Capítulo 21

La mañana siguiente, Candy se despertó con la agradable sensación de no haber tenido que salir corriendo al baño con unas nauseas imposibles de controlar. Era una fortuna saber que ya se habían ido, pero ese día su cuerpo experimento un nuevo aspecto del embarazo.

- Candy, querida ¿No preferirías comer una tostada en vez de eso? – Le preguntó Rebecca mientras la rubia disfrutaba de sus sardinas al escabeche durante el desayuno.

A Candy nunca le habían gustado las sardinas, por eso había sorprendido a su padre cuando le pidió, a las seis de la mañana, que saliera a conseguírselas.

- Estoy bien mamá – Le contestó ella mientras mordisqueaba su sardina.

- No deberías comer eso en el desayuno.

- ¡Déjala ya, mujer! – Exclamó su padre por encima del periódico que estaba leyendo - ¿O acaso quieres que el bebé nazca con rostro de sardina?

- Sabes muy bien que eso es un mito – Lo corrigió Rebecca.

- Sea como sea, Candy tiene derecho a saciar sus antojos. No te olvides que es una mujer embarazada. No puedes decirle que no a una mujer embarazada.

- Gracias, papá – Candy le sonrió al hombre que siempre había consentido sus caprichos.

- Irás al hospital con nosotros – Le preguntó Rebecca para cambiar de tema.

- Solo por un par de horas – Contestó ella – Terry vendrá por mí y luego pasaremos a buscar a su hijo para pasar la tarde juntos.

Lo habían arreglado el día anterior. Terry estaba ansioso por contarle a su hijo que iba a tener un hermanito y quería que ella estuviese a su lado.

Después de terminar su inusual desayuno, Candy subió a su habitación a vestirse y luego salió hacia el hospital junto con sus padres. Zach había pasado la noche entera allí y a Candy no le gustaba que su hermano haya pasado solo tantas horas, pero comprendía que no podía desprenderse ni un segundo de su hijo.

Candy sentía cierto alivio al saber que la relación con su hermano ya se había recompuesto. Claro que no hubiera querido tener la razón de ese modo, pues sabía que Zach estaba sufriendo por Annie, pero ella tenía la esperanza de que su dolor no durara demasiado.

Alrededor de las tres y media, Candy fue autorizada para entrar a la habitación de Annie. No tenía intención de echarle en cara todo el mal que le estaba haciendo a su hermano y al niño, pero la actitud hostil que había mostrado al verla la había enfadado.

- ¿Qué quieres? – Le preguntó Annie con sequedad cuando Candy cruzó la puerta.

Hasta hace un par de meses, ellas habían sido las mejores amigas, por eso Candy no podía comprender por qué las cosas habían terminado de ese modo.

- Solo venía a ver como estabas.

- Ya me viste. Ahora puedes irte.

- ¿Por qué tienes que ser tan grosera? – Exclamó Candy intentando no perder el control, algo que era casi imposible tratándose de Annie.

- Lárgate de aquí, Candy – Le repitió – No tengo ganas de hablar contigo.

Candy respiró hondo y contó hasta cinco.

- ¿Al menos podrías porque estás lastimando a mi hermano?

- Zach no me interesa más – Fue la corta respuesta de Annie, y la rubia reprimió sus impulsos de arremeter contra ella recordando que se encontraba postrada en una cama de hospital después de haber tenido un parto complicado.

- Solo querías hacerme daño a mi ¿Verdad?

- Tómalo como quieras. Dentro de un par de días me iré de Lakewood y no volveremos a vernos nunca más. Creo que sería una buena idea dar por finalizada esta relación para siempre.

A Candy le sorprendía la frialdad con la que Annie estaba tomándolo todo. No había creído del todo a Zach cuando se lo había dicho, pero no le hiso falta preguntarle nada acerca de Jonas para deducir que a Annie le importaba un bledo su hijo.

- Tienes razón – Fue lo único que le dijo mientras se dirigía a la puerta – Solo espero que no te arrepientas de lo que estás haciendo.

- No lo haré – Prometió Annie, y Candy Salió de la habitación con la esperanza de no volver a ver nunca más a esa mujer desalmada que había sido su amiga.

Miró su reloj y faltaban unos pocos minutos para que Terry pasara a recogerla, así que fue a despedirse de su hermano.

Como Candy había supuesto, Zach estaba con su hijo.

- ¿Hablaste con ella? – Le preguntó a su hermana sin quitar la mirada del bebé. Candy asintió con la cabeza y posó su mano sobre la incubadora.

- Francamente, creo que si Annie se va de Lakewood será lo mejor para todos. Sé que te duele ahora, pero pronto vas a olvidarla.

- Es la madre de mi hijo. No creo poder olvidarla nunca.

- Pero al menos estando lejos de ella te ayudara a que la herida cicatrice más rápidamente.

- Sí… - Contestó Zach dubitativo – Eso creo…

- ¿Te quedarás aquí toda la tarde? – Le preguntó Candy para cambiar de tema.

- Si… solo iré unos minutos a casa para tomar un baño. Mamá y papá se quedarán aquí con Jonas.

- Sabes que no puedes quedarte a vivir en el hospital hasta Jonas sea dado de alta ¿Verdad? – No deseaba hablar sobre eso, pero tenía que hacerlo – El niño probablemente tenga que pasar aquí por lo menos cuatro meses, y tú tienes tu vida, necesitas ir a trabajar.

- Albert accedió a hacerse cargo del bufet mientras tanto.

- Pero de todas formas tienes que replanteártelo – Hizo una pausa y miró a su sobrino – Él estará bien cuidado aquí.

- No puedo decirte que es lo que va a pasar ahora, Candy – Le explicó su hermano – En este momento lo único que me importa es mi hijo.

- Entiendo – Candy decidió no presionarlo más – Bien… creo que debo irme.

- ¿Veras a Terry?

- Sí. Pasaremos la tarde con su hijo.

- Espero que esta vez las cosas sí salga como las planeaste – Zach le sonrió a su hermana y le dio un beso en la mejilla – No me gustaría que volvieras a sufrir por él.

- Eso no pasará – Aseguró Candy – Te llamaré luego.

- Claro.

Candy se despidió de su hermano y salió del hospital. En la calle ya estaba esperándola Terry dentro de su auto. Había llegado cinco minutos antes.

- ¿Cómo has estado? – Le preguntó él después de darle un beso en los labios.

- Las náuseas han desaparecido – Contestó Candy con alivio – Pero ahora muero por comer una hamburguesa.

- ¿Es eso una clase de antojo?

- Algo así… - La verdad era que moría de hambre. Desde que las náuseas de fueron, a Candy la habían invadido unas ganas terribles de comer, pero no quería asustar a Terry y que pensara que se convertiría en una vaca gorda que no paraba de comer.

Pasaron por la escuela primaria y Terry se bajó del auto para ir a buscar a su hijo. Minutos después, Candy vio a Davy caminando de la mano de su padre con una gran sonrisa en el rostro, se subió al asiento trasero y, gracias a su contextura pequeña, logró escabullirse entre los asientos para poder darle un beso a Candy.

- ¿Cómo te ha ido hoy? – Le preguntó ella.

Con su entusiasmo infantil, Davy comenzó a relatarle a Candy todo lo que había hecho ese día en la escuela, desde el dibujo que había coloreado hasta la historia que la maestra les había leído. Davy era un niño genial, tan parecido a Terry, que Candy no podía evitar pensar en cómo sería su bebé.

Fue una tarde muy agradable. Terry los llevó a una feria que pasaba por la ciudad, se subieron a los juegos y comieron algodón de azúcar. A Davy le encantaban las ferias, nunca antes había ido a una, pero solía verlas por la televisión y ahora que estaba allí no quería perderse de nada. Candy en verdad estaba disfrutando ese momento, era agradable estar con ellos.

Al anochecer, Terry intentó persuadir a Candy para ir a cenar a un restaurant, pero ella insistió en ir a McDonald´s, Davy apoyó su moción y al castaño no le quedó más remedio que aceptar la decisión de la mayoría.

Después de pedir unas hamburguesas y una cajita feliz para Davy fueron a buscar una mesa para sentarse. En verdad era una imagen adorable. A Candy no le importaba que el niño fuera hijo de la mujer que tanto daño le había hecho, Susana ya no estaba y todo había quedado en el olvido.

Mientras Davy se llevaba una patata a la boca Terry miró a Candy con complicidad y ella asintió con la cabeza.

- Hijo – Davy levantó la cabeza y miró a su padre – Hay algo que Candy y yo queremos decirte.

- ¿Hice algo malo? – Preguntó el niño preocupado.

- No, claro que no – Terry tomó la mano de la rubia y sonrió al pequeño – ¿Recuerdas el otro día cuando me dijiste que querías un hermanito? – Davy asintió con la cabeza – Bueno… pues tu deseo se ha cumplido.

Pasaron unos cuantos segundos hasta que Davy pudo procesar la información que había recibido, pero una vez que lo comprendió su rostro se iluminó y no pasó mucho tiempo hasta que se arrojó a los brazos de su padre.

- ¿No me estas mintiendo?

- Es cierto – Contestó Candy entre risas – Dentro de unos cuantos meses tendrás un nuevo hermanito o hermanita con quien jugar.

- ¡Pero lo quiero ahora! – Exclamó Davy, provocando más risas entre Candy y Terry.

- Me temo que eso no es posible – Le contestó su padre.

El niño profirió un suspiro de decepción.

- Bien… supongo que deberé esperar.

- Y también vamos a mudarnos – Continuó Terry – Sé que te gusta vivir con la abuela, pero compraré una casa grande para que tú, yo, Candy y el nuevo bebé podremos vivir cómodamente, y tu abuela podrá venir a visitarnos cada vez que quiera.

- ¿Y podré tener un perro?

- Eso supongo – Le dijo Terry, pero Candy no estaba muy segura de poder cumplir ese pedido.

Estaba descartado que Oskar se fuera a vivir con ellos, y el felino nunca había tenido una buena relación con los perros… ni con otros gatos, peses, pájaros, ni siquiera el hámster que tuvo que regalar después de que Oskar intentara comérselo en varias oportunidad. Su gato no era una mascota muy sociable, pero esas eran cosas para conversar luego.

- ¡Quiero uno grande! ¡Como Scooby Doo!

Demasiado tarde, Davy ya estaba dando por sentado que tendría un perro, y Terry no estaba haciendo nada para detenerlo.

- Hablaremos sobre eso cuando estemos instalados en nuestra nueva casa – Continuo el castaño.

- ¿Y cuándo será eso?

- Pasado mañana tenemos una cita con un señor que va a mostrarnos las casas disponibles en la zona ¿Quieres venir con nosotros?

- ¡Sí! – Exclamó Davy verdaderamente entusiasmado - ¿Y también podré escoger la que más me guste?

- No tomaríamos una decisión sin tener tu opinión en cuenta primero – Le contestó Candy, fascinada por el entusiasmo del pequeño.

Ella también estaba entusiasmada con la idea de salir a buscar la casa en la cual viviría con su futura familia. Era algo que jamás hubiera predicho un par de meses atrás. Ahora todo parecía estar yendo de maravilla.

ooo

Al día siguiente Terry salió temprano hacia la escuela para otro día más de ensayos. Había cargado la batería de la cámara de Pete y pasado antes por la tienda de electrónica para comprar una nueva memoria. Tan solo se trataba de una obra escolar, pero Terry siempre se había tomado sus proyectos muy en serio, y este no sería la excepción.

Cuando entró en la sala de ensayos vio a todos los alumnos sentados en su lugar concentrados en el libreto. Sabían que ese día era la última oportunidad que tenían para demostrar sus aptitudes artísticas y conseguir el papel que deseaban.

- Buenos días – Los saludó Terry apenas al cruzar la puerta – Como ustedes sabrán, hoy es el último día de los pre ensayos. Hoy grabare sus performances con esta cámara – Levantó el aparato que llevaba en la mano - Durante el fin de semana me encargaré de hacer la selección de personajes y él lunes publicaré en la cartelera los nombres de los escogidos para cada papel. Así que espero que den su mayor esfuerzo.

Los alumnos comenzaron a murmurar entre ellos y Terry se dispuso a prepararlo todo. Tomó la cámara y reemplazó la memoria por la que había comprado, dejó la vieja sobre unas telas que se encontraban sobre el escritorio y comenzó con los ensayos. Los hiso pasar uno por uno al centro de la sala y comenzó a filmarlos. Era evidente que los chicos habían estado ensayando mucho, y sería una tarea difícil para Terry asignar los papeles, pero ya se encargaría de ello más tarde.

Vanessa Shwan estaba mostrando su interpretación en el momento que la puerta de la sala se abrió y una rubia entró en la habitación.

- Candy – Terry miró a su novia con una sonrisa embobada – Discúlpame un momento – Le dijo a Vanessa mientras pausaba la cámara y se dirigía a hablar con Candy.

- No tienes que detener la clase por mí – Le dijo la rubia, pero Terry ya había llegado hasta ella y la besó en los labios.

- ¿Qué haces aquí? – Le preguntó – Creí que hoy no vendrías.

- Solo vine a recoger unas telas – Señaló hacia el escritorio - ¡Mira! Allí están.

- Yo te las traigo - Terry fue hacia el escritorio y recogió las telas que estaban allí para luego llevárselas a Candy – Aquí tienes.

- Gracias, Terry – Candy tomó las telas y besó a su novio en los labios.

- ¿Necesitas algo más?

- No, solo vine por esto.

- ¿Qué te parece si me esperas y luego vamos a recoger a Davy? Podemos ir al cine, y luego a comer a algún lado.

- Sí… creo que ayer mencionaste un restaurante donde preparan unos camarones deliciosos – Ese día se había despertado con ganas de comer camarones – Tal pues podamos ir a allí.

- Claro que sí… solo déjame terminar con esto – Señaló hacia los chicos – No me tardaré demasiado.

- De acuerdo.

ooo

Vanessa estaba en el mejor momento de su interpretación cuando la puerta se abrió abruptamente desconcentrándola por completo. Y allí estaba ella, la mujer que se estaba interponiendo en su vida. Vio como sonreía a Terry y a él caminando hacia ella como hipnotizado ¡La odiaba! Pero más odiaba ver cómo era ella quien recibía los besos de Terry.

Escuchó como Terry la invitaba a cenar, y luego aquellas horribles palabras.

- Solo déjame terminar con esto.

¡Esto! Había dicho mientras la señalaba a ella ¡La había tratado de "esto"!

Cuando Terry volvió hacia ella tenía una sonrisa en el rostro que antes no había aparecido, y la apuró para que actuara rápido.

Por supuesto que a partir de ese momento no había sido capaz de interpretar correctamente su papel, olvidaba la letra y no podía evitar que su voz sonara con cierto rencor. Terry solo estaba deseando deshacerse de ella para ir con esa mujer.

- ¿Quieres dejar de comportarte como una idiota? – Le aconsejó Pam una vez terminada su actuación.

- No sé a qué te refieres.

- ¡Claro que sí! Todos en esta habitación han visto tu cara de odio cuando Candy entró por esa puerta.

- No me molestes – Vanessa continuaba tan enfadada que no le importaba hablarle de ese modo a su mejor amiga.

- Tienes que terminar con esto – Le dijo en un murmullo – ¡Acéptalo! Terry esta con Candy, y es ella quien va a darle un hijo.

- Oye, Pam – Se volteó para verla a los ojos con rencor - ¿De qué lado estás? ¿Del mío o de ella?

- Del tuyo, por supuesto – Contestó ella – Y es por eso que no quiero que termines sufriendo por algo sin sentido. ¿Tienes idea de lo que tu madre diría si llegase a enterarse de la forma en que te comportas?

- ¿Sabes una cosa? – Vanessa se puso de pie – Me importa un bledo lo que tú o mi madre piensen.

Dicho eso, Vanessa abandonó la sala ante la mirada de todos y sin dar explicación alguna.

Continuará…


Acá vengo con un nuevo capítulo, espero que les guste =)

A propósito la encuesta… ya está cerrada y ganó "niña" así que tendremos a una mini Candy!

Besosssssssssss