Leah abrió el dosel de la cama de Lyra y se sentó en el colchón antes de soltar un montón de papeles sobre este. Sacó su varita e hizo un muffliato antes de que su amiga pudiera decir nada.
- ¿Qué es esto? – Preguntó la rubia finalmente, incorporándose. Ya estaba completamente dormida, ¿qué le pasaba a Leah?
- Nuestro primer plan contra esa gente. – Contestó con una amplia sonrisa. Llevaba algún tiempo trabajando en él y se sentía muy orgullosa. – ¿Qué te parece?
- Déjame ver. – Lyra empezó a examinar los distintos mapas de los pasillos y lo que tendría que hacer cada uno. Cuando terminó miró a su amiga con el ceño un poco fruncido. – Está bien pero, ¿para qué sirve?
- Para descubrir a quiénes nos enfrentamos exactamente.
- Explícate.
- Le pedí el mapa a Jane hace unas semanas y lo he estado examinando atentamente cada noche. – Empezó a explicar. – Me he dado cuenta de que hay un grupo que se reúne cada dos días a una determinada hora. La semana pasada se reunían en el aula de Encantamientos, pero hace un par de días cambiaron a la de Aritmancia.
- ¿Crees que son ellos? – Abrió mucho los ojos. – ¿Por qué no nos dices quiénes son y ya está? Así podremos enfrentarnos cuanto antes.
- Estoy casi segura de que lo son, pero no quiero acusar a nadie sin pruebas. – Leah señaló los papeles. Había descubierto en esa reunión a gente que no se esperaba, pero también a otra que no la sorprendía en absoluto. – Si hacemos esto y ponemos esa poción en la puerta las manos de todos ellos se mancharían y a la mañana siguiente podríamos reconocerlos y a partir de ese momento comenzará nuestra venganza.
- Me parece un buen plan, ¿cuándo nos reunimos con los demás para contárselo?
- Ya. – La cogió del brazo y tiró de ella para salir de la cama.
- Es la una de la madrugada.
- Lo sé, pero tenemos que atacar mañana, sé que no van a cambiar todavía el punto de reunión, es el momento ideal, no lo verán venir. – Insistió. – Cogeré la capa y nos colaremos en sus dormitorios.
- ¿Te sabes la contraseña? – Lyra no sabía ni por qué se extrañaba. Leah tenía ojos en todas partes.
- Por supuesto. – Volvió a tirar. – Venga, vamos.
No tuvo que repetírselo más veces. Ambas se pusieron los zapatos, se cubrieron con la capa de invisibilidad y salieron de la torre. Avanzaron lentamente, con el mapa entre las manos y cuidado de no ser descubiertas. Cuando llegaron a las mazmorras, Leah susurró la contraseña y las dos entraron a la Sala Común de Slytherin que, por suerte, estaba vacía. Primero subieron a los dormitorios de las chicas, donde despertaron a Jane. La rubia las siguió hasta los dormitorios de los chicos. Leah entró a por Dan y las otras dos a por Orion pero, cuando los dos mellizos salieron al pasillo, vieron que el rubio no estaba.
- Su cama estaba vacía. – Murmuró Lyra.
- Estará con Ingrid. – Jane se encogió de hombros. – Desde que han empezado a salir pasan mucho tiempo juntos.
- Lo compruebo en un segundo. – La morena sacó el mapa y buscó en los dormitorios de Hufflepuff. Ingrid tampoco estaba. – Están juntos seguro, probablemente en la Sala de los Menesteres porque no los veo. – Miró a la hermana del chico que tenía el ceño ligeramente fruncido. – Lyra, hasta tu hermano pequeño…
- Ni se te ocurra terminar esa frase, Leah Anne.
Leah estalló en carcajadas, pero no dijo nada más. Le encantaba picar a Lyra con aquel tema.
- ¿Para qué nos habéis llamado? – Preguntó Dan entonces, de forma impaciente. Odiaba que lo despertaran. – Espero que no haya sido solo para hablar de la vida sentimental de Orion, porque si es así no me parece divertido.
- No, tenemos un plan, vamos a empezar con esto de una vez. – Su hermana sonrió. - ¿Dónde podemos hablar sin que nos escuchen?
- Venid a mi cuarto, correré las cortinas y haré un muffliato. – Sugirió mientras bostezaba. – Anda, vamos, antes de que me quede dormido aquí en medio.
Las tres chicas lo siguieron hasta su dormitorio y, una vez todo estuvo listo, las dos Gryffindor comenzaron a explicar el plan. Cuando terminaron, Jane y Dan intercambiaron una mirada antes de decir nada.
- Me parece bien. – Dijo la rubia finalmente.
- Y a mí. – Añadió Dan, dedicándole una media sonrisa a su hermana. – Buena idea, princesita.
- Gracias. – Le guiñó un ojo. – Explicádselo a Orion, tenemos que tener mucho cuidado, no pueden descubrirnos.
- Entendido. – Jane asintió. – Prepararé la poción a primera hora de la mañana, antes del desayuno. Por suerte se hace rápido.
- Orion y yo pondremos los sensores en los pasillos.
- Y nosotras colocaremos esa poción en la puerta y las sillas. – Leah apretó un poco los labios.- Espero que todo el mundo se manche aunque, de todas formas, veremos sus nombres en el mapa.
- Ojalá mañana vayan todos. – Murmuró Lyra.
- Ojalá.
Los cuatro chicos siguieron el plan a raja tabla, aunque Leah no les contó una pequeña parte de este, algo más personal. Poco antes de la hora acordada, quedó con Chad en la Sala Común para charlar un poco. Ya era tarde y estaba completamente vacía así que empezaron a besarse, pero cuando la cosa iba a pasar a mayores, ella fingió que tenía mucha sed y subió a su cuarto a por un poco de cerveza de mantequilla. Le dio la petaca primero a él, que no dudó en beber. Ella suspiró, un poco nerviosa, mientras el moreno iba notando los efectos de la poción hasta quedarse profundamente dormido. Con mucho cuidado, y rogando porque nadie la viera, lo sacó de la torre y lo llevó hasta un cuarto de la limpieza cercano. Lo encerró y puso varios hechizos antes de regresar a su dormitorio y empezar a prepararse. No estaba muy segura de por qué había hecho aquello – bueno, sí lo sabía pero no quería admitirlo – y sabía que era muy arriesgado, pero no podía permitir que los demás descubrieran que él pertenecía a ese grupo. Lo sabía desde hacía tiempo, sentía aquella corazonada desde el año anterior, pero ver su nombre junto a los de tantos otros conocidos (Ryan, el profesor de Herbología, incluso McLaggen) había hecho que su corazón se rompiera un poco. Había conservado la ligera esperanza de equivocarse, pero esta se había evaporado por completo al verlo allí. Y aún así quería protegerlo porque siempre había sabido que aquellos serían sus últimos meses juntos y, si los demás descubrían la verdad, intentarían alejarlo de ella como fuera. Dirían que todo formaba parte de un plan y acabarían peleándose, la harían elegir y ella no quería tener que hacerlo. No podía permitir que eso sucediera, quería disfrutar del poco tiempo que les quedaba juntos con tranquilidad. Sabía que si él hubiera querido hacerle algo, ya lo habría hecho mucho tiempo antes.
- ¿Estás lista? – Le preguntó Lyra en un susurro. Estaba realmente nerviosa, aunque trataba de aparentar tranquilidad. Leah y ella eran las que más iban a arriesgarse y no podía permitirse ningún fallo ni descuido.
- Sí. – La morena asintió, saliendo de sus pensamientos. Cogió la capa de invisibilidad y forzó una leve sonrisa. – Vamos, Dan y Orion deben estar ya en sus puestos.
Se cubrieron con la capa y salieron sigilosamente de su dormitorio, en dirección al aula de Aritmancia, donde últimamente se celebraban aquellos encuentros. Llevaban consigo la poción que Jane había preparado aquella mañana. La habían probado y parecía funcionar perfectamente, ahora solo debían tener cuidado al aplicarla o las descubrirían. La Slytherin había conseguido que tuviera un cierto efecto retardado para que no se dieran cuenta hasta por la mañana y no pudieran encontrar un remedio. Afortunadamente, todavía no había llegado nadie cuando llegaron a la clase por lo que se quitaron la capa y empezaron a cubrirlo todo: las mesas, las sillas, las paredes, la puerta… Cualquier lugar en el que pudieran apoyarse y que pudiera darles una confirmación de quiénes eran aquellos a los que se enfrentaban. Ambas notaban el corazón a punto de salírseles del pecho y estaban atentas por si sonaba alguna de las alarmas que sus hermanos habían colocado pero, por suerte, todo salió bien y terminaron sin ningún incidente. Volvieron a cubrirse y salieron de allí rápidamente. Leah mandó un patronus a Dan diciéndole que ya podían desactivarlo todo y, cuando recibió su confirmación, empezaron a andar de vuelta hacia su torre.
- ¿No crees que deberíamos esperar por si reconocemos a alguien? – Susurró Lyra, cogiéndola del brazo y deteniéndola.
- Creo que lo mejor es volver, podrían descubrirnos si nos quedamos aquí. – Respondió la morena también en un susurro. – Además, probablemente llevarán túnicas con capucha. Los que atacaron a Jane iban así y dudo que se arriesguen a acudir a esas reuniones a cara descubierta, son unos cobardes.
- Tienes razón. – La rubia asintió.
- Y otro motivo de peso para no esperarlos es que no sé si podría controlarme al verlos o comenzaría a lanzar hechizos a diestro y siniestro.
Lyra rió un poco al escuchar aquello. La verdad era que ella también les tenía muchas ganas a esos y no estaba segura de si podría o no quedarse de brazos cruzados.
- ¿Por qué no me dices de una vez algún nombre, Leah? – Le preguntó por decimocuarto vez desde la noche anterior.
- Ya te he dicho que no quiero acusar a nadie sin pruebas concluyentes.
- Bueno, no vas a escuchar la reunión, no sabes realmente si son o no ellos.
Ese comentario hizo que Leah se detuviera. Lyra tenía razón, ella solo podía saber que habían estado allí, pero no si pertenecían a ese grupo o no. Por Merlín, aquella era una gran laguna en su plan, ¿cómo no se había dado cuenta antes? ¿Por qué nadie la había avisado?
- Tenemos que esperar hasta que aparezcan. – Murmuró entonces.
- No, tú misma has dicho…
- Sé perfectamente lo que he dicho, pero hasta que no veamos que llevan las mismas túnicas que Jane describió no tendremos pruebas. – Insistió. – Menos mal que te has dado cuenta de eso, Lyra.
- ¿Estás segura?
- Segurísima. – Suspiró y se dio la vuelta, dispuesta a desandar el camino que acababan de hacer. – Pero ya sabes, no podemos atacarlos a menos que nos descubran y tengamos que huir de ahí como sea.
- De acuerdo. – La rubia asintió y ambas empezaron a andar. – Creo que con que los esperemos en la esquina bastará.
Leah asintió y las dos se detuvieron allí. No tuvieron que esperar mucho, apenas unos quince minutos hasta que llegaron dos encapuchados vestidos exactamente como Jane los había descrito. La morena se tensó un poco y la rubia la agarró del brazo, tratando de tranquilizarla. Ahora definitivamente lo sabían, eran ellos. Esperaron un rato más que, ahora sí, se les hizo eterno hasta que creyeron que todos estaban dentro antes de volver a moverse. Corrieron hacia la torre y no se detuvieron hasta llegar a su dormitorio. Guardaron la capa y se pusieron los pijamas antes de meterse en la cama de la morena, para poder hablar con tranquilidad.
- ¿Sabías que eran tantos? – Susurró Lyra, a pesar del muffliato.
- Sí, más o menos. – Contestó ella. – Creo que hoy han venido todos, esperemos que se manchen al menos la mayoría para poder llevar a cabo nuestro plan.
- Me da un poco de miedo. – Confesó la otra chica entonces.
- ¿Te crees que a mí no? – Leah sonrió. – Estoy aterrada, pero es lo que debemos hacer, lo que nos ha tocado vivir.
- Lo sé.
- ¿Quieres dormir esta noche aquí? Podemos cotillear un rato todavía. – Sugirió, consciente de que su amiga tenía que despejarse. Sabía que tenía que ir a sacar a Chad de aquel armario, pero Lyra en ese momento la necesitaba y se prometió que iría en cuanto ella se quedase dormida.
- Me parece una buena idea.
A lo mañana siguiente se dieron cuenta de que muchos chicos de los últimos cursos se tapaban las manos de forma sospechosa y supieron que todo había salido a la perfección. La guerra estaba a punto de empezar.
