- Queda menos de un mes para el cumpleaños de Sammy – hizo notar Mary Evans revisando su agenda con despreocupación
- ¿Tienes algo planeado? – consultó el Señor Evans, acomodado a su lado en la cama.
- Aún no… pero sé de alguien que estará encantada de ayudarme – puntualizó la rubia cerrando su agenda de golpe y dejándola en su mesita de noche para acomodarse a dormir.
Esas últimas palabras hicieron que el señor Evans sintiera un escalofrío. A pesar de que amaba a su mujer como a nadie, sabía lo manipuladora que podía llegar a ser, sobre todo con su primogénito. No podía sacar de su cabeza la conversación que había tenido con Sam hace algunos días atrás y seguía temiendo la reacción que pudiera tener su mujer al saber la noticia. Rogando porque las cosas tomaran otro rumbo, imitó a su mujer y se acomodó para dormir.
A pesar de que la llegada del invierno estaba próxima, las temperaturas en Lima ya habían comenzado a descender, y las horas de luz a escasear. Sin embargo, las horas de sueño no se extendían y una vez más, Kurt Hummel se aprestaba para ir al instituto. Una energizante ducha, un contundente desayuno y un beso de despedida por parte de su padre, completaron su rutina mañanera y con ánimo se dirigió a sus labores… pensando como siempre, en encontrarse con Sam.
Caminando por los pasillos del instituto, el castaño sentía como el ambiente comenzaba a cambiar de a poco; aproximadamente en un mes ya sería navidad y los ánimos se encontraban por el cielo… se respiraba algo de paz y dulzura, características propias de la época y la decoración con muérdago, comenzaba a tomarse los dinteles de las puertas. – Fantástico – pensó Kurt con una sonrisa, llegando a la conclusión de que ésta sería su primera navidad con alguien a su lado.
- ¿Te gustó mi regalo? – habló una conocida voz a espaldas de Kurt.
El castaño reconoció esa voz y sin necesidad de preguntar, supo que Karofsky se refería a la pila de animales muertos que había desparramado sobre su auto, unos días atrás.
- Si te refieres a la matanza que perpetraste sobre mi auto, no, no me causó gracia.- dijo con Kurt con desgano, mientras encaraba al simio adolescente.
- ¿Hubieras preferido que los matara en tu presencia entonces? – consultó, insanamente, el adolescente.
- ¿Pretendes asustarme con eso? – El castaño miró directo a los ojos de Dave, haciendo que éste diera un mínimo paso hacia atrás - ¿O quieres llamar mi atención?... Comprende de una vez que tus golpes y amenazas no me harán menos gay de lo que soy… y cada vez que pueda refregarte eso en la cara, lo haré. – finalizó Kurt, cerrando de golpe su casillero y encaminándose hacia su clase.
Tras reponerse de la sorpresa inicial, Karofsky se plantó de un salto frente a Kurt y resopló
- No te pases de listo conmigo Kurt… sabes que un golpe mío puede reventarte la cabeza….- comenzó a caminar de nuevo – o tal vez, se la reviente a tu novio. – y con una sonrisa amarga, el simio siguió su camino, dejando al castaño Hummel con el alma en los pies.
A lo lejos, Sam que venía entrando al instituto vio como Karofsky se alejaba de Kurt, y como éste se quedaba con la vista clavada al piso y evidentemente pálido. Sin pensarlo dos veces corrió a su lado.
- ¿Estás bien? – dijo buscando la mirada de Kurt
- ¡Sam! – Dijo el castaño reaccionando de pronto – si estoy bien – trató de sonreír pero la idea de que Dave pudiera dañar a Sam lo había dejado verdaderamente afectado.
- Ven conmigo – y en menos de un segundo, el rubio se llevó a Kurt al aula vacía más cercana que había en ese momento. - ¿Qué fue lo que te dijo ese animal?
Los ojos de Kurt se encontraron con los ojos de Sam y sin decir nada el castaño se aferró a su novio. No lloró, no se quejó… ni siquiera habló. Solo hundió su cara en el pecho de su amor y aspiró profundamente, para llenarse de su aroma. Como si fuera una droga, la deliciosa fragancia del rubio penetró por los pulmones de Kurt, haciendo que cada uno de sus músculos se relajara y diera paso a un largo y sostenido suspiro. La tranquilidad de tener a Sam, sano y salvo era algo impagable para el castaño.
Pasaron unos minutos en que nadie dijo nada. La mano de Sam acomodada en el cabello de su novio se movía, mientras acariciaba sus suaves cabellos. Su mente no entendía lo que pasaba, mas su corazón comprendía a la perfección. El instinto protector del rubio llegaba a su máxima expresión cuando se trataba de contener a Kurt.
- Dave dijo que si no me dañaba a mi, te iba a dañar a ti. – dijo el castaño, separándose del abrazo y enfrentando el semblante preocupado de su novio.
- ¿Pero no te hizo nada? – consultó Sam
- No, no me tocó… pero ¿Y si te hace algo? – recalcó Kurt, preocupado
- Tú sabrás quién es el culpable y podrás hacer algo para detenerlo – respondió el rubio con fría lógica.
- ¿Y qué hago yo sin ti? – reclamó Kurt con preocupación y miedo de que el simio fuera más allá de unos simples golpes.
Esa simple pregunta, desarmó a Sam quien, con infinita ternura, depositó un beso en los labios de su amor.
- Eres la persona más hermosa de la tierra – concluyó Sam, besando de nuevo a su novio.
Kurt se sonrojó, volvió a abrazar a su novio y con el corazón escondiendo una preocupación aún más grande por Sam, se despidió de él para marcharse a su clase.
Tratando de alejar su mente de Puck, Mercedes tomaba nota de todo lo que el profesor de química decía, pero la clase se le estaba haciendo demasiado tediosa. Luego de un momento y haciendo caso omiso a lo que el profesor decía, comenzó a pasear su vista por el salón, esperando encontrar una olla de oro o algo por el estilo. Miró las luces que estaban en el techo y se preguntó quien moriría si en caso de un temblor, se desprendieran los focos y cayeran sobre sus compañeros. Al final, su vista fue a dar sobre Rachel, que, sentada a su lado con la misma disposición anímica que ella, tomaba nota de las fórmulas escritas en la pizarra.
- Rachel – susurró Mercedes
- Ah… - respondió la castaña, mientras seguía anotando
- ¿Cuándo presentaran su canción Sam y tú?
- Supongo que en el ensayo de hoy – Dijo Rachel, borrando la última formula - ¿Por qué? ¿Pensaste que nos habíamos retirado de la competencia? – picó la castaña
- No, es solo que… si, pensé que se habían retirado de la competencia, dándome más chance para ganar – reconoció la morena, con pasión competitiva
- Recuerda que la pareja que gana, debe enfrentarse entre si para ganar un solo en las próximas competencias. – acotó Rachel relajadamente
- Lo sé… pero no creo que Finn sea una gran competencia… ¿o si?
- Te sorprendería saber cuál es el verdadero talento de mi novio – dijo Rachel, dando por finalizada la conversación.
Mercedes se sentó derecha nuevamente y con ese último comentario dándole vueltas en la cabeza, comenzó a tomar notas. Si Finn era su adversario final, tendría que prepararse el doble… no sabía con que sorpresa podría salir el mariscal de campo.
A la hora del ensayo, Rachel se reunió con Sam unos minutos antes, para definir algunos detalles de su canción. Poco a poco, el resto de los coristas llegó a la habitación, Kurt se acomodó junto a Quinn y Joe, que se tomaban tiernamente de la mano.
- No creo que Rachel y Sam puedan superar el estupendo dueto que hicieron Kurt y Blaine – susurró Quinn a Joe, lo suficientemente fuerte como para que Kurt, Blaine y Harmony pudieran escucharla. Ambos morenos se miraron extrañados ante el comentario de la rubia, mientras que Kurt miró con algo de recelo a Quinn. Era la segunda vez en menos de una semana, que la rubia hacía un comentario similar ¿Qué pretendía?
- Bien chicos, hoy se presenta nuestro último dueto en competencia. Sam, Rachel, terminen de sorprendernos – dijo el Señor Schue, sentándose junto a Kurt.
Sonriendo de manera casi imperceptible, Sam tomó su guitarra, mientras Rachel le daba una señal a la banda de Jazz.
Suena ~ Lo mejor de mi vida eres túYo me siento al fin feliz
La tristeza no es para mí
Que me importan lo que viví
Si me regalan el futuro no lo quiero sin ti
(El rasgueo de las cuerdas inundaba la habitación. Sam cantaba mirando a Rachel, mientras pensaba en Kurt)
Ay no me digas no
Si escondes algo dámelo
Porque llegó la hora de estar conmigo
Pues el destino así lo escribió
(Ambos chicos comenzaron un suave balanceo, acompañado de un tierno coqueteo y en perfecta armonía comenzaron a cantar el coro)
Si es amor, Abrázame con ganas
Si no lo es, tal vez será mañana
Estando juntos mi mundo se llena de luz
Lo mejor de mi vida eres tú
Me voy de fiesta si quieres ir (¡quiero ir!)
De buenos aires hasta Madrid (¡ay ole!)
Y sin dormirnos acabar con parís
Te juro que jamás te vas a arrepentir
(Moviéndose al son de la música Rachel abrazaba por la espalda a Sam, haciendo que en su puesto, Kurt sonriera y Finn se tensara)
Ay no me digas no
Si escondes algo dámelo
Porque llegó la hora de estar conmigo
Pues el destino así lo escribió
Si es amor, Abrázame con ganas
Si no lo es, tal vez será mañana
Estando juntos mi mundo se llena de luz
(Sin que nadie lo sospechara, ambos chicos se voltearon hacia el resto del coro y Rachel le cantó la frase a Finn…Al tiempo que Sam le sonreía de manera disimulada a Kurt)
Lo mejor de mi vida eres tu
Eres tú
Dame dámelo baby
Lo mejor lo mejor
Eres tú
Suéltate el pelo y juega entre las olas (entre las olas)
(Moviendo su castaña cabellera, Rachel se acercaba a Finn, mientras respondía a las frases de Sam)
Sobre la arena a la orilla del mar (la orilla del mar)
Prepárate que la noche no perdona
Ven que nos vamos de marcha otra vez
Mañana, mañana
Porque llego la hora de estar conmigo
Pues el destino así lo escribió
Si es amor, Abrázame con ganas
Si no lo es, tal vez será mañana
Estando juntos mi mundo se llena de luz
Lo mejor de mi vida eres tú
Eres tú
(Acabaron la canción bailando el uno con el otro, riendo felices, mientras hacían una reverencia frente a sus compañeros)
Contagiado por la energía y buena onda de la canción, el Señor Schue se puso de pie, aplaudiendo junto al resto del coro. De paso a tomar su puesto, palmeó la espalda de Sam, acarició el hombro de Rachel y los invitó a tomar asiento.
- Con esa última pareja, damos por cerrada la competencia de duetos. Ahora, invitamos a las tres parejas participantes a abandonar la sala, mientras el resto de los chicos y yo, deliberamos sobre quien gana. Por favor – dijo señalando la puerta
Con una mezcla de nervios y ansiedad, los seis coristas abandonaron la sala, mientras el señor Schue avanzaba con ellos, para cerrar la puerta por dentro.
- Que gane el mejor – Dijo Blaine
- Eso es lo que tengo planeado – respondió Mercedes, mientras el resto de los chicos la miraba con algo de recelo.
- No quiero quedarme aquí a esperar, ¿Vamos por un café? – sugirió Sam a Kurt
- Te sigo – respondió el castaño, dedicándole una tierna sonrisa a su amor.
Rachel los miró con alegría, mientras que Blaine los contemplaba con nostalgia. Hace un tiempo atrás, Sebastian y él habían compartido la misma complicidad y ahora ¿Qué quedaba de eso? Un vacío proveniente desde su estomago, respondió a su pregunta y su mente volvió a tomar el poder. – Contrólate Blaine – susurró para si, mientras se apoyaba en uno de los casilleros y se sentaba en el suelo.
Al interior de la sala de coro, las cosas estaban que ardían.
- Quien debe ganar, definitivamente es la pareja de Finn Hudson y Mercedes. – sentenció Rory
- ¿Verdad?, sin duda fueron los mejores – siguió Puck, alentando desde las sombras a su novia.
- Por favor, no nos olvidemos del estupendo dueto que hicieron Blaine y Kurt – interrumpió Quinn, haciendo que Santana se volteara a mirarla – eso fue pura pasión
- Vaya Fabray, no pensé que un dueto tan obviamente homosexual, pudiera captar tu interés – atacó la latina, haciendo que Quinn notara su incongruencia y guardara silencio – pero si, apoyando la causa de Quinn, creo que el mejor dueto fue el de Kurt y Blaine.
- La canción de Rachel y Sam no estuvo nada de mal – dijo Tina, con algo de timidez, mientras Mike la besaba en la mejilla y acotaba – estoy de acuerdo con la mujer más preciosa del mundo.
- A pesar de que el dueto entre Kurt y Blaine estuvo estupendo, debemos reconocer que un dueto de ese calibre, cantado por dos hombres no es muy convencional… - recordó Joe
- ¿A que te refieres? – preguntó Santana con una vena del cuello peligrosamente hinchada
- A que debemos irnos por lo seguro, y una pareja perfecta para ganar serían Sam y Rachel
- ¿O sea que tú también eres homofóbico? – dedujo apresuradamente la latina
- Noooo… por favor no me mal entiendas… pero en este tipo de cosas hay que darle en el gusto al jurado… y por lo general el jurado de este tipo de competencias siempre es muy conservador. – terminó de decir Joe, para acomodarse al lado de Quinn y no abrir la boca durante el resto de la reunión.
- Debo reconocer que el dueto entre Blaine y Kurt estuvo excelente… sus voces sonaban realmente bien, juntas. – acotó Harmony con desgano, siendo observada con curiosidad por el resto de sus compañeros.
- Yo creo que debemos reconocer el merito de una pareja. – Comenzó a decir el señor Schue, haciendo que todo el coro guardara silencio automáticamente – Mercedes y Finn, presentaron un show completo… ¡hasta bailaron! – dijo con una sonrisa
El resto de los coristas siguió en silencio, cavilando sobre quien debía ganar la competencia hasta que el señor Schue, golpeó la mesa y los llamó a votar
…
- ¿Aún nada? – preguntó Kurt al momento de volver de la cafetería en compañía de Sam
- Nada – sentenció Finn, sentado en el suelo, con Rachel acomodada sobre sus piernas.
Justo en el momento en que Sam y Kurt procedían a sentarse, la puerta de la sala de coro se abrió y la cabeza del señor Schue se asomó.
- Pueden pasar – dijo en tono lúgubre. Los coristas que participaban se sintieron como quien entra a la consulta de un médico, sabiendo que el diagnóstico es mortal. Sentados en sus puestos, con semblante serio, el resto del equipo los vio entrar. En silencio, Artie adelantó su silla de ruedas y le entregó un sobre el señor Schue, quien con parsimonia lo tomó, sacó el contenido y procedió a leer.
Con cara de estar condenados a muerte, Fin, Mercedes, Rachel, Sam, Kurt y Blaine, acomodados en una hilera, observaban con ansias a su profesor.
- Con tres votos, le damos las gracias por participar a la pareja de…- redoble de tambores - ¡Kurt y Blaine!
El moreno y el castaño se miraron con algo de decepción y felicitando al resto de los participantes, pasaron a sentarse.
- Ahora, con seis votos anunciamos a la pareja ganadora… - redoble de tambores – quienes se batirán a duelo entre si, para ver quien nos representa finalmente en las seccionales con un solo… - más redoble de tambores – los ganadores son… ¡Finn y Mercedes!
- ¡Alabado sea Dios! – gritó Mercedes y se abrazó a Finn, mientras ambos comenzaban a saltar.
- Lo que significa – dijo el señor Schue entre medio de los aplausos del coro – Que Rachel y Sam, será el dueto que nos representará en las seccionales, felicitaciones chicos.
- Creo que seguiremos trabajando juntos – Dijo Rachel, frotando el brazo de Sam, a tiempo que le sonreía.
- Así parece – contesto el rubio, con una sonrisa sincera.
Luego de que el alboroto hubo cesado un momento, Finn pidió la palabra.
- Como co- capitán del equipo, debo reconocer todo el esfuerzo y la dedicación que puso Mercedes en enseñarme a bailar – dijo guiñándole un ojo a la morena.- así como todos, debemos reconocer el enorme aporte que es Mercedes al coro, con su voz y talento por lo que… quiero cederle el solo a ella, para que nos represente en las seccionales.
Al instante, todas las miradas del coro se dirigieron hacia Rachel, pues pensaron que iba a explotar en un ataque de diva, e iba a tirar por la borda todas las buenas intenciones de su novio. Pero al contrario de lo que todos creyeron, Rachel sonrió y levantando su pulgar, dio el visto bueno a la decisión de su Finn. El coro en pleno suspiro aliviado, mientras que Mercedes se acercó a su amiga y la abrazó a modo de agradecimiento.
- ¿Me acompañas a casa? Mi padre y Carole iban a cenar fuera, hasta donde sé, Finn saldrá con Rachel y la idea de cenar solo no me entusiasma mucho. – invitó Kurt, mientras el resto del coro se despedía del Señor Schue.
- Por supuesto amor, pero antes pasemos por mi casillero, tengo que pasar a buscar mi libro de matemáticas.
- Iiiiuj – dijo Kurt – números, que cosa más fea.
- Jajajaja filósofo – dijo Sam
- Hombre cálculo – le respondió Kurt, a tiempo que le hacía un tierno mohín.
- No hagas esos gestos… - advirtió Sam
- ¿Por qué? – preguntó Kurt, preocupado
- Porque me dan ganas de comerte a besos…
De camino al casillero de Sam, Kurt tembló al sentir sobre él, el deseo del rubio. De pronto algo en la mirada de su amor cambió y le pareció que cada uno de los gestos que hacía, lo llamaba, lo atraía y de alguna forma, lo capturaban.
- Listo – dijo Sam, y el ruido del casillero cerrándose, sacó a Kurt de su ensimismamiento. ¿En qué minuto habían hecho el trecho de la sala de coro al casillero de su novio? - ¿Vamos señor Hummel?
- Vamos señor Evans… ¿Recuerdas que me llamaste así en nuestra primera cita?
- Lo recuerdo… - dijo Sam, sonriente.
Aprovechando que la oscuridad del invierno se dejaba caer sobre Lima, Sam buscó con avidez la mano de su amor y caminaron así hasta llegar al auto del castaño.
- ¿Quieres manejar? – consultó Kurt
- Por supuesto – respondió el rubio y desplegando todas sus dotes de caballero, abrió la puerta del copiloto y dejó que Kurt subiera primero.
El castaño sonrió y sintiéndose afortunado, observó a Sam dar la vuelta, hasta abrir la puerta y acomodarse a su lado en el asiento del piloto. Sin poder despegar su mirada de él, se detuvo a admirar cada uno de sus rasgos… sus labios, su nariz, sus ojos… su frente y el corte que Karofsky le hiciera al empujarlo contra el casillero. Ni siquiera eso le restaba belleza. Para Kurt, Sam era el hombre más hermoso que existía.
Cuando hubo terminado de acomodarse, el rubio notó que Kurt estaba observándole hace un rato y sonriendo preguntó.
- ¿Qué pasa? ¿Tengo la cara manchada?
- Si – dijo Kurt acercándose a él – justo aquí, tienes un beso mío – y cerrando completamente la cercanía entre ambos, depositó un beso en la mejilla de su amor. – eres precioso. – concluyó y volvió a acomodarse en su asiento.
Sam en tanto quedó completamente alelado. Un intenso rubor se hizo presente en sus mejillas y con mano temblorosa, hizo partir el vehículo, y se encaminó directo a la casa de Kurt.
- Oh por Dios… ¡oh por Dios! No, no, no…
- ¿Quieres que pare? – consultó Santana levantando la cabeza
- ¡No te detengas! – ordenó una deseosa Britt, mientras arqueaba la espalda y se tendía a gusto sobre la cama
Santana sonreía, mientras que con diligencia, pasaba su lengua por entre las piernas de la rubia porrista, que no cesaba de gemir. De manera intrusa, Santana probaba el sabor de su amiga y novia, mientras masajeaba con morbo el clítoris de la rubia. Oleadas de placer recorrían el cuerpo de Britt, a tiempo que con sus propias manos, acariciaba sus senos y jugaba, delicada y traviesa con sus pezones. La lengua de la latina, pasaba por cada rincón de la vagina de su amiga. Succionaba, lamía y otra vez succionaba, para introducir en ella uno o dos dedos, dependiendo de cuanto placer quisiera darle.
Atendiendo a sus propias necesidades, bajó una mano e introduciéndola en su ropa interior, comenzó a masturbarse. El ritmo de su masturbación comenzó a subir y en una danza cadenciosa, Britt movía sus caderas, haciendo que Santana lamiera cada vez con más ganas. Con algunos quejidos suaves y gemidos profundos, el orgasmo no tardo en venir y al sentir que su amor había alcanzado el máximo de placer, la latina cayó en el éxtasis de la masturbación, alcanzando también el orgasmo.
Dejando su lugar, la morena se acomodo al lado de la rubia, que se removía gustosa sobre la cama, y comenzó a besarla, insaciable como era. Un beso, dos, tres, caricias y al final un tierno abrazo, que coronaba un momento de extrema pasión. En silencio, se quedaron contemplando el techo de la habitación de la rubia, mientras que por la puerta, hacía su entrada Lord Tubbington y se acomodaba perezoso entre Santana y Britt.
- Hay algo que me tiene preocupada – soltó Santana de pronto.
- Juro que con Lord Tubbington solo somos amigos – respondió rápidamente Britt, a tiempo que el felino maullaba.
- No es eso amor… pero tendré a este gato en la mira. – puntualizó la latina - ¿Sabes por qué no quise cantar con Quinn?
- No lo sé – respondió Britt, mirando con atención a su novia.
- El día que nos juntamos a ensayar, me preguntó si yo sabía lo que había entre Sam y Kurt... – Britt miraba a su novia sin comprender. – Y obviamente, no sé lo que hay entre ellos. Lo que en realidad me tiene inquieta es que Quinn al parecer es…
- Es…
- Homofóbica. Dijo que la homosexualidad es un pecado… y no sé por que sospecho que está tratando de entrometerse en lo que sea que tengan Sam y Kurt… para salvar su reputación.
- Pero Quinn está con Joe – recordó Britt
- Lo sé… no es un enredo de amores, esto se trata de la reputación de la gran Quinn Fabray. – Dijo Santana haciendo un gesto desdeñoso.
- ¿Qué crees que pase?
- No lo sé, pero ya sabemos hasta donde puede llegar Quinn para salvar su imagen. Le hizo creer a Finn que sería padre, engañó a Sam con Finn para ser la reina del baile… me preocupa lo que pueda hacer ahora.
- ¿No deberías decirle a Sam… o Kurt? – dedujo astutamente la rubia
- Podría ser… pero no puedo actuar sobre supuestos. – Se lamentó la latina
Ambas chicas se miraron en silencio y volvieron a recostarse sobre la cama, pensando en que pasaría de aquí en adelante.
