—Cariño, ¿estás seguro de esto? — Volvió a preguntar Narcisa Malfoy mientras iba del brazo de su hijo, caminando por entre los asientos del recinto donde se llevaría a cabo el desfile de modas de Dior más esperado del año.
La respuesta vino inmediatamente a la cabeza del joven Malfoy "No tengo ni la menor idea", pero no exteriorizó esto a su madre.
— ¿Te avergüenza salir en público con tu hijo? — Trató de bromear el rubio, intentando calmar su nerviosismo, en unos solos minutos su ninfa saldría a coronar todo el recinto con su belleza.
—Draco, tranquilo, cielo—La hermosa señora Malfoy conocía a sus hijos mejor que a sí misma y podía asegurar como que se llamaba Narcisa Malfoy que su hijo estaba muriéndose de nervios.
Ubicaron sus lugares, en el momento en que sus otros dos hijos llegaban con sendas sonrisas y procedieron a esperar a que comenzara el desfile entre bromas subidas de tono por parte de los hermanos y reprimendas de su madre.
En el interior del lugar, detrás de las personas que estaban abarrotando el recinto, Fleur y Luna alistaban a todo el mundo, el pie de Fleur estaba mejorando muchísimo pero aun debía permanecer vendado, lo cual la frustraba sobremanera.
—Fleur, tranquilízate, todo estará bien— intentaba la rubia calmar a su amiga.
— ¿Cómo quieres que me calme? ¿Cómo esperas que me calme con todo esto? Además… ¿Cómo se te ocurre darle esa entrada a Draco? — Estalló Fleur, eso era lo que realmente le molestaba, que su amiga estuviera tan dispuesta a ayudar a su cuñado.
—Por favor, Fleur, prometimos ayudarlo— antes de poder siquiera replicar, una fuerte voz las contuvo en seco.
— ¿Tratando de conquistar al mundo, chicas? — Fleur y Luna se dieron la vuelta para encontrarse con la zalamera sonrisa de Oliver Wood.
— ¡Oliver! — gritaron al unísono, antes de que ambas pudieran saltarle al cuello, una alta, delgada y muy hermosa mujer de cabello castaño y piel aceitunada se prendió de su brazo.
—Chicas, quiero presentarles a Penelope Clearwater, mi esposa— ambas se quedaron pasmadas ante el mote que le había dado.
— ¿Tu esposa? — Preguntó consternada Fleur.
—Así es, me casé— respondió el moreno tomando a la chica y besándola apasionadamente.
— ¿Oliver? — La voz suave de Hermione separó inmediatamente a los amantes.
— ¡Mione! — el joven Wood se lanzó hacia su amiga y la alzó al vuelo, dándole de vueltas y besando su cabellera castaña.
—Te eché mucho de menos, Oliver— sollozó su amiga, el joven acarició su cabeza y permaneció abrazándola por largos minutos.
—Voy a cortarle las bolas a ese desgraciado— aseguró Oliver, lo que hizo reír a la modelo.
—No será necesario— lo tranquilizó, intentando parecer calmada, ella sabía que hablaba de Alec, pero cierta parte de ella se imaginaba que podía estarse refiriendo a Draco y el que su amigo lo dañara no le causaba mucha gracia, a pesar de todo, el imaginarlo herido de cualquier forma enfermaba a la morena, internamente su amigo notó el desazón de Hermione y no desistió del plan, le cortaría las bolas a Alec, en cuanto éste saliera de la cárcel, por supuesto.
—Bien, entonces, vamos a prepararte— Oliver tendió la mano hacia su esposa quien la tomó calladamente y siguió a los amigos que iban abrazados hasta el camerino de la chica.
Dentro del camerino se hicieron las respectivas presentaciones, Penelope rodeó a la chica en un callado y cálido abrazo, besó sus dos mejillas y se dispuso a acomodar todos los instrumentos para prepararla, mientras Oliver afablemente le contaba su hermosa historia de amor.
Durante su estadía en Milán, y mientras Hermione era opacada por el comercial, Alec y su dolor por sus amigas, Oliver se perdió entre las calles de la hermosa capital de Italia, donde no solo encontró inspiración en los rostros de las bellas mujeres que lo poblaban, sino también… Un gran problema con ellas al no saber ni una palabra en italiano.
—Una de ellas creyó que estaba acosándola, te lo juro Mione, nunca en mi vida he escuchado a una mujer gritando de esa manera— la morena reía desquiciada por la aventura que había vivido su amigo.
En esa ocasión, Penelope, una nueva y talentosa maquillista había perdido su contrato con una casa de modas debido a recortes de presupuesto, por lo que se encontraba en un café en el cual pudo presenciar el ataque que estaba sufriendo Oliver por parte de la milanesa.
—Si no hubiera sido por Penelope y su excelente italiano me hubieran llevado preso por acoso sexual y no sé cuántas cosas más— la aludida solo le dedicó una dulce sonrisa y siguió con su labor.
—Lamento no haber estado a tu lado, Oliver, no he sido la mejor amiga en este tiempo— se apenó la modelo, consciente de que había metido la pata con todos sus amigos.
—Hermione, no ha sido tu culpa, ese maldito hizo de las suyas y tus amigas también la jodieron con su silencio, todo fue un malentendido, además… De no haber sucedido nada de eso no hubiera encontrado a mi Penelope— Hermione asintió y sonrió al ver a los dos jóvenes esposos inmersos en un tierno abrazo.
La joven modelo sintió removerse algo en su interior, las palabras de Draco resonaban en su cabeza sin poder evitarlo.
"Tú eres toda mi vida, Hermione" "Te amo, tú eres todo" "Tú me amas y yo te amo" "No voy a rendirme" "Voy a luchar por ti" "Te amo más que a nada".
Si pudiera creerle, pero no podía, habían sido palabras vacías porque aun así se había ido, él mismo se lo había dicho.
—Mione, ¿estás bien? — las palabras de Oliver la regresaron a la realidad, a pesar de la corta charla que había tenido con él después de haber visto a Draco y de la conversación que estaban manteniendo, Hermione no había querido contarle nada sobre ese encuentro.
—Por supuesto, Oliver, será mejor que nos apresuremos— el moreno no creyó nada, pero decidió no presionar a su amiga, no creía que fuera por el asunto del desgraciado de Alec, pero estaba seguro como que se llamaba Oliver Wood de Clearwater que a su amiga le pasaba algo.
—Bien, manos a la obra— sentenció Penelope, tomando sus brochas con las que empezó a maquillar el terso rostro de la modelo.
En quince minutos estaba lista, Oliver se había concentrado en el peinado y Penelope en el maquillaje, sin duda eran un equipo fabuloso, pues la hermosa modelo quedó digna de ser comparada con una diosa griega.
—Eres muy hermosa, Hermione— terminó Penelope, con un delicado repaso de rubor.
—Gracias, Penelope, son los mejores— aseguró la chica, pues era verdad, había quedado mejor que nunca.
— ¡Hermione, cinco minutos! — Chilló Luna, tocando frenéticamente la puerta de su camerino y salió corriendo hacia los demás para llamar al resto de las modelos.
Entre los dos amigos ayudaron a la chica a cambiarse por el bonito y recatado vestido con el que abriría el evento.
Era negro como la noche, de seda y con una ligera capa desplegada por atrás que realzaba la caída, con un ligero vuelo, las zapatillas y el aroma de Dior.
Sus compañeras comenzaron a salir guiadas por una ligera tonada de violín, las luces se apagaron para solo dejar iluminada la pasarela, su turno llegó cuando tuvo que presentar los colores oscuros de la nueva colección.
A pesar de que tenía años haciendo lo mismo, de que los nervios era lo último que podían dominarla en ese lugar, de que su presencia arrancaba suspiros y miradas, se sentía insegura, sentía que algo no estaba bien, o por el contrario, algo estaba de más, como aquella ocasión antes de viajar a Chicago.
Sentía una mirada potente que la taladraba hasta los huesos, que la desnudaba de toda ropa, maquillaje y peinado, dejándola solo como la simple Hermione, no la modelo, solo ella.
—Es muy hermosa, cariño— susurró Narcisa a su hijo al ver salir a la Hermione modelo, tan altiva en su porte, sin mirar a ningún otro lado que al frente, con su belleza resaltada por el maquillaje y con el vestido entallándole cada forma.
—Es más que hermosa, mamá— respondió el rubio sin apartar su mirada de ella, estaba casi seguro que Hermione notaba su mirada.
La música pasó corriendo y entre otros dos vestidos de igual belleza, Hermione terminó su pasarela, por último se enfundó en un vestido blanco, con altos vuelos, seda que rodeaba cada curva de su cuerpo y la hacían parecer rodeada entre una bruma de niebla.
La música misteriosa y peligrosa comenzó a sonar e Hermione salió para dejar a la audiencia más anonadada que de costumbre, nadie prorrumpía ni un solo sonido, Draco se había quedado sin aire, aquella era la ninfa que lo había hechizado desde un primer momento.
¿Cómo era posible que hiciera aquello? ¿Sería algo que tenía dentro de ella desde siempre o había sido adquirido con el tiempo? Draco se decidió por la primera opción, algo como aquello solo es posible si lo llevas desde el interior, algo que no podía cambiarse o fingirse, esa era Hermione, su Hermione.
Por último salieron de nuevo todas las compañeras y el señor Galliano tomado de la mano de dos bellas modelos, pero no de Hermione como era la costumbre, esto desconcertó a Draco y lo dejó con un sentimiento de leve pánico, esperaba que a Hermione no le hubiera ocurrido algo.
Pero era así.
Detrás del escenario Hermione hiperventilaba, preguntándose qué demonios hacía Draco Malfoy ahí, y más importante, ¿hasta cuándo la perseguiría?
Sabía que sus amigas tenían algo que ver con él pero se había jurado no desconfiar de ellas nunca más, igualmente no estaba preparada para hablar de su encuentro unos días atrás, ella estaba segura de que él se había marchado, pero no, él estaba ahí.
Bueno, no se iba a dejar intimidar, ella era Hermione Granger, una supermodelo, ningún hombre y mucho menos Draco Malfoy podría minimizarla, no de nuevo. Se cuadró de hombros, desplegó su vestido y su encanto como unas alas y caminó hacia su camerino.
Oliver y Penelope se extrañaron de que Hermione llegara tan pronto del desfile pero sin comentar nada al respecto la ayudaron a colocarse su traje de noche que consistía en una falda negra plisada con toques blancos y una blusa sencilla y negra de seda, soltaron su cabello en bucles, unos Ferragamo negros y el maquillaje ligero.
Fleur y Luna se encontraban afuera esperando por ella, debían dirigirse a la cena que venía después del desfile, a las cuales no podían seguir faltando.
La rubia supo qué le ocurría a Hermione, por qué a pesar de intentar parecer tranquila su mirada se veía alarmada. A pesar de su encuentro con Draco, éste no le había comentado nada y Hermione se encontraba más callada que una tumba acerca de lo ocurrido en su estudio, esto no pintaba para bien, se imaginó la menuda chica.
Después de divisar a Bill, Neville, Narcisa y Draco Malfoy entre la multitud mientras se despedían, se dijo que ese había sido el problema, Hermione se había dado cuenta que toda la familia, a excepción de Lucius, se encontraba ahí.
Fleur vio mal a Luna al darse cuenta de la presencia de sus cuñados y su suegra, ahora entendía la inquietud que exudaba Hermione.
—Te voy a matar, enana— le susurró la joven a Luna mientras se alejaba dejando a Hermione con Penelope y Oliver y saludaba a toda su familia política, incluso aunque un poco renuente, a Draco.
—Yo estoy listo para un poco de fiesta, Fleur— sonrió coquetamente su novio, la rubia suspiró, ¿cómo podía resistirse a sus hoyuelos y su mirada amorosa?
—Fleur, me gustaría poder felicitar a Hermione, es una modelo excepcional— alabó Narcisa, para la rubia, su suegra era casi tan encantadora como su novio y se le hacía difícil no complacerla, pero no dependía de ella… Sino de Hermione.
—Buenas noches, señora Malfoy— saludó la voz de quien menos se esperaba.
Hermione estaba detrás de ella, con Penelope y Oliver a sus flancos, como dos guardaespaldas, el moreno veía con todo el odio de su corazón a Draco Malfoy, quien no tenía ojos para nadie más que su ninfa, Penelope tenía el rostro impasible, pero entendía que la situación era seria.
— ¡Hermione! — Narcisa saludó con mucha más efusividad que antes a la muchacha, para Narcisa Malfoy la chica le había dado regalos invaluables, ver a sus hijos enamorados, aunque entendía que Draco había cometido errores irreparables en el pasado, pero estaba luchando. — Te felicito, eres una modelo extraordinaria, siempre has sido tan hermosa, mi niña, pero ahora todos pueden verlo.
Después de que se logró separar de la mujer sonrió con cortesía, agradeció sus halagos y sonrió distantemente a sus hijos, sin posar su vista en Draco ni un momento.
—Si me disculpan, tengo que retirarme, ha sido bueno verla, señora Malfoy— Draco se adelantó un paso cuando notaba que su ninfa se apartaba, pero dos miradas frías de los morenos que la acompañaban, una mirada de furia de Fleur, y una ligera negación de su madre, lo disuadieron.
Todo lo que él quería era sentirla nuevamente, poder estar cerca aunque sea solo unos minutos, poder sentirla como en el estudio de Luna, ahora lo único que podía hacer era verla irse, alejarse nuevamente de él.
—Dale tiempo, hijo, aun es demasiado pronto— aconsejó sabiamente su madre, cuando se quedó sola con él.
Neville y Bill se habían ido detrás de Luna y Fleur que habían salido disparadas hacia su amiga.
Hermione había resuelto que debido a la relación de su amiga con el hermano de Draco, y la amenaza de éste en aquel estudio, no podía seguir huyendo, lo había estado haciendo desde hacía cinco años, y ya no más, Draco estaría fuera de su vida.
Ella misma se encargaría de eso, haría todo lo posible por borrar su recuerdo de su memoria, y su amor de su corazón, el primer paso sería ese, dejar de huir.
"Esto es guerra, Draco Malfoy", se dijo a sí misma.
"Voy a ganar tu corazón de nuevo, Hermione, estamos en guerra", contestó Draco a su vez, cuando notó la mirada vacía que Hermione le dirigía unos pasos antes de salir del recinto.
Sintió la resolución de ésta a apartarlo de su vida y de su corazón por siempre, pero él no lo iba a permitir, por primera vez estaba dispuesto a hacer lo correcto, y lo correcto era que estuvieran juntos, lucharía, ambos lo harían.
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