Diper manejaba tan rápido como podía. Entendía que debía estar ya en el hospital, pero sabía de antemano que debía llegar con vida, y salvo, para poderla ver. Tan pronto recibió la noticia por parte de Pacífica, dejó sola a la empleada en el local, y se metió en dos tiempos a su carro; no debió haberla dejado sola, era lo que se decía a sí mismo, molesto, furioso consigo mismo por haberla dejado.
FLASHBACK (01/09/16):
- Te haremos un estudio de sangre para descartar algunas posibilidades de lo que acaba de pasar, por lo que necesito que vengas después, en ayunas…
- Mi agenda es muy ocupada doctor- lo interrumpió Mabel, tratando de acelerar las cosas-. Dígame, ¿qué cree que pueda ser?
El doctor suspiró, quizá esperando que ella fuera un poco más colaboradora.
- Bueno, en el mejor de los casos, podría ser una congestión alimenticia. Un problema hormonal, pero, tendría que hacerle unas cuantas preguntas.
- Esta bien- aceptó Mabel, incomoda y nerviosa.
El doctor le hacía varias preguntas respecto a sus hábitos alimenticios, vicios, y su ritmo de vida. También tuvo que hacerle preguntas respecto a su actividad sexual, lo cual hizo a Mabel sentirse aún más incómoda, pero en el fondo sabía que debía responder con la verdad, respondiendo cosas como que si había tenido relaciones sin protección en el mes anterior.
- ¿Y has tenido algún problema con tu ciclo?- preguntó el doctor, directamente, intuyendo a qué vendría el asunto.
- Me debería tocar en una semana aún- contestó Mabel, preocupada, ya había notado su retraso de ese mes, entre otros síntomas.
- Bueno, como quiera debes hacerte esos estudios, para estar seguros, pero, viendo las cosas…
- ¿Qué debo hacer doctor?- preguntó Mabel tratando de no llorar, no querría que Diper la viera en ese estado.
- Por lo pronto, tendrás que bajar tú actividad física, y alejarte de las cosas que puedan traerte estrés, para alejarte del peligro de aborto… si fuera así, ¿sabes quién es el padre?
A ese punto, Mabel solo asintió con la cabeza, su voz se había apagado al sentir el miedo de los problemas que aquello podría suponer.
- Necesitas el estudio, para estar seguros…
- Aún no he comido nada en este día- confesó Mabel, convencida-. Si es necesario sacarme sangre, no hay problema, pero, quiero pedirle un favor.
- ¿Cuál es?- preguntó el doctor conforme.
- No le diga a mi hermano… me está esperando afuera. Que esto quede entre nosotros, por favor.
El doctor aceptó sin problemas. La ética le prohibía hablar de ello con quien sea que no fuera ella. Llamó a una enfermera para que le sacara sangre, que poco después serviría para saber si sus sospechas eran ciertas. Mabel dejó su número de celular para que le avisaran de los resultados (en ese momento agradeció infinitamente que Diper tuviera ahora celular propio, para que no se pudiera enterar por casualidad, aunque en un principio ese hecho la había puesto insegura).
Cuando la toma de la muestra terminó, el doctor salió primero para llamar a Diper y decirle que todo estaba bien. El chico le agradeció su atención, y entonces la vio. Mabel le sonrió, para que él no sospechara de nada, y sabía que a partir de ese momento, y no sabía hasta cuando, ella debería guardar ese secreto de todo mundo. Con el tiempo, ella sabría qué hacer, aunque, una parte de ella tenía la ilusión de que eso fuera verdad, un fruto de amor, del chico que ella ama.
FLASHBACK END.
Diper llegó al hospital donde Mabel estaba internada, y vio inmediatamente en la sala de espera a Pacífica, que miraba angustiada a la recepción por si la llamaban. Se acercó a ella corriendo, y la rubia lo sintió de inmediato.
- ¡¿Qué pasó?!- preguntó Diper con mucha angustia.
- No lo sé- respondió Pacífica con la voz quebrada-. Estaba bien, ya se movía y todo, pero de pronto simplemente se desmayó, y estaba sangrando…- su voz se descompuso al punto que irrumpió en llanto; se sentía muy impotente al no haber podido hacer algo por su amiga.
Diper se sentó a su lado y la abrazó. Sabía en el fondo que ella no tenía la culpa, y trataba de consolarla. No podía imaginarse el horror que debió significar para ella el estar ahí, a solas con una desmayada y sangrante Mabel, sintiéndose aún más culpable, ahora por no poder ayudarla en su momento.
Pasó alrededor de una hora más antes de tener noticias de Mabel. En el altavoz eran llamados los familiares de Mabel Pines, e inmediatamente Diper y Pacífica se acercaron para recibir cualquier noticia, buena o mala, pero querían saber algo.
- ¿Qué eres de Mabel Pines?- le preguntó la recepcionista con seriedad.
- Soy su hermano, ¿qué le pasa?- preguntó Diper sin rodeos, no podía esperar más.
- Ella acaba de ser llevada a piso, por lo que pueden pasar a verla, pero de uno en uno- agregó esto último marcadamente al ver que iba también Pacífica.
No era algo a discusión. Diper entró primero a ver a Mabel, tenía que saber qué pasaba. Buscó rápidamente su cuarto, y aunque tardó un poco en localizarla, al fin lo hizo, jadeante. Abrió la puerta, y la vio ahí, sentada, con los ojos completamente rojos, con sus manos entrelazadas, viendo al vacío.
- Mabel, ¿qué pasó?- le preguntó Diper asustado, sentándose a su lado.
Mabel no respondió, en cambio, se abrazó al chico con fuerza, e irrumpió en llanto desconsolado, como si lo hubiera estado esperando para desahogarse. Diper se limitó a abrazarla, y acariciar su espalda, tratando de calmarla, aunque por dentro estaba desesperado por saber cuál era la causa de su inconsolable llanto, ya que al ver sus ojos, se notaba que había estado llorando aún antes de que el chico arribara a su encuentro.
- Lo siento- dijo Mabel entre sollozos-… lo siento… lo siento…
- ¿Por qué lo sientes Mabel?, ¿qué pasa?- preguntaba Diper asustado por las repetidas disculpas de la chica.
Diper se limitó entonces a abrazarla, y a dejarla desahogarse todo lo que necesitara. Mabel solo necesitaba eso, los brazos de él, consolándola, para poder calmarse… era todo lo que deseaba en ese momento.
Pasaron largos minutos de lágrimas antes que, con voz quebrada, Mabel le contaba a detalle, poco a poco, el sufrimiento que se había cargado sola todo ese tiempo. Desde que le dieron la noticia la primera vez que tuvieron que correr al médico, hasta cosas que no había notado como que se levantaba antes que nadie para correr al baño por los mareos matutinos. Diper se preguntaba cómo no había notado ese cambio de rutina de su hermana, y se sentía molesto consigo mismo por ello, pero Mabel había sido tan discreta para precisamente evitar que alguien lo notara. También molesto consigo mismo, pues toda su relación con Mabel estuvo llena de descuidos, fundamentada en mentiras, y eso les estaba cobrando fuertemente. Mabel terminó de contar, y no dijo nada más. Se sentía agotada, frustrada, triste, impotente.
- Lo siento Mabel- se disculpó Diper con nostalgia-. He sido muy descuidado… se supone que confías en mí para pensar las cosas con claridad, para no cometer esta clase de errores, pero todo lo que ha pasado estas semanas ha sido por mi falta de juicio.
- También he tenido la culpa- agregó Mabel temblando-. Yo te he orillado a que sea así, diciéndote que dejaras de pensar, y olvidando las cosas importantes.
- Bueno, ambos hemos fallado- dijo Diper con un dejo de burla, tratando de suavizar las cosas.
Una leve sonrisa nostálgica se dibujó en el rostro de Mabel. Quizá sí, habían sido muy descuidados, más de la cuenta, y habían derribado lo que pudo ser un gran futuro juntos, a pesar de las adversidades.
Diper acomodó bien a Mabel para darle algo de la comida que le habían dejado antes. Ella no tenía apetito, pero a insistencia de él intentó comer un poco. De pronto, entró Pacífica a la habitación, sorprendiendo a ambos, pues se suponía que solo podían tener un visitante a la vez.
- Hola Pacífica, ¿cómo pudiste entrar?- pregunto Mabel, a la vez alegre por la visita de la rubia.
- Bueno, el apellido Northwest aún tiene peso para mi suerte, un doctor me reconoció, inversionista de mi padre, y me dejó pasar sin problemas- explicó Pacífica, aunque se le notaba incómoda cuando mencionó a su padre, pero se acercó a Mabel sonriendo- ¿Cómo te sientes?, ¿qué te dijeron los médicos?
- Fue un problema hormonal- mintió rápidamente Mabel-. Me dijeron que tendré que quedarme aquí un par de días en observación.
- Entonces esto es lo que haremos, primero iré al departamento por algunas cosas para ti, un cambio de ropa y cosas de aseo, luego tengo que ir con nuestros padres a decirles esto…
- Pero Diper, si ellos se enteran querrán que regresemos- saltó Mabel asustada.
- Alguien tiene que cuidarte Mabel- la regañó Diper con firmeza-. Pacífica y yo no podemos faltar más a clases, y ellos tienen derecho a saberlo… será peor si se enteran después, así que no está en discusión.
Mabel quiso alegar, pero en el fondo sabía que Diper tenía razón, por lo que solo asintió con la cabeza, derrotada.
- ¿Podrías cuidarla un momento Pacífica?
Pacífica solo asintió con la cabeza, y se sentó en la silla al lado de la cama de Mabel. Diper se fue ahora más calmado, pero sabía que tenía que pensar bien qué les diría a sus padres (claro, no podía decirles que Mabel estaba en el hospital recuperándose de un aborto espontaneo).
Pacífica tomó su celular; no lo había revisado completamente por todo el apuro que se suscitó con esa emergencia. Notó que tenía un mensaje de Wendy, y entonces recordó la conversación que había tenido con Mabel. Sabía que tenía que ver con algo que vio Wendy, y sabía que era algo tan delicado que no querían que nadie se enterase; al ver que tenía un mensaje de Wendy, una parte de ella deseaba abrirlo, para terminar ese secretismo, y por otra, no quería hacerlo, por darle una oportunidad a sus amigos de contarle por su cuenta, aunque había una enorme posibilidad de que ese mensaje no tuviera nada que ver, pues Wendy no era del tipo de persona que divulgaba todo lo que veía, a menos que sintiera que era algo que debía contarle, entonces si lo haría… Cerró la bandeja de entrada, sin siquiera ver la primera línea de texto de pre visualización, dándoles tiempo de gracia a los gemelos.
En cuanto los padres de los gemelos se enteraron de lo sucedido (a medias) sin dudas corrieron a verla. Diper los llevó en su carro, sintiéndose aliviado, y a la vez preocupado por cuál sería su decisión con ese reciente hecho. Al parecer el apellido Northwest era un pase VIP universal, ya que cuando llegó Diper y pensar quién vería a Mabel primero, el guardia los dejó pasar a los tres, incluso con una exagerada cortesía. Al llegar al cuarto, su madre abrazó a Mabel con fuerza.
- Mabel, hija, ¿qué te pasó?
- Descuida mamá, fue un problema leve, solo estaré en observación un par de días.
- Nada leve requiere una hospitalización- la regañó su padre, que se veía igual de preocupado-. Quizá si fue demasiado dejarlos vivir solos…
- Papá, lo que me pasó, me pudo pasar en la casa, de vacaciones, en una cámara descontaminada comiendo solo comida saludable… no tuvo nada que ver que vivamos solos- trató de convencerlos Mabel, aunque solo parte de eso era verdad, Diper tenía pensamientos divididos, por lo que decidió dejarle todo al destino.
- Bueno, calmémonos todos- dijo su madre con calma pero firme-. Lo primero es que salgas de aquí, lo demás lo podremos discutir en otro momento.
Mabel agradeció a su madre por ese tiempo de gracia, pero aun así rogaba para que no tomaran esa decisión. No quería dejar sola a Pacífica, y quería seguir viviendo así, además, aún tenían que hablar con Pacífica.
Los dos días de internamiento de Mabel se les hicieron eternos a los tres chicos. Aunque Diper y Pacífica tenían la escuela y el local para pasar el tiempo, la verdad era que ambos siempre estuvieron preocupados por la salud de Mabel. Su madre la cuidó incansablemente, sin descansar ni un minuto, lo cual fue agradecido por Diper, Pacífica y su padre. Esos días, también se convirtieron en las noches más largas; Diper siquiera cayó en la cuenta de que estaba durmiendo en la misma casa solo con Pacífica en la habitación contigua. La segunda noche, ya rendido por no poder dormir, Diper se levantó a tomar algo de leche, y se halló a Pacífica haciendo exactamente lo mismo. Pacífica notó su presencia, y se asustó un poco al sentir a alguien, pero se calmó al ver que era Diper. Ninguno de los dos habló; Diper se limitó a tomar un vaso para servirse, mientras Pacífica se quedaba ahí mismo, como haciéndole compañía. Todo lo que se oía en todo el departamento era a dos pre-adultos bebiendo leche en medio de la noche, ambos con cara de preocupación. Diper lavó los vasos cuando terminaron, pero antes de irse, Pacífica lo detuvo, abrazándolo con fuerza. Diper se asustó un poco con esa acción tan repentina, pero, al ver que la chica temblaba, él se limitó a devolverle el abrazo; quizá estaba asustada, quizá estaba nerviosa, o quizá pasaba algo que aún no les había dicho a ellos, pero, no importaba, solo la abrazó, pues Diper sabía que eso era lo único que ella necesitaba, a alguien que estuviera a su lado.
Al fin era el día. Jueves por la mañana, era el día que Mabel sería dada de alta, pero Diper y Pacífica tenían que ir a clases, por lo que serían sus padres quienes se encargarían de llevarla ya fuera a su casa, o al departamento. Eso puso a ambos bastante nerviosos, y qué decir de las chicas que no dejaban de preguntar a la pobre Pacífica acerca de la evolución de Mabel, aunque a ella no parecía molestarle mucho. Por fin terminaron las clases, y ese día no fueron al local; tenían que regresar a casa, y confirmar que Mabel estaba ahí. Al abrir la puerta, se aliviaron de verla ahí, sentada en el sillón, tomando una taza de té, y con ella estaba su mamá, haciéndole compañía.
- ¿Por qué regresaron tan pronto?- los regañó Mabel, aunque sonriente.
- Queríamos verte- le explicó Diper caminando a su lado para poderla abrazar, demostrándole lo mucho que la había extrañado.
Pacífica también se acercó a abrazarla, muy feliz de verla, aquello le hizo sentirse más aliviada.
Su madre se quedó solo una media hora, y los dejó solos. Diper sintió otro alivio al saber que esa situación no los había hecho cambiar de parecer, aunque sospechó que Mabel la logró convencer de ello.
Mabel sentía ganas de llorar al ver el cariño que le demostraban ante su llegada, aunque solo había sido un par de días. Eso le ayudaba a compensar la gran pérdida que había pasado, aunque sentía que pasaría largo tiempo antes de poderse recuperar, y que ya había pasado demasiado tiempo para dar ese paso.
- Diper, es hora- dijo de pronto Mabel, mirándolo fijamente, con una mirada decidida.
Diper no tuvo que preguntar a qué se refería; suspiró y asintió con la cabeza. Mabel le extendió su mano para que le ayudara a levantarse. Pacífica se sentía extraña al ver esa clase de telepatía de los gemelos, aunque más le causaba la intriga de saber a qué se referían, aunque tenía la sospecha de qué.
- Tenía que pensar bien cómo te lo diría, y bueno, tuve esos días de descanso para pensarlo- comenzó Mabel caminando al frente de Pacífica, lentamente, hablando lo más calmada posible-. Sé que desde hace tiempo has querido saber quién era la novia de Diper, y recientemente teníamos un secreto que contarte, y hoy he decidido contarte ambos a la vez.
Se paró firme frente a Pacífica, su corazón temblaba con fuerza, pero hacía el esfuerzo por sacar esas palabras de su boca.
- Pues bien… aquí me tienes…- dijo al fin con mucho esfuerzo, mirándola fijamente.
Pacífica le miró sin comprender, con gran intriga en su rostro. Repetía en su cabeza las palabras que le acababa de decir, entonces, como una enorme revelación, abrió muy grande sus ojos, y su respiración se aceleró.
- No es cierto…- dijo apenas en un susurro, negando con la cabeza.
- Si, lo es…- afirmó Mabel con calma-… soy yo… la peor amiga de todas…
DISCLAIMER: Los personajes le pertenecen a Alex Hirsch y solo los uso para fines de este fic.
(Título anterior: ¿Mabel?
Avance: 26 5-22-24-22-8 15-12 14-26-8 12-25-5-18-12 22-8 15-12 10-6-22 14-22-13-12-8 5-22-14-12-8).
Código secreto:
33 (1-16-18-15-22-5-3-8-1-14-4-15)
2 (25)
88 (25)
150 (3-21-1-20-18-15)
