrándose a ella con una mueca de dolor en su rostro.

-¿Qué pasa? –preguntó alarmada Quinn mientras se giraba para mirar a la otra y ver que es lo que ocurría.

Pero al hacerlo solo pudo ver como la morena se aferraba a su mano dando pequeños gritos mientras cerraba con fuerza los ojos, hasta que una potente luz comenzó a dejarse entrever a través de la mano que la tapaba.

Quinn intentó decir algo, pero solo un balbuceo salió de sus labios al ser consciente de lo que estaba ocurriendo sin entender realmente que es lo que estaba pasando.

-¡Quema! –gritó Rachel retorciéndose y levantándose de la cama rápidamente para correr hasta el baño.

La rubia la siguió con rapidez y cuando llegó a su lado vio como Rachel metía la mano bajo el agua intentando calmar el calor abrasador que sentía pero lo único que consiguió fue confundirse más. Fue consciente al meter la mano bajo el agua de la luz que salía de un extraño símbolo grabado a fuego en su piel, un fuego que ni siquiera era capaz de calmar el agua, porque ni siquiera llegaba a tocar su piel.

El agua se deslizaba por la tubería y justo cuando estaba a punto de tocar la parte ardiente de su mano, aquel símbolo, se evaporaba por completo.

-¿Qué está pasando? –preguntó Rachel asustada aunque a medida que la luz se iba apagando lentamente el dolor disminuía gradualmente de la misma manera.

-No… no lo sé –tartamudeó Quinn observando todo en un estado de shock.

No sabía lo que había pasado, pero lo que si sabía es que eso lo había hecho ella, era el mismo lugar el cual estaba acariciando y además de eso reconoció el símbolo que en esos momentos estaba grabado en la piel de Rachel. Era uno de los símbolos que tenía la caja y aunque todavía no sabía muy bien como, a medida que pasaba el tiempo era capaz de leer aquellos símbolos con mayor claridad, como si su extraño idioma se formase dentro de su cabeza dándole una forma que solo ella fuese capaz de leer. Y ese símbolo, no era ni más ni menos, que el símbolo del amor.

Rachel alzó la cabeza cruzando su mirada con la de Quinn mirándola asustada.

-¿Lo hiciste tú? –preguntó la morena dándose cuenta de repente.

-Yo… creo que si… -la miró con pánico en su mirada.

En esos momentos la luz se apagó y el dolor se alivió por un segundo en el cuerpo de Rachel que no dudó en alejar la mano de aquel agua que había resultado inútil y enfrentarse a la rubia.

-¿Qué significa? –indagó Rachel frunciendo el ceño alternando su mirada entre Quinn y la quemadura con forma de símbolo que tenía en la mano.

-Creo que… -se mordió el labio intentando contener su corazón golpeando desbocadamente contra su pecho- creo que significa que me estoy enamorando de ti –dijo dubitativa.

Rachel alzó la cabeza mirándola con los ojos como platos totalmente sorprendida, pero no pudo hacerlo durante mucho tiempo porque de improvisto la luz regresó, cegándolas durante un segundo para después mirar la mano de la morena de nuevo.

El símbolo se iluminó durante un instante y después desapareció por completo, pero ahí no terminaba la cosa, la luz comenzó a deslizarse por el interior de Rachel subiendo por su brazo hasta su hombro, para después recorrer su pecho hasta llegar justamente al lugar donde residía su corazón.

Las dos lo miraban sin saber que hacer o que es lo que demonios estaba ocurriendo. No entendían nada y cuando un dolor atravesó el pecho de Rachel soltando un alarido Quinn no pudo hacer nada mas que acercarse rápidamente colocando su mano sobre aquel lugar consiguiendo que el dolor desapareciese pero la luz aumentase cada vez mas, hasta que la rubia retiró la mano y ambas vieron como un pequeño hilo de luz salía del pecho de Rachel a la vez que ocurría exactamente lo mismo desde el pecho de Quinn.

Los dos hilos se deslizaron por el aire hasta encontrarse justo en el medio formando un nudo que se ató con firmeza.

El dolor desapareció por completo mientras observaban esa extraña unión que estaban teniendo y la luz iba desapareciendo poco a poco. Cuando desapareció por completo, las dos dejaron de mirar ese punto vacío donde antes se encontraba la luz y fijaron su mirada en la otra, con intensidad.

No hablaban, ninguna de las dos podía decir nada, aunque ni siquiera eran capaces de pensar en nada en esos momentos. No sabían que es lo que había pasado, pero dentro de su corazón eran conscientes de que es lo que acababa de ocurrir frente a ellas. Sus corazones acaban de unirse de una forma que ninguna entendía, pero tampoco les importaba, solo podían mirarse y mirarse mientras, sin darse cuenta, avanzaban hasta que quedaron a escasos centímetros de la otra, sin apartar la mirada en ningún momento.

Las dos sabían lo que iba a ocurrir o por lo menos lo que esperaban que ocurriese y cuando estaban a punto de rozar sus labios por primera vez, Quinn sintió un fogonazo dentro de su cabeza, como si algo comenzase a estallar ahí dentro.

Gritó alejándose repentinamente llevando las manos a su cabeza aferrándose a ella con fuerza intentando que ese dolor desapareciese mientras que Rachel parpadeó un par de veces regresando a la realidad y se acercó de nuevo a ella intentando averiguar que es lo que ocurría.

-¿Qué pasa? –preguntó alarmada colocando su mano sobre el brazo de la otra.

Pero eso solo consiguió que el dolor en la cabeza de Quinn aumentase, al igual que sus gritos.

-¡No me toques! –gritó Quinn desesperada alejándose aun mas mientras que Rachel la miraba dolida y preocupada, pero obedeció retrocediendo hasta quedar en la otra punta de la habitación.

Su mirada no se despegaba de la otra solo queriendo acercarse a ella y consolarla como tantas veces había hecho en los últimos días, pero que ahora no parecía funcionar, de hecho estaba ocurriendo todo lo contrario. Antes Rachel calmaba los dolores de Quinn, ahora los aumentaba. ¿Qué es lo que había cambiado? Ambas sabían que es lo que había cambiado, pero aun así no entendían ese cambio. Todo era demasiado confuso y ahora si que no entendían nada, pero tampoco fueron capaces de hablarlo o discutirlo porque debido a los alaridos de dolor de la rubia, Judy no tardó en aparecer por la puerta, totalmente alarmada.

-¿Qué ha pasado? –preguntó mirándolas preocupada.

Quinn seguía aferrándose a su cabeza mientras las lágrimas, debidas al dolor, se deslizaban sin control por sus mejillas.

-Me duele… mamá…. Me duele… -sollozó Quinn.

Judy no lo dudó y abrazó a su hija intentando consolarla y provocando que la rubia se relajase levemente en esos brazos mientras su madre la guiaba hasta la cama donde la tumbó.

Rachel mientras tanto las siguió en silencio, a una distancia prudencial, sin saber que hacer o que decir.

-Cariño… -susurró Judy mirando a Rachel- creo que es mejor que te vayas a tu casa, Quinn necesita descansar –le aconsejó.

La morena miró a Quinn que en esos momentos solo era un cuerpo prácticamente inerte en esa cama y asintió distraídamente para después abandonar aquella habitación aun en estado de shock. ¿Qué demonios había pasado?


Muchas preguntáis por Sadie. En el próximo capítulo se averiguara que es lo que ocurrió con ella.
No voy a abandonar mis otras historias por esta, lo que voy a hacer es que en vez de una actualización por ronda serán dos (osea, dos actualizaciones de esta historia por una de las otras) así no tendréis que esperar tanto y dado que los capítulos son mas cortos que en mis otras historias así lo compenso.