Hoy presentamos:

Interludio II: El legado de Robert Steam

Inventó también el radio transmisor.
Jugaba póker con Theremin, Tesla y Poe.
Aprovechaba la fría luz de la luna para impulsar dirigibles
Y destilaba antitoxinas de gotas postnatales.
Robert Brown

Cabo Calavera, Isla de la Muerte, domingo 15 de octubre de 2023. Vengan muchachas, dejen que os cuente la historia de cómo me convertí en la capitana de un dirigible corsario; un verdadero anacronismo para estas épocas: el MCS Robert H. Steam AGS-100. Pero para ello, antes debéis conocer la historia de uno de los hombres de ciencia más eminentes del siglo XX. Alguien cuyos conocimientos y acciones le valieron el ser privilegiado con el título de Caballero de la Orden del Imperio Británico[1]: Sir Robert Hexiciah Steam, mi padre.

II

Londres, Inglaterra. Robert Hexiciah Steam nació muy pequeño, en la fría noche del 3 de enero de 1854 en el barrio de Bayswater de la Ciudad de Westminster. Fue el primer hijo del muy respetable pero nada célebre relojero inglés Charles Lionel Steam, y de la admirable y afable profesora escocesa de letras Anna Bellatrix Ravenbeak. Robert se crió entre engranajes diminutos y resortes del tamaño de un cabello en el taller de su padre; y libros de William Shakespeare y poemas de Lord Byron en la biblioteca de su madre. Dormía al arrullo de los organillos mecánicos y despertaba con el canto del cuco que vivía en el reloj de la cocina. Aprendió a leer ese reloj a los cuatro años, y para los seis ya sabía armarlo y desarmarlo por completo. No le sorprendió en lo absoluto el darse cuenta de que el pájaro que lo despertaba todas las mañanas no era real. Al contrario, se maravilló ante el hecho de que las máquinas pudieran llegar a imitar a la vida con tanta maestría. Para cuando llegó a los ocho años de edad había construido su propio despertador, y a los doce años impresionó a todos en su escuela con un ratón autómata que comía granos de maíz, escalaba paredes y caminaba en dos patas.

Cursó la escuela a un ritmo mucho mayor que el resto de los niños de su edad. Resolvía con facilidad todo tipo de problemas de aritmética, y dominó el álgebra mucho antes de que sus compañeros comprendieran siquiera las operaciones básicas. Su hermano Howard Louis, nacido el 6 de mayo de 1864, también mostraba dotes de talento mental, aunque no con tanta agudeza como Robert.

A los dieciséis años de edad, Robert fue becado por la Royal Society[2] para que estudiara en el prestigioso King's College. Su búsqueda de los conocimientos que le pudieran ayudar a construir máquinas que imitaran la naturaleza lo llevó a través de los más amplios y diversos campos del saber: mecánica, óptica, termodinámica, acústica, electromagnetismo, mecánica de los fluidos, fisiología, anatomía, morfología, química, metalurgia, ciencia de los materiales, psicología, psiquiatría, filosofía, y muchas otras ramas de la ciencia. Se graduó con todos los honores como Doctor en Física con apenas veinte años, edad que distaba bastante de la del resto de sus compañeros.

Trabajó durante un tiempo como investigador del colegio. Pasaba sus días haciendo cálculos astronómicos y bocetos de autómatas, y sus noches observando el cielo y midiendo las estrellas. Una tarde lluviosa en la que trataba de resolver un complicado sistema de ecuaciones en uno de los cafés de la City, se vio sorprendido por una camarera que le dijo que "probara usando el método de matriz de cofactores, agregando un factor de corrección a los primeros tres coeficientes". Sin la más leve pizca de soberbia, levantó la vista para ver a quién le pertenecía la dulce voz aflautada que le había dado la solución que necesitaba para ponerle punto final a su tesis sobre un reloj astronómico. Cuando a través del cristal de sus anteojos vio aquel primoroso rostro de ángel de alabastro con ojos de esmeralda y pómulos arrebolados, no tuvo ni el más mínimo reparo en levantarse, quitarse el sombrero y decirle: "Señorita: usted me ha resuelto la vida".

Apenas un par de años después, las campanas de la Catedral de San Pablo repiquetearon anunciando la dicha de los nuevos esposos. La afortunada mujer llevaba por nombre Ada Lovecraft[3], y era hija de un comerciante de Gloucester. Cuando se conocieron, ella trabajaba por las tardes y estudiaba química por las mañanas. Al lado de mi padre, su mente y su mundo se expandieron más allá de lo que jamás habría imaginado. Viajaron por toda Europa, e incluso al Lejano Oriente, siempre fieles a su espíritu aventurero y ávido de conocimientos. Estos viajes y aventuras construyeron a la futura ganadora del Premio Nobel de Química de 1923 por el descubrimiento de un nuevo elemento metálico que se llamaría dragonio, y que está contenido en las escamas de algunas especies de estos reptiles.

No obstante, algo hacía falta en la vida de Robert y Ada: un hijo a quien amar. Lo habían intentado muchas veces, e incluso habían consultado a algunos cuantos médicos, pero ninguno de los tratamientos que les recetaron funcionó. Un día mi padre decidió que si el cielo no les enviaba un hijo, él mismo se construiría uno. Retomó su etapa de diseñador de autómatas, y al lado de su esposa emprendió la investigación más grande de su vida. Mis sensores fotoeléctricos vieron por primera vez la luz el 29 de julio de 1895, casi diez años después de aquel momento de iluminación. Dicen que mi primera palabra fue "reloj", por el ejemplar de pared que adornaba la entrada del taller, y que me miraba tiernamente con su carátula azul espolvoreada de estrellas como diciendo "¡Sí, tengo una nueva hermanita!".

La Steam Time Co. fue fundada en 1903 por los hermanos Steam. Al principio se dedicaron exclusivamente a fabricar relojes, pero pronto se dieron cuenta de que todos los desarrollos tecnológicos implicados en mi creación podían ayudar a solucionar problemas de otros campos. La compañía creció tan rápidamente que podría llegar a decirse que cada día inventaban algo nuevo.

En 1912, mis padres partieron a una expedición a un sistema de cuevas en Europa Oriental. Viví con mi tío Howard durante el tiempo en que ellos estuvieron fuera. Me enviaron cartas, fotografías y muestras de material de campo en los meses que estuvieron allá. Pero sin duda alguna, lo más genial que trajeron de ese viaje fue el intenso e interesante relato de cómo sobrevivieron a un derrumbe subterráneo y tuvieron que cruzar en carruaje por los Alpes Alemanes por culpa de un dragón en hibernación que obstruía la vía del tren que los traería de regreso.

En 1914 el deber cívico llamó a mi padre al frente de batalla. El archiduque Francisco Fernando de Austria había sido asesinado en Sarajevo, y el crimen había hecho estallar lo que sería recordado en los libros de historia como la Gran Guerra. A pesar de que en ese entonces ya contaba con sesenta años, el gobierno sabía que no habría otro ingeniero en toda Inglaterra que pudiese hacerle frente a tal desafío. Nos mandó a vivir a los Estados Unidos, y no volvimos a verlo hasta cuatro años después en 1918, cuando la guerra terminó y pudimos volver. Nos mandaba cartas de vez en cuando y nos decía que estaba bien y que nos extrañaba, pero que no sabía cuándo acabaría todo aquello. Cuando regresamos a Inglaterra, lo condecoraron con la Orden del Imperio Británico y se convirtió en caballero, ganándose el título de Sir Robert gracias a "sus contribuciones técnicas y científicas para la defensa del Imperio y sus territorios". Soy la hija de un noble caballero, y estoy orgullosa de ello.

Durante los siguientes años mis padres se dedicaron a dar clases en la Universidad de Cambridge, lo que hizo que tuviéramos que mudarnos a esa ciudad. En esos tiempos, Sir Robert conoció al que sería uno de sus alumnos más sobresalientes: Mick Thlan, un mexicano que estudiaba ingeniería mecánica. Él lo acompañó varias veces a su taller y le ayudó en varios de sus experimentos; convirtiéndose en su empleado y asistente luego de graduarse. Trabajaron juntos en algunos cuantos proyectos y se hicieron grandes amigos; amistad que yo también compartí y que aún conservo.

Al ser un amigo de mi padre yo veía al ingeniero Mick como un profesor, alguien mayor a quien respetaba y admiraba. Recuerdo sus historias acerca de las batallas de la Revolución Mexicana y sus hazañas de la Guerra de Independencia. Al principio no sabía si creerle o no, pues él tenía toda la estampa de un humano normal. No parecía un monstruo, pero lo era. Él nos lo afirmó y lo confirmamos después cuando papá le dio un tiro en el pecho sólo para comprobar que era inmortal. No olvido el susto de mi madre cuando hizo eso. Ahora me acuerdo y me destornillo de la risa.

En repetidas ocasiones Mick llegaba a casa acompañado de una muchacha llamada Ignysse Flamel. Ahora ya la conocen, pero les contaré un poco más sobre ella. Además de Rochelle, ella es otra de mis amigas más cercanas. Sus padres eran franceses, y ya ninguno de los dos vivía cuando yo la conocí. Su madre fue una bibliotecaria dedicada al estudio de las letras y la administración de los libros que se había convertido en una de las cientos de víctimas de la terrible pandemia de gripe de 1918. Su padre fue un alquimista y relojero francés que murió por su patria en las trincheras del Frente Occidental de la Gran Guerra. Si Sir Robert lo hubiera conocido, seguro juntos habrían arreglado al mundo entero. El padre de Ignysse fue un buen artesano cuyas obras más grandes fueron un reloj astronómico de bolsillo y el corazón artificial que curaría a su hija de la depresión. Vaya remedio ¿eh?

Ignysse era física de profesión por la Universidad de Estrasburgo. Obtuvo un doctorado en astronomía en 1915 y se dedicó al estudio del cielo hasta que la gripe de 1918 la dejó sin empleo. Cuando la conocí en 1923 ella ya no tenía voz, así que nunca la he escuchado hablar, pero siempre la he imaginado con una voz fuerte. Debía tenerla en una época en la que las mujeres casi no tenían oportunidades de tomar estudios superiores. En aquel entonces, Ignysse se desempeñaba como una vigilante de la Hermandad. Mi padre le ofreció un trabajo de gerente del departamento de óptica en su empresa, y ella aceptó de inmediato.

En 1934, los Oscurecidos contactaron a Sir Robert para proponerle un negocio. Luego del ascenso de Adolfo Hitler en Alemania, la situación política de Europa estaba comenzando tensarse. El conde Drácula, Gran Maestre de la Hermandad, ordenó la construcción de una flota que fuera capaz de defender los Terrortorios de los monstruos ante una posible guerra, pero las exigencias del comité eran mayúsculas: una aeronave capaz de desplegar una gran cantidad de cañones y armas, alcanzar altitudes de hasta 7,500 m y resistir el embate de los aviones. Hasta ese momento ninguno de los diseños propuestos por los otros ingenieros que fueron consultados por el conde se veía prometedor, así que mi padre era su última esperanza.

Como buen caballero inglés, mi padre aceptó el desafío y comenzó los planos. Nos mudamos a Glasgow, Escocia, donde se encontraba el astillero en el que el dirigible sería construido. El gobierno británico aceptó el alojar el proyecto bajo dos condiciones: que se construyera un segundo buque para la Marina Real, y que el proyecto se manejara como el de un buque de mar, para que los alemanes no sospecharan. Con la ayuda de Mick, Ignysse, mamá y yo, Sir Robert presentó el proyecto un mes después. La construcción comenzó en febrero del '35 y a partir de ahí avanzó lentamente. La gente solía decir que el Proyecto Lilith era para él lo que la Sagrada Familia era para Gaudí. En aquellos momentos yo no sabía la cruel ironía en que se convertiría esa afirmación.

Sir Robert y yo fuimos golpeados por una gran pérdida en 1938: la de mi madre. El silencioso cáncer cérvico-uterino que le impidió tener una hija de carne y hueso se la llevó finalmente a la tumba en agosto de ese año. Eso le rompió el corazón a papá. Recuerdo perfectamente cómo decía que si lograba terminar el Proyecto, abogaría ante el conde para que le permitiera ponerle el nombre de mi madre a otro de los dirigibles acorazados que se comenzarían a construir una vez éste estuviera terminado.

Pero el dirigible nunca se completó. En agosto de 1939, un misterioso auto negro se detuvo frente a las oficinas del astillero. Los vidrios se bajaron y tres hombres dispararon desde el interior del vehículo y hacia el taller. Mi padre recibió tres tiros, mientras que a mí sólo me alcanzó uno. Mick salió corriendo y persiguió a los tipos por tres cuadras antes de perderlos de vista. Regresó sólo para ver a Sir Robert morir en mis brazos.

La investigación que hizo la Hermandad determinó que fueron los Cazadores de las Sombras quienes asesinaron a mi padre. Por eso me embarqué en el crucero durante la Batalla de Costas del Cráneo, aunque admito que Abbey me ganó ese día. Si hubiera sabido cuáles eran sus planes, seguro me hubiera ido con ella. De cualquier manera, como mi padre aún no resolvía el problema de la flotación, el dirigible no pudo ser completado. La Segunda Guerra Mundial estalló un mes después y el Alto Mando de la Hermandad y el gobierno británico determinaron que se debían destruir todas las evidencias del Proyecto Lilith para evitar que cayeran en manos de los nazis. Dibujos, modelos, planos y piezas pequeñas, todo iba a ser destruido.

Afortunadamente, Mick y yo logramos rescatar muchas de esas cosas. Una noche antes de que todo ardiera, fuimos al laboratorio y tomamos todo lo que consideramos importante: planos, mapas, diarios de campo, bitácoras de viaje, dibujos, documentos de sus exploraciones, notas de sus investigaciones, memorias de cálculo, hojas numéricas y toda la documentación del Proyecto Lilith. Recuperamos fotografías, películas, modelos, maquetas y todo lo que pudimos cargar en el camión que llevamos. Empacamos todo en cajas de cartón y salimos rumbo a casa de mi tío Howard. Para que la Hermandad no supiera que habíamos robado los documentos, reemplazamos todo por papel periódico y lo incendiamos esa misma noche. No podíamos permitir que el grandioso legado científico de mi padre se perdiera para siempre entre las cenizas. Él tenía mucho que darle al mundo.

Ignysse y yo nos fuimos a los Estados Unidos a finales de ese mes, mientras la guerra consumía a toda Europa. Irónicamente, fue precisamente eso lo que salvó a la Steam Time Co. de la bancarrota. Mi tío Howard se había quedado en Londres al frente de la compañía, y tuvo la grandiosa idea de comenzar a producir aeroplanos para la Real Fuerza Aérea bajo licencia de distintas marcas. De construir relojes y cronómetros marinos, comenzamos a fabricar motores y partes para el tren de aterrizaje primero, y para 1944 ya armábamos aviones completos.

Yo, por mi parte,volví a Inglaterra con Ignysse en diciembre del '39 e intenté unirme a la RAF para luchar en la guerra, pero no me lo permitieron por "ser una máquina". Ignysse me acompañó a hablar con los de la Hermandad, pero nos dijeron que como mujeres no nos podían enviar al combate, sólo podíamos servir de asistentes. Aceptamos el puesto y nos enviaron a Normandía, donde nos integramos a un escuadrón de cazas de la Resistencia. Como tenían tan pocos miembros, y necesitaban poner la mayor cantidad posible de hombres en el aire, nos dieron alas a las dos. Como Ignysse tenía problemas con su voz, se convirtió en mi copiloto. A bordo de un De Havilland Mosquito[4] llamado Furious Frank, volamos en treinta y tres misiones de combate en casi dos años de servicio. Volvimos a casa con mis tíos en agosto del '45, dos meses después de la capitulación alemana.

Aunque nuestras acciones por la liberación de Francia fueron dignas de la Légion d'Honneur, no la recibimos, por el simple hecho de no ser humanas. Sin embargo, la Hermandad y la recién fundada Organización del Tratado de Transilvania sí que nos reconocieron. En febrero del '46, junto a otros monstruos soldados, pilotos y miembros de tripulación, nos otorgaron la Orden del Murciélago por nuestra "excepcional valentía, astucia y dedicación durante una operación aérea contra un enemigo de la Comunidad Monstruosa Internacional". "Tu padre estaría muy orgulloso" me dijo Ignysse aquella tarde, y fue la primera vez que la escuché pronunciar una frase, aunque fuera en un susurro.

Un día negro de 1953, mi tío Howard estaba haciendo unos experimentos de electromagnetismo en su taller en Londres, con Ignysse y yo de ayudantes, cuando algo salió mal. Se suponía que los cálculos estaban bien hechos, pero de seguro se le olvidó incluir alguna variable en las ecuaciones. La máquina generó un fuerte pulso electromagnético que quemó toda la circuitería de válvulas termoiónicas de mi cerebro, dejándome prácticamente en coma durante los siguientes años.

Ignysse y mi tío intentaron por todos los medios el reparar el complejo sistema electrónico de mi cerebro. La mayor dificultad fue el convertir todo desde los tubos de vacío a los transistores, pues el avance de la tecnología había convertido a los primeros en objetos de museo. Mi tío Howard falleció a finales de 1957, justo un año después que su esposa. Su hijo Robert heredó la compañía, pero le traspasó la mitad de las acciones a Ignysse en 1985 cuando sus problemas de salud le imposibilitaron trabajar. Ella fundó el consejo administrativo que se encargaría de llevar las riendas de la empresa durante los siguientes años.tíosysse y misatro décadaslojes

Luego de mucho tiempo de estudiar y estudiar los complicados diagramas de circuitos que mi padre trazó, y el intricado lenguaje de programación que mi madre utilizó para construir mi mente, Ignysse y su equipo de ingenieros — entre los que estaba el Dr. Stein — lograron repararme. Aún me pregunto cómo es que no perdí ni uno solo de mis recuerdos. Creo que fue por la memoria holográfica de cristal foto refractivo que mi padre me puso, inmune al EMP. Pero eso no significa que no tuviese secuelas de ese accidente.

Debido al "formateo" que tuvieron que hacerle a todo mi cerebro electrónico, tuve una regresión psicológica menor. Fue como si volviese a tener quince años de edad otra vez. La guerra y la experiencia de trabajar en la empresa de mi padre me habían hecho madurar bastante, pero el accidente me devolvió psicológicamente a mi adolescencia. Por eso tuve que irme de nuevo a Monster High y empezar desde más abajo. Esta vez se aseguraron de blindarme contra los pulsos electromagnéticos, por eso no me pasó nada cuando Heath activó accidentalmente la máquina de Ghoulia mientras estábamos en el instituto.

No hace falta contarles la historia de cuando estuve con ustedes en la escuela. Creo que ustedes lo harían mejor que yo. Tomé ingeniería mecánica después de la preparatoria y trabajé por un año para la MCL antes de retomar las riendas de la empresa. Aunque no trabajaban de la misma manera que mi tío Howard, el nuevo consejo también tenía una buena visión de negocios, así que la compañía había continuado creciendo desde su refundación en 1941. Ahora que la empresa está bajo mi mando nuevamente puedo decir que hemos comenzado una nueva etapa para la Steam Time Co. Actualmente somos el fabricante más grande de relojes y equipos de robótica en todo el mundo. Tenemos plantas industriales en Londres, Inglaterra; Portland, Estados Unidos; Algeciras, España; Marsella, Francia, Ginebra, Suiza; Hamburgo, Alemania, y estamos planeando abrir una nueva en Guadalajara, México.

Un día, mientras buscaba nuevos diseños entre los archivos, me encontré con un extraño sobre que decía: "Para mi doncella mecánica" Lo abrí y descubrí que contenía una carta de mi padre para mí, escrita un mes antes de su muerte. Sin pensarlo dos veces, comencé a leerla ahí mismo, entre las cajas y el polvo.

Mi querida Robecca:

He decidido escribirte esto para que te ayude con el proceso de duelo por el que debes estar pasando. Si lo estás leyendo, es que ya no estoy contigo. Me he reunido de nuevo con tu madre y ambos estamos cuidándote desde acá arriba.

Siento no haberme despedido de ti, pero es que la fecha de mi partida era algo que estaba fuera de mi control. Nadie más que tú sabe lo mucho que he extrañado a tu madre desde que su enfermedad se la llevó. He tratado de seguir adelante por ti, pero una parte de mi corazón se ha ido con ella.

Hija mía, mi hermosa niña; nunca permitas que nadie te menosprecie sólo por ser diferente. Para mí y para tu madre has sido más humana que muchas de las personas que hemos conocido. Eres una máquina, pero tu propósito no es tal. No fuiste concebida para trabajar sin descanso ni entregarte a la esclavitud; fuiste creada como nuestra hija y con los mismos propósitos que cualquier otro ser vivo que viene a este mundo: hacer de él un lugar mejor y encontrar el camino a la felicidad.

He tenido que dejar inconcluso el Proyecto Lilith. Cuando lo comencé creí que lograría llevarlo sin problemas, pero mientras avanzaba me iba dando cuenta de que la tecnología de mi tiempo no permitiría la creación de un aparato lo suficientemente poderoso como para hacer flotar semejante estructura en el aire. Me di cuenta de que era muy probable que yo nunca lograra ver volar a ese dirigible. Pero tú, Robecca, estoy seguro de que vivirás lo suficiente para ver a la ciencia descubrir las leyes que harán posible el vuelo de esta nave.

El barco es tuyo. Siempre lo fue. La Hermandad no quería arriesgarse mucho a un fracaso, así que les dije que en el eventual caso de un fallo, mi compañía absorbería todos los gastos. El dirigible sería mío hasta que terminara su construcción, pero como ésta nunca se concluyó, el buque ahora es tuyo para que lo lleves a buen puerto. Has de ir a hablar con Mick Thlan para que él busque a alguien que lleve a cabo los respectivos trámites legales que se requerirán para hacerlo completamente de tu propiedad.

Le he pedido al hombre que cuide de ti en mi ausencia. No sé qué tan bien lo ha hecho, pero creo que no me darías malas noticias de él si pudieras. Si tienes problemas con el proyecto del dirigible, busca a tus amigos; ellos siempre son de gran ayuda en momentos difíciles.

He de despedirme de ti, mi niña. Tu madre y yo estaremos cuidándote siempre desde acá. Nunca olvides que te amamos más allá de cualquier otra cosa. Muchos decían que el Proyecto Lilith era nuestra obra maestra, pero la que es y será siempre nuestra más grande creación eres tú, Robecca.

Robert H. Steam.

Tuve que volver a llenar mi tanque de lubricante óptico luego de leer aquella carta. En más de setenta años no había sabido nada de él, así que aquello me puso sentimental de sobremanera. Lo siguiente que hice fue revisar el resto de los documentos que estaban en aquel sobre. Efectivamente; el título de propiedad del barco estaba a mi nombre. Ese mismo día fui con el almirante Thlan a hablarle de la situación. Él me confirmó lo dicho por mi padre: aún después de la transición de la Hermandad con la firma de los Tratados en el '45, el contrato de mi padre seguía siendo vigente debido a que él lo mantuvo así. Me preguntó si quería continuar con el proyecto, a lo que yo respondí inmediatamente que sí. Debía perpetuar el legado de Sir Robert.

La única condición que se me impuso para que pudiera conservar el barco fue que éste se mantuviera fiel a la Marina de Protección. Mi compañía se encargaría de cubrir los gastos de operación. Tenía que conseguir mi propia tripulación y una licencia de vuelo y navegación. Aun así, la Armada me daría para el avituallamiento y las municiones, más algo de adiestramiento básico para mi gente.

La Marina había trasladado el casco del dirigible al Agujero Negro, ese atolón en el que encontramos al Cipactli cuando huimos de los bombardeos de Cabo Tormenta. El proyecto se reinició de inmediato, pero aún había un problema por resolver: la propulsión.

Me pasé una noche completa revisando los planos y dibujos del dirigible, tratando de encontrar cuál era ese invento que mi padre no había logrado completar. Ya a punto del amanecer lo encontré: un reactor que supuestamente produciría una fuerza contraria a la gravedad, impulsando la nave hacia el cielo. Entre las notas de mi padre encontré escritos acerca de reacciones nucleares, división de los átomos y teoría de la relatividad. En ese momento recordé lo que me dijo Sir Robert sobre los amigos y supe que sólo había una persona en el mundo que lograría completar el Proyecto: Ignysse.

Ella había colaborado con mi padre durante la fase inicial de la construcción, así que seguramente sabría con exactitud qué era lo que él estaba planeando. En ese momento ella estaba cursando un posgrado en ingeniería nuclear. La contacté e inmediatamente aceptó ayudarme. Luego de meses de investigación, noches de desvelo, tazas de café y gises gastados, Ignysse apareció una noche ante la puerta de mi habitación, a medio vestir, con los ojos desorbitados y rodeados de ojeras, el cabello totalmente revuelto, una enorme sonrisa en el rostro y un montón de hojas manchadas de café en la mano. "¡Eureka!" gritó con un sonido similar al del vapor escapando de una caldera "¡Lo hice, Robecca!". Se detuvo de pronto cuando las palabras hicieron arder las cicatrices de su garganta. Corrí para abrazarla y luego vi lo que estaba escrito en aquellas páginas mil veces borradas y sobrescritas: las hermosas ecuaciones que describían el comportamiento cuántico del combustible que impulsaría el Reactor de Inversión Gravitacional (RIG).

A partir de ahí el proyecto avanzó a pasos agigantados. Me encargué personalmente de proyectar y supervisar el resto de los sistemas mecánicos de la nave, usando los diseños de mi padre, pero dándoles una cierta actualización. Ghoulia diseñó el fluido sintético que enfriaría al reactor, y la planta purificadora de agua; Frankie desarrolló todo el sistema eléctrico y los alternadores (a prueba de balas, por cierto); Jackson y Holt hicieron lo suyo con los radares, la electrónica y los sistemas de comunicación; y no olvidemos a Clawdeen y a Draculaura, quienes uniformaron a toda la tripulación. Yo me encargué de las turbinas que serían alimentadas por el vapor extraído del reactor, además de la mecánica de las armas y algunos otros sistemas. El último toque se lo dio Rochelle con un sobrenombre: Le Grand Bleu, por el color azul oscuro con el que lo pintamos. Ella fue quien se encargó de darle ese aire Art Nouveau al casco del exterior, decorándolo al más puro estilo steampunk.

Mientras el dirigible se construía con el creciente capital de mi compañía, yo tuve que pasar dos años de adiestramiento básico intensivo en la Escuela Naval de Aviación. Me enseñaron a volar y a mandar como toda una capitana. En julio de 2021 se concluyó el dirigible y yo me gradué con honores de la ENA. Bauticé a mi nave con el mismo nombre que el de nuestro creador: MCS Robert H. Steam AGS-100. Los dos somos su leyenda. Su legado.

Notas del autor:

1.-La Excelentísima Orden del Imperio Británico es una orden de caballería instituida el 4 de junio de 1917 por el rey Jorge V. La pertenencia a la orden es otorgada por el rey de Inglaterra a todos aquellos que hacen algo significativo en nombre del Reino Unido. A aquellos condecorados se les otorga el título de Sir para los caballeros, y Dame o Lady para las damas.

2.-La Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural es la más antigua sociedad científica del Reino Unido y una de las más antiguas de Europa. Fue fundada en noviembre de 1660. A ella han pertenecido varios de los más eminentes científicos ingleses de todos los tiempos.

3.-El nombre del personaje de Ada Lovecraft ha sido tomado de la condesa Ada Lovelace (1815-1852), una matemática británica considerada la madre de la programación computacional. A su vez, el apellido proviene del escritor estadounidense de novelas y cuentos de terror y ciencia ficción, H.P. Lovecraft (1890-1937).

4.-El De Havilland Mosquito es un avión de combate británico multipropósito para dos tripulantes que sirvió durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Estaba construido totalmente en madera, y era impulsado por dos motores V 12 refrigerados por líquido Rolls-Royce Merlin de 1480 HP cada uno. Era capaz de transportar hasta 1800 kg de bombas, montaba 4 cañones de 20 mm, y 4 ametralladoras de .303". Su velocidad máxima rondaba los 580 km/h, tenía un alcance de 1400 km, y un techo de servicio de 8830 m.

5.-Banda Sonora Original: The Secret Life of Doctor Calgori, Abney Park, Lost Horizons

Er Deivi: Bueno, Toralei ha estado metida en el bajo mundo durante al menos ocho años. No dudo que esta no sea la primera ocasión que alguien intenta ajustar cuentas con ella. Y respecto a Cleo y Monster High, buen punto. Aun así pienso que Cleo tuvo un paso por el instituto mucho más amable. Es decir, ella se ve que sí tiene amigas, mientras que Nefera abiertamente dice que ella "gobierna sola". Igual y creo que también tiene que ver el hecho de que Cleo haya estudiado en una universidad pública (La UCC).

Respecto a este Interludio, recapitulemos un poco. Esta novela es una secuela de una historia que fue escrita y publicada hace cuatro años (¿Tanto tiempo ha pasado ya? increíble), y en aquel entonces Robecca aún no hacía su debut oficial en los webisodios, aunque ya estaba disponible su imagen oficial y algo de la información de su perfil. Sabíamos que su padre era "un científico loco", pero nada más. Yo, como gran apasionado de la mecánica y el steampunk, no podía dejar de incluirla en mi historia, así que tuve que inventarle una biografía. Y como esta historia y aquella son consecutivas, debe de haber continuidad de argumentos. Este capítulo en particular es mi punto de vista personal sobre el personaje de Robecca. Espero no haberme desviado mucho de su esencia de la feminista temeraria y aventurera que tanto queremos.