¡Hola, hola! Aquí estoy de nueva cuenta con un nuevo capítulo el cual disfruté mucho de escribir y espero que les guste :) También les informo que este sería el último que subo antes de mudarme. Voy a cambiar de residencia y la verdad es que no sé hasta cuando vaya a actualizar es por eso que hice este capi en especial un poco mas largo de lo habitual. También aquí hay más ¡SebasxCiel!

Advertencias: Lemon :D

Kuroshitsuji le pertenece a Yana Toboso y la historia a mí.

Mas notas al final, así que, disfruten la lectura.


El más mínimo error, puede costar muy caro.

Cap. 21: Diversión, Recuerdos y Sensaciones.

Undertaker aún permanecía en alerta ya que esperaba que el ser infernal se hiciera presente, echo un vistazo a la puerta de la habitación y en sus labios se adornó una pícara sonrisa. Decidió alejarse de ahí para ir en busca de aquel ente, estando todavía a la defensiva.

Se encaminaba por un extenso corredor hasta que finalmente se topó con unos escalones, no perdió tiempo así que subió de manera inmediata.

Le embarullaba el olor que emitía este ser, porque, para él lugar en el que se encontraban le resultaba difícil que alguien emitiera un olor así; el aroma era dulce y agradable. Olfateó de nueva cuenta y siguió encaminándose, cada vez lo sentía más de cerca.

—¡Buuu! —se escuchó detrás suyo.

Undertaker se volteó y no pudo evitar sorprenderse "¿Qué hacía un niño en un lugar como ese?" Interpelo internamente.

Pero lo que más le sorprendió fue que este ser era la viva imagen de Sebastián Michaelis sólo que unos —o muchos— años más joven. Tenía el mismo cabello color azabache, igual de alborotado con sus largos mechones al frente cubriendo un poco su cara. También no solo en eso se parecía, sus ojos eran dos enormes rubís y tenía la misma mirada traviesa —y cínica— del aludido. Todo igual, excepto por la estatura; se veía un poco más alto que Ciel cuando este tenía trece años.

El chico vestía un atuendo parecido a los que usaba el conde en aquel entonces. El cual consistía en una chaqueta elegante color rojo con detalles dorados en las mangas y a las orillas, también llevaba unos pantaloncillos del mismo color, los cuales le llegaban justo arriba de las rodillas. Debajo del saco traía una camiseta color rosa con holanes al frente y un listón negro en forma de moño que contrastaba muy bien con el resto del conjunto, más abajo traía medias y botas azabaches.

—¿Qué? ¿Te comieron la lengua los ratones?— inquirió divertido mientras rodeaba y observaba de pies a cabeza al peliblanco.

—Para nada hihi—, respondió burlón, sin duda ese chiquillo le llamaba la atención en sobremanera. — ¿Y qué hace un…?— enarcó una ceja pues aunque se veía como un niño podría jurar que tenía miles de años a los que en realidad aparentaba.

—¿Niño? —Terminó la pregunta y después rio a carcajadas—, hahahaha— se sostuvo del mayor para poder calmarse—, sí que eres gracioso.

Undertaker esbozó una sonrisa, no había duda de que aquel ser era interesante. —Y bien. ¿Quién eres, entonces? —Interpelo mirándolo directo a los ojos, los cuales cabe decir; son igual de enigmáticos que los de Sebastián.

— ¡Oh! Pero que grosero soy ¿dónde quedaron mis modales?—, hablaba para sí mismo entretanto hacía una leve reverencia. —Soy Elbridge, mucho gusto.

Durante unos instantes Undertaker no pudo evitar sentirse acosado por ese 'niño' —¿Eres hijo de Sebastián Michaelis?

—¡Hahahaha! —Volvió a reír a carcajadas—, ¿Hijo yo? ¿De Michaelis? ¡Hahaha! Sí que eres divertido— decía entre risas.

—Eres su viva imagen, es natural que piense que eres su hijo—, mencionó serio pues el menor ya lo estaba hastiando con sus risotadas.

El niño finalmente dejó de reír —Que va, que va, no te enojes— hacía mimos con sus manos.

—Soy el hermano número doce de Michaelis— declaro.

Ahora fue el shinigami quien sonrió divertido —¿Así de pequeño? ¿Qué acaso no consumiste suficientes almas para que te hicieran crecer? Hihi.

—¡Oye! Más respeto—, manifestó enojado según él, ya que su cara solo mostraba diversión.

—¡Oh! Perdón olvidaba que hablaba con alguien más 'viejo' que Sebastián—, no podía negar que ese chiquillo era agradable.

—¡Eah! —el joven demonio bufó con molestia. —Para tu información yo decidí quedarme así porque me gustan las almas jóvenes e infantiles y si me presento como un mayor lo más probable es que crean que soy un pedófilo como mi hermano—, le saco la lengua como si se tratara de un típico crío de siete años.

—¡Hahahahaha! —Undertaker dio una sonora carcajada, hasta se tuvo que inclinar pues sentía que el aire que no respira se le escapaba del cuerpo.

—¡Hey! ¿Qué es tan gracioso? —ahora infló los cachetes.

Una vez que recuperó la compostura el peliblanco —para ser un ente del infierno, eres muy divertido, hihi.

—Y tú para ser un Dios de la muerte, eres muy 'viejo' la verdad—, menciono con gracia esperando hacer enfadar al shinigami legendario.

Undertaker esbozo una sonrisa maliciosa mientras se acercaba peligrosamente al menor quien retrocedió por inercia topándose contra una pared, quedando acorralado —¿en verdad te parezco 'viejo'? hihi—, manifestaba entretanto tomaba los mechones al frente de su largo cabello, dejando entrever sus profundos ojos verdes amarillentos.

El pequeño rió nervioso, pues le sorprendió mirar que el Sepulturero no se veía tan mayor después de todo —Ah, no. Ya vi que no eres nada viejo.

—Y entonces ¿Qué es lo que haces aquí? —inquirió sin disminuir la distancia, quería intimidarlo hasta que respondiera.

—Soy yo quien debería preguntar eso —respondió un poco altanero— ¿qué hace un Dios de la muerte en este lugar? Será que eres uno de los 'queridos' de mi hermano.

El sepulturero acortó aún más la distancia, quedando a escasos centímetros de la boca del menor. —Y si así fuera ¿A ti qué?

El joven demonio no podía evitar sentirse intimidado por el peliblanco. —Tu… no pareces…—, estaba nervioso. No obstante se armó de valor —no pareces ser del tipo de zorra con la que se revuelca mi hermano—, mencionó finalmente.

El shinigami esbozo una tétrica sonrisa, —eres muy observador. Y también tienes razón, nunca caería tan bajo hihi.

—Entonces, ¿por qué estás aquí? —interpelo con curiosidad.

—Vine en busca del conde Ciel Phantomhive, tu hermano mayor lo tiene prisionero—, mencionó.

El niño puso uno de sus delgados dedos sobre sus labios y miro hacia arriba como si quisiera recordar algo. —Phantomhive. Me suena familiar.

El peliblanco le miraba con detenimiento.

—¡Aah! Phantomhive, es el alma por la que Faustus y mi hermano se hicieron enemigos ¿o fue otra? —hacia muchas expresiones y ademanes con sus manos que el Sepulturero no pudo evitar sonreír.

—Algo hay de eso—, no dijo más.

El niño le miró de nuevo con curiosidad—, ¿tú eres amigo o enemigo de mi hermano?

—Soy enemigo de tu hermano mayor y 'amigo' de tu hermano menor—, se limitó a contestar. —Aun no me dices ¿qué haces aquí?

—Mi padre. Él me envió a buscar a mi hermano—, sacarle información a ese 'niño' era más fácil de lo que pensaba.

El shinigami le dio un poco más de espacio ya que aún permanecía muy cerca del joven demonio— ¿Qué es lo que quieren con Sebastián?—, interpelo durativo, no encontraba una respuesta lógica pues, el ex mayordomo tenía a todo el inframundo en contra de él.

—Mi 'padre' me ha enviado a entregarle esto—, sacó de entre sus ropas la ancestral espada demoníaca mejor conocida como la 'Laevatinn'. —Nuestro rey no puede entrometerse en una pelea que ya está destinada a llevarse a cabo, así que lo único que puede hacer por mi hermano es entregarle esto para que al menos no esté en desventaja—, dijo el pequeño.

—En otras palabras, tu 'padre' ¿quiere que Sebastián gane? —resumió.

—No sólo él quiere que Michaelis gane, yo también lo quiero—, mencionó desviando la mirada pues le avergonzaba admitirlo.

El peliblanco volvió a reír —esto es raro ¿por qué alguien como tú no se opone a ello?

—Weaver es un idiota y ese tonto deseo por tomar el poder, lo hace aún más—, le encaró.

—Y ¿qué hay del resto de tus hermanos?

—Mi padre dice que nos debemos mantener al margen, algunos no están de acuerdo y a otros al igual que a mí, no les importa que Michaelis llegue al poder.

—¿No serán un problema más adelante?

—No lo creo, mis hermanos temen de mi padre así que por lo pronto todo estará bien.

Undertaker sacó de entre sus ropas el 'Doomsday' —¿Sabes qué es esto?

El menor negó con la cabeza.

—Este es el libro que aguarda el juicio final, en otras palabras; muestra el nombre de los que están próximos a morir y el de tu hermano encabeza la lista.

El menor abrió sus ojos desmesuradamente —mi hermano no morirá—, ratificó.

—Pues aquí dice que sí—, le mostró la lista, el menor se acercó a mirar. Efectivamente: decía cómo, cuándo, en dónde y manos de quién padecería.

—Él no morirá—, volvió a asegurar.

—Este libro no miente—, mencionó divertido al mirar la cara de preocupación del niño.

—¡Y yo tampoco!— dijo esto último con firmeza—, en fin, solo vine entregarle esto a mi hermano, pero en vista de que está muy ocupado —enarcó una ceja y sonrió con picardía—; te lo entregaré a ti para que se la hagas llegar. —Terminó de decir entretanto extendía sus brazos para entregar a Undertaker la extraña espada.

—Deben irse pronto porque el idiota de mi hermano no tardará en llegar.

El shinigami guardó el ejemplar, después asintió y tomo el objeto en sus manos —yo se lo entrego —fue lo último que dijo pues el menor ya se había marchado. Dio un gran suspiro y agachó la cabeza—, espero que tengas razón porque no soportaría mirar al conde sufrir de nuevo—susurró.

En el mundo desconocido. Faustus seguía más que frustrado, si Sebastián no estaba en su mundo lo más probable es que este se encuentre en el inframundo en busca de Ciel —¡Maldición! —le dio un fuerte golpe al escritorio recién reconstruido.

Ese demonio de nueva cuenta le estaba arrebatando lo que según él, por derecho le pertenecía.

Se recargó sobre su asiento y cerró sus ojos.

Ese día nevaba, sin embargo no era impedimento para que las personas transitaran por las ajetreadas calles de la ciudad.

Él había pasado más de diez años buscando esa alma, ese espíritu celeste que le fue rebatado por el idiota de Michaelis. Seguía caminado mirando pasar la misma basura de siempre.

Sentía la frustración a flor de piel, pues había cometido un gran error. «Hizo un contrato con la persona equivocada».

Alois Trancy, ese niño era la viva imagen del dueño de la alma más pura que jamas conoció, sin embargo, era solo un cascaron vacío. Pues la verdadera alma no se encontraba ahí.

Iba tan ensimismado que apenas si pudo sentirla. Era esa. Miró hacia todos lados para buscarle el olor que desprendía, esa psiquis era única. Corrió hasta llegar a donde se hallaba y finalmente le encontró.

Un niño pequeño, era el nuevo dueño de aquel espíritu.

Apenas si podía creerlo, ese niño era hermoso pequeño y frágil, de cabellos negros con tonalidades grises y azules y que decir de sus ojos. Esos orbes azul profundo que dejaban ver su alma; su deliciosa y suculenta alma.

Se acercó sin dar sospecha, esa noche finalmente obtendría lo que quería.

Le miró más de cerca y con detenimiento, sin duda alguna ese niño era todavía más hermoso que el dueño anterior. "Hola" le saludo.

El pequeño que miraba entretenido la gente pasar, se volteó para mirar a quien le hablo. "Hola" saludó el también.

El demonio se quedó trance, la dulce voz del niño retumbó en sus oídos.

—"¿Sabes? Hoy es mi cumpleaños"— decía con una gran sonrisa.

De pronto una mujer de cabellos dorados se acerca con muestra de preocupación "Ah… Ciel, lo lamento mucho" se disculpó la fémina.

—"No. Es un niño muy bonito"— respondió el demonio haciendo una ligera reverencia.

—"Además, mamá dijo que hoy dormiría conmigo" —seguía diciendo. —"También me leerá un libro y además…"—, su carita derrochaba inocencia pura— "en mi cumpleaños. Mi madre duerme a mi lado y mi padre me da regalos"

Un rato después madre e hijo se despidieron dejando al demonio sucumbido en sus cavilaciones. —"Es él, no hay duda. Solo falta 'agregarle' un poco de sabor"—, mencionó para sí, maliciosamente…

El demonio abrió los ojos de nueva cuenta y se relamió los labios. No iba a descansar hasta tener al joven de nuevo bajo su merced.

En el inframundo. Ciel y Sebastián se besaban con intensidad; no habían dejado de hacerlo ya que el azabache le besaba entre pausas para que ambos pudiesen respirar sin romper el ósculo que ninguno se empeñaba en deshacer.

El demonio se aferraba con lozanía a la presencia del menor. No quería que este le dejara, no quería pensar que todo esto al final no fuera más que una ilusión, era por eso que no lo quería dejar ir. A su vez, Ciel hacía lo mismo, todo era tan «irreal» en esos momentos que no podía evitar sentir temor al pensar que solo se tratara de un dulce sueño.

Ninguno de los dos se quería alejar, si era posible; querían morir estando así.

El joven conde, quien tenía sus brazos rodeando el cuello del mayor, los desilzó hacia los costados rozando ligeramente la atadura de Sebastián, el cual se removió de tal manera que terminó por romper el tan anhelado beso— ¡nhg!—, se quejó ya que Ciel inconscientemente le había lastimado su lesión.

El azulino le miró interrogante una vez que regresó a la realidad —¿Qu- Qué sucede? —apenas pudo articular ya que seguía respirando agitado debido al intenso ósculo.

El mayor se llevó su mano izquierda hacia la herida cubierta hace un rato atrás para sobarla, le dolía mucho.

El joven miró como esta sangraba a través del torniquete que le hizo. —Estas herido—, mencionó preocupado entretanto volteaba a mirar hacia la banca donde quedaron algunos retazos.

Sebastián no dijo nada, solo miró como Ciel se ponía de pie y le extendía el brazo para ayudarle a pararse.

—Vamos. —El azabache asintió y le ofreció su mano izquierda al azulino, este a su vez le ayudó a reincorporarse.

Ya estando parados, el menor ayudó al ex mayordomo a llegar hasta la banca. Sebastián logró sentarse con algunas dificultades, no podía negar que sus heridas le dolían en sobremanera, sin embargo eso era algo que no le haría notar.

—Debemos salir de aquí, hay que curar ese corte ya que parece ser muy prof…—, fue interrumpido abruptamente.

Sebastián aprovechó la pequeña distracción del menor para tumbarlo hacia atrás quedando él, arriba del joven. Este a su vez le miró con asombro.

—¿Qu- Qué haces Sebastián? —pregunto con nerviosismo pues la cercanía del azabache le ponía inquieto.

Sebastián miraba al chico con detenimiento; sin duda Ciel era hermoso, era imposible no voltear a verlo y no quedar prendando de tal belleza. Todo él era hermoso: su cara, su cuerpo, su piel, sus ojos… esos orbes azul intenso que reflejaban el alma más pura e inocente que pudiese existir.

No lo resistía más…

El de orbes azul miro como el azabache se inclinaba para besarle, en respuesta él cerró sus ocelos para entregarse a ese ósculo que nunca llegó ya que el mayor se encontraba cerca del oído de este.

—¿Puedo? —Repartía pequeños besos en el lóbulo— ¿probar? —ahora los repartía sobre el cuello haciendo estremecer al más joven— ¿su esencia? —volteó a verle a la cara.

Ciel a su vez sintió que la poca cordura que perdió hace unos instantes regresaba a su mente "¿probar mi esencia?" Abrió los ojos desmesuradamente mientras que un notable color rojizo se esparcía por toda su cara.

Sebastián rio divertido al mirar la expresión del joven conde pues intuyó que apenas cayó en cuenta del significado de las palabras antes mencionadas.

—Yo… este… ¿mi esencia? —estaba tan nervioso que apenas pudo articular palabra alguna.

El azabache apenas podía contenerse de las ganas que tenía por reír a carcajadas; Ciel se veía tan adorable.

Sin pensárselo más, atrapó esos belfos que tanto anhelaba besar cuantas veces sea necesario, le besaba con tal intensidad que el menor apenas si lograba seguirle el ritmo. En medio del ósculo, Sebastián logró acomodarse de manera que no pudiese esforzarse mucho ya que sus heridas seguían punzándole demasiado.

Se besaban con fiereza, el mayor pidió permiso de nueva cuenta para introducir su 'sinhueso' en la boca del menor, el cual ponía cero resistencias a las órdenes recibidas. Nuevamente podía deleitarse del dulzor que expedía la cavidad de Ciel.

Sin duda; esto era algo de lo que nunca se cansaría de hacer.

Por otro lado, Ciel sentía todo su cuerpo vibrar. Las sensaciones que experimentaba eran únicas y placenteras, algo que nunca sintió jamás. Se abrazó al demonio por el torso en medio de toda la excitación que estaba sintiendo. Solo se dejó hacer pues en fondo quería que Sebastián borrara las marcas de suciedad que impregnó Faustus en él.

El de ojos escarlatas deshizo el ósculo para besar al azulino en la cara; primero empezó por las sonrojadas mejillas. Lo hacía una y otra vez ya que no quería dejar nada sin besar: siguió por la frente, la nariz, se brincó al siguiente pómulo, bajó un poco más y se topó con una de sus orejas, la cual lamió con sensualidad.

—¡Aaah! —Ciel se estremeció al sentir ese contacto, la sensación era única.

Una ligera sonrisa se adornó en los belfos del mayor al escuchar el pequeño jadeo del conde; al parecer lo estaba haciendo bien, sonrió triunfante. Acercó su cabeza por detrás del oído y aspiró profundo el aroma de los cabellos del menor, todo Ciel era una delicia.

Dio ligeros toques sobre la blanca piel del cuello mientras que con su mano izquierda comenzaba a desabotonar lentamente los botones de la camisa del menor.

Ciel estaba completamente sumido en las caricias que le proporcionaba su ex mayordomo, irónicamente sentía que estaba en el cielo. Todo su cuerpo seguía atento a los mimos que recibía.

El mayor hizo un camino de besos desde la clavícula, seguido de la garganta hasta llegar de nueva cuenta a los belfos del azulino los cuales volvió a tomar con fiereza.

—¡Aah! —gimió en medio del beso ya que el de ojos escarlata rozaba delicadamente sus 'botones' rosas. La sensación era tan placentera para ambos que ninguno quería que esto acabara.

Ciel temblaba debajo del cuerpo del mayor. Aun así, quería más.

Sebastián deslizó la camisa del joven conde ligeramente hacia atrás dejando al descubierto la blanquecina piel de los hombros, ni tarde ni perezoso, se brincó a besar de nueva cuenta esa delicada piel que lo estaba volviendo loco.

Formó otro camino de pequeños ósculos hasta llegar a uno de los hombros del menor, no se pudo contener más.

—¡Sebas… tián! —gimió fuerte el menoral sentir la delicada mordida que le dio el aludido dejando una marca apenas visible. Todo su cuerpo reaccionaba de manera única a las placenteras caricias que le proporcionaba el azabache.

Este a su vez, ya tenía en donde quería al conde. Siguió todavía más abajo el camino de besos, ahora besaba el torso. Siguió avanzando hasta toparse con los delicados pezones los cuales se encontraban completamente endurecidos debido a los cariños recibidos.

No perdió tiempo, besó uno a la vez mientras acariciaba el otro con su mano libre.

—¡Ngh… aah… Sebas… tian! —toda cordura o razonamiento se esfumó. Sebastián lo estaba conduciendo por un camino de infinito placer y lo peor del caso es que ni siquiera había empezado, el mayor no había hecho nada más que proporcionarle dulces caricias, no había intentado tampoco tocar más allá de lo indebido y él ya se regocijaba de satisfacción.

El aludido volvió a sonreír, le gustaba escucharle; le gustaba escuchar su nombre por parte de los belfos del menor. Lo sentía tan bien, era algo tan agradable de oír.

Siguió con lo suyo. Ahora besó un poco más abajo, por el contorno del ombligo.

El joven conde suspiró.

Beso casi todo el abdomen. Ciel estaba muy delgado; los huesos que resaltaban en las costillas y parte de las caderas lo comprobaban. El mayor lamio estos últimos mientras deshacía el cierre de los pantalones del azulino.

En un abrir y cerrar de ojos, el conde se encontraba sin sus prendas inferiores, acción que lo avergonzó en sobremanera. Llevó sus manos por inercia hacia su parte íntima ya que se encontraba demasiado avergonzado. El enorme rubor que cubría por completo su linda cara, lo demostraba.

—No se avergüence—, mencionó Sebastián mientras tomaba las manos del aristócrata, que permanecían aun cubriendo su miembro.

Ciel le volteó a ver con cierto temor en la mirada. —No me lastimes—, menciono tan despacio que más bien parecía un susurro. Sin embargo también se escuchaba como una súplica que el mayor pudo percibir bien.

Sebastián le miró con ternura, reconoció que fue un idiota en el pasado por no haber aceptado sus sentimientos como tal. No obstante, ahora que le tenía así: tiritando bajo suyo, completamente ruborizado y casi delirando de placer. Era algo que nunca cambiaría por nada.

Juntó su frente con la del conde, sus respiraciones entrecortadas se mezclaban entre sí. —Yo nunca le haría daño y menos de esa manera —declaró con toda seguridad—, si cree que no puede continuar, yo me simplemente me detendré ya que no quiero verlo sufrir—, depositó un pequeño ósculo en los dulces belfos de su amante.

Los orbes azules miraban con intensidad al dueño de los hermosos ojos rubís. Ciel no podía negar que estaba asustado, no era fácil olvidar que fue cruelmente violado, aunque a pesar de todo se sentía en cierta manera; seguro. Sabía que el azabache jamas lo dañaría, ahora podía decir que estaba seguro de ello.

Él también quería pertenecerle. Quería ser suyo.

—Yo… quiero ser… tuyo—, tartamudeó, era imposible no hacerlo ya que Sebastián le ponía nervioso. En realidad; siempre fue asi.

El mayor esbozo una sonrisa, esa era la segunda ocasión en la que reía de felicidad.

Tomo de nueva cuenta los belfos del menor, los labios de Ciel no se comparan con ningún otro que haya besado en el pasado, porque ni siquiera los de aquel chico se le comparaban, introdujo su lengua sin permiso alguno ya que la boquita de su amante lo extasiaba en demasía.

Ciel trataba de igualar el beso, amaba la calidez que emanaba Sebastián, su cuerpo no podía evitar reaccionar a las caricias propiciadas y como no hacerlo, si el azabache le acariciaba con maestría haciéndolo casi enloquecer de placer.

—Sebas… —no pudo completar la frase— ¡aaah!—, las traviesas manos de su ex mayordomo se colaron por debajo de las suyas tomando su miembro por sorpresa.

El mayor dejó los belfos de Ciel para continuar con el recorrido de pequeños ósculos desde su garganta: pasando por su clavícula, los «botones» rosas, el ombligo, hasta llegar al imponente órgano viril que se erguía delante del.

El joven levantó su cabeza para mirar al azabache, el cual reflejaba cierta lujuria en sus ojos escarlatas. Ya no podía sonrojarse más de lo que estaba. —¡Aahg! —arqueo su espalda de manera involuntaria al sentir la lengua del mayor sobre la punta de su miembro. Sin duda, una de las sensaciones más placenteras que le había hecho sentir Sebastián hasta ahora.

El aludido lamía con delicadeza la punta del meato, degustando del ligero liquido pre-seminal que dejaba salir el menor debido al éxtasis.

Ciel a su vez, ya miraba estrellitas, se recriminaba internamente por sentir tanto placer apenas lo tocaba Sebastián.

—¡Nhg… Aaah! —se arqueo aún más al sentir la boca del mayor devorando su «extremidad» no había nadie más que lo hiciera delirar de satisfacción mas que Sebastián, su ex mayordomo demonio.

El azabache, de nueva cuenta sintió la ironía de sentirse en el cielo. El falo de Ciel era exquisito, dulce y sin comparación. Deseoso de querer probar más, hundió su cabeza entre aquellas largas y delicadas piernas, las cuales de abrían a mas no poder dando con ello el consentimiento de que devore por completo esa deliciosa extremidad.

El mayor con su mano izquierda comenzó a desabotonar el cierre y la bragueta de su pantalón, su formidable miembro clamaba a gritos por atención. Mientras más se fundía entre las piernas del menor, más duro se auto-complacía.

Ciel sentía venir el final, su cuerpo se tensó por completo y lo que vino después fue una enorme corriente eléctrica recorriendo todo su ser.

Sebastián sintió la palpitación del conde, justo después…

—¡Sebastián! —gritó con fuerza el nombre el su amante. Este a su vez recibió toda la esencia que liberaba el cuerpo del aristócrata, no desperdició nada.

Dejó libre el ahora flácido miembro del joven y le atisbo. Ciel respiraba entrecortado, sin contar que todo su cuerpo tiritaba debido al placer. Sin duda; una imagen sumamente encantadora.

Volteó a mirar hacia abajo, en su mano izquierda había rastros de su propia esencia, se iba a poner a limpiarla cuando dos suaves manos le interrumpieron.

—No. Yo quiero probar tu esencia también—, dijo el conde con miles de colores en rostro. Probablemente nunca deje ponerse así cuando esté con Sebastián.

El azabache le miró con ternura, sin duda; Ciel seguía sorprendiéndolo. Le acercó su mano, el chico la tomó dudoso sin embargo no desistió. Al principio le pareció un poco repugnante el olor pero siguió probando, poco a poco le fue tomando el sabor hasta que finalmente lamió por completo los restos de la semilla de Sebastián.

Ambos se sentían plenos, complacidos, satisfechos y demás. Ninguno se arrepentía de lo que sucedió, Ciel a su vez, sintió que una enorme carga le había sido quitada de su espalda, y Sebastián podría decirse que estaba en la misma situación.

Sin decir nada más, volvieron a chocar los labios del contrario, reiterando así; el amor que se tienen.

—Conde, debemos irnos —se escuchó del otro lado de la puerta. Se trataba de Undertaker quien reía divertido "sin duda, fue más que interesante esta reconciliación"—, hihi.

Ciel y Sebastián se separaron abruptamente. El menor más que nervioso, comenzó a vestirse pero sus movimientos eran torpes.

Sebastián esbozo una sonrisa. —Yo le ayudo. —Mencionó, entretanto comenzaba vestirle con parsimonia, en un abrir y cerrar de ojos, el azulino se encontraba completamente vestido y arreglado, al igual que el azabache.

—Adelante—, ordeno Ciel.

El Sepulturero entro como si nada, se paró frente a ellos y les regaló una sonrisa de complicidad. El menor a su vez se sonrojó por completo mientras que Sebastián solo curvó ligeramente sus labios.

—Toma—, le entregó la legendaria espada demoníaca al oji-escarlata.

Este no pudo evitar sorprenderse —¿Cómo la conseguiste? —inquirió.

—Te la envía tu «padre» hihi—, menciona divertido.

El ex mayordomo se sorprendió aún más «su "padre" le ayudaba ¿Por qué lo hacía?» Salió de sus cavilaciones y tomó la espada, —al menos ya no estaré en desventaja—, mencionó con una sonrisa en sus labios entretanto atisbaba al menor que yacía junto a él.

Tal vez la suerte después de todo; si está de su lado.


Bien, bien, hasta aquí llegó este capi, espero que haya sido de su agrado. Como dije, esta será mi última actualización pues la verdad es que no sé hasta cuando podré subir el siguiente.

El personaje de Elbridge está basado en un doujin llamado "Sugary" :D

También mostré otro fragmento de los recuerdos de Claude, el cual contiene spoiler del capítulo 11 del anime.

Y respecto al lemon, cuando Ciel se refirió a que sentía una carga menos. Pues verán, el sexo es buena terapia para liberar la tensión y estrés jaja Me divertí mucho escribiendo esta parte porque, vaya, ambos ya lo necesitaban :P

Agradezco a Yuno YFK por el beteo. Aclaro que Yuno es quien iba a betear los capis de esta historia en un principio pero por un error mío terminé enviándolos con Nana19 a quien agradezco de igual manera por haberme ayudado.

Doy gracias también a Charles Grey -Perrible, Kamy, Sakurita-chan03897, SebaCielForever y Hime Diamond, por sus agradables comentarios, me alegra que les haya gustado el capítulo anterior :3 También las personas que siguen y leen es te fic, muchísimas gracias :3

Cuídense linduras!

Dejen review's por fa :D