Disclaimers en capítulo 2

Ya saben lo mucho que disfruto leyendo sus comentarios, son el mejor grupo de lectoras que me hubiese gustado tener, de verdad, amo sus comentarios, amo la forma en que muchas se involucran en todo y en la forma en que sienten lo que escribo, y eso ha hecho que yo crezca en esto. Al principio era tan difícil porque no sabía que esperar, ahora solo espero que les guste, con eso feliz, escribo para hacerlas llorar, reír, emocionarse y rodar por el suelo o gritar como locas por la casa XD Y si me pongo floja, díganmelo y lo solucionaré. Ya! Basta, les dejo el capítulo (ya está por llegar mi periodo, así que entenderán un poco del cómo y por qué escribí este capi así jijiji)


Capítulo 21

El pueblo completo se despertaba para ver tal desgracia, como en todo pueblo pequeño, muchos miran, pocos ayudan. La manada de lobos hacia su trabajo mientras esperaban a los bomberos para que apagaran el fuego, algunos vecinos más cercanos se acercaron para ayudar a retrasar el avance de las llamas con sus propias regaderas de sus patios. No ayudaban en mucho, pero al menos hacían que el primer piso aun no fuera consumido por el fuego.

Graham al ver el estado de descontrol emocional de Regina, buscó a alguno de los chicos para consultar por la situación de los habitantes, quería calmarla de alguna manera teniendo información concreta sobre Emma. Lamentablemente la única que se encontraba a salvo en esos momentos era Mary Margaret, porque David estaba tratando de sacar a Emma de su habitación, y la manada por principios no se expondría al peligro sin estar capacitados para esta situación subiendo al segundo piso, así que Emma y David estaban luchando por salir con vida de ahí.

—Regina –la tomaba por los hombros- ¡Regina! Por favor, mírame y deja de llorar –se cuestionó el darle toda la información pero sabía que la incertidumbre era lo que la ponía más mal- El fuego no ha empezado hace mucho, David está tratando de rescatar a Emma –Regina tenía un leve alivio de esperanza- Si te hace sentir mejor, más allá está Mary Margaret, ella ahora está a salvo.

Regina le quitó las manos de sus hombros, sin saber qué pensar, pero luego dirigió la mirada hacia Mary Margaret, y curiosamente no hubo ningún tipo de rencor hacia ella cuando lo hizo, todo lo contrario, cuando la vio se sintió mal, mal por ella, porque en ese momento eran un mismo dolor, y entendía perfectamente por lo que estaba pasando. Empatía, se estaba poniendo en sus zapatos, y lo que ella ahora vivía era la incertidumbre de si volvería a ver otra vez a su esposo y a su hija.

Incomprensible para su mente en estos momentos. Hace un par de meses atrás esto habría sido el final perfecto y la culminación de su hermoso y maquiavélico plan, con Emma y David muertos, ella podría asegurar el eterno dolor de su hijastra y con ello el regreso de su hijo a su hogar, todo lo que se había propuesto. Pero todo se le escapó de las manos, nunca pensó que amaría de tal forma a quien había elegido como móvil de todo, Emma Swan, la hija de quien más odiaba en la vida cambiaba su mundo de tal forma que todo indicio de venganza se iba por tierra. Esta vez, viviría con su dolor sin culpar a nadie, ella misma había tejido su propio destino.

Cuando por fin se decidió a ir por Mary Margaret y acompañarla en su dolor, vio como esta se levantaba cambiando su rostro por ver a David y Emma saliendo de la casa, envueltos en una manta mojada que humeaba por el calor del lugar.

Se quedó quieta viendo la escena, no tuvo el valor de interrumpir tal felicidad de la familia, simplemente de quedó parada, esperando a que Emma la viera, porque ni siquiera se atrevió a llamarla, se sentía una hipócrita, después de todo el mal que había causado no tenía ningún derecho a estar ahí.

Emma abrazaba a su madre fuertemente, estaba tan confusa que con suerte se daba cuenta de que su vida había corrido un enorme peligro, estaba un tanto mareada, y no sabía si era por el humo que había aspirado o por el extraño sueño que había tenido mientras todo ardía a su alrededor. Raramente mantenía la calma, quizás lo hacía por no preocupar más a Mary Margaret, así que no dijo nada, dejó que su madre la llenara de besos, y se permitió descansar su cabeza en el hombro de ella. En ese mismo instante mientras ladeaba su cabeza enfocó la vista para ver que unos metros más allá estaba Regina mirándola. Dejó el hombro de Mary Margaret, permitiendo así que David fuera ahora quien la abrazara, se separó y caminó unos cuantos pasos lentamente y aguardó, ahora más confundida.

A Regina se le aceleraba el corazón, en realidad quería ir corriendo hacia ella y abrazarla fuertemente, pero tenía miedo que ser rechazada, en estos momentos se arrepentía tanto de haberle dicho que no la amaba, le dolía que Emma pensara eso, de haberla hecho sufrir así, pero estaba preparada, caminó unos pasos tímidamente, mientras mantenía la mirada angustiada hacia Emma.

Emma por su parte no comprendía la presencia de Regina ahí, y verla con lágrimas en los ojos y sentir esa mirada que la estaba quemando de amor la estaba derritiendo lentamente, pero tampoco se atrevía a acercarse más, quizás estaba confundiendo las cosas, porque al fin entendía que ella jamás la amaría, por lo tanto en su cuerpo se debatía el corazón y la razón en una batalla sin piedad, decidió quedarse quieta y no acercarse.

La escena era surrealista, ambas mirándose con profundo amor y angustia a la vez, ansias y desesperación, mientras atrás de las dos la casa ardía como si el mismo infierno hablara por ellas ante la frustración de no poder abrazarse, como si sus sentimientos se plasmaran en las llamas.

No pudieron aguantar más, al mismo tiempo ambas corrieron una a la otra, soltando el llanto inmediatamente, perdiéndose en un abrazo ansioso, y lleno de miedos a la vez, cada una tenía muchas preguntas, pero en ese momento sólo importaba ese abrazo, ese firme abrazo. Regina apartó todos sus miedos, y simplemente tomó a Emma por las mejillas y la besó, rápidamente le depositaba besos en su rostro, con una Emma confundida pero dejándose querer, perdida en el rostro angustiado de Regina que en último lugar se quedó con sus labios pegados a los de ella, mientras cerraba los ojos dejando caer lagrimones que estaban contenidos aun en sus ojos, respirándose mutuamente, olvidando el lugar, el momento y tiempo.

—Te amo Emma, te amo tanto que no sé qué haría si te perdiera –nuevamente se recordaba las palabras de Morfeo, y silenciaba por un momento su declaración al no sentirse digna de nombrar la palabra amor- No era verdad Emma, nunca he dejado de amarte, no sé en qué momento pasó pero…

—Por favor no sigas –Emma le ponía la mano en sus labios- no sigas porque tengo miedo de que mañana no me ames.

Regina tomó la mano de Emma suavemente y la besó tiernamente, volviéndose a perder en los ojos de la rubia.

—Mi mundo entero –tragaba saliva y las lágrimas acumuladas- mi mundo entero se acababa de derrumbar Emma, creí que te había perdido, creí que jamás podría decirte esto. Perdóname.

—Regina –ahora ella volvía a llorar- no puedo permitirte que vengas acá, mientras mi casa se incendia, mientras mi vida corría peligro a que me vengas a decir que me amas, porque yo necesito saber que realmente me amas, sin angustias, sin miedos, no por miedo a perderme, porque no sé si eso es realmente amor. ¿Sabes? Yo también me quiero, y ya no voy a permitirte hacerme daño Regina.

—Lo entiendo, discúlpame por haber venido –se soltó del abrazo de Emma y se volteó para irse, pero sorpresivamente Emma la tomó del brazo haciendo que volviera a mirarla a la cara.

—Lo que tampoco quiere decir que no te ame y no agradezca que estés aquí conmigo en este momento –la tomó por la cintura y la acercó a ella y la beso profundamente, como reclamándola con el mayor de sus derechos.

—No puedo creerlo, mi casa arde en llamas y ustedes se están besando frente a nosotros –dijo Mary Margaret completamente descolocada por la imagen que ambas le ofrecían- ¿Acaso no se dan cuenta?

Regina se separó del beso de Emma a regañadientes, con esa expresión en la boca cuando algo le molestaba. Claramente Mary Margaret nunca dejaría de arruinar sus mejores momentos.

—¿Tu casa arde? Ohhhh perdón no lo había notado –el sarcasmo de Regina fue cruel pero fue dicho casi mecánicamente, no estaba acostumbrada a tratarla de otra forma- ¡Bien! Lo arreglo de inmediato.

Con un solo movimiento de manos hizo que todo el fuego de la casa se apagara, dejando una nube de vapor que subía por los cielos, haciendo que el trabajo de los bomberos quedara como un simple juego de niños.

—¿Contenta? Ahora ve a besar a tu esposo que está vivo, y yo hago lo mismo con tu hija –Mary Margaret abría los ojos incrédula por lo descarada de Regina- Sí mi pequeña Snow, porque tu hija me acaba de decir que me ama, y soy la mujer más feliz del mundo en estos momentos y no te quiero cerca de nosotras –en un parpadeo, mientras aún seguía abrazada de Emma, Regina tomaba por la nuca a Mary Margaret y le acercaba la cabeza para darle un beso en la frente- Ahora ¡fuera, fuera! –le hacía un gesto con la mano, mientras su boca dibujaba una sonrisa sincera, una sonrisa mezclada de lágrimas de felicidad ahora.

—Vámonos de aquí –dijo David, que no sabía si reírse o preocuparse- sabes que le gusta provocarte.

—Pero David no te das cuenta que…

—Vamos, dejémoslas que hablen, nosotros sobramos, además me gusta la idea de Regina de llenarte de besos en estos momentos y eliminar esas lágrimas que tienes en los ojos –Tomaba a Mary Margaret por la cintura y la elevaba graciosamente para ponérsela encima del hombro, llevándosela a otro lugar.

—Tu no cambias –Emma se tapaba la boca conteniendo la risa- y ¿Qué fue eso? ¿Desde cuándo besas a mi madre?

—Desde que me has dicho que me amas, no es mentira Emma, soy la mujer más feliz del mundo al saberlo –se ponía seria y la tomaba firmemente de las mejillas- estoy dispuesta a olvidar y perdonar todo el pasado con tal de poder amarte.

—Hace un par de días atrás no querías ni escuchar eso de mí, no te entiendo. ¿Te das cuenta de que siempre me confundes y termino por salir herida?

—No mi amor –Regina volvía a besar a Emma- tenía miedo, ahora el único miedo que tengo es que sigas sufriendo por mi culpa, te quiero feliz Emma, es la verdad.

Regina no sabía cómo era posible poder ser sincera sin dejar de mentirle, pero no podía ni tenía el valor, menos en esta situación, de decirle todo lo que pasaba con el asunto de su hechizo con Morfeo, porque si se lo explicaba, su cambio hacia ella tendría un poco más de sentido, pero podría no perdonarla. Ya buscaría la forma de explicárselo más adelante. Porque ahora, ahora solo quería una cosa. Amarla, tal cual como Emma le dijo en su último sueño, amarla sin importar lo que pasara después.


Henry se paseaba de un lado a otro en la sala de invitados, estaba enojado, lo habían dejado solo. No era que se sintiera un niño indefenso y tuviera miedo al no encontrar a nadie en casa, era que coincidentemente su madre había desaparecido, justo después de cenar con Graham, sin darle ningún aviso, sin siquiera dejar una nota, lo que le dejaba en la mente la sensación de que le habían mentido y que sí tenían un romance. Se sentó en medio del gran sillón que quedaba mirando a la puerta de entrada, se cruzó de brazos, los esperaría despierto y pediría explicaciones.

Desde afuera, Regina se quedaba mirando la puerta de entrada, levantaba las cejas y se volteaba mirando a Graham.

—No salí con llaves –Regina hacía una graciosa acción golpeando los dedos índices mientras sonreía y levantaba los hombros.

—Bien entonces podemos irnos de aquí David, veremos donde podemos pasar la noche –Mary Margaret se giraba y se iba pero su marido la alcanzó tomándola del brazo, sonriendo al ver que tenía miedo de quedarse en casa de Regina.

—Ven aquí cabeza dura, no va a pasar nada, además mírala –apuntaba con la cabeza a Regina- no parece estar tramando nada malo, su sonrisa, nunca la había visto sonreír así, está feliz. ¿Por qué no le das una oportunidad?

—Me dijiste lo mismo hace un tiempo y mira lo que pasó, le rompió el corazón a nuestra hija, además mira a Emma, está confundida.

—Por eso debemos dejarlas a ellas con sus asuntos, Nieves mírame –le llamó de esa forma llamando la atención de su esposa, recordando tiempos de antaño- yo renuncié a todo por buscarte, por tenerte, por amarte, cuando supe que me amabas, que no me rechazabas, te busqué y te encontré –Mary Margaret abrazaba a David sonriendo- y aquí estamos, con la segunda planta de nuestro hogar quemado pero vivos, con una hermosa y valiente hija, que está enamorada, y merece ser amada.

Graham se teletransportaba dentro de la casa para abrir la puerta mientras por fuera los demás esperaban. Regina, manteniendo su sonrisa, abrazaba a Emma por detrás.

—Relájate Emma, cambia esa cara, ya veremos cómo reconstruimos la casa de tus padres.

—Regina, me estas abrazando delante de mis padres, es incómodo, no me pidas que me relaje, me extraña que mi madre aún no te haya golpeado.

Ambas rieron mirando a la pareja que estaba unos metros mas allá comportándose muy cariñosamente, sumidos en sus miradas.

—¿Ves? Ni siquiera nos ponen atención, en estos momentos lo único que importa es que estamos todos a salvo –dijo Regina depositándole en beso en la nuca a Emma.

De pronto Graham abre la puerta con cara de falsa seriedad, tosiendo ante la imagen de Emma y Regina, anunciando su presencia.

—Señora Mills, su hijo la está esperando en la sala, al parecer estamos en graves problemas –le hacia una reverencia de mayordomo y le daba la entrada a la mansión, dejando ver a Henry muy serio de brazos cruzados en el sillón.

Regina y Emma corrieron hacia el sin importar ni poner atención a lo que Graham les insinuaba. Se lanzaron en el sillón casi como niñas pequeñas a abrazarlo y besarlo.

—Ok, esto es extraño, estaba enojado porque pensé que –guardó silencio mientras su mandíbula se soltaba al ver que sus abuelos entraban por la puerta- ¿Qué es lo que ocurre aquí? ¿Estoy soñando?

—No cariño, vamos a pasar la noche aquí todos juntos. Pasó algo terrible, pero estamos todos bien.

Luego de explicarle a Henry lo ocurrido y disculparse por haberlo dejado solo en casa, Regina fue dejando a cada cual en sus respectivas habitaciones y despidió a Graham que se iría a su casa. David y Mary Margaret se quedaron en una de las habitaciones de invitados, la más lejana, porque su intención esta noche era que no fuera interrumpida porque tenía muchas cosas pendientes con Emma y quería dormir con ella para hacerle una proposición.

Le dieron las buenas noches a Henry, que aparte de encontrarse confundido se sentía a gusto con sus dos madres arropándolo, de momento no haría ninguna pregunta, porque en realidad no comprendía ni tenía intensión de entender los problemas de los adultos, ni sus reconciliaciones. Pero por primera vez en muchos años, sentía que estaba en el lugar correcto con las personas correctas, así que dejó que su sentimiento ocupara el lugar de la confusión, y con eso, no le tomó mucho tiempo quedarse profundamente dormido.

Emma entraba confiadamente en la habitación de Regina, se sacó su pijama que estaba todo tiznado por el incendio y lo dejó en el canasto de la ropa sucia que estaba en el baño. Sin ningún pudor y totalmente desnuda buscó en los cajones de la morena un pijama limpio, sin siquiera pedirle permiso a ella para tomarlo.

Tirada en la cama, con su cabeza apoyada en su mano, Regina miraba a Emma como se movía por su habitación, sonreída por cómo la situación parecía tan cotidiana sin quererlo, parecía embobada ante el semblante serio de la rubia mientras se cambiaba, con esa frente que se arrugaba siempre que tenía muchas cosas en la mente y le daba muchas vueltas.

—¿Qué pasa? –Emma al fin ponía atención a Regina y se daba cuenta de que estaba siendo devorada con la mirada, poniendo una sonrisa de medio lado, entretenida por ella y su inspección.

—Nada, es sólo que me gusta que te sientas cómoda aquí en mi casa, estaba mirándote, simplemente disfrutaba mirándote, pareces diferente –estaba casi segura de que el contra hechizo había funcionado, Emma volvía a recuperar su ánimo, su carácter y Regina lo notaba, y en cierto modo la hacía sentirse esperanzada que Morfeo estaba equivocado.

—Ay Regina, no te pongas melosa –se rio incrédula- Bueno me voy a dormir al sillón –se recostó en la cama y le dio un fugaz beso en los labios a Regina, la cual se le descompuso el rostro al escuchar que ella no quería dormir en la misma cama- Que duermas bien –se levantó y caminó unos pasos.

—Emma pero, no tienes que dormir en el sillón –se incorporó en sus rodillas, la tristeza se hizo presente en su rostro, desilusionada- puedes quedarte aquí conmigo, además quería que habláramos.

—Podemos hablar mañana Regina –ladeó la cabeza pidiendo comprensión- además, mis padres están acá, no puedo quedarme aquí en tu habitación.

—Tendrán que acostumbrarse en algún momento –Regina se acercaba a la orilla de la cama acercándose a Emma, para tomarla de la mano, era claramente una súplica.

—¿Cómo? Qué quieres decir con que se tienen que acostumbrar –se sonreía.

—Si te quedas te lo explico.

Emma tomaba la mejilla de Regina ofreciéndole su mejor sonrisa.

—Contigo no se puede morena, siempre me ganas. En qué momento te volviste tan desquiciadamente exquisita, me gusta esta Regina que estoy viendo –se abalanzó sobre Regina tirándola sobre la cama, besándola tiernamente, quedándose encima de ella, presionándola contra su cuerpo.

—Ahora si estamos hablando el mismo idioma –Regina tomaba el trasero de Emma, aprovechando la situación.

—¡Hey! Quieta esas manos –le pegaba una palmada en ellas y se reía al ver los pucheros que la morena hacía- ya te dije, mis padres están acá, así que nada de manos con vida propia ¿Entendido? Ahora cámbiate y métete en la cama que muero de sueño –la liberaba de su presión.

Regina abría los ojos, simulando indignación ante el atrevimiento de Emma por darle órdenes, pero le divertía, era extraño, y le gustaba.

Ya en la cama, con las luces apagadas Regina se le acercó por detrás y la envolvió con sus brazos, posando su boca muy cerca del oído de Emma.

—¿Y bien? ¿Qué me tenías que decir? –preguntaba Emma, ya un poco somnolienta.

—Quédate a vivir aquí conmigo, junto a Henry, los tres juntos, como una familia –se lo soltó sin ningún rodeo.

Emma se dio vuelta para mirarla, esperando que en realidad Regina le estuviera tomando el pelo, que se estuviera riendo de ella.

—¿Es una broma no? Vamos Regina, este no es tu estilo. Tú me quieres aquí para no darme respiro y hacerme el amor todas las noches, te conozco. Y luego volverá a pasar lo mismo, yo me confundiré y tú saldrás otra vez con que esto es sólo sexo.

—¿Qué puedo hacer para que me creas Emma? –se acomodaba en el regazo de Emma, quien la abrazó quedándose pensativa por la propuesta inesperada.

—Te dije que necesitaba creerte, y sigo manteniendo eso. Necesito que me ames sin angustias, sin miedos –silenciaba su comentario buscando una solución que beneficiara a ambas, incluso a Henry- Vamos a hacer un pacto.

—Odio esa palabra Emma, prefiero que hagamos un trato. Pero te aviso que estoy dispuesta a todo.

—¿En serio? –una sonrisa juguetona se dibujaba en el rostro de Emma.

—Claro, tú dime y yo lo cumplo, palabra de reina malvada.

—Estás haciendo trampa Regina –entrecerraba los ojos- tu palabra de reina malvada no me sirve

—Ok, me descubriste. Te doy mi palabra de reina no malvada. ¡Pero ya suéltalo!

Emma se reía de sus propias ideas.

—Te pido un mes para acostumbrarme, quiero mi espacio. Si quiero no dormir aquí quiero poder ser libre de ir donde mis padres, y además –lo pensó- sólo un mes, sin nada de sexo.

—No Emma, eso no, pero si serás cruel, no es justo –arrugaba su frente.

—Eso o no hay trato –fue cortante pero graciosa.

—¿Sabes Emma? Está bien, acepto –se mostró complacida- pero tengo la leve impresión de que serás tú misma la que rompas el trato.

—Te equivocas, me mantendré firme.

—No podrás con mis encantos Emma –jugueteaba con el ombligo de Emma- ya verás, ya verás.

—No Regina.

—Que te digo que sí

Se quedaron dormidas en esa infantil discusión, muy abrazadas, con real paz, ninguna de las dos se separó en toda la noche. Por primera vez Regina consentía ser contenida de la forma en que Emma ahora la tenía en su regazo, se permitió sentirse débil por primera vez en muchos años, sentirse pequeña, amada y por sobre todo en familia.


Jojojojojo creían que Emma se moría ¿verdad? Las engañe XD Ohhh esperen creen que aquí se acaba todo el drama… mmmm digamos que me han dicho tanto que se me da tan bien que quiero seguir con eso JA! Pero desde otra perspectiva… no creerán que Regi se las llevará así de fácil no? Después de todo el dolor que le hizo pasar a Emma no es justo.

Ahora mi mente musical me inspiró en este capítulo, tanto que he escuchado toda la semana la cancioncita. En el momento en que Emma y Regina se quedan mirando durante el incendio le puse este tema "Fobia – Hipnotízame" le da su toque dramón y bien llorón! Jajajaja

Y bueno, en el próximo capítulo veremos cómo Regina hará que Emma se tiente ante sus encantos y rompa el trato de "nonsex" pondremos a prueba la fuerza de voluntad de la rubia. También veremos que una situación un poco confusa y extraña pone en problemas a Henry con sus dos madres, situación que prenderá las alarmas de la alcaldesa. Y tendremos nuevas noticias sobre la salud de Ruby. Todo eso en el próximo capítulo. No se lo pierdan!

Y ya la verdad tendré que cambiar mi forma de extorsionarlas, porque son la mayoría una manga de frescas XD

Si no comentan NO les doy de nalgadas!

Las amo!