INTERCAMBIO DEL ALMA
(Soul Exchange)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 21: Posiciones Comprometedoras
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"Sango - Sango!!" Inuyasha se deslizó por una esquina del corredor, esquivando torpemente una pesada carga de lavandería que una de las criadas estaba cargando y corrió. Todo el tiempo intentando retirar el cabestrillo de su brazo. Llegó a la puerta de su habitación con otro desliz. "Sango - necesito preguntarte algo realmente-"
Él se detuvo en seco cuando retiró la puerta y miró adentro para ver que Sango no estaba despierta todavía... las seis de la mañana y todavía no estaba levantada? Pero había una razón… ya que estaba felizmente acurrucada con Miroku en la cama… en una posición inusualmente inocente… pero no iba a levantarse pronto.
Inuyasha chasqueó su lengua y giró sus ojos mientras se daba la vuelta. "Debí haber sabido que el tonto lujurioso intentaría tenerla en la misma cama a una semana de regresar… de todas las cosas bajas y canallescas…"
Él gruñó para sí mientras salía de la habitación, olvidando cerrar la puerta tras él - perfecto para que una fría brisa entrara y todos lo que pasaran, tuvieran una agradable vista de la pareja.
Sin embargo, sólo tomó unos momentos, para que la fría brisa alcanzara primero a Miroku, quien estaba del lado más cercano a la puerta. Él frunció y suspiró mientras comenzaba a despertar, preguntándose por qué de repente se había enfriado tanto. Aunque había algo a su lado que era mucho más incitantemente cálido… y abrió sus ojos de una vez para ver la parte de atrás de la cabeza de Sango a un pie ante su propia nariz.
Por un momento no se atrevió a respirar o moverse, en caso de que pudiera espantarla. Pero esa era una noción estúpida… tenían un bebé entre ellos, por supuesto que no huiría… además, estaba dormida.
Pero no estaría dormida por mucho más si esa brisa le llegaba. Entonces Miroku, siendo el generoso y desprendido hombre que era, se acercó tranquila y protectoramente envolvió un brazo alrededor de su medio cuerpo, halando su espalda contra su pecho. Sango no se movió mucho… sólo murmuró en su sueño y aceptó la nueva posición sin mucho problema. Estaba feliz… no quería que lo golpeara en la cabeza con una espátula como la primera vez que intentó esto en su sueño.
Tuvo cada oportunidad para ganarse una sensación en ese momento… y era perfectamente legal desde que era la madre de su hijo y todo. Pero la necesidad no lo dominó, y todo lo que hizo fue inclinarse levemente para oler su cabello, antes de sonreír y acomodarse para cerrar sus ojos.
Sin embargo, a pesar de los intentos de Miroku para resguardarla de sentir el frío de la puerta, aún la alcanzó y murmuró levemente mientras comenzaba a despertar. Miroku continuó pretendiendo que estaba dormido, no quería arruinar el humor todavía.
Algo estaba envuelto alrededor de su medio cuerpo… y al principio pensó que podría haber sido una serpiente (por el sueño que estaba teniendo) y bruscamente miró mientras era lo consciente suficiente para registrar donde estaba. En vez de una serpiente, se dio cuenta que un brazo mucho más cálido - pero no menos peligroso - perteneciente a Miroku estaba manteniéndola cerca a otro cálido cuerpo tras ella. Y a juzgar por el continuo puff de aire caliente en su nuca… aún estaba dormido.
"Oh… condenado… demonio…" susurró ella para sí y se preguntó cómo demonios se supone iba a salir de la cama. Qué demonios la había poseído para dormir ahí con él? Oh sí… porque tenía frío y el piso era muy duro. "Tonto…" reprimió ella… para sí o para Miroku no estaba segura.
La respuesta de Miroku a ese comentario fue gruñir levemente en su 'sueño' y subió su mano más por su cuerpo para descansarla ligeramente contra la curva de su pecho.
La respiración de Sango se atascó en sus pulmones e intentó obligarse a mantenerse muy quieta. El instinto le decía presionarse hacia atrás, lejos de la mano, pero si lo hacía presionaría a Miroku y lo despertaría. No quería enfrentarlo todavía en una posición como esta.
"Debí haber sabido que aún eras un lujurioso después de todo este tiempo…" Le siseó ella, aunque sabía que probablemente no podía escuchar… pero tampoco podía ver su sonrisa.
Ella contuvo su aliento de nuevo mientras lentamente llevaba su mano hacia su pecho, intentando no mover nada más en la cama, incluyéndose. Tocó su mano una vez… la retiró con cobardía… antes de alcanzar su mano de nuevo para intentar retirarla gentilmente de su pecho, por su dedo meñique.
Miroku no estaba cooperando. Él suspiró y rodó 'espontáneamente' sobre su espalda, arrastrando a Sango con él para que ahora estuviera acostada sobre él. Sango miró el techo con mortificado horror y ahora ambas de sus manos estaban cerradas firmemente sobre sus senos.
Ella iba a darle la golpiza de su vida cuando regresara a sus sentidos.
"Oye, Sango?!" La voz de Kagome atravesó la puerta, seguido por la chica inusualmente jovial. Las cabezas de Sango y Miroku se levantaron ante su llegada. "Has visto a Inu… oh! Dios! Lo siento! No quise ver eso! Me iré ahora!"
Kagome se sonrojó y se alejó de la puerta - sólo para ser seguida por un corto y sorprendido grito. "No - Lady Inu! No entre ahí! Sango y Miroku están OCUPADOS!"
Sango se zafó del agarre de Miroku y corrió a cerrar la puerta para que nadie más pudiera interrumpir. Cuando estuvo hecho se giró lentamente y fijó una malhumorada mirada en Miroku quien parecía completamente inafectado por la intensidad de su mirada. Simplemente le sonrió y movió sus 'ocupadas' manos para juntarse detrás de su cabeza.
"Estabas despierto!" Gritó Sango acusadora. "Eso se llama hostigamiento!"
"Se llama romper el hielo." Miroku se sentó con sus manos arriba como si estuviera rindiéndose. "Sólo estaba intentando ayudar."
"Tú… tú…" Sango estaba tan molesta que no podía encontrar las palabras para expresar lo enojada que estaba. Así que en vez, miró alrededor buscando un duro objeto para expresarlo mejor. Pero esa actividad vivió poco cuando un pequeño grito sonó desde la cuna en el rincón, antes de volverse un completo berrinche de bebé.
La rabia de Sango se desvaneció en un instante mientras corría para ver cuál era el problema. Miroku la siguió rápidamente, incapaz de tener suficiente de su nuevo hijo. Agradecidamente, Sango pareció ya haber olvidado que estaba molesta con él… así que lo dejó abrazar a Fushi en un último y desesperado intento para hacerlo dejar de llorar.
Al menos funcionó.
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Kagome sonrió felizmente mientras caminaba por el corredor, dirigiéndose hacia la entrada principal. Estaba especialmente feliz esa mañana por varias razones.
Sango había regresado con Miroku - y aparentemente recordaban viejos tiempos. Naraku la había liberado de la propiedad de su alma e Inuyasha no estaba molesto con ella más. Bueno… no mucho. Aún estaba un poco malhumorado pero era de esperarse. Aunque ahora parecía estar haciendo un poco de esfuerzo por ser amable con ella.
Esa mañana Kagome planeó ir a ver a Kouga en el bosque. Había escuchado unas noticias de una de las criadas del palacio de que también había sido gravemente herido en la batalla. Kagome podía no amarlo más… pero aún se preocupaba por él a un nivel amistoso. Así que quería ir a verlo y ofrecerle la ayuda y el consuelo que pudiera.
Pero los buenos días en algún punto siempre se tornaban en el peor de los días de tu vida. Varias veces Kagome había comenzado un día, como este, determinada a ser amable con todos y ayudar a la gente y arreglar el mundo a su alrededor, sólo un poco. Usualmente era en esos días que el mundo se daba la vuelta y se reía de ella y ponía algo malo en su camino que arruinaría todo lo que había hecho.
Era la teoría de la banda elástica. Simple pero, significaba que las buenas cosas se construían sobre otras y la banda se estiraba y estiraba. Y cuando el mundo decidía que había tenido muchas cosas buenas - SNAP - la banda se devolvía para golpearla en la cara. Así era como los malos días estaban hechos.
Hoy era un mal día después de todo.
Kagome se dirigió hacia las puertas del palacio, intentando atravesarlas. Pero justo a unos pies de pasar, los guardias se detuvieron y levantaron una mano. "Quédese en el palacio, Lady Kagome."
"Uh… por qué?" Kagome le frunció, levemente desalentada.
"Quién sabe qué tipo de espías y canallas están rondando por ahí en un momento como este." Dijo el guardia gravemente. "Es mejor que se quede adentro, donde está a salvo."
Kagome suspiró fuertemente antes de asentir. "Bien…" ella se giró y regresó, pero no adentro del palacio. En vez, rodeó el costado del edificio, dirigiéndose hacia ese hueco en el muro que había hecho Inuyasha.
Kagome nunca fue alguien para obedecer las reglas.
Pero tan pronto como estuvo fuera de vista y alrededor de la esquina del edificio, encontró su camino bloqueado por una peluda figura blanca… Se detuvo en seco y sintió un frío temor llenarla cuando levantó sus ojos para mirar el rostro de Naraku… o lo que podía ver de él. Aún usaba esa máscara de babuino, y todo lo que veía era su quijada.
"Qué quieres?" preguntó ella apretadamente, deseando que se fuera y la dejara en paz.
"Inuyasha no está muerto, Kagome, Nena." Dijo Naraku simplemente. No sonó más tan entretenido por ella. Más como molesto. "Por qué no está muerto, Nena?"
"Él… su hermano…" ella no necesitaba decirlo en voz alta… Naraku aún podía leer sus pensamientos cuando pensaba lo alto suficiente.
"Lo revivió con una espada mágica." Naraku resopló sin humor. "Qué pobre."
Kagome retrocedió un pequeño paso.
Naraku agarró su mentón para detenerla de huir… la sorpresa del frío contacto en su piel la hizo retroceder aún más. Cómo demonios había logrado tocarla? Él sólo era una imagen… sólo un espíritu… él no era sólido!
"Oh, no lo sabías?" Naraku le siseó. "Cuando me pongo MUY molesto puedo materializarme en este plano de la existencia… si necesito… manejar… algo por mí mismo."
Kagome tragó duro. De repente no se sintió más segura alrededor de Naraku.
"Rompiste tu parte del trato, Nena. Él aún vive. Tu alma todavía es mía." Dijo él, la malicia apenas oculta en su voz.
Kagome se sintió como si hubiese sido golpeada y titubeó levemente, luchando por contener sus lágrimas. No quería mostrarle lo débil que era… pero las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, sin importar lo firme que estaba su rostro.
Definitivamente era uno de esos malos días.
Naraku sonrió mientras levantaba sus manos y hacía un gesto catapulta ante su rostro, pretendiendo liberar la banda elástica. "Snap…" susurró él antes de desaparecer.
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Inuyasha abanicó levemente en su rostro una paca de papeles que le habían dado los consejeros para leer. Era algo sobre granjas y villas… cálculos de población y ese tipo de cosas… Unas estadísticas muy útiles para un rey.
Inuyasha no entendía ni pizca de eso y simplemente continuó usando los papeles como abanico mientras se paseaba en su habitación al lado de la ventana. Se detuvo y colocó una mano en su cuello. Aún se sentía muy acalorado… y definitivamente no era la habitación - era él. Distraídamente tiró del cuello de su camisa, intentando enfriarse.
No había caso…iba a tener que salir de la habitación. Además, probablemente debería salir de ahí antes de que Urami regresara a atender sus heridas.
Lanzando los documentos importantes sobre su hombro, marchó hacia la ventana y la abrió con su brazo más fuerte, saliendo con rápida y eficiente agilidad a pesar de su actual enfermedad. Afuera aún estaba naturalmente húmedo y cálido… pero era mejor que estar encerrado.
Por un momento cerró sus ojos y respiró profundamente, intentando estabilizar su molestia. Siendo el Rey tenía muchas nuevas preocupaciones pesando sobre él… problemas con trabajadores en algunos de los pueblos… algunos campesinos que no se preocupaban en trabajar dejándose morir de hambre - algo que ÉL tenía que resolver. Su hermano invadiendo era otro riesgo… ahora todos sabían que su debilidad era la luna nueva… estaría perdido en un mes cuando llegara de nuevo. Un afortunado bastardo vendría y reclamaría el trono al matar al débil rey humano.
Inuyasha gruñó y golpeó su mano contra la baranda.
Muchas preocupaciones…
Y aún… aunque todo eso hacía desastres en su cabeza, ahora la mayoría de su tiempo lo ocupaba pensando en Kagome. Él suspiró y se relajó… sin notar cómo el sólo pensar en ella lo calmaba más. Kagome ahora era lo que lo mantenía ocupado en el día… todo lo demás sólo era basura… pero Kagome lo valía. Las conversaciones con ella eran como descansos en días de duro trabajo… sólo estar a su alrededor era como estar en presencia de una enorme energía y espíritu. Cómo alguien como Naraku había logrado robarla era difícil de creer…
Y ella estaba enamorada de él.
Sólo pensar en eso hacía que otra idea en su cabeza cesara mientras miraba hacia los campos del palacio… antes de sonreír para sí e inclinarse sobre la baranda. Si Kagome estaba enamorada de él entonces indudablemente se quedaría con él… de todas formas había dicho que se quedaría con él. Eso significaba que siempre tendría cerca su maravilloso espíritu para darle la fuerza suficiente para continuar.
En la batalla había perdido su fuerza porque la había alejado… se dio cuenta de eso… Bueno… lo había aprendido de ese error y no iba a cometerlo otra vez.
Un extraño sonido alcanzó sus oídos y salió de sus pensamientos para intentar determinar lo que era. Inclinándose sobre la baranda y mirando hacia abajo pudo ver a Kagome paseando… o más como tambaleándose por los jardines. Realmente no estaba mirando a dónde desde que su rostro estaba oculto en sus manos.
Sorpresa sacudió a Inuyasha y por un horrible momento pensó que había sido el que la hizo llorar. Pero qué había hecho? No había sido por todo eso sobre matarla, verdad? Porque no lo había dicho en serio… sólo había intentado espantarla…
Sin pensar realmente saltó sobre el balcón y cayó en el suelo, aterrizando en el camino de Kagome. A primera vista probablemente no había sido una buena idea, porque Kagome pareció muy asustada entonces.
Una repentina figura apareció ante ella y alarma destelló mientras daba un fuerte grito y se lanzaba contra la pared. Pasaron segundos antes de darse cuenta que sólo era Inuyasha, pero su corazón aún latía fuerte en su pecho. Por un horrible momento había pensado que otra vez era Naraku…
"Por qué estás llorando?" preguntó Inuyasha sin rodeos. "Hice algo? Es por mi?"
"Estoy llorando?" dijo Kagome, consiguiendo verse desconcertada ante su declaración. "Sólo estaba lavando mi cara… eso es todo…"
Inuyasha le frunció. "Pero tus ojos están rojos…"
"Bueno…" Kagome se infló indignada. "Así están los tuyos cuando andas de pura sangre."
Inuyasha giró sus ojos. Él no iba a ser engañado por sus tácticas asertivas. "Qué pasa contigo? Por qué estás perturbada?" él pausó antes de continuar. "No tiene que ver conmigo, verdad?"
Kagome abrió su boca para mentir… para decirle algo tonto sobre ver un halcón matar un ratón o algo… antes de cerrarla rápidamente de nuevo. Por qué necesitaba mentirle? Ahora sabía la verdad. Mentir sólo empeoraría las cosas… pero tuvo que preguntarse si podría obligarse a decir las palabras.
"Es… algo sobre ti…" Kagome luchó por encontrar las palabras correctas. "Él… digo… tú – al estar vivo y todo… um… Naraku… reforzó nuestro trato… no soy tan libre como pensé…"
Inuyasha la miró, una familiar sensación de rabia y traición lo recorrió, dirigida a Kagome y a Naraku. Pero la hizo a un lado. "Aún tiene tu alma, huh?"
Kagome asintió, disolviéndose en más lágrimas. "Yo… nunca voy a ser libre…"
"Podrías." Inuyasha de nuevo estaba comenzando a sentir un poco de calor bajo el cuello. Dudó que fuera lo último de esa fiebre… estaba perdido en qué hacer.
"No…" Kagome le sonrió, como si supiera que sólo estaba siendo optimista por compasión. "Sólo seré libre si tengo la joya…"
Kagome estaba enviándolo a un viaje de culpa, y no lo sabía. Inuyasha desvió la mirada, claramente enojado consigo mismo. Había lanzado esa maldita joya en el lago… no había forma en recuperarla. El lago era muy profundo y el agua muy oscura para ver a través…
"Kagome…" él suspiró. "Lo siento… yo traje la joya conmigo…"
Kagome le parpadeó sorprendida. La esperanza brillando en sus ojos en ese momento lo hizo sentir como un cerdo por lo que iba a decir después.
"Pero la tiré en el lago cuando escuché tu conversación con Naraku." Dijo él lentamente. "Lo siento… supongo."
Kagome se desinfló levemente, viéndose perturbada otra vez, pero logrando esconderlo valientemente. "Está bien… no hay caso en llorar sobre la leche derramada."
Ella estaba tomándolo mejor de lo que Inuyasha habría tomado noticias como esas. Vio agachar su cabeza mientras comenzaba a llorar otra vez. Él quería golpearse por causarle tanto dolor… si él muriera y se quedara muerto ella no estaría en este desastre. Dios… por qué tenía que ser tan egoísta?!
Así que en vez de golpear su cabeza contra el muro de ladrillo (no algo bueno desde que su cráneo estaba recuperándose de ser destrozado) hizo algo mejor. Incómodamente avanzó y la haló en una especie de abrazo formal, una expresión extraña desde que no estaba seguro si esto tendría el efecto deseado… hacerla dejar de llorar.
Bueno, funcionó por unos momentos mientras se tensaba en shock. Pero tan pronto como superó su shock tomó ventaja de él… lanzando sus brazos alrededor de su pecho y escondiendo su rostro en él, llorando, por primera vez en mucho tiempo, con todo su corazón.
Inuyasha hizo una mueca ante el dolor que punzó en sus costillas, pero podía soportarlo. En realidad dolía más escuchar a Kagome llorar más fuerte que antes. Relajó sus brazos alrededor de sus hombros y la abrazó fuertemente, haciendo una mueca cuando tembló más fuerte.
Fue agradable para Kagome… por primera vez le había desahogado sus problemas y temores a alguien… y ahora tenía un hombro fuerte (o pecho) para llorar. La hizo sentir mejor… la hizo sentir segura, pero aún no acababa con el problema en mano. Su alma aún era controlada por Naraku… y su cuerpo controlado por el veneno de Sesshomaru.
Tal vez estaría bien si Inuyasha estaba con ella así durante todo el camino.
Pero entonces recordó que aún estaba lastimado y se separó rápidamente. "Oh, lo siento - estás lastimado - no quise apretarte así de duro!"
"Está bien." Él se encogió, no sintiendo mucho dolor. "Estoy mejor ahora. No necesito a Urami para vendar más mis heridas."
Kagome le dio un frunce mientras alcanzaba su cuello y tiraba de su camisa hacia su hombro. Él miró el hombro que había descubierto y se vio pensativo ante la infectada herida. "Excepto por esta tal vez…"
"Por qué se infectó mientras tu cabeza se curaba?" preguntó Kagome, dejando caer su mano de su camisa para que pudiera acomodarla.
"El veneno de Sesshomaru, supongo." Él se encogió levemente. "Se curará a su tiempo."
Kagome suspiró… vaya… ahora tenían más en común con Sesshomaru envenenándolos a ambos.
"Y a dónde te dirigías?" Inuyasha cambió de tema rápidamente.
Kagome decidió no decirle sobre sus planes de ver a Kouga. "Al lago… es un día agradable.. Quería contemplar el agua y relajarme." Sí… relajarse sabiendo que estaba mirando el lugar donde su llave a la libertad yacía inalcanzable para siempre…
"Iré contigo." Dijo Inuyasha de repente.
"De verdad?" Kagome le levantó una ceja. "Gracias."
"No sólo por ti, por supuesto." Dijo Inuyasha rápidamente y señaló el balcón sobre ellos cuando una voz salió de su habitación.
"Inuyasha? Inuyasha, dónde estás?" La voz indudablemente le pertenecía a Urami.
"Rápido!" Inuyasha agarró su mano y arrastró a Kagome hacia el previo hueco que había hecho en el muro del palacio. Kagome se sonrojó levemente mientras lo seguía obediente, secretamente deleitada en la grande y dura mano que sostenía la suya mucho más pequeña.
En realidad… mejor la soltaba antes de que estuviera tentada a apretarlo y delatarse.
Pero Inuyasha la sorprendió cuando le destelló una infantil sonrisa y apretó su mano gentilmente mientras salían del agujero y caminaban hacia el árbol. Kagome tuvo problemas en seguirle el paso cuando sus rodillas de repente se debilitaron… y no le importó más sus problemas en tanto como Inuyasha pudiera sonreírle así.
Él no soltó su mano hasta que alcanzaron el árbol. Escuchó a Kagome reír tras él y la miró a tiempo para verla desplomarse al lado del tronco. "Ella nos encontrará - sabes que sí." Ella aún sonrió.
Inuyasha a veces era, muy inconsciente de muchas cosas… pero aún ahora podía ver que lo miraba de una forma especial que nadie más veía. Debía ser amor lo que hacía brillar sus ojos… o sólo lo restante de las lágrimas.
Por un momento su propia sonrisa titubeó levemente mientras una extraña sensación inundaba su pecho, mareándolo levemente por un momento. Él lo reprimió… lo ignoró en un rincón y regresó a disfrutar esta rara oportunidad de estar a solas con Kagome… disfrutar su compañía… y deleitarse de su energía.
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Lady Inu sonrió para sí y golpeteó sus dedos levemente contra el otro mientras miraba por la ventana del salón del trono para ver a la pareja bajo el árbol. Habían estado tomados de las manos… se habían abrazado… era posible que cuando la Reina no hubiese estado ahí para ver, tal vez también se hubiesen besado?
Y mejor aún, Kagome había reportado esa mañana que Miroku y Sango estaban en su camino a recuperar todo el tiempo perdido entre ellos. Había pasado después para encontrar que Sango realmente estaba dejándolo alimentar al bebé… y ambos parecían tranquilos en la mutua compañía. Si Fushi no hubiese estado entonces quién sabe lo difícil que sería juntar a esos dos…
Bueno… todos sus planes estaban resultando bien. Pronto, Lady Inu sería bendecida con un nieto biológico y tal vez con otro hijo de Sango - Lady Inu sería automáticamente la abuela en cualquier caso.
"Excelente…" La Reina continuó golpeteando sus dedos mientras su sonrisa se ampliaba.
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Continuará…
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Nota de la autora: Próximo capítulo - 'Una Tonta Creencia'. Ooh… suena inquietante para mi (Debería saberlo).
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