Capítulo 20: Chicas y objetivos

¿Qué era? Buena pregunta. Llevaba años haciéndosela, pero como tenía el poder tampoco le era una prioridad responderla. Pero viendo que había gente más fuerte que él necesitaba saber, necesitaba ser más fuerte. Esa mujer sabía algo, sabía que tenía que ver con que era Sangre de Dragón. Necesitaba sacarle información, daba igual el metodo.

─ Dímelo, Ellah. ─ Se acercó a ella. ─ ¿Qué soy? ─ La miraba fijamente.

─ No sé qué eres concretamente, pero tienes un poder muy parecido al de un dragón. Pero es…─ Se detuvo un momento, necesitaba pensar lo que iba a decir. ─ es más malévolo. Digamos que está podrido.

─ ¿A qué te refieres? ─ Pregunté, sus palabras, para alguien que desconocía el tema, eran muy confusas y sin sentido.

─ Es el poder de un dragón, y eso tiene sentido pues es Sangre de Dragón, pero a la vez es diferente. Es malvado, oscuro, tenebroso. Está, literalmente, podrido. ─ Se cruzó de brazos un poco pensativa.

─ Soy como un dragón pero sin llegar a serlo. ¿Es eso lo que me estás tratando de decir?

─ No lo sé muy bien. Es difícil. ─ Seguía pensando

─ ¡¿No sabes que soy y aún así consigues detenerme?!─ Había enfurecido, necesitaba respuestas y lo comprendía en ese sentido, pero su rabia era anormal. Cada vez era más violento con sus acciones. Cada vez dependía más de su poder que de su intelecto. Lo que me preguntaba era que si tenía algo que ver con su situación.

─¿Y si vamos al Arcaneum?─ Propuso la pelirroja.

─ No nos dejarán pasar. El Colegio es muy cerrado a quienes no sean de los suyos y menos si estamos relacionados con Ulfric. Son neutrales. ─ Intenté recordar.

─ Tranquila, soy un miembro del Colegio además de ser buen amigo de un profesor importante. ─ Mencionó el rubio, ya más calmado ante la idea.

─ ¿En serio? ─ Asintió con la cabeza. ─ Eso no me lo esperaba, pero si hay algún sitio en el mundo que tenga datos sobre lo que eres, ese es el Arcaneum o la gran biblioteca del palacio imperial ya que los archivos thalmor no poseen cosas de ambito tan antiguo. Sería mejor bajar para partir mañana temprano, Scott. Además, seguro que Lokir está tratando de volver a ligar borracho.

─ Necesito una máscara, no puedo dejar que me vean. ─ Esto nos extrañó. ¿Por qué? Solo tenía la cicatriz de un ojo que podía cubrir con un parche.

─ ¿Por qué insistes en llevar máscara, pequeño demonio? ─ Preguntó de forma cuca. ─ Eres bastante guapo a pesar de tener esa herida tan fea. ─ Pareció afectarlo de alguna forma.─ No, mejor dicho, esa cicatriz te hace ver más duro, más viril, más atractivo.

─ Tengo mis motivos y no te hace falta saberlos. ─ La apartó sin delicadeza, se dio la vuelta y comenzó a andar hacia el interior de la montaña. ─ Volved solas, os veré mañana por la mañana en las afueras de Lucero del Alba.

Ambas comenzamos a ir montaña abajo en silencio. Ellah iba sonriente, siempre tenía una sonrisa entre dientes. Debía admitir que era muy mona, y tenía un cuerpo bastante voluptuoso y con curvas. "¿Scott se habría fijado en ella?" Estába claro que sí, definitivamente era una belleza. Pero yo también lo era, ¿no? Siempre se ha dicho que los elfos somos la representación de la hermosura y a mí siempre se me habían reconocido como la más guapa, aunque suena mal que lo diga yo misma. No tenía unos senos tan grandes ni bien formados como la pelirroja, pero en belleza no tenía nada que envidiar. Antes de darme cuenta oí como me llamaba.

─ ¡Alenadii! ─ Gritó, a lo que respondí sobresaltándome.

─ ¡¿Qué quieres?!

─ ¿Esto te suele pasar? En Roca Alta, concretamente en la zona donde nací, lo llamamos "pescar fulas". ─ Rio mientras daba un par de giros y continuaba andando alegremente.

─ ¿Eres bretona?

─ No es su totalidad, aunque conservo las orejas puntiagudas que demuestran mi linaje élfico. ─ Contestó mientras apartaba su hermsos y brillante cabello rojo para mostrar sus orejas y demostrar la veracidad de sus palabras. ─ Mi padre era un nórdico y mi madre bretona. Se conocieron de jóvenes en la Gran Guerra.

─ Vaya, que historia tan bonita. Debieron de cuidarte muy bien.

─ ¡Oh! No me criaron. ─ Me sorprendió, pero no el hecho de no haber sido criada por sus padres, cosa que en este mundo es algo más habitual de lo que parece, sino la naturalidad con la que lo dijo. ─ Ni siquiera los conocí hasta hace 11 años cuando cumplí 19. Crecí en una capilla de la capital siendo entrenada como cazabrujas.

─ ¿Fuiste entrenada desde pequeña? ─ Asintió. ─ Comiendo gemas de alma desde tan joven. Debes estar destrozada por dentro.

─ Supongo que no me quedan muchos años de vida. ─ Dijo alegremente.

─ ¿Cómo estás tan tranquila y contenta? ─ La miré verdaderamente aludida. ─ A este paso no sobrevivirás ni hasta los treinta y cinco.

─ Los elfos vivís tanto que no apreciáis lo corta que es la vida para nosotros. A mi corta edad, desde tu punto de vista, he vivido como he querido dentro de mis posibilidades. Solo me arrepiento de una cosa. Y no, no te la voy a contar. ─ Me agarró de los mofletes con tanta velocidad que no me dio tiempo a reaccionar. ─ Todavía no somos súper amigas. ─ Rio con dulzura.

─ Eres en verdad extraña.

─ Ser rara me hace ser única, ¿verdad? ─ Cambió su rostro a uno más dubitativo pero sin dejar de ser adorable. ─ ¿Cuántos años tienes, Lena?

─ Más de los que te piensas, pero no tantos como te crees.

─ Yo digo que tienes unos…─ Pensó unos segundos mientras miraba. ─ sesenta y seis.

─ ¿Cómo lo has sabido?─ Era realmente increíble la precisión de sus cálculos.

─ Se me dan bien estas cosas. ─ Volvió a sonreír. ─ Entonces viviste la Gran Guerra en persona, ¿verdad? ¿Luchaste en ella?

─ No, era demasiado joven. Solo tenía dieciocho años.

─ ¿Solo? Para mí eso es mucho.

─ En el Dominio y en los elfos en general, la mayoría de edad es a los cuarenta y ocho. ─ Respondí de forma un tanto educativa. ─ Es cuando alcanzamos la totalidad de nuestro desarrollo corporal.

─ Entiendo, en un humano eso sería ya ser adulto, no, anciano tal vez.

─ Correcto. Tardamos más en desarrollarnos, pero si nos cuidamos podemos llegar a vivir alrededor de cinco mil años. ─ Sonreí también. ─ Somos bastante longevos.

─ A veces me dais envidia. ─ Puso un puchero. Era, sin duda alguna, una chica bastante extraña, pero no menos especial por ello.

─ ¿Sigues consumiendo gemas? ─ Afirmó. ─ ¿Hasta cuándo pretendes vivir?

─ Las necesito, no puedo hacer otra cosa. Mi adicción es demasiado grande. ─ No lo decía ni con preocupación ni molestia.

─ A pesar de saber que morirás en no mucho tiempo sigues sin preocuparte, eres increíble. ─ Reía, más para mi misma que para ella.

─ Si me preocupase por esas cosas no estaría aquí. Vivo lo que me queda y ya está. ─ Ahora se puso delante con las manos detrás de la espalda e inclinándose un poco. ─ Por cierto, ¿estás enamorada de Scott? ─ Desconcertada. Eso fue lo que sintí al recibir tal pregunta. "¿A qué viene eso?"

─ No, es nuestro líder. No puedo enamorarme de mi jefe. ─ Rotunda.

─ Que mal mientes. ─ Se dio la vuelta y continuó andando tranquilamente. ─ Pero bueno, si no estás colada por él pues mejor, así no tendré competencia.

─ ¿Cómo? ─ Abrí los ojos a pares.

─ Ya lo has oído. ─ Volvió a mirarme con un dedo en la boca y la otra mano tras la espalda. ─ Scott será mío y solo mío. Ese es mi verdadero objetivo.


Antes de que os lo cuestionéis: no, no pretendo hacer un harem. Esto está todo dentro de mis planes, todo tiene un motivo. La historia ya está completamente desarrollada e incluso finalizada en mi cabeza y os aseguro que dentro de algunos capítulos esto tendrá sentido, aunque desarrollará más preguntas xD.


Editado: 26/08/2017