Holaaaaa! disculpenmeeee ya se que muchos de ustedes me quieren ver muerta despues de TANTO tiempo (en serio fue demasiado).
BUENO, QUERIDISIMOS LECTORES... logré igualar el fic a la otra página... eso quiere decir que puedo escribir tranquilamente jaja... pero no molesto mas con mis tonterias, ya les traje el capitulo... estoy escribiendo el siguiente aun... no lo tengo listo, me ha fallado la imaginación, procuraré no demorar tanto, Ok?
Disfrutenlo!
PD: contenido explicito, ¿por algo es M, no?
Disclaimer: Naruto no me pertenecen (eso ya lo saben...)
El escape.
Días después de esa noche tan maravillosa con Itachi, yo me mostré mucho más animada, a pesar de saber que pronto sería mi matrimonio. Estaba tan entusiasmada con mi escape hasta el punto de ayudar en las preparaciones de la boda de vez en cuando, sin importarme mucho, pues terminaba fantaseando en cómo sería todo esto después del escape y cuando estemos lejos de todo esto. Yo solo podía sonreír muy animada a la idea.
Y bien, había llegado aquél día que habíamos planeado durante las noches en mi habitación. La respuesta a la carta que había mandado Itachi a Deidara había llegado hacia unas dos o tres noches, confirmando su participación y dando su palabra de mantenerme a salvo de los que alojaban su palacio, al igual que de él mismo. Entonces fue cuando nuestro plan empezó a correr.
Y era así de extraña la situación, aun no podía creer que todo el asunto estuviese resultando. ¡Solo faltaba un día para mi escape!
La carta decía que me recibirían cuando fuese necesario y con la mayor discreción posible—eso quería decir que no me verían más allá de dos vampiros, según yo. Son muy discretos— en base a esto, nos organizamos—O, mejor dicho, Itachi me organizó— para que el plan saliera como lo habíamos creado; sin fallas en puntos y comas.
De esto se trataba: mañana durante el crepúsculo, o tal vez un tanto más tarde; me esperará una carroza. El conductor me estará esperando cerca del ala sur, en el muro que, por obvias razones saltaremos para instalarme en el vehículo-
Dentro de éste, me encontraré con las mudas de ropa que prepararé esta noche y que Itachi se encargará de esconder y entregar al conductor, que según él, es de confianza—pienso que tal vez será un poco más violento que tan solo pedir el favor a buena manera—Se tratan de cinco o seis vestidos fáciles de poner, sin crinolina o miriñaque, que serán quemados cada día que los vaya usando —por lo tanto, Itachi tendrá un límite de al menos cinco días para alcanzar la carroza (si es que nos retrasamos en el camino. Él sabe como rastrearme mucho más fácil ahora que ha bebido mi sangre, dijo que luego con más facilidad me explicaría el asunto) —, o de llegar al reino de Deidara, que me estará esperando con ayuda de uno de sus esclavos en la entrada oeste del castillo, que según Deidara, es el menos concurrido. También tendré a otra guardiana, ya saben, una vampira amiga de Itachi supuestamente llamada Konan. Él aseguró que era agradable y no tenía ninguna relación con el clan Uchiha, por lo que nadie notaría la ausencia de dos vampiros en su "familia".
Y sobre todo, se procurará llegar por la noche.
Por la seguridad del primer guardia—El conductor—, las carrozas de los vampiros están diseñadas de alguna forma especial que Itachi me explicó vagamente, por lo tanto, no tendremos mucha necesidad de detener la marcha durante el día, además de que el vampiro estará preparado.
Se procurará no cruzar otros pueblos, y en caso de esto, se lo hará por la noche y no podré bajarme del vehículo. Si es que me hace falta comida o agua—la cual posiblemente me sea limitada durante el viaje— podré pedir a mi escolta que lo consiga por mí. Itachi me rogó no contra decir las reglas del escolta—en lo necesario, claro está—, me explicó que, si al vampiro se le ocurría hipnotizar a alguna doncella que este cerca no opinara ni me opusiera, pues seguramente sería lo más seguro para conseguir los mencionados suministros.
Me contó que él conoce dos rutas para llegar al castillo de Deidara. La ruta que su familia más conoce es la que va por el noroeste, la cual será la que no podremos tomar. Se neutralizará mi aroma humano con una poción que una maga conocida le ha suministrado, el liquido mencionado será mezclado con agua y no más de 4 a 5 gotas de la poción. Me dijo que de preferencia no lo tomara todos los días, y me explicó que dura por lo menos unas vente y dos horas, pero el regreso de mi aroma humano se tardaría de seis a ocho horas, por lo que no tendré que preocuparme mucho por eso.
Y me explicó, que si es que algo saliese mal—ya sea que no puede salir de Tristaino, o nos ataque alguna otra criatura, como por ejemplo, un licántropo— tomara de un pequeño frasco que me iba a entregar, pero sin explicarme realmente lo que contenía. Esto último había alterado mis nervios, el solo hecho de pensar que algo podía salir mal me encrespaba, peor aún el pensar en un segundo encuentro con un lobo en mi corta vida. También desconfiaba algo de esa tal sustancia, ¿Por qué tanto misterio? Viniendo de él debería ser algo común, pero conmigo es todo lo contrario, ¿De qué se trata?
En fin, había decidido consultar ese asunto en otro momento y dedicarme a maquinar el plan con el mayor éxito posible. La ropa, la excusa de salida, la puntualidad, el pequeño teatro del que me tendría que encargar, en fin, todo. Fui tan discreta que ni siquiera Christine, mi esclava de confianza, casi mi mejor amiga, ignoraba este escape perfecto, como yo lo llamaba.
Y mi corazón empujaba mi pecho con tanta fuerza que no sabía cómo explicar la emoción que sentía. Seguía asimilando la idea: al fin podríamos estar juntos sin escondernos de tal forma, sin mentiras, sin hipocresía… Libres.
Esa misma noche, Itachi y yo jugamos una vez más a amarnos con una locura desenfrenada, con una supuesta excusa de que no nos veríamos durante ese límite de tiempo impuesto por el plan; me entristecía la idea de separarme de él, pero el simple hecho de que no duraría mucho y que estaríamos libres de tantas ataduras, hacia que en mi rostro aflorara nuevamente una sonrisa.
No quise dormir, así que me dediqué a contemplar a Itachi mientras descansaba boca a abajo después de nuestro acto, dibujando corazones en su espalda. Él se estremecía a ratos, y abría los ojos solo para mirarme con esa mirada profunda que a mi tanto me encantaba, que parecía no ser tan oscura como normalmente era, gracias a ese destello de deseo vampírico: el carmesí leve que aparecía y desaparecía como un titileo de la vela que alumbraba su cuerpo pálido y fuerte. Era un deleite visual, totalmente armonioso que a la vez me excitaba de nuevo.
Estos seres de verdad tenían un poder sobrenatural frente a los indefensos humanos, esa belleza física, tan perfecta, hacia que cualquier hombre o mujer que le vea bese la tierra por donde este ser camina; mi consuelo era que el poder sobrenatural que tenía yo sobre él era mi sangre, esa que era el mejor vino para él. Y eso era lo mejor.
Me miró nuevamente—había perdido la cuenta ya— y me sonrió, ronroneando; se movió ligeramente hasta quedar boca arriba otra vez, y me cargó como si pesara lo que una pluma posicionándome sobre él. Pude notar su excitación tanto en sus ojos como en su miembro erecto que accidentalmente había rozado mi ombligo. Me estremecí pero mantuve la calma, a pesar de que mis mejillas ardieron.
—Sakura—Rugió cuando sintió mi piel nuevamente, lleno de excitación. Sonreí con picardía y sensualidad poco común en mí.
—Oh, Itachi—Gemí yo, con el propósito de hacerlo más dinámico y luego susurré sensualmente— ¿Tanto te gusto? ¿Tanto me deseas?
Él asintió evitando hablar, pero noté la razón de inmediato: si me contestaba con palabras, rugiría de excitación otra vez, pero más fuerte, pues acariciaba mi cuerpo con gran deleite, contemplándome. Y yo gemí nuevamente cuando sentí sus manos acariciar mi cintura alejándome de él, de modo que quede sentada con mis piernas a cada lado de su cadera. Su miembro me rozó nuevamente, pero esta vez, de forma más directa, es decir a mi sexo. Contuve un gemido fuerte, estaba húmeda y su miembro había acariciado esa humedad, lubricándolo levemente.
Cuando abrí los ojos noté en su mirada ese deseo de mi sangre y le sonreí, tome su miembro endurecido, lo introduje en mí y me moví suavemente. Gruño en silencio con gran excitación y cerró sus ojos momentáneamente sintiéndome más mientras con sus manos me dirigía.
Me acerqué a él y con la respiración agitada le susurré al oído, con una voz afectada por contener tantos gemidos.
—Muérdeme, Cariño—el me miró algo impresionado y luego fijó su mirada a mi cuello, volviendo a la mia enseguida, todo esto sin detener el ritmo ni muy lento ni muy rápido de sus embestidas. Sonreí para darle confianza—lo estas deseando, y yo también, Itachi. Muérdeme.
Gruñó lleno de excitación con algo de fuerza y se acercó a mi cuello lamiéndolo con necesidad. Y antes de cumplir su cometido agregó con otro rugido de excitación a esa petición mía.
—Eres deliciosa, Sakura. Toda tú, tu cuerpo, tu sangre, tu piel… deliciosa…—Sentí su aliento helado en mi cuello y mi cuerpo se estremeció, y al sentir sus colmillos atravesando mi piel gemí de dolor y placer. Reconocí una sonrisa en sus labios al escuchar mi voz sensual susurrando su nombre y mis dedos enredándose en su pelo, sin dejar de embestirme, sin dejar de sentir el tamaño, la forma y la dureza de su hombría dentro de mí.
Retiró de mi cuello sus colmillos después de unos minutos y lamió todo el camino de sangre que había formado una gota que se había escapado de sus labios. Detuvo sus movimientos contra mi cadera a la vez yo lo hice, me dejé llevar por sus instintos mientras él me acostaba nuevamente, cambiando de posición, esta vez, sobre mí.
Dando besos y lamidas, se encargó, rápidamente de ese camino de sangre que llegaba hasta mi pelvis, de forma increíble. Luego sentí su boca bajar de a poco, y cuando quise cerciorarme visualmente de lo que sucedía, sentí su lengua acariciando mi clítoris y mi vulva con insistencia y dedicación. A esto, tuve que tapar mi boca para no gritar de placer.
Sonreí victoriosa al sentir que venía mi primer orgasmo, pero cuando pensé que así sería, el se detuvo y se posicionó nuevamente sobre mí, tomando mis piernas y levantándolas hasta su cuello, luego tomo mi cintura y me acercó a él en la misma posición, mirando la cercanía de nuestros sexos y acomodándose para nuevamente penetrarme con fuerza.
Seguimos así unos minutos más. Yo agarraba con fuerza las sabanas de la cama ya bastante deshecha por la que fue la primera vez en la noche—esta era la segunda—, Itachi me miraba con deseo y amor en sus ojos negros, con una sonrisa llena de ternura mientras estábamos a punto de acabar. Y fue entonces, la segunda vez en la noche, que me había hecho tocar el cielo. Llegamos ambos al mismo tiempo, suspiramos de placer nuestros nombres y él se recostó nuevamente junto a mí y acercándome a su cuerpo, desnudos bajo el Duvet, decidimos descansar por fin esa noche —en sentido figurado, para él—.
Al día siguiente, desperté contenta y relajada gracias a la noche anterior. Itachi no estaba conmigo, como era de esperarse, pero me había dejado otra pequeña nota, junto a esa cinta azul y la rosa negra.
"Buen viaje, amor de mi vida. Estaremos juntos más rápido de lo que piensas. Lo prometo. Itachi" Decía el pequeño papel que emanaba su aroma. Lo junté con todas las demás cartas y las guardé en mi pequeño equipaje. Era otra parte del éxito de nuestro plan: No evidencias.
El resto del día había pasado con una lentitud aplaudible, si hubiese sido necesario entonces, pero la odié. Christine no paraba de preguntarme por qué me encontraba tan pensativa y de entusiasmarse con mi boda, la cual sería el día de mañana. Solo pensarlo me ponía de mal humor.
Pero había llegado a la hora al fin y al cabo. Fue entonces que empezó el conteo de tiempo, nada podía fallar, sino seria mi fin y el de los Uchiha, en especial, mi Itachi.
Me escabullí entre los pasillos del castillo; baje las escaleras y con mucho cuidado me escondí en la biblioteca, en la cual no había gente a esta hora, lo sabía.
En esa biblioteca había más de un pasadizo, eso me había contado mamá y me había mostrado dos de ellos: uno que daba al extremo norte que era la parte delantera den palacio, pero no tan cercana a la puerta principal; y otro, que daba a su lado contrario, al sur, que se trataba de la parte trasera del palacio, en donde la seguridad era mínima. Ese era el pasadizo que debía usar.
Contemple la biblioteca de forma general, con sus muebles llenos de miles de libros y su doble piso en donde había más libros todavía. Subí las gradas y me acerqué a uno de los muebles que era el más apartado; de su tercera fila de libros, contando 10 de derecha a izquierda, se encontraba un libro de pasta negra y adornos plateados, un libro que parecía ser de alquimia según una insignia que tenía grabada en ella; retiré el libro del lugar—libro que era bastante grande y pesado—volví a ver que mi equipaje se encontrara en el lugar donde la había dejado; estaba ahí, detrás de mí, en las sombras de un mueble que no dejaría ver si es que alguien pensaba entrar.
Miré el espacio que dejaba el gran libro de alquimia que llevaba en mi brazo izquierdo y adentre mi mano derecha. Al tocar la rugosa pared encontré una hendidura que llevaba una forma en especial, la de una llave. Sonreí y retiré mi mano del lugar; la única que tenía esa llave era yo.
Saqué la llave de mi corsé, no llevaba la crinolina debajo de mi falda en esta ocasión, pues sería muy complicado correr con ella, se trataba de un vestido sencillo de falda poco acampanada y de color azul oscuro, para poder esconderme entre los arbustos sin que me pudiesen ver. Volví a meter mi mano en el espacio del libro, con llave en mano, tanteé por unos segundos hasta que la llave entró en la hendidura, y la giré.
El gran mueble hizo un sonido grave y se abrió un poco; empuje la gran puerta que acababa de abrirse y me adentré junto con mi equipaje en el pasadizo llevando una antorcha que había prendido antes de cerrar la puerta. Al final del pasadizo, pude ver la luz blanquecina de la luna llena que había esta noche, y apague la antorcha, escondiéndola detrás de los arbustos. Salí del lugar cerrando la puerta que estaba escondida por las enredaderas y a varios metros del lugar, me encontré con una figura que esperaba por mí. Pensé que no se había percatado de mi presencia todavía, así que comencé a caminar con cautela, fijándome en mis alrededores, por si algún esclavo o guardia aparecía. De repente un pequeño escalofrío cruzó mi espalda y escuche una voz detrás de mí; me detuve por completo.
—Su majestad—dijo solemnemente mi escolta, y me quede de piedra.
— ¡La Madre de Dios y todos los Santos! —solté un grito y me di la vuelta con una expresión llena de asombro. —Usted es… ¡Me ha asustado!
—Dispénseme, su majestad, no pasará de nuevo—dijo tranquilamente y dándome una reverencia—su carroza está lista, su guardiana la espera en ella, será mejor que nos marchemos ya. Es un honor tener la oportunidad de llevarla y protegerla.
Asentí ya más tranquila. El vampiro era muy apuesto, debo admitir, tenía unos hermosos ojos celestes que llevaban su propio resplandor rojizo que le caracterizaba a su raza, cabello rojizo y alborotado y parecía solo un niño. Era muy educado y tranquilo a primera vista. Le dediqué una sonrisa de confianza, después de todo, nos ayudaría mucho a partir de ahora.
El vampiro tomo mi equipaje con una mano y a mí desde la cintura con la otra y saltó, di un respingo; pues me tomo por sorpresa, pero no me asustó, tal vez porque Itachi y yo solíamos salir a pasear de vez en cuando y le divertía asustarme o sorprenderme así. Ya me había acostumbrado.
Tan rápido como había sentido dejar la tierra bajo mis pies, la sentí de nuevo, y cuando me di cuenta, estábamos del otro lado del muro y algo apartados de él. Entonces lo recordé.
¡La guardia de las torres! Oh no, si nos han visto estamos perdidos.
—Jo-Joven—tartamudee, pero no me dejó continuar.
—Creo que la he tomado por sorpresa—sonrió levemente en forma de disculpa—Dispénseme, su majestad.
—No, no es eso, Joven… La guardia de las torres, ¿Nos habrán visto? —el muchacho negó con la cabeza dándome otra sonrisa para tranquilizarme.
—Me aseguré de que no estuviesen viendo hacia nuestra dirección antes de saltar, de todas formas, fui lo bastante rápido como para que sus ojos humanos pudieran captar alguna figura, majestad; quédese tranquila; ahora, súbase al carro, por favor.
Le obedecí y él me abrió la puerta, pude distinguir la sombra de una mujer dentro del carro y me adentré en él.
Dentro de la carroza había una mujer, una vampiresa, debo aclarar. Era la mujer más hermosa que había visto en toda mi vida, de cabellos azulados y ojos del color del zafiro más costoso y codiciado de todos los reinos, con su característico resplandor carmesí, casi indescriptible piel blanca, como la porcelana y que aparentaba una suavidad indescriptible; unos pequeños labios color rosa pálido y debajo de uno de ellos tenía un pequeño arete de metal, una esferita de plata que brillaba a la luz de la luna ¿Un arete? ¿Cómo podía tener un arete?
Llevaba el pelo recogido hacia un lado y una rosa con una particularidad; parecía ser una rosa de papel.
—Buenas Noches, Sakura-hime—dijo inclinando su cabeza con delicadeza hacia mí—Mi nombre es Konan Yutaka, seré su guardiana durante el viaje hacia el reino de Deidara-sama. Puede confiar en mí, su majestad, no le hare ningún daño, ni vuestro escolta, Sabaku no Gaara ni yo.
Así que ese era el nombre del vampiro de ojos celestes. Pensé.
—Dime Sakura, por favor. Mucho gusto, Konan—le sonreí con confianza, la muchacha se sorprendió unos segundos, pero regresó a su semblante serio para luego regalarme una leve sonrisa. Es extraño, es que esto de sonreír no es muy común en los vampiros.
—Ahora comprendo por qué Itachi-sama está tan embelesado y preocupado por usted, Sakura-san, confío en que será una buena reina de nuestra raza, su energía me lo dice. —su declaración me dejó confundida. Miré al joven Gaara con curiosidad y este me regalo una amplia sonrisa antes de cerrar la puerta del carro. —Algún día lo entenderá, Sakura-san; pronto, pero aún no es tiempo. —me dio una sonrisa que me tranquilizo de alguna forma, pero no quitó mi curiosidad.
El carro comenzó a moverse y entonces fue cuando me fijé en la estructura del mismo. Era un carro muy grande, de viaje claro está, tenía dos ventanas a cada lado y a la misma altura —una de ellas era la puerta— y de tamaño normal; las otras dos eran más grandes. Todas estaban cubiertas por unas cortinas oscuras y parecían tener algo para ocultar completamente la luz del sol. Pero no era molesto.
Habían pequeños candelabros en las paredes de un tapiz beige con detalles color rojo vino que le daba un poco de luz al lugar. En la parte trasera había un pequeño lugar para descansar, supuse sería para mí y cuando me fijé, al lado del mismo, había un ataúd de una elegante madera de roble, el cual asumí era de Konan.
Era un carruaje muy diferente a los que había visto, de hecho, nunca había visto uno con esas características, era muy lujoso y preparado, perfecto para vampiros.
Me di cuenta de que mi pequeño equipaje estaba detrás de mí, un lugar que funcionaba como un pequeño escritorio, que estaba contra el espaldar del asiento amplio.
Frente a mí estaba Konan, mirando con atención a todos mis movimientos.
—tuvimos que re-adaptar un poco el carruaje para usted, quisimos que se encontrara lo más cómoda posible, espero le haya gustado, su majestad.
Sentí su pequeño entusiasmo al ver que había asentido, la muchacha no tendría más allá de los 22 años de edad.
—No se preocupe, Konan-san, todo está perfecto—sonreí con sinceridad.
—Su majestad, ¿Me permite le explique lo que debemos hacer desde ahora con la poción? Comprendo que el Señor Itachi ya le habrá dicho algo…
—Sí, así es, eso mismo quería preguntarle. —le dije, dándole la autorización que ella me había pedido—espero dejes esa formalidad conmigo, por favor—le sonreí.
Ella rió levemente.
—Su majestad, digo… Sakura-san, antes de darle lo siguiente, ¿Ha comido algo antes de venir? —Asentí levemente, ella sonrió de alivio— bien, nos ahorramos la gasta de nuestros suministros por ahora—me pasó un vaso con agua—téngame esto un segundo.
Entonces me di cuenta de su vestuario. Era totalmente diferente al mío, no era un vestido, sino un pantalón algo apretado al cuerpo, unas botas y una blusa holgada de manga larga de color blanco hueso con alguno que otro bordado en el cuello y en las mangas, un corsé cruzado hacia adelante que empezaba por debajo de sus pechos hasta la cadera. Y le cubría a sus hombros una hermosa capa larga negra ajustada por unos broches en la blusa ceca del cuello. El atuendo le quedaba completamente increíble.
¿Qué pasará ahora? ¿se mueren de la curiosidad? Dejen muchos Reviews y lo sabrán soy mala para hacer propaganda a mi fic.. jaja)
¡Saludos!
~Daniratoe :D
