¡Hola queridos lectores! Ya estoy aquí, he tardado un poco pero es que insisto, lo que tengo que hacer ahora me está costando a horrores lelvarlo. En fin, nos leemos más abajo y espero sinceramente que os guste.
Segunda parte: Pacífico
Calma
- ¡Bienvenidos a la Villa Oculta Akane! – les gritó una muchacha que corría a recibirlos.
Pero a pesar de la recién llegada, no pudieron apartar sus ojos de lo que se encontraba frente a ellos. La villa era algo más pequeña que las que habían visto antes, y su decoración se asemejaba más a la de un Clan. Hinata se sorprendió de la gran similitud que guardaba con el Clan Hyuga.
Por un lado, las calles tenían una estética atrayente. El suelo no estaba simplemente compuesto por tierra, sino que unas baldosas surcaban bonitos caminos a través del lugar. Las fachadas de los edificios eran coloridas y alegres, haciendo juego con la magia que el lugar ya de por sí desprendía. Parecía todo mucho más nuevo y reciente, y a la vez encantador. Al tratarse de una aldea más pequeña que las habituales, se percibía cierta ¿? en el ambiente.
Y con distintos pasos y andares, estaban las gentes. La gran mayoría eran personas jóvenes que caminaban fudiéndose en una gama de colores entre sí. Parecía un lugar íntimo, como una propia familia.
Hinata no pudo evitar maravillarse, puesto que aquel lugar le resultaba increíblemente acogedor.
Entonces por fin dirigió sus ojos a la chica de pelo negro que les miraba con una amplia sonrisa.
-¿Os gusta? – preguntó, aún sin dejar de sonreír.
-Es tan…diferente. Jamás habría pensado que una villa podía ser así – se sinceró Sakura.
- Bueno, hace poco se confirmó realmente como una aldea. Hasta entonces esto era más bien como una familia numerosa – informó la chica.
Sasuke frunció el ceño. Sabía que no estaba bien dudar de la hospitalidad de la gente, pero todo aquello le resultaba sospechoso. Así que sin meditarlo más, intervino:
-Las villas suelen mantener el contacto entre sí para obtener algo a cambio del resto. Sólo si hay comercio o algo útil en un lugar se le otorga un nombre y una posición social. ¿Qué es exactamente lo que se ofrece aquí? – sus palabras, a pesar de ser formales, sonaron a incredulidad.
La sonrisa se borró de su rostro y le observó con atención. Después, de nuevo plegó sus labios en una mueca por la cual fluía seguridad.
-Esperamos. Nuestra función es únicamente acoger a los que nos necesiten, otorgarles el mejor de los refugios y conseguir a cambio algún beneficio por su parte o por el lugar de procedencia. Nosotros os alimentaremos gratis, os proporcionaremos un hogar, ropa, cuidados, lo que sea. Pero vosotros debéis decírselo a Konoha o al menos, pagarnos con algo a cambio.
-¡Lo que sea! ¡Naruto Uzumaki está dispuesto a ayudar en todo lo que pueda!
Naruto, que hasta entonces se había mantenido al margen aún anonado con la magia que se mezclaba en el aire, llamó la atención de la pelinegra. También le estudió a él detenidamente con sus profundos ojos oscuros y guardó silencio.
-¿Qué se supone que tenemos que hacer? – prosiguió Naruto.
-Aún no lo sé, lo consultaré y cuando obtenga una respuesta la tendréis. Por ahora, ¿por qué no descansáis en alguno de nuestros hostales? Si queréis, antes podemos informar a Konoha de vuestra llegada, para estar más seguros de que somos de confianza. – Posó una mano en su pecho, y dijo: – Por cierto, mi nombre es Daii. Encantada.
Caminaron unos minutos mientras Daii les guiaba hasta uno de sus hostales. El problema llegó en el momento en que inquirió sobre qué decirle exactamente a Konoha. Se miraron, intentando expresar las múltiples dudas que aquella pregunta hizo surgir en su mente. Finalmente, fue Sakura la más ávida en responder.
-Díle a Tsunade-sama que por ahora Naruto yo y otros compañeros esperaremos aquí hasta estar en plena forma y trazar un plan. Hemos logrado el rescate de Hinata, pero nos tuvimos que enfrentar a algunos Akatsukis, separándonos. Que por favor, mande refuerzos para los compañeros que se han quedado atrás. Y dile que no podemos volver, y ella sabrá por qué.
Ninguno pudo evitar soprenderse de la audacia de Sakura, al explicarlo todo de una forma sencilla y concisa, pero a la vez nada detallista. Aquella declaración incluía la información necesaria para evitar preguntas e intranquilidad en Konoha, al menos por un tiempo. Y por último, Sakura había enviado un mensaje para Tsunade, esperando que captase su significado. Fue entonces cuando lo comprendieron: tras el rescate precipitado de Hinata, la tensión con los Akatsukis estaba a flor de piel. Naruto no podía volver o Konoha estaría en grave peligro.
Debían permanecer ocultos todo el tiempo posible, ¿y qué mejor lugar que una villa que se dedica a acoger gente e incluso, protegerla?
Minutos más tarde, Daii volvió a intervenir.
-En mi apartamento hay espacio para uno de vosotros – dijo con absoluta naturalidad.
Entonces miradas de inquietud e incertidumbre volaron en el aire. Y Hinata lo vio. Supo que el Equipo 7 estaba nervioso por las cosas que tenían que hablar y que decidir. Y no le importaba realmente estar con Daii, ya que supuso que no podían permitirse el lujo de llenar todas las plazas en sus alojamientos. No podía ser egoísta, así que mientras el resto aún buscaba alguna solución ante aquel nuevo problema, ella habló por primera vez.
-A…a mí no me importaría – susurró con timidez.
-¿No te molesta? – preguntó Sakura, preocupada.
-N-no. Quiero ser yo la que se quede con Daii.
La aludida alzó las cejas incrédula, pero no dijo nada. Sakura miró a Sasuke, que parecía impasible ante el favor de Hinata y después a Naruto, aunque no sabía bien que decía su cara. Más bien Naruto ni siquiera sabía qué decir.
-Está bien.
Daii llamó a una pequeña niña que pasaba por el lugar y le pidió amablemente que acompañase al trío al centro y que los llevase al primer establecimiento que viese a su derecha de su parte.
-¿Puedes hacerlo?
- ¡Pues claro que sí!
La niña, que estaba dotada con una alegría singular, agarró la mano de Naruto y Sasuke con entusiasmo. Sakura rio por lo bajo y despidiéndose con la mano de Daii y Hinata se fue tras ellos que habían comenzado su marcha.
Hinata también sonreía. Lo último que escuchó fueron los gritos felices de la muchacha que presumían de compañía. "Veréis cuando se lo diga a Aoi-chan. Estoy deseando que vea mis nuevos novios, que son más guapos que el suyo. Y mis novios son más altos que yo. Porque Ai-chan es más alta que su novio. ¡Seguro que le doy celos!". Aún resonaban los ecos de las carcajadas de Sakura, mientras que Naruto y Sasuke clavaban la mirada en el suelo. De alguna manera, la pequeña les hizo cohibirse. Era sumamente gracioso que, con lo seguros que eran siempre de sí mismos cada cual a su manera, se ruborizasen por escuchar a una niña alardear.
El apartamento de Daii no era demasiado grande, pero sí que estaba muy bien proporcionado. Tenía un salón compartido, mientras que a cada lado de éste se situaban las dos habitaciones. A la izquierda estaba la de invitados, y a la derecha la de Daii. El baño y la cocina salían también de la salita, dándole así un toque de prioridad. Parecía ser aquella habitación con apenas sofá, mesa y sillas el centro de todo. Sin embargo, para lo encantadora que era la casa con tantos muebles, había algo que fallaba. No tenía esa complicidad de un hogar. Estaba tan limpia y perfecta, que ni siquiera parecía que alguien viviese allí. Era demasiado fría y solitaria.
-Daii-san, muchas gracias por tu hospitalidad – agradeció Hinata haciendo una reverencia.
-Oh vamos, no es para tanto. Anda no te quedes ahí, entra – le pidió mientras se quitaba las sandalias.
Hinata también se las quitó, y se estremeció al tocar el suelo helado. Odiaba esa sensación y no le traía buenos recuerdos, sin embargo, comenzó a caminar.
-¿Quieres que prepare el informe para la Hokage-sama? – preguntó.
-No te preocupes. Ve a ducharte. Te prepararé un poco de ropa mientras esa se lava – al ver la mirada dubitativa de Hinata, insistió. – De verdad, no importa. Relájate.
Finalmente, Hinata se dirigió al baño y le dio al grifo. Comenzó a desvestirse, y vio que a pesar de todos sus esfuerzos por limpiar la ropa, seguía algo sucia. Aquel lugar aún no conseguía inspirarle confianza, aunque sí que confiaba en Daii. No podía relajarse sin más como le había pedido, por más que lo desease. Entonces se sintió algo culpable; ella podría vestir ropa limpia mientras que el resto tendrían que seguir con la suya. Le pareció que haber ido a casa de Daii no era un gesto de bondad, sino egoísmo.
Metió los pies en la ducha y el agua cálida la invadió entonces. No. No debía volver a pensar eso de sí misma. Ya era suficiente, ya se había odiado demasiado. Ahora quería por una vez, valorarse un poco. Sonrió. Estaban a salvo, la habían rescatado. Se habían preocupado por ella, y ahora tenía una mejor relación con Sakura. Y con Naruto.
Se sorprendió de su propio cambio de actitud. Y supo con certeza que fue la sensación de hogar repentina que la invadió. El agua.
-Muchas gracias, Aya-chan – dijo Sakura mientras le tomaba suavemente de las manos.
-¡No ha sido nada! Además, ya soy mayor así que puedo volver sola a casa – explicó.
Naruto y Sasuke las miraron en silencio. Sakura se había agachado un poco para ponerse a la altura de la niña. Fue en ese momento que la niña se giró y les sonrió ampliamente.
-Vendréis a jugar algún día conmigo y con Aoi-chan, ¿no?
-¡Pues claro! Y te enseñaré las increíbles técnicas que me sé – afirmó Naruto por ambos.
Ayame miró a Sasuke, que no había dicho nada. Hizo una mueca parecida a una sonrisa, pero no habló. La muchacha se dio por satisfecha y tras despedirse con la mano corrió hasta su casa, que resultó estar en frente del hostal. "Puedo volver sola a casa" pensó Sakura. Sería una temporada entretenida con aquella niña tan cerca e inevitable.
El hostal era bastante grande. En comparación con la villa en sí, lo lógico es que hubiese sido de menor tamaño. Aunque claro, si se dedicaban a acoger a la gente lo que tenían que potenciar era aquello. Tenía varias plantas con habitaciones muy completas. En la planta baja estaba el comedor e incluso tenían un parquecillo por el que pasear. Sin duda, se habían esforzado en que a la gente le resultase atrayente.
La habitación de Sakura y la de Sasuke eran contiguas, mientras que la de Naruto estaba en frente de la del Uchiha. Una vez en el pasillo, dispuestos a entrar, meditaron en silencio. Estaban seguros de que tenían que hablar, muchas cosas que decir. Y en cambio, ese tiempo lo dedicaron a mirar al suelo con una expresión nostálgica. El equipo 7. Recordaron quiénes habían sido, y lo mucho que se habían necesitado en estos años. Recordaron los buenos momentos, esos en los que incluso eran capaces de reír sin preocupaciones. Hasta los malos, cómo los superaron. Cómo aquella rivalidad había dado lugar a una hermosa amistad. Cómo había superado el desamor y todo había cicatrizado ya. Naruto sintió un cosquilleo en los ojos. Estaban juntos de nuevo, había cumplido su promesa. Por fin…
Alzó los ojos y se encontró con Sakura que se secaba las lágrimas que corrían por sus mejillas. Si bien se habían encontrado antes y el shock debería haber pasado, era ahora cuando eran conscientes de su suerte. Ahora era cuando se daba cuenta de que no era un sueño, que realmente estaban allí, en el mismo espacio. Su mente ya había asumido el cambio, y era absolutamente reconfortante. Ese calor en su pecho la envolvía y se sintió feliz. Ahogó un par de gemidos, y miró a Naruto en señal de agradecimiento. Después, con timidez miró a Sasuke, pero éste tenía la vista clavada en el suelo.
-Voy a darme una ducha – informó.
Sasuke se dio la vuelta y abrió su habitación, girándose por última vez para verles. Entonces, esbozó una sonrisa socarrona.
-Oh vamos, ¿tenéis que ser tan dramáticos? – a pesar de sus palabras, en la profundida de su mirada se leía gratitud.
Ninguno de ellos respondió, sino que se limitaron a grabar en sus recuerdos aquel Sasuke. Para asegurarse de que no se volvería a ir, y en caso de que lo hiciera, tener algo. Querían crear nuevos buenos momentos, como los de aquellos tiempos. Querían memorizar que le volvían a tener a su lado.
-No me iré a ninguna parte, ¿vale? – añadió, confundido ante la expresión de sus rostros.
Y entró.
-Naruto, yo también me voy – reprimió con todas sus fuerzas las ganas de llorar.
-Nos vemos – se despidió el rubio.
Cuando Sakura estuvo por fin en su espacio, en la soledad, corrió al baño. Se miró al espejo. Sus ojos y sus labios rojos de la emoción y las mejillas encendidas. Tenía cierta expresión de aturdimiento, y dadas las húmedas lágrimas, algunos mechones se pegaban en su rostro. Ya le había visto, tal y como siempre había sido. Como el chico al que amó. Como el hombre al que amaba. Ahora tenía que verse a ella, para que al buscar en su mente, no olvidase aquella imagen de ellos. Y Naruto lo había logrado. No se imaginaba lo agradecida que estaba con él.
Cuando los sollozos se agolparon de nuevo en su garganta, ésta vez no los mudó. Los soltó en grititos que bien se parecían a aquellos desgarradores cuando se levantaba de sus sueños y despertaba en las pesadillas. Cuando despertaba sin él, después de tenerlo en sueños tan cerca. Pero esas lágrimas no eran como las amargas de sus largas noches, por mucho que tuviesen el mismo sabor salado o la misma calidez al surcar su cara. Ella sabía que no eran iguales, porque su corazón palpitante no sentía un terrible vacío, sino una intensa calidez.
Sasuke se fue al baño y se lavó la cara, como si así lograse borrar aquella sensación. No era desagradable, pero sí desalentadora. Sentía un fracaso por no haber conseguido olvidarles, por verles reaparecer en su camino, agarrándole e impidiéndole continuar. Y ésta vez, él sabía que su camino de la venganza era imposible. Sabía que ya, después de aquello, no podría. Pero también estaba allí esa inevitable alegría. Hacía que fuesen aún más contradictorios sus sentimientos, y le torturaba sentirse de alguna manera feliz. Porque todo por lo que había luchado aquellos últimos años se esfumaba y desaparecía. Le liberaba, y a pesar de las emociones que había recuperado, aquello lo había perdido.
Era confusión, y era la certeza de tenerles allí para él. De saber que en esos instantes, en los tres ardía la nostalgia y se propagaba. Estaba seguro de que aquel día, no los vería salir en ningún momento de la seguridad de aquellas paredes. Necesitaban acostumbrarse, maravillarse, o torturarse.
Suspiró, y finalmente se metió en la ducha, intentando no arrepentirse de haberlo intentado para luego fracasar. Convenciéndose de que irse con Orichimaru no había sido tiempo perdido y sufrimiento innecesario.
Sin darse cuenta, estaba apoyado en la pared y en el suelo. Se habría caído hacia atrás y deslizado hasta quedar así. Sus ojos azules eran incapaces de soltar una lágrima, a pesar de haberse sentido amenazados anteriormente. Todo por lo que había luchado estaba ahí, de nuevo. Se juró que nunca más lo dejaría escapar. Que aún si tuviese que morir por proteger ese momento, lo haría. Hasta su último aliento, perduraría aquella amistad. No podía volver a hacer sufrir a Sakura, no tras saber que aquella noche dormiría por primera vez con una sonrisa. Y él sin sentirse culpable por haberlo traído esa vez. Y pensando en cómo debía sentirse Sasuke, allí solo, tiñéndose de oscuridad. Porque él tenía la absoluta certeza de que ese día sería el primero en que volverían a ser los mismos que hacía años.
Ahora sí, se llevó las manos a la cara y lloró despacio. Sonrió mientras dejaba escapar entre dientes suaves sollozos. Aunque escuchando bien, parecía una tierna risa.
¿Qué tal? Capítulo emotivo, centrado especialmente en el equipo 7. No sabía exactamente cómo expresar todo aquello que yo misma sentía al escribir sobre ellos, y espero al menos haber conseguido que algo haya llegado hasta vosotros.
Lo de arriba de la segunda parte es porque procedo a añadir al comienzo de la historia "Primera parte: Secuestro", puesto que a estas alturas ya no hay secuestro pero la historia continúa hasta cerrar las cosas que yo misma he abierto.
En fin, me despido y espero actualizar antes. Como siempre, para cualquier cosa, un review. Sé que los autores somos pesados, pero no os imagináis la de ilusión que nos hace leer vuestra opinión.
Los personajes de esta historia no me pertenecen, pertenecen a Masashi Kishimoto, pero la idea es originalmente mía.
