XXI
Debajo de las calles de la ciudad se había construido un extenso complejo habitacional para que los miembros de la resistencia pudiesen vivir a salvo con sus familias, lejos de los soldados de la emperatriz Chinatsu. Era una ciudad subterránea escondida bajo los suburbios aun poblados; además de los departamentos para las familias, había una pequeña zona de juegos infantiles, un consultorio médico que siempre estaba lleno de gente, una especie de tienda en donde las personas iba por comida y agua, y hasta una academia de combate en donde Akari entrenaba a los nuevos integrantes de la resistencia. Eran al menos treinta jóvenes, entre hombres y mujeres, que aprendían artes marciales y las tácticas de asesinato silencioso que le fueron enseñadas a la pelirroja durante su secuestro.
La viajera del tiempo, sentada en el frio suelo, miraba desde afuera como todos aquellos jóvenes rebeldes seguían las indicaciones de su versión adulta; por mucho tiempo deseó que algo así le pasara, ser el centro de atención. Ya fuera gritar más al momento de atacar, de dar una patada más alta o un golpe más rápido, sus palabras eran obedecidas sin que nadie reclamara nada. Estaba maravillada por el porte que tendría en ese futuro: fuerte, seria, pero aun fiel a sus amigas.
—Akari se ve genial así —dijo para sí misma. A veces se refería a sí misma en tercera persona—. ¡Pase lo que pase, quiero ser así!
—Todo depende de ti, Akari —le habló Yui sentándose a su lado.
—Yui-chan. No, no pasare por esto, así que no podre ser igual. Parece que necesito algo realmente extraño para ser notada —dijo.
Yui rió por lo bajo.
—¿No crees que viajar tantas veces en el tiempo es algo extraño? Has visto más cosas que todas nosotras juntas —comentó Yui. También se dedicó a observar las clases de Akari—. Es curioso que en el pasado pidieras a gritos más atención, y ahora la recibes en sobra. Recuerdo que antes apenas y te notábamos, pero ahora te has vuelto la pieza clave de este movimiento.
—No creo que sea para tanto…
—¿Qué no? Eres el principal dolor de cabeza de Chinatsu y sus oficiales. Nos has salvado en varias ocasiones de ser atrapadas —hizo una pausa. La Akari adulta pidió a tres chicos que le atacaran, estos obedecieron y se abalanzaron contra ella, siendo inmovilizados por certeros golpes en sus cuellos y costillas—. Tú y Ayano son nuestros pilares; ella con su liderazgo y determinación, tú con las tácticas y conocimientos militares.
—¿De verdad? —preguntó incrédula—. ¿Soy tan importante aquí?
—Siempre has sido importante, solo que nunca nos dimos cuenta de eso —Yui le dio un pequeño empujo en sus hombros, un gesto amistoso—. Sé que a veces éramos crueles con eso, pero eso no significaba que no te quisiéramos. Eres una gran amiga. —sonrió.
Akari abrazó a su amiga con fuerza; las palabras que siempre había querido escuchar al fin habían llegado a sus oídos.
—Yui-chan —murmuró—. ¿Qué le pasó a tu ojo?
—¿Ves? Te preocupas más por nosotras que por ti misma, por eso estas aquí —le sonrió. Le dio una palmadita en la espalda—. No es nada grave, es solo una infección y no quiero contagiar a nadie.
—Déjame ver.
—¿Qué? Claro que no —Yui se alejó de ella—. ¡No quiero que veas mi feo ojo! ¡Y te podrías contagiar!
—¡Déjame ver! —insistía la pequeña con un puchero e intentando retirar el parche—. ¡No puede ser tan malo!
—Cielos, eres como Kyoko.
—¡Ya está! —exclamó triunfal la viajera del tiempo, alzando el parche como si se tratara de un trofeo. Sin embargo, segundos después se arrepintió de su hazaña—. ¡¿Qué es eso?! ¡Es asqueroso!
—¡Te lo advertí!
Los gritos de los jóvenes aún se escuchaban, algunos seguidos por golpes secos contra el suelo y quejas de dolor. Ya eran cinco los que abandonaron la clase de Akari y fueron llevados a la enfermería. La viajera del tiempo y Yui seguían sentadas en el suelo.
—No entiendo —dijo Akari—. ¿Cómo es que pasó esto?
—¿A qué te refieres?
—A esta realidad. Si ya sabía cómo sería el futuro, ¿por qué lo dejé así?
—No lo sé…
—¡Pero nosotras sí! —intervino Nishigaki a sus espaldas. A su lado estaba Rise, como ya era costumbre desde hacía varios años—. Tenemos varias teorías al respecto.
—¿De verdad? —se ilusionó Akari.
—Sí. No es muy difícil de explicar.
—¿Ese pizarrón estaba ahí? —señaló Yui al notar que un pizarrón blanco apareció de la nada a espaldas de Rise.
—El hecho de que exista esta y más realidades alternas es sencillo. Y eso se debe a que las demás Akaris, incluyendo la nuestra, no vieron lo que tú sí —comenzó a explicar Nishigaki-sensei—. Eso dio origen a todos los futuros que ya conoces.
—Eso es obvio —dijo Yui sin expresión en su rostro.
—Pero… otras Akaris vieron las cosas que yo vi, ¿no es así? —Akari, a viajera del tiempo se sentía confundida.
—Exacto, y eso dio como resultado todas las realidades alternas. Primero tenemos una línea temporal origen, y esa es en la que te conviertes en "Akarin" —continuó Nana, dibujando con un marcador negro una línea recta en el pizarrón—; pero de esta derivan muchas más. Conocemos otras cuatro, primero está aquella en que retrasaste una semana tu secuestro —dicho esto, trazó una perpendicular con marcador rojo y la continuó con una paralela a la línea original, ilustrando así su teoría—, luego viene el futuro donde Sakurako es una empresaria poderosa, después el que llaman "Imperio de los robots" y por último, esta realidad —con cada ejemplo, agregaba más líneas a su esquema—; un futuro alterno para ti, pero real para nosotras.
—Eso lo dijeron en una película —comentó Yui, siendo ignorada.
—Y ¿cómo se originaron todos estos futuros? Muy fácil, las otras Akaris no hicieron tantos viajes como tú, se conformaron antes. O dime, ¿acaso no te ganó la curiosidad por saber qué pasaría?
—Sí —respondió Akari con gran interés.
—Ahí está la diferencia, las demás no sintieron esa curiosidad y esas realidades existieron porque destruyeron la máquina del tiempo. ¿Pero por qué tantas variantes si se supone que ya iba a pasar? Eso no es necesario —regresó al pizarrón—. La primera teoría no es mía, la escuche hace tiempo pero no pude investigar más por falta de tiempo.
Rise movió los labios, hablando silenciosa como siempre.
—Cierto, tampoco internet. Esta teoría supone que por cada decisión que tomamos, se crea una dimensión alterna en donde tomamos la decisión contraria —tomó una roca y la arrojó a una de las casas, rompiendo el vidrio de la ventana—. Acabo de crear una realidad alterna en la cual no arrojé esa roca. ¡¿No es increíble?!
—¿Quiere decir que la presencia de esta Akari es el resultado de una dimensión alterna?
—No, ella es el origen de varios universos alternos, incluyendo el nuestro. Y seguirá surgiendo más hasta que decida no viajar más —Nishigaki Nana parecía muy entretenida con sus explicaciones—. Otra teoría que formulé parte de la existencia de la máquina del tiempo. Si Akari evitó convertirse en una asesina, ese futuro ya no existe y todo lo que se originó con él desapareció.
—Pero la máquina aún existe —balbuceo Akari, seguía confundida y no entendía las palabras de su maestra.
—¡Exacto! Y eso ocurre porque al momento de realizar su desplazamiento, deja de estar sujeta a las leyes que rigen el espacio-tiempo, por eso no le afecta la desaparición de la realidad en la que fue creada. Y Akari al momento de viajar al pasado o futuro, también deja de estar sujeta a las leyes del espacio-tiempo, lo que vuelve a cada Akari independiente y cada una crea una nueva línea temporal. Podrías ser la primera o la centésima Akari viajera.
—¡¿Cien Akaris más?! —exclamó la viajera del tiempo.
—¡Sí! —gritó Nana emocionada.
Rise de nuevo movió los labios, sin producir sonido alguno.
—Tienes razón, puedo estar exagerando. Así todo se reduce a tu teoría.
—¡¿Qué dijo?! —preguntaron al mismo tiempo Yui y Akari.
—Bueno, Rise es más romántica y piensa que todo el desastre temporal es por un presentimiento de lo que va a pasar. Tu curiosidad es un mensaje que la Akari futura te manda.
—No entiendo nada —dijo Akari, sentía que la mente le daba vueltas como un trompo.
—Creo que no es importante centrarnos en eso —dijo Akari, la adulta, que de pronto apareció recargada en el pizarrón. Tenía la frente perlada en sudor y sostenía una botella de agua en sus manos—. En lo que debemos centrarnos es en acabar con el imperio desde su origen.
—Dices eso porque no tienes una mente científica como nosotras —respondió arrogante la mujer de cabello rubio cenizo.
Matsumoto Rise de nuevo habló, mirando fijamente a Nana. Ella puso una cara de molestia.
—¿Qué? ¡¿De qué lado estás?
Rise respondió, algo que solo la científica podía entender.
—Tienes razón —concluyó con cierto desánimo en su voz, luego agregó con su buen humor habitual—. Pero que importa, mientras siga esta realidad no dejare de pensar en esto.
—¿Podrían discutir el sentido de la vida después? —intervino Chizuru, acercándose al grupo—. Ayano requiere la presencia de todas.
—Tranquila Chizuru —dijo Nana con un gesto despreocupado—. Todas somos amigas aquí, no hace falta tanta rudeza.
—No puedo estar tranquila hasta que esto del imperio termine, así que dense prisa.
Chizuru se dio vuelta y se fue, directo a una de las casas. En su rostro se veía molestia, ella siempre había sido muy seria y fácil de fastidiar, en especial si se trataba de Kyoko, pero en esta línea temporal daba la impresión de estar siempre enojada. Nishigaki-sensei dio un suspiro de resignación, pues sus meditaciones fueron interrumpidas por el mal humor de la chica de cabellos níveos; tomó a Rise de la mano y se la llevó arrastrando, siguiendo a Chizuru.
—¿Qué le pasa? —preguntó la pequeña Akari.
—Está en la misma situación que yo —respondió la adulta Akari—. Ella también recibió entrenamiento militar, no sé por qué se alistó a la milicia… y tres años después, Chinatsu dio el golpe de estado. Ella tenía que formar parte de la policía militar, pero se rehusó. Y ahora es una traidora como yo y la segunda más buscada.
—La vida no ha sido fácil —agregó Yui—, pero con tú ayuda evitaremos que esto sea real.
—¡Sí! ¡Me esforzare para evitar esto!
—No esperaba menos de mi misma —sonrió la Akari adulta.
Las tres caminaron juntas hacia la casa que Ayano usaba como base de operaciones. A su alrededor caminaban otros miembros de la resistencia; la mayoría eran desconocidos para la viajera del tiempo, pero había unas cuantas chicas que le eran familiares. Pensó que ellas podrían ser algunas de sus compañeras de clase que ahora luchaban en contra de Chinatsu, lo cual le trajo una nueva duda a su ya confundida mente.
—Yui-chan, Akari-san —optó por llamar así a su versión adulta—, ¿en dónde está Akane onee-chan? ¿Y Kaede-chan?
—Tranquila, todas están a salvo y apoyando nuestra causa —le dijo Yui—. Mary-chan y Kaede dirigen un campamento nuestro al sur del país.
—Y onee-san —agregó la Akari adulta—, nos apoya desde el norte. No sé cómo lo hace, pero es nuestra proveedora de armas junto con las hermanas de Sakurako.
—¿Eh? ¿También ellas? —se sorprendió Akari.
—¡Claro! Todas queremos acabar con esto, que Kyoko este de vuelta y que Chinatsu sea la misma chica que conocimos —agregó Yui—, pero no le digas a Sakurako que sus hermanas están en el país.
—Ella cree que siguen en Corea y que es la única guerrera de la familia —concluyó la Akari adulta—. Decirle que le admiran es cosa de ellas.
Akari se asombró aún más, quizá este futuro no era tan malo después de todo. Sakurako, que siempre se quejaba de sus hermanas, ahora era el ejemplo a seguir de la familia; Nishigaki-sensei y la presidenta Matsumoto eran colegas de laboratorio, y ella luciría genial como una rebelde al imperio. No saca de su mente la imagen de chica ruda que había adquirido, y se propuso conservarla al regresar a su época.
La junta con Ayano era urgente, al momento en que las dos Akaris y Yui entraron a la sala de reuniones, que estaba debajo de la casa, ya todas les esperaban sentadas a la mesa. Las únicas de pie eran Chitose y Ayano; incluso el simpático perro mecánico Choco estaba ahí. El único desconocido para la viajera del tiempo era un chico de cabello azul vestido con una gabardina blanca que hacia juego con su bufanda azul. Yui fue a tomar su asiento frente a Himawari, mientras que la Akari adulta le dio su silla a la pequeña. Al verlas a todas en sus lugares, Ayano comenzó a hablar.
—Creo que ya todas sabemos porque les mande llamar —dijo autoritaria Ayano.
—¿Vas a darnos vacaciones? —bromeó Sakurako, recibiendo una mirada fulminante por parte de la líder.
—Esta noche —dijo dando un golpe a la mesa—, pondremos fin al imperio de Chinatsu de una vez por todas. Tomaremos el palacio, la máquina del tiempo y liberaremos a los presos.
—¿No crees que es mucho para una sola misión? —cuestionó Yui—. La última vez apenas y logramos salir.
—Ahora será diferente, tenemos a dos chicas invisibles —señaló a ambas Akaris—. Y sensei ha desarrollado la tecnología que necesitamos para asegurar el éxito.
—No es por alardear, pero es cierto —intervino Nana—. He equipado a Choco con un artefacto que le permite bloquear las frecuencias de radio utilizadas por el imperio y un programa especial para desactivar los sistemas de seguridad en un abrir y cerrar de ojos.
—No debemos cometer falla alguna, debemos ser rápidas y precisas —recalcó Ayano—. Lo primero será desactivar la seguridad, ambas Akaris y Choco se encargaran de esto.
—¡Entendido! —dijo la Akari mayor, dejando a la pequeña algo asustada.
—Cuando sea seguro, nosotras ingresaremos y nos dividiremos en tres equipos. Yui, tu dirigirás al equipo uno —indicó la pelimorada—. Llevaras a la Akari del pasado y a Choco hacia la máquina del tiempo. Equipo dos, será dirigido por mí; Chitose, Chizuru, ambas vendrán conmigo a las mazmorras para liberar a los presos.
—Yo sé qué haces esto por Toshino Kyoko —dijo con una sonrisa la mayor de las Ikeda, provocando un sonrojo en las mejillas de Ayano.
—Y el equipo tres —continuó con una voz temblorosa—. Sera tuyo Akari, llevaras a Himawari y Sakurako a capturar a Chinatsu. Sé que no quieren hacerlo… pero si no queda otra opción, tendrán que ase….
—Eso no pasara —interrumpió la Akari adulta—. La traeremos con vida.
—En cuanto a sensei y Matsumoto. Serán nuestro apoyo táctico, informen de toda actividad sospechosa que pueda ponernos en peligro. Y Shion —se dirigió al único hombre en la sala—. Será mejor que alistes a los refuerzos; no los necesitaremos, pero debemos prevenir lo peor.
—Como diga, líder.
—¡Esta noche acabaremos con esta locura! —vociferó Ayano.
