Capitulo 21

La mañana siguiente, Candy se despertó con una sonrisa en los labios, que se borró inmediatamente al notar que a su lado, la cama estaba vacía. Terry había irrumpido en su habitación a medianoche para hacer el amor, pero había tenido que volver al suyo para que no los descubrieran. Se sintió triste al no sentirlo a su lado como todas las mañanas, pero pronto regresarían a Nueva York y ya no tendrían que preocuparse por nada.

Se vistió antes de que Dorothy llegara para ayudarla, pues nunca se había acostumbrado a tales atenciones, y una vez que estuvo lista, bajó a desayunar.

- Me gustaría visitar el hogar de Pony – Comentó Annie, quien para sorpresa de sus padres, se encontraba de un humor excelente.

- Me parece una idea estupenda – Contestó Candy – Es una lástima que Stear y Patty no estén aquí para venir con nosotros – Tuvo especial cuidado de no nombrar a Archie, aunque Annie estaba dando muestras de estar superando esa situación, no quería arriesgarse a reabrir las heridas.

- Félix también podría acompañarnos – Propuso Terry, quien en ese corto tiempo había logrado establecer una buena relación con el pianista.

- Claro – Contestó el aludido – Me encantaría.

- Nosotros lamentamos no poder ir con ustedes – Intervino Ambar, sonriendo a su prometido – Pero aún hay algunas cosas que debemos terminar de organizar para la reunión del sábado.

- Les enviaré sus saludos a la señorita Pony y la hermana María – Dijo Candy.

El desayuno continuó con total normalidad, y más tarde, los jóvenes fueron a sus habitaciones para ponerse sus trajes de montar, para luego dirigirse al lugar donde las dos muchachas habían sido criadas.

Era un día soleado, y el trayecto hacía el hogar de Pony se había tornado por demás agradable.

- ¿Recuerdas cuando la señorita Pony te regañó por haber atado a los patitos? – Bromeó Annie entre risas – En verdad creí que ese día iban a castigarte.

- Pero logré salirme con la mía – Rió Candy - ¡Mira! – Señaló hacia el frente – Ya llegamos al hogar.

Los cuatro jóvenes se fueron acercando, pero al llegar se encontraron con los niños caminando de un lado a otro con expresión preocupada.

- ¡Señorita Pony! ¡Hermana María! – Gritó Annie al localizarlas. Se bajó del caballo y fue corriendo hacia ellas.

- ¡Annie! – Dijo la señorita Pony, acogiéndola en sus brazos – Que bueno volver a verte, pequeña.

Ambas mujeres sabían del accidente que había sufrido la morena en el Colegio San Pablo, pero no habían querido hacer un comentario al respecto.

- Señorita Pony, hermana María – Les dijo Candy acercándose a ellas - ¿Qué es lo que está sucediendo? ¿Por qué están todos afuera?

- ¡Oh, Candy! – La señorita Pony en verdad parecía preocupada – Delfina desapareció ayer por la noche y no logramos encontrarla.

- ¿Cómo que ha desaparecido? Yo misma me asegure de que quedara dormida en su cama.

- Aún no podemos comprender cómo ha sucedido – Explicó la hermana María – Lo único que sabemos es que los niños al despertar notaron que la cama de Delfina estaba vacía… no sabemos qué hacer.

- ¿Quién es Delfina? – Preguntó Annie.

- Una niña del hogar – Contestó Candy, pero no había tiempo para dar demasiadas explicaciones – Debemos encontrarla. Será mejor si nos separamos.

- ¿No creen que es mejor dar aviso a la policía? – Intervino Félix.

- ¿Quién es usted? – Inquirió la hermana María.

- ¡Oh! Siento no haberlos presentado – Dijo Annie – Es Félix Becerra, un buen amigo – Los presentó – Félix, ellas son la hermana María y la señorita Pony, las mujeres de las que tanto te he hablado.

- Mucho gusto – Dijo el joven.

- Creo que no es momento para presentaciones – Espetó Candy – Debemos encontrar a Delfina, tal vez esté en peligro.

Candy recordó aquella vez en que, huyendo de los Leegan, estuvo a punto de morir en su instinto por volver al hogar donde había crecido. Claro que ella había tenido a Albert para salvarle la vida, pero Delfina solo contaba con ellos, y debían encontrarla.

- Candy y yo buscaremos por el lado del río – Dijo Terry con rapidez – Annie, Félix, ustedes irán por el este. Será mejor que los niños se queden en el hogar, podría ser arriesgado, y no queremos perder a nadie más.

- Terry tiene razón – Convino la señorita Pony – Solo esperemos que todo salga bien.

La pequeña rubia de ojos azules había vagado por el bosque durante horas y horas. Sabía que no debía haberse escapado del hogar de esa forma, pero ella solo había querido ir en busca de aquella joven de ojos verdes y sonrisa amable a quien había conocido el día anterior. Era la primera vez que alguien la abrazaba con esa calidez tan extraña para ella y no quería perderla.

Hacía tres meses que había escapado del hogar donde había nacido, si es que a eso podía llamársele hogar. Era la menor de diez hermanos, y había crecido viendo como ellos eran obligados a trabajar duramente bajo el mando de sus padres. Los castigos eran frecuentes y extremadamente crueles, ni siquiera ella, a sus escasos 5 años, había logrado librarse de ellos. Fue por todo aquello, que al tener una oportunidad había huido de aquel horror y de esa forma había terminado en el hogar de Pony. Allí la gente no la maltrataba, pero para ella era muy difícil volver a confiar en alguien. Incluso le habían puesto un nombre, Delfina. Sus padres nunca se habían tomado la molestia de elegir un nombre para ella, pero aquellas mujeres si lo habían hecho. El colgante que llevaba en el cuello lo había encontrado en el bosque un día, sus padres nunca le habían hecho ningún regalo, así que conservó ese delfín como si se tratara de un tesoro, y así era como la llamaban ahora, Delfina.

La vida en el hogar de Pony no era mala, no sufría maltratos ni humillaciones, pero aun así, ella prefería mantenerse alejada de todos. Había encontrado aquella colina donde podía sentir la paz que había estado buscando desde hacía mucho tiempo, y sin duda se trataba de su lugar favorito.

Delfina continuó caminando sin éxito. Si tan solo no se hubiera quedado dormida podría haberle pedido a la joven que la llevara con ella, pero ni siquiera sabía por dónde se había marchado.

Sus pies comenzaron a dolerle, y sentía como la lluvia de acercaba. Decidió volver al hogar, pero ya no sabía en qué dirección quedaba. Estaba perdida, y el temor se apodero de ella. Pero la lluvia ya comenzaba a caer sobre su rostro, y lo mejor sería que buscara un lugar donde refugiarse. Miró a su alrededor, pero no encontró nada. Entonces oyó un sonido detrás de los arbustos y en un abrir y cerrar de ojos, un perro gigante se posó ante ella. Solo que no era un perro, Delfina había oído hablar a sus hermanos acerca de aquellos animales que acechaban a las gallinas del granero, y que debían cuidarse de nunca toparse con uno.

El lobo gruñó y la miró fijamente, y ella supo que iba a atacarla.

Cerró sus ojos con fuerza, esperando el ataque del animal, pero entonces se oyó el relinchar de un caballo, y las pisadas del lobo alejándose del lugar.

- ¡Delfina! - Reconoció esa voz. La niña abrió los ojos y lo vio – ¿Qué haces aquí pequeña? – Le preguntó el joven, mientras desmontaba el caballo y se acercaba a ella – Todos estábamos muy preocupados – Se agachó y la tomó en brazos – Vamos.

Terry montó nuevamente a su caballo, pero esta vez con niña.

Solo pasaron unos minutos hasta que se encontró con Candy.

- ¡Terry! – La rubia galopeó hacia él - ¡Terry! ¡La has encontrado! – Exclamó feliz. Se acercó a ellos y acarició la cabeza de la niña - ¿Estás bien, pequeña? - La niña asintió con la cabeza, y Terry le explicó lo que había pasado – Será mejor que volvamos al hogar.

- ¡No! – Gritó Delfina para sorpresa de ambos, pues era la primera vez que oían su voz.

- ¿Qué has dicho? – Le preguntó Candy.

- No quiero volver al hogar – Repitió la pequeña – Quiero irme con ustedes, por eso me escape.

Candy miró a la niña y luego a Terry. Delfina se había escapado para seguirla a ella, y casi muere por ello.

- Vamos al hogar – Dijo con tranquilidad – Ya hablaremos sobre esto allí.

Cabalgaron en silencio hasta el hogar de Pony. Ni Candy ni Terry se habían esperado una respuesta como esa por parte de Delfina. La niña había arriesgado su vida solo por ir en busca de ellos, y ninguno de los dos tenía el valor suficiente para decirle que lo que ella les pedía era imposible. Convertirse en padres era un sueño que estaba latente en ellos, pero sus vidas en ese momento eran bastante complicadas como para adoptar una niña de cinco años de la cual no sabían prácticamente nada, ni siquiera estaban seguros de que su adopción fuera posible.

Llegaron hasta el hogar, y la señorita Pony estaba esperándolos en la puerta.

- ¡Gracias a Dios que la encontraron! – Exclamó aliviada al verlos dirigirse a ella.

Terry llevaba a Delfina en sus brazos, y Candy caminaba a su lado.

La señorita Pony extendió sus brazos para tomar a la niña, pero Terry se la negó.

- Mejor la llevó yo.

Entraron al hogar y tomaron asiento. La señorita Pony aviso a la hermana María sobra la aparición de la niña y los cinco se sentaron a la mesa. Delfina estaba fuertemente abrazada al cuello de Terry, negándose a soltarlo.

A Candy le provocaba ternura esa escena. Delfina era una niña adorable y era evidente que había sufrido demasiado en su corta vida. Merecía una familia.

- ¿Estás segura de lo que estás diciendo? – Le preguntó la señorita Pony después de que Candy le comentara sus intenciones.

- Señorita Pony, déjela que se quede con nosotros esta semana – Insistió la rubia – Estoy segura que no le hará ningún mal.

- Podrían dejarnos a solas – Le pidió la señorita Pony a la hermana María y Terry. Una vez que ellos se fueran, la mujer mayor se dirigió directamente a Candy – Candy, entiendo que sientas lástima por Delfina, pero no creo que sea bueno para ella pasar este fin de semana con ustedes en la mansión de Lakewood.

- ¿Por qué no?

- Porque Delfina acaba de llegar al hogar, y no sabemos absolutamente nada de ella. Ya sabes que todos los niños aquí buscan una familia, y ella es muy pequeña… tal vez se ilusione con la idea de que ustedes se conviertan en sus padres ¿Cómo crees que se sentiría cuando tú y Terry vuelvan a Nueva York?

La señorita Pony tenía razón, pero Candy no podía irse sin más y dejar a Delfina allí sola.

- Señorita Pony… ¿Existe alguna posibilidad de que Terry y yo adoptáramos a Delfina legalmente?

- ¿Pero qué estás diciendo, pequeña?

- Ella necesita una familia, y nosotros podríamos dársela.

- Candy, entiendo tu punto de vista, pero las cosas no son tan fáciles como crees. Adoptar un niño no es una tarea sencilla, y tú y Terry no llevan mucho tiempo de casados… aún son muy jóvenes.

- Pero estoy segura que ella sería feliz viviendo con nosotros… seríamos unos padres excelentes y no le faltaría nada.

- Entiéndelo, Candy… esto no puede ser posible.

- Pero señorita Pony – Insistió la rubia – Delfina escapó del hogar porque deseaba venir con nosotros ¿No es esa una razón suficiente?

- Me temo que no. Aunque accediéramos a darles a ti a Terry la custodia de la niña no depende absolutamente de nosotras. Estos trámites requieren de tiempo, y aun así no resultaría nada fácil. Como ya te lo he dicho, ustedes son demasiado jóvenes, y ante la sociedad no están casados.

- Estoy segura que eso podemos remediarlo. Albert es una persona influyente, y él nos ayudará.

- Sabes que no está bien utilizar tus influencias para conseguir lo que deseas.

- Pues haré todo lo que este en mis manos para que Delfina sea feliz – Contestó Candy con determinación. No pensaba darse por vencida – Quiero que ella viva con nosotros, señorita Pony – Le habló con total sinceridad – Le prometo que no se arrepentirá si nos da la adopción de Delfina.

La señorita Pony, sin duda, conocía a Candy mejor que nadie, y sabía perfectamente que no se daría por vencida, pero también sabía que tenía un gran corazón, y que sería perfectamente capaz de brindarle todo su amor a una niña que, al igual que ella, había sido abandonada.

- ¿Y ya has hablado con Terry sobre esto?

Candy sonrió, sabiendo que, una vez más había logrado convencer a la señorita Pony. Solo quedaba una cosa por hacer.

Terry ya le había expresado sus intenciones de ser padre. Claro que no habían hablado de adoptar una niña de cinco años que probablemente tuviera ciertos problemas por el abandono que había sufrido. Pero Terry también se había encariñado con Delfina de la misma forma que ella lo había hecho, podía verlo en la manera en que le acariciaba su cabecita con ternura y la forma en que la miraba con profundo cariño. Tenía que hablar con él acerca de lo que tenía en mente.

Lo encontró jugando afuera con Delfina. Annie y Félix también se encontraban con ellos, y la niña se mostraba más sociable de lo que había estado el día anterior.

Se acercó a ellos con una sonrisa en los labios.

- ¿Podríamos hablar un segundo, Terry?

- Claro – Se puso de pie y siguió a Candy hacía la parte trasera del hogar - ¿Ocurre algo malo? ¿La señorita Pony no nos ha dado permiso para que Delfina pase el fin de semana con nosotros?

- Terry… recuerdas cuando me dijiste que tenías ganas de ser padre.

- Si, lo recuerdo, pero… - Entonces la expresión de Terry cambió radicalmente – No me digas que… ¿Estas embarazada? – Preguntó con la ilusión de un niño.

- No, no – Le dijo ella rápidamente – No estoy embarazada.

- Oh… - Creyó notar un deje de desilusión en su mirada.

- Lo que trato de decirte es que… ¿Qué te parecería si adoptáramos a Delfina?

Terry se quedó sin palabras ante lo que Candy acababa de decirle.

- Tú… estas diciendo que quieres que Delfina sea nuestra hija.

- Si… ¿Acaso no te parece una buena idea? – Le preguntó ella con temor de que se negara – Creí que te agradaría.

- ¿Estás bromeando? ¡Me parece una idea genial! – Exclamó con alegría - ¿Ya has hablado con la señorita Pony?

- Si… No ha sido fácil, pero al final he logrado que confíe en mí, y está dispuesta a darnos la adopción de Delfina. Solo faltaba que lo consultara contigo.

- Entonces no hay nada más que esperar… ¿Crees que podamos llevarnos a Delfina hoy mismo con nosotros?

Candy sonrió y besó a su esposo. No se podía negar que Terry era el mejor marido que una mujer podría tener, y ahora estaban a tan solo un paso de formar una familia.

Continuará…


Bueno… acá estoy de nuevo con esta historia.

Perdón si el capítulo es demasiado cortito… voy a tratar de que los demás sean mejores!

Besosssssss!