Recuerdo, por si acaso me he olvidado de comentarlo, que la parte de la ortografía… meh. No es mi fuerte. Y mira que me esmero en intentar que todo esté correcto y demás. Y mi corrector no para de saltarse cosas, para más inri. Acabo de releer algunos capítulos y madre de dios. xDDD Así que si veis algo, comentadlo y lo arreglaré (a no ser de que sea a propósito).

En todo caso, ¡disfrutad del capítulo!


CAPÍTULO 21

EL NACIMIENTO DEL SOL

En las proximidades del templo de los ancianos, en el interior del planeta

¿?

Ahí está. Delante de nosotras, a menos de 30 metros. En el centro de una caverna enorme y oscura, rodeada por corriente vital fluyendo a su antojo.

Sefirot.

Esta caverna no se parece en nada a la anterior. No da sensación de que sea parte del templo de los ancianos. Es simplemente un campo de batalla: una gran plataforma central rocosa se yergue solitaria en medio de la cueva, con un único camino de rocas que conduce a él. Y, para seguir con el diseño del templo, hay una gran caída en todas direcciones. No se puede ver el final, aunque bien puedes reflexionar sobre tu vida mientras caes, porque da la sensación de ser muy hondo.

Sefirot no está solo en esa plataforma, por eso. Un hombre de pelo rubio con una espada mucho más grande de lo que debería lo acompaña: Cloud Strife. Y detrás de él, a una distancia de unos cuantos metros, Red XIII. Ninguno de los presentes se ha percatado de nuestra presencia.

— ¿Estás lista? – me pregunta Yuffie.

— No importa si lo estoy o no. Vamos a acabar con él.

A pesar de la gran diferencia de nivel y de habilidad existente entre nosotros, haré lo que pueda para ayudar. Sé, por experiencia propia, lo que pueden llegar a hacer.

Yuffie me devuelve la mirada, sonriente.

— Por supuesto que sí.

Y nos encaminamos hacia nuestro enemigo.

A medida que nos acercamos, los combatientes se dan cuenta de que hay alguien más y se separan.

— ¡Yuffie! – exclama el felino.

— ¡Aquí llega la caballería! – grita Yuffie.

Nos vamos acercando rápidamente a Strife y a Red XIII, siempre atentas a Sefirot. No he de perderlo de vista en ningún momento.

— ¿¡Y los demás!? – pregunta Strife.

— Bien. Aunque podrían estar mejor – respondo en lugar de Yuffie –. No te preocupes por ellos ahora mismo.

Miro de reojo a Strife. Parece fatigado y cansado, y tiene sus ropas rasgadas y harapientas. Se nota que ha estado luchando durante largo tiempo, y parece que todavía tiene energía para seguir haciéndolo. No puedo girarme ahora mismo para ver que tal está Red XIII, pero por lo que he visto mientras entrabamos, se encuentra bastante peor que Strife. Mucho más exhausto.

— Tranquilo, Red. Sal de aquí y déjanos esto a nosotros – dice Yuffie.

— Ni de broma – responde Red XIII quien, por el sonido de su voz, no está ni en condiciones de hablar.

— ¿No confías en mí? Recupera fuerzas, nosotros seguiremos a partir de aquí – reitera Yuffie. – Y no acepto un no por respuesta.

El felino no responde, pero segundos después escucho sus pasos alejándose lentamente. Supongo que habrá aceptado a regañadientes, aunque tampoco es que pueda confirmarlo sin dejar de mirar a Sefirot, cosa que no pienso hacer.

— ¿Cuál es el plan de ataque? – pregunto a Strife.

Este se queda pensando.

— ¿Ves eso que tiene en el pecho?

¿Qué? ¿En el pecho?

¿¡Pero qu-!? Es… es cierto, ya no tiene solo una cicatriz. Hay algo metálico y gris incrustado en su cuerpo, justo por encima de sus abdominales.

— ¿Qué es eso? – pregunta Yuffie, quien también se ha fijado a raíz de las palabras de Strife.

— Jenova.

— ¡Jen…! ¿¡Que!? – hasta yo me sorprendo de mi propia voz.

— Esa es la cabeza de Jenova — prosigue Strife —. Sefirot está muerto, lo matamos. Quien está detrás de todo esto es esa cabeza. Jenova es quien tiene el control y los recuerdos de Sefirot.

Tanto Yuffie como yo nos quedamos en silencio, intentando comprender lo que nos ha dicho Strife. Una parte de mí se pregunta cómo sabe todo eso.

— Hemos de destruir la cabeza, ¿verdad? – intento confirmar.

— Si. O destruirla o sacarla de su cuerpo. No intentéis matarlo a él, ya está muerto. Su cuerpo se regenera con rapidez incluso cuando lo desmiembras.

¿Des-? ¿Por qué tenía la impresión de que sería sencillo?

A todo esto, Sefirot se ha quedado quieto y callado desde que llegamos, con cara de pocos amigos.

— He estado jugando con los amigos de Cloud durante bastante rato y, sinceramente, me divertía ver como creíais tener oportunidades de derrotarme, por eso os he dejado entretenerme hasta ahora. Sin embargo, si os creéis que voy a permitir que lleguen refuerzos ininterrumpidamente y estropeen nuestro tan esperado encuentro, vais muy equivocados. ¡Así que largo! – y, con un rápido gesto de su brazo derecho, la corriente vital cercana se acerca en nuestra dirección a gran velocidad.

De la nada aparece delante nuestro corriente vital. Un pequeño flujo, diferente del que se aproxima, se detiene delante de nosotros y se mueve en círculos, protegiéndonos contra la corriente que ha mandado Sefirot y dispersándola a los alrededores.

¿¡Que ha sido eso!?

Pero no tengo tiempo siquiera a preguntar pues con otro veloz movimiento de brazo por parte de Sefirot la corriente vital que ha sido dispersada se redirige de nuevo en esta dirección. Más concretamente hacia Yuffie, y es tan rápida que no nos da tiempo ni a movernos. A ninguno de nosotros.

Durante un instante siento pánico.

Veo como un gran flujo de color verde de varios metros de diámetro engulle a la chica entera, sin que pueda hacer nada.

Yuffie no lleva la materia enorme y no puede bloquear ese ataque.

Me he quedado absolutamente congelada, sin poder moverme. Instantes después la corriente vital acaba de pasar de largo. Y sin embargo, Yuffie está sentada en el suelo, como si la hubieran empujado hacia atrás, sana y salva. Veo en su cara lo sorprendida que está.

Ella está perfectamente. Pero…

¿Cómo es que es está tan bien? ¿No se supone que la corriente vital debería haberla arrastrado o algo así? ¿No debería estar como mínimo cubierta de pringue verde?

Yuffie nota mi mirada y se saca de su guantelete una materia roja cobriza.

— Lo siento, no pude evitarlo – dice con una sonrisa.

¿Qu-? ¿Materia de invocac-Espera. Materia enorme. ¿Cómo ha…?

Sin darme tiempo a pensar nada más, me envuelve la corriente vital. Como llevo la materia enorme, esta se dispersa en mis proximidades. El flujo es tan grande que me impide ver a través, incluso a Yuffie, a quien estaba mirando.

Me vuelvo en la dirección de la que proviene la corriente, sin poder ver nada.

MIERDA.

Es Sefirot, seguro. Rápidamente me agacho y ruedo hacia mi derecha, intentando alejarme del sitio en el que estaba.

Inmediatamente después, cuando aun estoy rodando, de la corriente vital aparece la espada de Sefirot, que buscaba mi corazón. Y lo hubiera encontrado de no haberme movido. Acto seguido puedo verle a él, buscándome. Con un simple vistazo me encuentra, y todavía estoy en el rango de su espada. Sin más esfuerzo, cambia la dirección que llevaba, como si fuera un movimiento natural y el metal vuelve a ir en mi busca.

No puedo esquivar eso.

Nada más tener los pies en el suelo intento saltar hacia atrás, con la esperanza de crear algo de distancia. Pero no voy a poder. Es demasiado rápido.

El tiempo se ralentiza.

Veo como el filo de la espada se acerca lentamente hacia mí, sin tener la más mínima posibilidad de apartarme a tiempo.

Llevo aquí apenas un minuto y ya voy a morir. Vaya mierda.

Levanto la mirada, aun observando todo a cámara lenta. La corriente vital que Sefirot ha utilizado para bloquearme la vista ya se ha ido y puedo ver a Strife que se abalanza hacia la espalda de mi futuro asesino. Está todavía algo lejos, no llegará a tiempo antes de que me corte en dos.

Si solo hubiera estado un poco más cerca… quizá no hubiera sido este mi final. ¿Cómo lo llamo Yuffie? El… ¿destino? Si, quizá mi destino sea morir aquí. No parece un mal sitio para hacerlo. Un poco alejado de cualquier cementerio pero… bueno, tal como siguen las cosas, dudo mucho que en un día o dos esto importe lo más mínimo.

Aunque esta ralentización del tiempo empieza a molestarme ya. Nada es más irritante para tus últimos momentos que además pasen lentamente. Voy a morir asesinada por un monstruo. No quiero que esto vaya así de lento. Rápido, y a poder ser, indoloro. No es que tenga mucho que decir en el asunto, pero la esperanza es lo último que se pierde.

No puedo evitar reírme interiormente.

Yo hablando de esperanza… y ya me estoy dando por muerta.

Aunque la situación es bastante catastrófica. Solo un milagro podría salvarme en una situación como esta.

Yuffie.

Nada más verla, el tiempo vuelve a su velocidad normal. La joven chica aparece de la nada y se interpone entre la espada y yo. Pone su shuriken a modo de escudo para parar el golpe en un intento de detener a Sefirot.

No es suficiente. Se escucha un sonido metálico que resuena por toda la cueva y Yuffie sale despedida hacia atrás, hacia mí. Intento cogerla al vuelo pero la fuerza con la que viene es tan grande que choca conmigo y nos arrastra a las dos.

Ha conseguido parar el golpe, poniéndose ella en medio.

Me ha vuelto a salvar la vida.

Soy arrastrada unos cuantos metros hacia atrás y caigo sobre la dura roca en la que estábamos mientras que Yuffie, debido a la fuerza con la que ha salido disparada, vuela bastantes metros más, hasta el borde de la estructura de roca. Afortunadamente se para antes de caer en la oscuridad del abismo que hay por debajo de nosotras.

Algo desorientada miro a Sefirot. Strife ya se está batiendo de nuevo con él, intentando darnos algo de tiempo para que nos recuperemos.

Vuelvo la mirada hacia Yuffie. Ésta está tendida boca arriba, pero parece consciente. A pesar del golpe veo como se mueve e intenta incorporarse.

Qué alivio.

También veo como Yuffie tiene solo medio shuriken en su mano. La otra mitad se ha clavado en la roca a pocos metros de ella. La fuerza de ese impacto ha debido de ser tan poderosa que ha partido el arma en dos. Percibo algo a mi derecha. Es la materia enorme que llevaba Yuffie, que del golpe rueda por la plataforma hasta caer por los límites de la estructura.

— ¡Salid de ahí! – grita una voz. Es la voz de Strife.

Me giro rápidamente para ver que, a pesar de que siguen enfrascados luchando, Sefirot solo tiene ojos para Yuffie. Me giro hacia la chica. La corriente vital cercana a ella empieza a moverse en su dirección. Y su materia enorme acaba de perderse en el fondo de esta cueva.

No, no, no, no, no.

Me levanto lo más rápido que puedo y me pongo a correr hacia ella.

Y no llego a tiempo.

Yuffie intenta cubrirse con brazos y piernas pero el flujo de corriente vital entra perpendicularmente a la roca donde está, engulléndola entera otra vez. Solo dura unos segundos y, en cuanto acaba, Yuffie ha desaparecido. La corriente ha entrado con tal fuerza que se la ha llevado por delante junto con el suelo en el que estaba.

No.

Me niego a creer lo que acaba de pasar.

Noto como la fuerza de mis piernas se desvanece en un instante y caigo de rodillas al suelo.

Ya no está.

Siento pánico.

No. No.

Por favor, no.

Estoy aterrorizada. No puede haber pasado esto.

Mi cuerpo se queda sin fuerzas y he de apoyarme con las manos en el suelo para no caerme.

No puedo creerlo.

Siento como todo se vuelve a ralentizar. Escucho sonidos de metal chocando detrás de mí, distantes ahora. Strife y Sefirot, sin duda.

Y debería estar fijándome en Sefirot. La vida de mucha gente depende de que lo derrotemos…

Pero no puedo.

No ahora.

No tengo fuerza.

No puedo concentrarme.

Esto no puede estar pasando.

Y es culpa mía.

— Maldita sea – digo en voz alta, mientras le pego al suelo con mi puño.

Ya ni puedo ver bien. Todo está distorsionado. Se me nubla la vista.

Culpa mía.

Culpa mía.

Culpa mía.

— Tranquila.

¿Eh?

— No pasa nada – dice una voz.

Miro a mí alrededor como puedo, en vano.

— No es culpa tuya.

Me suena esa voz. La he oído antes, en algún lugar. Me es familiar.

— Ella está bien, no te preocupes.

¿Eh?

— Yuffie está bien.

— ¿Quién… eres? – pregunto. Me doy cuenta de que, en realidad, estoy llorando.

— Ya nos hemos visto antes…

Y solo entonces empiezo a recordar.

— ¿Eres… la anciana? ¿Aeris?

El sonido de las espadas suena cada vez más próximo.

— Eso ahora no importa – aunque sí que puedo confirmar que es ella –. Yuffie está bien. Concéntrate en la batalla…

Me seco las lágrimas.

Algo en mi interior me dice que he de confiar en esas palabras.

Tiene razón. Sefirot va a pagar caro lo que ha hecho a Yuffie.

Me incorporo lentamente y observo que hay un pequeño flujo de corriente vital dando vueltas a mí alrededor.

— Así que eras tú la que nos ha protegido antes, ¿eh?

Aunque ahora no es el momento de conversar. Sefirot está luchando contra Strife. Yuffie está bien, y no solo confío en las palabras dichas por Aeris, también puedo sentirlo. Mi corazón también me susurra palabras de ánimo. Yuffie sigue viva. No puede morir así, lo sé.

¿Cómo he podido dudar de ella?

SUFICIENTE.

Sefirot.

La ninja está bien, pero eso no calma mi creciente ira.

Voy a matarlo.

Ese monstruo ve como me he incorporado y de un brusco movimiento se zafa de Strife, para dirigirse a toda velocidad hacia mí. No te será tan fácil esta vez, te lo aseguro.

A pesar de que viene con una velocidad sobrehumana, veo cada paso que da. Cada movimiento de cada músculo. Igual que cuando veía el filo de su espada aproximarse lentamente hacia mí antes de que Yuffie me salvara, ahora lo veo acercarse a cámara lenta.

Va a intentar atravesarme con la punta de su espada, tal y como intentó hacerlo antes. Puedo ver, por la trayectoria que lleva, que antes de intentar atravesarme, pondrá el pie derecho para impulsarse a unos tres metros de mí. Es en ese momento en que he de esquivarlo.

No sé porque, pero lo sé. Simplemente lo sé. Esquivarlo antes haría que Sefirot tuviera tiempo de redirigir su espada, lo que sería mi final, y si tardo más no podré esquivar su estocada. Es en ese momento justo en el que tendré mi oportunidad y solo dispondré de unos pocos instantes para hacerlo.

Sefirot sigue aproximándose lentamente.

Inspiro. Y espiro.

Siento todo mi cuerpo. Sé que puedo hacerlo.

Espera. Espera al momento preciso.

Y, justo como lo he intuido, apoya su pierna derecha para darse impulso. Tal es ese impulso que la roca en la que pisa se hunde de la fuerza que hace. Ahora viene a mí con toda la voluntad de matarme. Y solo ahora puedo esquivarlo.

Reúno todo mi ser y me desplazo hacia adelante y a la izquierda. Sefirot se da cuenta e intenta cambiar al ángulo de su espada. Afortunadamente para mí, viene con tal velocidad que no le da tiempo. Su espada pasa a centímetros de mí.

Obligo a mi cuerpo a detenerse. Redirijo mis fuerzas a mi torso, para girar e impulsar mi brazo derecho hacia su estómago. Hacia Jenova. Ese monstruo sanguinario se ha olvidado de quitarnos nuestras materias y se lo haré pagar caro.

Activo mi materia Fuego y engendro una llama muy cerca de la palma de mi mano. Con un rápido movimiento y gracias al fuego de la materia introduzco mi palma extendida en su estómago, justo donde está la cabeza de Jenova. Sefirot se sorprende de mi inesperado ataque, emitiendo sonidos de dolor. Agarro la cabeza, y tiro de ella como si mi vida dependiera de ello.

Sefirot reacciona y mueve su espada para cortar me los brazos. Sin embargo, detiene el movimiento y se gira en la otra dirección. En un instante llega Strife, que le propina un golpe brutal. Sefirot lo bloquea con su espada y sale disparado hacia atrás. Tal es la fuerza del golpe que no puedo evitar soltar a Jenova.

— ¿Estás bien? – pregunta Strife.

Yo no respondo. Simplemente miro mi mano. No se me ha escapado por completo, pues tengo parte del protector que lleva Jenova en su frente.

— Tsk.

Strife se da cuenta de lo que tengo en la mano y ambos miramos a Sefirot. Visiblemente molesto, con heridas en el estómago que se le regeneran, pero mostrando ahora la cabeza de Jenova que sobresale un poco de su cuerpo. Se puede ver como parte del protector frontal ha sido arrancado.

Lo que me pregunto es como me lo he hecho para poder arrancarle un trozo de metal, aunque supongo que ahora eso no toca.

Sefirot ha sido empujado a varios metros de distancia, cerca de donde ha desaparecido Yuffie.

Yuffie…

— Strife. Hemos de retirarnos – le digo en voz baja –. No podemos con él. Los demás ya habrán evacuado.

— No. Esto acaba aquí y ahora – responde.

— No estás en condiciones de luchar, y yo no puedo con él. Lo tiraremos por el abismo y huiremos para volver en otro momento.

Sefirot se está metiendo la cabeza de Jenova dentro de su cuerpo, para que no sobresalga tanto. Y lo hace con una sonrisa.

Strife no dice nada. Está pensando si aceptar o no mi sugerencia. Pero ha de aceptarla. No han podido acabar con él en todo este tiempo, Strife está bastante fatigado y Sefirot no parece ni cansado. Debemos huir y luchar otro día.

— ¿Y cómo lo tiramos? – susurra finalmente.

— Yo haré de cebo. Tú atácalo de frente, yo te seguiré. Confía en mí.

Después de unos pocos instantes, dice:

— No te atrevas a morir, ¿de acuerdo?

Y, sin esperar a que yo diga algo, empieza a correr hacia Sefirot.

Y yo detrás de él.

Strife se acerca rápidamente y al llegar a unos pocos metros delante de él, grita:

— ¡Límite! ¡Corte Cruzado!

Y lanza una serie de espadazos a una velocidad impresionante y con una fuerza brutal. Sefirot utiliza su espada para bloquear los golpes del límite con total facilidad y, puesto que Strife ha tenido que acercarse, con un simple corte en horizontal obliga al jefe de AVALANCHA a saltar hacia la derecha para evitar el golpe.

Tal y como había previsto.

Al estar justo a la espalda de Strife, ahora que la espada de Sefirot está todavía con el movimiento anterior, tengo vía libre para acercarme a él.

No es impedimento para Sefirot, quien controla totalmente su arma y la lleva hacia arriba, como si fuera ese el movimiento original que estaba realizando. Ahora la espada está en alto, y desciende verticalmente de manera violenta con la intención de cortarme en dos.

Si no fuera porque aun puedo verlo todo a cámara lenta, no sobreviviría a eso. Lo garantizo. Sin embargo, apoyo ambos pies y me desplazo unos pocos pasos lateralmente hacia mi izquierda. La espada cae brutalmente delante de mí, cortando el suelo con facilidad. El filo ha pasado muy cerca. Ha pasado tan cerca que me ha cortado una parte relativamente importante de flequillo. He tenido mucha suerte.

Sefirot está desconcertado. No esperaba que me pudiera esquivar su golpe una segunda vez (y, sinceramente, yo también estoy algo sorprendida).

Utilizando esos instantes de confusión (a pesar de que Sefirot ya está empezando a moverse de nuevo), desplazo lo más rápido que puedo mis extremidades superiores y agarro tanto la mano de Sefirot que empuña su espada como el mango de ésta. Además, desplazo mi cuerpo y me coloco encima de la espada, presionando hacia abajo para bloquearla contra el suelo.

Mi enemigo ya se ha percatado de lo que intento y sin pensárselo dos veces utiliza su fuerza demoníaca y me levanta junto a la espada. No me lo esperaba, pero aun así he cumplido mi cometido.

Ha dejado de ver a Strife, quien ahora se acerca rápidamente con la intención de acabar con Sefirot. Éste, sin importar que yo esté encima de la espada, la gira bruscamente. Mi cometido ya está hecho, de manera que me suelto y salgo volando por los aires. La espada está lejos de Strife, quien conecta el golpe ante un sorprendido Sefirot.

Aterrizo como puedo, intentando no perder de vista a nuestro enemigo. Sale disparado por el bárbaro golpe propinado, con la suficiente fuerza como para tirarlo de la plataforma.

Sin embargo…

Sefirot es un monstruo.

El golpe lo envía lejos, al borde de la estructura de roca en la que estamos, cerca del abismo, pero utiliza su propia espada para frenarse, clavándola en el suelo, y consigue detenerse justo al borde.

El golpe de Strife ha conectado propiamente pero no ha podido cortarlo. No es que me sorprenda. Le ha quedado la marca de un corte horizontal bastante profundo en medio del pecho, un poco por encima de la cabeza de Jenova. No le sale nada de sangre. Es más, ha cicatrizado casi al instante. Ya casi ni se distingue de las demás cicatrices.

Estamos en un aprieto.

Sefirot no se ha precipitado como esperaba.

Antes de que pueda pensar en algo, Strife ya ha salido en su busca, para darle el último golpe. Y se acerca con gran rapidez ante un confundido Sefirot, quien solo ahora levanta la cabeza para observar qué se le acerca.

Con la punta de la espada apuntando a Sefirot, Strife se abalanza con todo lo que le queda de energía en un último ataque desesperado.

NO.

¡No ataques así! ¡Con un golpe amplio y en diagonal, de arriba para abajo!

Sé. No tengo ni idea de cómo, pero sé que ese golpe no llegará a darle. La postura en la que está Sefirot, el movimiento que lleva Strife, la posición de sus respectivas espadas. Todo. Todo me indica que Sefirot contrarrestará el ataque. No sé porque, ni como, pero lo sé.

Y, en efecto, antes de que pueda gritarle a Strife, Sefirot alza su espada con una velocidad inimaginable y desvía bruscamente la carga de Strife. Siguiendo con el movimiento desplaza su mano hacia atrás, manteniendo la punta de la espada en dirección a Strife de manera firme. El líder de AVALANCHA va con tanta velocidad que no puede parar y...

Mierda.

La espada sobresale por la espalda de Strife, un poco por debajo del hombro izquierdo, éste cae de rodillas ante un Sefirot portador de una sonrisa inmensa. La gigantesca espada de Strife ha ido a parar cerca de donde estoy, clavándose en el suelo. Ahora que está distraído podría intentar cogerla, aunque no se me ocurre que podría hacer con ella, pues apenas podría blandirla adecuadamente.

La situación es… muy, muy mala.

— ¿Así que el plan era tirarme por este precipicio, eh? – dice Sefirot, casi riéndose.

— ¡Elena! ¡Lárgate de aquí! – me grita Strife.

Ahora Sefirot me mira a mí.

— Puedes irte. No deseo que se nos interrumpa en nuestra pequeña "reunión". Es un momento especial.

No pienso irme.

Ni pienso morir.

Me las pagarás todas juntas, maníaco asesino.

— Sin embargo – continúa, ahora dirigiendo la mirada hacia Strife, quien sigue con la espada atravesándolo – tú te quedarás aquí conmigo…

— ¡Y una mierda! – una voz resuena en la cueva. Acto seguido, Sefirot pone una cara de dolor y algo metálico sobresale de su torso, centímetros a la izquierda de la cabeza de Jenova.

Un brazo aparece para agarrar a Sefirot por la espalda, y la figura de una persona aparece también por detrás.

Yuffie.

Veo como rápidamente la chica se mueve por detrás de Sefirot.

— ¡Tú te vienes conmigo! – grita Yuffie, propinándole una patada justo en la parte de atrás de la rodilla a Sefirot, forzando a que éste caiga de espaldas.

Mientras caen, nuestras miradas se cruzan.

Yuffie susurra unas palabras.

Unas palabras sin voz, que se pierden en la oscuridad del abismo.