Secretos
Capítulo 21 – Esto que siento… ¿es amor?
Apenas entró en Grimmauld Place Winky se materializó en el hall. —Por aquí, por favor. —dijo ella y lo guió sin demora escaleras arriba a una de las habitaciones.
La figura sentada al borde de la cama fue lo primero que atrapó su atención… y después la sangre, parecía haber sangre cubriéndolo todo.
—¡Potter! —bramó Snape fulminándolo con una mirada negra.
—¿Qué pasó? —preguntó Harry alarmado acercándose de inmediato.
—¡Váyase! —ordenó Snape.
Snape tenía el torso desnudo y la debilidad era patente en el rostro ceniciento. La condición del pecho y de la espalda era aterradora.
—Está herido y yo soy el único que tiene a disposición, así que tendrá que aguantarme.
—Me voy a poner bien. No lo necesito aquí. —porfió Snape.
Harry no le hizo caso alguno. —¿Qué pasó? —insistió al tiempo que examinaba con mayor atención las heridas. Snape evidentemente había estado limpiándoselas y hasta había curado algunas pero la mayoría seguían abiertas y sangrantes.
Sacó la varita y se le agachó al lado.
—¿Qué cree que está por hacer?
—Voy a ayudarlo con la curación.
—¿Ha estado curando a otros esta noche? —Snape había reparado en sus ropas cubiertas de sangre.
—Sí. —contestó Harry con cautela. No era el mejor momento para ponerse a discutir sobre el encantamiento. Snape necesitaba ser curado con urgencia. Aunque se negara a que Harry lo ayudara.
—Ya veo que se puede usar el encantamiento sobre uno mismo, es bueno saberlo, pero Ud. ha perdido mucha sangre y está muy débil. Va a ser más rápido si lo hago yo. Y de todos modos no va a poder alcanzar las heridas de la espalda.
Levantó la varita. Snape le aferró la muñeca. Harry alzó una ceja. Snape lo miró directamente a los ojos escrutándolo profundamente durante un largo instante. Harry no sabía qué era lo que estaría tratando de descubrir con ese tipo de sondeo pero lo dejó hacer. Al parecer, Snape encontró lo que buscaba puesto que finalmente asintió apenas y le soltó la muñeca.
Harry se concentró en las heridas, las fue recorriendo lentamente con la varita al tiempo que iba murmurando las palabras del encantamiento. Winky le había traído toallas y una palangana con agua. Cada tanto Harry hacía una pausa para limpiar las lesiones. Snape no le quitaba los ojos de encima pero no dijo nada ni interfirió con su tarea. Aprovechó una de las pausas de limpieza para tomarse un par de pociones que sacó de una bolsa que había sobre la cama.
Una vez que terminó con lo más serio del pecho y del abdomen, Harry se trepó a la cama para aplicarse a las heridas de la espalda. Hizo una mueca de desagrado. Los tajos eran mucho más profundos y más numerosos.
—Potter… —dijo Snape con un hilo de voz, comenzaba a tambalear hacia un lado.
—¿Sí?
—Necesito recostarme. —murmuró.
A Harry le costaba creer que hubiese podido resistir hasta ese momento. Se bajó de inmediato de la cama y lo fue guiando hasta dejarlo acostado boca abajo, Snape se dejó ayudar sin protestar.
Cerró los ojos, probablemente estaba al borde del desmayo. Harry volvió a subirse a la cama con cuidado y prosiguió con las heridas de la espalda. Para cuando concluyó notó que Snape se había quedado dormido. Harry controló los frascos vacíos que Snape había bebido, uno era de una poción para dormir sin sueños.
Era realmente sorprendente, nunca hubiese esperado que Snape llegara a confiar en él hasta tal punto.
Todavía era necesario limpiarlo. Procedió a quitarle el resto de la ropa y lo fue lavando con cuidado y esmero. Rió para sus adentros en un momento, quizá Snape se había noqueado a propósito para ahorrarse esa humillación. De alguna parte Winky había sacado un piyama limpio. Le costó bastante ponérselo, no es tan fácil vestir a un cuerpo inerte, pero al final lo consiguió.
¿Cómo era que terminaba metido en situaciones como ésa? masculló para sí. Ningún alumno debería ver nunca a un profesor desnudo. Era algo incluso más perturbador que las espantosas heridas.
Con la ayuda de Winky finalmente lo dejaron durmiendo pacíficamente sobre la cama limpia.
Snape seguía siendo un misterio para Harry. Pero no podía evitar los sentimientos que le inspiraba. Aunque no sabía con certeza de qué sentimientos se trataban. Ya no eran profesor y alumno. Ni tampoco enemigos. Y estaban muy lejos de ser amigos… y ciertamente no eran amantes como había insinuado Remus burlón. Harry hizo una mueca de disgusto.
Suspiró y se quedó mirándolo un largo rato. Lo que sea que fueran, Harry se sentía preocupado por lo que le pudiera pasar. Parecía algo descabellado pero era cierto, se preocupaba por Snape. Sabía que Snape había recibido el castigo por la desaparición de los Malfoy y por el fracaso del ataque a Hogsmeade. Probablemente otros mortífagos también habían sido castigados… Snape había tenido suerte, al menos había podido salir vivo.
No sabía qué maldiciones habría usado Voldemort pero el efecto había sido el de una flagelación despiadada.
Tenía que contarle a Snape sobre los Malfoys, por ellos había soportado una tortura terrible. Harry no sabía cómo iría a reaccionar, quizá se mostrara satisfecho… o quizá muy fastidiado de que Harry los hubiese estado ocultando. Pero se merecía que se lo dijera, para que dejara de preocuparse… ya le había tocado sufrir y soportar demasiado.
—¿Amo Harry? —la voz tímida de la elfa lo arrancó de sus divagaciones.
—¿Sí, Winky?
—Hay toallas y una muda de ropa limpia para el amo Harry en el baño.
Harry le sonrió. —Gracias. ¿Cómo están los otros?
—Despiertos y esperándolo. —respondió la elfa con tono muy suave.
—Será mejor que me dé prisa entonces. Por favor, quedate con él y cuidalo. Creo que se va a poner bien pero si llegara a haber algún problema andá a buscarme enseguida.
Winky asintió.
Harry se duchó rápidamente, aunque le hubiese gustado prolongar un poco más la sensación vivificante del agua tibia. Se vistió con la muda limpia y se calzó las zapatillas. Pasó por la habitación de Snape para controlarlo una vez más antes de irse. Le dejó una breve nota diciéndole que se daría una vuelta a la noche siguiente pero que mandara a Winky a buscarlo si se presentaba algún inconveniente.
Cuando finalmente salió exhausto de Grimmauld Place ya era tardísimo… o muy temprano según se viera.
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—¿Estás bien? —le preguntó Draco apenas entró.
—Sí, bien. —contestó Harry lacónico— Muy cansado, eso sí.
—Nos tenías muy preocupados. —dijo Narcissa.
Harry encogió apenas los hombros. —Tenía cosas que hacer.
—Vos siempre tenés demasiadas cosas que hacer. —lo amonestó Draco.
—Ya sé. —contestó Harry sonriendo— Pero no hay nada que pueda hacer para evitarlo.
—A la cama. —ordenó Narcissa con firmeza— Mañana te va a tocar un día muy ajetreado y ya prácticamente es mañana.
Con un leve gruñido Harry enfiló hacia la escalera.
—Eh… Harry… —lo llamó Draco.
Harry se dio vuelta y lo interrogó con la mirada.
Draco vaciló un instante. —Lupin va a venir mañana a la una.
Harry giró la cabeza hacia Narcissa. Ella asintió. —Draco ya me lo había informado. —dijo ella con calma.
—Lupin quiere hablar con vos antes de que vayas a Hogwarts. —explicó Draco— Por mi parte… yo creo que entre otras cosas quiere constatar personalmente que realmente estamos parando acá.
—¿Y vos no tenés inconveniente con esto? —le preguntó Harry a Narcissa.
—Respeto su deseo de que quiera asegurarse de que no corrés peligro.
Harry asintió. En otras palabras, le caía pésimo pero se las iba a aguantar. Bueno… podría haber sido peor.
Se cambió rápidamente y se metió en la cama. Draco se acostó poco después. Acurrucados uno junto al otro no tardaron en quedarse dormidos.
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Harry estaba todavía acostado tratando de despertarse cuando sonó el timbre. Rezongando por lo bajo se levantó. Narcissa lo vio salir con andar titubeante para ir a atender.
Bajó las escaleras sin prisa, todavía medio dormido. A tía Petunia no la vio por ningún lado, seguramente había salido.
Abrió la puerta y sin decir nada le hizo un gesto a Remus para que entrara.
—¿Qué pasó anoche, Harry? —preguntó Remus apenas hubo cerrado la puerta.
—No tengo la varita encima.
Remus puso un encantamiento silenciador.
—El cretino estaba muy malherido. —masculló— Lo ayudé a curarse, esperemos que todavía siga durmiendo.
—¿Él te dejó que lo curaras? —preguntó Remus sin poder creerlo.
Harry se encogió de hombros. —No le quedó otra, no había nadie más. —en realidad no tenía ganas de seguir hablando del asunto— Será mejor que subamos. —dijo poniéndose en marcha.
Remus lo siguió con el ceño fruncido. Su asombro fue mayúsculo cuando llegó a la habitación.
—Remus Lupin, Narcissa Malfoy. —dijo Harry con un gesto distraído a modo de toda presentación— Estoy seguro de que ya se conocían. —se tiró en la cama y Draco que estaba sentado en el borde, medio dormido todavía, se volvió a acostar. Los dos cerraron los ojos.
—Que ni se les ocurra volverse a dormir. —les advirtió Narcissa.
Farfullaron incoherentemente por toda respuesta. Narcissa los miró con reproche y se puso de pie para recibir a Remus. Estiró una mano. —Señor Lupin. —dijo con refinada cortesía— Es un placer.
Remus estaba perplejo pero no descuidó sus modales. Le estrechó la mano tendida. —Señora Malfoy. —dijo con un breve gesto de saludo— Llámeme Remus, por favor.
—Siempre que me llames Narcissa. Por favor, tomá asiento. —lo invitó con un gesto— ¿Puedo ofrecerte una taza de té? ¿O quizá algo más fuerte? —preguntó ella con una sonrisa intencionada.
Remus se distendió un poco y le sonrió a su vez. —Creo que algo fuerte no me vendría mal pero será mejor que nos atengamos al té.
Narcissa le indicó a Winky que trajera el té y el almuerzo para los chicos.
Una vez que cada cual tuvo su té preparado a su gusto. Narcissa se disculpó de antemano y reconvino a los remolones. —¡Chicos! ¡Harry, Draco! Tenemos un invitado, levántense ya.
—Es sólo Remus. —protestó Harry.
Narcissa suspiró. —Así y todo también es tu invitado. —dijo tratando de explicar.
—Es una cuestión de buenos modales. —masculló Draco.
—Deberías mostrar más respeto. —lo amonestó Narcissa— No te eduqué para este tipo de comportamiento.
—Gracias a Merlín que yo no tuve que aprender todo este asunto de los modales. —dijo Harry sonriendo pero seguía con los ojos cerrados.
—Yo siempre pensé que eso era una seria carencia. —dijo Draco también sonriendo— Cuán equivocado estaba.
—¡Chicos! —exclamó Narcissa exasperada.
Remus soltó una breve risa. —Y pensar que la mayoría pensaría que sería Draco el que tendría malas influencias sobre Harry… y parece que es exactamente al revés. —comentó divertido.
—Cuando actúan confabulados no sólo son una mala influencia el uno para con el otro sino también para todos los que estamos alrededor. —apuntó Narcissa con sorna.
Harry y Draco alzaron sendas comisuras muy satisfechos de ellos mismos.
Narcissa sacudió la cabeza con resignación. —Vayan a vestirse ya, ustedes dos.
—Lo que traducido quiere decir que quiere hablar con Lupin en privado. —dijo Draco empujando a Harry para poder bajar de la cama.
—Parece que los dos manejan bien ese asunto de los modales. —dijo Harry levantándose— Creo que podemos quedarnos más tranquilos, no van a intentar matarse mutuamente.
—Harry, acaso no tenés ningún respeto por la seriedad de la situación. —dijo Remus pero con un tono que era más de curiosidad que de reproche.
Harry se encogió de hombros como al descuido pero los miró serio. —Hay ya demasiadas cosas que exigen que sea serio… pero ustedes dos no son una de ellas. Sé que los dos se preocupan por mí y por Draco. Y creo que por eso solamente se van a tratar con cordial amabilidad. Si me equivoco díganmelo ya.
Remus intercambió una breve mirada con Narcissa antes de contestar. —No, Harry, tenés razón.
Con un brazo ocupado con un montón de ropa, Draco lo agarró de la mano y se lo llevó fuera de la habitación.
—Espero estar en lo cierto. —murmuró Harry avanzando por el pasillo.
—Creo que no va a haber problemas. —dijo Draco aunque con un tono de voz nervioso— Bastará con que los dejemos solos por un rato para que puedan hablar.
—Tse… —dijo Harry. Entraron al baño y cerraron la puerta. Draco se puso a acomodar la ropa en un colgador. Apoyado contra la puerta Harry sonrió con picardía. —Entonces… en qué te parece que podríamos ocupar el tiempo.
—Estoy seguro de que algo se nos va a ocurrir. —respondió Draco acercándosele.
Pasaron de inmediato a besarse frenéticos al tiempo que se exploraban mutuamente de arriba abajo con caricias.
Harry calzó los pulgares por debajo del elástico del pantalón piyama de Draco y vaciló un instante… no sabía cuán lejos estaba Draco dispuesto a llegar y él seguía sin tener mucha idea de lo que estaba haciendo. Sin dejar de besarlo, Draco lo animó a seguir sacudiendo las caderas.
Harry gimió encantado, los movimientos de Draco desencadenaban olas de sensaciones que se originaban en su entrepierna y se le expandían a todo el cuerpo. Recordándose vagamente que él era un Gryffindor, se armó de valor y le bajó el pantalón, la seda se deslizó por las piernas de Draco hasta caer al suelo rodeándole los tobillos, los pantalones de Harry recorrieron un camino análogo segundos después.
—¡Dioses! —gimió Draco.
Jadeando, los dos bajaron la vista hacia las vergas erectas que se rozaban una con la otra. Cautivado por la visión, Harry con movimientos lentos le agarró el miembro y apretó apenas.
Draco gimió. Tenía las mejillas encendidas y el placer le inundaba los rasgos. Harry decidió que no estaba mal encaminado con lo que estaba haciendo y comenzó a mover la mano tratando de copiar los mismos movimientos que usaba cuando se masturbaba. Concentró toda su atención en darle placer a Draco. Se detuvo un momento cuando Draco también se la agarró y empezó a mover la mano en vaivén.
—¡Ay que bueno, Draco!
—¡No te detengas! —protestó Draco jadeante.
Harry retomó el ritmo acomodándolo al de Draco y complementándolo. Unos momentos después lo sintió ponerse tenso y comprendió que estaba a punto de acabar. Aumentó la frecuencia de repente y segundos después vio fascinado como brotaban los chorros de líquido perlado. Algo cayó sobre su propia verga, Draco lo aprovechó como lubricante y continuó sacudiéndosela con mayor ímpetu. Harry no aguantó mucho más, poco después él también acabó.
Se echó hacia atrás contra la puerta y Draco contra él. Se dejaron deslizar hasta el suelo lentamente, entrelazados, tratando de recuperar el aliento.
—Estuvo muy bueno. —dijo Harry unos minutos después.
Draco rió y lo besó suavemente en los labios. —Sin dudas.
Era nuevo y maravilloso… y a Harry le encantaba. —No veo la hora de que hagamos más.
—Ya llegaremos a eso, galán. —dijo Draco divertido— Un paso a la vez. —ladeó ligeramente la cabeza— No sos precisamente de los más pacientes.
—¿Y vos sí?
—No… pero quiero sacarle todo el jugo posible también a esta parte.
—Yo también. —dijo Harry.
—Vamos. —lo instó Draco. Se puso de pie y le tendió una mano para ayudarlo a alzarse. —Tomemos una ducha juntos.
—¿Querés que me duche con vos? —preguntó Harry sorprendido.
—¿Y por qué no? Ya nos hemos visto desnudos.
Harry arrugó el ceño, no era que no lo tentara la idea, pero quizá estaban yendo demasiado rápido. Pero enseguida se le evaporaron los escrúpulos, iba a poder ver a Draco desnudo con el agua corriéndole suavemente por la piel… habría sido un idiota si desaprovechaba la oportunidad y declinaba la invitación.
Draco sonrió con satisfacción y fue a abrir las canillas.
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—¿Pudieron hablar y arreglar sus diferencias? —preguntó Harry alzando a Victoria en brazos.
—Así es. —confirmó Narcissa— Ahora que vos y Draco ya están vestidos deberían comer algo y de paso darle de comer a Victoria… antes de que tengas que irte.
—Por supuesto. —dijo Harry sonriendo. Tomó asiento en la cama con la nena y Draco le arrojó una banana. Harry la peló, arrancó un trocito y se lo dio. Victoria lo tragó y estiró la mano por más. Harry le dio otro trocito. No se la iba a dar entera, estaba recién bañado y tendría que salir poco después… en lo posible iba a evitar ensuciarse.
—Na. —demandó Victoria.
—Sí, banana. —dijo Harry— Pero no te la voy a dar entera.
Draco le pasó un pancito.
Harry cortó un pequeño trozo. —¿Querés pan?
—Na. —insistió Victoria.
—¿Por qué tuviste que empezar con una banana? —se quejó Harry.
—Le gustan. —se justificó Draco encogiendo los hombros.
—No quiero ir a Hogwarts cubierto en banana.
Draco revoleó los ojos. —Pero si sabés varios encantamientos para limpiarte.
—Pero no es lo mismo. —masculló Harry. Le dio otro pedacito a Victoria y le dio un mordisco para él.
Draco le dejó un plato servido al lado y con su plato en la mano fue a sentarse del otro lado de Victoria. Le dio un trocito de zanahoria hervida que ella masticó con el mismo entusiasmo que había usado con la banana.
Harry agradeció la distracción, agarró su plato y empezó a comer. Notó al rato que Remus lo estaba observando con curiosa atención.
Alzó una ceja inquisitiva.
Remus sacudió levemente la cabeza. —Me sorprende un poco, gratamente por cierto, verlos complementarse tan bien para cuidarla.
Harry se encogió de hombros. —De a poco fuimos aprendiendo. —dijo llevándose otro tenedor cargado a la boca.
—Ustedes tres… es como… —Remus se interrumpió inseguro.
—Yo ya lo había notado. —dijo Narcissa.
—¿Qué es lo que habías notado? —preguntó Draco algo irritado por la vaguedad de los comentarios.
—Ustedes tres se ven como una familia. —dijo Remus con voz muy suave.
Harry sufrió un sobresalto, el plato estuvo a punto de caérsele.
—El cabello negro de Victoria y sus ojos grises. Parece hija de ustedes dos. Y ustedes juntos parecen los padres.
—Es una Malfoy, pero legalmente es una Potter. —dijo Draco con sorna.
Harry sintió una constricción dolorosa en el pecho. Sabía que, a pesar de lo que fuera que hubiera entre él y Draco, sabía que no eran una familia. Y se dio cuenta de cuánto deseaba que lo fueran. Hasta ese momento cuidar a Victoria y su relación con Draco habían sido dos cosas distintas… separadas. Pero no eran dos cosas distintas… Draco y Victoria venían juntos y Harry los quería a los dos.
Pero no eran de él. Él solo era un interludio debido a las circunstancias… y el hecho se le hacía patente recién en ese momento.
Bruscamente dejó el plato a un lado. —Tengo que ir al baño. —dijo a modo a de excusa y salió de la habitación. Se metió el baño, cerró la puerta y se dejó caer al suelo… en el mismo lugar donde había estado con Draco poco antes.
¿Qué estaba haciendo? Se había estado involucrando cada vez más hondo… e iba a terminar muy herido. Azotó la cabeza contra la puerta. Iba a sufrir una barbaridad.
Hubo un golpe en la puerta. —¿Harry? —le llegó la voz de Remus.
Suspiró profundamente, se levantó e hizo un esfuerzo tratando de ponerle rienda a sus emociones. Abrió la puerta. Remus le sonrió tristemente y luego lo envolvió en un abrazo.
Harry se dejó abrazar. Realmente debía de estar dando una imagen muy miserable si Remus había reaccionado así. —Oh, Harry… fue una caída dura, ¿no?
No respondió nada. ¿Qué podía decir? Remus ya se había dado cuenta de que era un idiota. Se dejó guiar escaleras abajo hasta la sala, Remus puso un encantamiento silenciador, se le sentó al lado y volvió a abrazarlo.
—Soy un idiota. —murmuró contra el pecho de Remus.
—No, Harry. Enamorarte no te hace de por sí idiota.
Harry se separó. —¿Estoy enamorado?
Remus rió. —Presentás todos los síntomas. ¿Vos qué creías que era?
Frunció el ceño. —No sé. —admitió— Pero es que… que me acabo de dar cuenta de que voy en caída libre y… que me voy a hacer mierda cuando llegue al suelo.
—¿Qué es lo que querés decir? —lo instó Remus.
Harry trató de ordenar sus pensamientos. —Vos dijiste que parecíamos una familia y yo me di cuenta en ese momento de lo mucho que deseaba que lo fuéramos en realidad. Siempre quise tener una familia. Pero ahora… quiero esta familia, quiero a Draco y a Victoria. De alguna forma yo los veía como dos cosas desconectadas… pero vienen juntos… y no voy a poder tenerlos a los dos para siempre.
—¿Porque se trata de algo transitorio?
—Sí. —Harry soltó un largo suspiro.
—¿Qué sentís por Draco?
Los ojos se le encendieron de repente. —Bueno… ocasionalmente sigue siendo el mismo pelotudo de siempre… pero el resto del tiempo es increíble.
Remus sonrió y lo dejó continuar sin decir nada.
—Yo sé que casi todos van a pensar que perdí por completo el juicio… pero me gusta. Y ciertamente es una locura porque lo había aborrecido durante años. Pero es solícito y fuerte… y divertido. Y la familia es para él algo tan importante como lo es para mí. —arrugó la frente— Draco me entiende y creo que yo lo entiendo a él. No en todo, obviamente… pero en las cosas importantes. No siempre estoy de acuerdo con él… pero trato de comprender por qué hace lo que hace.
Remus asintió brevemente y lo animó a que prosiguiera.
—Confío en él. Quizá pueda parecer una inconsciencia que confíe en él… pero es así. Y quiero hacer todo lo que esté a mi alcance para protegerlo y mantenerlo seguro. Pero al mismo tiempo sé que él puede cuidarse solo casi siempre. —sonrió— Como mortífago es pésimo… cómo se las había arreglado para sobrevivir entre ellos hasta hace poco es algo no logro explicarme.
Remus rió. —De algún modo creo que eso podría considerarse más una fortaleza que una debilidad.
Harry asintió. —Sí, igual pienso yo. Y es fuerte, Remus. Hace falta mucha fortaleza para decidir cambiar de lado y no seguir ciegamente lo que siempre le inculcaron.
—Estoy de acuerdo, Harry.
—Entre nosotros se ha vuelto casi una ridícula broma privada… pero él es mi fuerza. Sin importar lo que pase él está ahí para mí. —hizo una pausa— Quizá esté sólo discutiendo o planteándome objeciones pero está ahí a mi lado.
—La relación entre ustedes parece ser muy singular.
Harry se encogió de hombros y sonrió. —Creo que no sabríamos qué hacer si no discutiéramos. Y aunque pueda sonar raro… me gusta que sea así. Es sincero conmigo. Si hay algo que no le gusta me lo hace saber sin vueltas, no se lo guarda.
—Y aparentemente… del punto de vista físico son muy compatibles…
—Está rebueno. —dijo Harry sonriendo con picardía— La verdad es que no sé por qué no me había dado cuenta hasta ahora.
Remus expresó sus reservas al respecto. —Está escuálido, Harry, y tiene unas ojeras inmensas, se nota que desde hace meses come y duerme mal… no digo que sea desagradable físicamente pero no está en su mejor momento.
Harry frunció el ceño, no le había gustado nada que lo rebajara de esa forma… si bien algo de razón podía tener… pero el aspecto de Draco había mejorado mucho en los últimos días…
—Lo que quiero decir, Harry, es que no se trata de una relación basada fundamentalmente en el atractivo físico, como tantas otras relaciones entre adolescentes.
—Ah… —dijo Harry— …pero para mí es muy atractivo.
—A pesar de que no pasa por su mejor momento… lo cual es muy bueno, cuando hay un sentimiento real el aspecto físico sin dejar de ser importante pasa a ser menos prioritario. —se explicó Remus.
—Entonces… esto que siento, ¿es amor?
Remus sonrió. —Harry, sólo los vi juntos un par de veces, anoche y hoy hace un momento, quizá no sea suficiente… pero lo que pude observar es a una pareja que se sienten muy cómodos estando juntos. Ya sea que estén discutiendo, tomando decisiones, dándole de comer a una nena o tirados en una cama uno al lado del otro sin importarles quién esté delante.
Harry sonrió.
Remus también sonrió y luego se puso serio. —Vos y Draco me hacen acordar mucho de tus padres.
Harry lo miró incrédulo. La sonrisa se le había borrado de los labios.
—James y Lily se amaban muchísimo y habrían hecho todo el uno por el otro o por vos. Discutían y tenían desacuerdos por muchas cosas, pero nada de eso tenía importancia a la larga. Hacían todo juntos y trabajaban muy bien juntos. La animosidad que se habían tenido durante los primeros años no había sido tan severa como la que hubo entre Draco y vos, pero asomaba de vez en cuando. Pero una vez que estuvieron seguros de sus sentimientos… no había nada que pudiera separarlos.
—Pero, Remus… esto es distinto, es sólo temporario. Las circunstancias no son las mismas…
—Las circunstancias eran otras, pero eran también tiempos difíciles… Y creo que vos no te hacés justicia asegurando que Draco sólo te quiere temporalmente.
Harry suspiró y se pasó la mano por los cabellos. —¿Pero acaso no es posible que haya recurrido a mí sólo porque soy el único disponible? Cuando las cosas no estén tan mal… él va a poder obtener la custodia de Victoria y seguirá con su vida por su lado. No sé si lo que yo siento es amor… pero sé que voy a sufrir un infierno el día que decida irse… ¿Qué voy a hacer sin él? ¿sin Victoria? Ellos lo son todo para mí. Los amo… Por muy imposible que parezca… amo a Draco Malfoy.
—¡Oh Harry! —Remus lo abrazó otra vez— No es imposible. Y creo que él te quiere tanto como vos a él.
Harry soltó una risa sin humor. —Remus, probablemente estará arriba rezongando por lo imbécil que soy… yo no soy tan importante para él.
—Harry, Draco ha estado parado en la puerta observándonos con ansiedad desde hace rato.
Harry giró la cabeza. Ahí estaba efectivamente, apoyado contra el marco, mirándolos con los ojos entrecerrados.
—¿Por qué no me habías dicho nada? —preguntó acusador volviéndose hacia Remus.
—Vos necesitabas hablar sobre la cuestión. El amor puede ser celestial y maravilloso… pero también puede provocarnos confusión. Y yo estoy dispuesto a escucharte cada vez que vos me necesites.
—Sigo confundido. —refunfuñó Harry.
Remus rió. —Ya lo sé. Pero quizá un poco menos que antes.
—Quizá… —admitió sonriendo— Gracias, Remus.
Remus asintió, canceló el encantamiento de silencio, le hizo una seña a Draco para que pasara y enfiló hacia la escalera.
—¿Qué fue todo eso? —preguntó Draco con suspicacia.
—Nada importante en realidad, sólo yo haciendo el imbécil.
—Vaya novedad, vos no hacés el imbécil, sos imbécil. —dijo con impaciencia— Quiero saber qué es lo que pasa.
Harry se mordió el labio tratando de pensar en algo que pudiera decirle. No podía declararle su amor… él mismo todavía no se hacía bien a la idea. Pero tampoco le parecía que era un buen momento para hablar de las incertidumbres del futuro.
—Harry… —lo instó Draco con una nota amenazante en el tono. Se sentó a su lado.
—Yo no quiero que te ofendas… por la comparación que hizo Remus… de nosotros con una familia.
—¿Y por qué iba a ofenderme por una cosa así?
—Porque Victoria no es mía. Es tu hija… y yo no quiero que pienses que estoy tratando de alejarla de vos o algo así.
Draco desestimó la cuestión con una risa ronca. —¡Como si vos fueras capaz de algo así! Tanto yo como vos sabemos que no harías algo así. ¿Cuál es realmente el problema?
Harry lo miró con curiosidad. —¿Vos estás convencido de eso?
—Totalmente. —contestó Draco sin vacilar— La familia es una cosa muy importante para vos.
Harry sonrió con tristeza. —Es cierto… pero la voy a extrañar.
—¿Qué es lo que querés decir? —preguntó Draco con una nota áspera.
—Yo soy consciente de que todo esto es temporario.
—¿Vos querés que sea temporario?
Harry agachó la cabeza. —No. —dijo sintiéndose completamente expuesto y vulnerable con esa sola palabra.
Draco no dijo nada por un largo momento. Harry suspiró y amagó a ponerse de pie.
—¡Esperá! —exclamó Draco.
Harry se animó a mirarlo. —Draco, no se justifica que te incomodes. Soy consciente de que las cosas no son permanentes. Como te había dicho al principio… yo haciendo el imbécil, nada más.
—Harry, en este momentos no hay certezas…
—Ya lo sé. En mi vida no hay certezas de ningún tipo… a menos que uno cuente el hecho de que Voldemort quiere matarme… eso es lo único seguro. —dijo sarcástico.
—Vos no lo vas a dejar que te mate. —dijo Draco enojado.
—No fue eso lo que dije. Pero lo cierto es que tiene intenciones de hacerlo y hasta que Voldemort no haya desaparecido… nada en mi vida puede ser permanente.
—Yo no quiero ser sólo un pasatiempo que puedas hacer a un lado a cambio de algo permanente una vez que hayas derrotado al hijo de puta. —le espetó Draco.
Harry lo miró asombrado. —¿Es eso lo que vos pensás?
Draco desvió la vista y no contestó. Harry se percató entonces de que Draco tenía el mismo miedo que él.
—Draco, yo no te voy a abandonar… en este último tiempo todo se aceleró… son tantas las cosas que tengo que atender… todas juntas… pero yo no te voy a dejar.
Hizo una pausa para ordenar las ideas y para decidir qué iba a agregar. Optó por arriesgarse. —Hay algo de lo que me di cuenta hoy que me conmocionó… me di cuenta que quiero una familia con vos, no quiero perderte y no quiero perder a Victoria… pero cuando la guerra termine, vos ya no vas a tener ninguna razón para quedarte conmigo. Vas a poder retomar tu vida y encontrar a alguien mejor.
Draco lo miró un largo minuto en silencio antes de responder. —Una vez que hayas derrotado al hijo de puta te vas a transformar en el mejor y más deseado partido de toda Gran Bretaña… sería muy necio de mi parte hacerte a un lado justo en ese momento.
Harry hundió la cara en las manos y empezó a reír, evidentemente Draco no quería que las cosas terminaran entre ellos, ni en ese momento ni después de la guerra. Alzó la cabeza y lo miró. Draco lo observaba con su característica comisura en alto. —Vos ya estás anticipando todos esos momentos para presenciar comiendo pororó. —lo acusó Harry.
—Por supuesto. —respondió Draco con suficiencia— La perspectiva de verte en aprietos tratando de explicarles mi presencia es lo que hace que todo esto valga la pena.
—Y yo que pensaba que lo que hacía que todo valiera la pena era el sexo. —dijo Harry fingiendo profunda decepción. Y estalló en carcajadas cuando Draco lo atacó echándose le encima para quitarle el aire a besos.
—Todo parecería indicar que lograron arreglar las cosas. —dijo Narcissa sarcástica.
Draco alzó la cabeza y miró a su madre con una sonrisa desafiante.
—Draco, no tenés ningún sentido de vergüenza ni de decoro.
—A Harry poco le importa el decoro. —se apresuró a replicar.
Harry lo empujó sacándoselo de encima. —No me eches la culpa a mí. —le recriminó riendo.
—Harry, estamos atrasados. —le recordó Remus entre divertido y exasperado.
—¡Hogwarts! —exclamó y salió corriendo escaleras arriba. Bajó un minuto después con Gryff y una mochila para llevarla.
Se despidió de Draco con un beso rápido y partió con Remus.
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