Epilogo.
Ya han pasado dos años desde entonces. Aun no puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido. La gente y los dragones viven en completa armonía, como sí aquellos días de guerra, sangre, muerte y dolor nunca hubieran pasado.
Aunque hay algunas heridas que dejan cicatrices, lamentablemente, las cicatrices no desaparecen. Están ahí, recordándonos los malos momentos.
–¿Mami? –esa tierna vocecita me despertó de mi ensoñación.
Me giré alejándome de la ventana para poder mirar al responsable de aquella vocecita. Ahí estaba, mi pequeño niño rubio sosteniendo un dragón de peluche que Grandeeney, la madre de la pequeña Wendy les regaló en su nacimiento.
Me acuclillé para poder estar a su altura.
–¿Qué sucede, cariño? –pregunté pasando mis manos por su desordenado cabello dorado. Tan igual que su padre.
–¿Estas… triste? –preguntó.
–No. –negué rápidamente. Lo cargué en mis brazos. –Solo estoy un poco preocupado por tu padre. Ya sabes cómo es de impulsivo e irresponsable.
–¡Papi es fuerte! –exclamó sonriendo.
–Sí. –dije besando su frente. –Es muy fuerte.
Mi pequeño niño, aun puedo recordar los momentos hermosos en el que estuvo dentro de mi vientre. Natsu parecía el embarazado, no dejaba de parlotear sobre como seria y que es lo que haría una vez que naciera. Cada vez que lo recordaba me llenaba de ternura.
...
Dos años antes. 5 meses de embarazo.
–¿Enserio puedes escucharlo? –pregunté incrédula.
Natsu tenía la oreja pegada a mi ya hinchado vientre.
–Su corazoncito. –murmuró Natsu. –¡Oh! Es fuerte, su corazón late a un buen ritmo. Será un chico muy fuerte, igual que su padre.
–Oww~ Que envidia. –dije envidiando los poderosos sentidos de los dragones. –Tú puedes escucharlo.
Natsu desvió la mirada hacia mí y sonrió con ternura. Tomo mis manos entre las suyas y beso cada nudillo con cariño.
–No digas eso. –susurró. –Puede que yo lo escuché, pero tú lo sientes, tú tienes una conexión única con él.
La mirada cargada de ternura de Natsu se desvaneció poco a poco y luego miró mi vientre con rareza. Levanté una ceja por su cambio de humor.
–¿Qué sucede? –pregunté temerosa.
–Hay algo raro. –murmuró sin dejar de mirar mi vientre.
El miedo me llenó por completo. ¿Pasaba algo malo con el bebé?
–¿Natsu? ¿Algo va mal? –insistí en un manojo de nervios.
–Tranquila. –dijo rápidamente Natsu. –No es nada malo.
Pero, sin embargo, no podía confiar en su titubeo. Natsu volvió a colocar su oreja en mi vientre, con mucho cuidado de no rasparme con sus cuernos. Cerró los ojos y se concentró en el sonido.
No comprendía porque de repente se volvió tan serio. Solo podía rezar internamente que todo estuviera bien. Si algo le pasara a mi bebé, me desharía por completo. Puede que no lo conozca aun, pero ya lo amo como si de mi propio corazón se tratara, más importante que mi corazón, este bebé lo era todo. Es la primera vez que me siento tan cálida y protectora con alguien que no sea Natsu o mi padre.
–¡Oh, dios! –murmuró Natsu con asombro. –No vas a creerlo…
–¿Uhm? ¿Qué? –pregunté con la curiosidad carcomiéndome. Cuando no me contestó, fruncí el ceño. –¿Qué pasa, Natsu?
Natsu se arrodilló en el suelo frente a mí con la mirada brillante. Pareciera como si se debatiera en llorar o no, en su rostro había una sonrisa de oreja a oreja que consumió el miedo por completo. No podía ser nada malo, al contrario, tenía que ser una grandiosa idea para verlo reaccionar así.
–No es un bebé. –tartamudeó volviendo a la realidad.
–¿Qué? No entiendo. –dije sin comprender nada. –¿A qué diablos te refieres?
Natsu soltó una carcajada y me abrazó, me jaló hasta el suelo con cuidado para que me sentara sobre su regazo.
Confundida, lo separé de mí.
–¡Dime que está pasando! –exigí un poco molesta. –¿Por qué te comportas así?
–¡Luce! –exclamó besándome. –Son dos. –dijo una vez que nuestros labios se separaron. –Son gemelos.
Lo miré incrédula. Toqué mi vientre, aun en estado de shock. Siempre me he preguntado porque mi vientre estaba tan hinchado para solo cinco meses, al principio pensé que siendo un dragón sería un poco más grande que un bebé humano… ahora todo tiene sentido. No es solo un bebé, son dos bebés.
Sin poder evitarlo, lagrimas comenzaron a salir sin control por mis ojos. Eso era aún mejor, dos bebés.
–No era que su corazón fuera rápido. –explicó Natsu. –Es que, sus corazones están sincronizados. Van al mismo tiempo, por eso creí que era un solo bebé. ¿No es genial, Luce?
–Es maravilloso. –dije entre sollozos. –Dos bebés.
–Sip, gemelitos. –canturreó Natsu.
...
–¡Mamá! –exclamó una tercera voz en el lugar donde estábamos.
Busqué con la mirada al causante y casi se me cae el alma a los pies cuando vi a mi pequeña niña trepada sobre el gran reloj de la estancia y sosteniendo una espada de madera.
–¡Baja de ahí! –exclamé dejando a mi pequeño en el suelo. –Te lastimaras.
La pequeña sonrió con diversión blandiendo su espada en lo alto, sin miedo alguno de caerse o lastimar. Definitivamente era idéntica su padre respecto irresponsabilidad e hiperactividad.
–¡Seré una gran guerrera como Erza-san! –exclamó sin dejar la espada de juguete. –¡Saldremos de aventuras juntas!
Reí con diversión. A Erza le llenaría de orgullo escucharla ahora mismo, desde que mis pequeños gemelos nacieron no ha dejado de parlotear sobre cuidarlos y ser su madrina, a los pocos meses Erza llegó con la noticia de que sería mamá.
Bajé a mi pequeña revoltosa del reloj y la puse en el suelo, a los pocos segundos ya estaba corriendo por todo el lugar gritando sobre aventuras y derrotar monstruos.
Sorprendentemente, ambos gemelos nacieron como humanos, no tenían escamas o alas. Natsu dijo que estas crecerían cuando tuvieran la edad suficiente para cargarlas o tal vez no crecerían por ser mitad humanos. Lo que si adoptaron de Natsu es la habilidad de controlar y comer fuego, algo que no me emocionó para nada, más sin embargo Natsu estaba eufórico de la emoción.
Natsu tuvo que hacerse cargo de que ambos niños no incendiaran el castillo en un desvió.
Los niños siendo mitad dragón eran más fuertes y tenían los sentidos más poderosos, ambos adoptaron algo de lo que siempre estaré agradecida, sus ojos brillaban del mismo color verde jade que los de Natsu. A pesar de que son gemelos, nacieron con diferente color de pelo, mi niño era rubio como yo y mi pequeña era peli-rosada como Natsu.
Y como siempre, uno de los gemelos era tranquilito y el otro era incontrolable. Por lo general Natsu jugaba mucho con su hija, mientras que yo me pasaba horas leyéndole a mi hijo.
...
Dos años antes. Seis meses.
–¿Niño y Niña? –preguntó Natsu.
–Así es. –contestó Grandeeney con una sonrisa amable.
–Eso es genial, ¿No, Luce? –preguntó Natsu con un brillo de felicidad en sus ojos. –Ya no tendremos que pelearnos sobre si será niño o niña.
Reí ante su entusiasmo. Era un hombre adorable.
–Ahora tenemos lo mejor de ambos ¿No? –murmuré frotando mi vientre.
Con ayuda de la magia del aire de Grandeeney y Wendy hemos sabido ambos sexos de los bebés, y por insistencia de Natsu, hemos venido cada mes a hacer una revisión. Grandeeney sigue afirmando que ambos bebés están sanos y fuertes.
Una vez en el castillo, Natsu me dejó en la cama para que descansara.
–¿No tienes hambre? –preguntó mientras me ayudaba a quitarme mis zapatos. –Puedo traerte lo que quieres.
–Estoy bien, amor. –dije recostándome. –Solo me duele la espalda.
En estos meses ha sido casi imposible hacer que Natsu se aleje un solo centímetro de nosotros. Ha estado atento de nosotros, y eso me hincha el corazón de ternura.
Enredé mis dedos en su cabello desordenado. Estaba sentado en el suelo, recargando sus brazos en el borde de la cama, mirando con atención mi vientre, pasando su dedo índice por toda la longitud de este.
–¿Cómo los llamaremos? –preguntó después de un largo silencio.
–¡Oh! Diablos. –murmuré, asombrada.
Natsu rió.
–Dudo que ese sea un bonito nombre, Luce. –dijo con diversión.
–Cállate, tonto. –dije riendo.
–¿No lo habías pensado, cierto? –preguntó Natsu.
–Ni un poco. –admití, avergonzada. –¿Cómo crees que podemos llamarlos?
Natsu se quedó en silencio.
–¿Tú tampoco lo habías pensado, eh? –pregunté con una pequeña sonrisa.
Volvió a quedarse en silencio.
–De hecho…. –murmuró después de un rato. –Si lo había pensado.
Sorprendida intenté rodar un poquito para poder verlo. Había una pequeña sonrisa iluminando su rostro, también había un leve sonrojo en sus mejillas.
–¿Puedes decirme? –pregunté, conmovida.
El sonrojo creció solo un poquito más. Es tan raro ver a Natsu sonrojado, pero cuando se sonrojaba era la cosita más tierna que yo antes haya visto.
–He estado pensando…. –murmuró, nervioso. –Que si es niña…
–Ajá, sigue. –lo alenté, curiosa por su decisión.
–Que… que la llamáramos Layla. –dijo en un leve susurro. –O podríamos utilizar tu nombre. –dijo rápidamente aumentando el sonrojo. –Me gusta tu nombre.
Una punzada de nostalgia y conmoción me invadió.
–Layla…. –murmuré al borde de las lágrimas. –Me gusta mucho.
–¿Ah? ¿Estás segura? –preguntó.
–Sí. –asentí limpiando las pequeñas lagrimas que no logré retener de mi ojos. –Es hermoso. Layla será una niñita hermosa, ¿No crees?
–Igual que su madre, puedes asegurarlo. –concordó Natsu.
Besó la punta de mi nariz con cariño.
–¿Y el niño? –pregunté, curiosa.
Natsu volvió a ponerse nervioso. Ya no sonrojado, pero nervioso e incómodo. ¿Si habrá pensado en un nombre para un niño, cierto?
–Ahm… veras…. –musitó Natsu, incomodo. –Creí que podríamos llamarlo…
–¿Si?
–Loke. –dijo por fin.
Abrí los ojos, meramente sorprendida. Coloqué mi mano sobre su mejilla y noté sus verdaderos sentimientos.
–Yo no conocía Loke. –dijo él con una expresión nostálgica. –Lo único que sabía de él, era por lo que me habías contado. Para mí era solo un humano más. Un humano del que yo estaba celoso. Pero, debo admitir que lo respeto mucho, estaba dispuesto a dejar su amor por ti por tu felicidad. Estoy completamente seguro de que aquel hombre te amó más que nadie. –Natsu limpio las lágrimas que salían de mí. –Le estoy agradecido, te protegió, tal vez no por mí, pero si porque tú eras muy importante para él. Y aun así, le agradezco mucho. Si yo te hubiera perdido, me hubiera vuelto loco, me hubiera roto por completo.
–Natsu. –sollocé.
–Creo que esta es una forma de agradecerle que haya protegido aquello que más he amado en mi vida. –dijo besando mi labios delicadamente. –Tú, Luce.
Me levanté con dificultad y lo abracé. Es que este hombre no puede ser más adorable.
Las hormonas y la nostalgia me estaban haciendo pedazos. No dejé de llorar hasta después de unas horas. Y Natsu estuvo ahí, consolándome hasta que me quede sin lágrimas.
–Te amo mucho. –sollocé apegándome a él.
–Yo te amo más, mi Luce. –dijo besando mi coronilla.
...
Layla y Loke eran completamente diferentes. Pero ambos se querían y respetaban, a veces jugaban juntos, hablaban y Loke intentaba de buenas manera que Layla no se metiera en problemas todo el tiempo.
Me recordaba mucho a mí y a Loke en nuestra infancia. Loke siempre estaba ahí para recordarme que no debo hacer desastres.
–¡Ah! Luce. –habló Natsu.
Miré la puerta por donde estaba entrando Natsu. Corrí hacia sus brazos para abrazarlo. Hace tres días que se fue por negocios con los dragones, tres días que parecían un tormento.
Correspondió a mi abrazo.
–Te extrañé tanto. –dije sin dejarlo libre.
–Yo también, Luce. –dijo sin dejarme. –A los tres.
Cuando dijo eso los gritos de emoción de ambos gemelos se escucharon por la habitación y corrieron para recibir a su papá. Ellos también han estado ansiosos de que su padre volviera.
Nos separamos para que Natsu pudiera abrazar a ambos niños.
–¡Papi! ¡Papi! –gritaba Layla blandiendo su espada. –¿Ya viste la espada que me regalo Erza-san?
–Erza, ¿Eh? –dijo Natsu con un escalofrió. –Es muy bonita. Típico de Erza.
–Pues a mí me regalaron un nuevo libro. –comentó Loke con el libro en sus manos. –Levy-san me lo trajo de otro país.
–Lo libros son aburridos. –dijo Layla sacándole la lengua.
–Las espadas son feas. –dijo Loke imitando a Layla.
–Oigan, tranquilos. –dije, interviniendo. –Ambos son regalos muy buenos. A mí me gustan ambas cosas.
–Porque mami es genial ¿No es así, chicos? –canturreó Natsu.
–Sí. –contestaron ambos niños al unísono.
–Bien, vayan a jugar con sus regalos. –dijo Natsu dejando a ambos niños en el suelo. –Necesito hablar con mamá.
Una vez en el suelo ambos corrieron hacia el patio trasero gritando. Definitivamente el castillo nunca más volvería a estar en paz.
Antes de que pudiera regresar mi mirada hacia Natsu, él ya tenía sus labios sobre los míos, y no exactamente en un beso tierno, no, es un beso que solo él puede darme. Un beso desesperado y salvaje.
Tormentosamente, tuve que detenerlo, no estábamos en el lugar ni en el momento. Un brillo de deseo se prendió casi al instante.
–¡Woah! Si me recibes así todo los días no me enojo. –dije entre jadeos.
–Trato. –sonrió maliciosamente. Pegó su frente con la mía, rodeando mi cintura con sus brazos. –Te extrañé tanto. Estos fueron un infierno total.
–Dímelo a mí. –dije pasando mis manos por sus hombros y rodeando su cuello. –¿Ya no volverás a irte, verdad?
–Espero no. –gruñó, fastidiado. –El reino de los dragones a veces es un desastre total. Pero Juvia, Mirajane, Laxus y Wendy pueden hacerse cargo por un tiempo.
–¿Entonces te tengo todo para mí esta noche? –pregunté seductoramente.
Natsu se relamió los labios sin poder borrar esa sonrisa pícara en su rostro. Besó mis labios una vez más.
–No tenemos por qué esperar hasta la noche. –dijo bajando un poco para sujetarme de las piernas y alzarme sin dificultad.
Solté un pequeño gritito de la sorpresa cuando me puso sobre su hombro y comenzó a caminar hacia la recamara.
Puede pasar de ser el hombre más adorable hasta el hombre más seductor en cuestión de segundos.
–He estado esperando esto por días. –gruñó Natsu feliz mientras aun caminaba hacia la recamara.
–¡Papi! –se escuchó gritar a ambos niños. –¡Ven a jugar con nosotros!
Natsu se detuvo casi inmediatamente. Casi me ahogo en mi risa, risa que no pude controlar cuando escuché a Natsu refunfuñar.
–Creo que seguirás esperando, cielo. –dije una vez que dejé de reír.
Me dejó en el suelo con cuidado y lo vi fruncir el ceño. Me encogí de hombros sin borrar mi sonrisa.
–Tú querías bebés escupe-fuego. –bromeé mientras caminaba hacia la recamara dejando a un Natsu bastante frustrado en las escaleras.
Una vez que me aseguré que Natsu estuviera jugando con los niños, subí hacia la recamara donde peleamos contra Acnologia. Hace algunas semanas, Virgo encontró algo inusual mientras limpiaba esta zona. Me llamó inmediatamente al reconocer que era de mi madre Layla.
Rápidamente fui a ver de qué se trataba. Gran fue mi sorpresa cuando me entere de que era un viejo diario. Un diario del que yo no sabía su existencia. Ella nunca lo mencionó.
Hasta el momento nunca me he atrevido a leerlo. Una vez que lo encontré, lo oculte en debajo de un tablón suelto de aquella recamara. Ni siquiera se lo dije a mi padre, ni a Natsu a algún amigo. Solo Virgo y yo lo sabemos. Y por supuesto, le pedí a Virgo que no dijera nada.
Ahora que no me encontraba sola en el castillo, me atreví a leerlo. Me senté en el suelo y abrí el tablón donde estaba oculto el diario. Me temblaban las manos.
El diario estaba bastante deteriorado. Así que debe tener años y años. Reconocí la letra una vez que lo abrí, definitivamente era de mi madre. Abrí la primera hoja y leí la fecha.
Tragué con dificultad mi nudo en la garganta.
Este diario se escribió mucho antes de que yo naciera, mucho antes de que mi padre y mi madre se casaran. Esto es un diario de su adolescencia, tal vez incluso de su infancia.
Un diario de su vida. Y lo tenía en mis manos.
Chan! Chan! Chan~~
Me quedó taaaaan cursi xD
Espero que les haya gustado tanto como a mí :'3
No sé si quieran que escriba la historia detrás del diario o de Layla y Acnologia.
¿Reviews? OwO
