CAPITULO 21
ASCENSIÓN
Me imaginaba a mí mismo hace ya un largo par décadas, o quizá más, un padre viudo con la gran responsabilidad y obligación de cuidar de su pequeña "hija", aún recuerdo las noches en las que en mi pequeño escritorio había pilas interminables de hojas malolientes acomodadas en un equilibrio impresionante que esperaban a ser atendidas por mi entumida mano y mi agotada vista, y aún así con la paciencia por los suelos trataba de concentrarme, pero el incesante llanto de Anna lograba sacarme de quicio. Recuerdo como resoplaba tratando de controlar mi respiración, me pasaba las manos por el cabello y limpiaba el sudor de mi frente hirviendo, hacía crujir mis nudillos un par de veces y me levantaba perezosamente de mi asiento dirigiéndome sin ganas a la pequeña puerta que conducía a la habitación que acondicioné para ella. Recuerdo como varias veces me invadió el deseo de poner las manos alrededor de su pequeño cuello, o mi arma en su frente sin importar las consecuencias de tirar del gatillo, pero esas cosas siempre se quedaron solamente en mis pensamientos, pues una fuerza mayor se interponía entre mi deseo de acabar con su vida y yo.
Cuidé de ella lo mejor que pude mientras pude, y cuidaré de ella lo mejor que pueda mientras pueda
Ahora me encontraba con ella realizando el ascenso a un gigante metálico inmóvil, entre nosotros dos, ella era la más emocionada durante la ascensión, la más ansiosa por llegar a la cima. Mi temor a las alturas ha desaparecido casi por completo, me doy cuenta de eso hasta este momento, es verdad que la famosa torre es bastante alta, pero me parece insignificante después de haber estado en una ciudad voladora suspendida muy por encima del resto de la civilización, entre las nubes.
Columbia, ahora que ya todo se acabó y que aquella fantástica ciudad ya no existe más, puedo decir que incluso la extraño y la recuerdo con nostalgia.
Mi cabeza daba vueltas a medida que íbamos acercándonos a la cima, pero eso no me detuvo, seguí subiendo peldaño tras peldaño controlando mi respiración cansada por el esfuerzo de subir escaleras y la combinación del calor de mi cuerpo con las repentinas ráfagas de aire helado que soplaban por momentos.
Elizabeth parecía conocer por completo la torre y sus rutas para subir, como aquella vez en la biblioteca de las realidades en donde sabía los caminos de memoria sin siquiera haber estado allí antes. Tenía la conclusión de que todo lo que habíamos pasado había hecho algunos cambios en ella, unos más drásticos que otros, y esos cambios le habían hecho descubrir y aprender a usar todo su poder al completo, ella no era del todo humana ahora, de eso no había la menor duda. Quizás, quizás ya ni siquiera era humana.
¿Qué era ella? Estaba casi seguro de que obtendría mis respuestas, aunque no me agradaran o no las comprendiera del todo, pero las obtendría, las guardaría en algún rincón de mi mente y me pondría a analizarlas lo que me quede de vida.
El ascenso a la torre fue rápido, pero algo cansado para mí, más por tratar de seguir el paso rápido y apresurado de Elizabeth. Años atrás cuando me la pasaba en el escritorio y en la bebida, habría llegado fatigado, jadeante y casi al punto de desmayar; pero las cosas que han sucedido últimamente desde que desperté en el bote me han devuelto un poco de la buena condición que tenía en mi juventud de soldado, así que solamente llegué con las piernas ligeramente temblorosas, calientes y un par de gotas de sudor en mi frente.
Ella aún está en su plena juventud y es muy fuerte, demasiado fuerte para lo que aparenta ser, lo lleva demostrando todo este tiempo, como todo ser humano tiene sus momentos de titubeo, pero empiezo a pensar que de verdad lleva la sangre de un Pinkerton en las venas y presiento que puede llegar a convertirse en una verdadera asesina despiadada, pero eso no me aterra en absoluto sino al contrario, me hace feliz saber que podrá cuidarse a sí misma cuando llegue el día en el que yo ya no pueda estar con ella.
—Una vista preciosa ¿No te parece? muy diferente a verlo desde un desgarro en mi habitación —comentó mientras se acercaba a la barandilla y apoyaba sus manos en ella mientras observaba la vista nocturna de la cuidad
—Nunca estuve interesado este pedazo de chatarra… —volteó a verme, con una media sonrisa en su rostro mientras yo me acercaba a su lado —Pero admito que esto es espectacular, este montón de fierros tiene una vista muy diferente a la que tenía desde las ventanas mi oficina, ahí solo se veían problemas y riñas en la calle. Una vista horrenda.
Ella rió un poco ampliando su sonrisa
—Es cierto, no se tiene muy buena vista desde las ventanas de tu oficina, pero esa vista hubiera mejorado si hubieras quitado las tablas que las cubrían
—¿Cómo lo sabes lo de las tablas? Eras una apenas una bebé cuando estabas en mi oficina…
Los vidrios estaban rotos en varios puntos, y no tenía ganas de gastar mi dinero en cristales, así que cubrí las imperfecciones con tablas de madera y algunos clavos oxidados. Además, fue algo bueno para mis resacas, al despertarme de una borrachera, la luz que entraba por las ventanas me provocaba dolor de cabeza nada más despertar; los maderos ayudaron a disminuir eso, además de darme protección por si algún cliente inconforme decidía apostarse con un rifle en el edificio adyacente, la madera no resistiría el balazo, pero por lo menos dificultaba la vista hacia el interior.
—Simplemente lo sé, conozco toda tu vida Booker, desde el principio de tus días hasta…
No necesitaba más explicaciones, completé sus palabras en mi mente y de inmediato supe que no me gustaría escuchar lo que seguía
—En noches de tormenta, los truenos te despertaban y comenzabas a llorar… —traté de cambiar el tema
—Y entrabas de mala gana a la pequeña habitación, tratabas de calmarme y dormías junto a mi cuna hasta que el mal tiempo pasara. Pero… aún recuerdo como se sentía el tener la boca de tu revolver en mi frente, y ver tu dedo en el gatillo.
Un nudo comenzó a formarse y crecer en mi garganta y las ganas de llorar empezaron a invadirme. ¿Cómo era posible que ella lo recordase? Aunque no le dije en ese momento que me arrepentía de haberlo intentado, me arrepiento de haber pensado siquiera en tirar el gatillo
Ella abrió su caja de chocolates, no los había abierto mientras bebíamos nuestro café. Me quedé mirando hacía el vacío frente a mí, tratando de deshacer el nudo de remordimiento dentro de mi garganta, aflojé el nudo de mi pañuelo y me quedé contemplando la ciudad y su esplendor nocturno, no podía distinguir edificios o lugares importantes debido a la oscuridad de la madrugada, de día esto debía ser una maravilla, ya tendríamos tiempo de visitar otros lugares después.
Subiríamos aquí a diario, para que ella visualizara los lugares que quisiera recorrer, y yo la llevaría de buen gusto. Comprándole su maldito Algodón de Azúcar.
Sentí una pequeña mano en mi hombro, me quité las pocas lágrimas de los ojos recobrando la compostura, carraspeé y miré la caja de chocolates que me ofrecía
—No, son para ti —le dije, apartando suavemente la caja
—Sí, pero tú fuiste quien pagó por ellos, así que… te mereces una parte—volvió a acercar la caja hacia mí —Toma uno
Me convenció y tomé uno, empecé a morderlo, el sabor era agradable pero un tanto empalagoso para mi gusto. El chocolate no era algo que me gustara, nunca tuve necesidad o el interés de comerlo en grandes cantidades.
—Esto es mejor que todas mis pinturas y que todos los desgarros que pude haber abierto, siempre eran épocas diferentes, en una había adornos de luces en la torre, en otra había guerra, y en otra más estaba apenas en construcción. Es bueno verla en persona por fin.
—Tus pinturas eran hermosas, está claro que tienes talento para muchas cosas, no hay puerta que no puedas abrir —recordé que las pinturas las había visto cuando fui por ella a la torre, años encerrada tuvieron que haberle permitido practicar hasta lograr la perfección
Sonrió divertida y puso otra pieza de chocolate en su boca, después volvió a hablar
—Tuve mucho tiempo para practicar y estudiar muchas cosas, ahora que ya no estoy encerrada no sé qué hacer. Literalmente puedo hacer lo que me plazca. Puedo visitar cualquier lugar con solo mover la mano, pero nunca será lo mismo; puedo cambiar las cosas para una familia; puedo destruir una ciudad entera y reconstruirla muchas veces mejor; puedo hacer que alguien se vuelva cenizas y se desvanezca en el aire con solo desearlo…
De nuevo tuve la intención de cambiar el tema, mi afirmación en el dirigible de Comstock fue acertada. No tengo miedo de Dios, pero ella si me da miedo
—No quería preguntar ni decirte esto, pero la curiosidad me está ganando ¿Qué… que eres ahora? No te ves… como antes
Apartó de mí su mirada y volvió a mirar la ciudad y el horizonte nocturno de Paris, examinando cada cosa, cada ventana en cada casa en la que las luces aún estuvieran encendidas
—Booker… ahora soy el ser interdimensional más poderoso que existe —dijo eso un poco dudosa de sus propias palabras —no te mentiré, puedo ver casi todo, por allá hay una pareja que pasea a orillas del rio a estas horas, dos policías persiguen a un ladrón que intentaba entrar en una casa, un anciano camina por una calle oscura con temor a ser asaltado, esa ventana con luz es de la habitación de un niño que lee su historia favorita a escondidas de su madre… Ni siquiera sé si sigo siendo humana, puede ser que en cualquier momento empiece a transportarme erráticamente como los Lutece, o que no pueda controlarme y empiece a mezclar las cosas, las existencias y las realidades
—Eso no va a ocurrir, Elizabeth tu eres muy poderosa y podrás contr…
—Va a ocurrir, aunque ambos no lo deseemos, lo sé, lo que no sé es cuando. Ahora soy yo la que no quería decirte esto… debemos volver a la casa de inmediato, te explicaré las cosas allí
Tuve un pequeño escalofrío por el tono y la manera seria en que lo dijo. Su actitud seguía siendo cálida, comprensiva, pero el tono de su voz sonaba extraño, como una mezcla de seriedad y preocupación
—¿Así sin más? Casi acabamos de subir hace unos minutos y ya quieres bajar, pensé que querías venir aquí y quedarte mas tiempo, la vista es hermosa desde…
—Si Booker, así sin más, vamos, esto es muy importante y quiero que lo sepas, antes de que alguna otra cosa suceda
Entones me arrepentí de haber abierto la boca y preguntar, debí de haberme guardado las palabras para otra ocasión menos especial
El descenso fue más rápido que la subida, lo complicado era intentar no resbalar en los escalones, no dejaba de pensar en lo que Elizabeth quería decirme ¿Es algo malo? Por la seriedad y el tono en que lo dijo es de suponer que si lo es. Pronto lo descubriré.
Sus pasos eran largos y rápidos, sus zapatos apenas y sonaban al hacer contacto con el suelo. Llegamos a la casa antes de lo esperado, debía empezar a memorizar los caminos y las calles de París, parece que transitarlas iba a empezar a ser algo cotidiano. Pero eso debía esperar para los días venideros, de noche no se apreciaba gran cosa
—¿Vas a decirme de una vez qué está pasando?
Comenzaba a desesperarme por conseguir respuestas, apenas llegamos a la puerta intenté exigírselas
—Una vez estemos dentro, no quiero hablar de esto aquí afuera —contestó firmemente mientras se detenía en la entrada
"¿De qué demonios se trata todo esto?" Pensé. Metí la mano en mi bolsillo derecho hasta dar con la maldita llave, la saqué y la introduje en el cerrojo, abrí la puerta y la hice pasar antes de mí, cerré detrás de mí y seguí los pasos de Elizabeth, quien me condujo hacia la sala
Pensé que tomaría asiento en un sofá como se suele hacer en las pláticas entre familia y amigos que pintan para largo rato, pero se quedó parada en medio de la sala, esperándome. Una vez estuve cerca, suspiró y empezó a hablar, al parecer por fin obtendría mis respuestas, una parte de mi quería saber; la otra prefería no saber esas respuestas y permanecer ajeno al tema, sabía que de alguna forma me causarían daño.
—Booker… se supone que esto no debería pasar, parece que yo siempre empeoro las cosas más de lo que logro arreglarlas
—¿Qué quieres decir?
Se giró y me miró a los ojos, dudó unos momentos, pero se veía decidida a contarme la verdad, fuera cual fuera, fuese como fuese. Doliera o no doliera
—Hay desgarros incluso en esta realidad, se supone que no debería haberlos, esto es un mundo completamente distinto creado desde un lienzo en blanco, así que no debe ser paralelo a otros, sin embargo, lo es… existen otras cosas conectadas a este mundo que desconozco completamente…
Esa parte la entendía, ella había dado muchas explicaciones a sus desgarros y sus habilidades en el pasado, y lo que me estaba diciendo ahora solo podía significar una cosa: Nuevos problemas. Quedaba claro que nunca íbamos a estar tranquilos, había algo que se nos había olvidado corregir, algo que habíamos pasado por alto, eso estaba claro, pero ¿Qué era?
Ella prosiguió, tratando de explicarlo, pero se veía igual de confundida que yo. Parecía como si la explicación que se daba a sí misma la diese en voz alta
—Aquella vez en la Gran Biblioteca, dije que pasó lo que tenía que pasar, y pasará lo que tenga que pasar, —prosiguió su extraña explicación —tal vez algo que tiene que pasar está empezando a suceder
Yo estaba prestando atención a sus palabras, era cierto que ella había mencionado algo similar, me atreví a interrumpir su monologo.
—Entonces… ¿Crees que en cualquier momento alguna cosa va a ocurrir? ¿Puedes verlo, Elizabeth?
Ella see tocó las sienes
—…Ya está ocurriendo, creo… que incluso hay algo más poderoso que yo, algo que no alcanzo a comprender, pero eso es imposible. Es como un poder igual al mío, como si yo misma me bloqueara mis propios poderes. Siempre que intento verlo, siempre miro todo absolutamente hecho un caos, todo destrozado. Como si varias cosas faltasen o estuviesen completamente fuera de lugar
—¿Y entonces qué? Vamos, sentémonos y hablemos de eso, nos pondremos a buscar una solución a eso tu y yo
Me acerqué más a ella, dejó de tocar sus sienes y me miró fijamente
—…Booker… es mi deber, y solo mío, averiguar qué es y por qué están ocurriendo estas cosas, debo saber por qué las cosas que hago para bien siempre terminan en tragedia o algo malo sucede. Debo aprender, saber qué es lo que estoy haciendo mal
Había prestado atención a lo que había dicho, pero esas palabras para mi significaban que iba a ponerse a pensar, leer o a usar sus poderes. Tardé algunos segundos en comprender lo que realmente me había querido decir
—No, no dejaré que te vayas. Y si lo haces… iré contigo
—No puedes venir a donde yo voy. Esto es algo que debe pasar, no eres el mismo Booker DeWitt que fue por mi a Columbia, ni el mismo Booker DeWitt que murió en la Revolución de los Vox, tampoco eres el mismo hombre que me entregó a los Lutece, ni el mismo que murió ahogado en un rio, tampoco el mismo que se convirtió en Comstock
—No comprendo lo que me quieres decir
—Y no hace falta que lo hagas —Se acercó unos pasos —no por ahora, pero sé que algún día lo harás
Me pasé la mano por el pelo en señal de incomodidad, y mi expresión manifestaba un poco de inconformidad.
De nuevo yo le hacía preguntas y ella volvía a responderme con acertijos que me dejaban aún más confuso que al inicio
—Okey… Escucha, hemos pasado por mucho últimamente, llevamos apenas algún tiempo insignificante de paz juntos, acabamos de pasar 2 grandes batallas y ¿quieres marcharte persiguiendo fantasmas?
Mi tono de voz se iba elevando, ella puso ambas manos en mis hombros y suspiró larga pesadamente, para hablarme directamente cara a cara
—Entiendo que quieras hacer que me quede… y entiendo que tengas muchas dudas, mereces respuestas y yo también. Pero esto es algo que debo hacer por el bien de todos en todas las realidades. Te advertí que estarías mucho mejor sin mí, te advertí sobre algo malo que iba a pasar si venía, pero aun así acepté venir aquí contigo. Booker DeWitt… es momento de dejarme ir
—No lo haré, te amo Elizabeth
Tomé su rostro entre mis manos. Ella hizo una media sonrisa antes de contestar
—Y yo a ti, papá
Probablemente ella se había equivocado de palabra o yo no la había escuchado bien. Pero no era nada de eso, ella me había llamado "papá", pero ¿Por qué? No es una palabra para tomarse a la ligera y era casi imposible que ella se hubiera equivocado al hablar, hasta donde yo tenía entendido ella y yo no teníamos relación sanguínea en esta realidad, ella lo sabía y ahora me llamaba así, comencé a experimentar una extraña sensación de miedo a medida que me daba cuenta de algo. Aparté lentamente las manos de su rostro y las bajé mientras daba un par de pasos atrás.
—¿Qué? Elizabeth… yo no soy tu padre… tu madre me engañó hace ya mucho tiempo y… —un escalofrío aterrador recorrió mi cuerpo entero, y en ese instante me di cuenta —un momento… ¿Elizabeth?... ¿Anna? ¿Quién eres?...
Sinceramente no tengo excusa por la tardanza, ha pasado demasiado tiempo amigos, ya era hora de actualizar.
Me cambié el Nick de Scar3Crow117 a Crowy117, sigo siendo yo pero con otro nombre, en otras noticias ya entré a la Uni ! Así que trataré de actualizar antes de que la cosa se ponga fea de verdad.
Gracias a todas y todos los que han comentado en mi ausencia, de verdad gracias por tener paciencia! Nos vemos luego, cuidense :)
