21 - Matt
Su hermano era quien mejor le conocía, su compañero de penurias y alegrías. Era su otra mitad.
Él protegería a su hermano siempre, incluso si Takeru ya ha dejado este mundo. Por eso debe alejarse de todos, alejarse de la presión que ejercen sobre él la mirada apremiante de Sora, los ojos amistosos de Taichi, la mirada llena de añoranza de Mimi.
Se encamina a la estación de buses, pero está temblando. Quiere tranquilizarse, pero no puede. Se sienta en una banca de madera y se toca los bolsillos. Saca su encendedor, y apenas lo ve, sabe que fue una mala idea, porque aquel era un regalo de Takeru, y él necesita, desesperadamente, dejar de pensar en su hermano.
Su garganta se contrae dolorosamente y el arden la nariz y los ojos. Mueve el pie, frenético, y ruega mentalmente por un poco de autocontrol. Siente que todo se le ha escapado de las manos. Por más que trata, no puede borrar de su cabeza la sensación de Mimi en sus brazos ni sus huesudas manos tirando de su camiseta. Siente como si toda la piel que fue rozada por ella le ardiera. El pecho le arde por la culpa de haberse callado todo lo que quería decirle.
Su hermano la había transformado en aquel ser y él, Yamato, creía que era muy injusto. Pero jamás le diría a nadie el porqué.
Guardó el encendedor y sacó su pastillero. Su terapeuta le dijo que cuando el dolor fuese demasiado, una bastaría. Apenas había salido de esa casa, se había tomado una, y no sentía el efecto calmante de siempre. Tal vez, su ansiedad es demasiada, más que otras veces, y una sola dosis no es suficiente.
Abre el pastillero, con cierto temor, y se traga otra píldora celeste. Espera unos minutos y no siente nada, así que se traga otra, y otra, y otra, y otra. Tiene ganas de lanzar sus píldoras, pero se contiene y las guarda en su bolsillo. Ahora le ataca el remordimiento y el miedo de haber hecho algo estúpido. Se levanta y comienza a caminar, desesperado, y saca su móvil del bolsillo trasero de sus pantalones y marca a su terapeuta. Le marca incontables veces y no recibe respuesta.
Se siente perdido, desorientado. Le pregunta a alguien el camino a la estación de buses, pero la persona se asusta y se aleja de él. Se sienta en la vereda, porque de repente siente el cuerpo pesado. Su guitarra se resbala de su hombro, y el ruido que hace al golpear el piso le parece que dura miles de segundos.
Ya nada le arde en el cuerpo, pero siente todo pesado, como si la gravedad hubiese sido aumentada. El bulto en la garganta sigue ahí, y él quiere despotricar sobre ello, porque le parece injusto; se metió todas esas píldoras al cuerpo para dejar de sentirse tan desesperado, y ahora se sentía igual y el cuerpo y la cabeza le pesaban como nunca.
Es injusto que tenga que sentirse esta manera, porque él no ha hecho nada. La única cosa que lamenta es no poder decirle a Taichi que falló en ayudar a Hikari. Pero ese es un peso que él debiese poder cargar sin problemas, porque es suyo y de nadie más.
Empero, su desesperación no sólo se debe a lo que no le ha contado a su mejor amigo sobre su hermana. Él también está desesperado por tener que guardar los secretos que su hermano debió llevarse con él a la tumba y que dejó con él, con Yamato. Él sigue vivo, y sabe lo que debe hacer, pero una parte de él no quiere mantener la boca cerrada, quiere soltarlo todo, y que el mundo sepa quien fue Takeru en verdad, y eso le aterra, le aterra el que algún día no pueda controlar su lengua. Porque él va a proteger a su hermano por siempre,
A su alrededor, la gente le mira. Él quiere pararse y alejarse de todos, pero no puede. Todas las personas caminan muy lento, y hablan muy lento. Sus voces apenas las escucha y apenas puede ver sus rostros. Se frota los ojos, la frente, las sienes. Cree sentir como su propia sangre comienza a fluir lento. Todo va en cámara lenta, incluso cuando cae al piso y se golpea contra el pavimento. Le duele la sien izquierda, pero no puede moverse, todo es borroso y él quiere dormir para siempre.
N/A:
Y ya se acabó. No hay más, así que nos leemos en unas semanas. Gracias por leer :)
Cariños,
Lyls
