Rose y Scorpius consiguieron un Excelente en su poción y el profesor los felicitó y les dijo que era la mejor que había visto en años. Sin embargo y, aunque se felicitaron el uno al otro en ese momento, no volvieron a dirigirse la palabra. Él estaba harto de perseguirla y de pedirle perdón y ella, desde luego, no iba a perdonarle después de haberla besado. Sus pociones volvieron a ser un desastre aunque, poco a poco, aprendieron a hacer ejercicios decentes sin dirigirse la palabra. Era lo único que les quedaba.


Noviembre pasó. Gryffindor ganó el partido contra Hufflepuff gracias a James que atrapó la snitch. Las clases seguían su curso. Lucy seguía viéndose con Theo, Molly seguía intentando llamar la atención de Will. Lorcan consiguió castigar a James durante una semana por una broma que le había gastado a unos Ravenclaw de tercero y a Jordan tres días por hacer magia fuera de clase, cosa que Lily le agradeció aunque también le recordó que podía defenderse sola.

El profesor Longbottom anunció a principios de diciembre la fecha de su tradicional fiesta de Navidad. Este año sería el 23 de diciembre, la última noche que pasarían en Hogwarts los alumnos que volvían a casa por Navidad. En seguida todo el colegio comenzó a cotillear sobre las parejas que iban formándose, los rechazos, los que aún no tenían pareja… Muchas chicas suspiraban por ser la cita de James Potter – que acababa de cortar con la pelirroja – y no eran pocas las que le dedicaban miradas sugerentes a Fred y Albus, cosa que le encantaba al primero y que abochornaba al segundo. Rose prefería mantenerse ajena a todo. No iba a ir a la fiesta, tal y como le había prometido a sus padres, y comenzaba a crisparle toda la emoción que se respiraba en el castillo.

- Tus padres no tienen por qué enterarse. – Le dijo Martha una noche mientras charlaban en su cuarto. – No es justo que te pierdas la fiesta por esa tontería, ni que hubieras vuelto a liarte con Malfoy.

- Seguro que Neville acabaría por contárselo. – Se apresuró a responder la pelirroja, tumbada en su cama y rogando para no ponerse roja. – Solo es una absurda fiesta, no sé por qué no podéis parar de hablar de ella.

- Porque nadie les ha pedido una cita todavía. – Lizzy entró en el dormitorio con una sonrisa radiante y las otras tres la fulminaron con la mirada. Rose se incorporó mientras ponía los ojos en blanco. – No me miréis así, ¿me equivoco?

- Hemos decidido ir las tres solas, tú puedes apuntarte si quieres. – Replicó Eliza. – ¿O tienes una cita misteriosa?

- ¿Yo? – La morena sonrió. Charlie y ella habían roto tres días antes que James y la pelirroja cosa que a Rose le pareció una "muy conveniente casualidad".

- ¿Vas con mi primo?

- Seguro que sí, siempre vais juntos a todas las fiestas. – Añadió Martha con una sonrisa divertida. – ¿Algún día dejarás que las fans de James tengan una oportunidad?

- Para que lo sepáis, no tengo pareja, James no me ha pedido ir, ni yo a él, de hecho, ni siquiera hemos hablado de la fiesta. – Contestó ella, sentándose en su cama. – Ya os diré si me apunto a vuestro plan o no más adelante. Todavía quedan un par de semanas, ¿quién sabe lo que puede pasar en ese tiempo?

- Ya te lo digo yo: James te pedirá que vayáis como amigos, tú dirás que sí y seréis otra vez la comidilla del colegio como cada vez que estáis solos en los jardines, lo del partido de quiddicht, la fiesta de Molly… - Eliza se recogió el pelo en una coleta alta mientras hablaba. – Y mientras tanto, a nosotras nos preguntará algún desesperado con el que nadie quiera ir y preferiremos ir solas.

- Que pesimistas. – Lizzy negó con la cabeza.

- Espera y verás.


- ¡No puedes estar hablando en serio, Scorp! – Exclamó Goyle, tirándole un cojín desde su cama.

- ¡No seas bruto! – Exclamó el chico, esquivando el cojín por poco. – Solo os he dicho que no tengo ganas de ir a la fiesta de Longbottom.

- ¿Pero por qué? – Intervino Albus.

- Porque no. – Respondió el rubio. – No seáis pesados, ¿para qué me necesitáis allí?

- Porque este – John señaló a Theo – va con su novia, lo que hace que nuestro grupo se vea reducido y, si no vienes tú, seremos solo dos.

- Parecería una cita y, siento decírtelo, pero no eres mi tipo John. – El pelinegro enarcó una ceja.

- Ni tú el mío, Potter, tranquilo.

- La cuestión es que necesitamos a alguien más para el grupo y que tú no puedes pasar la última noche antes de las vacaciones aquí solo. – Albus se puso de pie y se acercó a la cama de su amigo. Le revolvió el pelo, haciendo que este lo fulminara con la mirada. - ¿Esto es porque quieres ir con una chica y ella te ha rechazado?

- No, Al.

- No nos engañas. – John se tiró sobre la cama, aplastando a sus amigos que protestaron entre risas. – Todos sabemos que esto es por una chica.

- ¿Sí?

- Sí, creo que veo algo. – Goyle cerró los ojos y apoyó dos dedos sobre sus sienes, fingiendo una gran concentración. – Veo una melena pelirroja y una cara con muchas pecas. Una joven águila de carácter fuerte que no se rinde ante los supuestos múltiples encantos de cierto rubio arrogante. – Abrió los ojos y bajó las manos. Albus, a su lado, a duras penas contenía la risa. - ¿Sirven para algo las clases de Adivinación?

- Vete a la mierda, John. – Scorpius trató de golpearle el hombro, pero el chico lo esquivó comenzando a reír.

- Creo que he dado en el clavo.

- Siento decirte que Rose sigue castigada por lo que pasó en verano y no puede ir a la fiesta. – Intervino Al. – Seréis las dos únicas personas en Hogwarts que no estaréis allí.

- ¡Qué pena! – Scorpius forzó una pequeña sonrisa. – Lo siento chicos, pero se me ocurren mil cosas más divertidas que ir a esa fiesta.


Molly ya había rechazado quince invitaciones para ir a la fiesta. Había decidido ir con un chico concreto y estaba dispuesta a dar el primer paso si él no se decidía y la invitaba. No le quitaba ojo mientras desayunaba en la mesa de Gryffindor.

- De hoy no pasa. – Anunció de repente, interrumpiendo la conversación que mantenían sus amigas y a la que no estaba prestando atención.

- ¿Qué? – Todas se quedaron calladas y le dedicaron miradas interrogantes.

- Voy a pedirle a Will que venga conmigo a la fiesta de Navidad. – La chica sonrió. – No podrá decirme que no.

- Pues date prisa, seguro que no eres la única que quiere ir con él. – Contestó una de sus amigas.

- Sí, deberías pedírselo cuanto antes para demostrarles a todas que está fuera de mercado y, de camino, para librarte de todos esos pesados que vienen suplicándote una cita. – Añadió otra de forma mordaz.

- Allá voy. – Murmuró al verlo levantarse de la mesa de Ravenclaw. Terminó su zumo de calabaza de un sorbo y se dirigió hacia la salida del comedor. - ¡Will!

El chico, al escuchar su nombre, se detuvo y miró a su alrededor. Sonrió al ver a la morena acercándose.

- Buenos días, Molly. – La saludó.

- ¿Qué tal?

- Bien, voy hacia la clase de Defensa contra las Artes Oscuras. – Respondió él. - ¿Tú también, verdad?

- Sí, podemos ir juntos. – Contestó la chica sonriendo y comenzando a andar hacia la clase. - ¿Qué tal lleváis la temporada de quidditch?

- Estamos empatados con Gryffindor a victorias pero ganamos por puntos. – Explicó Will. – Este año tenemos que ganaros como sea.

- A mi me vale si ganamos nosotros o, a unas malas, vosotros, el deporte no es lo mío. – Molly se encogió de hombros. – Y, cambiando de tema, ¿tienes ya pareja para el baile de Navidad del profesor Longbottom?

- Todavía no, ¿por qué? – Dijo él mirándola de reojo.

- Por si querías ir conmigo. – Sonrió al terminar de decirlo, aunque el corazón se le aceleró. ¿Y si le decía que no?

- Claro, será genial ir contigo. – Wood sonrió y la chica se relajó. – Siempre lo pasamos bien juntos, eres una buena amiga. ¿Quién más viene?

- No… no me refería exactamente a eso. – Arrugó la frente al darse cuenta de que no había entendido lo que le había querido decir. – Hablaba de ir solos los dos.

- ¿Como una… cita? – Will se detuvo y le dedicó una mirada interrogante a la chica que notó cómo su cara se ponía completamente roja.

- Bueno, estamos hablando de la fiesta de Navidad, supuse que era evidente. – Le miró fijamente a los ojos. - ¿Quieres venir entonces o no?

- Molly eres una chica encantadora pero no creo que encajemos como pareja. – Apartó la mirada. Era muy guapa y simpática, mentiría si dijera que no le gustaba, pero su fama la precedía.

- Ni siquiera me has dado una oportunidad. – Se quejó ella.

- No quiero ser un número más en tu lista, no soy de esos. – El chico apretó los labios y levantó la vista lentamente.

- Pero contigo es distinto, te lo aseguro. No quiero que seas uno más, no lo eres.

- Podemos ir como amigos si quieres, pero nada más.

- ¿Me estás rechazando, Will?

- Sé que no estás muy acostumbrada a eso, pero...

- ¿Por qué lo haces?

- Molly…

- No quiero más excusas, quiero una respuesta. – Elevó el tono de voz y varias personas se quedaron mirando a los dos jóvenes. - ¿Por qué no me quieres dar una oportunidad?

- Es complicado.

- ¿Lo haces por mi fama? – Él bajó la cabeza y Molly supo que había dado en el clavo. – Lo haces porque no quieres que te relacionen conmigo.

- Ya sabes lo que dicen todos de ti.

La chica retrocedió dos pasos. No se esperaba aquello, no creía que incluso él pensara eso de ella. Se dio la vuelta y se marchó con paso acelerado. Tenía muchas ganas de llorar, pero no podía permitir que la vieran así. Tenía que llegar a su dormitorio cuanto antes.


Mientras tanto, James y Lizzy estaban en los jardines del colegio. Habían terminado de desayunar pronto y aprovechaban los últimos minutos antes de que comenzaran sus clases. Ambos estaban tumbados y la chica estaba apoyada en el pecho de él, que acariciaba su pelo lentamente.

- Si no paras me voy a quedar dormida y tendrás que llevarme en brazos hasta la clase de Defensa contra las Artes Oscuras. – Murmuró Lizzy tras bostezar.

- Sería divertido, pero no creo que al profesor Watt le haga mucha gracia. – Contestó el chico, aunque no dejó de hacerlo. – Por cierto, ¿tienes ya pareja para la fiesta de Neville?

La morena no pudo evitar sonreír al escuchar su pregunta. Maldita Eliza.

- Teniendo en cuenta que tuve que dejar a mi novio después de enterarme de que iba haciendo comentarios obscenos sobre mí y presumiendo de cosas que no había hecho, no. – Respondió con ironía.

- Menos mal que alguien lo escuchó, ¿verdad?

- Sí, pero ese alguien debería saber que no hacía falta casi mandarlo a la enfermería. – Se incorporó hasta quedar sentada sobre la hierba. – Eso lo podía hacer yo solita.

- De hecho, lo hiciste. – Puntualizó James, sentándose también. – Estuviste una semana castigada por lanzarle un libro a la cabeza.

- Pero ese no es el tema. – La chica se sonrojó. – Hablábamos de la fiesta.

- Ah, sí, bueno, teniendo en cuenta que tuve que romper con la pelirroja porque iba diciéndole a sus amigas que íbamos muy en serio y se estaba creando ilusiones, cosa que ponía en riesgo mi actitud de rompecorazones…

- Suerte que tienes gente que te aconseja bien, ¿verdad? – Enarcó una ceja. – Deberías darle las gracias.

- Lo hice y le prometí una bolsa de grajeas por Navidad. – James negó con la cabeza. – La cuestión es, ¿quieres venir conmigo?

- La duda ofende, Jamie.

- ¿Tendré que llevar una corbata a juego con tu traje?

- Sabes que sí. – Lizzy puso los ojos en blanco. - ¿Qué clase de pareja de baile seríamos si nuestra ropa no combinara?

- Una horrible, Neville no nos dejaría pasar si quiera. – Ironizó el chico.

- Lo sé. – La chica miró su reloj y suspiró. – Tenemos que irnos o llegaremos muy tarde a clase.

James asintió. Por una vez le daba igual tener que ir a clase.