¡Hello!! Capi nuevo y ya pronto nos vamos acercando al final n.n.
Ahí se los dejo, nos vemos abajo :3
Concierto 21: Lo que todo hombre necesita.
Parpadeó varias veces, intentando que sus ojos se aconstumbraran a la poca luz que permitían las bajadas persianas entrar. Estas tan solo cubrian media parte de la gran cama en la que yacía y no hacía falta más para que lograra identificar el lugar. Había estado antes ahí. El día en que se desmayó y buscaba a su primo menor. El mismo día que lo encontró a él.
Encontró su seriedad, su tranquilidad y preocupación, además de... sí, si no se equivocaba, amor.
Después de que Keigo la dejara embarazada y se quitara el peso de encima, Tezuka Kunimitsu la acogió en sus brazos, sin preguntarle, sin saber qué o de quién era. La dejó que se lo contara y cuando lo hizo, no la ignoró ni rehusó. Ese hombre era magnífico y de tan bueno que era, no creía que se mereciera hacerle daño. Sin embargo, él había volado desde España, tan solo para verla y asegurarse de que ella y su hijo estaban bien y ahora, se encontraba en su apartamento de nuevo.
Se incorporó sobre sus manos, acomodando sus nalgas sobre el duro y cómodo colchón. Un leve dolor en su cabeza la hizo gemir y tardó pocos segundos en llevar su mano hasta su frio rostro. Se asombró. Entonces rodó sus azulados ojos por la sala, visualizando una pequeña ventana entreabierta, dejando entrar un pequeño zumbido de aire. La puerta se inclinó sobre sí misma creando ruido y unos grandes pasos se escucharon cerca de esta. Tardó pocos segundos en vislumbrar la alta figura que se afanó en cerrar la molesta ventana.
-Tezuka-. Llamó con voz ahogada.
Él se volvió y siguió con sus grandes pasos hasta ella, sentándose a su lado y rozándole la cara con sus grandes manos.
-Estás helada.
-No tengo frio-. Rebeló-. Tezuka... ¿Por qué vuelvo a estar en tu apartamento?
Él suspiró.
-Fui a visitarte, ya que se cancelaron las últimas fotos y la enfermera, que es... digamos amiga mia, me dijo que ya podías irte, pero como constumbre en tu metabolismo, te habías dormido de improvisto y no se te podía despertar-. Explicó-. Te alzé y te traje hasta mi casa. ¿Preferías que estuvieramos en un hotel?
Abrió sus ojos asombrada ante la última pregunta. ¿Por quién demonios la habia tomado? Pero tardó tan solo unos segundos en darse cuenta de que era una broma. Tenía tan segura de que él era un hombre tan duro y serio, que no logró darse cuenta de que era una inteligente broma. Negó con la cabeza finalmente y buscó las manos cálidas que le habían arrebatado el calor de su rostro, uniéndolas a las suyas. Agachó su rostro, hasta que sus labios la rozaron y su largo cabello las cubrió.
-Gracias...
-¿Por qué?
-Por cuidarme y no despreciarme. Estoy embarazada de un hombre al que amé... y me engañó.
-Atobe... también fue al hospital-. Confesó entre dientes el hombre-. Te pidió que tu y el niño fuérais a su casa.
-¡Ni loca!-. Protestó mirándole con miedo-. ¡No pienso ir! Ese maldito...
Se tapó la boca con su mano izquierda y negó con la cabeza, sintiendo las lágrimas por sus ojos.
-Ese maldito está unido a mi primo... para hundir a mi tio y a mi primo.
-¿A Echizen?-. Preguntó con voz dura el hombre.
-Sí-. Afirmó deslizándose por las sábanas y sentándose en la cama-. Tengo que avisar a alguien. Regresar a America...
-No podrás-. Dijo él reteniéndola-. Con esos problemas de salud, no puedes salir de japón, menos sola. Además, Echizen fue a America esta misma mañana. No te preocupes.
Se relajó, dejándose acunar entre los fuertes brazos. Su mejilla se acomodó sobre el amplio pecho y en silencio, dejó que el olor a colonia de el chico, inundara su mente, embriagándola. Acarició la musculatura sobre la ropa, sintiendo como él se tensaba bajo sus dedos. Sonrió.
-Me gusta tu olor, Tezuka. Me gustas tu. Me gusta tu música. Me gusta tu mundo.
-Pues quédate aquí.
-No puedo aprobecharme de tu amabilidad-. Negó con la cabeza-. Sería... no. Seríamos una carga para ti. Además, tu te vas a casar...
-No. Mi matrimonio concertado se rompio ante las engañifas de mi padre y tengo suficiente dinero como para mantenerte a ti y al bebé que esperas.
-Pero es hijo de otro hombre-. Susurró al ser sentada sobre los duros músculos de sus piernas-. Es... otro...
-No me importa-. Sentenció-. Si tu quieres tenerlo, lo tendremos juntos.
-¡Oh, dios, Tezuka!-. Exclamó presa de el pánico-. Keigo nos matará.
Él rió. Como nunca nadie le habría visto hacer. Tan solo ella.
-No lo hará. Creéme que no lo hará. Si Echizen va para lo que yo pienso, Keigo no se meterá en medio. Además...-. Se acercó hasta su oido, rozándo con su aliento un punto realmente placentero-. He decido... que no te daré nadie. Quiero abrir esas puertas que veo cerradas y me dan ilusiones de tenerte. ¡Demonios! Jamás había hablado así a una sola mujer... Y la única a la que se lo hize... me rompió hasta el alma...
-Cuéntamelo.
Tezuka frunció las cejas, mirándola irancundo, esperanzado porque se retractara en querer saber de su pasado. Pero Nanako Meino era tan cabezona como lo era su primo menor y no se detendría. Querría saber. Por unos momentos, Kunimitsu meditó sobre lo que estaba haciendo. Se estaba lanzando por completo en una barca inestable. Si Nanako resultaba tan parecida a Ryoma, los dos serían un duo totalmente imposible. Se negaba a ello. Era imposible que fueran tan parecidos. Ryoma era un hombre y ella una mujer. Si el caracter era parecido, seguro que dentro de sus deberes como mujer, Nanako sería increiblemente sensual.
De el lider de la banda, había decido pasar a atacante. Estaba enamorado de esa joven y recordar el pasado de Fuji, le ayudó a tomar esa decisión. No. Mucho más antes. Cuando se enteró de que estaba ingresada en el hospital. ¡Demonios! Fue capaz de dejar a la banda y correr hasta ella. Había dejado aparcado algo que era su vida por ir con ella. Eso ya no tenía vuelta atrás. Estaba enamorado hasta los huesos. Aunque su seria personalidad no lo mostrara.
La alzó, dejándola otra vez sobre las sábanas y la calideza de el colchón bajo sus piernas. Se levantó y caminó a su alrededor, hasta que se acomodó sobre un pequeño sillón. Ella había gruñido por romper su acercamiento, pero lo necesitaba. Necesitaba saber cuanto le deseaba ella. Si realmente sentiría querer estar con él.
-Mi padre es realmente adinerado. Se casó con mi madre a desgana y de ahí nací yo. Como mi padre siempre estaba con otras mujeres, ella se sentía sola. Abandonada. Entonces, centró toda su atención en mi, dándome todo lo que quería. Fue así como conseguí descubrir que la música me gustaba y también, que a ella la apasionaba demasiado-. Explicó con voz pausada-. Ella, me contó que antes de que la casaran con mi padre, se había dedicado a componer canciones y que si quiería, muchas me las dejaba para que aprendiera a tocar. La batería fue mi afición desde el principio.
Desvió la mirada hasta el rincón cercano y sonrió al ver que ella exclamaba en sorpresa al ver la blanca batería descansar al fondo de la habitación.
-Esa me la compró antes de morir... Bueno, de suicidarse.
-Cielos...
-Mi padre había descubierto que yo... que yo estaba sexualmente atraido por una de las criadas, es más, la quería hasta convertir en mi mujer. Quizás eran sueños de adolescente, o quizás no, pero la amaba. Ella, sin embargo, cuando mi padre la amenazó, salió corriendo de mis brazos y no regresó. Mi madre, al ver que ahora mi padre estaba más centrado en destruirme mentalmente y acerme abandonar la música, se suicidó tras una discutión entre ellos. Creo que...-. Tragó saliva y apretó sus puños con fuerza-. Creo que mi madre fue violada por él, puesto que desde que yo nací, jamás habian compartido cama. Yo recogí mis cosas y me marché. Tuve suerte de que la maqueta que enviara resultara eleguida, sin embargo, querían que el grupo fuera más grande. Así, poco a poco, se fue convirtiendo en lo que es ahora. No-. Rectificó-. En lo que somos. No quiero ni compasión ni amabilidad por parte de mi padre y aquella mujer que amé una vez. Puedo seguir por mi solo y seguiré.
Alzó la cabeza, buscándola y se sobrecogió al verla abrazada a sí misma, con una de sus manos en su vientre y llorando a lágrimas viva. Corrió hasta su lado, zarandeándola levemente. Obligándola así a que le mirase.
-¡No es justo!-. Exclamó entre lágrimas-. ¿Cómo puedes ser tan bueno conmigo después de todo? Yo... no quiero que seas bueno por mi primo.
-Ilusa-. Estepó abrazándola-. No lo soy por Echizen. Ni por Keigo.
Ella le miró con sus grandes ojos, buscando entre sus palabras, pero tan solo logró entristecer sus cejas y mirarle con angustia. Tezuka enredó sus dedos entre los largos mechones y sonrió, perdiendo la mirada en ellos. Nanako retuvo sus mano cerca de su oido y sus miradas se cruzaron. Ambos lo sabían y lo hicieron. Sus labios se llamaron entre ellos, uniéndose con devoción. Lentamente, las ropas estorbaron a su deseo y la cama se convirtió en su lugar particular.
-Las embarazadas sois demasiado sensibles-. Se burló seco mientras rozaba con su índice uno de los desnudos senos-. Os excitais rápido.
-Pues...-. Tartamudeó ella-. Si quieres que me quede... tendrás que... aconstumbrarte.
Él sonrió y escondió la erecta ureola dentro de su boca y ella gimió, encorbándose hacia él. Se apartó y la besó en los labios.
-¿Es la primera vez que te acuestas con una embarazada?
-Sí-. Afirmó Tezuka pesadamente.
-Tezu...
-Kunimitsu-. Ordenó con dulzura inimaginable-. Apartir de ahora, seré Kunimitsu para ti.
Detuvo sus pasos y subió las gafas que le habían servido para esconderse, pero eso no evitó que ella lo viera, que se estremeciera y cayera de rodillas en un baño de lágrimas. Se arrodilló ante ella, palmeando su cabeza y sonriendo.
-Buenos dias, Kurumi-chan. Si ya has terminado tu turno¿Por qué no vienes conmigo a tomar algo?
Ella asintió, pero él sabía de sobras que no podía levantarse. Le gustó torturarla un poco, en medio de la entrada, sabiendo que todos la estaban observando y que la vergüenza se hallaba mezclada en el llanto que la impedía moverse. Sin embargo, debería de saber ya que la chica también era de decisiones fuertes y al mero momento, se alzó, aferrándose a él, temblando.
En silencio caminaron hasta un bar apartado y se adentraron hasta el lugar más estrecho y oculto. Esos lugares que tan solo los camareros sabían que existían pero, que, si no tenías una tarjeta oro grabada en la frente, no te atendían. Al parecer, Kurumi siempre habíado al bar y por esa misera razón, los atendieron. Casi se hechó a reir al ver que la chica demandaba una tila, mientras que él se conformaba con un buen refresco de gas. Perdía demasiadas calorias en los escenarios, como para pensar en su dieta. Y si no, que se lo dijeran a Echizen. Bebía más ponta que agua.
Cuando la taza caliente llegó a sus manos, Kurumi se apresuró a apresarla con fuerza, calentándose los helados dedos. Él se apresuró y dejó caer la carta entre ellos, mirándola inquisidor.
-¿Por qué no me lo explicas?-. Preguntó.
-Me dejastes. Dejastes a mi hermana.
-Sabes que esa no era mi intención-. Explicó con voz ronca-. Kuru...
-¡No!-. Exclamó en un susurró-. Te envié esa carta en un momento de locura. Pero no para que vinieras de golpe y quieras sacarme información sobre mi hermana. No es por nada... pero por culpa de vuestro... de vuestro noviazgo, que saliera a la luz por culpa de ese energúmeno de periodista... ella lo dejó. Ya no puede cantar. A mi... me dejó de hablar cuando salieron a la luz las imagenes. ¡Éramos nosotros y ella cargó con todo!-. Jadeó, bebiendo con urgencia-. Y no me dijo nada. Rompí vuestra relación porque... realmente te amaba. Te robé.
Rió de nuevo y bebió de la lata, asombrándola. Se acercó hasta ella, tomando uno de sus largos mechones entre sus dedos y negó con la cabeza.
-Kurumi¿Conoces el dicho de: "Si uno no quiere, dos no pelean"?
-Cla---claro-. Afirmó ella-. ¿Qué tiene que ver?
-Pues, vasándonos en nosotros: Dos no rompen si uno no quiere. Me entregé a ti, te amé y rompí la relación con tu hermana por ti, no por ella. Lo entiendes¿Verdad?-. Sonrió de forma diablesca y retorció el mechón entre sus dedos-. ¿Sabes una cosa?... Ahora, sí que no pienso dejarte ir, porque... y sonará feo, pero, tengo una personita bajita, de cabellos negros y ojos verdes, que es capaz de romper su felicidad por uno de nosotros. Así que, hazte a la idea de que apartir de ahora, tendrás que acerme un hueco en tu cama.
Pestañeó y volvió a pestañear, para abrir los ojos con pesadez. Si las cosquillas en su rostro no fueran tan seguidas, seguramente continuaría riendo, pero había algo más. Sentía cierto peso sobre sus caderas y dos amables nuves sobre su torso. Cada vez que el ligero peso se movía, sentía que sus ingles comenzaban a quemar y el perfume que llegó hasta él, le hizo sonreir.
-Al fin despiertas, Neko.
-Kaolah-. Susurró buscando sus labios-. ¿Por qué estás desnuda sobre mi?
-¿Tu que crees?-, exclamó ella con desconcierto-. Anoche llegaste, te lanzaste sobre mi y me violastes.
-¿¡Qué!!?-. Exclamó ahora él, sentándose sobre su trasero y mirándola con desconcierto. Ella rió a carcajadas limpias-. ¿Es una broma?
-Pues claro, tontito.
-Nya... no me asustes-. Se quejó volviendo a acostarse y llevándola consigo.
-¿Tanto miedo tienes de que así hubiera sido?
Eiji se rascó la mejilla y desvió la mirada, pero Kaolah, con su aconstumbrado caracter, le obligó a enfrentarla, además de moverse sobre él, creando un estremecimiento en el hombre.
-Dímelo, o te torturaré con los movimientos-. Amenazó-. No es por nada, pero sé que estás totalmente excitado en mi interior. Porque te recuerdo que estás dentro de mi y que... ¡Ah!
Como si de un felino se tratara, se las ingenió para dejarla debajo de él y con expertos movimientos, se adentró aún más en ella, obligándola a gemir. La ropa de la cama se enganchó a su brazo, pero no entorpeció sus movimientos.
-Así...-. gimió ella-. no vale...
-Lo sé-. Se rió él escondiendo su rostro entre su cuello-. Pero... quiero que lo disfrutes, no hacerte daño... eso me da miedo. Mucho. Demasiado quizás y no lo soportaría. Ya... ya te lo hice una vez...
-Y me lo haces cada día-. Recordó ella.
Kikumaru se detuvo de golpe, mirándola asombrado y apoyándose sobre sus codos, casi con intenciones de apartarse de ella, pero Kaolah tan solo sonrió, lo acercó hasta ella, enredando sus dedos entre los rojizos cabellos y sus labios rozaron el oido de el chico.
-Cada vez que hacemos el amor, y después, me subes hasta las estrellas-. Susurró-. Así que... no te detengas, nunca.
Pero él no se movió. Se quedo apoyado sobre ella, remetiendo fuertemente contra ella y obligándola a alzarse contra él y gemir.
-Entonces... cásate conmigo. Tendrás que soportar mentiras sobre mi relación con otras mujeres, o largas distancias entre nosotros...
-Eiji... ¿Por qué demonios has tardado tanto en pedírmelo?-. Gruñó.
Él rió y hasta dejó que lo volviera, quedando debajo de ella, sin embargo, la cama era demasiado pequeña para rodar por mucho tiempo y la tanda de amor, se pasó al suelo.
Se deslizó de entre los fuertes brazos y caminó completamente desnuda hasta la cocina, en busca de algo que poder comer. Las tripas casi le rugían en demanda de algo y las caderas le dolían con fuerza. Se las frotó con sus manos, mientras el frio de la nevera golpeaba cada parte de su desnudo cuerpo y castañeó los dientes, dándose prisa en sacar algo comestible. Cerró con una de sus caderas la puerta y caminó hasta la mesa cercana, extendiendo la mantequilla, las tostadas, zumo y un trozo de queso. Le daba vergüenza tener tan solo eso, pero al fin y al cabo, no había tenido tiempo de hacer la compra.
Se rascó la nuca y sintó humedad entre sus largos cabellos negros y de nuevo, las caderas le recordaron su dolor. Frunció las cejas, a la vez que separaba dos lonchas de pan y murmuraba interiormente. Si en lugar de ceder a cada uno de sus mimos, se preocupase de hacer la compra, igual sería más productor, sin embargo, no podía. Las pequeñas vacaciones en españa le habían roto su relación, unido y no habían podido culminarlo más hallá de los simples besos.
Aferró la losa de la mesa entre sus manos y sus mejillas quedaron completamente curvadas en un sonrojo notorio. ¿¡Por qué demonios la enemiga de todas las mujeres tenía que aparecer cuando menos se la deseaba!? Bien. Aquella situación la llevó a tener ahora las caderas doloridas. Suspiró y regresó a colocar la comida sobre las lonchas. Unas pisadas la alertó y sus músculos se tensaron.
-¿Qué haces?
-Algo de comer. Tengo hambre-. Confesó relajándose-. No tengas constumbre de acercarte por mi espalda en silencio.
-¿Por qué?
-Porque... bueno...
-¿Eres experta en artes marciales, tanto, que eres capaz de matar a un hombre?
-Bingo.
-Venga, Riku, no me lo pongas más difícil.
Ella rodó sobre sus piernas, enfrentándolo.
-¿Más difícil?
Kaoru Kaidoh frunció las cejas, cruzándose de brazos y apoyándose en el quicio de la puerta. Seguramente, si alguien los hubiera visto, se habría dado cuenta de que una relación, entre dos personas y ambas desnudas tras haber tenido sexo durante toda la noche, no podría ser seria.
-Te sabes defender, pero te dejas secuestrar.
-Quería que Ryoma me salvara.
Él estalló en carcajadas y se acercó rápidamente hasta ella, sujetándola de ambas muñecas y apartándolas de su camino, hasta que su cuerpo dominó el femenino por completo, sintiéndola. Una de sus piernas aguecó la zona más sensible, permitiéndose acomodarse en el lugar preferido para un hombre.
-Mientes-. Añadió en un gruñido-. Te fuistes con Echizen por la simple idea de que ambos estais solos. Necesitabais algo y me encontraste a mi. Dime¿Qué te parece si te cuento algo de mi, pequeña brujita? No eres la única que ha tenido que cargar con un padre así. El mio era peor y el de Momoshiro igual. No me tengas en un pedestal. Luché para conseguirte, porque tu también tienes algo que yo necesitaba.
-Está en la naturaleza de los hombres buscar eso que se desea-. Gruñó ella intentando liberarse.
Él agachó la cabeza, besándola levemente y escondiendo su rostro entre su cuello.
-Riku...-. Susurró-. Yo... no puedo dejarte escapar, porque sé que eres débil. Tan débil... como yo era antes. Y grité por dentro para que alguien me escuchara. Y nadie lo hizo.
-Pues cuéntamelo-. Se asustó-. Dime que es lo que os ata a Momoshiro y a tí al pasado-. Rogó-. Si no, no podré ayudarte... Kai... Kaoru.
Él había dado en el clavo. Si no hubiera sido su persona la que entraba en la cocina, le habría lanzado objetos a pares al personaje acechante. Sin embargo, sabía que era él. No sabía defenderse. Era tan débil que realmetne necesitaba protección. Cuando la secuestraron, se alivió al ver a Kaidoh y ni siquiera se percató de Echizen, quien era su novio en esos momentos.
-Riku... yo...
Otra, y otra. Otra más. Creía que el armario cedería por su peso, pero estaba tan embriagada de placer, que se olvidó por completo de el ruido de las patas al moverse en cada una de las rudas embestidas. Ni siquiera le molestó que una de las cajas que había colocado, cayera al suelo. Se enredó en él. Lo aceptó y se moría de ganas por más y más.
Tanto tiempo alejado de él, la había casi torturado, y eso que no había sido tan largo como se creía. Pero desde que se había aconstumbrado a amarlo, a no depender más de la prostitución, se sentía realmente feliz. Le encantaba enredar sus dedos en los negros cabellos, gemir en su oido, y que él gimiera en su boca. Le encantaba sentir aquel portentoso trozo de carne, excitante y placentero, en su interior. Le gustaba que la hambrienta boca masculina rodara por su cuerpo, que poseyera sus pezones con deseo. Todo. Completamente todo la enloquecía.
Por esa misma razón, ni siquiera esperó a que estuvieran todas las maletas dentro de el apartamento. Ni que no viniera a casa enseguida. ¡Oh, dios! Le amaba y deseaba tanto que ni era capaz de pensar que él la engañara. Si la habia sacado de aquel mundo, un mundo que ni su hermano había logrado romper, no podía ser para dejarla abandonada en un cajón. Aún había cosas que desconocía, y deseaba con toda su alma conocerlas, pero si él no se habría, no podía hacer absolutamente nada.
-Ann-. Gruñó el musculado hombre-. Ann...
Le encantaba que la llamara al punto de el extasis. Que se deleitara con su cuerpo. Que llegara al orgasmo gracias a su sed por ella. Perdió su mirada en la perturbada de placer y gimió, al sentir como su cuerpo se inclinaba hacia las oleadas de placer, acompañándolo ante embestidas más cruciales y fuertes. Como muchas otras veces, se sintió desfallecer en sus brazos y si su espalda no estuviera sujeta por las fuertes puertas de el armario, seguramente, se habría caido.
Pero sabía que para él no era suficiente. Tres días alejados no le bastarían para apagar su deseo. La alzó de nuevo, besándola y esta vez, si logró llegar hasta la cama, donde la volvió a tomar con fuerza necesaria. Derepente, rió. Todas las mujeres que ese día recibieran la visita de esos alocados música, estarían más que sastifechas con su sastifacción sexual en grandes oleadas.
-¿De qué te ries?-. Preguntó él ronco.
-¿Crees que todas las novias de el grupo estarán siendo sastifechas como yo?
Momoshiro alzó una ceja, pensativo.
-Tezuka creo que no tiene novia. Oishi... ni idea. Eiji seguramente sí, pues tiene pareja estable. Kaidoh me apuesto lo que sea a que sí. Fuji... creo que rompió con su novia. Inui...-. Sintió un escalofrio-. Espero que no se le haya ocurrido visitar a Sumire... y Ryoma... Aunque no te lo creas, creo que él no-. Rió de forma maliciosa-. Se ha ido de viaje, según me dijo esta mañana Fuji en un mensaje.
-¿Y qué me dices de Momoshiro Takeshi?-. Preguntó maliciosa.
-Umm... Creo que él todavía no está completamente servido, señorita.
De nuevo rió ante las caricias de el hombre, y no dudó en besarlo y tocarlo. Le gustaba. Lo amaba y esperaría el tiempo que hiciera falta para que él le habriera sus alas. No podía ser tan cruel su pasado¿cierto?
-Takeshi...-. Ronroneó una vez que ya yacía a su lado-. ¿Quieres que pidamos algo para comer?
-Hamburguesas...
-¡Eso no te lo traen a casa!-. Rió con ganas-. Venga, chino, o lo que quieras.
-¿Por qué quieres comer algo pedido? Puedo cocinar-. Se ofreció-. Ya sabes que sé...
-Ni hablar-. Respondió tajante-. Te quiero en mi cama todo el día.
-¡Pero...!
El timbre interrumpió su protesta. Ambos se alzaron y caminaron hasta la puerta, enrrollados los dos en la misma sábana. Momoshiro fue quien miró através de la mirilla, y cada fibra de su cuerpo se tensó.
-Ann-. Llamó con seriedad.
-Dime...
-Ves al dormitorio y no salgas hasta que yo te lo diga. Vamos.
-Pero...
-¡Obedece!
El lijero valanceo de el avión, no ayudó demasiado a la náusea que llevaba rato escondiendo en su garganta. Sentía que si aflojaba algo sus nervios, era capaz de vomitar hasta en la calvicie de el hombre que se sentaba ante ella. Rodó sus castaños ojos hacia su acompañante, que yacía medio dormido y bostezó en pleno aburrimiento tras ser despertado por el valanceo. No podía creerse que se hubiera dormido nada más subirse y que ahora despertara.
-Buenos dias, Ryoma-. Saludó con tono sarcástico.
Él la miró de reojo y casi sintió dolor en su mano cuando se la apresó como castigo por haberse dormido. No comprendía la razón, pero desde que Sakuno se había despertado esa mañana, estaba de un humor de perros. Desvió sus ojos de la nuca que le había mostrado ella como signo de enfado, hasta su vientre. Arrugó la cabeza y el deseo que aquello fuera simplemente por cambios hormonales por su embarazado, el cual él creía que era cierto, fuera la causa de su mal humor. Incluso llegó a pensar que fue debido a la falta de sexo esa noche.
Aún lo pensaba cuando se hallaban recogiendo las maletas y cuando estaban sentados en el taxi de camino al hotel, y cuando entraron en la suite. Se volvió hacia ella, observándola mientras que admiraba y disfrutaba de tanto lujo. Debería de estar ya aconstumbrada, al fin y al cabo, era rica. Sin embargo, recordó. Sakuno, pese a ser rica, había sido criada en condiciones realmente lamentables para una familia, claro que él, no era el mejor para decir algo así. Era adoptado.
Derepente, la muchacha giró sobre sus pies y no tardó ni cinco segundos en correr hasta el baño, arrodillarse ante el bater y vomitar. Se acercó hasta la nevera y cogió una lata de tónica. Se arrodilló a su lado y se la pegó a la sudorosa mejilla, meciéndola entre sus brazos. La abrió y se la ofreció en silencio. Sakuno bebió con necesidad y tras ello, frotó sus labios con su mano izquierda, para dejarse caer de nuevo entre sus brazos.
-Me siento mal, Ryoma-. Gimió-. Quiero... ir a un médico.
-Está bien.
Se alzó, con ella en brazos y la deposito sobre la cama, besándole la frente. Le entregó el bolso cercano y terminó por recoger sus cosas que había lanzado, sin que recordara, sobre la cama. Una vez listo, la sujetó de las caderas y a grandes pasos, la condujo hasta el ascensor. Sakuno se apoyaba en él, en demanda de cansancio y sujeción necesitada. Una vez en la recepción, la dejó sentada en uno de los cómodos sofares y se acercó a la recepcionista.
-¿Dónde puedo encontrar un ginecólogo?-. Preguntó.
-Cerca de aqui, señor-. Explicó la mujer enrojeciendo-. A tres calles más abajo...
-Bien.
Se volvió, ignorando las miradas de la mujer. ¿Acaso creía que era para él? Bueno, los hombres también iban a revisiones médicas, pero él nunca. Era Sakuno quien le preocupaba, aunque sabía perfectamente qué sucedía. Él mismo se lo había buscado. Asegurándose que las oscuras gafas y la gorra permanecían en su lugar, volvió a sujetar a la joven. Tomaron un taxi y por suerte, este les guió perfectamente hasta el lugar. Por suerte, la doctora la recibió sin problemas. Mientras esperaba en la sala de espera, varias mujeres embarazadas se acomodaron a su lado, hablando sobre sus hijos venideros, con grandes barrigas y dolorosos movimientos.
Cuando creía que se moriría de aburrimiento, la puerta se abrió, dejando ver a la joven enfermera, que le hizo señas para que entrara. No dudó ni un solo momento. Abriéndose paso, se instaló dentro de la sala, junto a Sakuno, que apresó su mano izquierda con fuerza. La doctora los observó por un instante y farfulló sobre su edad prontía.
-Sois demasiado jóvenes, pero... está embarazada. De dos meses.
Sintió que Sakuno se encogía a su lado, aferrándole con más fuerza y la miró por un instante. ¿Por qué se acobardaba y encogía?
-¿Qué sucede?-. Preguntó la mujer-. ¿Acaso no quieres tenerlo?
Esta vez fue él quien apretó la mano que le aferraba. No quería mandar en ella. Ni decirle que eliguiera, pero sus recuerdos siempre le traicionaban y la exiguían que no.
-No es eso...-. Tartamudeó la joven-. Es que... no sé si él...
La doctora rió fuertemente, golpeándose con gentileza las rodillas.
-Querida, llevo veinte años tratando a mujeres embarazadas, y ni una sola ha venido con el causante de que nuestras barrigas estén llenas de vida. Los que vienen, jamás se esfuerzan porque les dejen entrar cuando las pruebas han estado hechas. Tienes una suerte de mil demonios-. Felicitó la mujer sonriente-. Creo que este chico serio y frio, quiere que tengas su hijo.
Como constumbre en él, Ryoma no se inmutó ni un momento. Ni sonrió. Ni se tensó. La mantuvo sujeta con la misma presión anterior. La mujer volvió a reir y esta vez, clavó su mirada en Echizen.
-Por cierto, jovencito.
-¿Hn?
-Creo que durante el embarazo, deberás de dejar a un lado los jueguecitos eróticos. Podeis tener tanto sexo como desees, pero, nada que pueda producir dolor al bebé. ¿Estamos?
Se vió a sí mismo a afirmar y mirar de reojo a la avergonzada muchacha, que, seguramente, sería quien se lo dijo con miedo a que eso pudiera herir al niño, o niña.
-Te recomiendo que sigas unas vivistas regulares a tu ginecólogo, para que revise tu embarazo-. Aconsejó la mujer.
-Sí, señora.
-Las molestias serán frecuentes, como las de todas las embarazadas, además de los típicos cambios de humor, hambre extraña, sexo en momentos que no son los que tendría que ser... Ect. Sin embargo, si encuentras dolor en tu vientre o durante las relaciones, ves al médico. ¿De acuerdo?
Ambos afirmaron.
-En fin-. Suspiró la mujer-. Felicidades.
Ambos abandonaron el lugar en silencio y regresaron al hotel. Nada más cerrar la puerta, Sakuno se dejó caer sobre el sillón más cercano, frotándose el vientre con ternura. Él la observó y sonrió para sus adentros. Se sentó sobre la cama, observándola en silencio, hasta que finalmente, ella se cansó. Tenía menos paciencia que él y sabía que no aguantaría quieta por mucho tiempo. Se sentó a su lado y le miró ansiosa.
-¿Qué?-. Preguntó alzando una ceja.
-De verdad... ¿De verdad quieres tener un hijo conmigo? Tienes muchas otras mujeres a tu alrededor... yo no...
-Idiota-. Insultó molesto. ¿A qué venian las dudas si él mismo lo había buscado?
Podría haber sido realmente fácil ponerse un condón, e incluso darle anticonceptivos a ella. Pero no lo hizo. Desde el primer momento la quería para él. Quiso quitársela a Kintaro, y lo hizo. No se la daría a nadie ahora. La quería a ella y su hijo. Por supuesto, eso nunca lo diría.
La tomó entre sus brazos y la tumbó, besándola. Sakuno cedió a sus caderas una mejor posición y su pierna izquierda le rozó las suyas, mientras que sus sexos quedaban en sincronía. Gruñó, separándose de sus labios.
-Tenemos que irnos-. Dijo alzándose-. Venga.
Ella se quejó, pero accedió a sus deseos. Ayudada por él, se incorporó.
-Me daré una ducha-. Murmuró-. Tu pide algo para comer.
-Sí...-. Afirmó algo perdida.
-¿Estás...?...
-Estoy bien-. Interrumpió ella sonriendo-. Ryoma siempre ha sido demasiado serio y penstivo en sí mismo. Los demás no importaban. Tan solo él, pero...-. Se frotó la mejilla izquierda con sus dedos-. Ahora... me suena raro que él se preocupe tanto por mi.
Él la observó, soltándola y dándose la vuelta, para adentrarse en el baño. Sakuno se quedó pensativa y por meros momentos, la culpabilidad la acogió. Seguramente, había dicho cosas que no debía. Ryoma se habría enfadado con ella. Él se preocupaba por ella y por su hijo. Pero era tan extraño verlo actuar fuera y después, dentro. Cuando estaba con los demás era frio y tosco, mientras que con ella era un maldito huracan de sexualidad y poder, además de más hablador y cariñoso.
Se volvió hasta el teléfono y tras pedir algunas cosas de la carta, se tumbó sobre la cama. Sentía el ruido de la ducha y el agua caer. Tragó por momentos. Desde que había comenzado a ser... ¿La amante? Se alzó, sentándose bruscamente.
¿Qué demonios era de Ryoma Echizen¿Novio? Ella lo había catalogado como tal, pero... él, no había dicho nada. Además, ahora iba a ser padre. No es que deseara que se casara con ella. Odiaba los casamientos que después terminaban sin más.
O aquellos injustos. Obligados. ¡Oh, cielos! Ella estaba igual que sus padres. Su madre se quedó embarazada y tuvo que casarse a la fuerza con su padre. Ni aunque Ryoma se lo pidiera, se pensaba casar con él, o con cualquier otra persona.
-¿La comida?
Dió un brinco sobre la cama, mirándole. Ryoma se frotó los cabellos, acercándose hasta ella y sentándose a su lado. Llevó una mano hasta el vientre y sonrió, para mirarla preocupado.
-¿Qué sucede?
-Na...
-Mientes-. Interrumpió-. Siempre pasa algo, así que dímelo.
-No... no importa... Tenemos que comer e irnos.
Se alzó para escapar de la mirada dorada, pero cuando se dio cuenta, se encontraba de espaldas al colchón y él entre sus muslos, impidiéndole moverse. Sabía lo cabezón que era y no se detendría hasta sacarle lo que deseaba, especialmente... con sexo. Se retorció, pero no consiguió nada. Suspiró, agitada y finalmente habló.
-No quiero... no quiero casarme.
-Vale.
Le miró asombrada. Su labio inferior tembló al intentar hablar y cuando por fin lo logró, él se apartó, acercándose hasta su maleta y colocando su camiseta negra. Le observó por un instantes y decididamente, se acercó, colocando sus manos alrededor de las caderas masculinas.
-¿No te importa?
-No-. Negó él con tranquilidad.
-¿No me vas a preguntar por qué?
-Creo que lo sé. Tu pasado.
Se volvió lentamente y la apresó, al tiempo que sentía un mareo en toda su cabeza, quedando a oscuras dentro de sí misma. Había oido que Ryoma sabía algo, pero no creía que tanto. Aferró su vientre entre sus manos y lloró.
-Ellos no me querían... Pero yo sí le quiero a él... Porque es tu hijo... porque es mi hijo... y aunque me dejaras, le querría. Es mi hijo...-. Le miró esperanzada. Si la detenía ante sus palabras, todo se terminó-. Nuestro... nuestro hijo.
Ryoma afirmó simplemente y de nuevo, se concentró en colocar sus prendas para parar desapercibido, menos la gorra y las gafas, las cuales optó por ponerse en el momento en que la puerta sonó. La comida les esperaba. Comieron en silencio, sin tocar el postre. Deliciosas uvas negras. Dulces. Una vez comidos, ambos abandonaron la suite.
Sakuno no tenía ni idea de por qué la había llevado a America. Tampoco de que tenía tan preocupado al chico, pero sentía que la necesitaba. Algo dentro de ella se lo decía. Si Ryoma no hubiera necesitado su apoyo, la hubiera dejado en Japón sin decir nada. Pero no. Le tomó con fuerza la mano mientras iban acobijados de la lluvia que recien se encendió, en el taxi. Ryoma la miró de reojo, tras esas grandes gafas y volvió a destensarse. Realmente la necesitaba.
-Ryoma...-. Llamó-. ¿A quién... vamos a ver?
-... ya lo verás.
Guardó silencio, soportando la arcada que volvía a perseguirla, con intenciones de echar lo que había comido. El taxi se detuvo ante un gran edificio, de grandes ventanales negros, ocultando el interior, pero de aspecto antigüo. Ryoma lo observó por unos instantes y sin pensarlo más, se adentró, con ella cerca, aferrada a su camiseta. Tragó saliva mientras el viejo ascensor subía hasta el último piso.
Sus hombros temblaron ligeramente y buscó a tientas la caliente mano diminuta de la mujer que se encontraba a su lado. Sakuno le miró extrañada, y hasta podría jurar que tenía miedo. Pero el que peor estaba era él. Si no hubiera escuchado aquella estúpida conversación de su hermano por teléfono, estaría posando en ese momento y ensayando algnua canción. Si no hubiera adivinado que su padre era Echizen Nanjiro, no habría movido los hilos hasta descubrir lo que pasaba.
Finalmente, se detuvieron ante una gran puerta, en comparación con las demás, bien fuerte, cuidada y recien puesta. Apretó el botón de el timbre y la puerta no tardó apenas en abrirse. Un golpe en su pecho lo hizo retroceder varios pasos.
-Escúchame bien, Echizen. No pienso volver a Japón contigo, por muchas operaciones de rejuvenecimiento que hagas y...
-Soy Ryoma-. Interrumpió molesto.
Sakuno pestañeó. Incrédula. Ryoma parecía más tenso que antes ante ese ataque y ella estaba perdida. La mujer que se encontraba frente a ellos, cubrió su rostro con incredulidad y dio varios pasos atrás, permitiéndoles entrar en una cómoda y reconfortante casa. Sakuno agradeció el gesto y disculpándose, se encerró en el baño al primer momento.
-¿Se encuentra bien?
-Está embarazada...
-¿De tu padre?
-De mi-. Rectificó con molestia-. Nanako vino a verme y me lo contó todo...
-Debes estar enfadado...-. Murmuró la mujer-. Claro... abandonarte así, hijo mio.
-¿Hijo?
La voz de Sakuno los interrumpió. Esta los miraba asombrada, apartando varios mechones mojados de su rostro. Ryoma afirmó con la cabeza, guardando sus manos dentro de sus pantalones, mientras que la madre se acercó hasta ella, rozando su vientre sin permiso y sonriendo maliciosa.
-Rinko Takeuchi-. Se presentó-. Así que éste diminuto ser será mi futuro nieto.
-Usted...-. Tartamudeó Sakuno apartándose-. Abandonó a Ryoma...-. Se aferró el vientre, escondiéndose tras la espalda de el hombre-. No... no...
-Entiendo-. Interrumpió Rinko en un suspiro-. Matas un gato y te llaman mata gatos.
-Fue cruel.
-Sakuno-. Llamó con voz dura Ryoma.
-Lo... lo siento.
Madre e hijo suspiraron. Sakuno se sintió la mala de la película. Pero realmente no lograba comprender cómo una madre podía dejar a su hijo en un lugar sombrio, en espera de que alguien se apidiara y lo recogiera. Cuanto más lo pensaba, peor se sentía. Quizás era por la vida que crecia en su vientre, o, problablemente, el padre de su futuro hijo o hija.
-Quizás..., sería mejor que os lo explicara¿verdad?-. Preguntó Rinko señalando un sofá-. Por favor, sentáos.
Arastrada por Ryoma, se sentó junto a él. Sin embargo, pese a que no quería, aceptó el zumo de lima que le entregó Rinko.
-Cuando estaba embarazada de Ryoma me sentaba bien-. Recordó la mujer-. Era un bebé muy grande, pero... veo que todavía tiene mucho que crecer. Su padre es muy grandón. Espera si el niño no será más grande de lo que creeis.
-...-. Murmuró Ryoma frotándose las sienes-. Al grano.
-Sí-. Afirmó su madre con seriedad heredada-. Tu padre y yo nos separamos tras que Ryoga llegara a casa. Él lo trajo sin preguntarme. Y yo estaba embarazada de ti. Nos peleamos y me marché de su casa. Estuve un tiempo rondando en qué hacer contigo y descubrí que tenerte sería demasiado complicado para mi sola. Tengo dinero, Ryoma. Pero lo he estado ocultando para poder hundir a Echizen. A ambos. Sabía que cuando cumplieras la mayoría de edad, tu padre iría a buscarte, para domarte y hacerte a su molde.
-Lo hizo-. Afirmó él.
-Lo sabía. Por esa misma razón envié a Nanako, la cual me preocupa. Está embarazada de ese engreido de Atobe. Es tan rufian como tu padre...
-Está con el lider de Los sexys seigaku-. Interrumpió Sakuno sin mirarla-. Creo... que tienen algo.
-¿Cuándo has hablado con ella?-. Se interesó el futuro padre.
-Me lo dijo Riku-. Respondió encogiéndose de hombros.
-Bueno, al caso-. Continuó Rinko-. Le dije que te hiciera saber que yo estaba viva, con la idea de que vinieras a buscarme y darte algo que te pertenece.
-¿Hn?
La mujer, alta, de cabellos castaños, se alzó ante un mueble cobrizo y sacó una carpeta de gran tamaño, mostrándosela a ambos.
-Tu empresa. Tu futuro. Tu dinero. Eres rico, Ryoma. Más de lo cree tu padre y tu hermano. Perfectamente, puedes hundirles-. Explicó pausadamente-. Es más, creo que te gustará de que parte es tu empresa.
Ryoma y Sakuno se entretuvieron en mirar las hojas y cuando finalmente encontraron sobre lo que hablaba Rinko Takeuchi, en un pasado, Echizen, Ryoma sonrió ampliamente.
-Música.
-Así es-. Afirmó-. Te he seguido desde el principio de todo y confié firmemente en que desearías que esto fuera así. ¿Me equivoqué?
-No-. Negó.
-Es más, una amiga tuya se puso en contacto conmigo nada más saber que tenias todo esto, pero le rogé porque no dijera nada. Creo que era Riku Kikamura.
-Sí-. Afirmó Echizen mirándola atentamente. Rinko rozó su mejilla.
-Jamás en todos estos años, Ryoma... dejé de cuidarte y quererte. Siento haber sido un misterio para ti, pero conociendo a tu padre y hermano... dios, ellos no me habrían dejado moverme. Ahora, tienes suficiente fuerza para escapar de todo. Puedes dejar de cantar si quieres.
-No-. Negó rápidamente el muchacho.
Se alzó, arrastrando con él a Sakuno.
-Nosotros volvemos a japón-. Rebeló-. Adios.
-Ryoma...-. La voz de la mujer sonó débil-. No... no me odies...
-... no te odio.
El camino de regreso al hotel, fue todavía más silencioso y siniestro que el de ida. Ryoma parecía haberse quedado sin energias y ella no sabía que hacer para animarlo. Había odiado a esa mujer. Pero había comprendido su miedo. Podría haberlo tirado en una de las muchas papeleras, dejarlo en la puerta de una casa. Pero no lo hizo. Lo dejó en un orfanato, al cual se aseguró de dar dinero a escondidas de todos y que Ryoma consiguiera una buena adopción. Así fue como terminó con su abuela.
Rinko Takeuchi, tras abandonar a su marido, ahorró completamente todo el dinero que había heredado de sus progenitores, con la idea de entregárselo a su único hijo. Ryoga Echizen no lo era. Nunca lo aceptaría mientras continuara con esos ideales de hundir a todo el mundo y ser el mejor. Sabía que Ryoma había escuchado sus ideas, si no, no habría ido a verla. Ryoma era calmado y despistado, pero no tonto. Se moriría antes que dejar la música. Por eso mismo, confirmó que las empresas de su hijo serían de música y él mismo, se encargaría de el resto.
Pero Ryoma había quedado más tocado de lo que todo el mundo creía bajo aquella máscara fria y dura, chulesca y retorcida. Estaba herido. No era fácil encontrarse con una madre que te abandona sin razón y de golpe y porrazo aparece, poniéndote las cosas tan fáciles y defendiéndote de algo que ya sabías y no comprendías como saldrías de ello.
Cuando ambos entraron en la comodidad de la habitación, sin dejarle moverse de la entrada, comenzó a desnudarlo. Con lentitud. Ryoma no la miró, ni siquiera emitió un solo murmullo de sorpresa cuando su cuerpo chocó contra el aire cálido de la calefacción. Sintió como lo llevó hasta la cama, acostándolo. Ella se desnudó a sí misma y mordiéndose la vergüenza, se adentró con él debajo de las sábanas. Cubriéndole con sus delgados brazos y escondiéndolo entre su pecho.
-Ryoma...
Él se movió, aferrándola con cuidado entre sus brazos. Deslizó sus dedos hasta lograr encontrar la gran cola que ataba sus largos cabellos. Desde que había comenzado a tener náuseas, optó por recoger su cabello en una larga cola alta y dejar las trenzas para más adelante, pero a Ryoma siempre le gustaba con el cabello suelto y bañando por completo la cama. Lo sabía. Tanto, como lo que vendría después de que sus cabellos fueran liberados.
Por muy deprimido que estuviera, Ryoma siempre terminaba reaccionando a sus caricias y si era la mejor forma de reconfortarlo, lo recibiría en su interior las veces que hicieran falta. Para algo lo amaba.
Notas autora:
Hola de nuevoXDD
Bueno, pues hasta aquí este capitulo n.n.
Ya queda menos para que termine n.n Ya no me tendrán dando vueltas por aquí mucho másXD.
En el próximo conoceremos el pasado que queda y une a Momoshiro y Kaidoh n.n.
A la pregunta sobre ginecólogo, repito lo de los anteriores capítulos:
Me lo borraron sin más, y, tampoco tengo los capítulos TTOTT.
Estad atentos que pronto colgaré otro fic y la continuación de los demás n.n
¡Nos vemos!
