Firma de libros

Por la tarde Rick tenía que volver a la librería durante unas horas más. Habíamos pedido que nos llevaran la comida a la habitación y no nos habíamos movido de la cama. Lo observé mientras se vestía, distraído. Ahora no parecía nervioso, ni preocupado, la primera experiencia con las fans había salido bien y se sentía tranquilo. Aun me sentía culpable por cómo había desconfiado de él. En mi cabeza mis tres voces a las que había bautizado como Flora, Fauna y Primavera no paraban de decirme lo estúpida que era y lo poco que me merecía a ese hombre. Les decía mentalmente que me dejaran en paz, pero era una batalla perdida. En esos momentos no podía evitar desear una conciencia normal, de esas que te dicen cuando haces bien las cosas y cuando no y nada más, no como esas tres brujas que se ponían a discutir entre ellas y acababan poniéndome histérica. Cuando por fin se callaron, tras llamarme tonta, desconfiada y cosas peores volví al mundo real, donde me di cuenta de que Rick me estaba mirando, mientras se abrochaba la camisa.

-¿Qué haces ahí quieta? Llegaremos tarde. –Lo miré sorprendida. ¿Llegaremos? Se refería a Nigel y él o… a él y yo. Definitivamente eres tonta niña, dijo cruelmente Flora y sus hermanas la apoyaron. Me levanté, aún desnuda y me acerqué a él, con precaución.
-Entonces… ¿quieres qué vaya? – Pregunté en voz baja. Él me miró durante unos segundos y me abrazó por la cintura, apoyando su frente a la mía.
-Sí, quiero que vengas, por favor. –Le di un beso en los labios, durante unos segundos y me vestí con rapidez, con una sonrisa de idiota en el rostro. Mientras que me peinaba en el baño, escuché a Rick revolver en su neceser. –Bueno, ¿qué has hecho mientras yo estaba fuera?-Me preguntó desde el pasillo. Seguí arreglándome el pelo mientras le contestaba.

-Fui a dar una vuelta por los alrededores. El riachuelo lleva a una laguna preciosa, con una cabaña.
-Suena bien. –Sonaría mejor si hubieras venido, pensé terminando de arreglar mi cola de caballo. -Podrías enseñármelo la próxima vez que vengamos. –Dijo detrás de mí, empezando a peinarse. Yo le miré sorprendida.
-¿La próxima vez?
-Ahora que me has hablado de esa cabaña… no tenemos tiempo para disfrutarla, nos vamos mañana, pero quiero verla, contigo. –Me dio un beso en el pelo y salió del baño, tras decirme que no tardase. Volver con él a Canadá, ir a esa cabaña, juntos, podríamos… me sonrojé sólo de pensarlo, aunque en las pocas horas que habían pasado desde que había entrado en el mundo del sexo había perdido la vergüenza en muchas cosas. Sonreí recordando su boca por cada centímetro de mi piel, aquello me había vuelto loca, especialmente cuando se había parado…

-¿Kate? ¿Estás lista? –Asentí, dejé el frasco de colonia en el lavabo y me puse el abrigo y los guantes.

¿Lista para ver a tu hombre rodeado de mujeres? Preguntó Primavera y yo no pude evitar fruncir el ceño.

-º-

En la librería esperaba un grupo numeroso de personas, casi todas mujeres, jóvenes. En cuanto vieron a Rick le saludaron con efusividad y sonrisas. No pude evitar fruncir el ceño, pero disimulé cuando él volvió a mirarme, sonriendo.

-¡Parece que mis libros han tenido éxito!

Si, seguro que son los libros lo que les interesa a todas esas, me dijo Fauna.

-¿Entramos? –Asentí en silencio, intentando fingir un gran entusiasmo. La librería sorprendentemente era bastante grande, incluso tenía una zona de café y lectura. Rick me señaló un elegante sillón. -¿Por qué no te sientas ahí? No creo que tarde mucho, un par de horas…
-De acuerdo. –No me hacía la menor gracia dejarlo solo con todas esas mujeres, pero era su trabajo y no podía montar una escenita de celos. Es escritor, es su trabajo, esa sonrisa de satisfacción es solo una fachada… ¿Segura de eso? Primavera se mostraba más cruel que nunca y lo peor es que sus hermanas le daban la razón.

Ignorando las tres voces que me decían que me pusiera en la cola para poder controlarlo me senté en el cómodo sillón con un café y una novela en las manos. Sin embargo, por mucho que intentara centrarme en la lectura, era imposible con todas esas risitas falsas y frases como "¿así que eres mi mayor admiradora?, soy un hombre con suerte" o "¿tu teléfono? ¡Claro, dámelo, te llamaré!"

-No, no lo harás. –Mascullé. Seguí tomándome el café, intentando pensar en algo más agradable. Esta noche podríamos terminar lo de antes, pensé, me siento mucho mejor. Me sentía mal por haberlo dejado a medias y más teniendo en cuenta como él se había preocupado por mí… una sonrisa de satisfacción se dibujó en mi rostro, al volver al recordar lo que…

-¿Me firmas en el pecho? –Escupí el café que tenía en la boca, atragantándome. Me levanté de golpe, acercándome al escritorio donde él firmaba los libros. Rick tenía delante a una chica que le sonreía exageradamente, inclinándose sobre el escritorio, plantando sus pechos muy cerca de su cara. Él me miró durante unos segundos, intentando calmarme con gestos. Negué con la cabeza, con los brazos cruzados, lanzándole una mirada de advertencia.
–Vamos, guapo, el resto espera…
-Mm… claro, am… acércate… más. –Conté mentalmente hasta diez, mientras que Flora, Fauna y Primavera insultaban a la chica que se bajaba un poco el escote, ya de por sí llamativo. Rick le firmó con una sonrisa y luego volvió a mirarme, suplicándome. Me di la vuelta, indignada. ¿Firmas en el pecho? ¡Eso sí que no!

-º-

Salí de la librería dándole la razón a mis tres voces, que dedicaban un amplio repertorio de insultos hacia la chica y también a Rick. Llegué al hotel en menos de cinco minutos y me dirigí a la habitación, tenía una idea y la iba a llevar a cabo. ¿Frases encantadoras? Eso podía comprenderlo. ¿Números de teléfono? Eso podía soportarlo. ¿Firmas en los pechos? ¡Ni hablar!

Cerré la puerta y me dirigí al armario. Sonreí, dándole las gracias mentalmente a Lanie por haberme ayudado a elegir la ropa. En realidad no era ese el uso que pensaba darle a ese vestido, pero tampoco había previsto que una pechugona le dijera a Rick que le firmase ahí. Me desnudé completamente y antes de ponerme el vestido me coloqué uno de los conjuntos de lencería que podrían haberlo dejado con la boca abierta. Él se lo pierde, comentó Flora y le di la razón.

Cuando terminé de vestirme me miré en el espejo, sonreí, me veía muy sexy. Cogí el abrigo y me abroché hasta el último botón, no quería estropear la "sorpresa".

Ya no quedaban muchas personas en la cola, unas veinte como mucho. Me acerqué a una de las estanterías más cercanas al escritorio dónde estaba él y fingí buscar algún libro. Como quien no quiere la cosa me fui desabrochando los botones del abrigo despacio, notando como su mirada se clavaba en lo que estaba haciendo. Cuando desabroché el último lo dejé caer con sensualidad, despacio. Me di la vuelta mordiendome el labio, y lo miré. Rick me contemplaba con la boca abierta, noté como sus ojos se oscurecían y dejaba de prestar atención en la chica que tenía delante, esperando a que le firmase el libro. Le sonreí y le hice un gesto con la mano, a modo de saludo y tras coger un libro sin mirar me dirigí a la zona de lectura, dejando una buena vista de mis largas piernas.

Me senté en sillón cruzándome de piernas, dejando el abrigo a un lado, para que no estorbara. Abrí el libro y empecé a ojearlo, pero sin atender. Me sentía poderosa. ¡Esa es nuestra chica, enséñale que aquí no se firman tetas! Flora, Fauna y Primavera me felicitaban y me lanzaban piropos, era agradable para variar.

Un hombre de unos veinticinco años se sentó junto a mí, sonriendo. -¿La casa de los espíritus? Vaya... buena elección. -Lo miré con el ceño fruncido durante unos segundos, extrañada. Él me señaló el libro que había cogido sin mirar. Observé la portada y asentí.
-Sí... me gusta Isabel Allende. -Mentí. Nunca me había leído un libro suyo, era una tarea que tenía pendiente, Isabel Allende era la autora favorita de mi madre. Al mirar al libro no pude evitar que se me empañaran los ojos, el joven me miró preocupado.

-¿Estás bien? ¿He dicho algo malo? -Me apresuré a sonreír, negando.
-No es solo que... no importa. Soy Kate. -Le tendí la mano. Deberías ver la cara de nuestro escritor, comentó Primavera. Miré durante unos segundos hacia el escritorio, Rick me miraba fijamente, evidentemente enfadado. Me di la vuelta.
-Colin Hunt, encantado Kate. No te había visto antes por aquí...
-He venido a pasar el fin de semana con mi... -Me callé, no quería hablar de Rick, aunque sabía que era absurdo, él estaba a pocos metros. Colin no comentó nada, se limitó a asentir.
-¿Sabes qué Richard Castle no deja de mirarte? Y parece enfadado.
-Ya bueno, ¡donde las dan, las toman! -Solté sin pensar. Me miró sorprendido, observando durante un momento a Rick.
-Ya veo... ¿es algo serio? -Me preguntó.
-¿Cómo dices?
-Bueno... no hace falta ser muy listo para saber que está celoso... y hasta hace unos minutos te miraba embobado... debes de estar muy enfadada para querer darle celos conmigo. -Sonrió. No parecía molesto en absoluto, lo miré avergonzada.
-No era mi intención... la verdad es que solo quería provocarlo un poco, desconcentrarlo, pero has aparecido tú...
-Y he mejorado el plan. -Terminó.
-Lo siento.
-No te preocupes, será un honor dejar que me uses... no creo que a mi novio le importe. -Lo miré realmente sorprendida, él se rió. -Me he acercado a ti porque me ha sorprendido que eligieras ese libro... entre tú y yo, los gustos literarios de las chicas de este pueblo dejan mucho que desear.

Me reí, divertida. Vaya ojo tienes, se burlaron las tres voces.

-Bueno, entonces, ¿cual es plan? ¿nos quedamos aquí sonriendo como tontos hasta que me de un puñetazo o hacemos algo más radical? -Parecía divertirse mucho con la idea, me encogí de hombros.
-Creo que ya está bastante cabreado.
-En ese caso es el momento del golpe final. -Se levantó y me tendió la mano. -En la cafetería de enfrente hay un café delicioso, mucho mejor que el de aquí. No puedes irte sin probarlo y en cuanto él te vea salir conmigo de la mano...
-Aprenderá la lección. -Terminé por él, aceptando su mano.

Pasamos junto a su escritorio, Rick se levantó de golpe y se acercó a nosotros, tenso. Lo miré con una sonrisa.

-Rick, ¿ya has terminado?
-Tengo un descanso de diez minutos... Kate, ¿podemos hablar un momento?
-Lo siento, pero me iba con Colin a la cafetería de enfrente, hablamos luego. -Salimos juntos de la librería dejándolo allí plantado.

-Creo que tu novio me odia. -Comentó. Me encogí de hombros.
-Esto es lo que pasa cuando firmas a una tía en las tetas. -Dije, con enfado.
-Vaya... ahora entiendo esas ganas de venganza, pero tranquila cariño, no creo que lo haga más.
-¿No me estaré pasando... -¡Tú eres tonta! Las tres voces gritaron a la vez. Niña cuando pienso que estás aprendiendo vuelves a defraudarnos, dijo Flora.
-No, bueno puede que un poco, pero estas cosas nunca hacen demasiado... daño. Yo hice algo parecido con el mío.
-¿Qué hiciste?
-Llamé a un primo mío para que se hiciera pasar por un "amigo". Me pasé toda la noche tonteando con él, mi chico estaba muerto de celos.
-¿Qué te había hecho?
-Vendió una camisa que le había regalado con toda mi ilusión. -Murmuró, luego sonrió. -Sé que aprendió la lección porque después me compró un jersey monisimo de 200 dolares. Es aquí.

Entramos en una acogedora cafetería. Enseguida noté un agradable olor a caramelo, era delicioso. Nos sentamos junto a la ventana y Colin pidió dos cafés para ambos. -Especiales.
-¿Especiales? -Lo miré con curiosidad.
-Sí, cafés perfectos para días en los que estás de mal humor... o en los que tu novio le firma en las tetas a otra. -Me reí. -Te encantará, confía en mí.

Cuando nos sirvieron los cafés entendí lo que quería decir. Un café especial era un capuchino con un toque de caramelo cubierto de nata montada espolvoreado con cacao y unos trocitos de toffee. Además sin pedirlo nos habían servido también unos vasitos de chupito de chocolate con crema irlandesa, también con olor de caramelo.

-Wow...
-Lo sé. La crema irlandesa es casera, la hacen aquí. Brindemos. ¡Por los novios insensibles!
-Chin chin. -Golpeé suavemente el vasito contra el suyo y me lo metí en la boca. El sabor de la crema con el chocolate invadió toda mi boca. Delicioso.
-Y tras brindar por los problemas, a disfrutar de nuestro café. -Saboreamos el café, o mejor dicho el postre en silencio, sin apenas hablar. Colin me caía bien, vale, acababa de conocerlo, pero parecía buena persona.
-Bueno... y cuéntame, ¿cuánto llevas con tu escritor? -Me encogí de hombros, mirando hacia la ventana.
-Un mes.
-Eso es poco tiempo... ¿y ya tienes problemas con los celos? -Preguntó, sorprendido.
-Bueno... soy insegura, muy insegura. A veces no sé que hace conmigo. -Murmuré. Si no fuera una voz te daba un guantazo, me gritó Fauna.
-¿Crees que no eres lo suficientemente buena para él?
-No es eso... yo... tengo muchos problemas, él... el podría estar con una chica que se centrara al cien por cien en la relación, pero tengo otras...
-¿Cosas en la cabeza?
-Sí. Pero... siento que cuando estoy con él... todo cambia. Los problemas desaparecen, aunque solo sea por unas horas. Me hace sentir viva. -Dije.
-Ha elegido bien, Kate. -Me sonrió. -Si está contigo, a pesar de todos esos problemas, es por algo. Él ha visto en ti algo que tú no ves. Solo déjale que te lo muestre. Pero ahora torturemosle un rato más. -Dijo, divertido.

-º-

Salí de la cafetería cogida del brazo de Colin, pensando en lo que habíamos hablado. Me sentía mejor, aunque un poco estúpida, quizás había sido demasiado cruel con Rick.

-Bueno, ha sido un placer Kate, pero tengo que irme, espero verte algún día.
-Lo mismo digo. –Contesté. –Me hospedo en el hotel, te dejaré mi dirección en recepción, por si algún día visitas Nueva York.
-Creo que ahora si que tengo un buen motivo para ir, entre tú y yo, la Estatua de la Libertad no me parecía suficiente. –Le sonreí y le di un beso en la mejilla.
-Gracias por todo Colin.
-De nada, querida, disfruta de tu hombre, estoy seguro de que sabrá hacerte feliz… y tú a él. –Se despidió de mí con un gesto y se marchó.

Me quedé quieta durante unos minutos, viendo cómo se alejaba; esperaba poder verlo de nuevo, apenas habíamos pasado juntos un par de horas, pero sentía que podía fiarme de él.

Me acerqué a la librería, ya apenas había gente dentro, un par de hombres en la zona de lectura y el dueño recogiendo el escritorio; le pregunté si ya había terminado la firma, no recordaba haber visto salir a Rick y había estado atenta a la ventana que daba a la plaza mientras estaba con Colin.

-Sí señorita, ha sido todo un éxito pero terminó hace un rato; mañana podrá ir a la de la librería del pueblo vecino, es por la mañana.
-¿Sabe si Richard Castle ha vuelto al hotel?
-Pues… sí, creo que sí.
-Gracias.

Salí de la librería y me dirigí al hotel con rapidez, notando un intenso frío en el cuerpo, el vestido que llevaba y el viento helado no era una buena combinación. Aligeré el paso, soltando una exclamación de alivio cuando entré en la recepción del hotel. Le pregunté a la dueña si lo había visto subir a la habitación, pero ella negó y señaló la pequeña salita con chimenea que había junto a la recepción. Rick estaba sentado junto al fuego, con una copa en la mano, tenía el entrecejo levemente fruncido, parecía preocupado o pensativo...

-Hola. –Lo saludé colocándome a su lado. Él me miró durante unos segundos y me sonrió con cierta tristeza, dejando la copa en una mesita auxiliar. –El librero me ha dicho que la firma ha sido todo un éxito.
-Eso parece. –Murmuró con poco entusiasmo.
-Rick…
-¿Qué tal con tu amigo? Parecías pasarlo muy bien en esa cafetería. –No noté en su voz celos, ni rabia, ni tampoco enfado, parecía… agotado.
-Tú estabas trabajando y yo… estaba aburrida, fuimos a tomar un café.
-Ya…
-Oye, Rick, Colin no…
-Estoy cansado Kate. –Me cortó. Se levantó del sillón y se dirigió a las escaleras; suspiré, sintiéndome culpable y sintiéndome tonta por sentirme culpable y fui tras él.

-Deja que te explique.
-No hace falta.
-Aun así, quiero explicártelo. No tienes motivos para estar enfadado, no ha pasado nada entre él y yo.
-Lo sé. –Contestó y siguió caminando. Se plantó delante de la puerta de la habitación e ignorándome sacó la llave y abrió, dejándola abierta. ¿Lo sé?, me sentí un poco confundida, rápidamente entré y cerré.
-¿Qué quieres decir con lo sé? –Pregunté, un poco enfadada. Él me miró extrañado, sorprendido. Se sentó en la cama y se quitó los zapatos, apartando la mirada.

-No me pondrías los cuernos Kate, tú no eres así.
-Ya…
-¿Estas enfadada porque creo que eres incapaz de engañarme? –Eres idiota, dijeron las tres brujas y les di la razón.
-No, pero… si sabes que nunca pasaría nada, ¿por qué estás… enfadado?
-¿Crees que estoy enfadado contigo? –Preguntó, mirándome fijamente. Asentí sin pensar. Al fin y al cabo… tampoco sería tan raro… he estado durante unas horas con otro hombre, podría estar un poco celoso, pensé. Quizás tenga cosas más importantes en las que pensar, comentó Primavera.
-No estoy enfadado, o puede que sí, no sé. –Suspiró, tumbándose en la cama. Aquello acabó con la última gota de paciencia que me quedaba.
-¿O puede que sí? ¡Joder! Debería ser yo la que estuviera cabreada contigo, debería estar furiosa y tú… tú deberías sentirte culpable, o al menos disimular y no tumbarte ahí como sí… como sí…
-¿Cómo si no me importases? –Terminó él, sentándose en la cama. Parpadeé un par de veces, sintiéndome de repente fuera de lugar. Aparté la mirada, fijé la vista en la chimenea, sin querer mirarlo.-Eso es lo que piensas, ¿verdad? Que no me importas. –Esta vez sí que noté en su voz enfado y también decepción.

-Rick yo no quería decir…
-Al fin y al cabo, ayer solo hicimos el amor, ¿no? Sólo decidiste compartir conmigo uno de los momentos más importantes de tu vida, pero como soy un cabrón eso para mí no significa nada… Lo de ayer tampoco fue nada del otro mundo, ¿no? –La amargura que notaba en su voz se me clavó en el pecho, como un puñal. Me dejé caer en la cama, avergonzada. -¿Por qué ibas a confiar tú en mí? No te he dado ningún motivo para hacerlo…
-Rick yo no…
-Da igual Kate, no importa. –Se levantó y se acercó a la chimenea; empezó a colocar algunos troncos y pequeñas ramas para encender un fuego.

Me levanté con decisión, aunque notaba como me temblaban las piernas, no era para menos, teniendo en cuenta que le había hecho daño. Me senté en el suelo, junto a él, rodeé su cuello con ambos brazos, apoyé mi cabeza en su hombro.

-Confío en ti. –Le dije con sinceridad. –Nunca un hombre me ha tratado como tú, eres increíble Rick, confío ciegamente en ti, es sólo que… no sé qué haces conmigo. Por eso cuando vi como sonreías a esas mujeres y cuando le firmast…
-Olvídate de la maldita firma, si en vez de los pechos me hubiera dicho que le firmase en la mejilla también lo habría hecho, forma parte de mi trabajo. –Gruñó. Deshizo mi abrazo para poder sentarse frente a mí. –Vuelve a eso que has dicho, ¿no sabes qué hago contigo?, ¿hablas en serio?

Miré al suelo, incapaz de sostenerle la mirada.

-¿Por qué dices eso?
-Yo no puedo darte lo mismo que tú me das… mi principal preocupación es…
-La academia, ser poli, hacer justicia. –Terminó él con impaciencia. –Lo sé, sé que tu vida profesional es importante para ti, casi sagrada, necesitas darle paz a tu madre para ser feliz. Pero sigo sin entenderlo, ¿por qué crees que no eres suficiente?
-Ya te lo he…
-Kate, por favor… -Resopló, levantándose. –Yo también tengo mis planes, quiero ser escritor, ser un gran escritor y para mí eso ahora es tan importante como para ti lo es ser policía, pero eso no quiere decir que no… Kate somos adultos, los adultos pueden compaginar su vida profesional con la personal y ser felices. Tú me haces feliz y creo que te equivocas, soy yo el que no te da ni la mitad de lo que tú entregas… aunque espero poder hacerlo.
-Rick tengo miedo de que esto acabe y no podamos… conservar nada.
-Ese es un miedo que todas las parejas asumen, pero quien no arriesga no gana, ¿no?

Se agachó de nuevo junto a mí, me cogió las manos, besándolas.

-No vuelvas a decir que no eres suficiente para mí, eres lo mejor que me ha pasado en la vida Kate, gracias a ti he vuelto a ser yo mismo. –Me ayudó a levantarme y me abrazó. Apoyé mi cabeza en su pecho, enterrando mi rostro, sintiéndome segura.

-Es gay. –Murmuré, rompiendo el momento. Él me separó con suavidad, extrañado. Me encogí de hombros, sonriendo con inocencia. –Colin… es gay.
-Lo sé. –Ahora fui yo quien lo miró realmente sorprendida. Él se rio. –El librero me dijo que no tenía de que preocuparme. La próxima vez que quieras darme celos elige bien.
-Créeme, la próxima vez que le firmes en las tetas a alguien no será celos lo que te daré...
-Es una lástima... -Comentó, lo miré frunciendo el ceño. -Pensaba hacerte una dedicatoria especial...

Le di un manotazo cariñosamente, haciéndolo reír. Tiré suavemente de su corbata, haciéndolo caminar hasta la cama, hasta que sus piernas chocaron con el mueble.

-Bueno señor Castle… ahora que todo está… solucionado… ¿podríamos terminar lo de esta tarde? Me siento culpable de haberlo dejado así… -Ronroneé en su oreja, oyendo como se le aceleraba la respiración. Ya no sentía el menor dolor y deseaba volver a hacer el amor con él y por lo que podía notar, él también.
-¿Cómo me… has llamado? –Preguntó entre jadeos mientras que yo me dedicaba a darle besos húmedos en el cuello.
-Castle… he pensado que después de todas esas mujeres… yo también quiero disfrutar de mi escritor. –Susurré seductoramente.
-Tranquila señorita Beckett… -Me hizo girar y me tumbó sobre la cama, colocándose sobre mí. –Este escritor es sólo para usted.