-Es la verdad Candy, yo no puedo estar casado con… mi hermana-

-¿Qué?- se volteó repentinamente la rubia, sus verdes ojos mostraron sorpresa al escuchar lo que decía el castaño. Terry tomó la mano de ella y los dos se sentaron en la cama, él comentó a narrarle como eran las cosas, la pena comenzó a invadir a Candy, se sentía sumamente mal al haber creído que estaba casado; Pero él te hiso creer eso, así que no es tu culpa se dijo así misma mientras lo miraba con ensoñación.

La conversación de los dos se prolongó un poco, Terry le explicaba a Candy porque había dicho que su hermana era su esposa, las lágrimas de Candy comenzaron a brotar y Terry la abrazó, estuvieron un rato abrazados hasta que el castaño rompió el silencio.

-¿Por qué Candy?-

-¿Por qué que Terry?-

-Albert, porque te casaste con él-

De pronto la rubia se sintió muy mal, no quería hablar del tema, haber tomado aquella decisión había sido la peor que tomara en toda su vida.

-Yo… yo estaba muy enojada contigo, sé que no fue correcto dejarme llevar por el dolor ni el enojo pero en ese momento no podía pensar claramente-

-¿De qué hablas?- le preguntó con el ceño fruncido-

-Recuerdas cuando te reclamé de las fotos en donde tú salías con… ella-

-Siempre seré firme en decirte que la persona que estaba ahí no era yo

-No volvamos a discutir lo mismo quieres, -

-De acuerdo-

-Pues después de que…-

Flash Back

Candy lo abofeteo y salió corriendo, quería ir detrás de ella, pero su dolor y el orgullo no le permitieron hacerlo, dejo que Candy pensara lo que quisiera, tomó las llaves de su carro y se fue a toda prisa, llegó a un bar de mala muerte y ahí se quedo hasta muy tarde. La rubia no sabía qué hacer, su corazón, el alma, toda ella estaban hecha pedazos, ¿Cómo era posible que la persona que la hiciera feliz durante mucho tiempo, en tan solo cuestión de segundo podía lastimarla?, sus lágrimas escurrían, caminó sin saber hacia dónde se dirigía, sus pensamientos no eran claros, la lluvia parecía estar de luto al igual que ella, las gotas comenzaron a caer y se mezclaron con sus lágrimas, cuando fue consciente de que la lluvia la había mojado notó que se encontraba en el parque, decidió sentarse en una banca, no le importaba mojarse más, ya nada importaba. Tenía un nudo en la garganta, se sentía dolida, molesta consigo misma, con Terry y con la vida. Gritó, una y otra y otra vez, ¿Cuántas veces gritó?, ¿Cuánto tiempo permaneció ahí?, nunca lo supo, solo se dio cuenta de que la lluvia ya no la mojaba más, cuando alzó la vista pudo de nueva cuenta ver aquellos ojos azules como cielo que la miraban preocupado. -¿Pero qué haces aquí?- -Nada- y rápidamente agachó la mirada -Será mejor que nos vayamos de aquí, puedes pescar un resfriado- -¿Candy me escuchas?- -¿He?, ha sí, claro Albert- -¿Vienes sola?- le preguntó mientras miraba para todos lados buscando algo o a ¿alguien? Y le extendía la mano, ella la aceptó mientras le contestaba. -Sí, vengo sola- -Estas muy empapada Candy- -¿en verdad?- -Toma- y le entregó su negro abrigo, ella lo aceptó sin mucho ánimo, su corazón estaba destruido, ni el frio viento que corría por las calles de New York podía lastimarla más, los dos siguieron caminando hasta llegar a un Ferrari negro, el rubio le abrió la puerta y ella se sentó. -Te mojaré tu asiento- -No te preocupes por eso pequeña- le dijo cálidamente -Claro- El viaje se hiso en silencio, ninguno de los pronunció una sola palabra, el corazón de ella comenzó a latir rápidamente antes de dar la vuelta para llegar a su casa, estaban casi por llegar cuando notó que el carro de Terry estaba estacionado frente a su casa, las manos y todo su cuerpo comenzó a sudar, un calor la envolvió pero, así como ese calor llegó rápidamente se fue y lo remplazó por un odio inmenso. -Por favor llévame a otra parte Albert- -¿Estás segura Candy?- -Sí- -Pero, ahí está tu…- -NO, el no es nada mío- Una sonrisa apareció en el rostro de Albert al escuchar aquellas palabras, encendió de nuevo el motor y salió a toda prisa de ahí, Candy supo que Terry la vio en el Ferrari de Albert, el castaño al verla salió corriendo para alcanzar al automóvil pero fue muy tarde el automóvil se perdió en las calles. El acelerado corazón del castaño estaba al borde del colapso al ver a su novia en aquel automóvil, la rabia y todo el dolor que pudiera sentir en ese momento se concentró en el puño que estrelló en su automóvil. El tiempo pasó sin que pudiera notarlo, nada le importaba en ese momento, quería dejar de sentir ese dolor en su corazón, en ningún momento supo cómo fue que se encontraba en el lujoso departamento del rubio. -¿Candy te encuentras bien?- tuvo que sacudirla por tercera vez para que reaccionara. -¡He sí!, estoy bien- -Pues déjame decirte que eres una pequeña pinocha- -¿Qué?- contestó desconcertada -No sabes mentir pequeña- -Lo siento, yo…- -Será mejor que te tomes esto- le entregó una caliente taza de té. -No me gusta el té- -¿Dime qué prefieres Candy, que te bañe yo mismo o que te tomes esta taza de té?- -Tomarme la taza de té- -Bien- Sin mucho ánimo la rubia comenzó a tomarse la taza en pequeños sorbos mientras Albert se retiraba de la sala de su departamento, comenzó a sentir mucho calor, su respiración era muy acelerada y se sentía ¿extraña?, Albert regresó y sonrió, se acercó lentamente a la rubia y se sentó a un lado de ella, admiró los bellos ojos verdes y entendió que ese era el momento perfecto. Lentamente subió su mano para posarla en la mejilla sonrosada de la ojiverde, aquella al sentir la caricia solo pudo cerrar los ojos y dejarse llevar por aquella sensación que comenzaba a gustarle, la mano abandonó el lugar para recorrer el blanco y delicado cuello. Intentaba permanecer más tiempo con los ojos cerrados pero le era imposible, aquella luz era muy penetrante, lentamente abrió los ojos y se removió entre las sábanas, el terror la invadió al sentir a alguien más junto al cuerpo desnudo de ella. -¡Pero qué he hecho!- decía mientras sus manos se posaban en su cabeza, las lágrimas no dejaban de salir de sus esmeraldas, la decepción y mil sentimiento más embargaron su alma. Trato una y otra y otra vez de recordar que era lo que había pasado exactamente, se sintió un poco tranquila al darse cuenta de que traía su ropa interior, el cuerpo que estaba a escasos centímetros de ella comenzó a moverse, se acurrucó lo más que pudo y se abrazó a sí misma, cerró los ojos pero por más que pudo no durmió, las dudas y el remordimiento no la dejaban descansar, esperó un poco más, recogió su ropa y se vistió con mucha calma, no entendía en qué momento había perdido la poca cordura y se había entregado a un completo extraño, ¿Extraño?, no, no era nada extraño para ella, había convivido con él hace poco, de hecho convivieron mucho tiempo juntos, salió del lugar en el que se encontraba y caminó sin ánimo. Cuando llegó a su casa subió lo más rápido que pudo a su recámara, dio gracias al cielo que sus padres aun no habían llegado, se tendió en su cama y las lágrimas comenzaron a salir nuevamente. -¡Eres una estúpida Candy!, ¿Cómo pudiste entregarte a alguien más que no fuera Terry? Pero que tenías en la cabeza al hacer esa tontería- dijo al borde de la locura, abrió la llave de la regadera y dejó que el agua tratara de borrar aquella sensación de sentirse tocada por alguien más que no fuera el amor de su vida. La vida de Candy se volvió vacía y sin sentido, la rutina de todos los días le hacía sentirse como un títere, escuela-casa, casa-escuela, sus amigas comenzaban a preocuparse por ella, había bajado de peso y su arreglo personal dejaba mucho que desear. ¿Y Terry?, de él era prácticamente lo mismo, su antigua actitud salió a flote, ya no asistía a los entrenamientos, solo se presentaba a los juegos, el entrenador no era capaz de decirle algo porque sabía de la capacidad que poseía el joven Grandchester. A todo mundo engañaba con esa actitud vale-madrista que tenía, pero no a todos, Patty y Annie, eran las únicas que sabían de la verdadera vida de Terry, todos los días era lo mismo; ir a la escuela solo para ver a Candy aunque fuese de lejos, seguirla desde una distancia prudente y ver que nada le pasara, la actitud del castaño acongojaban el corazón de las dos amigas de Candy, ellas trataban de decirle a la rubia que era lo que hacía Terry, pero apenas tocaban el tema ella las dejaba prácticamente con la palabra en la boca. Por eso habían decidido no hablar de él frente a Candy. Fin Flash Back -Yo no tenía la menor idea de que tú hicieras eso- -Si no podía estar contigo, al menos tenía que ver que estuvieras bien-