Capítulo 21

"Llamas doradas, Lygian y Nereo"

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Aioros dio un sonoro grito, el choque con el suelo le había roto el labio, Anaxandro tiraba de él tan fuerte que aunque Saga le aferrara la pierna con todas sus fuerzas, el traidor tenía las piernas en la roca fuera de la base y las usaba como palanca para arrastrar al pequeño Santo de Sagitario hacia él. Pronto ya no tomaba los cabellos del niño, sino la cabeza…

Cuando Saga vió que Anaxandro asía a su amigo por la cabeza, supo que si él mismo seguía ejerciendo presión, acabarían por romperle el cuello, con desmayo en su corazón, decidió soltarle. El soldado y el niño volaron fuera de la cueva por el impulso, como los corchos de los vinos que se solían tomar en el Santuario en días de fiesta

Saga gateó con velocidad hacia el bebé de cabellos rubios, que tenía los ojos abiertos hasta casi saltársele. Cuando llegó a su lado, el niño se puso en cuclillas y tomó con la violencia propia de la alarma, su cabeza entre sus manos

-"¡Shaka!"- le llamó, el bebé fijó los ojos en los suyos, Saga supo sin saber porque que Shaka podía entenderle… como si en un espacio paralelo y alternativo ambos hablaran el mismo idioma –"Debo irme y volveré tan pronto como pueda, tú misión es sobrevivir con los demás en éste lugar ¿de acuerdo?"-

Por respuesta, Shaka cerró los ojos y… de algún modo le dio a entender que comprendía lo que debía hacer. Se sentó en una posición que Saga nunca había visto y juntó las manos…

Con ello, Saga se precipitó fuera de la base y divisó dos sombras informes a unos cuantos metros de distancia, una forcejeaba, retorciéndose con desesperación. Saga echó a correr:

-"¡AIOROS!"-

La fuerza con que su amigo se resistía era prodigiosa, tanto que obligó a Anaxandro orillarse contra las columnas de la Villa patriarcal para tomar aliento sin soltar al niño cuya lucha se tornó aún más agitada al sentir que su captor bajaba la guardia, pero Anaxandro le tenía sujeto de tal manera que comenzó a dejarle cardenales en el cuello y su piel enrojecida en brazos y piernas.

-"¡AIOROS!"-

Saga gritó tan cerca que Anaxandro le oyó, girándose rápidamente y apuntando con una daga al cuello del Santo, Saga se frenó en seco

-"Muy bien mocoso, ahora volveremos todos a tu ridículo escondite y me ayudarán a llevarme a los demás"-

-"¿Por qué haríamos algo así?"- logró articular Aioros, medio estrangulado.

-"¿Tienen alguna otra opción?"- dijo el traidor, hincando la punta de su arma en la vena del niño, lo suficiente para que éste jadeara, tragándose el grito que estuvo a punto de aflorar a sus labios. Anaxandro se rió con crueldad… tan distraído se hallaba en atormentar a su prisionero que no se dio cuenta del cambio de expresión en los ojos del niño frente a él.

Al principio, Saga observó impotente como aquel individuo maltrataba a su amigo, como una hiena devorando un cervatillo; la visión le provocó tal animosidad que sus ojos relampaguearon en tonos escarlata y sintió que algo bullía en su interior… carcomiendo sus entrañas como la quimera de los cuentos que Dhenes les relataba para que no salieran por la noche, algo electrizante conectó de una forma nueva todas sus neuronas formando un todo nuevo que tenía el eco de los latidos de su corazón, como tambores al fondo de una tupida selva…

-"Saga…"- en medio del cataclismo en su interior, una voz dulce le habló, encausando aquel vertiginoso río en una única dirección: Salvar a Aioros.

Pero Saga no quería matar a Anaxandro, sólo quería que se fuera lejos de allí, la llama de su alma se expandió hasta límites insospechados, pasando hacia la punta de sus cabellos, hasta la punta de los pies… expresándose en bellísimas llamas doradas.

-"Largo de aquí Anaxandro"- pensó el niño ya fuera de sí –"Sal de mi vista"- Saga hizo lo que le mandó su mente; gritar con todas sus fuerzas: –"¡OTRA DIMENSIÓN!"-

Aioros se debatió en los brazos de su captor, cuando el cuerpo de Saga comenzó a emitir aquel fuego dorado la presión de Anaxandro cedió, el chico dio una patada hacia atrás con todas sus fuerzas destrozando la rodilla de su oponente que le liberó inmediatamente, el traidor apenas tuvo tiempo de reaccionar, Aioros ni siquiera se quedó a esperar y corrió lo más rápido que pudo hacia aquella luminosa columna que sostenía el Corno de Marfil, lo tomó entre sus manos y corrió de vuelta en donde había dejado a Saga y Anaxandro… pero el soldado traidor ya no estaba y su mejor amigo estaba tendido en el suelo, aparentemente inconsciente…

Aioros dejó a Saga inconsciente en el suelo de la base, al lado de un concentrado Shaka.

-"Debo salir de nuevo"- el bebé no abrió los ojos –"No dejes que nadie entre si no soy yo"- El Santo de Oro de Sagitario se dirigió hacia el enorme claro de las cabañas en donde comenzaban a brotar las llamas, llevaba el Corno de Marfil entre sus manos…

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Los invasores comenzaron a penetrar por la derrumbada barricada y aquellos hombres gigantescos fueron los primeros en entrar al patio… blandiendo aquellas enormes porras, destrozando miembros de guerreros a su paso, los soldados estaban demasiado pasmados para presentar batalla, fue entonces cuando algo les despertó de su ensimismamiento… algunos de los milicianos ostentaban máscaras de amazonas colgadas en sus armas o sobre el peto… representaban la virtud de aquellas valientes guerreras, a las cuales habían vencido, humillado y después matado en su paso por la Gran Escalinata.

La primera en reaccionar fue Daphne, aquella visión disparó un dardo de odio en su interior y se lanzó a la batalla. Utilizó su larga lanza como barra de apoyo para saltar sobre la altura de los enormes soldados, una vez sus pies tocaron la primera de sus cabezas sacó un afilado estilete de su avambrazo, se inclinó y cercenó su testa que rodó al suelo estrellándose contra las piedras del suelo y formando un charco en el suelo, Daphne usó el mismo cuerpo del guerrero para saltar hasta su siguiente víctima en cuyo cuello enterró la lanza con todas sus fuerzas, la punta de ésta sobresalió por la axila, al extirparla Daphne perdió el equilibrio y cayó al suelo sobre el cuerpo de su enemigo, hizo un movimiento usando las caderas como eje gravitacional y se elevó de nuevo con su lanza ensangrentada, hundiéndola en el corazón de un tercer oponente, con su máscara emitiendo destellos color rubí, ella sola se encargó de derribar a diez de aquellos gigantescos hombres.

El mayoral de Kallithea se abrió paso por aquella multitud de combatientes, ostentaba sobre su negra túnica dos pares de máscaras y estaba dispuesto a llevarse a su ciudad tantas como fuera posible, fue entonces cuando vió a una amazona con lanza luchando contra los hombres gigantes que habían venido desde Elvetia, vaya qué pena… la única mujercita armada contra todos ellos, se aproximó a ella desde la espalda cuidándose de que ella no lo detectase…

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La primera preocupación de Värux fue el quedarse sin dirigente, por lo que hizo una señal a Febo para que le cubriese las espaldas mientras él revolvía los restos de la atalaya en la que habían visto por última vez a Talina. El fornido guerrero comenzó a retirar los escombros primero con rapidez calmada que después se transformó en frenesí, luego de un rato… los primeros sobrevivientes comenzaron a salir.

Un poco molidos a golpes y aturdidos, inmediatamente se dispusieron a combatir, lanzando gritos feroces y atronadores gruñidos las amazonas y guerreros que eran arqueros y ballesteros se arrojaron al fragor de la batalla.

Värux seguía levantando vigas y maderos hasta que dio con el penacho del yelmo de Talina, a quien con denodado esfuerzo logró sacar de aquellos cascotes, pero la comandante venía aferrando un brazo… que resultó ser el de Eko. Como no podía retirarles las máscaras para darles respiración, Värux se puso a bombearles la zona del pecho para que reaccionasen, Eko fue la primera en despertar; se incorporó con rapidez y a punto estaba de tomar una ballesta de las manos inertes de uno de sus compañeros cuando un dolor agudo en su pierna la llevó al suelo.

-"¡Agh! ¿Qué cosa?"- Eko se vió la pantorrilla, una enorme astilla le atravesaba de lado a lado aquella zona de su extremidad, la guerrera aguantó la respiración y la sacó limpiamente, mordiéndose el labio con tal fuerza que se lo perforó, un hilillo de sangre resbalaba por su mentón debajo de la careta plateada. Luego vendó la herida con un trozo de su ropa –"El doctor seguramente también está peleando por su vida, así bien puedo yo apañármelas. Febo"- llamó –"Encárgate de Talina, ¡tú!"- señaló a un muchacho que no llevaba mucho de vivir con ellos y que parecía demasiado asustado para entrar en la batalla–"Sirve de algo y continúa buscando sobrevivientes. Vamos Värux"- la amazona tomó al guerrero del antebrazo y lo guió hasta la otra atalaya derrumbada –"Ahora cava"-

-"Podría seguir ayudando en la otra…"

-"¡No hay tiempo!"- exclamó Eko –"Värux, la tercera parte de las fuerzas disponibles está enterrada entre las dos atalayas, y si no hacemos algo, todos morirán o asfixiados o aplastados. ¡Concéntrate! ¡yo te cubro la espalda!"- Eko se armó con una ballesta en cada mano y disparaba a cuanto enemigo distinguía cerca o que tenían el infortunio de darle un buen tiro.

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Febo logró que Talina recobrara el sentido, su imponente presencia le alivió un poco las penas que embargaban su corazón. La guerrera se encasquetó el yelmo y le dijo:

-"Gracias hermano, ahora debemos reagruparnos y -"- Talina dejó de hablar repentinamente y se quedó viendo un punto a la distancia. Febo y el muchacho, que ya había terminado de sacar a los arqueros que habían sobrevivido de los escombros miraron hacia el mismo punto que Talina. Febo de pronto vió todo rojo y lo único que deseó era matar a aquellos individuos… humillar a una guerrera desenmascarada, a una mujer de aquella manera y quedarse sin hacer nada era más de lo que sus nervios podían soportar, bien podría haber sido Daphne… Febo tomó su enorme espada y se lanzó hacia allá, seguido del joven guerrero.

Tomó unos segundos para que Talina lograra captar la magnitud de aquello y decidió correr hacia Febo, pero no para apoyarle sino para detenerle…

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Mirra peleaba en la zona norte del patio, hacía ya mucho que había perdido el escudo, y lo había reemplazado por la daga oculta de su greba. Con una mandoble del filo derecho de su espada, cortó limpiamente el abdomen de uno de sus rivales, se balanceó para que dar en le espalda de otro, atravesándole un pulmón con su daga; pero cinco de aquellos hombres ya la habían rodeado, rápidamente se aproximó a uno de ellos, hiriéndole el tendón de la rodilla, el hombre se agachó, Mirra se apoyó en su hombro para saltar y salir de aquel peligroso círculo dando una patada en la cara de un contrincante que le partió los huesos faciales y cayó inconsciente. Ella se agachó e hizo con la punta de su espada una arremetida contra tres pares de piernas, los dueños se arrodillaron chillando de dolor, la amazona usó su daga para degollarles.

-"¡Esto es una carnicería!"- se decía –"de los dos bandos… pero ¿qué podemos hacer Atena? ¿o ellos o nosotros?"-

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Cuando Daphne estaba a punto de ejecutar al último gigante con su imbatible lanza, alguien le atenazó el brazo y le hizo una llave, obligándola a soltar su arma, ella se quiso rebatir pero aquel hombre de manos enguantadas y negra túnica poseía una fuerza inusitada… la lanzó al suelo de cabeza, aturdiéndola por unos momentos suficientes para que él se colocara a horcajadas sobre ella aferrándole las muñecas por encima de su cabeza, con la otra mano se dispuso a retirar la máscara de su rostro…

El mayoral de Kallithea ya se disponía a añadir otra máscara a su indumentaria, a punto estaba de retirar otra del rostro de aquella amazona… pero cuando alzó la mano para quitársela, una flecha le atravesó la palma, rozando un nervio vital que le hizo ver las estrellas del dolor, se incorporó rápidamente liberando a la guerrera, la cual se escabulló con rapidez sorprendente. El mayoral se giró para ver quien le había atacado cuando se topó con una amazona que aferraba un arco en solemne actitud, los cabellos de su oscura trenza bailoteando alrededor de su rostro cubierto por aquella molesta máscara de plata.

El mayoral se pasó la lengua por los labios, por fin una mujer a la valía la pena…

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Lygian encaró al hombre de negra túnica con la ferocidad propia de las mujeres que han visto cómo sus compañeras son ultrajadas, desde que Värux la ayudó a salir de los escombros de la atalaya, había fijado su flecha sobre ése hombre de torva mirada, como si hubiera estado destinada a poner fin a su vida. Lygian no era ya una soldado, era una virgen fiera que se disponía a destrozar con sus blancos colmillos a aquella podredumbre que corrompía el suelo de su amado hogar y vejaba a su familia.

La guerrera disparó una segunda flecha a la pierna de aquel sujeto que le obligó a hincarse, luego otra a su brazo; no pensaba más que en hacerle todo el daño que pudiera… sacó un puñal de su greba y lo puso en su yugular susurrándole al oído:

-"Te mutilaría aquello con los que nos has insultado, pero no soy como tú"- y alzando su arma en el aire, estaba a punto de enterrarla en el cuello de su adversario, pero… Lygian maldijo… el último gigante no estaba totalmente muerto y la tomó de los pies, tirándola sobre las ensangrentadas piedras.

El mayoral se incorporó, había estado guardando sus energías para un encuentro como aquel, se arrancó las flechas que la guerrera le había enterrado y le dijo:

-"Gracias guerrera, tu fuerza me ha dado nuevos ánimos"- y lanzando las flechas hacia el acantilado que no quedaba lejos gritó:

-"¡Eh! Lohrak"- llamó… el jefe de Elvetia salió de un rincón, ambos cobardes ni siquiera llevaban armas en la mano, no peleaban solo hacían aquello con las mujeres…-"Al fin, un premio que nos dará gusto"- las rodillas de Lygian comenzaron a temblar aunque se escudaba en su máscara para ocultar su miedo, luchar contra un hombre era una cosa pero contra tres… uno de los cuales era un gigante, su arco había caído lejos de ella en la acometida de su asaltante ¿qué podía hacer?

Lohrak se inclinó y tomó una espada, se acercó a Lygian pronto estuvieron tan cerca que la guerrera podía sentir su respiración en la espalda, la repugnancia solo fue sustituida por el dolor cuando el jefe de Elvetia le jaló la trenza y usando la empuñadura de la espada le partió la máscara en mil pedazos, Lygian sintió el tabique de su nariz tronar junto con su preciado escudo. No, aquello no podía estar pasando…

Sintió que las fuerzas la abandonaban, la mayoría de los huesos de su rostro estaban rotos, combinado con el agarre del gigante y el montón de heridas sin tratar a lo largo de aquella noche de pesadilla, no vio que una amazona cuyo cabello competía con el color del fuego se acercaba hacia ella a toda prisa, apuntando la punta de su espada al corazón del mayoral…

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La determinación volvió al alma de la agotada Lygian, arreglándoselas para alcanzar su daga, deslizó su mano hacia atrás y cortó su hermosa melena oscura para liberarse. Luego atenazó una patada al gigante y le enterró el arma en la cara, dándole al cerebro. Se puso de pie y jurándose que prefería morir antes que entregar lo más valioso que tenía a aquellos entes que más que hombres parecían bestias, tomó por la cintura a ambos hombres y saltó al acantilado, cuyo fondo era tan negro como los cabellos que la valerosa guerrera había dejado desperdigados sobre el ensangrentado suelo junto a los pedazos de su máscara…

-"¡LYGIIIIAAAAANNN!"- Mirra gritó con toda la fuerza de la que fue capaz, pero su prima ya había saltado al abismo arrastrando a sus dos atacantes con ella, como la alondra que abandona el nido a la luz de la mañana… Lygian abandonó el Santuario encomendando a Mirra y sus hermanos de armas todo aquello por lo que ella había dado su vida.

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Nereo se debatía entre la vida y la muerte, su cuerpo estaba cubierto de magulladuras y cortes; sin embargo, no estaba dispuesto a ceder ni un ápice. Combinaba el hacer de su espada con certeros puñetazos y patadas que habían hecho que varias decenas de cuerpos se amontonasen a su alrededor, pero el truco era avanzar y retroceder, avanzar y retroceder… no permanecer mucho tiempo en una sola posición.

El enemigo le lanzó una estocada, él se hizo a un lado esquivándola y contraatacando con otra que le trozó el yelmo y el cráneo, ni siquiera se volteó para enviar una patada hacia atrás que le dio ventaja suficiente para hundir su espada en el pecho de otro oponente y rematar al primero con un golpe de su antorcha a la cabeza

-"¡VAYAN POR LOS NIÑOS!"- escuchó –"¡ENCUENTREN A LOS NIÑOS!"- aquel grito pareció recordar a los soldados su prioridad y se dispusieron a dejar a algunos ocuparse de Nereo, mientras los demás penetraban por fin en las cabañas.

Nereo sintió la muerte en el alma…

-"¡NO!"- se dijo –"¡JAMÁS DEJARÉ QUE LES PONGAN UN DEDO ENCIMA!"- el guerrero montó a una roca cercana que crecía en desnivel y se lanzó a los soldados que iban hasta delante del batallón gritando con todas sus fuerzas –"¡ATENA!"-

Para entonces las cabañas ya ardían en llamas.

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Justo en el momento en el que Lygian saltaba por el acantilado, el jefe de Thimalakia decidió que no podía seguir soportando que aquel guerrero les siguiera entorpeciendo encontrar a los niños, rebuscó entre sus ropajes por el instrumento que le daría la victoria sobre el guerrero, no importaba lo poderoso que fuese…

Nereo rajó una lanza por la mitad y encendió las ropas de su enemigo con la antorcha, se giró y arremetió contra otro cercenándole el brazo y rematándole en el costado, Nereo se agachaba, inclinaba, saltaba, haciendo alarde de una fuerza prodigiosa y del mismo milagro de pelear por algo en lo que creía, le hacía realizar cosas imposibles como pelear contra doscientos milicianos. El soldado hizo una vuelta en el aire y decapitó a dos hombres al mismo tiempo.

El thimalakiano tomó la pistola y apuntó a la espalda del guerrero, cuando estuvo seguro de no errar el tiro, disparó… atinándole por la espalda, justo al corazón…

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Aioros miró a Nereo pelear a la distancia… lo hacía por ellos, por ellos… Nereo…

Puso la boquilla del Corno sobre sus labios y sopló, sopló con desesperación, sopló hasta quedarse sin aire, hasta que oyó un disparo, se volvió y miró a la poderosa figura que era Nereo, desplomarse sobre el suelo como si de una vieja figura de cera se tratase…

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Todos oyeron el Corno pero ¿qué podían hacer? Si por ellos dependiera, tal vez incluso ellos lo habrían hecho sonar.

Pero había alguien que sí los podía ayudar… alguien que…

Cuando el jefe de Thimalakia se disponía a darle el tiro de gracia a Nereo, quien se convulsionaba con violencia en medio de un charco de su propia sangre, algo se interpuso ante él. Algo que le quemó como si del mismo sol se tratase, tanto que su piel comenzó a arder, provocándole picor y luego ardor; dando gritos de dolor, el thimalkiano se consumió en crispada combustión que pareció ser más radiante que el fuego de las cabañas. Nereo miró en su agonía la sagrada vestimenta del único Santo de Oro existente en la época, el cosmos acumulado en la Armadura Dorada de Libra le envolvió cálidamente, fue entonces cuando Nereo pudo ver las estrellas y dijo:

-"Es una buena noche para morir…"-

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En el patio de la Villa, las llamas que consumían a ésta se apagaron de golpe mientras en la tarima se iba formando una figura, los contrincantes estaban demasiado embelesados en la visión para pensar si aquel ser era amigo o enemigo.

Una pequeña silueta al fin se definió envuelta en las mismas llamas doradas que habían envuelto a Saga horas antes, un anciano de tez oscura y ojos zafiro bajo pobladas cejas blancas miraban si ver, tal era la furia de su expresión que los enemigos se encogieron amedrentados. El anciano habló, apenas podía controlar el timbre por la rabia que lo embargaba:

-"Veamos, hijos de la inmundicia cuya prole se revuelca en el estercolero"- El Anciano Maestro de los Cinco Picos perdió la compostura –"¿DÓNDE ESTÁ VUESTRO CORROMPIDO VALOR AHORA?"-

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Avambrazo protegen las extremidades superiores desde la muñeca hasta el codo, son como las grebas pero del brazo.

Arcee93, shaka-cherie y Sanathos Ananke gracias les doy por los reviews, espero que éste giro de la trama sea de su agrado.