(Crazy in love -FSG Version-Beyonce)
No he podido soportarlo más, he soltado lo que quiero y estoy segura que lo he dicho del modo más decoroso que he podido. Porque para qué mentir, no fingiré ser una chica que no soy para caer mejor al resto, no diré que soy una santísima para que esta sociedad llena de prejuicios me acepte. Que todos esas mojigatas se tapen los oídos porque a mí me encanta el sexo.
Y como no, él no me ayudaba a controlar mucho las ganas de.
No creo que el sexo se relacione con el amor, o sea, por supuesto que se pueden juntar y es una combinación maravillosa, pero el sexo por sí solo basta para justificar un encuentro ¿Por qué privar al cuerpo de sentir cosas increíbles?
Entonces desde esa perspectiva ¿Por qué negarme a lo que quiero si mi vida ya es bastante miserable en este momento?
Por ende solo me permito aunque sea por los siguientes quince minutos olvidarme de todo el horror, de toda la histeria y dejo que sea precisamente él quien me alivie, dejo que sus manos gentiles me toquen y su lengua cálida me acaricie porque de alguna manera le corresponde ser quien me haga sentir mejor.
Sus dedos ásperos me recorren la espalda como si tratase de memorizar cada forma de mi cuerpo, su boca sigue infatigable pegada a mis labios tan cadenciosamente que necesito ser brusca y muevo mi cadera con énfasis sobre él, intentando generar la mayor cantidad de fricción para que no ande con rodeos.
Pero todo se ve interrumpido, todo lo que he construido en estos minutos se me viene abajo cuando la manija de la puerta que nos separa del resto del mundo se mueve intentando abrirse.
No consigo a asimilar que debo salir de allí cuando Edward ya me ha cargado hasta la barra, la maldita barra de metal que tiene una mancha de sangre seca en el piso, cuando lo miro ya me ha puesto las esposas sobre la cabeza y mi respiración aún no se calma. No alcanzo a sentir vergüenza con el recuerdo de mi incidente porque una sonrisa sensual se instala en el rostro de él y lo entiendo, mi pecho sube y baja agitado, la piel aun erizada grita que continue y lamo mis labios secos intentando calmarme. Veo como aquel último gesto solo aumenta su excitación, se toca por sobre el vaquero haciendo un gesto de dolor, como si no soportara un segundo más estar lejos de mí.
Llevo mis piernas al pecho para esconder mi torso y mientras tomo un profundo respiro para calmarme oigo la voz de Jasper llamando.
—¿Edward?
Lo veo correr hasta mí para cubrir mis ojos en tanto que contesta a su amigo del otro lado.
—Ya va.
—No es nada, me toca ronda así que quería ver si necesitabas algo —escondo mi rostro en mis rodillas porque estoy segura que he de tener la boca hinchada, escucho el cerrojo destrabarse.
—Comida —es todo cuanto dice mientras abre la puerta, imagino que Edward ha de estar duro y me siento tan lujuriosa en este momento que me avergüenzo de mí misma, cosa poco usual.
—Perfecto —responde sin entrar al lugar —por cierto viene mañana —finaliza bajando la voz queriendo que yo no escuche, fallando en el intento.
—¿Qué?¿No se suponía que las carreteras estaban vigiladas? —su voz nuevamente se carga de preocupación y el habitual nudo comienza a aparecer otra vez en mi estómago anticipándose a las malas noticias.
—Se encargaron de hacerlo —la disculpa implícita estaba allí, un silencio más largo de lo normal se establece en el ambiente que segundo a segundo se tensa —te aviso para que estés preparado, el tiempo se te agota camarada.
Sus pasos se alejan una vez más y la puerta se cierra con lentitud, el roce de su ropa caminando de un lado a otro muestra lo nervioso que ha quedado. No lo apuro, a pesar de que estoy con la venda cubriéndome los ojos le doy su tiempo ¿Quién viene mañana? me pregunto intentando hacerme alguna idea, pero estoy tan confundida, tan desorientada que me rindo de inmediato. Se detiene de golpe, ha de estar mirándome.
No me he dado cuenta del momento en que mi respiración se ha vuelto a agitar, se acerca lento haciéndome sentir como un ciervo indefenso y me encanta, ¿Por qué estaba preocupada?, intento recordar, pero lo siento justo frente a mí de pie y un escalofrío me recorre el cuerpo al imaginarme como debo verme a sus ojos.
Como puedo, con manos esposadas sobre mi cabeza y todo, me arrodillo para perturbarlo, para jugar con él, para que fantasee al verme así. Él se inclina hasta mí haciendo como si me fuese a quitar la venda pero no lo hace, solo se quiere burlar, ahora es él quien juega conmigo, lo sé.
—No sabes lo hermosa que te ves así —susurra cerca —tan frágil, tan... para mí.
No lo soporto, un gemido se me escapa desde las entrañas y entonces me roza los labios, solo aumenta mi deseo jugando con su lengua, y acepto la verdad de las cosas, lo necesito de todas las maneras posibles en que una mujer puede necesitar a un hombre.
Lo siento enderezarse para poner distancia entre los dos, pero no la suficiente, no se separa todo cuanto necesita para evitar lo que estoy por hacer. Me inclino hacia delante tanto como las esposas me lo permiten y rozo mi nariz, mis labios contra sus vaqueros, deseando sentirlo a través de la ropa. Lo he dejado sin palabras, ha de ser instintivo el paso que da para acercarse y yo sonrío llena de gusto.
—Quítalo —le ordeno, no quiero esa barrera que hay entre los dos y casi puedo sentir sus manos abriendo el pantalón para cumplir, lo hace, queda libre de ropa y yo impulsivamente intento tocarlo con las manos, el sonido de las esposas resuena en toda la habitación, está expectante y desde mi posición como puedo lo envuelvo con mi boca para introducirlo hasta el fondo de mi garganta, lo oigo gemir y deseo de una manera insana poder tocarme yo.
El sexo jamás ha sido algo que me avergüence, mi primera vez fue a los dieciséis y luego de eso se volvió una costumbre, los dos novios que tuve ya habían perdido su virginidad y mi regla básica era jamás negarse a las posibilidades, pero nunca nunca había sentido siquiera algo parecido a esto. Nada se acerca ni de coño a lo que estoy viviendo en este momento.
Sus manos indecisas se debaten entre tomarme del cabello y no hacerlo, pero yo me muevo con tanta lentitud que la desesperación lo hace cogerme con fuerza para poder marcar el ritmo. La garganta me duele por la profundidad con que lo hace, pero es lo que quiero, que no sea gentil, quiero que lo haga fuerte.
De pronto siento que su mano libre me quita la venda y se aferra a la barra de metal que está en mi espalda, está sin aliento observándome, sus ojos verdes se encuentran con los míos y es como si mis pulmones de pronto no tuvieran suficiente oxígeno, está absorto, me desea claro, pero no es eso lo que me congela allí, es la profundidad del sentimiento que contienen, como si no pudiese creer que estoy allí con él, como si aquel hecho fuese tan inefable que necesitara mirarme para no creer que se ha vuelto loco.
Se detiene de golpe, se separa de mí y no alcanzo a decir palabra cuando me esta levantando para sostenerme con su cuerpo y la barra. Al segundo siguiente el recuerdo de aquel cerdo me viene a la cabeza dándome un escalofrío que él nota en seguida, pero lo desecha de inmediato, antes de que mis temores lo arruinen su mano está sosteniéndome por el mentón para que nuestros ojos se conecten y entiendo el mensaje que quiere transmitirme con una intensidad arrolladora, "soy yo, soy quien te cuida y quien no te deja caer" , otro escalofrío me toma el cuerpo y no lo soporto, necesito sentirlo dentro. Lo beso de modo apremiante mientras él se deshace de mis pantalones, bruscamente sube mi camiseta para poder ver mis senos y de un modo bestial los lame, muerde y besa mientras yo sigo sin poder tocarlo, llenándome de una rabia animal porque no puedo mover las manos.
Con algunos de sus dedos corre mi ropa interior mientras yo paso las piernas envolviendo su cadera, sin quitármela, solo la desliza lo suficiente para dejarme descubierta y mete dos dedos secos sin piedad hasta el fondo, los primeros segundos son incómodos, pero estoy tan en ello que pronto deja de ser un problema.
Me retuerzo de placer, parezco una serpiente contoneándome así pero no puedo evitarlo, muerdo mi labio para no gritar porque sé que aquello llamará la atención y lo que menos quiero es que alguien venga a asomarse. Los brazos no me dan del cansancio, necesito apoyarlos sobre mi cabeza mientras él me folla con los dedos un par de veces, no más, y sin previo aviso se entierra todo porque se que él tampoco soporta ni un segundo más lejos de mí, tan rápido como entró sale de mí y me roza lentamente despertando cada terminación nerviosa que compone mi sistema para torturarme, para hacer conmigo lo que yo hacía hace un rato con él.
—Edward —susurro sin ni un ápice de dignidad —por favor.
—¿Por favor qué? —sonríe contra mi cuello mientras yo a penas puedo asimilar las reacciones de mi cuerpo.
—Mételo fuerte —es todo cuanto digo, porque una vez más se ha adentrado por completo, llena cada pequeño milímetro de mí y yo a penas logro mantenerme consciente entre la lujuria y la falta de energía que me consume. Ninguno dice nada, solo nos limitamos a sentirnos mutuamente mientras leves quejidos resuenan en el horroroso galpón, mis gemidos se oyen tan extraños que no los reconozco, siento que suplico con ellos, como si el sentirme llena de él me hiciese más real en un mundo tan nefasto como aquel.
Quiero tener las manos libres, necesito tanto poder arañarlo, tener su cabello entre mis dedos que vuelvo a tirar mis muñecas haciendo resonar las cadenas, cierro los ojos para sentir lo lento que entra en mí como respuesta a mi petición silenciosa.
Ya no aguanto, necesito que sea duro y rápido, cada lento segundo me hace sentir más insana que el anterior.
—Me volverás loca si lo haces así —digo a penas antes de morderme el labio inferior, lo veo sonreír con sorna y un brillo perturbante en los ojos que grita demencia.
—¿Qué es la cordura si puedo tenerte a ti? —susurra, pero en lugar de hacer lo que pido besa mi cuello dando suaves mordiscos. No es hasta cuando cubre mi boca con su mano que noto como han subido de intensidad mis gemidos.
Es extraño lo que siento, estoy enferma, estoy completamente insana para ser sincera porque me siento vulnerada, me siento un tanto violada mientras él entra profundo para saciar aquel deseo que ya no controla, incluso puedo arriesgarme a decir que solo está actuando por su libido más que por complacerme, pero esa misma idea de abuso que tiene sobre mí es la que me pone de aquel modo, es por eso que quiero que sea brusco y me averguenza profundamente admitirlo. ¿Cuántos días de cautiverio son necesarios para hacer que una persona pierda la cabeza?
Se que está por terminar, yo también, así que le pido lo último que necesito en aquella situación tan retorcida, algo que sé, terminará haciendo que se corra conmigo.
—Quiero que termines dentro —digo y se oye tan sucio que siento mis mejillas enrojecerse en cosa de segundos, soy una cualquiera, así me siento, pero no me importa.
Lamentablemente no todo es maravilloso, porque a pesar del placer que me llena duelen muchísimas cosas en aquella relación tan extraña que hemos desarrollado. Duele la barra que golpea mi espalda cada vez que él se entierra profundo, duele lo fuerte que entra para poder ocupar cada recóndito espacio que tiene mi cuerpo, duelen las muñecas que tiran las esposas, amarras de plomo que me encadenan a aquella cárcel y duele el corazón porque no entiendo que es lo que hago junto a él.
Entonces siento la calidez llenándolo todo, el líquido invadiéndome las entrañas y la fluidez de su movimiento infinito mientras se pierde dentro de mí y es ahí en ese preciso momento cuando me corro yo mordiendo su hombro con tanta fuerza que dejo mis dientes marcados en su piel tatuada, metáfora irónica de lo que sucede entre ambos.
No se detiene hasta que la última oleada del fuerte orgasmo que tengo termina de sacudir mi cuerpo vacío, mi respiración es irregular y por un momento creo que voy a desmayarme, pero no sucede, en lugar de eso todos los pensamientos lógicos acuden a mi mente para llenarme de preguntas y juicios infinitos.
Me quedo ahí, apoyando la frente en su hombro esperando a que la inestabilidad abandone mi anatomía maltrecha, siento ganas de llorar hasta secar cada célula de mi cuerpo, de gritar hasta escupir mis pulmones podridos y me odio por lo que acabo de hacer, me doy asco porque todo se está yendo al carajo y es solo mi culpa.
Lo siento salir de mí y el vacío se incrementa de manera abrumadora mientras yo me convierto en un frasco desocupado, me siento plástica como si fuese un recipiente inerte y completamente usada, mas no puedo quejarme porque yo lo he querido así.
Me deja despacio en el piso, medio desnuda con las manos aun esposadas en tanto que camina en la dirección opuesta poniendo el pantalón en su lugar y por un segundo creo que se ha olvidado de mí pero no es así, va en busca de las llaves que ha dejado en la banca.
Me cubro el pecho descubierto con las rodillas porque nuevamente me he llenado de pudor mientras los ojos se me humedecen por todo lo que siento. El cabello se me pega al rostro con el sudor e intento cubrirme la cara con él para que Edward no se de cuenta de todo lo que me está pasando en aquel instante, pero es en vano, él me ve el rostro y en cosa de segundos me ha hecho una leída completa.
Abre las esposas y yo imagino como he de verme desde su posición... El llanto me aflora del pecho sin control y como una niña pequeña me abrazo las piernas, sin pensar siquiera en ir por mi ropa.
Yo me lo he buscado, yo lo he querido, yo se lo he pedido, yo, yo, yo... entonces me doy cuenta como todo se reduce a un solo pensamiento que me aplasta el cerebro y aniquila mis esfuerzos, el corazón se me detiene ante la revelación que he tenido en los últimos segundos, es lo que merezco. Comprendo en aquel instante la verdad de aquello, recién en ese momento luego de semanas de encierro, cual es la idea que me ha estado comiendo el corazón desde que he llegado a aquel lugar, yo me merezco el dolor, la humillación y el sufrimiento, yo necesito ser maltratada porque mis malas decisiones me han llevado a eso.
Un llanto histérico se me escapa un par de segundos mientras siento que todo cuanto creía se cae al suelo, se me caen de las manos y no puedo agarrarlos, todos mis ideales se quiebran como jarras con agua, se esparcen por el suelo empapándome de la culpa, de la vergüenza, de la decepción porque aquella chica decidida repleta de convicciones que la hacían luchar por lo que quería ya no estaba.
Lo veo frente a mí observándome con sus ojos verdes confundidos, con mi ropa en las manos temblorosas y la disposición de ayudarme, allí está nuevamente sosteniéndome para que no caiga al abismo absoluto al que quiero saltar.
Me levanta y antes de hacer cualquier cosa besa mi mejilla con tal dulzura que siento el corazón comenzar a latir nuevamente, la sangre fluir y el alma volver al cuerpo. Baja mi camiseta para cubrir mis senos y se inclina para calzarme los jeans, para vestirme como ha hecho antes, pero no hace falta porque he reaccionado y en silencio lo hago yo.
Está tan desconcertado que no habla para no cometer una equivocación, pero eso le impide hacer algo, no sabe como actuar, si alejarse o quedarse junto a mí, tampoco quiero hablar pero lo tomo de su remera blanca y me acurruco como puedo a su pecho, estrecha sus brazos en torno a mí suspirando.
¿Puedo merecer el abuso?
Me cuestiono mientras Edward se sienta en el piso y palmotea el suelo junto a él para que lo acompañe. Me instalo ahí, porque lo necesito para no colapsar, el debate es infinito y tremendamente devastador, mi conciencia lo niega, mi mente grita que no puedo merecer algo como eso, nadie lo merece, pero mi corazón sigue sintiéndolo así.
Entierra su nariz en mi cabello, él no ha abusado de mí, no lo ha hecho por más que yo haya querido que así fuese, esa jamás ha sido su intención, no ha hecho más que lo que yo he permitido, una punzada en el corazón me hace temblar porque lo necesito, porque sin él me volvería loca, porque con él me vuelvo loca.
—Qué es la cordura si puedo tenerte a ti —digo cerrando mis brazos en torno a él para que no se aleje jamás, porque dentro de mi locura él se convierte en el aire que respiro.
La cordura, los sentimientos, los pensamientos no son nada si no te tengo
BUENASSSS estoy eufórica porque adivinen quién hoy cumple 23 años y prepara una fiesta... YO, ok no preparo una fiesta real pero haremos esto, este capítulo será mi fiesta para ustedes y sus reviews serán mis regalos (? Quiero como siempre dar gracias a esos seguidores fieles: luluu, kcgc, florcitacullen son lo más! estamos cerca de los primeros descubrimientos y se va observando de a poco cómo bella cae en las garras de este síndrome. Me alegro que disfruten la lectura. Como siempre digo, si les ha gustado esta historia no olviden dar follow y si les encanta siempre pueden agregarla a su lista de favs.
Las dejo por ahora, que tengan un hermoso domingo! Yo iré a comer torta jeje
