Capitulo 20: El fin del principio

Aquel pequeño lugar quedo sumergido bajo la risa infantil, una risa tan pura que llenaba cada uno de los rincones, no importaba si contaba con paredes para evitar que el sonido se escapara o si era un espacio abierto; solamente importaba estar sumergido bajo esa atmósfera que a ella le causaba tanta paz a pesar de siempre terminar persiguiendo al dueño de aquella risa.

Adoraba la risa de su hijo, pero por sobretodo lo adoraba a él y a su esposo.

Era indiscutible que aquel pequeño había heredado el carácter de su padre además de sus facciones. Era un calco de Inuyasha.

Y se sentía orgullosa por eso.

Si pudiera cambiar algo de su vida, podía afirmar que no cambiara ni un segundo de la misma. Todo tenia un orden establecido o por lo menos uno lo formaba con sus acciones, sea cual sea de las dos afirmaciones para ella era mejor la mezcla de ambas.

Mucho dolor y secretos formaban lo que hoy simbolizaba su pasado, pero eso era ya otra historia a esta altura de su vida; a pesar del poco tiempo que la separaba de aquel pasado no tan pasado. Era trillado ese camino de razonamientos pero según ella el más acertado.

Solamente la separaban cinco años, cinco cortos o largos años según como hoy los quiera mirar

Era un dolor que desgarraba la piel, un dolor que ahora prefería no soportar. Dolor por la verdad descubierta.

Si solamente no hubiera sido tan ingenua como para creer en la amistad que en un principio ambas tuvieron, tal vez no estaría pasando por todo esto. Tal vez ahora no estaría a punto de morir.

Aun un poco de esperanza se abría camino en su alma y cuerpo para calentarla de alguna forma, era el deseo de vivir. El deseo de cumplir un sueño, el deseo de cumplir esta vez algo de lo que ella quería quitarle.

Ya había logrado matar a su hijo, ahora la mataría a ella; y no dudaba en que lo hiciera.

La voz de Kikyo en sus oídos sonaba extraña y alejada, como si realmente no se encontrara en aquel lugar o simplemente no la reconociera. Era como si el miedo le brindara esa posibilidad de olvidar por este momento.

Al sonido del arma cargarse logro que sus ojos se cerraran por el miedo inminente, las palabras dichas por ella eran una sentencia para su alma. Moriría y era inevitable.

El disparo silencio las inaudibles respiraciones de ambas.

Su corazón se detuvo en ese preciso segundo y los momentos fueron eternos, como si alargaran un poco más su vida, como si realmente Kami quisiera que viviera. El frió de la muerte nunca la envolvió.

Lo único que lleno nuevamente el lugar fue el quejido de la persona que la mantenía prisionera y unos pasos caminar presurosos.

Cuando los dedos de ese alguien rozaron su rostro para despojarla de la mordaza que Kikyo había puesto, su cuerpo alerta volvió a estremecerse. No sabía si estaba en peores manos ya que sus ojos seguían encontrándose cerrados

-Kagome soy yo

Si su mente le estaba jugando una broma no lo sabía pero de igual modo rogó que la voz de él no sea solo una ilusión de su cerebro. Cuando abrió los ojos con lentitud se sintió segura. Inuyasha la había salvado, siempre de alguna extraña manera él era su salvación.

La beso con miedo y con devoción. Había estado a punto de perderla.

Sollozo, sintiéndose libre de poder expresar a través de sus lágrimas todo el tormento que sufrió. Ya no sentía la prisión en sus muñecas al ser liberada. Se sintió envuelta en los brazos de él, mientras salían de aquel lugar.

Miles de sonidos la aturdieron logrando que se aferrara más fuerte a Inuyasha, no quería separarse. Aun su cuerpo temblaba eliminando los últimos resquicios de lo vivido recientemente.

-Ya paso Kag, ya paso-Susurro besando tiernamente la cabeza de la azabache haciéndola entender que el peligro ya había terminado; pero sobretodo haciéndolo entender a él mismo.

Solamente puedo asentir confiada, mientras las voces de diferentes hombres se lograban escuchar algunos mas cerca que otras.

Cuando se alejo un poco de aquel abrazo noto que la casa era rodeada por centenares de policías, Sango y Miroku se encontraban alejados y resguardados por los autos de los mismos oficiales.

Realmente estaba a salvo.

Sango llego en un abrir y cerrar de ojos a su lado junto con Miroku. Ella se echo a sus brazos con lágrimas en los ojos y modulando entrecortadamente una disculpa.

-¿Y Kikyo?-Pregunto Miroku observando por sobre el hombre de Inuyasha la entrada de la casa en donde Kagome había estado secuestrada

-Esta muerta

Cerró por un momento los ojos y los volvió abrir, ese había sido el destino de Kikyo, un destino que tenía planeado para ella. No hubiera querido que muriera pese a todo lo que le causo. Sabia que Inuyasha tampoco quería matarla, pero como él mismo le había dicho era la vida de ella o la de Kikyo y él solo actuó.

Le disparo por la espalda, algo que ni siquiera el más vil de los hombres se lo merecía, pero ese era el precio que ella tuvo que pagar. Según el forense la muerte fue inminente, la bala perforo el pulmón y el corazón alojándose en este ultimo.

Onigumo decidió hacerse cargo del cuerpo y sepultura de Kikyo, tal vez a pesar de todo lo que ella le causo en su vida él en el fondo la quería.

Su madre y Rin volvieron al país cuando la noticia dejo de salir en los medios, todo se volvió un completo caos en su vida. Constantemente la perseguían para hacerles preguntas sobre el hecho. Ella no quería hablar y no lo había echo.

A pesar de la negativa y prohibición de Inuyasha, ella igual acudió a ver a Kouga. Tenia que agradecerle porque si no fuera por él nadie se habría enterado de donde estaba; ni siquiera ella misma lo sabía hasta el momento en donde fue rescatada. Kouga jamás le revelo como es que sabia de su paradero pero de todas formas se lo agradeció.

Se veía realmente arrepentido cuando le pidió perdón, él había sido más sabio que Kikyo; se había entregado a la policía y aunque ahora pagaba su condena podía afirmar que en algunos aspectos él había cambiado.

En realidad no solo Kouga cambio, sino también todo a su alrededor.

Miro por un momento el anillo que descansaba en su mano izquierda, aquel que la ponía frente al mundo como la flamante esposa de Inuyasha Taisho. Realmente era un sueño convertido en realidad.

Inuyasha y ella estaban juntos.

Su boda fue intima, para las personas que compartieron con ellos todo el camino recorrido, para aquellas personas en los que ellos verdaderamente confiaban. Miroku y Sango fueron sus padrinos por muto acuerdo. Quien mas que sus dos amigos, Sango era como su hermana y por consiguiente quería a su lado a su hermana y Miroku era también, aunque su esposo lo negara, como un hermano.

Sonrió. Había sido hermoso convertirse en la señora Taisho.

La beso tiernamente escuchándola suspirar, cerro la puerta tras de él y llevo ahora ambas manos a la cintura de su esposa. Si, Kagome al fin de cuentas se había convertido en su esposa

La obligo a caminar con pasos torpes aun sin soltarla, ahora que la tenia nunca mas la soltaría; ahora ya no había nada que los separe ni siquiera sus propias dudas.

Ella soltó una risita algo infantil entre sus labios y se separo un poco del contacto entre ambos

-¿Qué pretendes hacer?-Le pregunto inocentemente con la misma mirada, como si realmente no supiera lo que él intentaba hacerle.

-¿Qué crees que pretendo?-Le siguió el juego. No, no caería en los juegos de su esposa, aunque no negaba que le encantaba ese tipo de juegos. La gran mayoría de las veces él era el encargado de comenzar esos juegos pero Kagome aprendía realmente demasiado rápido de él

-Creo que si te lo pregunto es porque no tengo idea-Respondió ella con una sonrisa llevando ambos brazos detrás del cuello su esposo y envolviéndolo con los mismos. Él la empujo mas contra si logrando acortar nuevamente la distancia que ella misma impuso

-Yo si creo que tienes idea-Afirmo sonriendo de lado acercándose peligrosamente a los labios de ella, esos mismo que ahora eran como el motor para seguir viviendo, esos mismo a los que se volvió adicto; mejor dicho todo ella era adictiva

Kagome volvió a sonreír de aquel modo al verse descubierta por quien se había convertido hace solo en unas pocas horas en su esposo.

Rozo sus labios con los de ella delicadamente, disfrutando como se volvía tan vulnerable entre sus brazos ante ese simple toque. Era su noche de bodas y logaría que por los muchos años que tenían juntos jamás se olvidara de aquella noche.

La anticipación de saber lo que les esperaba lograba que sus cuerpos despertaran mas rápido de lo habitual a las caricias proporcionas.

Ella cero los ojos esperando que definitivamente la besara como debía ser y él no tardo en obedecer a su mandato. Movió sus labios sutilmente sobre los de ella esperando que poco a poco se acoplara a sus movimientos. Era delicado al principio mientras una de sus manos se dedicaba a acariciar su espalda formando círculos. Atrapo el labio inferior entre sus dientes mordiéndolo un poco, logrando lo que más quería; poder probar nuevamente el sabor de su boca, ese sabor que era único y que ninguna otra mujer a lo largo de estos años pudo reemplazar.

El beso abandonaba la sutiliza del principio para brindarse al deseo que poco a poco agrandaba en ambos cuerpos, era inagotable la forma en que sus cuerpos constantemente pedían amarse. Aquel beso mandaba pequeñas descargas a ambos cuerpos, logrando que la piel se erizada sin necesidad de algún toque.

Kagome rompió en beso y giro dentro del abrazo ahora siendo sujetada con ambas manos sobre su vientre. Ladeo el rostro para poder observarlo y él se dispuso a besarla de nuevo un poco más demandante que la vez anterior. Esta vez él rompió el beso y la alejo un poco de si, lo sufriente para poder acceder con felicidad hasta el cierre de aquel vestido de novia que llevaba puesto.

Se había visto hermosa, casi mágica con el puesto; pero se vería mucho mejor desnuda y entre sus brazos.

El respirar cálido de él le causo escalofríos en su cuello mientras sentía su boca rozar esa zona insistentemente. Parecía volverse una hoja de papel a merced del viento cada vez que rozaba aquel blanquecino y terso lugar.

Beso de formar lenta y torturante su hombro y cuello varias veces, dejando una marca en este ultimo que definitivamente para los que osaban acercarse a pesar de saber que estaba casada se dieran cuanta que solamente le pertenecería a él y para siempre.

-Kagome-Susurro él ronco e inaudible cuando ella ahora libre de aquel vestido giro nuevamente entre sus brazos y era quien le brindaba besos en su cuello.

Se apodero de su pequeña cintura nuevamente, ahora totalmente libre de cualquier prenda, dejando que aquella corriente eléctrica desencadena diferentes sanciones placenteras en su cuerpo. Podía sentir el calor del cuerpo de su esposa, igual al de él; torturando de una manera incomprensible.

Torpemente, por la cercanía que mantenían, las manos de ella buscaron desabrochar los botones de aquella camisa blanquecina. Inuyasha soltó un gemido cuando las yemas de los dedos de su mujer recorrieron su pecho desnudo, con un tacto suave y delicado; como si fuera la primera vez que descubría aquel lugar.

Descendió con cortos besos por el cuello de su esposo hasta llegar a su pecho, el cual beso de la misma forma que su cuello mientras continuaba con sus carias sobre aquella zona. Inuyasha la levando desde el mentón y la beso con desesperación, con la misma desesperación que sentía su cuerpo en esos momentos.

Paso un brazo por la cintura de Kagome y la condujo hasta la cama, ella se sujeto de su cuello antes de caer logrando atrayéndolo consigo. Sonrió coqueta cuando lo observo fijamente a los ojos, esos ojos dorados que jamás fue capaz de olvidar o sacar de su mente; esos mismos ojos que ahora la miraban con un deseo infinito. Ese mismo deseo que ella sentía recorrer su cuerpo.

Él volvió a separarse un poco de ella, lo suficiente para quitarse esa estorbosa camisa y tirarla en algún lugar indefinido de la habitación. La observo desde esa altura, su cabellera azabache esparcida alrededor de ella, sus perlas chocolates oscurecidas totalmente, sus mejidas sonrosadas y los labios hinchados y rojo producto de sus besos. Bajo un poco más su mirada hasta aquellos dos perfectos montes blanquecinos, los cuales mostraban el irregular respirar de su dueña.

-¿Sucede algo?-Pregunto Kagome en un murmullo. No podía evitarlo pero sentía sus mejillas arder con mas fervor, a pesar de que era su esposo nunca dejaría de sonrojarse bajo aquella mirada escrutadora.

La sonrisa que obtuvo como respuesta le congelo la sangre que corría en sus venas pesadamente, las vibraciones en su bajo vientre se hicieron peores ante aquella mueca por parte de Inuyasha.

Tubo que aferrar con ambas manos las sabanas que se encontraban debajo de su cuerpo cuando la boca de él tomo por asalto uno de su pezones. Inconscientemente su cuerpo se arqueo para él, como si se ofreciera completamente a aquella caricia proporcionada por su boca.

La obligo a que envuelva con unas de sus piernas su cintura, sintiendo como tantas otras veces la cercanía de sus intimidades. Esa misma cercanía que les provocaba hondos suspiros a ambos.

Movió su cabeza para ambos lados logrando con éxito que la cadena de pensamientos o mejor dicho recuerdos que asaltaban su mente se esfumaran. Definitivamente para su integridad tener a Inuyasha como esposo no era de mucha ayuda. Inconscientemente una de sus manos toco uno de sus mejillas, encontrándolas al tacto mas cálidas de lo común.

La estaba pervirtiendo si no era que ya la había pervertido.

Suspiro dibujando una pequeña sonrisa mientras seguían aquella risa que volvía a colarse por cada rincón. Era cierto que jamás olvidaría su noche de bodas, fue la noche más hermosa en toda su vida. Inuyasha le había echo el amor de un forma totalmente distinta a las anteriores, lográndola estremecer completamente. Él poseía varias facetas y aquella noche demostró uno de ellas.

La verdad que esa afirmación era mas que cierta, su esposo era completamente volátil y hasta impredecible. Siempre fue así y aunque algunas veces eso la enloquecía no cambiaria ni siquiera un centímetro de él o su personalidad, se había enamorado así y así lo amaba.

-No estas siendo razonable-Le adjudico ella con los brazos cruzados y su mirada chocolate mas enojada que de costumbre. No estaba pidiendo nada del otro mundo, nada que él no pudiera darle-Me parece que esto quedo aclarado hace muchos años ya

-Yo no aclare nada, accedí a ese absurdo pedido tuyo porque sabia que no me dejarías en paz-Trato de contener su todo de voz pero le era imposible cuando su esposa nombraba el nombre de ese hombre. Solamente fue por pedido y ruegos de ella que termino yendo a su fiesta de casamiento pero él nunca prometió que podía volver a tener trato con él.

-Si ahora vienes a echármelo en cara la próxima vez te ahorrare la molestia y me ahorrare la molestia-Musito al fin totalmente rendida y dolida. Rendida porque llevaban varios días tratando sobre el mismo tema y las discusiones subían de nivel cada vez que la trataban y dolida porque las ultimas palabras de él le tocaban una fibra sensible de su ser. Ese sentimiento que la dejaba tan vulnerable cuando él perdida los estribos tan fácilmente, sabia que nunca fue fácil de manejar el carácter de su esposo y esas palabras eran hirientes aunque sabia que las había dicho sin pensar.

-Espera-Dijo al tiempo que la jalaba hacia él para impedir que saliera de su alcance, los ojos de ella gracias a sus palabras lograron perder ese brillo que tanto lo había encandilado. No le importo que por la fuerza ejercida ambos cayera sobre el solfa de la pequeña sala, su delicado cuerpo femenino sobre el de él-Perdóname sabes que soy un tonto sin remedio-Musito bajito mientras enredada en una de sus manos aquellos bucles graciosos que su esposa tenia al final del cabello

-¿Dudas de mi?-Le pregunto ella sin rodeos alzando un poco su rostro para tener acceso a su mirada. Su corazón se detuvo esperando aquella respuesta que marcaría nuevas cosas en su vida.

Inuyasha le acaricio la mejilla con ternura, depositando luego un suave beso en su frente

-No dudo de ti pero a pesar de todo si dudo de él-Confeso por fin abriendo y dejando expuesto ante ella aquel miedo que sentía a pesar de estar todo ya resuelto y aclarado hace bastante tiempo. No entendía porque pero tenia miedo que nuevamente Kagome sea solo una ilusión de su vida y que terminara completamente solo y sin ella, solo recordándola en un pasado-¿Entiendes ahora el por que?

Era como si la pregunta que formulaba nuevamente en su mente ella lo respondiera aun hoy, claro que entendía el porque de aquella reacción. No había sido fácil para ninguno de los dos volverse a encontrar con Houyo, mas para su esposo que para ella misma.

La casualidad o la causalidad estaban poniendo nuevamente en su camino a sus viejos amigos, amigos que ambos compartían en su adolescencia. Para ella Houyo siempre seguiría siendo su hermano, aquella persona que a pesar de no tener la misma consaguinidad la escucho en los peores momentos. Pero para Inuyasha, a pesar de ya saber sobre el engaño de Kikyo, ese hombre seguía representando algo no ten feliz en su vida como para ella.

Houyo simplemente le había pedido ser la madrina de su casamiento, aun a pesar de los años y las distancian seguían teniendo ese lazo de hermandad que lograron forjar. No la juzgo, cuando le comento sobre su repentina desaparición, y aunque no aprobaba su matrimonio con su ex compañero de curso por todo el resentimiento que aun se tenían; igual él le deseo lo mejor. Sabía cuando lo había amado y lo amaba, e inconscientemente él sabía que ningún otro hombre la amaría y la protegería como Inuyasha.

Pero a pesar de eso su esposo tenia miedo de perderla y como le costo hacerle entender que esos temores eran infundados. Con todo lo que habían vivido ya nadie podría separarlos.

-Mamá

La voz de ese pequeño la trajo nuevamente a la realidad, ese infante era la realidad; su realidad. El niño extendió sus brazos para ser cargado por su madre, ya se había divertido persiguiendo por todo la casa al cachorro que sus padres le compraron como regalo en el último cumpleaños.

Kagome lo miro encantada, realmente su hijo se parecía mucho a Inuyasha, era hasta inclusive mas celoso que su padre; incluso de su propio padre.

Rápidamente lo alzo complaciendo los pedidos de su hijo, él la abrazo por el cuello con sus bracitos mientras ambos se encaminaban al patio. El día estaba sumamente hermoso como para quedarse dentro de la casa.

-Ven Youkai-Llamo ella al cachorro albino y de ojos negros. Su hijo fue el encargado de ponerle el nombre el perro, en definitiva era su regalo. Era un nombre bastante particular y la forma con la que lo había elegido era la misma. Había señalado el dibujo de un Youkai en uno de sus libros de historia cuando le preguntaron como lo llamaría. Tal vez era un nombre particular pero no podía negar que no su hijo no era original-Vamos pequeño ven

El cachorro acudió a ese segundo llamado colocándose al lado de su dueña mientras caminaban por el sendero que el propio Inuyasha mando hacer para hacerlo un lugar mucho mas ameno para los ratos de ocio de su hijo.

Volvió a depositar a su hijo en el piso dándole un beso en la mejilla, este le devolvió el saludo antes de correr el tramo que lo separaba al columpio que su madre le había comprado. Youkai lo siguió detrás cuidando que no se hiciera nada.

-Un perro guardaespaldas, eso si que no se ve todo los días

Ella sonrió al reconocer aquella voz pero de todos modos no se voltio. Escucho los pasos de él por sobre el pasto y cuando al fin cesaron dejo que la abrazara por la espalda. Nunca dejaría de sentirse protegida en sus brazos.

Se relajo completamente y apoyo su cabeza al filo del principio de uno de los hombros de Inuyasha, mientras este la sujeta con mas fuerza.

-Y mucho menos un nombre como el que posee-Comento soltando un pequeña risa el final observando como su hijo martirizaba ahora el pobre animal. Hasta ellos se hubieran cansado en aquel momento-Legaste mas temprano

-Sesshomaru nos dio el día libre a todos-Aclaro besando la mejilla de ella-Al parecer Rin comenzó con trabajo de parto

Kagome salio de sus brazos y lo miro sorprendida, realmente el tiempo había pasado muy rápido parecía haber sido ayer que la esposa de Sesshomaru comunicaba su segundo embarazó

-¿Y me lo dices tan tranquilo?-Pregunto alzando un ceja, la verdad que no lo entendía. Cuando las situaciones no lo ameritaban él recurría a la tranquilidad. Inuyasha solo asintió-Tenemos que ir al hospital, no vamos a dejar a tu hermano y a ella solos en un momento así

-Tranquila dije al parecer, no que era seguro-La volvió a abrazar y simplemente ella se dejo hacer nuevamente en sus brazos-Tu mejor que nadie sebes lo que son las falsas alarmas

-Inuyasha-Se quejo golpeándolo en un hombro mientras él solo reía. La verdad que no estaba alejado muy de la realidad, los últimos meses fueron los peores y más cuando se acercaba el último mes donde prácticamente parecía que todos los días daría luz a Kai. Ella había sufrido las contracciones pero Inuyasha parecía mas afectado que ella-Sango me dijo que al parecer esta embarazada-Comento cambiando drásticamente de tema notando como los dorados ojos de él se ensanchaban ante la sorpresa-Esta casi confirmado aunque prefiere hacerse los estudios para estar mas segura, por eso promete que no le dirás nada a Miroku

-No se lo diré, ella es la encargada de decírselo estoy seguro que se pondrá contento-Sonrió cómplice sellando así su promesa. Desde que Miroku y Sango se casaron lo único que él quería era un hijo con aquella mujer. Bien ahora Kami lo aria ser mas responsable le gustase o no-Y usted…-La llamo captando nuevamente su atención y desconcentrándola un poco de las travesuras de su hijo-¿No piensa saludar a su esposo?

Ella sonrió como siempre solía hacerle desde que la conocía y más ahora estando casados

-Claro que pienso saludar a mi barman-Respondió al recordar un hecho de la niñez. Kagome ensancho su sonrisa al notar la extrañeza en el semblante del hombre que la mantenía prisionera en sus brazos-¿No lo recuerdas cierto?

Ante la pregunta soltada por ella él hizo una pausa. Kagome volvió a reír al notar como él intentaba recordar. Simplemente era algo tonto, una deseo que Inuyasha le confeso cuando aun eran amigos, había tenido deseos de convertirse en barman un empleo no muy bueno para la edad que ese momento tenían.

-Ya lo recuerdo-Confeso cuando poco a poco aquel echo se abría paso en su mente y podía ver con claridad aquel día-Es increíble que recuerdos incluso eso

Era cierto, solo se lo había confesado una vez como algo totalmente trivial. Kagome hizo una mueca dando a entender que se acordaba de las pequeñas cosas que él podía llamar insignificantes.

Volvió a sentir la suave caricia de los labios de Inuyasha sobre los de ella, un acto que siempre despertaría miles de sanciones en su cuerpo.

-¡Papá!-Chillo el pequeño desde la distancia que se encontraba al ver como su padre besaba a su madre, no le gustaba para nada esa demostración. Corrió lo que sus piernitas le permitieron hasta llegar a sus progenitores

Kagome observo de reojo el semblante de su esposo, cuando había dos hombres en la casa y se disputaban el cariño de la misma mujer siempre la misma tenia que dividirse si se trataba de su hijo y esposo

Inuyasha suspiro hondamente, cada demostración reafirmaba las palabras de su esposa. Kai se parecía exactamente a él, y obviamente con su hijo cerca jamás podría besar como se debe a su esposa

-Vamos Kai, papá te comprara un helado-Alzo a su hijo en brazos y este río ante lo anunciado. Era un soborno y la mirada de Kagome sobre la suya se lo decía, pero no iba a discutir con su hijo de cuatro años al celar a su madre. Él tenía que celarla con otros hombres no con él

Youkai se dispuso a seguir a los dos hombres de la casa mientras ella solo se abrazaba así misma siguiéndoles un paso más atrás. Inuyasha y Kai era lo más hermoso que podía haberle pedido a Kami, y aunque su vida parecía un cóctel por toda la mezcla que poseía en si, al fin de cuentas algo bueno de todo eso había resultado…Una bebida dulce

Ese tipo de bebidas que bebes un sorbo y luego te haces adicto. Bien, ella en si era un adicta a esta nueva vida que llevaba. Mucho era lo que representaba su pasado y lo que ambos tuvieron que luchar para sobrellevarlo. Ahora entendía que era inútil poder escapar de algo que tenía predestinado.

Ella tenía predestinado una vida junto a Inuyasha, junto a quien era a pesar de ser su esposo su mejor amigo y compañero. Tenía una vida junto a él a pesar de las dudas y los engaños cosechados, a pesar del miedo de volver a vivir una parte de lo que era su vida.

Ahora ya de ello no había mas nada, solo un futuro prometedor al lado del hombre que siempre tuvo que estar. Ya no tenía porque huir ni escapar por el miedo.

Tenía a dos soles que siempre iluminarían sus días oscuros…Realmente ahora si era feliz

Fin


Dios por fin termine este fic xD, realmente se me hizo eterno pero hermoso. No tendrá la misma cantidad de seguidores que "Virgin Crisis" pero lo adoro, es el primer fic que escribi y segundo que termine. No se puede comprar mis dos fic porque las temáticas son totalmente diferentes. Creo que cada uno tiene algo especial y por eso es que me siento orgullosa de haberlos terminado a ambos. Desde este mi lugar, agradecer a todos los que brindaron su apoyo a lo largo de estos capítulos y soportaron mis demoras indefinidas; también a todos los que siguieron "Virgin Crisis".

Mi segundo fic terminado xD!! Ahora las vacaciones que me merezco, eso no quiere decir que deje de escribir, al contrario ya estoy metida con otros nuevos proyectos que falta para sacarlos a los luz. Así que los que quieren leer alguna de los locas ideas van a tener que esperar un poco.

Duda, comentario, sugerencia o cualquier cosa menos amenaza o virus a mi mail, msn o space.

Desde ya otras vez gracias por todo el apoyo dado ambos fic.

Muchos saludos

Lis-Sama