Descargo de responsabilidad: Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.

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V. Tal vez


Dime, enano ¿no has pensado en tener niños?

La pregunta hace que casi se ahogue con el té, pero supo cómo guardar la compostura y evitar que su reacción empeorara las burlas de su compañera.

—¿De qué rayos estás hablando, cuatro ojos? ¿Para qué querría tener mocosos, para que se conviertan en mierda de titán?

—Ya te dije que los titanes no pueden defecar porque no tienen aparato digestivo —se defendió la mujer, y Levi deseó no haber dicho lo último—. Pero en fin, ¿de verdad no lo has pensado aunque sea una sola vez? Ya sabes, tener uno o dos niños corriendo por allí, jugando a que son soldados y matan titanes como nosotros.

—No —la respuesta fue cortante, pero eso no fue sorpresa para Hange—. Este mundo no está hecho para los escuincles.

—Sí, supongo que tienes razón —aceptó ella—. Pero si los titanes no estuvieran y hubiera paz dentro de los muros… ¿entonces lo considerarías?

Levi tuvo que admitir que no había pensado en ello. Su vida era luchar para sobrevivir, sobrevivir para luchar, un círculo vicioso que dejaba muy poco margen para los deseos personales y sueños. Las cosas habían cambiado cuando Petra llegó a su vida, pero aun así… Ella era demasiado joven, su corazón estaba dedicado a luchar, y él no era precisamente de los que deseara formar una familia. Con Petra tenía todo lo que deseaba, y aquel mundo perdido y oscuro no daba lugar para imaginar una vida diferente.

Pero si meditaba en ello… si pensaba en una vida pacífica, al lado de ella, sin más preocupación que la del sustento diario, entonces la idea no parecía tan descabellada. De ser así, tendría que suceder tarde o temprano, no era algo que pudiera evitarse para siempre. Claro si esa fuera su vida y no una dentro de un cuartel preparándose para la siguiente expedición.

—No lo sé —admitió—. No me gustan los niños.

—Pero a Petra sí —se adelantó Hange.

—¿Y eso qué tiene qué ver? —la atajó él, pero era inútil. A Hange no se le escapaba nada.

Hange simplemente señaló hacia al frente, donde la muchacha charlaba animadamente con un trío de niñitos de no más de siete años. Retazos de la conversación llegaban hasta allí, pero nada inteligible.

—¿Entonces usted es un soldado de la Legión de Reconocimiento? —preguntaba uno de los niñitos.

Así es —respondió ella con una sonrisa.

¿Y por qué no están en una expedición? —preguntó otro, pronunciando mal la última palabra.

Pues, ahora estamos descansando.

—¿Y usted tiene bebés? —inquirió con interés la única niña del grupo. Tenía una muñeca, cargándola como si fuera un bebé.

Petra negó con la cabeza.

No, pequeña.

—¿Pero los tendrá algún día? Mi mami dice que todas las niñas algún día tendremos bebés.

La pregunta la tomó por sorpresa, pero se recompuso rápidamente. Miró hacia la otra calle, donde Hange y Levi estaban esperándola, y su mirada se posó en él. Le sonrió con amor, y él desvió la vista como si estuviera avergonzado. (De haber estado junto a él habría notado que la sangre se había trepado sin permiso a sus mejillas)

Tal vez —le dijo, e inconscientemente se llevó la mano al vientre.


Perdonen si notan a Levi quizá ooc, pero tengo una excusa. Isayama alguna vez dijo (o eso fue lo que leí en un blog de tumblr que traduce entrevistas y todo eso) que Levi era tímido y hasta torpe en asuntos del kokoro, así que lo imagino así medio tsundere y sonrojándose de vez en cuando.

Ya. Me voy. No me maten.

—Fanfiction, 12 de enero de 2017.