Pokémon Reset Bloodlines – Gaiden de Astrid

Escrito por Crossoverpairinglover, traducido por Fox McCloude.

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover. Todos los derechos reservados.


Summary: Descubramos qué llevó a Astrid a buscar el poder de la Mega-Evolución. Veamos cómo le fue en su primer reto a la Liga Kalos, luchando contra oponentes familiares y no tan familiares. Se ubica menos de un año antes del inicio de la línea temporal del capítulo 2 de la historia principal.


Gimnasio de Coumarine…

- ¡Weepinbell, Hojas Navaja!

La planta con forma de campana empezó a girar, lanzando una tormenta de hojas afiladas contra el Espurr. El felino morado salió volando hacia atrás, estrellándose contra el cuerpo de su entrenadora, una joven quinceañera de pelo rubio, con un golpe seco.

- ¡Espurr ya no puede continuar, Weepinbell gana!

- Un excelente trabajo. – dijo el líder de gimnasio, un anciano de baja estatura, arrodillándose junto a su Pokémon, que saltó hacia él para recibir una caricia por un trabajo bien hecho. Después volteó hacia su retadora. – Fue un buen esfuerzo, pero no creo que una ventaja por tipo sea todo lo que necesitas para ganar una batalla. He estado en este trabajo por años, y tengo algunos trucos para estar preparado para lo que venga, incluso tus bien entrenados Litleo y Espurr. Te queda solo un Pokémon, jovencita. ¿Qué vas a hacer ahora?

La chica retornó a su derrotado Espurr, poniéndose de pie tan alta cual era. Sus ojos color lavanda brillaron de determinación mientras agarraba su última Pokébola.

- Planeo ganar, por supuesto. Todavía tengo a mi primer compañero conmigo, y no vamos a perder. ¡Vamos!

Arrojó la bola con una fuerza que el líder del gimnasio no le había visto en todo el encuentro, abriéndose en el aire y liberando a su ocupante en una luz blanca. La luz aterrizó en el suelo, tomando una forma sólida y distintiva. Weepinbell se tensó, mientras el líder del gimnasio apretaba con algo de fuerza sus tijeras que usaba como bastón, al reconocer al Pokemon que había elegido.

- Qué tonto soy, ¿todavía me molestan esas historias? – murmuró el líder para sí mismo al ver al Pokémon final con claridad.

- ¡Absol! – declaró el heraldo blanco de la destrucción. La batalla final iba a comenzar.

- ¡Weepinbell, usa Polvo Venenoso!

- ¡Provocación! – ordenó ella.

Los ojos de Absol flashearon en rojo, y una neblina roja cubrió a la planta, causando que esta comenzara a toser como si se hubiera atorado con algo.

- No...

- Sí. ¡Ahora, Absol, usa Psicocorte!

El cuerno de Absol empezó a brillar de color púrpura, mientras este ladeaba la cabeza, y con un solo movimiento, envió una enorme cuchilla de energía directo hacia Weepinbell. Un solo golpe con fuerza, y el encuentro había quedado sentenciado.

Esta había sido solo una de muchas batallas que habían peleado, pero era una de las pocas que llevaron a un gran momento.

- No puedo creerlo, Absol. – dijo ella con alegría.

- Sol… – Su compañero ronroneó con felicidad, mientras ella abría su caja de medallas, revelando las ocho brillantes preseas que representaban sus victorias, mientras descansaba su cabeza contra el pelaje blanco puro de Absol.

Había sido un largo camino, y les había llevado mucho esfuerzo, pero ya estaban allí. Ella, Astrid, ya tenía ocho medallas de gimnasio. Por fin podría competir en la Liga Kalos. Eso significaba el potencial de lograr fama, y la oportunidad de ser la mejor del mundo. E incluso si no ganaba, también quería decir que tendría una buena fuente de ingreso para vivir mientras no hiciera nada estúpido: los tabloides se hacían festines con los entrenadores que gastaban el dinero que ganaban en sus competencias en cosas inútiles y absurdas: el menos ilegal de todos se compró un yate en el Lago Acuity, en la zona congelada al norte de Sinnoh. Aunque extrañamente, dicho entrenador de hecho lo hizo bastante mejor en sus desafíos subsiguientes. Aparentemente había regímenes de entrenamiento que involucraban lagos congelados y yates. A Astrid solo se le ocurrían un par de maneras en las cuales eso podría funcionar, y la mayoría le daban escalofríos en la espina de solo pensar en ellas.

Los entrenadores en las Ligas que hicieran un buen papel en su profesión podrían arreglárselas sin problemas en virtualmente cualquier situación económica, excepto potencialmente un colapso total de la economía regional. Incluso más allá de los circuitos de la liga en el mundo, había tantas opciones para ganar dinero que sería muy difícil listarlas todas. Mucho más todavía las opciones de qué hacer con el dinero ganado…

- ¡Mur! ¡Mur, mur, murkrow!

Y las llaves a dicha fortuna, la caja con todas las medallas que había estado mirando intensamente apenas unos segundos antes, de pronto le fueron arrebatadas de la mano, y ahora estaban en las garras de un Murkrow, que salió volando hacia un bosque cercano.

Astrid se quedó sin reaccionar por un momento, con su mente apenas procesando lo que acababa de pasar. Una vez que lo hizo, solo había una respuesta obvia.

- ¡VUELVE AQUÍ CON ESO! – le gritó, corriendo detrás del desgraciado cuervo, con Absol detrás de ella mientras se adentraban en el sombrío bosque.

El lugar estaba realmente oscuro. Había tantos árboles que muy poca luz se filtraba por arriba, y la poca que lo hacía apenas le servía para refractarse en la caja robada que Murkrow llevaba entre la garras, para no perderlo de vista.

- ¡Mur, mur!

- ¡Cuando te alcance, te voy a aplastar y a atraparte! ¡Y luego te venderé a un orreano con olor a sal por unas cuantas monedas! – gritó Astrid, todavía persiguiendo al pajarraco.

- ¡Sol! – Su compañero ocasionalmente gritaba también, mayormente para advertirle de alguna raíz que hubiera en el suelo y no la hubiera visto. Mientras Astrid corría en línea recta, Absol miraba hacia los lados del bosque vigilando los obstáculos.

Los bosques en Kalos no eran conocidos por ser amigables y encantadores. En ellos solían habitar muchos fantasmas, algunos de los cuales se decían que eran las almas de niños perdidos. Ninguno de los dos quería averiguar qué tanto de verdad había en esas historias acerca de que si te rompías el cuello en uno de esos bosques, tu espíritu quedaría poseyendo un tronco para toda la eternidad.

Esa era una historia que se originó hacía varios siglos, en un período durante el cual muchos niños huyeron hacia los bosques para intentar seguir con vida. Unos tiempos oscuros cuando no solo Kalos, sino el continente entero, perdió a la mitad de su población. Y no por la guerra, sino por algo mucho, mucho peor.

- ¡Krow!

El pájaro por fin soltó la caja, gritando de desesperación mientras apenas volaba por encima de una estructura, contra la cual se hubiera estrellado por no haber podido elevarse por el peso adicional. Astrid llegó hasta su caja de medallas jadeando, quedándose casi sin aliento. Examinándola, se dio cuenta de que con la caída le quedaron unas abolladuras.

- Maldito pajarraco. – se quejó, mientras Absol llegaba junto a ella. Sosteniendo la caja frente a Absol, Astrid tenía una pregunta para él. – ¿Crees que Meowstic pueda arreglar abolladuras?

Absol pareció encogerse de hombros, pero de pronto se tensó. Astrid miró en la misma dirección que su compañero, esperando ver un Gourgeist o algo. Pero en vez de eso, se encontró con paredes, paredes que se desmoronaban como dientes mal cuidados. Estaban cubiertas de maleza y enredaderas por todos lados, un signo de abandono por mucho tiempo. Se dio cuenta que esta había sido la estructura que ese Murkrow había esquivado. Esas paredes eran solo unas cuantas de muchas más, todas visibles en medio de la penumbra. Una aldea perdida con el tiempo, casi devorada por la naturaleza. Absol todavía seguía gruñendo, un tarareo que resonaba por todo el claro y sonaba como una amenaza muy sutil para alejarse de ahí.

- Tranquilo, Absol. Solo son unas ruinas, nada más.

Moviendo su pie entre las hojas caídas, de repente golpeó algo. Algo que se sintió muy raro. Se agachó para recogerlo, y sus ojos se ensancharon de horror al ver el hueso en su mano. Era un hueso ordinario y sucio de tierra, uno que ella se habría preguntado por qué no se había descompuesto o por qué no se lo habían comido, de no ser porque se dio cuenta de lo que tenía: Unas horribles protuberancias que sobresalían de él, formando una especie de mandíbulas que emergían de él, y lo suficientemente separadas como para haber perforado la piel, por ambos lados, independientemente de si fuera un húmero o un fémur. El hueso estaba cubierto de una especie de venas oscuras, que parecían originarse directo desde la médula. Llevaban hacia las protuberancias como si fueran ríos oscuros.

- Pestilencia Oscura. – susurró, e inmediatamente tiró el hueso. Al caer entre las hojas, estas evitaron que se partiera.

Después del Arma Suprema y la Era Dorada, la gente se esforzó en recuperar lo perdido. Salidos a flote, llevados por el hombre que venía de lejos, para llevárselo todo y no devolver nada. De cerca y de lejos, la muerte se llevó a todos. Y se estableció, la Pestilencia Oscura, así fue llamada.

Ese viejo pasaje que les enseñaban a todos los niños de su escuela sonó en sus oídos. Astrid se dio la vuelta y echó a correr lejos de ahí, tan lejos como pudiera de ese hueso.

- Relájate, Astrid, relájate. Esa infección no es contagiosa, y los huesos tardan siglos en volverse seguros para tocarlos. No estás contagiada, no te vas a morir, y no vas a destruir una civilización con ella…

Su compañero se frotó contra ella, tratando de calmarla. Cuando eso falló, Absol salió corriendo hacia la aldea destruida, y Astrid no reaccionó, todavía estaba en shock. Al cabo de unos momentos volvió con algo en la boca.

No era un hueso. Era algo que ayudó a Astrid a salir de su terror, y con la mano derecha agarró el objeto que Absol traía entre los labios examinándolo de cerca. Era una pequeña piedra, redonda y con los colores del arcoíris, y con una marca extraña en el centro. Una piedra bastante peculiar.


Un mes después…

- ¡Estamos aquí en vivo desde la Liga Kalos, que este año se llevará a cabo en el escenario rural de Pueblo Camphrier! ¡El estadio fue generosamente provisto por la Asociación Baccer de Kalos, que tomará posesión de él tras este evento para su más reciente expansión de franquicia!

Astrid sonrió. La emoción, el subidón de adrenalina de darse cuenta que realmente estaba allí la recorrían de pies a cabeza.

- ¡Y para abrir la competencia, tendremos una batalla de vieja sabiduría contra energía de juventud! ¡Será Wylie contra Astrid, aquí y ahora! – declaró el anunciador, mientras Astrid miraba a su contrincante, un anciano con bigote muy poblado.

- Oye niña, te pareces mucho a una de mis nietas. – dijo el hombre, y ella en respuesta solo rodó los ojos.

- Ya has de ser muy viejo si tienes nietas. Dime, ¿estás aquí porque viajar más lejos es malo para tu espalda? – le preguntó. El viejo se rio con ese comentario.

- Tienes actitud, ¿eh? Los jóvenes no respetan hoy en día. Te daré una lección a la antigua. ¡Elijo a Delphox! – Lanzó la Pokébola, revelando a un zorro mágico con una varita de fuego. Astrid sabía exactamente a quién utilizar.

- ¡Absol, yo te elijo!

Invocando a su compañero, al exhibir su pelaje blanco y puro rápidamente se ganó un aplauso del público. Wylie murmuró algo entre dientes con tono intranquilo, pero rápidamente se repuso y se dirigió a su Delphox.

- ¡Lanzallamas!

- ¡Pulso Oscuro! – replicó Astrid.

Una bola de fuego se formó en la punta de la varita de Delphox, y al mismo tiempo una energía oscura se concentraba en la boca de Absol. Los dos dispararon sus ataques, estrellándose uno contra el otro en medio del campo, generando una explosión masiva y haciendo que la multitud aplaudiera.

- ¡Brillo Mágico! – ordenó Wylie. Delphox empezó a girar su varita, formando un vórtice de luz brillante con ella.

- ¡Usa Protección! – exclamó Astrid.

Una barrera de energía azul se formó frente a la cara de Absol. La tormenta de luz que salió disparada desde la varita de Delphox impactó contra la barrera sin hacer efecto.

- ¡Cuchilla Nocturna! – gritó Astrid.

- ¡Bloquéalo! – respondió Wylie.

La cresta de Absol comenzó a volverse más negra que la noche, y salió disparado contra Delphox listo para darle un tajo con ella. Delphox sonrió, lanzándose también de frente con su varita en mano, sin fuego en ella. La cresta y la varita impactaron una contra la otra, con la varita logrando bloquear el golpe inmediato, mientras Delphox se inclinaba un poco hacia atrás para absorber el impacto. Absol siguió empujando, pero en cuanto Delphox se apartó, se fue de narices hacia el suelo, levantando una nube de polvo al revolcarse. El público enloqueció en vítores tras semejante maniobra.

- ¡¿Qué?! – jadeó Astrid al ver como el viejo negaba con su dedo.

- Tsk, tsk, la edad no solo te sirve para que te hagan descuento en el campo de golf, jovencita. Ahora, ¿continuamos?

Absol volvió a ponerse de pie y volvió a encarar a Delphox, con evidente determinación, que era compartida por Astrid. No iba a dejarse vencer, el encuentro apenas iniciaba.

- Sí, hagámoslo.

En un estallido de llamas, un Dusknoir salió volando por los aires, estrellándose de cara contra un pico rocoso en el campo de batalla. Se quedó inmóvil en ese lugar por un momento, antes de desplomarse en el suelo con un golpe seco.

- ¡Dusknoir! – gritó un joven caballero en shock, mientras el réferi se acercaba a ver al fantasma por un momento.

- ¡Dusknoir ya no puede pelear, el ganador es Pyroar! ¡El encuentro lo gana Astrid!

- ¡¿Pueden creerlo, amigos?! ¡Con solo dos de sus Pokémon Astrid le da una paliza a Farrell y avanza al Top 16! ¡Sin duda una supernovata si alguna vez la vi!

Mientras la multitud le lanzaba vítores y aplausos, ella no pudo más que celebrar su victoria de alegría y emoción. El rostro de Astrid estaba dominado por una sonrisa radiante, y Pyroar rugía en similar aprobación, feliz por ayudar a su ama a ganar de nuevo.

Salida de su encuentro, se dirigió a curar a sus Pokémon, después les daría una recompensa por un trabajo bien hecho. Se lo merecían.

- Gracias por esperar. Tu Meowstic y Pyroar están totalmente curados. – sonrió la enfermera Joy mientras le devolvía sus Pokébolas a Astrid.

- Muchas gracias. – Astrid se dio la vuelta para marcharse, pero la enfermera todavía no terminaba de hablar.

- ¿Ya viste el roster para la próxima ronda? Ya seleccionaron a los oponentes.

- Sí, ya lo vi. – Astrid no prestó atención a su preocupación.

- Entonces ya sabrás a quién te vas a enfrentar, ¿verdad?

- Un extranjero llamado Vermell.

- Sí, y además es uno de los favoritos para ganar el torneo. Ya he visto tus encuentros, tu título de supernovata está bien ganado. Pero Vermell es eso y mucho más.

- ¿Un super-supernovato? – sugirió Astrid sardónicamente.

- Mi hermana me envió un video de él luchando contra Drasna.

- ¿Y qué tiene de especial? Muchos novatos retan a pelear a miembros del Alto Mando para demostrar que son rudos e impresionar a las chicas. La mayoría no duran ni cinco minutos.

- Él aguantó doce minutos, y eso fue hace un mes. – le dijo la Enfermera Joy sin vacilar. Astrid no pudo darle ninguna respuesta a eso.

- ¡Estamos en el tercer encuentro de los octavos de final del torneo, amigos, y tenemos uno muy especial ante nosotros! ¡Primero, tenemos una favorita local, la ardiente novata en ascenso Astrid!

El campo de batalla todavía no aparecía, y Astrid ya estaba de pie en su lugar, cruzando los brazos y tratando de no lucir nerviosa mientras la multitud a su alrededor aclamaba. Las palabras de la Enfermera Joy seguían sonando en sus oídos, y había decidido ver la información sobre Vermell después de eso. No había podido dormir muy bien tras encontrarse con lo que vio.

De sus ocho medallas, seis las había conseguido en gimnasios que estaban entre los más fuertes de la región. Vermell tenía las ocho de los mejores gimnasios de Kalos, incluyendo Shalour y Snowbelle. Con lo difíciles que fueron esas otras seis batallas comparadas a las dos de los gimnasios menores, eso solo decía más sobre Vermell. En particular el hecho de que no tenía revanchas en su registro: los había vencido al primer intento. Cuando los gritos de la multitud se apagaron, los reflectores se enfocaron en el otro extremo del campo.

- ¡Enfrentándose a ella tenemos a un oponente que nos ha asombrado a todos con su increíble poder de batalla! ¡Venido desde el sureste de Kiloude, desde más allá de Kalos, un fuerte aplauso para Vermell!

Los vítores volvieron a sonar mientras los reflectores se enfocaban en su oponente. Era un joven bastante alto, tal vez de unos quince o un poco más, con cabello negro y ojos café oscuro. Tenía unas marcas extrañas bajo sus ojos, con forma como de Z. Encima de su abrigo azul oscuro y negro llevaba un colgante con un escudo de armas rojo y blanco, en cuyo centro sobresalía una piedra muy parecida a la que Absol había encontrado hacía varios meses en esa aldea. Todavía la tenía dentro de su bolsa.

- ¡Lucharemos en un campo abierto de hierba! – declaró el réferi mientras un escenario de planicies con hierba espesa salía desde abajo. – Podrán utilizar hasta tres Pokémon. La batalla terminará cuando alguno de los dos ya no tenga más Pokémon capaces de combatir. No hay límite de tiempo, ¡comiencen!

- Anar. – declaró Vermell. Antes de poder preguntarle qué quiso decir con eso, lanzó una Bola de Red, que al abrirse reveló a un Pokémon rojo con forma de pulpo.

- ¡Y Vermell inicia con un Octillery!

¿Octillery? ¿Quién utilizaba a un Octillery? Aun así eso le daba buenas opciones, incluso si no tenía mucha experiencia luchando contra esas cosas.

- ¡Meowstic, yo te elijo! – Astrid arrojó a su primera opción, su Meowstic hembra aterrizó en el campo con gracia.

- ¡Comiencen!

- Hidrobomba. – declaró Vermell, y con eso la cabeza de Octillery se hinchó, antes de disparar un torrente de agua concentrado contra Meowstic.

- ¡Esquívalo! – exclamó ella.

A su rápida orden, Meowstic brilló con energía psíquica y voló fuera del camino del chorro de agua. Ese fue un truco muy genial que le vio utilizar a Olympia. Por supuesto, Vermell seguramente también se lo habría visto, y probablemente supiera alguna debilidad para aprovechar. Tal vez una que ni siquiera ella sabría.

- ¡Rayo Cargado! – ordenó Astrid. Una esfera de electricidad se formó entre las manos de su Meowstic. El rayo salió disparado hacia Octillery, demasiado rápido para que una criatura como esa pudiera esquivarlo.

- ¡Haz lo mismo! – ordenó Vermell, y con eso Octillery disparó su propio Rayo Cargado. Más rápido de lo que lo hizo Meowstic. Los dos ataques colisionaron, explotando en igual poder.

- Pero si es un tipo Agua… – murmuró Astrid. ¿Acaso sería como un Chinchou? – No importa. ¡Meowstic, usa Bola de Sombra!

Todavía flotando encima del Pokémon rojo, Meowstic formó una esfera de energía oscura.

- ¡Átala! – dijo su orden Vermell.

- ¿Con qué, con Constricción? – se burló Astrid, mientras Meowstic disparaba la bola de energía fantasmal.

Octillery saltó fuera del camino del ataque y disparó un hilo de su boca. El hilo amarró a Meowstic como una soga, manteniéndose en su lugar incluso mientras Octillery volvía a aterrizar sólidamente en el campo.

- ¡¿Disparo de Seda?! – gritó Astrid incrédula.

- ¡Wow, ese sí que es un tipo Agua muy versátil! – El anunciador compartía la misma sorpresa que ella ante la diversidad de movimientos.

- Movimientos de tipo Agua, tipo Eléctrico, ¿y ahora Insecto? ¡¿Pero cuál es el tipo de esa cosa?! – exigió saber Astrid.

- Incéndialo. – declaró Vermell. Octillery entonces disparó lo que claramente era un Lanzallamas, usando el hilo para asegurar que no fallara.

- ¡Sal de allí con Psi… no, con En… Truco! ¡Usa Truco!

La mente de Astrid corría a mil por minuto, pero finalmente se le ocurrió una buena idea. Momentos antes que las llamas la alcanzaran, los ojos de Meowstic brillaron intensamente. El brillo se propagó al hilo, antes de desaparecer y reaparecer alrededor de Octillery. El fuego sí alcanzó algo: a su usuario.

- ¡Y Astrid logra salvarse con una maniobra rápida! ¡Vermell no pudo haberla visto venir!

Mientras Octillery seguía rostizándose con su propio Lanzallamas, Meowstic volvió a flotar de vuelta al suelo. Astrid ya sabía lo que tenía que hacer ahora.

- ¡Muy bien, Meowstic, acabemos con esa cosa! ¡Psicochoque!

Formando una energía azul oscuro muy parecida al Rayo Cargado, Meowstic apuntó con sus palmas a Octillery, y disparó. La ráfaga psíquica salió directo hacia el calamar, rostizándolo junto con el Lanzallamas por unos treinta segundos antes de extinguirse. Las llamas restantes se extinguieron unos cinco segundos después, dejando a Octillery todavía de pie.

- ¡Dispara Explosión de Rocas!

- ¡Ya decídete por un maldito movimiento! – exclamó Astrid. – ¡Esquívalas todas, Meowstic!

Mientras Octillery comenzaba a disparar múltiples proyectiles brillantes blancos, el brillo de Meowstic se intensificó y comenzó a volar hacia la inminente tormenta de piedras que le llovía. Rocas volaron por todo el estadio, forzando a Meowstic a esquivar el ataque desesperadamente, sin dejar aberturas para un contraataque. Apretando sus dedos, Astrid gruñó. ¡¿Cuándo le daría ese Octorok sobrealimentado una oportunidad?!

- ¡Es un asalto sin piedad! ¡Vermell no le deja ningún hueco a Astrid para responder!

Las rocas seguían cayendo, y podía ver que Meowstic empezaba a sentirse agotado. El ataque de Explosión de Rocas seguía acercándose cada vez más, y pronto tendrían que alcanzar a Meowstic… un momento, ¡tal vez eso era!

- ¡Usa Truco! – ordenó Astrid.

Meowstic se distrajo un momento a raíz de la sorpresa por la orden, y una de las rocas estuvo a punto de alcanzarla. Pero un segundo después, Meowstic entendió lo que Astrid estaba planeando, y tocó la piedra. Apenas a centímetros de su cara, la piedra desapareció, y reapareció encima de Octillery para caerle encima. Vermell pareció sorprenderse con esto, incluso al cesar la lluvia de rocas.

- ¡Ahora, Rayo Cargado!

Meowstic giró en el aire preparando su carga eléctrica, y disparó el rayo contra Octillery. El ataque golpeó al pulpo de lleno, lanzándolo hacia atrás, rodándose en el suelo y cayendo a los pies de Vermell, derrotado.

- ¡Qué buen Truco! ¡Astrid logra darle la vuelta a la pelea por completo! ¡No por nada es una supernovata! – declaró el anunciador mientras Vermell retornaba a Octillery. Meowstic flotó de regreso a la tierra, ya sin brillar más.

- Meowstic… – murmuró Astrid. – Trata de aguantar un poco más.

- ¡Anar! – Otra vez Vermell volvió a gritar esa palabra (probablemente) extranjera, liberando a su segundo Pokémon.

- ¡Steel! – El masivo Steelix, incluso para estándares de su especie, lanzó un fuerte rugido al aparecer, sacudiendo el estadio como un terremoto, y Astrid casi podía jurar que escuchó el ruido de vidrios rompiéndose. Tenía una especie de arnés en la cabeza, con una piedra brillante adornándolo.

- ¡Wow! ¡Ese sí que es un gran Steelix! – dijo el anunciador. Astrid pensó que se estaba quedando corto.

- ¡Comiencen!

- ¡Muy bien, Meowstic, hagamos caer a esa cosa rápido! ¡Bola de Sombra! – Meowstic asintió, y empezó a formar la bola de oscuridad y la disparó contra Steelix.

- Abajo.

En respuesta a la palabra de Vermell, Steelix se dejó caer en el suelo con un porrazo. La Bola de Sombra lo falló apenas por unos centímetros, y el campo entero comenzó a retumbar. Astrid trató de fingir que no escuchaba el metal rechinando. La intensa onda de choque hizo que Meowstic terminara en el suelo. La felina trató de mantenerse de pie, pero los miembros finalmente le fallaron, y se desplomó por el agotamiento.

- ¡Meowstic ya no puede pelear! ¡El ganador es Steelix!

- ¡Wow! ¡Eso ni fue un movimiento, y aun así Steelix se anotó una victoria! ¡Para este caso el tamaño sí importa!

Astrid trató de no imaginarse lo que sería un ataque de esa cosa, mientras retornaba a Meowstic. Mientras Steelix se volvía a poner en posición erguida, ella tomó su siguiente Pokébola.

- ¡Vamos, Pyroar! – Dejó salir a su león de fuego, que rugió como un rey de las bestias desafiando a Steelix.

- ¡Lanzallamas! – declaró Astrid, y Pyroar volvió a rugir lanzando un torrente de llamas a su contrincante.

- ¡Contraataca! – ordenó Vermell. Steelix también rugió, e hizo surgir una barrera de piedras filosas desde el suelo, para luego dispararlas en línea recta. Las piedras impactaron contra las llamas, dispersándolas y continuando hacia Pyroar.

- ¡Sal del camino, y usa Llamarada! – Asintiendo, Pyroar saltó para esquivar el ataque de Filo de Roca y lanzó una llama más grande, concentrada en un símbolo de fuego gigante.

- ¡De nuevo! – dijo Vermell, y con eso Steelix disparó otro Filo de Roca. Los dos ataques colisionaron, y esta vez se cancelaron uno al otro.

- ¡Wow! ¡Muchos entrenadores tratan de entrenar a sus Pokémon con órdenes codificadas, pero Vermell es todo un maestro de ello! ¡¿Habrá pasado horas extra practicándolo en lugar de sus habilidades para conversar?!

- ¡Barrido! – exclamó Vermell. La cola de Steelix empezó a brillar en plateado metálico, Cola de Hierro.

- ¡Doble Equipo! – ordenó Astrid. Pyroar asintió, y se dividió en toda una manada. La cola los barrió a casi todos, pero los atravesó sin hacer daños, y dos de los Pyroars saltaron en el aire. – ¡Lanzallamas!

El ataque fue demasiado rápido para que Steelix pudiera responderle, y dio en el blanco. Aun así, Steelix no retrocedió ni un poco, logrando soportarlo.

- ¡A la carga! – Steelix empezó a brillar con algo que Astrid estaba segura que era un ataque de Doble Filo. Considerando su suerte con este sujeto hasta ahora, Steelix probablemente tendría Cabeza de Roca como habilidad.

- ¡Llamarada!

El verdadero Pyroar lanzó su ataque de fuego incluso mientras Steelix se lanzaba contra él como un tren de la muerte. Los dos ataques colisionaron de frente, pero Steelix se empujó a sí mismo a través de la Llamarada y golpeó a Pyroar. Aunque al menos, esta vez, Astrid alcanzó a ver que quedaron marcas de quemaduras en la piel metálica de Steelix. Pyroar salió volando y cayó junto a ella, noqueado.

- ¡Pyroar ya no puede pelear! – declaró el réferi, incluso mientras Steelix se prendía en llamas.

- ¡Wow! ¡Pyroar puede haber quedado noqueado, pero logró dejarle una marca con el efecto de quemaduras a Steelix!

Retornando a su Pokémon, Astrid miró al ahora quemado Steelix, y asintió. Podía trabajar con eso.

- ¡Vamos a ganar esto juntos, Absol! – dijo lanzando su última Pokébola.

- ¡Comiencen!

- ¡Colmillo Trueno! – Aparentemente no se le ocurrió una frase para codificar esa orden. Steelix se lanzó hacia Absol, con sus dientes cargados de energía eléctrica para morderlo.

- ¡Pulso Oscuro! – dijo Astrid.

Absol inmediatamente lanzó una ráfaga de energía oscura contra la mandíbula de Steelix. Detuvo el ataque, pero no pareció que Steelix hubiera sufrido ningún daño. Aparentemente la declaración de "yo como ataques patéticos como ese de desayuno" no serviría ni para provocar a esa cosa.

- ¡Barrido!

- ¡Salta, Absol! – le ordenó Astrid inmediatamente.

Absol saltó en el aire, esperando un ataque con la cola. Sin embargo, fue la cabeza de Steelix la que comenzó a resplandecer, no la cola. De hecho, empezó a sacudirla como si fuese el más grande fan de punk rock en el mundo. ¿O quizás fan del heavy metal?

- ¡Protección! – apenas alcanzó a gritar Astrid, a tiempo para que la barrera protectora se formara alrededor de Absol, recibiendo el impacto y mandándolo por el ahora quemado campo de hierba como una bola de pinball. La barrera cayó sin hacer daño, aunque Steelix seguía mayormente sin daños. Al menos hasta que la quemadura hizo su efecto, para lo que valía.

- ¡Wow, amigos, Vermell y Steelix están en sincronía total, es increíble! – declaró el anunciador.

- ¡Sopla! – ordenó Vermell.

- ¡Ventisca! – replicó Astrid.

Steelix disparó un viento de Aliento de Dragón, y a su vez Absol respondió con una ráfaga brillante de aire frío. Los ataques colisionaron, y la Ventisca sobrepasó al Aliento de Dragón, empezando a abrirse camino hacia Steelix. Astrid trató de ignorar lo que la Ventisca empezaba a perder fuerzas.

- ¡Cuchilla Nocturna!

- ¡Sol! – A Absol le gustó ese plan, y corrió hacia la serpiente encogida de frío con el ataque listo para cortarla en dos.

- ¡Sacúdelo! – declaró Vermell, y Astrid hubiera apostado unos cuantos billetes a que querría decir que utilizara Terremoto.

Sin embargo, la Cuchilla Nocturna golpeó, golpeó y golpeó, cortando a la serpiente como un chorro interminable de agonía. Y basándose en sus gritos, seguramente la habilidad Supersuerte de Absol se habría activado. Absol saltó junto a ella, sonriendo. Steelix lo miró desafiante, pero el cuerpo metálico de la criatura tenía claras marcas de cortes por todos lados. Y luego, la quemadura volvió a prenderse, solo para rematar todavía más. Vermell suspiró, y por un breve instante a Astrid le pareció ver un brillo extraño en uno de sus ojos. ¿Naranja, marrón? Él la miró fijamente, pero sus ojos no le estaban jugando trucos con los colores, y entonces sostuvo su colgante.

- Esperaba no tener que utilizar esto, pero me obligaste. Felicitaciones, por ti tendré que usar todo mi poder. Ahora, Steelix, guanyarem.

Steelix rugió estando de acuerdo con lo que fuera que hubiera dicho, y una luz salió disparada desde el colgante de Vermell. La luz formó una especie de rayos que fueron directo hacia la piedra en la cabeza de Steelix, que comenzó a brillar, como si estuviera evolucionando. Astrid se quedó viendo el espectáculo con confusión, pero rápidamente, la confusión dio paso al miedo. Esto parecía…

Solo lo había visto en televisión, nunca antes en la vida real. Pero estaba segura de que era exactamente lo que pensaba. La mandíbula de Steelix se hizo más grande, al igual que las espinas de su cuerpo metálico. De su mandíbula inferior brotaron unas protuberancias, y partes de su cuerpo empezaron a brillar como diamante. Varias partículas comenzaban a girar a su alrededor, como asteroides orbitando. El brillo se deshizo, revelando a un Steelix mucho más grande.

- ¡Wow! ¡Mega-Evolución! ¡Este año no hemos tenido ninguna! ¡Qué gran espectáculo, amigos!

El anunciador sonaba mucho más feliz de lo que ella estaba por toda la cosa. Vermell la miró, y frunció el cejo ante su reacción.

- Vi tu información. No peleaste en Shalour, ni en Snowbelle. Seguramente no has visto ninguna Mega-Evolución en la vida real, menos la has enfrentado. Si ese es el caso… este encuentro es mío.

Eso era lo más largo que había hablado hasta ese momento, y su declaración claramente estaba llena con su acento extranjero. Pero ni dicho acento pudo ocultar el significado, y el tono que quería decir claramente "yo voy a ser quien gane, no te molestes en seguir peleando".

- ¡No cuentes con eso! – declaró Astrid, sonando mucho más valiente de lo que se sentía realmente. – ¡Ventisca!

- ¡Sopla! – replicó Vermell. Los dos ataques volvieron a chocar uno contra el otro, y esta vez se cancelaron perfectamente.

- ¡Wow! ¡Qué sincronización! ¡Astrid y su Absol se ven igualmente paralizados y horrorizados!

- ¡Cállate! – gritó Astrid indignada.

- ¡Golpea! – El Filo de Roca siguió después, lanzándole a Absol una línea de rocas filosas. Al terminar, la quemadura volvió a prenderse, envolviendo por un momento a Steelix.

- ¡Psicocorte! – Absol lanzó la cuchilla contra las piedras, logrando partir la primera, pero no las que venían detrás. Siguieron adelante, y Absol solo las pudo evitar en el último segundo.

- ¡Barrido! – ordenó Vermell. En medio de su pánico, Astrid pudo jurar que vio cambiar de color los ojos de Vermell otra vez, incluso mientras la cola de Steelix brillaba una vez más. Absol se volteó hacia ella, con una mirada urgente en sus ojos.

- Hace tiempo que no hacemos eso, pero podría ser nuestra única esperanza. ¡Absol, Ataque Rápido!

Absol tomó la postura inicial para el ataque, una postura algo oxidada por no haberlo usado en mucho tiempo. Con un brillo blanco a su alrededor, Absol saltó sobre la cola de Steelix y salió disparado contra la colosal bestia. Saltó sobre la espina más baja que encontró en su cuerpo, después a la siguiente, y a la siguiente, escalando hasta que llegó lo suficientemente cerca de la cabeza para golpearla. En cuanto Steelix volvió a sufrir daño por quemadura, Absol saltó fuera del cuerpo principal, aterrizando con las patas traseras en uno de los diamantes que orbitaban a su alrededor, y se preparó para volver a saltar hacia él cuando la quemadura cesara.

- ¡Cuchilla Nocturna! – ordenó Astrid, sintiendo el subidón de adrenalina. Esto tenía que funcionar. Tenía que hacerlo.

Absol se impulsó hacia Steelix una vez que se apagó el fuego, y el ataque parecía a punto de acertar un poderoso y decisivo golpe crítico.

- ¡Contraataca! – gritó Vermell, y Steelix comenzó a brillar para ejecutar un Doble Filo.

Los dos ataques colisionaron, y la fuerza del impacto forzó a los dos Pokémon a retroceder. Steelix, Absol, y sus respectivos entrenadores se miraron desafiantes por un momento, antes de que a Absol le fallaran las patas delanteras. Un microsegundo después, la quemadura de Steelix volvió a prenderse. Los dos Pokémon colapsaron exactamente al mismo tiempo, con Steelix haciendo sonar con fuerza sus uniones de metal, y brilló de nuevo antes de volver a la normalidad.

- No... – murmuró Astrid, mientras el réferi sentenciaba el encuentro.

- ¡Tanto Absol como Steelix son incapaces de continuar! ¡Como a Vermell todavía le queda un Pokémon, la victoria del encuentro es para él!

...

Astrid se encontró más tarde ese día en el lobby del Centro Pokémon. Tenía la Pokébola de Absol en su regazo, y sus ojos estaban llenos de lágrimas. Solo tenía una cosa que decir en aquel momento.

- Perdóname, Absol.

Absol ya se había curado por completo, y había ganado suficiente dinero llegando al Top 16 para estar mejor que bien hasta la próxima vez. Pero a pesar de todo, se sentía como si fuera su culpa.

Ella fue quien eligió no ir Shalour. Creyó que sería una mala idea ya que sus Pokémon principales entonces eran Litleo y Absol. Espurr todavía no estaba lista, y ella quería entrenar a Espurr por el camino para ponerla al nivel del resto del equipo, y para enfrentar a Pokémon de tipo Hierba. Si hubieran ido a Shalour, si tan solo se hubiese apretado el cinturón y entrenado a Espurr para pelear allá en lugar de hacerlo mientras iban de camino para pelear contra Ramos, ¿podría haber ganado hoy?

Igual pasó con Snowbelle. Se topó con un gimnasio de reputación decente de camino a Anistar. ¿Habría sido mejor saltárselo e ir directo a Anistar por su séptima medalla, en lugar de hacerlo por la octava? Así tal vez hubiera podido ver Mega-Evolución en acción antes del día de hoy.

Esta derrota no fue por poder, habilidad, o entrenamiento. Esta fue una derrota motivada por sus propias decisiones. Eso le dolía mucho más que el simple hecho de haber perdido contra un oponente que la superara en fuerza o inteligencia. Esta derrota ocurrió por culpa de su propia pereza, por elegir tomar el camino fácil cuando no debió hacerlo.

- Llamada para la señorita Astrid. Por favor vaya al teléfono más cercano. Llamada para la señorita Astrid. Por favor vaya al teléfono más cercano. – sonó de pronto una voz por los altoparlantes, sacándola de su depresión.

Tomando un profundo respiro y preguntándose quién estaría llamando (sabiendo además que el último chico que ignoró una llamada la Enfermera Joy se lo llevó jalando de la oreja para que contestara), intentó calmarse. Se limpió las lágrimas, se quitó el color rojo de las mejillas y trató de verse lo más presentable. Quienquiera que fuese llamando, no quería que la viera hecha un desastre.

Sentándose frente al teléfono, sacó su identificación de entrenadora. Después de un momento de escanearla, y otro de escuchar la musiquita de "en la otra línea", la pantalla reveló a la persona que llamaba.

- Hola, jovencita. Te llamas Astrid, ¿verdad? – Una ancianita de baja estatura, y con un sombrero de paja, le sonreía desde el otro lado de la línea. – Acabo de ver tu batalla por televisión justo ahora, y pensé que querrías ver algún rostro amigable. Peleaste maravillosamente, a pesar de lo que puedas pensar con los números. Tú y Absol estuvieron increíbles.

- Uhm… gracias. – Astrid trató de sonreír. No conocía a esta anciana, ¿por qué querría felicitarla una completa extraña?

- ¿Pero sabes qué? Hablar cara a cara es mejor cuando se puede hacer en persona. Los pixeles de alta definición no son excusa para no vernos en carne y hueso. Mi nombre es Mabel, y si estás dispuesta a hacerme el favor de venir a visitarme, puedo ayudarte a superar esto.

Un Mawile saltó junto a la ancianita, cuyo nombre Astrid rápidamente reconoció como el de una antigua ganadora de la Liga Kalos. El Mawile tenía una piedra casi idéntica a la del Steelix contra el que peleó.

- ¿Qué me dices, querida? Si estás interesada, puedes encontrarme en la Montaña Pomace, no me iré a ninguna parte.

Y apenas unos días después, mientras Vermell alzaba su trofeo de la Liga Kalos, Astrid ya iba a medio camino, rumbo hacia la Montaña Pomace.

FIN.


Notas del traductor:

Y tenemos otro más. Debo decir que este me agradó, considerando que Astrid era un personaje que podría haber tenido mucho potencial en el anime, y fue una lástima que no la aprovecharan (especialmente en la Liga Kalos). Es interesante ver que hayan decidido insertar esto como su motivación para buscar Mega-Evolución con su Absol. Este oneshot explora el otro lado de "tomar el camino difícil", después del Interludio de Cipher. Una cosa es no lanzarse de cabeza a correr riesgos que te puedan costar demasiado caro si no estás listo para las consecuencias, pero en este caso, si es algo que sabías que podías hacer, no hay ningún daño en invertir el tiempo y esfuerzo adicional, si eso te ayuda a estar mejor preparado. También, quienes sigan la historia principal habrán recordado la mención de la Pestilencia Oscura, aquí se describen los síntomas en detalle (qué escalofriantes, por cierto), y las notas originales de este oneshot mencionan que hay indicios de que está conectada con los Ultra Entes, solo por dar algo de trivia adicional.

Aquí vemos de nuevo a Vermell, otro de los potenciales medios hermanos de Ash (lo recordarán de la escena final del capítulo 24, cuando Alain se encuentra con él). Por dar una aclaración, en la versión original, Crossoverpairinglover quería claramente representar que su lugar de origen es el equivalente en el mundo Pokémon a Cataluña en el mundo real. Investigando por ahí, las palabras que dice: "anar" y "guanyarem", en catalán significan "ve" y "ganaremos" respectivamente, para quien se lo pregunte (de hecho el nombre de Vermell significa "Rojo" en catalán). Su bloodline, si bien no me queda del todo claro cómo funciona, por lo que puedo deducir le ayuda a comunicarse con sus Pokémon, y es muy útil para tener al oponente dudando y sin que sepa lo que viene después.

Ahora, reporte del progreso de traducción. Me complace decir que falta poco para que todo el Resetverso esté traducido al español, solo me faltan el primer capítulo del spinoff "El Chico Salvaje de Sinnoh" (que será posteado como una historia aparte), y el Gaiden del Campamento de Oak. Sé que prometí después de este el de Sanpei, pero ahora que ya terminé el de Wally y el Especial de Navidad, y creo que es mejor que postee esos primero ya que algunos de los oneshots futuros es probable que les hagan referencia (el de Kiawe ya fue uno de ellos). El del Campamento de Oak, si bien explora la relación de Ash y Serena, no tiene mucha conexión con el resto todavía (aunque eso podría cambiar con la próxima actualización de la historia principal), así que creo que no esté mal dejarlo en espera por ahora, si están de acuerdo.

Gracias por los reviews a BRANDON 369, dragon titanico, sonicmanuel, darkdan-sama, sir-ash-ketchum, baraka108 y master master god. Tres días para el próximo, si es por mí preferiría postear el de Wally, pero su opinión será tomada en cuenta si quieren ver otro de los que ya están terminados: Sanpei, Erika y el Especial de Navidad (el de Kiawe queda para después de este último). Por ahora, voy a pausar la traducción para enfocarme más en mi otra historia "Encrucijadas - Entre una Sirena y una Princesa", y el Interludio de Gardenia que estoy preparando para el Resetverso. Nos vemos, cuídense.