Sé que merezco varios crucios, sectumsempra y demás, pero entre el trabajo y otras obligaciones han creado un grupo terrorista que ha masacrado a mis musas. Tengo un bloqueo brutal y no soy capaz de conseguir sacar adelante el último capítulo. Apenas llevo un tercio de lo que quiero contar y ni siquiera estoy satisfecha de lo que he escrito. Para ver si escribiendo otra cosa esquivaba el bloqueo, y de paso compensaros la laaaarga ausencia, he escrito este corto capitulo que adelanta algo de lo que quería contar en el primer capítulo de la secuela. Así que de paso, os hago un mini spoiler. Sí, matadme. Lo merezco.


Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling; el universo de la historia también, pero estos capítulos corren de mi cuenta.

21. También soy un sangrepura, cariño.

- Vuelve a la cama, anda – Se escuchó la voz adormilada de Draco un sábado a primera hora de la mañana en la Sala de los Menesteres – Hoy no tenemos que salir de aquí en todo el día ¿Recuerdas Comadreja?

- Sí, lo sé, pero debo tomar la poción. Ya sabes, mago fértil, mayor de edad… - Respondió con fastidio Ron.

- En realidad, lo de la mayoría de edad no es del todo exacto, ¿sabes? – Le contestó el rubio que le miraba apoyado en su codo reprimiendo un bostezo. – Es posible que la fertilidad se manifieste antes de alcanzar los diecisiete y al revés, que pese a sobrepasarlos no lo haga hasta pasado algún tiempo.

- ¿Y de donde te has sacado eso? – Le miró incrédulo el pelirrojo olvidando el motivo por el que había salido de la cama, volviendo a ella lentamente sin dejar de mirar interrogante al Slytherin.

- Yo también soy sangrepura, cariño. – Le sonrió Draco, el cual una vez más no fue consciente de haber pronunciado cierta palabra – Los Weasley no sois la única familia de magos fértiles, supongo que lo sabes. Lucius no lo reconocerá jamás en público pero en los Malfoy también hubo algún antepasado portador del gen de la fertilidad. Por no hablar que también soy una parte Black y aunque mis abuelos renieguen de ellos, es más que sabido que varios miembros de la familia lo tuvieron. El caso es, que aunque no se ha manifestado en todos los Malfoy, nos aleccionan sobre ella. Ya sabes, uno de esos secretos de familia que debemos conocer pero ocultar. Aunque no siempre llegan a tiempo. – Sentenció acercándose a Ron que estaba acomodándose de nuevo entre las sábanas a su lado.

- ¿Qué quieres decir con "no siempre llegan a tiempo"? – Preguntó con temor el pelirrojo tensándose al instante.

- ¿No te extraña que los únicos Malfoy que quedemos en Inglaterra seamos mi padre y yo? ¿Por qué crees que cada generación ha mandado algún miembro varón a estudiar en el extranjero en su juventud? – Respondió con serenidad mientras intentaba recuperar su autocontrol y que Ron no notase que se había tensado levemente.

- O sea que no es porque seáis unos snobs estirados… - Bromeó Ron aparentemente más tranquilo – Pensé que los Malfoy venían de Francia, por eso solíais mandar a vuestros hijos allí, para conocer vuestros orígenes.

Draco le miró sorprendido.

- Sí, es cierto. Mis orígenes, bueno, los de todos los Malfoy en realidad, son franceses. ¿Cómo sabes eso?

- Yo también soy sangrepura, cariño. – Bromeó Ron, dándole un beso nada más hacerle la broma para evitar que comentase nada de cierta palabra. – Mis abuelos Prewett nos contaban las historias de cada familia sangrepura en forma de cuento cuando íbamos a su casa. – Ron se acurrucó más a su lado antes de seguir. – Así que, esas visitas son un poco un dos por uno. Los mandáis allí para conocer vuestros orígenes y de paso, solucionar… lo de la fertilidad.

- Ahá, algo así. En realidad, todos tenemos que pasar por Francia, como bien has dicho. Solo que, bueno, algunos de mis familiares han aprovechado para solucionar lo de la fertilidad.

- Es decir, que en Francia hay un montón de rubios con ojos grises que bien podrían apellidarse Malfoy y no lo saben, ¿no?

- ¿Quieres que sea sincero? No tengo ni idea. Nadie habla. Nadie comenta. Ignoro qué habrá sido de esos bebés. Ni siquiera sé si les han permitido nacer. – Dijo el rubio algo taciturno tocándose inconscientemente el vientre.

- Eso es horroroso ¿no crees? – Le encaró con el ceño fruncido el Gryffindor.

- Absolutamente. Yo no permitiré que nos ha… que nos llegasen a hacer algo así si llegase a pasarme. No sé qué haría o como lo afrontaría pero sería mi decisión, nadie me obligaría a deshacerme de mi bebé.

- Que profundo te has puesto de repente, Hurón. – Dijo Ron dejándole un suave beso antes de bromear un poco – De todas maneras, por fortuna es difícil que vaya a pasarte, teniendo en cuenta que… bueno, ya sabes, soy yo quien… eso.

- Bueno, te recuerdo que yo también he sido receptor. – Respondió sonriendo suavemente.

- Sí, bueno, pero solo lo fuiste una vez. Y aún eras menor, por tanto probablemente aún no eras fértil. Así que es difícil que pase si no lo vuelves a hacer.

Hubo un silencio en la Sala de los Menesteres donde únicamente podía escucharse las respiraciones acompasadas de ambos ocupantes de la habitación.

- Hazlo – Se puso serio de repente el ojigrís. – Hazlo de nuevo, Ron.

La sorpresa enmudeció durante unos instantes en los que el Gryffindor olvidó incluso respirar.

- No tienes por qué hacer eso, Draco. – Se mostró sorprendido el pelirrojo – No lo he dicho con esa intención.

- Lo sé, no seas tonto. Solo es que… bueno, llevaba ya un tiempo pensándolo. Quiero volver a sentirme como me sentí. Como te sentí. Fue diferente y bueno, quiero saber si siempre se siente así. – Se explicó el rubio con un tono retador, casi desafiándole, como si temiese alguna burla por parte del ojiazul.

En vez de contestar al reto o burlarse de él, Ron se limitó a besarle mientras se iba posicionando sobre el rubio, que respondió de inmediato con la misma entrega que aquel día de marzo. Los besos fueron haciéndose más profundos y las caricias más intensas, hasta que el pelirrojo, se separó levemente para indicarle con voz entrecortada por el calor.

- Draco, la poción. Deberías tomarla antes de nada. No queremos más problemas de los que vamos a tener.

- No es necesario. Ya tomo la mía propia. – Contestó el rubio volviendo a tomar los labios de del pelirrojo.

- ¿En serio? ¿Para qué, si tú no eres quien…? – Preguntó entre besos Ron.

- Ya te he dicho que llevaba tiempo pensándolo. – Aseguró Malfoy mientras apartaba una molesta sábana.

- Entonces ¿lo decías realmente en serio?

- ¿Por qué habría de mentir en algo así, Comadreja?

- Para justificar tu impulso ¿quizá Hurón?

- Un Malfoy no necesita justificarse. Deberías saberlo a estas alturas, Weasley.

- A estas alturas, lo que sé es que tiendes a no comportarte como un Malfoy normal.

- Sin embargo, tú eres un Weasley de pies a cabeza.

- Y bien que te gusta este Weasley.

- ¿Quién es ahora el presuntuoso, Comadreja? Además, como si a ti no te gustase este Malfoy. – Rió el rubio.

- Jamás he dicho que no me gus… - Ron fue interrumpido por la boca de Draco que se apoderó de la suya.

- Basta de cháchara, Weasley. – Remató el rubio volviendo a apoderarse de la boca de Ron. – Espero que hayas tomado una buena dosis de la poción.

- ¿Ya te has arrepentido, Hurón? Debí suponerlo. – Sonrió el pelirrojo mientras besaba el cuello del Slytherin, a la vez que intenta rodar para quedar debajo.

- tst tst No tan rápido, Comadreja. Nadie ha dicho que me haya arrepentido. Pero no pensarás que después no te va a llegar tu turno, ¿Verdad? – Preguntó Draco con un deje irónico. – Tenemos TODO el día por delante. Y no pienso jugar al ajedrez precisamente.

Ron soltó una carcajada ruidosa.

- No, evidentemente yo tampoco pensaba jugar al ajedrez. – Susurró con la boca a solo unos milímetros de la del rubio.

- Lo suponía – Sonrió sibilinamente Draco mientras pasaba sus manos por la espalda de Ron.

- Pre-sun-tu-o-so – Remarcó en broma Ron antes de bajar por el pecho del rubio a besos.

-.-.-

- mrmrmr Estoy hambriento – Murmuró Draco horas después, mientras se acomodaba en las sabanas dentro del abrazo de Ron.

- ¿Tú? ¿Hambriento? – Se extrañó el pelirrojo a la vez que apretaba sus brazos alrededor del cuerpo del Slytherin. – No es muy propio de ti.

- Oye, que los Malfoy también comemos. – Gruñó Draco. – No como los Weasley, pero lo hacemos.

- Como los Weasley no, como yo. Bueno, y como Charlie. Pero el resto de mis hermanos no comen tanto.

- En realidad es hasta gracioso verte comer.

- Sí, claro. Seguro eso es lo que has pensado siempre, ¿Verdad?

- No me tires de la lengua, Comadreja. Que tú tampoco tenías muy buena opinión de mí. – Gruñó el rubio.

- Sí, bueno, no sé que querías que pensara de alguien que insultaba constantemente a mi familia y a mis amigos.

- Te recuerdo que en el expresso el primero que se burló fuiste tú. Te reíste de mi nombre.

- ¡Y tú insultaste a toda mi familia sin piedad!

- Ei, era un niño mimado de once años del que acababan de burlarse. ¿Qué esperabas? A mí me enseñaron a aplastar sin piedad a mis enemigos. ¡Y empezaste tú!

- Vale, vale. De acuerdo. Empecé yo. Pero era un niño de once años que nunca había oído un nombre tan peculiar como el tuyo ni había conocido antes niños tan estirados.

- ¡Yo no era estirado!

- Sí lo eras, Draco. Lo eras mucho. Prométeme que si tenem… tienes hijos algún día no los educarás para ser tan estirados.

Draco se quedó en silencio unos segundos mientras inconscientemente llevaba una mano a su vientre.

- No, nuestros hijos no serán educados como lo fui yo. Pero tendrán algo más de educación de la que tenías tú. Por más que fuese la primera vez, no es agradable reírse de los nombres de los demás, Comadreja.

- Nuestros hijos… Suena bien. – Dijo con voz soñadora el pelirrojo. – Ojalá…

- Aham. No suena mal del todo. Aunque espera a oír la opinión de Lucius o Potter. Seguro que no piensan igual. – Dijo sonando casi cínico el ojigrís. – Podías acercarte a las cocinas, a ver si Dobbie te da algo de comer.

- mhdmd Estoy demasiado a gusto ahora.

- Vamos Comadreja, si voy yo seguro que Dobbie le echará algún veneno a la comida.

- Y no podría culparle – Rió el Gryffindor – No fuiste muy amable con él. Bueeeno, voy yo, pero tendrás que compensarme después.

- Ya te he compensado, ¿Recuerdas? – Gruñó el rubio.

- No me refería a esa tipo de compensación. Pensaba más bien en el trozo más grande que haya del pastel.

El Slytherin soltó una risotada al escucharle.

- No tienes remedio. Tú trae muchos pasteles y ya veremos quién se come el más grande.

- No es justo, soy yo quien se arriesga a que le pillen entrando en la cocina.

- Y yo quien está realmente hambriento. Podría comerme un hipogrifo yo solo.

- Estás raro últimamente. Estás perezoso, tienes siempre hambre, tienes el humor tan cambiante como una vela,… Creo que te haces mayor…

- Tú eres mayor que yo, así que calla. – Se mostró nervioso - ¿Vas a las cocinas o tengo que levantarme yo?

- Ya voy, ya voy. ¿Ves como estás raro? – Decía resignado el pelirrojo mientras salía de la cama y se vestía. – ¿Algún antojo especial?

El rubio se tensó al escuchar la última pregunta, pero decidió tomar la delantera y aprovechar la situación.

- Pues mira, ya que preguntas quiero…. – Empezó a detallarle todo lo que le apetecía mientras Ron se arrepentía de haberle preguntado a su caprichoso y consentido amante.

-.-.-

Minutos después, ya a solas Draco se acurrucó en las sábanas mientras intentaba robar el calor que el cuerpo de Ron había dejado en ellas. De pronto sus tripas rugieron evidenciando el hambre que sentía, perezosamente se pasó la mano por el estómago mientras susurraba para sí mismo:

- Tranquilízate cariño, en seguida llegará papá con la comida.


¿Os lo esperabáis? Sigo trabajando en el capítulo final. Os aseguro que terminaré el fic.