Disclaimer: Todo lo que reconozcan, no es mío.

Cap 21: Cuestión de confianza.

Bella´s PoV:

A las siete de la tarde, ya comenzaba a oscurecer. Claro indicio de que el invierno estaba cerca y con este, nuestra partida hacía Forks.

Después de la reunión con René, el humor de Charlie había mejorado muchísimo. Había vuelto a ser el padre preocupado y sereno de siempre. El típico padre que miraba con el ceño fruncido al novio de su hija cuando este, en un ataque de pasión, le robaba un beso. Aunque finalmente, mi padre lo aceptaba.

Charlie-como repetía incansablemente cuando era más pequeña-siempre fue mi persona favorita en el mundo.

Las anteriores dos semanas, nos habíamos divertido a rabiar.

Paseos por el lago, barbacoas, visitas de las chicas, alguna que otra salida por el pueblo y sobre todo, Edward. Mi dulce Edward siempre junto a mí. Pero todo llega a su fin, y las vacaciones no rompían esa regla. Por desgracia.

Emmet en el salón, veía un partido en la televisión junto a mi abuelo y a Jazz. Edward y mi abuela practicaban piano un rato, cabe destacar que mi abuela en vez de mirar las teclas, miraba embobada los veloces dedos de mi chico.

Rose, sentada en el brazo del sofá, acariciaba el cabello de su novio distraídamente y Alice miraba a Jasper desde el sillón individual. Esos dos eran todo un caso. Ambos se habían declarado amor, mas eran tan orgullosos que lo único que hacían era insultarse el uno al otro. Recordé con una sonrisa el último viaje al lago.

Habíamos ido por la noche a nadar, ya que a esas horas el agua estaba calida. Mientras que Edward aseguraba que era un tiburón y que su plato favorito era "Bella en su jugo" y me perseguía por todo el lugar con una sonrisa torcida en los labios, Jasper desde un rincón, le lanzaba plantitas a Ali en el cabello. Ella, harta de su tormento personal, había hecho uso de toda su fuerza para sujetar a Jazz de un brazo y lanzarlo al agua. Claro que él no se conformó con perder así como así, salió empapado y la abrazó "para mojarla a ella también". La verdad, había sido absolutamente tierno, ver como Ali devolvía el abrazo y suspiraba entre los brazos del muchacho.

Claro, que el encanto del momento se rompió, cuando él levantó polvo con el pie y manchó a Alice de barro, ella devolvió el golpe con una súper patada en la entre pierna.

—¡Enana maldita!—Le había dicho él arrodillado y rojo como una remolacha. Ella había sonreído y con una mueca de puro placer en su pequeño rostro, le guiñó el ojo y partió hacía la casa.

Resultado final, Jazz tuvo que ponerse hielo en sus partes nobles y Alice lo observó toda la noche arrepentida y entre sueños, le pidió disculpas.

Volví al presente cuando Marie se puso a reír como una loca por algún comentario de Edward.

—Eres toda una coquetona, Marie—Edward le lanzó a mi abuela una de sus sonrisas ladeadas, de esas que solían dejarme boqueando como un pez fuera del agua. Mi abuela se limpió las lágrimas de risa que se habían escapado de sus ojos y golpeó el brazo de él juguetonamente.

—Bella, tu novio es un sinvergüenza—Bromeó poniéndose en pie.

Enarqué las cejas y lo miré fijamente, él me sonrió brillantemente y se acercó a mí.

—Le decía a tu abuela, que me encantaría sacarla a bailar antes de irnos—Susurró entre mi cabello. Mi abuelo, que escuchó el comentario, levantó la cabeza y le guiñó un ojo.

—Mi Marie en sus tiempos era la reina de la pista chico—Comentó haciendo que Emmet y Jazz lo observaran—Marie, pon el tocadiscos que les voy a enseñar a estos jovencitos lo que es bailar—Sí, mis abuelos definitivamente se apuntaban a un bombardeo. Y no, no tenían un tocadiscos, lo que tenían era un equipo de música de última tecnología que Charlie les había regalado. Pero George seguía llamando a los calzoncillos "gallumbos" y a las radios, tocadiscos. Él era así y no iba a cambiar.

Mi abuela sonriente se acercó al equipo y una canción de elvis tronó en el salón.

Alice saltó de su asiento y sin vergüenza ni pudor alguno-muy típico de ella-comenzó a bailar. Mi abuelo se acercó arrastrando los pies y moviéndose en diagonal, mientras movía las manos como si tuviera parkinson. Entonces esa canción terminó y El Rock de la cárcel sustituyó la melodía.

Emmet se emocionó y se unió a George y Alice. Rose en medio de una carcajada agitó las caderas hacía la improvisada pista de baile.

¡The warden trew a party in the country jail. The prision band was there and they began to wail. The band was jumping and the joint began to swin. You should´ve heard tose knocked out jailbirds sing!—Sí, Emmet en realidad se había emocionado.

Entonces comenzó el estribillo y mi abuelo-que no podía quedarse atrás-agarró uno de los candelabros antiguos de Marie como micrófono y se unió a voz en grito.

Let's rock, everybody, let's rock—Todos terminamos acompañando a mi abuelo.

Edward besó mi frente y corrió hacía mi abuela.

—Señorita, creo que debe bailar conmigo. Lo prometió—Mi abuela adoptó el gesto tan típico de la familia Swan. Por supuesto, se sonrojó furiosamente y le tendió la mano a mi novio.

En cuanto estuvieron en el centro, comenzaron a moverse perfectamente sincronizados. Es más, parecían llevarlo haciendo toda la vida. Mi abuela se retorcía entre sus brazos y él la giraba una y otra vez, mi abuelo seguía cantando y bailando con Emmet, Rose y Alice chillaban de emoción. Me reí a carcajada limpia con esta escena.

Sentí un toque en mi espalda, me giré y allí estaba Jazz, sonriente.

—A bailar Bells—Soltó, antes de arrastrarme a la pista. Jazz trató de hacerme girar como Edward hacía con mi abuela, lastima, ese don para el baile yo no lo había heredado. Aunque me reí mucho tratando de mover los pies correctamente.

De pronto a nuestras espaldas se abrió la puerta. Charlie se quedó quieto en el umbral, muy quieto. Nos observó a todos y finalmente, negando con la cabeza sonrió.

—Salgo un momento y montáis una fiesta—Mi abuelo, para corroborar el fieston que nos habíamos montado, paseó a su lado moviendo las caderas como Elvis. Charlie se largó a reír como un demente—Vale, vale. Lo he pillado, ahora ¿Dónde está mi hija?—Mi padre enarcó las cejas y las movió de arriba abajo cuando me encontró entre los brazos de Jazz. Se acercó a mí y tomó de un hombro a mi pisoteada pareja de baile—Es mi turno muchacho—Le dijo tomando su lugar.

Sonreí y bailé con mi padre. Al menos los dos teníamos dos pies izquierdos.

Y así transcurrió esa magnifica noche. Nos bailamos unas cuantas canciones más, hasta que surgió una lenta y mi abuelo corrió hacía su Marie para arrancarla de los brazos de mi chico. Rose y Emmet se abrazaron como dos lapas y Charlie cedió el lugar a mi novio con un "No te acostumbres" y un guiño.

Jazz tardó una milésima de segundo en arrastrar a Alice hacía la "pista de baile".

—¡Pero yo no quiero bailar contigo pedazo de animal!—Le chilló mi amiga.

—Mentirosa, si sabes que te encanto—Con esto, Ali se sonrojó y Jazz sonrió perversamente mientras tomaba sus pequeñas caderas entre sus grandes manos.

Con un suspiro, recosté mi cabeza en el hombro de mi chico y aspiré su bendito olor.

—Mi Bells…—Edward imitó mi suspiro—Te amo preciosa—Le devolví el gesto con un merecido y tierno beso.

El día siguiente amaneció nublado, como los ojos de todos en la casa.

Mi abuelo estaba serio y Marie nos miraba a todos con tristeza.

Las despedidas eran una mierda.

A las diez de la mañana, partimos en silencio, con todas nuestras maletas, hacía el aeropuerto. Como no cabíamos todos en la furgoneta de mi abuelo, tuvimos que pedirle el favor al padre de los gemelos. Jane ya se había ido a la cuidad y Alec nos miró con rencor desde el interior de la vivienda.

El padre de Alec aceptó llevarnos finalmente.

Una vez llegamos, Marie se soltó a llorar.

—Bells, cuídate mucho. Come bien y usa bufanda que tú eres muy propensa a los resfriados. Llámame todas las semanas…—Marie continuó con sus peticiones, así que yo también terminé llorando. Al igual que Alice y Rose.

—Mujer, deja ya a nuestra nieta que la vas a asfixiar—Dijo mi abuelo rescatándome de los brazos de su esposa para estrecharme entre los suyos—Palomita, estoy muy orgulloso de ti. Mi pequeña…—La voz de mi abuelo continuó ronca y pastosa. Lo que me hizo llorar aún más fuerte. Estaba a punto de soltarme cuando de la nada, surgió la voz chillona de Greta.

—¡Os ibais sin despediros! ¡Niños desagradecidos!—Miramos hacía atrás. Y allí estaban todas ellas. Pintadas, perfumadas y arregladas como sólo ellas sabían hacerlo—¡Venid aquí que os dé unos besos!—Como si fuéramos niños pequeños, casi corrimos hacía ellas. Emmet abrazó a Gladis y Susana a la vez, mientras que Edward y Jazz se apropiaban de Greta y Miriam. Nosotras esperamos nuestro turno entre lágrimas. Aunque a ellas les llevó tiempo manosear a la "carne joven" como llamaban a nuestros novios.

Las chicas pidieron postales, llamadas, cartas e incluso telegramas. Todos rodamos los ojos pero asentimos. Charlie se vio rodeado de todas ellas, aunque había intentado escapar, no lo logró.

—Y no dejes que Edward se pase de listo antes del matrimonio. Eso también va por vosotros—Gladis señaló a Emmet y a Jazz, los dos enrojecieron.

Después, todo pasó muy rápido. Avisaron de nuestro vuelo por los altavoces y hasta que no dieron el último aviso no corrimos a embarcar. Las chicas nos siguieron como pudieron-con su típico arrastrar de pies-y nos tiraron besos a lo lejos.

Lo último que vi de mis abuelos, en ese verano, fue como Marie se abrazaba a George y él la consolaba y limpiaba sus lágrimas con un pañuelo de tela.

Dos semanas después…

—¡Bella ¿Has visto la gorra de mi uniforme?—Mi padre gritó desde su habitación, como cada mañana.

Me arrastré fuera de la cama y desperezándome con sonoros bostezos, bajé a la cocina, abrí la despensa y allí estaba su gorra. Al igual que todas las mañanas.

La dejé encima de la mesa y volví a mi cama. Era domingo, el último día para disfrutar de las vacaciones de verano, aunque claro, en Forks hacía muchísimo frío y llovía, así que a eso no se le podía llamar verano.

Me arrebujé entre mis sabanas y traté de volver a dormir.

Imposible. Charlie volvió dos veces más, una por sus llaves y otra por su almuerzo. Después de acostarme por tercera vez, tocaron el timbre.

Intenté ignorarlo, tapándome la cabeza con la almohada, pero insistieron.

—¡Ya voy, ya voy!—Grité corriendo por las escaleras mientras me termina de abrochar los tejanos.

Abrí de un tirón, no me dio tiempo ni a ver quien era, porque los brazos de mi chico me envolvieron al instante.

—Buenos días preciosa. Traje croissant de chocolate, zumo de naranja casero y café—Le sonreí y aspiré el delicioso olor que manaba de las bolsas de papel entre sus manos.

Edward soltó el desayuno para abrazarme y besarme un poco más. Pero no hubo suerte, la puerta volvió a abrirse.

—¡Buenos días Bells, traje el desayuno!—Alice se quedó con la bolsa de galletas de crema arriba, se borró su sonrisa. Frunció el ceño y puso sus manos en las caderas—¡¿Qué haces aquí Edward?—Inquirió enfadada.

—Estoy en la casa de MI novia. La pregunta sería ¿Qué haces tú, aquí, enana?—Edward le quitó las bolsas para poder discutir mejor. Rodé los ojos y me senté en la mesilla del café.

—¡Nada de peleas por la mañana mis monstruitos!—Emmet traspasó la puerta para abalanzarse encima de la comida, un golpe en la nuca por parte de Rose, lo hizo desistir.

Y esas eran mis típicas mañanas de domingos, sábados y viernes desde que los chicos se habían hecho parte de la "manada", como cariñosamente nos llamaba Charlie.

Jazz, siempre el último, entró y arrastró a Alice hacía él, sacándosela de encima a Edward. Estampó un besazo en su boca y le dio una cariñosa palmada en el trasero a mi amiga.

Habían comenzado a salir hacía una semana atrás. Aunque seguían siendo la más peculiar de todas las parejas. No se trataban de "amor" o "cariño". No. Ellos se decían, enana poseída, bestia salvaje, pitufa del demonio, orangután rubio…etc. Aún así, todos sabíamos que se querían más que nunca.

—¡No se puede tener un poco de intimidad!—Se quejó Edward mientras distribuía el desayuno en platos y preparaba el café.

—¡Te jodes, ella era mi amiga antes de ser tu novia!—Chilló Alice sirviendo el zumo con saña.

—¡Cállate enana y aliméntame!—Jazz golpeó su pecho mientras tomaba asiento, Alice le lanzó una barra de pan duro en la cabeza, que aterrizó en el pelo de Rose. La rubia chilló y Emmet la abrazó y golpeó la cabeza de Jazz.

Me senté y los ignoré, como todos los días.

Edward tomó asiento a mi lado y me acarició el cabello mientras me daba un croissant en la boca.

—Dan asco—Nos dijo Jazz.

—Sí, demasiado empalagosos—Corroboró Alice.

—Déjenlos vivir—Defendió Rose.

—Si, porque vosotros seáis una pareja de bestias, no tenemos que ser todos igual—Agregó Emmet, aunque miró de reojo a Rose. McCarty decía todo lo que su novia quería oír.

Aunque claro, todos sabían que Emmet era la bestialidad personificada.

Después del desayuno, salimos a dar una vuelta a Port Ángeles, compramos algo de ropa y comimos allí. Tras ver una película en el cine, volvimos a Forks, pero cuando paramos en la gasolinera para repostar, llegaron ellos.

Mike, Jessica, Tanya, Lauren, Ángela y Ben.

El primero, abrió mucho los ojos al vernos a todos en parejas. Jessica me fulminó con la mirada mientras que Tanya, se ponía roja de furia.

Todos sabían que esas dos estaban locas por Edward. Apreté los puños y me acerqué más a mi chico.

—¡Ey! ¿Qué tal las vacaciones chicos? Hola Bella, me alegro de verte—Ángela se acercó y nos abrazó, junto a Ben.

Los demás, continuaron mirándonos como si fuéramos extraterrestres. El agarre de Edward se hizo más fuerte en torno a mí cintura.

Antes de marcharse, Tanya y Lauren cuchichearon mirándonos de soslayo.

—Chicos, esta noche habrá una fiesta de bienvenida para todos los de último curso. Esperamos verlos por allí—Tanya guiñó un ojo a Edward. Él se limitó a mirarme a mí, esto sólo hizo que la Denalí enfureciera aún más.

Finalmente desistieron, pero antes de irse, Lauren puso la guinda en el pastel.

—Emmet cariño, llámame—Tuvimos que sujetar a Rose. Literalmente. Porque mi rubia amiga estaba dispuesta a dejar a Mallory sin cabello y sin dientes de paso.

Entonces Alice se metió entre Rose y Jazz y soltó:

—Iremos a esa fiesta. Si quieren guerra, la tendrán—Rose asintió mientras el color de su rostro volvía a la normalidad.

Edward me observó cauteloso.

—No tenemos que ir si no quieres preciosa—Me susurró al oído.

Pero yo negué con la cabeza y le dije que sí, que iríamos. Porque finalmente, tendríamos que pasar todo un año con esas chicas que trataban de comerse a nuestros novios, porque estaba segura de él y porque aunque nadie lo dijera, todos estábamos seguros de que nadie, nunca, podría separarnos.

N/A: Bueno, pues este es el penúltimo capitulo. Nos queda el próximo y el epilogo-amo los epílogos-.

Espero que les haya gustado la despedida. Próximo chap, la fiesta. Un besito para todas, las adoro.