La salida al karaoke había sido un desastre. Ryuu y Yuu habían terminado tan ebrios que al poner un pie en la calle no hicieron más que vomitar todo lo que habían comido a lo largo de su vida. Asahi-san, el adulto responsable de los chicos, parecía estar perdido y no se encontraba en las condiciones adecuadas para manejar hasta su hogar. Así que, los únicos que estaban en sus cinco sentidos (Kei, Shouyou y Tobio), decidieron que irse en un taxi era la mejor idea. Pero no visualizaron que un taxi no dejaría que se fueran los siete juntos, y que no tenían dinero para pagar los dos transportes. Y, después de varios minutos de discusión entre los tres chicos, acordaron que los más ebrios (Asahi-san, Ryuu y Yuu) se irían junto con Tobio en taxi y Kei, Shouyou y Tadashi tomarían el último metro para ir a casa.

La noche estaba fría y el viento helado quemaba el rostro de Tadashi. Él también estaba ebrio, pero era capaz de caminar sin caerse y pronunciaba tres palabras coherentemente. Junto a él, y sirviéndole como apoyo, estaba Kei. Tadashi aprovechó la oportunidad que tenía y se pegó lo más que pudo a Kei; absorbió su perfume hasta drogarse de él, y cuando tuvo lo suficiente, se embriagó del aroma de Kei, un aroma que lo volvía loco y lo dejaba estúpido.

– ¡Tsssuki! – Tadashi se colgó del cuello de Kei y lo abrazó con fuerza. A pesar de ser el menos borracho, seguía estando fuera de sus sentidos y la mayoría de sus acciones eran provocadas por su subconsciente, el cual estaba harto y cansado de haber permanecido en silencio tanto, tanto tiempo.

– ¿Quién demonios es Tsuki? – Por su parte, Kei intentaba soltar el agarre de su hermanastro mientras Shouyou se reía de la situación.

– ¡Tsssukki es Tsukiii! Tsukiiii, hueles taaan ricooo. – Los brazos de Tadashi parecía estar hechos de plomo, le pesaban horrores al igual que todo su cuerpo. Aun así, fue lo suficientemente fuerte como para impulsarse y restregar su rostro en el cuello de Kei, el cual lucía perplejo y un poco molesto.

– Jajajajaja, vaya Kei. Creo que Tadashi te está confundiendo con otra persona.

– Cállate, ¿quieres?

– ¡Tssukkii! ¡Eres como mi luna! ¡Luna Tsukkiii! ¿Por qué me haces sufrir, Tsukki? ¿Por qué duele tantooo? ¡Deja de lastimarme, Tsukkiii!

– Tadashi, deja de gritar. La gente nos está mirando feo.

– Pero si no hay nadie, Kei.

– ¡Cállate, Shouyou! – Tadashi dejó de moverse. Si permanecía quieto lograba escuchar los latidos de Kei, los cuales estaban desenfrenados y muy agitados. La noche ya no era tan fría con el cuerpo de Kei pegado al suyo, incluso Tadashi recordó todas esas noches de invierno cuando eran niños y dormían juntos para que el frío no les congelara los pies.

– Tssssukkii – Tadashi se separó un poco de Kei y lo miró a los ojos. – ¿Por qué ya no duermes conmigo en las noches frías? ¿Por qué no me quieres, Tsukki?, ¿por qué? – Sin previo aviso, los ojos de Tadashi se anegaron en lágrimas y sus brazos sostuvieron a Kei con más fuerza. – ¿Qué he hecho para que no me quieras, Tsukki? Yo sólo te he amado como nunca y a ti no te importa. ¿Qué tengo que hacer para que me quieras como yo te quiero? ¿Por qué me tratas así? – Tadashi estaba ebrio, dolido y la fuerza de su cuerpo no le respondía. Se soltó de Kei y se dejó caer al piso entre lágrimas y espasmos. – ¡Tsukiiii, no me dejes! ¡No te vayas! ¡No quiero perderte a ti también!

– Vamos, Tadashi. Levántate, deja de llorar. – Shouyou hacía el intento de ayudar a su hermano, pero este estaba perdido en su desgracia, ahogado en sus lágrimas y ebrio por primera vez en su vida.