Osomatsu no pudo evitar soltar un poco de arroz de sus palitos cuando escuchó que la reportera decía claramente "… donde el agente Dove fue encontrado sin vida…"

Nadie notó esto en el desayuno, después de todo, la mayoría de los integrantes de la familia estaban demasiados absortos de la noticia.

La mujer de pelo castaño y un semblante serio y profesional hablaba con un pesar en la voz del último ataque ghoul. La televisión estaba a volumen medio, pero se sentía como si estuviera a todo lo que da con el silencio sepultural de la sala (e incluso del vecindario).

Un nudo en el estomago le inundó al mayor de los hijos del matrimonio Matsuno, e instintivamente sentía la necesidad de subir las escaleras y hacer hablar al hermano que le seguía.

A la mierda la charla del hermano comprensivo de anoche, esto es demasiado serio.

Pero recordó que Karamatsu no estaba solo, él e Ichimatsu "querían seguir durmiendo", así que no bajaron y siguieron en el futón.

El cuarto hermano es el cómplice del segundo, Osomatsu lo sabe, lo permite e incluso lo prefiere. Era bueno que por fin Ichimatsu se acercara a Karamatsu de alguna manera, pero el asunto ya no se limita a escapadas nocturnas y secretos con amiguitas.

Tenía que abordar el tema con ellos… Quizás involucrar a Jyushimatsu… Después de todo, está seguro que el quinto hermano hace su parte como también él mismo lo hace.

Pero sea como sea la cosa, tenía que hacerlo pronto… Tenía miedo que las cosas salieran de control, y esto, bueno, era casi parecido.

Solo quedaba esperar el momento justo. Sin presiones, sin ansiedad. Solo paciencia y perseverancia.

Osomatsu recogió el arroz caído y se lo llevo a la boca de nuevo.

Por alguna razón, no sabía tan bien como antes.


El hermano de azul y de purpura aun seguían en la habitación, ya habían guardado el futón y se habían cambiado de ropa.

Ahí es cuando Karamatsu mostró el corte en su hombro.

Para él no parecía muy serio (aunque el dolor era apenas soportable), pudo haber sido peor, así lo piensa. Pero por el rostro de horror del menor, solo le hizo preocuparse más.

Tuvo que contarle todo (lo que podía recordar más que todo, lo de Gimi no era posible por ahora) y por cada fragmento de la historia, sentía la ansiedad y el estrés en su hermano aumentar ligeramente.

Si hubo un mejor momento para decir "la he cagado bastante mal", es ahora.

Aunque claro, era comprensible que Ichimatsu se rayara al borde la histeria al solo pensar (y sugerir con una voz temblorosa) si Gimi tuvo que ver en esa muerte.

Karamatsu seguiría diciendo (aunque no estuvo "presente") que hubo la intervención de un tercer ghoul.

El verdadero culpable estaría fuera.

Gimi era inocente (hasta por ahí).

Mientras que el de azul se sentía injustamente acusado.

Y un poco culpable.


Como en otra parte de la ciudad, donde Takagi miraba sin expresión alguna los restos del que fue su compañero.

Ya habían tomado las muestras de sangre del lugar para la identificación, cuando se trataba de un agente Dove, la sede se movía más rápido de lo usual, especialmente si la víctima era alguien de rango S, con un arma de alto calibre y con un reconocimiento en varias peleas. Sí, Hattori podía ser un psicópata en lo profundo, pero era una arma importante para los inspectores. Y sin él, solo mostraba que el monstruo que lo asesinó sería peor.

Takagi, a pesar de estar entrenado, y de incluso admitir que no tenía una relación muy profunda con su compañero, no sintió menos que un dolor agudo desde la noticia.

Quizás Hattori era raro, y difícil de comprender en muchas formas, pero eso no dejaba que las horas que pasaron en silencio (o a veces comiendo) se esfumaran como si no importara nada.

Una niebla rodeó el corazón del joven Dove, y no se iría sin ver sangre de ghoul derramada por él.


En casa de las ghouls, había una tranquilidad apacible y extraña, dada las circunstancias.

Y como cada día, la mayor de las chicas era quien se levantaba.

Lo primero que hizo Osoko al despertarse fue bajar y servirse un poco de café, helado, como le gusta algunas mañanas cálidas de verano.

Fue a abrir el congelador para buscar hielo y notó que el último paquete de carne faltaba.

Raro.

Estaba segura que la noche anterior había sobrado unos tres o cuatro trozos de muslo. Era algo como un plato semanal. Alguien debía tener mucha hambre…

Ese pequeño hormigueo de que algo iba mal empezó a sentirse en su interior.

Cerró los ojos y suspiró un par de veces para relajarse.

Solo para asegurarse, salió de la cocina.

Se acercó a la sala y prendió el televisor, puso el canal de noticias y aguardó con las manos juntas enfrente de su mentón mientras veia una reportera hablar del trágico final de un Dove.

No resistió más de un par de minutos y tratando de usar esa técnica infalible para no demostrar en su olor lo que sentía en su interior, caminó de nuevo hacia arriba.

En su habitación, Choroko seguía durmiendo en la cama que le perteneció a Karako.

Por alguna razón, la de verde solo podía dormir tranquila si estaba acompañada, y como la noche anterior, Ichiko había ido "de compras", la de lentes durmió (como en otras ocasiones) en la habitación de la de rojo.

Osoko la miró un poco más antes de cerrar la puerta con cuidado y caminar hacia la habitación de las menores.

Abrió la puerta y encontró a Jyushiko y Todoko durmiendo cada una en su respectiva cama.

Se supone que eran vacaciones, así que tenían permitido desvelarse. Era de esperarse que aun estuvieran en el reino de los sueños.

Todoko dormía aferrada a ese osito de peluche que Jyushiko le había regalado en su cumpleaños, la joven tenía la sonrisa más linda aun dormida, quizás soñaba algo agradable.

La de amarillo en cambio dormía boca abajo, no podía ver su rostro, pero los sonidos casi roncos que soltaba delataban su descanso.

Con sus niñas revisadas, cerró la puerta suavemente y se encaminó hacia la habitación que faltaba.

La de rojo tenia la mirada caída y una expresión seria al estar frente a la puerta.

Si agudizaba sus sentidos, podía oler la sangre humana (probablemente del empaque que faltaba) y un poco de aroma a ghoul herido… Y también a Karamatsu… Eso último la extrañó un poco, pero no le importó.

Estando el mitad-ghoul ahí o no, había algo amargo en su garganta que debía expulsar si o si.

Abrió lentamente la puerta. No iba a azotarla, Osoko sabía controlar la tensión para evitar sobre dramas. Odiaba los dramas, pero eran inevitables viviendo entra muchas mujeres.

"Karako nunca me hacia dramas inútiles". Un pensamiento sorpresivo rondó su cabeza haciéndole doler un poco el pecho.

La puerta quedó semi abierta con esas palabras que ocuparon su mente. Su mano seguía en el picaporte.

Relajó un poco su rostro al recordar a su hermana perdida.

Había tratado de librarse de esos pensamientos cada vez que podía, pero a veces no podía controlarlos.

La extrañaba demasiado…

Quizás más de lo que sus hermanas pensaban… Después de todo…

Cerró los ojos.

"Entiérralo". Se dijo a sí misma.

Aun tenía que ver a Ichiko, su hermanita más problemática.

Ella era especial de tratar, pero siempre pudo manejarla.

Terminó por abrir la puerta y encontrar a su hermana de purpura acurrucada en su cama y cubierta por sus sabanas.

El semblante duro que se había aflojado con el pensamiento anterior, se terminó por desaparecer cuando vio la expresión de dolor y cansancio de la menor.

Aun dormía, pero seguramente a duras penas.

El instinto maternal de la mayor apareció con creces, y tratando de no despertar a Ichiko, se acercó para acariciar su cabeza en un acto de compasión.

Se quedó viéndola unos momentos más hasta que se le ocurrió algo.

Antes de irse de la habitación, notó las ropas de hombre en el suelo. De ahí provenía el olor a Karamatsu.

¿Qué tenía que ver en esto? ¿Él estaría bien?

No importa por ahora, tenía una tarea que hacer. El tiempo corre.

Fue directo a su habitación (y con cuidado de no hacer mucho ruido) sacó algunas cosas de su armario y de su cajón para dirigirse al baño y prepararse ahí.

Al salir de casa unos 15 minutos después, nadie pensaría que esa mujer de cabello rojo ondulado, lentes oscuros, un vestido rojo apretado y mucho maquillaje era la mayor de las hermanas Matsuno.

Osoko se acomodó un poco la peluca antes de tomar un taxi a unas pocas calles de ahí. Solo un tonto usaría su propio auto cuando estaba a punto de hacer algo muy drástico.

Cazar de día era muy peligroso, y demasiado arriesgado con la noticia del Dove asesinado, pero Ichiko necesitaba carne humana, o no sanaría apropiadamente. Además, la de rojo se dio cuenta que con solo tener un cuerpo atractivo y un poco de paciencia, las presas caigan como hojas marchitas en otoño.

No le fue difícil encontrar un bar asqueroso que aun seguía abierto a la mañana. AL entrar, pudo ver que aun estaban los borrachines que empezaron su huerga la noche anterior, increíblemente, había alrededor de 10 personas ahí, y eso que recién eran casi las 9. La mitad inconscientes y la otra mitad a punto de estarlo.

Buscó con la mirada algún idiota medianamente pasable, y no fue necesario esperar mucho cuando sintió una nalgada en su trasero y un brazo rodeándole casi inmediatamente en sus hombros.

-Hola preciosa, ¿te has perdido? – Dijo el sujeto con un poco de alcohol en el aliento.

La mujer le sonrió y se sacó los lentes oscuros para mostrar esos ojos cafés que tenían un tinte rojizo.

-En realidad se me ha perdido algo en el callejón… - Y con eso un guiño.

-¿Cuándo cobras? – Se le acercó con lascividad mientras le veia el escote sin vergüenza.

-Si lo haces muy bien, es gratis cariño. – Dijo en susurros. El hombre parecía casi saltar de la felicidad y la llevó impacientemente afuera.

Osoko dio un vistazo rápido al local para asegurarse que nadie la recordaría. No. Todos muy ocupados en su (seguramente) importantísima vida.

En el callejón la cosa se puso muy fácil: Ni muy bien el imbécil enterró su cara en su cuello, ella sujeto con fuerza su cabeza hueca y de un solo movimiento ¡CRACK! Tan rápido, tan fácil, y sin mancharse de sangre, Ichiko y Todoko debían aprender de ella.

Con el cuello roto y una muerte limpia, puso un brazo en su hombro y lo levantó sin mucho esfuerzo, el sujeto era delgado, así que era más sencillo aparentar que no le costaba nada cargarlo.

Se dirigió a la puerta del bar, y levantó la mano para un taxi.

El chofer pensaría que el hombre (con ese fuerte olor a licor) se habría dormido o desmayado, y que la mujer, debía de ser su novia o su puta, sea cual sea, lo estaba ayudando a volver a casa.

Sin muchas preguntas, los llevó a la dirección dada.

Cuando el conductor se ofreció a llevar al "novio" a su hogar, la mujer le dijo que no se molestara y que tenga un buen día (la buena propina también ayuda a que se meta en sus propios asuntos).

Al volver el taxi a su recorrido, un pensamiento rodó su cabeza "¿Acaso hay departamentos o al menos un casa en esta zona?". Pero se olvidó por completo unos minutos después. No era su problema

Por supuesto que no había tal cosa en ese lugar, después de todo, solo había depósitos industriales e individuales.

Era increíble como la indiferencia de la gente podía hacer que las cosas se volvieran más fáciles en sus cacerías.

Osoko podía recordar algunas ocasiones que algún buen samaritano quería ayudar o involucrarse de alguna manera, y por seguridad, tenía que eliminar esos cabos sueltos.

Tanto ella como su hermana de azul se ocuparon los primeros años de traer comida a casa, y ninguna lamentaba nada.

Sin remordimiento, ni para Osoko ni para Karako.

Las únicas personas que importaban eran las cuatro niñas que tomaron a su cuidado. Eso y nada más.

Luego de caminar arrastrando al pobre cadáver, abrió el depósito que usaba de carnicería.

Agradecía mucho que su depósito tuviera sistema de drenaje, quizás alguien más usó de matadero ese lugar… Nunca preguntó, nunca se quejó.

Como sea, tiró el cadáver al suelo, cerró la puerta y empezó a desplegar los plásticos que tapizarían las paredes y el suelo.

Siempre estaba todos los materiales listos para evitar molestias, normalmente se turnaban para reponerlos.

Se puso el mandil plástico y la máscara protectora. Desnudó al sujeto y lo colocó al medio de todo.

Con una respiración tranquila y concentrada, desplegó ese bellísimo Kagune rojizo doble y con las puntas filosas, empezó a cortar y rebanar lo más prolijamente posible.

Hace tanto que no sentía ese olor de la carne tan fresca… Era apetitosa pero un poco amarga, el alcohol supongo…


Ichiko despertó un par de horas después al sentir la carne fresca (quizás demasiado) de un humano.

Jyushiko estaba a su lado, con un platón grande de comida, le sonría de una manera poco usual, la de purpura podía distinguirlo.

-Mira, Ichiko-neesan, Osoko-neesan trajo la comida. – La mayor de las presente se asustó con eso. – Pero no te preocupes, ella dice que tienes que comer para recuperar fuerzas

Ichiko se quedó un poco absorta de lo dicho, y no se dio cuenta de que al tratar de sentarse, le produjo un dolor indescriptible en su cintura.

Jyushiko lo notó y la ayudo a alimentarse desde la cama.

-No te preocupes por manchar las sabanas, ya están sucias con tu sangre. – Le dijo con ese semblante alegre y despreocupado.

Y la de purpura notó algunas manchas rojizas-marrones. No habían cerrado del todo sus heridas con el pequeño refrigerio de anoche.

Pensaría en eso después, su instinto de animal herido le decía fuertemente que debía alimentarse, y sin chispar o esperar más, se llevó un trozo grande a esos dientes afilados.

En el comedor, Osoko se limpiaba el maquillaje exagerado (pero efectivo) con mucho cuidado, el vestido y la peluca descansaban dentro de una mochila que tenían de emergencia en el depósito (ésta contenía ropa de emergencia en caso de salpicaduras).

Choroko estaba a su lado, esperando pacientemente el dictamen de su hermana mayor y líder de su clan. Ya todos en casa sabían lo del Dove, pero aun no tenían la versión oficial de Ichiko. La de verde se preocupaba por eso. Mejor dicho, se preocupaba por Ichiko cuando le llegue su purga.

La mayor estaba (extrañamente) tranquila, una mala señal, pensaba Choroko, aunque su buena hermana podría ser algo impredecible a veces, así que no podría saber que pasaría a continuación.

Todoko también lo sabía, espiaba con temor desde la cocina, con la excusa de hacer café. No quería tampoco estar en el comedor por si acaso.

Cuando escucharon los pasos en las escaleras, todos fijaron la vista, menos la de rojo que solo le faltaba sacarse esas horribles sombras azul/verdoso de los ojos (no le gustaba esos tonos juntos).

Jyushiko bajaba con el platón vacio.

-Ichiko-neesan quiere más. – Dijo aparentando normalidad. También estaba un poco tensa.

Unos momentos de silencio le siguió hasta que Osoko quien aun veia el espejo y el algodón quita maquillaje dijera tranquilamente:

-Sírvele más entonces.

La de amarillo también estaba alerta, pero no quería demostrarlo mucho. También conocía a su hermana de rojo, y podía haber guerra en casa...

Caminó con paso precavido hacia la cocina para recoger más filetes cuando sintió un agarre delicado pero que la hizo estremecer de miedo.

Osoko le había sujetado con suavidad un brazo al pasar cerca de ella, y veia por fin con la cara limpia a su hermanita

-Jyushiko, necesito que me hagas un favor.

-¿S-Si? – Dijo un poco nerviosa.

-Tráeme a Karamatsu.


En la casa Matsuno (de los sextillizos), la mañana trascurría demasiado incomoda.

Para empezar, Karamatsu se sentía vigilado por todos sus hermanos a la vez.

Era algo bueno recibir atención de vez en cuando, pero era el tipo de atención que podía rayar un poco con el acoso.

Jyushimatsu e Ichimatsu estaban cada uno en su rincón, uno jugando con una pelota gigante y el otro con un par de gatos. Parecían que estaban en sus propios asuntos, pero se intercambiaban cada tanto una mirada cómplice.

Todomatsu estaba leyendo una revista, pero para la mirada atenta del de azul, sabía que fijaba la vista hacia él cada tanto.

"¿Hace cuanto que no cambia de paginas?"

Choromatsu también leía algo, pero no podía ocultar cada tanto un suspiro algo pesado. Era una manera quizás inconsciente de decir que había algo que le molestaba.

Pero Osomatsu era peor, aun sin hacer nada, ni dedicar miradas o sonidos, el simple hecho que estuviera quieto y en silencio, descansando sobre el sofá mientras miraba el techo ya alertaba de cierta manera.

Karamatsu no caería ante ninguno de ellos, él estaba sentado en el borde de la ventana, miraba sin mucho ánimo hacia la afuera.

Se preguntaba mentalmente qué haría con esa herida en su hombro.

¿Podría ocultarla? No creo, es demasiado grande.

¿Y si la revelará? Traería muchas consecuencias sin duda, sus padres querrían llevarlo al doctor (ese doctor), también habría preguntas.

¿Quién? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué?

Y con lo alterados que estaban todos por el inspector… No…

Podría inventar una excusa…

No serviría mucho, sería la misma historia que con la herida anterior en su costado.

Algo se le olvidaba…

¡Cierto!

Si se alimentaba de carne, sus heridas sanarían mejor.

Quería ir a casa de las chicas… Pero algo le decía que debía esperar una señal o algo, Ichiko parecía un poco asustada por lo que Osoko podría hacer…

Era preocupante…

Solo necesitaba un poco de alimento y se sentiría mejor.

Pero era la herida de un Quinque… Aunque curara le dejaría una cicatriz…

El momento para hablar con sus hermanos de "ese" tema parecía acercarse.

Arrugó el rostro cuando otro puntazo de dolor le invadió.

Estuvo así todo el día desde que despertó, la adrenalina de anoche se esfumó, al igual que la resistencia al dolor.

Era horrible, pero al menos trataba de aguantarlo.

Solo esperaba que nadie…

-Karamatsu-niisan, ¿estás bien? – Preguntó Todomatsu.

-Lo estoy. – Respondió casi inmediatamente.

-Pues no te ves nada bien. – Le respondió al notar no solo esa expresión de dolor, sino también un ligero temblor y sudor.

Estuvo a punto de replicarle que estaba bien, cuando olfateo un aroma familiar acercarse.

El timbre de la casa sonó.

-¡Yo voy! – Dijo el de azul al encontrar una oportunidad.

-Espera. – Quiso detenerlo Choromatsu, pero en el momento que apoyó una mano sobre el hombro de Karamatsu, éste lanzó un gemido de dolor demasiado audible para ser ignorado.

Todos dejaron lo que hacían para observar la escena.

El tercero, que retiró la mano casi al momento con ese rostro de preocupación, cambió a uno serio casi al instante.

Con cuidado (y a la vez no), agarró del cuello de la sudadera del hermano que le precedía y la corrió hacia un lado, para dejar en descubierto un vendaje con unas pocas manchas rojas oscuras.

Osomatsu abrió grandes los ojos y se levantó del sofá casi al mismo tiempo que Todomatsu corría a verlo mejor. El de amarillo y el de purpura siguieron en sus lugares con la misma tensión en la cara.

-¡¿Pero qué te pasó?! – Preguntó el menor de todos muy alarmado.

Silencio.

El corazón del de azul latía tan fuerte como de niño cuando cometía una travesura y estaba a punto de ser regañado por su madre.

Y casualmente, esa voz materna se escuchó:

-¡Karamatsu! ¡Tienes visitas!

Algo que nunca hacia el hermano de azul era imponer respeto, pero solo bastó con endurecer un poco la mirada y mantenerla fijamente hacia el tercero, para que éste (que podía distinguir el ceño fruncido de enojo del usual) aflojara el agarre y soltara la sudadera del mencionado.

Miró a cada uno de sus hermanos, y con una pesadez en sus pasos, caminó en silencio hacia abajo, ante la mirada atónita de todos.

Normalmente, Choromatsu o Todomatsu insistirían más, pero, no.

Esta vez, la cosa se había puesto demasiado seria.

Apenas llegó a la sala, podía ver en la entrada a Jyushiko que lo saludaba con la mano.

-¡Buenos días! – Dijo alegremente.

Vestía una blusa grande y blanca que le descubría un hombro, unos pantalones cortos de jean y zapatos cómodos.

-Karamatsu. – Llamó su madre con un semblante feliz. – No me dijiste que conocías a tal encantadora jovencita. – Dijo alegre al ver que al menos sus hijos no eran parias de la sociedad como creía.

El nombrado no llegó a decir nada, porque fue tomado por la de amarrillo y arrastrado hacia afuera.

-¡Vamos! ¡Llegamos tarde!

Apenas tuvo tiempo de ponerse el calzado y salir del brazo (del bueno) junto con la jovencita.

Su madre los despidió y siguió el paso de la joven.

Al alejarse, Karamatsu no se voltearía hacia atrás, sabía de antemano que sus hermanos estarían mirando por la ventana.

Pero fue Jyushiko quien volteó por curiosidad.

Se detuvo unos momentos para contemplar las cinco cabezas que le seguían la mirada. El joven de azul no apartaba la vista del frente.

Ella solo se relamió los labios y se juntó más hacia el segundo hijo.

Siguieron su camino.

-Tus hermanos huelen bien. – Mencionó la de amarillo.

-¿Ah sí? – Dijo sin muchas ganas.

-Me refiero a que huelen delicioso.

Karamatsu le clavó una mirada de duda y ella empezó a reírse.

No sabía si era un buen momento, pero también sonrió un poco.

A lo lejos, Ichimatsu reconoció a la chica rubia, ella era… Una de esos…


Al llegar a casa, lo primero que hizo Jyushiko fue ofrecerle un plato de comida a Karamatsu.

No se hizo de esperar, no había cubiertos, pero tampoco los usaría aunque los trajeran, empezó a devorar rápidamente.

El hambre, mezclado con algo otra cosa parecida a la ansiedad se saciaba lentamente.

En algún punto, Choroko y Todoko aparecieron, fue un saludo simple y continúo comiendo.

Luego de un rato, ya sentía un poco de analgesia en su hombro.

Cuando por fin terminó, pudo tener la mente un poco más clara.

-¿Dónde están Ichiko y Osoko? – Preguntó al verlas ausente en el comedor.

-Arriba, hablando de lo que pasó anoche.

Karamatsu, con la boca y manos manchadas de sangre no pudo evitar sentir un nudo en el estomago.

-¿Quieres más? – Preguntó la menor de todas.

-No, estoy bien, gracias.

-Ve a limpiarte entonces. – Karamatsu notaba algo raro en Todoko, estaba un poco más distante.

Al ir a la cocina, se lavó lo mejor que pudo, se sintió un niño al notar que su sudadera se había manchado de sangre también.

Es carne… No fue congelada… Estaba demasiado jugosa.

Agitó la cabeza para deshacerse de esos pensamientos y volvió al comedor.

No esperaba encontrarse con Osoko sentada en la mesa.

No la había podido sentir, ni bajar por las escaleras ni en su olor.

La de rojo al notar la presencia del de azul, le hizo una seña para que se acercara.

-Ichiko me contó lo que necesitaba saber, ahora sigues tú. – Dijo con la voz un poco dura ni bien el segundo se le aproximó. - ¿Viste al otro ghoul?

Karamatsu se sentía un poco incomodo al tratar con esa Osoko, se veia un poco alterada, pero su aroma era casi nulo.

-Yo… - Alcanzó a decir a penas.

Las demás también estaban nerviosas, en silencio observaban la escena.

-¿Lo viste?

-No mucho. – Termino por decir. – Yo… Escapé con Ichiko antes de que…

-¿Era un hombre ghoul? – Le interrumpió.

-Creo que sí…

-¿Crees? – Le interrumpió de nuevo. - ¿Estuviste ahí?

-Sí, pero…

Osoko levantó la mano en señal que se detenga de hablar.

Se frotó un poco los ojos y volvió a mirar a Karamatsu, su expresión estaba más suavizada.

-Perdón por esto. – Dijo con la voz más comprensiva que antes. - Pero debes entender que yo conozco cada ghoul de esta ciudad, y ninguno de ellos es tan estúpido para matar un Dove y dejar el cuerpo a la vista para que todos lo encuentren. – Se levantó de la mesa. - Este sujeto lo hizo a propósito para infundir miedo… Y lo está logrando, no solo entre los humanos.

Karamatsu se maldijo a sí mismo por no "recordar" o al menos tener otra visión de ese ghoul que apareció anoche. Al menos su rostro…

Osoko se le acercó con cuidado y con un rostro de preocupación.

-Ven todos los días a comer aquí, tus heridas se curaran más rápido.

-Gracias. – Solo atinó a responder.

La tensión le molestaba.

Había tensión en la sala, lo sentía no solo en su lado ghoul, también en el lado humano, en el emocional.

Entendía la situación, pero no dejaba de pensar que sería otra cosa.

Osoko le dio unas palmadas en el hombro bueno y se dirigió a la puerta.

-Volveré en un rato, revisen las heridas de Ichiko y Karamatsu. – Ordenó a las demás chicas.

-A… ¿A dónde vas? – Preguntó Choroko un poco nerviosa.

-Ya vuelvo. – Repitió antes de cerrar la puerta.


El lugar seguía demasiado concurrido.

Osoko estaba entre la multitud de la gente que se juntaban en grupos para hablar de tema del día, del mes, quizás del año en esa ciudad.

Al estar en las cercanías del basurero de chatarra donde sucedieron los hechos, estaban inundados de periodistas, policías, forenses, vecinos, etc.

Una mujer como Osoko no levantaría sospechas.

Escuchaba con cuidado cada dato que podría serle útil:

"Uno de los ghouls estaba descalzo, hay huellas por todos lados".

"Hay sangre por todos lados, fue algo violento"

"Encontraron unas esposas rotas… ¿Por qué el agente Dove encadenó un ghoul en vez de matarlo?"

"El inspector… Es horrible de ver…"

"Tengo mucho miedo"

Eso último lo dijo un par de mujeres mayores.

Aunque la situación fuera diferente para ella, Osoko podría decir lo mismo.

Si es que había un nuevo ghoul en la ciudad… Entonces… Y sin Karako…

Tragó saliva. Era suficiente, tenía que volver.

Caminó sin prestar mucha atención cuando chocó con alguien.

-Perdone. – Se adelantó la mujer sin verle el rostro a la persona. Trató de seguir su camino pero su brazo fue apresado.

Cuando la de rojo por fin levantó la vista, se palideció demasiado al ver una cara muy conocida.

-No hagas una escena cariño, estamos rodeados de muchos humanos. – Le dijo el hombre cuando soltó con suavidad a la mujer.

Si Osoko no se desmayó fue por el instinto de miedo que le decía que tenía que huir lo más posible.

Pero sus piernas no le respondían.

No era de menos.

Tougo podía imponer bastante solo con su presencia, algo que Osoko, de niña aprendió muy bien.


Notas:

Bueno, este es el momento de explicar mi larga ausencia, de hecho no es la gran cosa. Tuve que mudarme a casa de mi novio un tiempo para ayudarlo porque estuvo hospitalizado, él está bien pero fue un mes muy tenso. Espero ponerme al corriente con algunas cosas, suerte a todos.