¡Hola a todos! sé que querrán matarme después de tanto tiempo pero, pues... ah... es una laaarga larga historia. Bueno, supongo que puedo empezarpor narrarla...

Hace unas semanas salió un nuevo virus, para el que ahora ya hay cura. Bueno, pero como en ese momento no la había, mi computadora trágicamente lo agarró y cuas! ya no pude para nada nadita prenderla. Fue muy raro, ya que solo dañó los archivos de arranque y como que iniciaba sesión y después se reiniciaba solita. Solo podía prenderla en el modo a prueba de errores. Entonces, intenté salvar todos los archivos que pude en la poca memoria que le quedaba libre a mi iPod, pero mi queridísima mami (si la quiero, la amo, pero... T-T) me obligó a sacar todos mis archivos de mi iPod y meter en su lugar sus fotos (si, tiene una debilidad por las fotos). Bueno, entonces no pude salvar nada más que sus adoradas fotos. Ahí no es tan grave el problema, puesto que aún se podia ver en el modo a prueba de errores y por eso, el tipo a quien le di mi compu enfermita para reparar y actualizar (era de verdad un dinosurio) se la llevó y me juró y perjuró que antes de hacerle nada iba a respaldar mi archivos (música, fotos, videos, textos...) en 2 DVDs. Era un compañero de trabajo de mi papá, por lo que nos dio mucha confianza y ya sin temor ni pena alguna dejé que se llevara a mi bebé. Pero como la empresa en la que trabajaban fue liquidada, el tipo que ahora no tiene trabajo fijo, ¡se robó mi compu! Lo buscamos, lo vamos a ver a su casa, le hablamos por teléfono... y nada. El tipo se clavó mi computadora y mis archivos, mis fics!!! ah!!! mi libro!!! bueno, de ése último no llevaba mucho pero... pero... era un capítulo muy lindo y que me gustaba mucho. T-T.

Ya tengo una compu nueva, pero mis archivos están perdidos. Aún tengo la inocente ilusión de reuperarlos, pero mientras... no tengo nada de nada.

Ahora, para rematar esta historia, concluyo con dos noticias: una buena y una mala:

La buena: descuiden, que el fic continúa. Para suerte mía, he publicado en otra página el fic, y me parece que tengo hasta el 23 subido. Así que podré ponerles un par de capis más.

Ahora la mala: hay tres capítulos más que no alcancé a subir ahí y que tendré que reescribir (por un lado ya sé por donde va el asunto, pero por otro no estoy segura de que obtenga el mismo resultado de la primera vez). Por lo que desués del 23 no podré garantizar actualizar rápido la historia. Eso si, la voy a continuar hasta el final, así me tarde tres años (no, no me puedo tardar tanto jiji).

Ahm... creo que es todo respecto al fic. Les dejaré mientras el capítulo 21, intentando regresar en 15 días (para que me de tiempo de reescribir). Los dejo leyendo.


21


La careta del león

-¡Annika!- gritó Ginny mientras lanzaba la bola roja por encima de su cabeza.

Annika la recibió en el aire y volando en zig-zag se aproximó a los aros de gol. De pronto una ráfaga pasó a su lado, arrebatándole la quaffle que con tanto ahínco se esforzaba en proteger. Dándose cuenta del hurto giró su escoba y siguió a aquella estela voladora lo más rápido que pudo. Creyó que podría darle alcance, pero el contrincante era mucho más experimentado que ella: no por nada era una cazadora estrella. Le dio el pase a su compañera, quien no tardó mucho en regresarlo. Harry observaba serio todo lo que ocurría desde el extremo contrario del campo. Ron vio el momento en el que la esfera escarlata se acercaba hacia él, pero no pudo hacer nada por evitar que pasara limpiamente por el poste derecho, rozando a penas las yemas de sus dedos.

-¡Anotación!- exclamó Katie triunfal haciendo una espiral en el aire con su escoba. Bajó rápidamente y chocó palmas con la improvisada cazadora. Sam estaba asombrada.

-No puedo creer que hayas derrotado a Ginny y a Ann tú sola- comentó mientras todos bajaban al campo.

-No lo hice sola, tú me ayudaste- apuntó con modestia.

-Sólo te devolví la bola un par de veces, pero tú… eres realmente impresionante.

-Debes enseñarnos a hacer esa maniobra- pidió Ginny poniendo los pies en tierra.

-No entiendo cómo pudiste quitarme la quaffle, si la tenía bien agarrada- Annika se limpiaba el sudor de la frente con la manga mientras Harry las alcanzaba.

-Muy bien chicas, han mejorado mucho. Katie, tan genial como siempre. Y Ron, me alegra que te superes a ti mismo. Solo perdiste la bola una vez en todo el entrenamiento.

-No es nada, después de cierto tiempo se volvió algo natural en mí- agregó con orgullo.

-Ronny-Bonny está perdiendo el piso otra vez- comentó Ginny maliciosamente.

-¡Oye!- reclamó él avergonzado. El resto del equipo no pudo evitar reír.

-Gracias por hacerla de cazadora por hoy Sam, has sido de mucha ayuda- comentó el ojiverde. Ella se encogió de hombros.

-No es nada, fue divertido, aunque prefiero mi puesto. Extrañé huir de las bludgers, pero supongo que un cambio de aires no le hace mal a nadie.

Siguieron platicando y caminaron hacia el castillo. Ese era el tercer entrenamiento de la semana. Últimamente se habían intensificado, pues tanto Harry como el resto tenían grandes deseos de conservar la copa en sus manos, y un entrenamiento duro y constante era la mejor forma de conseguirlo.

-¿Cómo sigue Mark?- preguntó Ginny mientras subían las escaleras del vestíbulo y doblaban un pasillo. Katie dio tres golpes en un espejo y se abrió un pasadizo por el cual entraron todos.

-Aún no se cura.- informó Annika-. He tenido que llevarle los deberes a la enfermería toda la semana. Ten por seguro que si se sintiera bien no se habría perdido un entrenamiento por nada del mundo.

-Al menos se ha librado de las clases por unos días. Eso a mi me pondría muy contento- Ron, como siempre, veía el lado positivo de las cosas. Su lado positivo, pensó su hermana.

-Pobre- se compadeció Katie saliendo a un amplio pasillo bien iluminado.

-¿No es increíble? Hemos descubierto cura para muchas enfermedades con las que los muggles todavía batallan, se han inventado hechizos para reparar fracturas en un segundo y pociones para hacer crecer los huesos de manera muy sencilla, pero ni Madame Pomfrey es capaz de curar un simple resfriado- Sam dio tres toques en la gran puerta de la enfermería y esperó a que ésta se abriera.

-Créeme Sam, hacer crecer los huesos es cualquier cosa, menos algo sencillo- comentó Harry acercándose a la cama donde Mark reposaba pálido, con ojos llorosos y la nariz enrojecida y constipada.

-¿Cómo te sientes?- le preguntó Katie en cuanto todos hubieron saludado al golpeador.

-No muy bien- respondió con un gutural acento nasal. Jadeó por aire ya que su nariz estaba impedida para respirar y continuó-. Pero la enfermera me dijo que estoy mejorando. Tal vez en un par de días ya me encuentre bien.

-Tal vez eso te enseñe a no formar parte de una batalla acuática la próxima vez- lo reprendió Annika.

-¡Yo no tengo la culpa!- exclamó a la defensiva- ¡Fue Peeves el que salió de la nada cantando "Los patitos en el agua" y bombardeándome con globos de agua helada!

-¡No te enfades, me preocupa que te enfermes, es todo!

-Te apuesto diez galeones a que este par termina igual que Ron y Hermione- susurró Sam al oído de Harry. Ignorando la sensación de bochorno que le produjo el sentir su voz tan cerca, Harry negó con la cabeza.

-Seguro perdería, tienes mejor ojo para estas cosas que yo.

-Cobarde- dijo haciendo un mohín burlón. Harry se encogió de hombros y sonrió interiormente.

-Precavido, dirás- la retó incluso sabiendo que ella no se enfadaría.

-En fin, supongo que tendré que buscar otra manera de ganar un poco de dinero.

-¿Qué tanto susurran ustedes dos?- indagó Ron al notar la conducta de sus amigos. Todos, incluido Mark, los miraban expectantes.

Harry no sabía si reír. Sentía que todas esas miradas decían una sola cosa: que había sido descubierto. Era verdad que no había hecho nada malo, pero estaba demasiado nervioso como para saber qué decir.

-Vamos, hablen-. Insistió el pelirrojo. Ginny, por su parte, miraba muy seria a Sam, mirada que hace un tiempo no dejaba de lanzarle furtivamente.

-¿Qué es tan gracioso?- indagó Mark. Annika hizo la misma pregunta.

-Nada- contestó la muchacha con toda naturalidad-. Solo estaba pidiéndole a Harry que fuera mi novio, es todo.

Harry sintió que la situación se salvaba por unos instantes cuando Sam habló, pero ahora no sabía que decir. Sintió que un calor subía rápidamente por sus mejillas, señal inequívoca de que se estaba sonrojando. ¿Acaso ella había dicho lo que él creía haber oído?

-De acuerdo, no tienen que decirnos si no quieren- Katie rompió la incómoda atmósfera con su usual carácter apacible.

-¿Por qué tan callado Harry? No vamos a torturarte para que nos digas de lo que hablaban- preguntó Ginny intentando reír ante esa situación. Ella sabía mejor que nadie que en cosas del corazón Harry era sumamente tímido. Si mal no recordaba, Hermione le había dicho que de no ser porque Cho había dado el primer paso, ellos nunca habrían tenido ni siquiera una cita. Aunque aquello supusiera una broma, era más que suficiente para ponerlo un poco alterado.

-Yo…- bien, habría que fingir que no estaba nervioso. Era solo que la declaración irónica e inesperada de Sam lo había tomado por sorpresa.

-Lo siento, estaba bromeando- se excusó su compañera con una inocente faz-. Espero no haberte molestado con ello.

-No, para nada- respondió de inmediato. Era cierto, pues si era sincero, se moría por escuchar esas palabras, pero en otro momento, en otro lugar, no con tantas caras conocidas observándolo y las palabras aflorando sinceramente de esos labios rosados que el soñaba algún día poder besar.

-Harry, estás como en trance. ¿Te sientes bien?- le preguntó Hermione al notar que la llave que tenía delante suyo aún carecía de alas mágicas.

-Si, estoy bien- esta vez no se demoró en responder. Al menos sus reflejos mentales estaban mejorando.

-Seguro se contagió del resfriado de Mark ayer. Deberías ir a la enfermería y tomar el remedio antes de que empeores y no se pueda hacer nada por ti- Ron agitó nuevamente su varita y dos alambritos de bronce surgieron de la llave para desaparecer en el acto. Aún le faltaba practicar.

-Gira un poco más tu muñeca- aconsejó Hermione. Ron hizo caso omiso y prefirió seguir trabajando a su modo. No era de extrañar: en seis años de clase de encantamientos, la rutina no había cambiado en lo más mínimo entre ellos dos.

-No me siento mal, solo tengo mucho en que pensar-. Intentó hacer el encantamiento, pero seguía sin tener éxito.

Eso del enamoramiento debería de catalogarse como enfermedad de alto riesgo, tomando en cuenta los muchos problemas, ya sean grandes o pequeños, que acarreaba consigo.

¡Maldición! ¿Qué su cerebro no podía pensar en nada más?

"Oh si, claro que si. Tienes muchos problemas por los cuales preocuparte. El encaprichamiento por esa niña no es nada comparado con lo que te espera allá afuera… o aquí dentro, quien sabe."

Genial, de nuevo esa vocecita en su cabeza. Comenzaba a preocuparse seriamente de estar perdiendo la cordura.

-No es un encaprichamiento-. Grandioso, y lo primero que hacía era discutir con ella sobre sus sentimientos.

"Ese no es el punto, y lo sabes. ¿No deberías preocuparte más por averiguar la identidad de tu enemigo y menos por niñerías sobre romances?"

Tenía razón. El Heredero era una prioridad. Voldemort era una prioridad. Pero ¡vamos! Harry era humano. ¿Acaso tenía que olvidar sus sentimientos y emociones solamente para acabar con el mago oscuro más poderoso de todos los tiempos? ¿No tenía derecho él a una vida normal como todos los demás? ¿Por qué tenía que ser él, y precisamente él, quien tendría que sacrificar todo, que sacrificarse a sí mismo por otros? ¿Por qué tenía que vivir, luchar, y tal vez morir por otros?

"Porque así estaba escrito. Tú lo sabes mejor que nadie, y no se puede cambiar el destino. Eres tú, y sólo tú, el que tiene que sacrificarse. Así qué ¿para qué complicarse con trivialidades sentimentales si al final de nada va a servir?"

-No tienes que ser tan duro- contestó mentalmente, cabizbajo. Tenía razón, pero no quería aceptarlo, no todavía.

"No soy duro, solo te expongo el panorama como tú mismo te lo has descrito. Eres tú quien trata de ver tus pasiones como niñerías sin importancia y no como debe ser. Sabes que no es tan fácil olvidar tu lado humano, y mucho menos sacrificar tus sentimientos, pero al parecer, piensas que eso es lo mejor que puedes hacer. Llevas mucho tiempo dándole vueltas a ese asunto en tu cabeza volviéndote loco tú solo, pero si lo enfrentaras de una buena vez, podrías concentrarte más en las prioridades. Tal vez, encontrar una solución y… cambiar lo que está escrito en las estrellas. Es tú decisión."

Si, era cierto, pero el hecho de que su… conciencia, si había que llamarla de algún modo, tuviera razón, no hacía las cosas más fáciles para él. Aunque estuviera a unos meses de convertirse oficialmente en un adulto, Harry no dejaba de ser un adolescente inexperto y moverse en ese campo sin un guía que lo ayudase no era sencillo. Temía salir lastimado, lastimado como tantas veces en el pasado. La vida lo había golpeado muchas veces y, pese a saber que le quedaba aún mucho por sufrir, no creía poder soportarlo una vez más.

-Muy bien señorita Granger. ¡Diez puntos para Gryffindor! No es una sorpresa, usted siempre se esfuerza en todo lo que hace- la elogió le profesor Flitwick arrancándole una sonrisa de modestia al notar cómo su llave obtenía unas perfectas alas violáceas durante escasos seis segundos, un gran logro para ser el primer día.- Por cierto, ¿dónde está la señorita Jones? No es usual que ella falte a clases.

-Dijo que… no se sentía muy bien- mintió Neville, sentado unos lugares más allá. Ella les había pedido a sus amigos que la cubrieran por esa hora, pues tenía algunos asuntos de los cuales ocuparse, cosa de lo cual Hermione le riñó en seguida. No había querido decir a nadie de qué se trataba, pero les había asegurado regresar puntual con ellos a la clase siguiente, pues no podía posponer más aquello.

Como era de esperarse, el profesor creyó de inmediato la excusa, pues una muchacha tan cumplida y disciplinada jamás pensaría siquiera en saltarse una clase tan importante como esa: el encantar llaves voladoras cuyas alas duraban un par de horas era un tema que seguramente se incluiría en el ÉXTASIS del curso siguiente, en el cual no verían más que un repaso de tan importante lección.

Al sonar la campana, el grupo de Gryffindor salió presuroso hacia su próxima clase: si bien McGonagall no era injusta como Snape, si le daba mucha importancia a la puntualidad, y dado a que su aula quedaba prácticamente del otro lado del castillo, debían darse prisa.


-¿Señor Lupin?- preguntó amablemente la enfermera entrando con sigilo a la habitación. El hombre que ocupaba el cuarto no se encontraba en la cama, por lo que la señorita se alteró un poco, calmando sus ánimos al descubrir que su paciente se hallaba sentado en una silla justo al lado de la ventana. El hombre, al verla entrar, le indicó con un gesto de la cabeza que pasara.

-Señorita Oldman. ¿Ocurre algo malo?

-No, por supuesto que no. De hecho vengo a decirle algo que tal vez le alegre. Tiene visitas.

-Valla, eso sí que me sube los ánimos. Dígale que pase- pidió con su usual amabilidad recostándose en la cama, para dejarle a su visitante la silla libre.

-Buenas tardes Remus, espero que no te moleste mi visita.

-Por supuesto que no Albus. Ver a alguien más en este cuarto además de los Sanadores de San Mungo es más saludable para mí que toda la medicina que puedan usar.

-Me alegra saber que, como siempre, no has perdido tu vitalidad-comentó Dumbledore.

-He pasado por muchas cosas ya, y he aprendido que poner un rostro sonriente hace que superar las adversidades se vuelva algo más sencillo.

-Me agrada tu filosofía- lo elogió le anciano profesor-. Es algo que yo siempre he sostenido, aunque tal vez hubiera usado otras palabras. ¿Cómo te sientes?

-Lo más normal que se puede sentir alguien como yo. Si te soy sincero, prefiero pasar las lunas llenas fuera de un hospital- comentó con tono aburrido.

-Solo han sido dos, y nos hemos asegurado de que tu estado de salud mejore, y eso es gracias a que no eres cualquier persona.

-¿Te refieres a mi naturaleza de licántropo?- intentó bromear.

-En realidad me refería a tu habilidad con la defensa contra las artes oscuras, sobre todo tratándose de criaturas mágicas- puntualizó Dumbledore-. Cualquier otro hubiera sucumbido de inmediatamente ante el ataque de una banshee de ese nivel.

-Gracias. Pero esto me preocupa. ¿Quién hubiera dicho que Aibhill se encontraba en las filas de Voldemort?

-Es algo lamentable- comentó Dumbledore-. Algunos años atrás las banshees se encontraban divididas: aún yo mismo pude conocer a algunas que no poseían un espíritu tan perverso y lleno de maldad, pero desgraciadamente Voldemort ha hecho hasta lo imposible por liquidar a ese linaje. Me temo que si quedan algunas de ellas se rehusarán a unirse a nuestro bando, por temor a extinguirse si se inmiscuyen más de lo debido. Y el hecho de que Aibhill, la más poderosa y maligna de ellas esté de su lado, si que nos deja en desventaja.

-¿No querrás decir que la guerra está perdida?- preguntó un poco preocupado el antiguo profesor de Hogwarts.

-No, por supuesto que no. Aún tengo algunos ases bajo la manga, además de una que otra idea nueva.

-¿Han localizado a Albert Doherty?- preguntó Lupin

-No, y ya no lo buscaremos más. Si ha huido de Inglaterra no vale la pena buscarlo, sólo perderíamos el tiempo. Tenía la esperanza de que mi viejo amigo recapacitara, pero al parecer no quiere hacerlo. Es una pena, es una mente muy brillante que nos hubiera sido de mucha ayuda. Supongo que el perder a su primera esposa en la guerra anterior lo dejó muy afectado, y no quiere arriesgar a su nueva familia. Me parece una decisión muy respetable; tal vez no la más correcta, pero muy respetable.

-Ya veo.

-Cambiando a un tema más alegre, me acaban de informar que te darán de alta en un par de días.

-Si, y no sabes cuánto me alegra. No es que no esté acostumbrado a los hospitales, pero es un ambiente que a la larga deprime a cualquiera.

-Sabes, me parece que no eres la primera persona de la que oigo algo semejante- comentó sonriente el director, sin poder evitar recordar a su alumno favorito.

-Harry no se ha enterado de lo que me ocurrió, ¿verdad?- indagó con cierta preocupación.

-No, nadie le ha dicho que terminaste aquí. Tiene ya demasiadas cosas de las cuales preocuparse.

-Qué bien- suspiró aliviado-. No me gustaría que se sintiera responsable. Después de todo, si yo me encontraba en el pueblo ese día fue porque él me lo pidió.

-De lo que estoy muy agradecido. Ayudaste a salvar muchas vidas esa tarde.

-No es nada que tú no habrías hecho viejo amigo- dijo Lupin restándole importancia. Dumbledore no se molestó en contradecirlo.

-Por ahora debes concentrarte en descansar y recuperarte.

-Gracias Albus, así lo haré.


Corrió lo más aprisa que pudo por los pasillos, pues iba retrasada. Su asunto pendiente había durado más de lo pensado. Al bajar las escaleras frenó intempestivamente, pues de no haberlo hecho no solo hubiera caído haciéndose daño, sino que habría chocado con cierta Ravenclaw de hermosa cabellera negra, muy similar a la suya.

-Buen día Cho- saludó alegremente la Gryffindor. La aludida se volteó a buscar a quien la había saludado para regresar el gesto, pero cuan grande fue su sorpresa al descubrir su identidad.

-Oh, eres tú- espetó secamente.

-¿Cómo te ha ido? Se ve que de maravilla- intentó iniciar una conversación, pero Chang no parecía remotamente interesada en platicar con ella de… lo que fuera.

-Bien, supongo.

-Por cierto, felicidades por ganar el partido del sábado. Fue una estupenda actuación la que diste en el campo- comentó refiriéndose al último partido de Quidditch que Ravenclaw y Slytherin habían tenido-. Realmente me sorprendiste, Malfoy ni siquiera lo vio venir. Sabes, si Gryffindor gana el siguiente encuentro, creo que nos veremos en la final.

-Tengo prisa- fue su respuesta mientras pasaba a un lado de ella y, aparentemente sin querer, pisó un pie a la muchacha.

-Está bien, te veré después- se despidió tratando de ignorar aquella actitud. ¿Por qué la gentil Cho se había comportado de esa forma con ella?

Recordando que ella también tenía prisa, reanudó su camino hacia el aula de transformaciones. Ya pediría después los apuntes de encantamientos, aunque a ella de verdad no le preocupaba mucho.

Casi derrapando ingresó al aula apenas escasos minutos antes de que lo hiciera la profesora.

-Creí que habías prometido llegar puntual- le reprochó Hermione.

-Lo lamento, no pude evitarlo- se disculpó tomando asiento a su lado-. Pero llegué a tiempo, la profesora aún no llega.

-¿Algún imprevisto tal vez?- indagó la castaña.

-No, solo tuve un encuentro con Cho hace un rato. Fue algo extraño, ¿le hice algo malo y no me di cuenta?

-¿Por qué?- preguntó Ron curioso.

-Pues… me parece que le desagradó toparse conmigo, además de que me pisó y ni siquiera pidió disculpas. No recuerdo haberla ofendido.

Harry perdió pronto el color de su rostro. Era su culpa. Después de todo, le había confesado a la asiática chica que ahora era Sam quien ocupaba su corazón.

Hermione no dejó pasar desapercibido ese detalle y de inmediato sacó sus propias conclusiones. Cada vez estaba más segura de lo que ocurría con su compañero, tanto, que no comprendía cómo no lo había notado antes.

-Déjala, es una neurótica- la tranquilizó Ron-. Sigo sin entender por qué tenemos que tomar esta estúpida clase extra. ¡Podríamos estar descansando bajo el gran roble ahora!

-Vamos Ron, tenemos que tomar esta clase si queremos aprender a hacerlo bien- explicó Hermione con toda la calma del mundo.

-Si si, lo sé pero… ¿teníamos que compartir esta hora libre precisamente con ellos?

-No tenemos opción- explicó Sam-. Los Slytherin no coinciden en ninguna hora libre con las que tiene la profesora McGonagall, excepto ésta.

Del otro lado de la habitación, una muchacha pálida la miraba con odio.

-Siempre se salva, ¡siempre! Llega tarde justo el día en que la profesora hace lo mismo. No hay manera de que esa mosca muerta se meta en problemas.

-Cálmate Pansy. Deja de pensar estupideces y concéntrate- le aconsejó su novio.

-Y tú deja de decirme qué hacer, Señor Amargado. Si no te conociera, diría que la estás defendiendo.

-No seas imbécil- le espetó en voz baja- No empieces con niñerías.

El silencio inmediatamente se hizo presente en cuanto la profesora cruzó el umbral. Al igual que Snape, poseía un don especial para mantener el orden en el aula, con la diferencia de que el ambiente era menos tenso e intimidante. En su lugar, la disciplina era lo primordial.

-Muy bien jóvenes, el día de hoy daremos un gran paso en su educación mágica. Comenzaremos seriamente con las clases prácticas de aparición- anunció haciendo que la emoción naciera en todos sus alumnos-. Como sabrán, o tal vez no, ésta es la única habitación de todo el castillo en donde pueden desaparecerse. Pero no se emocionen: no significa que mi aula se convertirá en el pasadizo mágico a escapadas nocturnas o idas de pinta al pueblo vecino: únicamente podrán desaparecer y aparecer aquí dentro; no podrán hacerlo ni del exterior hacia aquí ni viceversa.

Aún a sabiendas de que no podrían salir del colegio cada vez que les apeteciera, era una gran noticia, pues el examen de aparición se acercaba y todos esperaban expectantes esa clase.

-Muy bien- continuó la jefa de los leones-, supongo que ya todos habrán estudiado sus apuntes acerca de la teoría de la reaparición y la transferencia de materia a través del espacio, así que resultará sencillo si hicieron sus deberes- ante esta declaración, algunos se removieron nerviosos en sus asientos-. Observen primero la siguiente demostración. Tomen su capa y ondéenla alrededor suyo, así, después, piensen detenidamente el lugar en el que quieren aparecer, finalmente giren sobre sus talones y…

¡Puff! Una detonación, conocida ya por la mayoría, se escuchó en el sagrado recinto de estudio de la profesora, y ante los ojos de todos, ella ya no estaba ahí. Un grito de parte de una estudiante de Slytherin indicó el lugar de reaparición: el otro extremo del aula, justo al lado de Millicent Bulstrode.

Los Gryffindor prorrumpieron en aplausos, mientras los Slytherin simplemente miraban. La profesora se dirigió nuevamente al frente de su clase y continuó.

-La capa es únicamente para ayudarlos a encausar sus poderes y así lograr la aparición. Cuando tengan la suficiente experiencia podrán prescindir de ella. Ahora, quiero un voluntario para ver si ha quedado suficientemente claro.- Al ver que nadie se ofrecía, dijo- Muy bien. Señorita Granger, ¿le importaría?

-Claro- aceptó Hermione, visiblemente nerviosa. Se paró en el preciso lugar en el que la profesora le indicaba. Tomó su capa, la ondeó alrededor suyo mientras giraba sobre sus talones y…

¡Puff! Otra detonación. Todos creyeron que lo había logrado, pero cuál fue su sorpresa al notar que Hermione seguía de pie en el mismo sitio que segundos atrás.

-¿Qué sucede Granger? ¿Acaso no eras una sabelotodo?- se burló Daphne.

-Cierra la boca Greengrass- exclamó Ron enfureciendo.

-Por si no lo has notado, Hermione ha logrado el primer paso: la desmaterialización, que es la causa del estallido que escuchaste. Pero al parecer eso es muy complicado de entender para ti, cerebro de trol- espetó Sam en defensa de la chica.

-¡Basta!- gritó McGonagall para detener la discusión-. Señorita Greengrass, siéntese y escuche; señorita Jones, cálmese y tome asiento; señorita Granger, puede regresar a su sitio.

Ambas estudiantes se miraron con odio antes de regresar a su lugar. Hermione caminó tímidamente hasta su mesa. Una vez recuperada la calma, McGonagall prosiguió.

-La señorita Jones dijo algo muy cierto: su compañera Granger ha logrado un gran avance al desmaterializarse en su primer intento, aún cuando se hubo materializado en el mismo lugar. Supongo que esto amerita al menos diez puntos para Gryffindor.- Hermione sonrió modestamente mientras Ron tomaba su mano por debajo del pupitre-. Una vez logrado eso, tienen que concentrarse en redirigir su materia al lugar donde desean reaparecer, tratando de no escindirse (y si no saben a qué me refiero con escindirse, mejor les valdría revisar sus apuntes, lo he mencionado cuando menos unas diez veces en lo que va del año). Bien, colóquense en parejas y pónganse a trabajar. Les recomiendo que empiecen dominando distancias cortas: cada pareja tome una tiza y dibuje un círculo en el suelo en el cual deberán aparecer.

Al observar cómo la profesora había logrado la desaparición, todos pensaron que sería cosa sencilla, mas cuál sería su sorpresa al notar que la sola desmaterialización era una tarea titánica. Cinco minutos antes de sonar la campana, solo un estudiante había obtenido el mismo progreso que Hermione: Draco Malfoy.

-¿Qué ocurre Potter? ¿Acaso no eres capaz de hacer algo tan sencillo, Cara Rajada?- le dijo cuando hubo logrado producir el estallido.

Muy a su pesar, Harry no pudo sino darle la razón. Conforme los minutos pasaban, más pensaba en que volar sobre su escoba en una noche de tormenta mientras lo perseguía aquél colacuerno húngaro era diez veces más sencillo que desaparecer. Por más que se esforzaba, parecía no poder conseguirlo nunca.

-Ignóralo- lo aconsejó Sam, su pareja en todas las clases desde que Hermione se ofreciera a ser tutora de Ron.

-Tiene razón, soy un fracaso en esto.

-No lo eres, eres un gran mago capaz de lograr grandes cosas. Es tu primer día, ¿qué importa quién se desmaterialice antes?: al final obtendrás la licencia de todas formas.

-¿Y tú qué Jones?- la llamó Pansy-. ¿Tienes tanto miedo de que no puedas reaparecer que ni siquiera lo vas a intentar? Porque he de decirte que muchos nos alegraríamos por ese hecho.

-¿Decías algo sobre ignorar?- comentó Harry al ver el semblante de fastidio de su compañera.

-Parkinson se va a tragar su lengua como siga fastidiando. Pero tú debes concentrarte. De entre todos, eres a quien más le convendría tener una opción de huída rápida.

-¿Estás preocupada por mí?- susurró Harry sorprendido. Pudo leer entre líneas a la perfección que su compañera se refería al asunto del Heredero.

-Por supuesto que estoy preocupada por ti. Ahora, concéntrate y piensa en desvanecerte. Imagina… que eres una columna de luz, y después dirige esa columna a otro sitio.

-No creo que eso sea de ayuda…

-Ajá, lo mismo me dijo Hermione cuando aprendía los hechizos no verbales, y al final le funcionó.

-De acuerdo, pero… ¿por qué no lo intentas tú? Si no practicas tampoco podrás hacer el examen porque no aprenderás a…

-Me siento mal Harry, me duee la cabeza. No creo poder hacer la desmaterialización el día de hoy. Practicaré en otra ocasión.

-¿De nuevo?- preguntó preocupado.

-Olvida lo de mi cabeza. Ahora, concéntrate.

-Está bien, como digas.

Al finalizar la clase, la profesora les recordó a todos que se anotaran en las hojas para los horarios de práctica del aula, para que en sus horas libres pudieran continuar con la desaparición. Fatigados, salieron al descanso esperando relajar los ánimos.

Ya saboreaban el jugo de calabaza, los helados de las cocinas y el fresco viento moviendo sus cabellos mientras reposaban en el césped de los terrenos del colegio, cuando una fría voz los sacó de sus cavilaciones.

-Te crees muy superior al resto, ¿eh, Jones?

Cerró los ojos con frustración. Había cantado victoria muy rápidamente. Debió saber que no se cansaría así como así. Sus amigos voltearon a ver a la agresora con evidente molestia.

-Esfúmate Parkinson, tengo jaqueca- fue su seca respuesta a las provocaciones.

-Si, claro. Lo que sucede es que te sientes muy importante, ¿y te crees que puedes saltarte el trabajo de la clase sin recibir tu merecido? Pues estás equivocada; tal vez te hayas ganado a la profesora McGonagall, pero yo no me trago tu carita de niña buena, ¿escuchaste?

-No tengo que rendirle cuentas a nadie, y mucho menos a ti, así que déjame en paz.

Intentó seguir su camino, sus amigos imitándola, pero la serpiente hervía ya de odio, odio acumulado desde que la vio por primera vez. Tal vez no podría desquitar su sentir como quisiera, pero una válvula de escape siempre era útil.

-¡Cobarde! ¡Eres una cobarde Jones! ¡Me tienes miedo, puedo verlo en tus ojos, y no te enfrentas a mí porque temes salir perdiendo!

Suficiente. Nadie, NADIE, la llamaba cobarde.

Giró sobre sus talones y con paso presuroso se acercó a ella, encarándola con el semblante más serio que nunca. Harry, perplejo y preocupado de que algo malo fuese a ocurrir, instó con la mirada a los otros para que la siguieran.

-¿Qué dijiste?

-Lo que escuchaste niña. Eres una cobarde, siempre escudándote en el tonto de Weasley o en el inútil de Potter, pero en realidad, no eres capaz de enfrentarme tú sola.

-Eres una…

-Déjala Parkinson, es muy su problema si no quiere entrenar, y si no te enfrenta es porque es mucho como para rebajarse a tu nivel- salió Ron en su defensa, secundado por la castaña, pero fue detenido por la voz de cierto rubio.

-No te metas Weasley, es un pleito entre mujeres. Esto puede ponerse interesante- sonrió cínicamente mientras veía la escena desarrollarse frente a sus ojos. Ciertamente era una gran oportunidad para ver de qué eran capaces ambas chicas.

-Retira lo dicho Parkinson- ordenó Sam aproximándose. Ciertamente ella era una persona tranquila, pero Pansy de verdad le hacía perder los estribos.

-Jamás, porque al fin te dí en tu punto, ¿cierto?- la retó ella con una mueca divertida.

-Retráctate.

-¿Dónde estabas tú durante el ataque de Hogsmeade eh? ¿Oculta entre las sombras? Porque por si no lo sabías, muchos de tu casa ayudaron, ¿y tú?

-Lo que haya hecho ese día no te concierne-. Su voz la traicionaba, un dejo de temor se asomaba por entre su furia, cosa que no pasó desapercibida ni para la serpiente, ni para Harry.

-Sam, olvídala, vámonos- aconsejó el ojiverde.

-Harry tiene razón, no tiene caso intentar dialogar con gente como ella- lo secundó Hermione.

-Anda, huye, huye como siempre. Eres una rata cobarde.

-¡Cállate!

-Cobarde, llorona, miedosa, eres una…- pero lo que ella era Sam ya no lo supo. Parkinson cerró la boca en cuanto Sam prácticamente nulificó la distancia entre ambas, apuntando a Pansy al pecho con su varita.

-¿Decías?- amenazó peligrosamente.

Hermione, Ron, Harry, e incuso Malfoy, estaban anonadados con la escena. En ese momento su amiga parecía irreconocible. Ella, que no le haría daño a ninguna criatura viviente, parecía haber despertado al león dormido en su interior.

-Anda, sigue insultándome. ¿Yo era qué? ¿Cobarde, miedosa, una rata? ¡Anda, sigue insultándome!- gritó clavándole el instrumento entre las costillas, arrancándole a la muchacha un quejido de dolor.

-Sam, cálmate por favor- suplicó Hermione.

-Hey. No hay necesidad de… anda, vallamos a los terrenos, hace un día magnífico- comentó Ron con la misma fallida intención.

-¡Basta, Weasley! Déjalas que arregles sus problemas- el pelirrojo volteó a ver a Malfoy con odio puro.

-No eres tan valiente ahora, ¿cierto? No tienes las agallas cuando te encaran frente a frente. Tienes una gran boca. Y lo peor es que no sabes mantenerla cerrada.- Pansy no decía palabra alguna. Estaba aterrada. Le parecía reconocer en los ojos de la otra la misma mirada furibunda del día de San Valentín-. ¿Acaso necesitas de tus amiguitas para intimidar a los demás? Porque no recuerdo que ustedes tuvieran piedad cuando hicieron sufrir a Luna. Me has estado colmando la paciencia desde hace mucho y yo he estado controlándome, pero estás tentando a la suerte niña…

-Sam, por favor, tranquilízate. Tú no eres así- Harry se había aproximado a ella y la había tomado por el brazo con el que sostenía la varita. Con molestia ella volteó a mirarlo, pero bastaron unos segundos para que las pacíficas lagunas de esmeralda calmaran su espíritu. Relajó la varita y se separó de su contrincante.

-No me busques Parkinson. Aún no me conoces, y no quieres conocerme- le advirtió antes de dar la vuelta y reunirse con sus amigos, aliviados de que la situación no llegase a más.

-¿Ya estás más serena?- preguntó Harry.

-Si. Eso creo.

-Valla valla, quién lo diría. Evité que esos tontos intervinieran porque pensé que te las arreglarías sola, pero ya me dí cuenta de que la señorita próxima a iniciarse no tiene oportunidad ante Jones- comentó en voz baja Malfoy, recargado en la pared con los brazos cruzados y una sonrisa socarrona. Pansy no lo soportó: no podía dejar que Jones la humillara así frente a Draco. Dio un resoplido de furia antes de gritar.

-¡Tarantallegra!

-¡Cuidado!- fue el grito preocupado de Hermione cuando vio el hechizo aproximarse. El factor sorpresa había tomado desprevenidos a Harry, Hermione y Sam, que solo pudieron ver cómo el rayo se aproximaba a ellos.

-¡Protego!

El rayo de luz rebotó en la barrera mágica haciendo una antorcha volar por los aires. Ron había reaccionado justo a tiempo.

-¿Cómo te atreves a atacar por la espalda?- reclamó Hermione furibunda-. ¿Estás loca?- Pero inmediatamente calló al ver cómo Pansy volaba por los aires hasta estamparse en la pared. Adolorida, levantó la cabeza para mirar a su atacante.

-Si quieres tomar al enemigo por sorpresa, tonta, para algo existen los hechizos no verbales-. Lentamente y con la varita aún en mano, Sam se aproximó a la derrumbada chica. Había sido tan repentino su ataque que ni siquiera los que estaban alrededor de ella pudieron evitarlo.

-¿Pero qué es este escándalo?- exclamó McGonagall alterada por el ruido. En cuanto vio la escena que se formaba ante sus ojos, enfureció.

-Profesora, no es lo que…

-¿Me pueden explicar qué es lo que está sucediendo aquí?- interrumpió a Hermione con voz estricta.

-Muy simple profesora, Jones acaba de atacar a Pansy. Usted puede constatarlo: tiene la varita a arriba y… bueno, sobran las explicaciones.

-¡Eso no es cierto!- la defendió Harry-. Malfoy miente profesora, Pansy estuvo provocándola.

-Y Parkinson la atacó por la espalda- agregó Ron.

-Pero tú detuviste el ataque Weasley, Jones no tenía por qué atacar a Pansy- ayudó a su novia a ponerse en pie, la que por el impacto no podía recuperar el habla.

-¿Ahora quieres un duelo justo?- recriminó Hermione a Draco, recordando lo sucio que había actuado en su encuentro.

-¡Basta ya! No quiero escuchar sus discusiones. Señorita Jones, ¿es cierto lo que el señor Malfoy acaba de decirme? ¿Atacó a la señorita Parkinson?

-Pero profesora, ella no…

-Si, es cierto.

-¿Qué?- exclamaron Ron y Harry al unísono, sin poder creerlo.

-En ese caso… ambas están castigadas. Me ha decepcionado señorita Jones, la veré en mi despacho el sábado a las siete en punto; a usted Parkinson, la espero a la misma hora el domingo. Y le restaré veinticinco puntos a ambas casas por este incidente.

-Pero profesora McGonagall, fue Pansy la que empezó, Sam solo estaba…

-¡Basta Potter! No me interesa saber quién comenzó el duelo. Está prohibido utilizar magia en los pasillos, y mucho menos en contra de otro estudiante; ambas serán castigadas. Ahora los quiero a todos en sus salas comunes.

Dio media vuelta y regresó a su aula. Malfoy y Pansy se fueron con la victoria en el rostro. En silencio los cuatro Gryffindor se marcharon a su sala común. Hermione no sabía que decir. Ron estaba molesto porque Malfoy se hubiese salido con la suya. Harry iba con el ceño fruncido y cabizbajo. Después de lo que les parecieron horas llegaron al retrato de la señora Gorda. Como de costumbre les preguntó la palabra secreta, pero ninguno de ellos abrió la boca.

-¿Acaso no quieren entrar? ¿O es que la han olvidado?

-¿¡Por qué hiciste eso!?- explotó Harry finalmente. Dio tres pasos al frente y se encaró directamente con Sam, obligándola a mirarlo a los ojos.- ¿Por qué demonios dejaste que te castigaran? ¡Pudiste salir librada de esto, no tenías que cargar con las consecuencias! ¿Qué no te das cuenta? ¡Dejaste que esos dos se salieran con la suya! ¿Por qué? ¡Por qué maldición!- La tomó por los hombros y la zarandeó con fuerza. Hermione rogó que se tranquilizara, de lo contrario podía hacerle daño a la muchacha, pero éste no escuchó. Continuó descargando su frustración-. ¡Por qué tenías que caer en la treta de Parkinson! ¿Acaso querías que te castigaran para demostrarle que no eras una cobarde? ¡Pudiste encontrar otra forma de hacerlo! ¡Ron ya había detenido el maldito hechizo demonios! ¿Acaso no pudiste controlarte? ¿O deseabas sentir que eres mejor que ella? ¡Responde maldita sea!

Respiraba entre cortadamente a causa de la ira.

-¿Terminaste?- fue su respuesta fría. En todo ese tiempo no había dejado de mirarlo a los ojos con el ceño fruncido igual que él. Pasaron unos segundos de silencio, que fue roto de la manera más brusca posible-. ¡No tienes una maldita idea de lo que siento! ¡No eres nadie para juzgarme Potter! ¡Si dejé que me castigaran es mí problema, no eres mi padre para recriminarme mis acciones! ¡Parkinson me tenía harta y se tiene merecido lo que le pasó, y si no llegué a más fue porque McGonagall interrumpió!¡La profesora tiene razón: no importan las razones si ya se ha cometido la falta! ¡Y si por lo que hice tendré que limpiar todos los estantes de la biblioteca no me importa! ¡Ya estoy mayorcita para saber lo que hago o dejo de hacer! ¡Así que deja de pretender que sabes cómo me siento y lo que me conviene! ¡Deja de pretender ser el héroe y ya déjame tranquila!

Pasó a su lado sin voltear a mirarlo siquiera, dijo la contraseña, entró a la sala común y subió las escaleras ignorando las miradas curiosas de sus compañeros, quienes habían escuchado sus gritos y los de Harry desde dentro.

El trío entró pretendiendo que no había ocurrido nada, imitando a Sam y dirigiéndose a sus habitaciones. Lo primero que hizo Harry al llegar fue acostarse en su cama y cerrar las cortinas, sin importarle que aún faltaran horas para que el sol se ocultara.

Le dolía saber que esa era la primera discusión que tenía con su querida Sam; le dolía que a pesar de todo, no pudiera dejar de sentirse furioso por lo que acababa de ocurrir; le dolía el saber que ella estaría igual o tal vez más enojada con él, le dolía el no poder olvidar su ira y orgullo para arreglar lo sucedido en ese momento, pero lo que más le dolía era admitir que lo que ella le había dicho era verdad: no tenía idea de cómo se sentía ella, ni tenía idea de cómo salir de aquél embrollo.


-Las nueve en punto. Bien, supongo que dos horas ayudándome a revisar las tareas de los de tercero será suficiente castigo para usted. Puede retirarse, y que no se repita.

Sam se paró del pupitre en el que había estado corrigiendo ensayos. Dio las gracias y después de despedirse de la jefa de su casa salió del despacho cansada y caminó casi por inercia con la única intención de llegar a darse un baño caliente antes de meterse a la cama. No tenía caso bajar a cenar: a esa hora ya no habría nada en los platones. En realidad no le molestaba acostarse a dormir con el estómago vacío: le agradaba la idea de encontrar la torre desierta a su llegada sin nadie que hiciera preguntas incómodas, y el no tener que encontrarse con Harry en el Gran Comedor era un alivio.

Ya eran cuatro días desde aquella discusión, y desde entonces no habían cruzado palabra alguna. Ya no estaba enfadada, pero no tenía ánimos de encontrarse con el ojiverde, ni mucho menos de conversar con él. Seguramente estaría todavía enfadado, y no lo culpaba: aunque no se arrepentía de haberle dicho aquellas cosas, pues él había tenido parte de la culpa en aquella riña, sí admitía que ella tampoco había actuado de una manera razonable, pues había sido Pansy la que la había hecho enfurecer en un principio.

"Ya se tranquilizará. Más vale dejar a las cosas tomar su propio curso, no tiene caso forzarlas" pensaba en el momento en que la silueta de un muchacho se paró frente a ella.

-¿Qué haces aquí?- preguntó con evidente molestia.

-Patrullo, Jones. Es lo que usualmente hacen los prefectos- contestó burlonamente. Disfrutaba de hacerla enfadar.

-¿A la hora de la cena? No me hagas reír.

-A veces hasta yo necesito un receso de los otros estudiantes, igual que tú al parecer.

-No te compares conmigo Malfoy, no soy de tu calaña.

-Yo creo que te equivocas. Me pregunto cuántos puntos deberé restarle a tu casa por estar merodeando tan lejos de tu torre tan cerca del toque de queda.

-Aún tengo libertad para pasearme por donde me dé la gana. Y no estoy merodeando, vengo de ver a McGonagall.

-Ah si, lo olvidaba, tu pequeño castigo. Sabes, Pansy aún te maldice porque ella tiene que cumplirlo mañana, pero está más furiosa por tu sorpresivo ataque, aunque le consuela que la profesora se decepcionara de su alumna estrella.

-¿Y qué quieres que haga? ¿Qué me disculpe? Puedes esperar sentado niño, no pienso hacerlo- pasó de largo a su lado.

-Valla, me gusta que muestres tu carácter, demuestra que no eres como el resto de los leones. Tu patético amigo hijo del ministro se estaría quejando ahora mismo.

-He soportado peores cosas que revisar ensayos sobre trasmutación animal.

-¿Cómo tu entrenamiento de mortífago, por ejemplo?

Sam se paró en seco al escuchar aquello. Sin darse cuenta, se volteó rápidamente para mirarlo, estupefacta.

-¿Qué has dicho?

-Lo que escuchaste- sonrió al observar que no parpadeaba-. Lo sé todo Jones, sé que estás entrenándote para iniciarte como un mortífago, sé que el estado en el que llegaste aquí después de navidad fue porque sufriste el mismo adiestramiento por el que yo había pasado. Sé que les ocultas esto a tus amiguitos, en especial, a Potter.

-No sé de qué me hablas- insistió ella, pero Malfoy no se dejó amilanar.

-¿Ah no? Entonces, no te molestará que se los diga. Seguramente Potter estará encantado de saber que su protegida es una serpiente que pretende hacerse pasar por león.

-Son mentiras, tú no sabes nada, no… ¡Ahhh!- exclamó llevándose las manos a las sienes y dejándose resbalar por la pared al sentir un potente dolor en la cabeza. Su anillo comenzó a cambiar de color intermitentemente, como aquella vez en Hogsmeade.

-¡No intentes librarte de esta con un truco tan barato como hacerte la enferma! ¡Admítelo, eres una mentirosa, hipócrita, que aspira a entrar en las filas del Señor Tenebroso!

-¡Cállate! ¡Argh!- continuó quejándose, pues sentía que la cabeza le estallaría. Cientos de imágenes llegaban a su cerebro, imágenes que habría querido olvidar, pero no podía hacerlo.

-Se acabó el juego niña, te descubrí, ten un poco de dignidad y deja de esconderte detrás de tu máscara de dulce samaritana.

El dolor disminuía poco a poco. Cuando sintió que paraba al fin se levantó con lentitud y miró seriamente al rubio. El anillo en su mano era ahora negro.

-Bien, ¿quieres que lo diga? De acuerdo. Lo admito: soy aspirante a mortífago, y he estado entrenando para ello. ¿Satisfecho?

Malfoy ensanchó su sonriente cara de suficiencia: la voz fría de la otra confirmaba sus sospechas. Era un progreso en su plan: ahora, había que continuar con la fase dos.

-¿Cómo me descubriste? ¿Cómo supiste lo que ocultaba?

-No soy estúpido Jones. ¿Olvidas que yo también soy aspirante a mortífago? Vi todas y cada una de las señales, y supe interpretarlas correctamente.

-¿Señales?- preguntó la otra confundida-. ¿Qué señales?

-Eres muy inteligente Jones, lo reconozco. Inteligente y astuta como pocas, pero fuiste evidente muchas veces. Siempre sospeché que no eras lo que pretendías, llámalo un sexto sentido. Pero mis sospechas se hicieron más grandes el día que me enfrenté a Granger. Tal vez la sangre sucia no pudo percibirlo porque estaba prácticamente inconsciente, y Potter es demasiado imbécil como para notar la diferencia, pero debiste saber que yo me daría cuenta de que usaste pársel para detener a esa serpiente.

-Así que lo notaste, esperaba que me hubiese equivocado al pensar eso.

-Para nada. Desde entonces me puse a investigarte, quería saber todo acerca de ti. Nunca hablabas de tus padres, y eso me intrigaba: ningún nacido de muggles es capaz de entender a las serpientes, solo las familias de limpia estirpe lo pueden hacer, y no hay ningún mago en su bando que lo haga. Investigué a todas las familias de magos con tu apellido, y ningún árbol genealógico llegaba a tu generación. Eso me intrigó aún más. Había algo más que ocultabas.

Eres muy hábil, más que la mayoría de todos los ineptos de este colegio, lo que no es normal. Entonces te encontré en la enfermería ese día con el mismo aspecto que yo. Eso lo explicaba todo. Fue por eso que no me inmiscuí en tu duelo: quería ver de lo que eras capaz, pero el tonto de Weasley se entrometió. En fin, es historia antigua, porque ahora sé la verdad de tus propios labios.

-¿Y qué? ¿Crees que por tener el mismo objetivo voy a formar una alianza contigo?- rió irónicamente.

-No exactamente. Verás, te propongo un trato: tú me ayudas a mí, y yo mantengo la boca cerrada.

-¿Y si me niego?

-No creo que eso te convenga, perderías mucho más que yo si alguien se entera de lo que haces.

Lo meditó durante unos segundos. Un favor: sólo un favor y se callaría para siempre. Tomó su mano y la estrechó.

-Hecho.

-Eres más astuta de lo que creí. Te avisaré cuando debas pagarme el favor, y mientras cumplas tu palabra ten por seguro que nadie se enterará de lo que eres realmente. Después de todo, tú y yo no somos tan diferentes, si ambicionamos la misma grandeza.

-No compares mis razones con las tuyas Malfoy, no son nada parecidas. Y si alguien se entera de esto…

-Tus amigos seguirán tan ciegos como siempre. Sabes Jones, deberías considerar el cambiar tus amistades; no se vería bien en tu solicitud el hecho de que seas tan cercana al cara rajada.

-Ese es asunto mío.

-De acuerdo- dio media vuelta para regresar a las mazmorras, pero Sam lo detuvo.

-Una cosa más Draco. ¿Qué sabes acerca de ese tal Heredero Oscuro?

-Valla, así que estás enterada, me sorprendes.

-Incluso Harry lo sabe. Anda, escupe, ¿quién es?, ¿qué es lo que sabes?

-Aún para mí es un misterio. Lo único que sé es que a tu querido amigo no le queda mucho tiempo. Disfrútalo mientras puedas.

Dicho esto desapareció tras un pasadizo ignorando el ceño de ella al escuchar el último comentario. Tenía que andarse con cuidado, aunque tuvieran un trato, no creía que el heredero de los Malfoy fuera de fiar.

-¿Harry, qué haces aquí?- preguntó cuando lo vio cruzar el corredor de enfrente. Esperaba no hubiese escuchado su reciente conversación o no querría volver a verla.

-¿Sam?

-¿No deberías estar cenando?

-Si, pero necesitaba pensar. ¿Estás bien? Qué tal tu…

-No hablemos de eso. Lo siento.

-¿Lo sientes?- preguntó desconcertado.

-No debí molestarme. Perdóname.

-Yo tampoco debí hablarte así. Debes tener tus razones para actuar como lo hiciste. No volveré a reclamarte.

-Olvídalo, ¿regresamos a la torre?

-Seguro.

Una palabra fue suficiente para arreglar un problema. Solo había sido una discusión, algo sencillo de reparar porque Harry la quería por lo que era. Pero si alguien se enteraba de lo que ella era en verdad, no habría palabra alguna en su triste vida que regresara las cosas a la normalidad.

En el próximo...: Sam está en un callejón sin salida. Para asegurarse de que Draco guarde su secreto debe ayudarlo a cumplir una misión especial. ¿Podrá conseguirlo sin ser descubierta? Harry se entera de lo que le ocurrióa Remus y se siente culpable, lo que lo lleva a reconsiderar el papel que desempeña en la guerra. ¿Qué tiene que decir Trelawney acerca de Sam?


¡¡Fin del capi 21!! Siento una vez más ésta y las próximas demoras, pero esta ocasión de verdad se salió de mi control. Tengo ciertos comentarios que hacer: Los Patitos en el Agua es una canción infantil inglesa (según la internet, no me crean demasiado =P) y me pareció muy cómico incluirla mientras Peeves le lanzaba globos de agua al pobre Mark XD Aibhill, por otra parte, es la banshee más famosa de la mitología. En realidad, estas mujeres no eran espíritus malignos, sino avisores de la muerte. Pero como Jo manda, Aibhill será un ser maligno y poderoso =).

Aprovecho de antemano para desearles a toos una feliz navidad y un próspero año nuevo!! que el hombre de rojo les traiga muchos regalos ^^ y mis consentidos, los reyes, también!!! paso a comentar la montaña de reviews que tengo acumulados jeje.

Jaimol: gracias por el comentario. QUé bien que te gustara el detalle del regalo. Te espero en la próxima entrega.

Gothic: hola! valla, cuantas molestias, muchas gracias por comentar! Claro que me gustó tu review, y descuida, la conversación entre ellos se reanudará... muy pronto ;)

AnyPotter: siiii!!! adoros hacerlos sufrir!!!! pero esperar no :( pero son cosas que pasan, ya qué. Claró! ahora que acabé el primer semestre tengo algo de tiempo libre y me pasarépor ahí.

Dianoncha: oh!! perdón por dejarte sufrir así! qué comentarios tan halagadores amiga!! jeje, si, afortunadamente me fue de maravilla... tiene que ser gual los siete semestres restantes ... espero =P. Pues aquí lo tienes, pero pues... ya te conté personalmente mi tragedia. Nos vemos pronto, y ojalá te guste!!!

Sunako: lo tendré que reescribir pero... y tu manga? también vas a dejarme picada? oye... no hemos ido al cine... que mal que mal...gracias por leer, me pasearé por tu fic pronto.

Si les gustó, no olviden comentar!!! y de paso recordarme ¿quienes fueron los que le atinaron con sus teorías?

Hasta luego!