Cap 21
Se congeló un segundo ante la imagen de Elena en la cama, pero el gesto duro de ella lo hizo reaccionar y alejar ese pensamiento.
-Lo nuestro no era buena idea, no tenía futuro. –Respondió terminando de vestirse. No era así como quería iniciar esta conversación, pero quería ser sincero con ella. – Creía que cuando Ric volviera, yo regresaría a mi vida y no volvería a verte.
-¿No querías volver a verme?- su voz estaba cargada con tanto dolor, como reproche.
Damon cerró los ojos y frenó un quejido que quería dejar su garganta.
-Pensé que no. –dijo pasándose la mano por el cabello nervioso.
Su trabajo era decir lo que los demás querían escuchar, o convencerlos de ver las cosas de la manera que él lo hacía. ¿Por qué con ella todo era tan difícil?
Se detuvo un segundo a mirarla, tan hermosa, tan dulce y tan herida. El dolor en su expresión le apretó el pecho, jamás quiso herirla, todo lo contrario. Se había negado a dejarse llevar por lo que ella le hacía sentir, justamente para que luego no saliera lastimada.
Las palabras de su padre volvieron a su mente "–perdí el tiempo que me quedaba junto a ella."
¿Habría perdido él su tiempo con Elena?
La idea le angustiaba, llevaba tres meses tratando de sacarla de su cabeza y cuando finalmente reconocía que ella no estaba en su mente, sino en su corazón, podía ser tarde para hacer algo al respecto.
-Quiero pedirte que me perdones, por la forma en que me comporté contigo. –Buscó sus ojos pero Elena se negaba a mirarlo. Se acercó a ella, colocándose en cuclillas frente a sus piernas, levantó suavemente su rostro con dos dedos y luego colocó sus manos a ambos lados de ella en la cama. – Realmente lamento haberte lastimado. – Terminó de decir cuando la chica finalmente encontró su mirada.
-Sigues sin contestarme.- Insistió ella.
-Pensé que yo no era adecuado para ti, que necesitabas algo mejor, alguien que pudiera cuidarte y amarte como te mereces.
-Yo realmente quería intentarlo contigo.- murmuró Elena bajando la mirada.
-Lo sé- un hilo de tristeza se filtró a su voz, la chica no pudo dejar de notarlo y volvió a mirarlo.
-Estás diferente – ya no podía contener la preocupación que sentía. Aunque se decía que no debía importarle, que no debía acercarse a él, no podía evitarlo. Alzó una mano para acariciar su mejilla, peo la bajó antes de hacer contacto con su rostro.
Damon bajó la cabeza, ese gesto le dijo que no podía borrar lo que había pasado con una simple disculpa, y aunque era algo que él sabía, no pudo dejar de sentirse decepcionado porque Elena le negara esa caricia.
Había sido una semana difícil, la charla con su padre había abierto la puerta a muchos sentimientos que llevaba años encerrando. Pero sobretodo, se había dado cuenta de cuantas cosas faltaban en su vida. Y de que en cierta forma estaba solo, Ric ahora tenía a Jenna, y si bien él estaba tratando de rearmar su relación con su padre, no sería fácil y tal vez tampoco sería por mucho tiempo.
-Me corté el cabello – respondió volviendo su mirada a la de ella y forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos.
-Sé que no merezco tu perdón, pero… lo necesito.-dijo con una nota de súplica en la voz.
Había tanta tristeza en esos cielos azules, que cada célula de su cuerpo le decía que lo abrace. Y se dio cuenta de que aunque se aferrara a su enojo, quería perdonarlo. Colocó su mano sobre la de él y dejó salit el aure que no sabía que estaba conteniendo.
-Damon, está lista la cena – gritó Ric desde algún punto de la casa y ambos se levantaron lentamente sin separar sus miradas.
-Hablamos luego- dijo Elena, él asintió con una sonrisa de lado.
Pero su hermosa sonrisa, con la que ella había soñado tantas noches, ya no estaba, lo que quedaba era sólo una mueca triste.
El rostro de Elijah se desfiguró un instante al verlos llegar juntos, pero rápidamente se recompuso.
-¿Dónde está Jeremy?- Preguntó Elena notando la ausencia de su hermano.
-Llamó con una tonta excusa y se quedará con Anna. – Le contestó su tía rodando los ojos – No sé por qué pensé que regresaría.
Ric y Guiseppe, ocuparon las cabeceras de la mesa.
A la derecha de Ric estaba Jenna seguida de Elijah y del otro lado Klaus, seguido por Caroline.
Damon se adelantó, colocándose a un lado de Elijah, y dejando así sólo el asiento que estaba junto a Caroline, disponible para Elena.
Su amigo sonrió porque advirtió inmediatamente lo que había hecho, no fue el único, el mayor de los Mikaelson respiró hondo utilizando todo su autocontrol para no decir nada.
La cena no fue incómoda como todos pensaron, si bien la tensión entre Damon y Elijah se cortaba con una navaja, Ric y Guiseppe se encargaron con anécdotas y mucha charla ligera, de que los demás casi no la sintieran.
Luego del postre, fueron a la sala a esperar la medianoche y brindar con un champagne.
Caroline colocó algo de música y rápidamente Klaus se acercó, extendiéndole la mano para invitarla a bailar con él.
La rubia lo miró pensando su invitación, aún no se le pasaba el mal humor por lo del vuelo, pero nunca le duraba el enojo con él.
Aceptó tomando su mano y dejándose guiar hasta un espacio libre, a un lado de la chimenea.
Sintió el calor de su cuerpo contra el de ella y el rose de su aliento contra su mejilla, toda su piel reaccionaba a él, como siempre y su enfado desaparecía. Antes de dejarlo ir por completo tuvo que hacer un comentario.
-Esto hubiese sido mucho más romántico en una paradisíaca playa del caribe.
Klaus rió.
-Cualquier lugar es un paraíso si estás entre mis brazos- dijo sonriendo, y cuando Caroline le devolvió la sonrisa, la besó con todo el amor que sentía por ella.
Ric invitó a bailar a Jenna y Damon dio un paso para invitar a Elena, pero Elijah llegó primero. La chica le dio una gran sonrisa a su amigo y colocó una mano en su hombro mientras entrelazaba la otra con la de él.
Cuando el joven llevó su mano libre a la parte baja de la espalda para guiarla, Damon apretó la mandíbula y cerró tan fuerte las manos que los nudillos le quedaron completamente blancos.
-Damon, ¿me acompañas un segundo?- Giuseppe, había leído la situación y quería evitar que los celos lo llevaran a cometer un error.
Su hijo lo siguió y se sentaron en el sofá.
-Quiero agradecerte que me permitieras compartir esto contigo, porque sé que no merezco la oportunidad que me estás dando.- Se paró un segundo y acercó un paquete.
-Padre, no tienes nada que agradecerme.- Lo notó nervioso y se preocupó.
-Quiero darte esto, feliz navidad hijo- le extendió el paquete, con una tímida sonrisa.-Tal vez sea una tontería…
El joven rasgó el papel y se encontró un portarretrato bañado en plata, con hermosos grabados. En la parte superior se leía "Nada es más bello que una sonrisa en los rostros de nuestros seres queridos."
Una lágrima dejó sus ojos cuando vio la fotografía, no la recordaba, estaba en brazos de su padre, su madre estaba a su lado y él reía mientras intentaba abrazarlos a los dos al mismo tiempo. Ambos lo miraban con una amplia sonrisa y se veía en sus rostros el más puro amor que uno pueda imaginar.
-Nunca la había visto- le dijo sin dejar de mirarla.
-Ha estado en mi escritorio por más de 20 años. Es del día de tu quinto cumpleaños.
-Era realmente hermosa- Acarició la imagen de su madre y cuando levantó la vista vio las lágrimas en los ojos de Giuseppe.
-Lo era – murmuro con la voz quebrada.
Dejándose llevar luego de mucho tiempo abrazó a su padre, luego de unos minutos, cuando ambos estuvieron más repuestos Damon fue a buscar el regalo que había traído para él.
-Creo que los dos pensamos parecido- dijo entregándole un paquete, que sorprendió a Giuseppe por su peso.
Lo desenvolvió y encontró una caja alargada, al destaparla vio una hermosa escultura de yeso. Reconoció inmediatamente a su esposa, estaba parada y llevaba un vestido largo que sólo dejaba ver sus pies descalzos. Tenía la cabeza ligeramente ladeada y el pelo suelto, apoyaba su mano derecha sobre su pecho y la izquierda se alzaba como invitándolo a tomarla.
-Es increíble, ¿la has hecho tú?
-Sí, te dije que se me daba bastante bien- bromeo, y aligeró la carga emocional que amenazaba con traer más lágrimas a sus ojos.
-¡Es hermosa! – la voz de Jenna los hizo girar y sonreír a ambos.-Veo que comenzó el intercambio de regalos un poquito antes de tiempo.
A Ric se le iluminó el rostro como a un niño pequeño que le dicen que ya no debe esperar más por su juguete.
-Este viejo está cansado y quería entregarlos antes de irse a dormir. También traje algo para ustedes.- Busco dos pequeños paquetes y se los entregó a ambos.-Lamentablemente no sabía que estos jóvenes nos acompañarían.
Jenna se encontró unos delicados pendientes de plata con una pequeña piedra verde, que esperaba no fuera una esmeralda, o no se atrevería a usarlos jamás por miedo a perderlos.
-Para que hagan juego con tus ojos.- Damon lo miró interrogante- Me tomé la libertad de investigar un poquito cuando me dieron la dirección – Agregó bajando la cabeza.
Ric se encontró un llavero y abrió mucho los ojos. Sabía que el padre de Damon tenía mucho dinero pero no, como para hacer esa clase de regalos.
-Se que tú cuidaste a mi hijo los años que yo no lo hice.- le dijo Giuseppe - Nada es suficiente para pagarte eso.
La pareja le entregó los regalos que tenían para él, sintiéndose un poco apenados por la sencillez de los mismos. Pero él se los agradeció tan sinceramente y con tanto cariño que logró borrar esa incomodidad.
Los chicos dejaron de bailar y se acercaron a los demás, que se estaban deseando las buenas noches a Giuseppe.
-¿Hora de los regalos? –preguntó Elijah.
-Parece que sí – contestó Elena- pero el tuyo se ha quedado en mi maleta.
-Me lo das cuando volvamos a casa. – Contestó sonriendo.
Esas palabras se clavaron en el corazón de Damon como una estaca, ¿ya vivían juntos? No, debía e referirse a que dejaron las maletas en casa de los Mikaelson, pensó.
-Yo tengo tu regalo aquí – Elena lo miró incrédula y Elijah sonrió sacando algo del bolsillo interno de su chaqueta.
La chica se encontró una fina cadena con un hermoso colgante, tenía pequeños apliques en formas de líneas curvas, diminutas esferas y en la parte superior había incrustada una pequeña piedra roja.
-Ha estado mucho tiempo en mi familia. Se dice que protege a quien lo lleva. – Lo tomó y le mostró a la chica el broche donde se abría- Puedes guardar lo que quieras llevar siempre contigo.
Elena lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. –Gracias, es hermoso.
-Caroline- Klaus también sacó su regalo y se lo tendió- espero que te guste. Fue la razón de que perdiéramos el vuelo- comentó bromeando nervioso.
Algo que nunca le pasaba era dudar de sus decisiones, sin embargo cuando fue a la joyería a buscar ese regalo, no podía elegir. Quería que fuera perfecto.
La chica tenía en sus manos una cajita alargada de terciopelo azul.
Al abrirla descubrió un brazalete formado por eslabones en forma de corazones, cubiertos de pequeños diamantes. Al final un dije de plata tenía grabado de un lado una C y una K enlazadas y del otro lado decía,
Yo nunca he querido más, hasta que te conocí a ti.
Caroline tomó su rostro y lo besó lenta y profundamente.
Damon veía con tristeza como las tres parejas estaban en su mundo y se dio vuelta para dejar la habitación, no dio más de dos pasos cuando una mano lo detuvo.
-Lo tienes- dijo Elena cuando se giró a verla. Lo apartó un poco de los demás que estaban charlando sobre sus regalos.
-Tienes mi perdón. – El joven le sonrió. En ese momento recordó algo, hacia un par de días había decidido enviarle la escultura de ella que tenía en su tocador, pero luego no se había animado. Lo tenía en el maletero del coche.
-¿Me acompañas un momento afuera?
Cuando estuvieron frente al camaro que estaba en la cochera, dudó si sería buena idea.
-Esto lo hice mientras daba clases.- Confesó tendiéndole la caja.
La chica la abrió y se encontró mirándose, se veía igual pero diferente. El rostro que sostenía aquella mano, era completamente hermoso y perfecto, irradiaba paz y ternura. Elena se sorprendió al darse cuenta de que así era como él la veía.
-Al día siguiente de conocerte mis manos ya habían memorizado tu rostro y era lo único en lo que podía pensar, tu imagen era lo único que podía crear. Aún lo es. – Elevó una de sus manos y acarició su mejilla.
Sin saber porqué Elena le dio un pequeño beso a esa mano que la rozaba con ternura. Damon tomó su rostro con ambas manos y la miró esperando su reacción.
Ella no dijo nada y no hizo ningún intento de separarse.
Lentamente bajó su boca hasta la de ella, cubrió sus labios y volvió a probar ese sabor que tanto había extrañado. Se besaron suave y lentamente, reconociéndose. Sus bocas se acariciaban con infinita delicadeza, pero eso sólo hacia que el contacto fuera extremadamente sensual.
Cuando se separaron Elena bajó su regalo y lo dejó cuidadosamente en la cajuela que continuaba abierta.
Su mente le decía que regresara a la casa y olvidara ese beso, que escapara de él y no le permitiera herirla de nuevo. Pero ese beso había sido como volver a respirar luego de tres meses sin aire y no podía resistirse a repetirlo.
Llevó las manos hasta su nuca y lo acercó a ella besándolo con menos delicadeza y más avidez. Liberando la pasión que fluía por sus venas cada vez que se rozaban.
Él correspondió su beso, llevando las manos a su cintura la acercó a su cuerpo y se dejó llevar por el deseo que Elena despertaba en él.
Sus lenguas luchaban cada vez con más desesperación, sus manos comenzaban a acariciar frenéticamente colándose bajo la ropa.
La tomó por los muslos y la levantó, llevándola hasta la parte delantera del coche la sentó sobre el capó y se colocó entre sus piernas. Comenzó a besar su cuello y a quitarle el abrigo.
Un ruido de vidrios llamó su atención y Elena vio la espalda de Elijah alejándose, se separó de Damon y salió tras su amigo.
Se quedó solo en la cochera sintiendo como su corazón se rompía lentamente. Hasta que la escuchó volver y sintió el ruido de un coche que se alejaba.
-Se ha ido. No entiendo que le pasa hoy. – Dijo con gesto de frustración.
-Está enamorado de ti – respondió mientras comenzaban a caminar hacia la casa.
-No es verdad- contestó sin encontrarle gracia a la broma.
-Lo es, reconozco lo síntomas, llevo tiempo padeciéndolos.
Gracias por leer, espero que les guste el capi y los regalos (Y la frase del brazalete ) ;)
Y como siempre muchas gracias a quienes se toman un minuto para decirme que les parece la historia.
