El infierno personal de Selina.
Había sido un momento sumamente placentero, aquél cuando tocó a Logan y pudo sentir su limpia energía recorriéndola por completo, tal como aquella tarde en el mirador; se había sumido en un grato sueño sin medirse, tan solo dejándose llevar, siendo capaz de ignorar incluso las voces de los espíritus que usualmente llenaban su cabeza con consejos, aunque ahora gritaban de manera difusa hasta que, de pronto, se volvieron completamente mudas.
Hubo un silencio aterrador entonces.
Despertó, encontrándose con la iluminada habitación del hotel donde ella y Logan se estaban hospedando en Ciudad Central; le dolía un poco la cabeza, por lo que se levantó de la cama con suma lentitud y cuidado para evitar marearse. El cuerpo le dolía bastante, como si hubiese hecho un ejercicio extenuante el día anterior.
-Despertaste, eso me alivia.
Logan estaba sentado en la cornisa de la ventana abierta, llevando la camisa blanca abierta dejando ver la interior del mismo color, el pantalón negro de vestir y un cigarrillo encendido entre los dedos de la mano derecha, sin los guantes usuales; le pareció extraño mirarlo, se veía mucho más joven que antes e incluso parecía destellar con la luz del sol pegándole en la espalda. Además, esa sonrisa…
-Logan. -Pronunció. La habitación estaba demasiado silenciosa para su gusto. -¿Qué fue lo que sucedió anoche?
-Tu trabajo, a la perfección. -Apagó el cigarrillo en la cornisa de la misma ventana, levantándose para comenzar a acercarse a ella. -¿Cómo te sientes?
-Muy extraña, de hecho. Todo está demasiado silencioso, y el cuerpo me duele horriblemente.
"No suena bien".
-¿El qué? -Cuestionó ella.
-¿De qué cosa? -Tomó asiento en la cama, quedando sentado a su lado muy cerca de ella.
-Dijiste, "no suena bien".
-Yo no lo dije. -La miró con un tanto de preocupación. -No lo dije, Lina. Lo pensé.
-¿Lo pensaste? Pero si…
Hubo un denso silencio en ese momento, en el cual ella había comenzado a asustarse y él acabado de comprender lo que le estaba pasando.
-¿L-Logan? -Su voz tembló un poco, mirando los azulados ojos del fotógrafo.
-Anoche, cuando liberaste aquella energía, hubo efectos colaterales en casi todos los presentes. Los seres oscuros alrededor volvieron a ser humanos al verse rotas sus maldiciones de sangre, pero solamente durante veinticuatro horas.
La respiración de la chica había comenzado a acelerarse, sin querer procesar lo que eso significaba para ella; el fotógrafo y cazador la rodeó en un medio abrazo, apegándola a él, queriendo calmar un poco su nerviosismo.
-No puedo percibirte. -Pronunció Lina, siendo de pronto incapaz de mirarlo. -¿Por qué? ¿Qué fue lo que perdí?
-No lo sé, no puedo decir con exactitud si es que has perdido algo ya que has podido leer mi mente, algo que no hacías y, además, es prácticamente imposible por mis habilidades de rezago.
-Esa chica, Sharon. Es lo que ella hacía, ¿recuerdas?
-Sí, así es.
-Quizá… quizá intercambié mis habilidades con las de ella. -Trató de no perder el control, pero sus palabras escapaban de ella con demasiada prisa. -Quizá también solo es durante veinticuatro horas tal como dices…
Recibió entonces un beso algo impulsivo que calló sus palabras y calmó su paranoia de una manera rápida, más de lo que era usual. Sus labios sabían igualmente dulces a pesar del amargor del tabaco, pero no era tan intenso a como estaba acostumbrada, quizá porque ya no podía percibirlo. En sí, era distinto.
-No es que desee tu tristeza, Selina. -Dijo contra sus labios en un tono suave. -Pero me permitiré ser un poco egoísta con la situación que se me presenta. Anhelaba poder tocarte sin hacerte daño desde el momento que te conocí, sentía tantos celos de Logan…
-¿Qué cosa? -Se extrañó un poco, sintiendo su corazón acelerarse en el pecho.
Volvió a besarla, pero fue completamente distinto el beso al que le había obsequiado antes; normalmente sus besos eran impulsivos, completamente invasivos, toscos quizá, que la llenaban de su dulce sabor distintivo. En esta ocasión fue sumamente suave, gentil y dulce, como si la besara una persona distinta. Tardó poco en comprender lo que había sucedido, recordándole su habilidad totalmente diezmada.
-Rafael. -Pronunció después de aquél beso.
-Como ser oscuro me era imposible siquiera el tocarte, nos dañaríamos mutuamente.
Observó su rostro unos momentos, sintiendo una curiosa calma. Parecía Logan tal cual, pero sus facciones estaban atenuadas, como si estuviese invadido con una paz interna que él normalmente no tenía al estar tan atado a esa habilidad que poseía.
-Si, así fue. -Fue lo único que pudo decirle, de pronto impresionada por él.
Obtuvo una risa suave por parte de él, pero ni siquiera eso pudo evitar que ella dejara de mirarlo. Había algo en su rostro que hacía desear contemplarlo en silencio con una especie de devoción (¿devoción? No, era algo más como embeleso).
-No te pierdas, Selina.
-Lo siento. -Se ruborizó entonces, entendiendo a mucha gente. -Es la primera vez que me pasa, nunca me había apantallado así un… bueno, tú.
-Supongo que ahora te afecta bastante. -Resopló, pero estaba muy lejos de ser un gesto de molestia. -Pero creo que tienes la fuerza de voluntad bastante desarrollada.
-Me mofo de ello… entonces, solo estás "expuesto" porque ahora soy insensible a tu luz… o más bien demasiado sensible.
-En realidad estoy más latente desde anoche, Logan se siente demasiado abrumado por lo sucedido.
-¿Por qué? -Se estremeció.
-cuando nos liberaron y fuimos contenidos nuevamente, tuvo una sensación claustrofóbica de la que no podía deshacerse, muy similar cuando Nataniel lo descubrió y liberó. Tardó demasiado para acostumbrarse a ello, y ahora mismo está pasando por la misma situación. -Pasó los dedos por la mejilla de ella, dejándole una suave caricia lentamente. -Si fueses sensitiva en este momento, probablemente te abrumaríamos al grado de hacerte huir, o peor aún, tal cual lo que sucedió en la boda de Los Ángeles.
-Yo no…
-Lo sé, pero hay ocasiones en las que es prácticamente imposible, y será duro cuando recobres tu oscuridad.
Sintió una opresión en el pecho cuando escuchó aquello; cerró los ojos y se permitió recargarse en él, recordando el sueño que había tenido con él, las emociones tan difusas que tuvo… ¿iba a dejarlo a causa de su oscuridad? O porque él como Militante…
-No soy yo, ¿cierto?
-¿Hm? -Alzó ambas cejas.
-Cuando estuviste liberado.
-¿Te preocupa tanto, Selina?
"Te amo."
-Sí. Me aterra un poco.
-¿Sabes algo? -La rodeó en un fuerte abrazo con propiedad, dejándola pegada a su pecho. -Cuando decidí ser humano, probé todo aquello que lo involucraba. Soy el primer Arc que acabó enamorado por decisión más que por designio, por eso me siento entusiasmado por finalmente poder tocarte.
Iba a preguntar de nueva cuenta, pero pronto se vio recostada sobre la cama, siendo sostenida por las muñecas por él aunque sin demasiada fuerza; tardó poco en percatarse de que era Logan nuevamente, era muy notorio poder distinguirlo de Rafael, sus ademanes… pronto sus labios rozaron los de ella, dibujando poco después una tenue sonrisa con cierta malicia.
-Estás jugando conmigo. -Dijo Lina, intensamente intimidada.
-No haría algo como eso, es solo que Rafael no tiene el valor aun para acerarse a ti de esta manera, aunque, por dentro, lo desee.
-Noté lo diferentes que son, pero, al mismo tiempo…
Hubo silencio entonces. Sus labios la invadían con su dulzor, la ansiedad era casi incontrolable para ella y estaba segura de que él podía percibirlo con claridad; estuvo a punto de deprimirse a causa de su recuerdo, pero pronto aquellos labios borraron aquella sensación al recorrer su cuello, el escote de su vestido. Sus manos bajaron entonces por sus muslos, comenzando a recorrerlos de forma ascendente, alzándole la falda hasta dejarla algo fruncida sobre su cadera. No era Logan, era mucho más sutil.
Tuvo un deja vu.
-Espera. -Jadeó ella, notando como se acomodaba entre sus piernas. -Sonará el teléfono. -Dijo, sin venir al caso.
Logan había alzado el rostro para mirarla, y en ese momento el teléfono celular de él sonó varias veces, dejándolos envueltos en un silencio extraño.
-.-.-.-.-.-
-Llegan tarde.
Logan pudo haberse intimidad por el regaño, pero era Jaziel el que estaba delante de ellos, no Raziel, por lo que le costaba mucho tomárselo en serio; el incidente del teléfono había pasado a un segundo plano para Lina, pues había quedado impresionada con el hermoso jardín donde ahora se encontraban, frente a una gran casa colonial con tejas de rojo barro y paredes color beige, la cual tenía un enorme edificio moderno por detrás que parecía ser la sede de un banco, un panorama bastante contrastante. Estaba allí el Militante vestido como un civil de playera manga larga verde, pantalón de mezclilla y el platinado cabello atado e una coleta baja, así como aquellas dos pelirrojas que habían conocido el día anterior; para ambos ahora eran prácticamente idénticas, solo que Sharon, en un liviano vestido largo de flores blancas, se notaba sonriente, casi deslumbrante, y Karla se notaba, entre sus vestimentas oscuras, sumamente apagada, deprimida, como si no tuviese ya la energía cautivadora de la noche anterior.
-Selina se restableció hasta hace poco. -Se justificó el fotógrafo, con una sonrisa tenue. -¿Y Raziel? ¿Cómo se encuentra Teresa la Lican?
-Raziel está con ella, de hecho. Algo paranoico.
-Lo normal para él, eso me alivia.
-Te ves diferente, supongo que también ha sido secuela de ayer tal y como ellas. -Miró a las chicas tras él. -Karla perdió su magia de Wicca oscura, es una humana normal, Sharon sin embargo…
-Es capaz de absorber energía y de escuchar entidades, ¿cierto?
-Sí. -Se notó algo sorprendido.
-Selina es capaz de leer la mente, tal como Sharon lo hacía antes.
-¿Cómo puedes estar en este lugar sin que te cause un daño? -Se atrevió a cuestionar la enfermera, pero su voz se escuchó bastante débil, algo quebrada. -Este lugar está tan lleno de luz y de Militantes.
Jaziel se notó incómodo con la pregunta, y miró a Sharon como si le diera algo de vergüenza contestarle, quizá más bien tenía un temor que desconocía; Lina, al notar la incomodidad del Militante, comenzó a ser invadida por el nerviosismo, como si algo dentro de ella pudiera prever que había algo malo.
-Los espíritus me han dicho que tú, Selina, has sido el camino para que yo pudiera alcanzar mi finalidad en este mundo. -Habló Sharon con una sonrisa amplia, una paz interior que era visible para todos alrededor. -Te lo agradezco de antemano. Todo este tiempo yo vivía en medio de una tristeza muy profunda, no podía saber mi camino en este mundo, pensaba que estaba destinada a ser solamente un objeto de posesión… hasta que llegaste tú, y con tu intención me abriste la puerta para encontrar mi camino.
Sharon se notaba sumamente energética, tal como cuando se encontraba ante la presencia de una Wicca de Luz… y Selina comenzaba a palidecer notoriamente, tanto que Logan tuvo que tomarla de los brazos con el temor de que fuera a desmayarse, terminando por sumirlo también en ese enorme vacío en el que ella se encontraba en ese momento. Jaziel, al notar el contraste (y la poca delicadeza de Sharon para hablar), se vio obligado a explicar lo que estaba sucediendo realmente, sintiendo quizá un poco de culpa.
-Selina. -Habló el platinado de forma cuidadosa. -Fuiste criada por Wiccas lunares, por eso desconocías las consecuencias reales de obrar en contra de tu naturaleza. -Dio un pequeño suspiro. -Cuando decidiste sacrificar tu bienestar por todos nosotros, atentaste contra tu naturaleza oscura y ella te abandonó… esa energía liberada, limpia, pasó a ser parte de Sharon ahora, y tu tomaste su habilidad de leer la mente al ser tu catalizador.
Miraba a aquella chica, al Militante, a Logan sumamente joven, así como la sonrisa sarcástica de la otra pelirroja en negro, mientras era invadida por un negro dolor que había comenzado a nacer en ella, ahogándola en su garganta al grado de no poder siquiera tragar, tan grande que, al parecer, el mismo cazador era incapaz de borrarlo por completo como era usual; a su mente llegó un recuerdo de cuando era una niña, el increíble momento cuando su gato Odín había llegado con ella, presentándose como su animal protector, Bastet, el espíritu heredado de la abuela de Val, Agatha, causando un gran impacto a su alrededor puesto que nadie creyó que la nieta de Marina sería una Wicca oscura. Todo tuvo sentido en ese momento, las palabras del Militante Jaziel, el hecho de que ella misma había provocado su propia extinción. Cayó arrodillada sobre el verde césped donde se encontraba parada, dejando congelado a Logan con la carga de dolor que le era imposible de asimilar, con la mirada oscura perdida en la nada y sintiendo que había perdido una parte muy importante de ella, de su personalidad misma. De la autoestima ganada a base de su control en la oscuridad.
-¡Selina! -Logan susurró casi sin voz, arrodillándose con ella, sacudido por las emociones ajenas.
-La mataron. -Soltó Karla con cargada amargura.
-Estará bien, demorará un poco en comprenderlo. -Dijo Jaziel, incómodo.
-¿Puedo hacer algo por ella? -Cuestionó Sharon, preocupada de forma genuina por ella.
-No creo que sea adecuado.
-¿Y por él?
Logan se notaba igual de inquieto que ella, aparentemente con parte de aquellas emociones que ella sufría por la noticia, mirándose algo desprolijo por la camisa blanca desfajada y el cabello crespo alborotado; notó que la había mirado cuando ella se acercaba, y optó por tocar su mejilla antes de que él pudiese hablar o moverse para evitarlo. Recordó entonces su propio sueño, aquél que había tenido cuando llegó a la mansión Mainframe junto a su hermana gemela; había visto a Rafael Arc destellando entre la oscuridad de la noche, los ojos dorados, el rubio cabello oscuro, las blancas alas extendidas sobre su espalda de forma maravillosa… y había percibido su toque adictivo, tal cual ahora, su nostalgia y, sobre todo, su dulce divinidad, aquella de la que se había enamorado en sus sueños.
Hubo entonces una calma mutua, y una naciente sensación de dependencia… la cual fue muy nítida en la mente de Selina, quien había podido ver a través de Sharon. Demasiado nítida.
La enfermera se levantó entonces entre su nostalgia, demasiado turbada con lo que sucedía alrededor de ella, para comenzar a caminar por ese jardín regresando por donde habían llegado momentos antes; de pronto se figuró en medio de una especie de pesadilla, donde había perdido todo aquello que había aprendido a amar después del enorme suplicio. Se sentía irreal, como si flotara en el agua. Al notar la mano blanca sombre su hombro, la realidad cayó sobre ella como un baldazo de agua fría, dejándola demasiado sobria y sombría.
-Lo entiendo. -Habló con voz quebrada.
-No actúes envuelta en la tristeza, Selina. -Habló Jaziel, el dueño de aquella mano. -Toma tu tiempo para comprenderlo realmente, asimilarlo. Recuerda, aunque en este momento suenen como palabras huecas, que todo ocurre con un propósito.
-Eso es lo que entiendo. -Tomó aire, entrecerrando la mirada. -He decidido alejarme un tiempo de todo mientras me recupero, mientras veo cuál es mi verdadero camino. ¿Podrías decirle algo a Logan por mí?
-¿Qué cosa?
-Que no quiero verlo durante este proceso.
-¿Estás totalmente segura?
Aquella sensación que pudo leer en ellos a través de Sharon fue idéntica a la que existía cuando aun tenía su habilidad con ella, la de dependencia el uno del otro, fijación, el enamoramiento de Karla era idéntico al que ella sentía por Logan, por Rafael. Dejó que Jaziel se percatara de todo ese hilo de pensamientos.
-Estoy segura, sí.
-Te acompañaré a tu destino, ¿está bien? No creo prudente que partas sola en la condición que te encuentras ahora.
-Lo haré yo.
Fue muy extraño para ella el ver a aquel hombre a plena luz del día, la idea de que era un Sabio lo relacionaba a solamente verlo durante la penumbra de la noche; llevaba el cabello rubio oscuro ondulado, y sus ojos eran en realidad muy verdes; llevaba camisa guinda holgada de manga larga, pantalón de vestir café oscuro, y un abrigo gris colgado de su brazo izquierdo. Jaziel hizo una pequeña mueca al verlo, sabía que estaba contenido pero que en realidad no era una amenaza tan latente como el Príncipe, pero optó por acceder y volver donde se encontraba Logan, quién ya había comenzado a espabilarse y notarse junto a Sharon y no con Selina.
-Armand. -Susurró la enfermera. -Perdona, Maestro. ¿Qué haces aquí?
-No te preocupes, puedes llamarme como desees. Me encontraba buscando información con ellos, nada nocivo, si no ellos no me hubiesen liberado con tanta prontitud. -Le ofreció el brazo derecho tras colocarse junto a ella. -¿Nos vamos?
Lo tomó del brazo, dudosa, tratando de ocultar su temblor a causa de su impresión; éste la guio fuera de aquel bello jardín hacia la estrecha calle que servía de entrada, donde se encontraba estacionado un vehículo bastante elegante, de dos plazas solamente, en un lustroso color azul oscuro. Pronto el Sabio abrió la puerta del pasajero con bastante celeridad, sabiendo quizá que era poco el tiempo que tenía antes de que el cazador se percatara completamente de lo que estaba sucediendo, dejando que ella tomara asiento y se envolviera en el distintivo olor a nuevo de la piel negra. Lina despertó de todos aquellos detalles cuando el vehículo había encendido y comenzado su camino por la escasamente concurrida calle empedrada.
-Mi maleta está en el automóvil de Logan. -Pronunció, inquieta.
-Si quieres ropa podemos comprarte lo que desees en alguna tienda de paso.
-Bueno… -Se miró entonces, llevaba encima el vestido de la noche anterior tras haber salido de forma precipitada.
-No puedo leer tu mente.
-¿Por qué estabas allí anoche, Armand?
-Hacía lo que Antiguo no quería. -Detuvo el vehículo en un semáforo rojo. -Tratar de salvar a los Sabios originales que quedan.
-¿De… Dae?
-No estoy seguro de qué vaya su asunto con el resto, pero sí sabía lo que quería, ya fuese el Príncipe o el mismo Daniel, si los entregaba condenaríamos a nuestra especie ya que ellos tienen Sangre Real. Preferí tratar de entregar a la Militante que mi Amante tenía escondida antes de que nos destruyeran.
-¿Qué? -Se alarmó.
-Los Militantes tienen un número exacto, constante. Si uno muere, nace otro en ese mismo instante, asunto del Arquitecto Perfecto.
-No quita que sea un homicidio.
-Me temo que así funciona este mundo, Selina. Unos mueren para que otros puedan vivir, pero todo es reciclable afortunadamente.
No supo qué contestarle, pues era parte de las creencias de las Wiccas lunares que la criaron, dicho a grandes rasgos.
-¿Por qué te ofreciste a llevarme?
-Porque necesito un favor tuyo.
-Yo ya no soy una Wicca, por si no quedó claro.
-Lo sé, pero no es contigo directamente, sino con las mujeres de tu pueblo. Encontré la manera de vivir como un semi humano en mi travesía con los Militantes. ¿Sabes que hay una Wicca de luz con ellos?
-.-.-.-.-.-
Contó catorce llamadas perdidas cuando decidió apagar su celular para que Logan dejara de marcarle y enviarle mensajes de texto; junto con Maestro se permitió dar vueltas por una enorme plaza que existía en Ciudad Central, la más grande de ellas, dejando que él le comprara ropa bonita, aquella que jamás podría permitirse por los enormes precios que alcanzaban.
-Carol va a molestarse mucho. -Dijo, mientras probaba un poco de café en una taza nacarada.
-Si se entera, sí.
El restaurante no era tan elegante, pero si tenía cierto aire que, en condiciones normales, le repelería entrar aunque tuviese el modo de pagarle; estaba interesada en ver a su acompañante comer con una sutileza y calma de quien no conoce lo que se lleva a los labios; ahora llevaba puesto una blusa delicada color perla de tirantes con volantes sutiles en el escote, pantalón negro muy ajustado, así como botines de fino tacón (Teresa había inspirado ese inusual atuendo). Si un conocido la mirara en ese momento, no iría a reconocerla fácilmente.
-Después de aquí, ¿me llevarás a un hotel cinco estrellas, me atarás a la cama y me azotarás con una fusta? -Intentó bromear ella, aunque sonó algo áspera.
-No me va por esos fetiches, eran más cosa de Daniel. La verdad es que soy un romántico, no me soportarías. -Contempló un trozo pequeño del pastel que había tomado con el tenedor, fascinado.
-Jamás me ha tocado alguien así, no lo sé.
-Rafael siempre se caracterizó por serlo…
-No me tocó. -Interrumpió con aspereza. -Solo el libidinoso de Logan. -Se aclaró la garganta. -¿Qué te hace pensar que las Wiccas lunares van a querer ayudarte?
-Ellas abogan a la vida, Selina. Ser humano es ser vida de forma directa… ¿quieres cargar tu frustración en mí? Adelante, no me molesta.
-Haces esto solamente por ir a Los Ángeles, no me agrada.
-No, lo hago porque lo deseo. -Dejó la mano sobre la de ella, pálida, fina. Cálida. -Ya te lo dije, soy un romántico.
Hubo una punzada en el pecho muy humana, comprendiendo muy bruscamente lo que él deseaba en ese momento; su mente era un libro abierto para ella, y pudo ver que ella le gustaba, no como Wicca sino como persona. Hubo tristeza al remembrar lo que había con Logan, atada a él por sensaciones irreales, y cómo había cedido a él gracias a ella. Estaba Maestro allí, mostrándole abiertamente que era posible…
-Te llevaré con Rania y… me iré a la ciudad. -Apartó la mano suavemente, avergonzada y triste con todo lo que acababa de percibir. -Tengo trabajo en el hospital, recuerda.
-Claro, deberes humanos. Terminemos con este postre y partamos cuanto antes, ¿te parece?
Asintió suavemente con la cabeza, sin querer que él mirase su rostro.
-.-.-.-.-.-
Habían pasado veinte días.
Carol estaba prácticamente corriendo por el vigésimo segundo piso, pasando de largo a la amargada recepcionista y a todo el que se le atravesara o intentara llamarle la atención en su camino hacia el cubículo donde el fotógrafo estaba trabajando; entró por la puerta abierta, observándolo centrado en una laptop y una tableta de dibujo, optando por cerrarle la primera de un manotazo, atrayendo miradas ajenas, y casi aplastándole los dedos en el acto.
-Wow. -Se quejó el rubio, alzando la mirada azulada. -Hay mejores maneras para… -Su rostro cambió a un gesto de sorpresa temerosa. -Carol.
-Es mejor que comiences a hablar.
-¿Lina está bien?
-¡Habla, he dicho!
-No sé qué es lo que quieras saber.
-Desde que llegó de Ciudad Central ha estado como un zombi, me dijo que ella te había terminado por decisión propia y quiero saber la verdad.
-Es la verdad, me temo.
-¿Qué fue lo que sucedió?
-Ella… llegó a la conclusión de que yo no era la persona adecuada en su vida. -Tensó los labios, incómodo, intentando que su voz sonara clara. Tomó su teléfono celular. -He estado… tratando de llamarla, le he enviado tantos mensajes… pero no he obtenido respuesta alguna.
Carol tuvo que calmarse entonces, pues había notado inmediatamente el intento de Logan por hablar bien sin que se le quebrara la voz; él le mostró entonces su teléfono con todos los mensajes que él le había enviado constantemente durante esos veinte días. ¿Lina era la mala de la historia ahora? Miró al fotógrafo, notándolo muy joven pero sumamente abatido. Él tampoco estaba bien. Sin dudarlo demasiado, grabó su número telefónico en el aparato, extendiéndoselo para mostrarle lo que había hecho.
-Dame tu número.
-¿Para qué?
-Esta noche obligaré a Lina a que salga con nosotras a un antro. Te avisaré cuando estemos allí.
Notó que el color había subido a su rostro. Estaba nervioso, emocionado quizá. Supo entonces que era cierto, que él la quería y estaba dispuesto a ir por ella.
-No creo que quiera verme.
-Creo que necesitan hablar. -Sonrió la pelirroja, más tranquila. -Conozco a Lina. Sé que cuando te vea todo será más simple para ambos.
Se quedó en silencio unos momentos, como si se decidera por hacerlo o no. Acabó sonriendo con levedad, apantallando completamente a la pelirroja, mientras garabateaba algo en una pequeña tarjeta y se la entregaba.
-Gracias, Carol.
