Bueno, como siempre, mucho tiempo fuera de fanfiction. Mi alma llora sangre, por si os sirve de consuelo. En fin, nada, solo deciros que siento la tardanza, que aquí viene uno nuevo, y que recéis a Raziel, Atenea, Y Zeus para que apruebe todo este trimestre.
Por cierto, este cap no va a tener mucho Simon, creo, porque me parece que no ha habido muchos momentos de Jace siendo un padre normal (o todo lo normal que puede ser Jace de padre), así que me ha hecho ilusión escribir una escena paternofilial entre los bucólicos viñedos de exquisito vino italiano. También, como anuncia el título, habrá algo que tendrá que ver con echar en falta algo. Y Lucie cantará una canción típica Irlandesa que me gusta bastante (salió en The Walking Dead, y al final de Assassin's Creed 4, Blag Flag, lo que me hizo una ilusión tremenda. Mi canción favorita en mi juego preferido XD). La canción se llama The Parting Glass, y aunque Ed Sheeran ha hecho una versión, me gusta más la de Cara Dillon. Sería interesante que la escucharais para saber como es el ritmo y eso, pero vuestra es la libertad.
Me estoy alargando demasiado, así que allá va:
Una Marca para la añoranza
- ¿Qué está pasando? - preguntó Alec a Jace, una vez éste y Clary hubieron hablado - ¿Jace? ¿Quién es él?
Jace palmeó el hombro del brazo con el que Alec le había detenido, sujetándole el codo con firmeza.
- Cosas de Simon, Alec. Nada que deba preocuparte - respondió, cansado, quitándole hierro al asunto. Vio a Nikolai, detrás de Magnus, y alzó una ceja - ¿Y este quién es? ¿ Haciendo amistades, Alexander?
El chico se sonrojó, pero mantuvo el tipo.
- Nos ha traído hasta aquí cuando te buscábamos. Se llama Nikolai, y es el coordinador del ejército de tierra de la ciudad - dijo, repitiendo lo que el vampiro ruso les había explicado antes.
Jace asintió y pasó de largo, con Clary tras él, que, al quedar juntó a Alec, le dijo:
-Luego te hago un resumen rápido. Esto va para largo, me parece.
Magnus observó a la pareja salir, y a Jace poner el dorso de la mano junto a la frente, y separarla con desgana mirando a Nikolai, en una parodia de saludo militar.
- Un placer, Nicky.
Luego se fue por el pasillo del infierno magmático.
Magnus, que notaba la tensión de aquella sala tan palpable como para poderse cortar con un cuchillo, pensó que el vampiro se enfadaría por el comentario de Jace, pero muy al contrario, se echó a reír (debía de tener un gran sentido del humor, algo que al brujo se le escapaba), y después de asegurarse que tanto él como Alec sabrían volver, y preguntar, recibiendo una agradecida negativa, si necesitaban algo más, se marchó en silencio.
Al otro lado del circo, retumbando en las paredes de piedra, produciendo un ligero eco que dificultaba la comprensión de las palabras en la distancia, Benedict había empezado a hablar.
Se recostó sobre la hierba, apoyando el cuerpo en el tronco de un árbol y cerrándo los ojos, disfrutando del sol, intentando relajarse,respirar hondo.
No había esperado ver a Benedict allí. No había esperado verle en ninguna parte, simplemente. Y no había sido capaz de matarle. Ese único error la perseguiría para siempre.
Era consciente de que Simon estaba en alguna parte, interrogando a Benedict. Y una parte de ella, sin duda, se moría por estar presente. Pero la parte cobarde, seca, gastada, aquella que pensaba que era demasiado vieja como para someterse a semejante cansancio, la que le susurraba que aquello era un esfuerzo inútil e innecesario, ganó la guerra.
Abrió los ojos cuando las imágenes volvieron a asomar tras sus párpados. Se llevó una mano al pecho, y suspiró.
Erin, qué habrías hecho tú.
Arrancó con los dedos unas briznas largas de hierba, y empezó a tejerlas, distraídamente, mientras trataba de escapar del mundo por un rato. Unas nubes de olor oro pasaban por encima de su cabeza, pintadas por las primeras luces del amanecer. El sol aún acababa de salir tras la colina que tenían enfrente, y daba un color rosa rojizo a las uvas, y pintaba las hojas de la viña de amarillo, en lugar de verde.
Comenzó a tararear una vieja canción, una que le gustaba mucho, y que Erin solía interpretar con ella a piano en las tardes después de los entrenamientos. Sin su acompañamiento, resultaba tan solitaria como el campo esa mañana.
Of all the money that e'er I had
I've spent it in good company
And all the harm that e'er I've done
Alas it was to none but me
And all I've done for want of wit
To memory now I can't recall
So fill to me the parting glass
Good night and joy be with you all
Of all the comrades that e'er I had
They are sorry for my going away
And all the sweethearts that e'er I had
They would wish me one more day to stay
But since it falls unto my lord
That I should rise and you should not
I'll gently rise and I'll softly call
Good night and joy be with you all
- ¿De nuevo con esa vieja canción Irlandesa? -preguntó una voz a su espalda.
Lucie se giró a tiempo de ver a su padre sentarse junto a ella en la hierba con un gruñido. El pelo sucio le caía sobre los ojos, y un corte reciente le cruzaba la mejilla hasta el mentón. Lucie se detuvo, sorprendida. Nunca había visto a su padre con el pelo sucio. Nunca.
- Lu, hija, tienes que empezar a ampliar tu repertorio -dijo Jace, aunque no parecía muy interesado en que su hija así lo hiciera. Había una mirada entristecida en sus ojos. Compasión. Abrió los brazos, y ella se recostó sobre su pecho. No recordaba la última vez que lo había hecho. Desde que Henry nació, ella había procurado no necesitar mucho mimo. Su hermano pequeño, según ella, debía ser el destinatario de la mayoría de estos -. ¿Quieres contarme qué pasa?
Lucie permaneció en silencio. No quería hablar. Sabía que si lo hacía, rompería a llorar, y no era un buen momento. No le gustaba llorar en público. Se preguntó, por un momento, si estaba cerca de esos días del mes. Le cabreó comprobar que estaba en lo cierto. Malditas hormonas que todo lo empeoran. Dichosa bipolaridad.
- ¿Sabes? -preguntó Jace, pasándole una mano por el hombro, y frotándole el brazo de forma reconfortante por el brazo -. Me recuerdas mucho a tu madre, Lu -Lucie sonrió. No la llamaba Lu desde que era pequeña.
El nombre despertaba recuerdos de su infancia, de ella jugando en el jardín, cayéndose, y Jace levantándola y diciéndole que no era nada. Cuando montando a caballo se cayó, y su padre corrió a recogerla como si el infierno le persiguiera. La había cogido en brazos, mientras ella se aguantaba las lágrimas, y la había llevado a casa con cuidado mientras la apretaba contra su pecho. "Papá ya está aquí. Papá siempre estará aquí, Lu". Y ella le había creído. Y él siempre había estado.
- Tu madre también se tragaba sus problemas. Es muy fuerte. Y tú también. Pero hablar a veces sienta bien, hija. Y llorar también -le pasó una mano por el pelo, metiéndole el flequillo tras la oreja. Ella le miró -. ¿Es por Benedict? ¿Por Simon?... ¿Por... Erin?
Entonces si que ya no pudo más. Las lagrimas se derramaron sin control de sus ojos. Enterró ala cara en el hueco del hombro de Jace, y éste la apretó contra si con fuerza.
- No he podido matarle. No he podido... me hubiera matado y no he podido... Erin siempre me decía que... vacilar con otro ser humano está bien... pero... pero... -sollozó. Cogió la camisa de Jace y cerró los dedos en torno a ella con fuerza, rompiendo un botón -. ¡Y odio llorar! -dijo, medio risa, medio llanto. Se secó las lagrimas como pudo, y se llevó una mano al pecho. Ya no dolía, pero el vacío, el recuerdo del daño seguía vivo-. La hecho tanto de menos, papá...
- Lo sé, cielo -dijo Jace en un susurro -. Sé que duele.
Jace le dio un beso en la coronilla, manteniendo la mejilla allí apoyada, meciéndolos en silencio. Él también estaba necesitado de esto. Tanto desde que casi había muerto allí mismo, sintiendo un miedo atroz por dejar a su hija sola, como por el tiempo que hacía que no actuaba como un padre normal, como lo era cuando ella era más pequeña. Durante su adolescencia se había sentido desplazado (el tema de los chicos parecía tabú en lo que a él respetaba), aunque no tanto como Clary, porque por alguna razón, Lucie no tenía tantas confianzas con ella (sería cierto eso que decían que los niños eran de mamá y las niñas de papá), y secretamente había añorado esos momentos en los que Lucie era solo su hija, su niña, su princesa. Lo único que lamentaba era que tuviera que ser justo cuando ella estaba en su peor momento.
Ella dejó de sollozar en algún momento, cuando el estrés y la pena la abandonaron, dejándola seca, y se recolocó, encogiendo las piernas y acurrucándose en el regazo de Jace. Con la mano se frotó la Marca desvaída que decoraba su pecho, sobre el corazón, que brilló con la luz directa del sol. Una Marca que había sido, antaño, de unión, y que ahora era de añoranza.
Entonces, quedando dormida bajo el calor del sol, y el escozor de los ojos por las lágrimas, escuchando los latidos del corazón de su padre golpeteando rítmicamente en su pecho, bajo su oreja, escuchó la voz de Jace.
- Tranquila, Lu. Papá esta aquí. Siempre estará aquí.
Y esa vez, como aquella hacía tantos años, también le creyó.
Se que es cortito, pero al menos es algo. Cuando acabe exámenes será otro más largo, y sabremos más sobre la Marca desvaída de Lucie. Alguien adivina de qué es?
Nos vemos (espero) muy pronto!
Ave atque vale, aunque espero que esto no sea una autentica despedida.
MHG
