Capítulo 21
Kate Beckett
-Nico quería verte -miento, como tenía planeado. Me fijo en su ropa, va vestido con un pijama y está despeinado. Además, su rostro parece cansado y sus ojos están rojos.
-Pasad -ofrece, cogiendo a Nico en brazos y abrazándolo-. ¿Quieres algo de beber? -Inquiere, pero yo niego a la vez que camino dentro. Rick sigue caminando por la sala-. Ese es el despacho de papá -escucho que le dice a nuestro hijo, pues es la primera vez que Nico viene a su casa. Respiro hondo, cayendo en la cuenta de que también es la primera vez que yo vengo después de que todo pasara. Algunos recuerdos empiezan a asaltarme. Cierro los ojos para intentar disuadirlos. Me fijo en Richard y en Nico que siguen caminando por la sala.
En ese momento, Martha vuelve a aparecer, haciendo que los tres nos giremos hacia las escaleras por culpa del ruido de sus tacones.
-Me acaban de invitar a una copa -dice, mientras baja los últimos escalones-. Y yo nunca rechazo una copa. No me esperes despierto, querido -le dice, acercándose a su hijo y dándole un beso para después hacer lo mismo con Nico. A mí, sin embargo, me da un abrazo cuando llega a mi altura y me sonríe débilmente. Poco después, el ruido de la puerta revela su marcha.
Sigo caminando por la sala, atrás de Richard y de nuestro hijo, a cierta distancia, sin saber qué decir o qué hacer.
-¿De verdad qué no quieres nada de beber? -Vuelve a preguntarme Castle, sacándome de mis pensamientos. Yo niego y me cruzo de brazos, aguantando su mirada. Él, sin embargo, desvía sus ojos a los pocos segundos.
Nico ríe cuando pulsa la primera tecla del piano. Después del pequeño tour y de algunos pequeños juegos, padre e hijo han acabado tocando el piano que está al final de la sala, mientras yo me encuentro detrás de ellos sin intervenir. Tengo que confesar que no me esperaba que Richard siguiese teniendo nuestras fotos encima del piano. Se nos ve tan felices en ellas… Mis ojos se resisten a apartarse del retrato que nos inmortaliza abrazados, mirándonos el uno al otro con una sonrisa, ambos. Pero no son nuestras sonrisas las que más dicen, sino nuestros ojos, nuestros ojos son los verdaderos protagonistas de esa foto.
Tengo que cerrar los ojos y respirar hondo para intentar tranquilizarme, pues algunas lágrimas han empezado a agolparse. Pero el esfuerzo es en vano, y mi respiración comienza a acelerarse mientras mis mejillas comienzan a humedecerse. Tal vez no ha sido buena idea venir. Tenerlo en frente… tan distante… con tantos recuerdos a mi alrededor y en un lugar en donde cada rincón me recuerda a nosotros… La risa de Nico me trae al momento presente, haciendo que mis labios se curven hacia arriba por unos segundos. Suspiro y me retiro un mechón de pelo de la cara.
Me concentro en Rick, quien repite una y otra vez esa tontería que ha hecho que nuestro hijo carcajee. No puedo evitar sonreír, apenas sin ganas. ¿Va a ser siempre así? ¿Yo ocupando un rol segundario cuando Rick esté con nosotros? ¿Él huyéndome? Después de mi charla con Martha pensé que Castle podría estar más receptivo, por eso de que quería que lo invitase a la fiesta de mi cumpleaños, después de su comportamiento de ayer, que parecía que no quería irse, después de su regalo… pero parece que nada ha cambiado, y yo ya empiezo a sentir que estoy cansada, demasiado cansada para seguir con esto, para seguir esperando a que algo en él cambie y se dé cuenta de que estoy aquí, de que sigo aquí, por más que él se niegue a creerlo.
Me llevo una mano a la frente, masajeándola, para después echarme el pelo hacia atrás. No sé qué más hacer.
Me limpio las lágrimas que recorren mis mejillas, respiro hondo para intentar calmar mi llanto silencioso, pero en ese instante mis ojos vuelven a toparse con la foto y yo siento que mi interior se rompe de nuevo. Me llevo una mano a la boca, tapándola por miedo a que un sollozo se escape de ella.
-Eeh, eso no vale -escucho que se queja Richard, pues Nico está retirándole las manos del piano para que él no pueda tocar.
Doy un paso hacia ellos, dubitativa, parándome de nuevo; pensando en qué hacer. Me llevo las manos a la cabeza, intentando aclarar mis ideas.
De pronto, dejo de pensar y me dejo llevar.
-Kate -escucho que dice Rick cuando me abrazo a su espalda después de terminar de acortar el espacio que nos separaba con rapidez, pero no arrepentirme. Yo no le contesto y lo abrazo más fuerte, llorando sobre su hombro. Él se da la vuelta como puede, con mis brazos alrededor de su cuerpo. Yo aprovecho cuando lo tengo frente a frente para sentarme sobre sus piernas, para aferrarme mejor a su cuerpo. Él se tensa, pero empieza a acariciarme la espalda, intentando calmarme.
Cuando me siento con la suficiente fuerza para enfrentarlo, saco mi cara de su cuello, encontrándome con los ojos de Rick, que reflejan su confusión. Lo veo abrir la boca para decir algo y siento cómo empieza mi cuerpo a llenarse de miedos, así que acorto la poca distancia que hay entre nuestros labios y lo beso. Al principio, Castle se queda quieto, totalmente sorprendido, pero después de varios segundos comienza a responderme.
-Rick -digo, cuando nos separamos, agarrando su cara con ambas manos. Él abre la boca para decir algo pero no dice nada, su labio inferior tiembla y se abraza a mí llorando. Por lo menos, no me ha apartado de él, como yo temía.
-Mami -escucho que dice Nico cuando mis ojos se encuentran con lo suyo. Ha dejado de tocar el piano y toda su atención está puesta en nosotros. Yo me limpio las lágrimas con una mano y le sonrío.
-No pasa nada -le digo de forma tranquila, intentando tranquilizarlo, pero él mira a su padre, quien tiembla por el llanto-. Está bien, cariño -le explico, enredando mis dedos en el pelo de Richard-. Ven -le pido, al ver que no se convence y él rápidamente se pone de rodillas en el banquito y se abraza a nosotros. Castle comienza a llorar más fuerte cuando nota el contacto de nuestro hijo y yo beso su cabeza.
No sé cuánto tiempo ha pasado, cuando Rick empieza separarse de mí. Sus ojos llorosos se topan con los míos y después se vuelve hacia nuestro hijo, a quien besa y revuelve el pelo, sonriéndole. Nico parece relajarse y vuelve a tocar el piano después de que su padre haga sonar las teclas. Entonces, Richard vuelve a mirarme, su mirada es tan intensa que mi cuerpo se tensa pero cuando una sonrisa aparece en sus labios, me relajo. Y mis labios también se curvan hacia arriba cuando sus brazos me rodean con más fuerza. Acaricio su cara y su sonrisa se ensancha. Beso su frente, viéndolo cerrar los ojos para disfrutar más del contacto.
-Perdóname -me pide y sus ojos vuelven a reflejar culpa.
