Roma miró con cautela al guerrero, sabiendo que si no se hubiera sometido al entrenamiento de Lupa estaría aterrorizado. Aun así no pudo reprimir un escalofrío, no había muchos que lo pusieran así (ni siquiera Germanía) pero su instinto le gritaba que corriera. Su mirada era espeluznante y hablaba con un tono de mando nato.

—¿No has oído Roma? Apártate no lo repetiré dos veces—

Roma despacio se alejó de Brianda sin apartar la vista de él como si se tratara de un animal salvaje o un lobo. Esa mirada solo lo había visto en Lupa y sus alumnos. Los dos se miraron con las espadas listas evaluándose. Percy atacó primero, Roma detuvo el golpe, los dos siguieron intercambiando golpes.

Percy atacaba con todas sus fuerzas a Roma, era un buen soldado y un imperio poderoso pero no cedería. Dio un salto para esquivar una puñalada, aprovechando una abertura que Roma había dejado consiguió apuñalar a Contracorriente en la clavícula justo donde no le cubría la coraza.

Roma cayó al suelo agarrándose a la herida, nunca había luchado contra alguien así y había pasado mucho tiempo desde que lo vencieron. Lo miró y lo recordaba este era el hombre que lideraba uno de los ejércitos enemigos y frustró sus tácticas y estrategias.

—Tú eres el guerrero griego Perseus—

Sin responder a su afirmación le contestó—Abandona estas islas con tus hombres, no daremos nuestro brazo a torcer—

—Aunque me derrotes más tropas vendrán. El imperio es muy grande no dejarán de venir hasta que tengamos la victoria y nuestros dioses luchando con nosotros—

—Nosotros también tenemos dioses que lucharán con nosotros—dijo Percy.

De repente tuvo una sensación de que tenia a alguien detrás actuó justo a tiempo de detener una daga, el enemigo no era un romano o un dios romano era un Fomore. De grandes ojos de un marrón fangoso y la boca como una piraña, Percy fue a por él pero se esfumó transformándose el un halcón y emprender el vuelo.

Se volvió a Roma con la espada en su cuello quien miraba todo con una sorpresa genuina.

—¿Sabes quién era?—

—¿Que? ¡no!—exclamó, Roma no tenia idea de qué era esa criatura.

Percy decidiendo que Roma no mentía bajó la espada y le hizo un gesto con la cabeza para que se fuera. Este lo hizo no sin antes mirar de nuevo a Percy ayudando a Britania a levantarse e ir al campamento.

Percy le estaba curando las heridas a Brianda cuando un destello de luz les llamo la atención, se volvieron a Lugh estos sonrieron al rey de los Tuatha Dé Danann. Unos años después de la derrota de los Fomore nombraron a Lugh su rey además de recibir sus dominios el dios de todos los oficios.

—Lugh perdona si no me ando con rodeos ¿pero que hacía aquí un Fomore? hace siglos que no se veían—

Lugh de repente se le veía cansado como si de repente todas las luchas contra los romanos y sus dioses le pasaran factura.

—No lo sabemos estamos tan ocupados con los dioses romanos que no hemos notado nada pero no es una buena señal si aparecido uno aquí—

Continuaron hablando un rato más sobre la situación, después de que se fuera Lugh, Percy se metió en la cama con Brianda abrazándola. No tardó mucho en dormirse pero no pudo quitarse la sensación de opresión en el pecho de que algo malo iba a ocurrir.

La guerra se prolongó ahora hasta sus hijos más jóvenes peleaban, muy a pesar de Percy. Isla y Arthur cada uno con sus pequeños arcos y flechas disparaban a los romanos.

Pero un día las cosas fueron horriblemente mal. Percy estaba luchando junto a sus hombres mientras Britania estaba en otra batalla, no le gustaba separarse de ella pero no tenía opción. En el área de guerra, entre el polvo y los cuerpos vio a una mujer. ¿Que hacia esa chica en medio de un campo de batalla?

La mujer se dirigió hacia él pero más que caminar era como si flotara. Su forma no era exactamente sólida era como la niebla, cuando estuvo delante de él emitió un gemido inhumano. Su pelo negro se movía como si el viento lo moviera aunque no hubiera ninguna brisa, su piel era mortalmente blanca además de que se transparentaba, como un fantasma y de ojos completamente rojos como la sangre.

—¿Que quieres?—le pregunto Percy con la espada en mano, la mujer se limitó a mirarlo fijamente.

—¡Señor!—Percy se volvió a uno de sus hombres que miraban a la mujer con horror—Es una banshee—

Percy miro de nuevo a la banshee y se puso pálido.

—No...dijo en voz baja negando con la cabeza a la banshee como si se negara a aceptar la presencia de la criatura, pero esta continuó dando sus escalofriantes voces como el sonido helado de las campanadas de un funeral. Percy dio unos pasos atrás—¡NO! ¡TE EQUIVOCAS!—gritó, luego dio media vuelta y se fue corriendo a toda a casa.

Las banshees, Brianda le explicó lo que eran. Hadas y heraldos del otro mundo cuando se aparecen ante alguien es para anunciar con sus gemidos la muerte de alguien cercano. Solo aparecían cuando un miembro de la familia estaba a punto de morir.

Aterrorizado fue a la cabaña donde vivía con su familia, allí afuera estaban sus hijos asustados.

—¡PAPÁ!—gritó Isla, corrió seguida de Dilan y Arthur, lo abrazaron llorando seguidos de sus hermanos.

—¡Gracias a los dioses que estas bien papá!—exclamó Eire también con los ojos húmedos Percy lo miró sorprendido Brian no era de los que lloraban al igual que Alistair y este también se encontraba al borde de las lágrimas.

—Papá la hemos visto a una señora que daba gritos horribles—dijo Arthur abrazándolo.

—Una banshee—declaró Alistair en un tono lúgubre.

—Cuando se nos apareció temíamos que os pudiera haber pasado algo a ti y a mamá—dijo Eire nervioso—¿Mamá no está contigo? —le preguntó.

—No, estaba en la batalla cuando la banshee apareció... Percy se interrumpió cuando se le ocurrió la horrible posibilidad. Sus hijos también pensaron lo mismo, el miedo los invadió y sin decir palabra fueron en busca de Brianda.

—¡BRIANDA!—Gritó Percy sus hijos la llamaban desesperados hasta que de lejos vieron algo.

—¡Padre! ¡allí!—Alba señaló un punto todos se acercaron hasta que la vieron.

—¡No!, ¡no, no, Brianda!—Percy gritó con lágrimas en sus ojos Britania se encontrada tendida con una fea herida en el costado del que salía sangre negra, estaba mortalmente pálida pero aún respiraba.

Percy y sus hijos corrieron a su lado. Percy la cogió entre sus brazos, Brianda abrió los ojos usando las pocas fuerzas que le restaban.

—Percy...—

—No hables Brianda tienes que reservar fuerzas, te curarás—respondió Percy desesperado presionando la herida, pero continuó sangrando.

—Percy, hijos por favor escuchadme no tengo mucho tiempo fui imprudente. Alguien me atacó cuando volvía, se aprovechó de que estaba debilitada por la guerra y me apuñalo—dijo débilmente.

—Madre te pondrás bien—dijo Isla pero sabían que con una herida así no les daría tiempo a curarla.

—¿Quién hizo esto? ¿los romanos?—dijo furioso Alba.

—No, no fueron ellos—Brianda miró a Percy y este entendió.

Los Fomore.

—Perdonadme por no estar más con vosotros, Percy cuídalos tenéis que derrotarlos—

Percy sabía a quienes se refería los dioses de la muerte.

A Britania le costaba cada vez más respirar pero en los brazos de su esposo e hijos sonrió, sintiéndose segura.

—Gracias por estar siempre a mi lado os amo—después cerró los ojos quedándose inmóvil.

—¡NO BRIANDA!—gritó Percy, llorando acunaba a Brianda en sus brazos.

—¡Madre!—Arthur rompió en llanto, Isla lloraba desconsolada al igual que Alistair, Brian y Dilan. La luna en el cielo iluminó a la triste familia que lloraba desconsolada.