(Card Captor Sakura y sus personajes son propiedad de CLAMP)

Mentir por Amor

Capítulo 20

Inocencia

(Sakura)

—¡SHAORAN!

Una y otra vez estallo en sollozos mientras el dolor físico que experimenta Shaoran se hace también mío. Lo sostengo entre mis brazos esperando a que, como siempre, me mire con esa dulce mirada que sólo puede ser suya. Pero ahora los ojos de Shaoran son dos cuencas vacías de color ámbar. Nada más que eso.

—¡No, Shaoran! ¡No me dejes! ¡NO! —grito desesperadamente mientras destrozo un poco más mis cuerdas vocales. Shaoran no responde ni se inmuta. Me mira con los ojos que ya no ven nada, con un corazón que no siente y una boca que no habla.

El silencio sólo roto por mi llanto es tan profundo e inmenso que siento cómo poco a poco me acuchilla, como la propia sentencia de muerte que esa estúpida profecía ha dictaminado sobre el cuerpo inerte de Shaoran. Tiemblan, tiemblan mis manos, palidece mi rostro mientras mi piel y mi vestido se manchan de su sangre, sangre derramada inocentemente por amor. Me abrazo al cuerpo de Shaoran con ansiedad, tratando de distinguir el débil palpitar de sus latidos al apoyar mi oído derecho sobre su pecho. Espero uno, dos, tres segundos… y de pronto escucho algo. No sé si es una ilusión manifestada por el deseo de que aún siga vivo o si de verdad su corazón todavía continúa latiendo, pero lo cierto es que una inmensa felicidad invade mi ser cuando oigo ese ligero bombardeo resonando en su interior.

—Shaoran, por favor… No te mueras… Te quiero…

—Sa… kura…

Una mano blanca y fría acaricia mi mejilla mientras esa voz ronca pronuncia mi nombre una vez más. Shaoran a duras penas puede moverse, pero lucha por sobrevivir aun sabiendo que eso es algo inútil. Está herido de muerte…

—Por favor, Shaoran… No…

—Shhh… —susurra mirándome con lágrimas en los ojos. Lágrimas que no se atreven a caer— Esto es… lo mejor… para… los dos, Sakura… Ahora podrás ser… libre…

—Yo no quiero esa libertad. ¡No la quiero si tú no estás a mi lado disfrutando de ella!

Shaoran inclina un poco la cabeza y posa sus manos sobre las mías, las cuales taponan la herida en su pecho.

—Saca la espada —ordena muy despacio. Yo me niego en rotundo— Vamos… sácala y todo… terminará.

—¡No! ¿Por qué quieres entregar tu vida por la mía?

—Porque… yo sin ti no podría… vivir —masculla atragantándose con una repentina tos— En cambio tú sin mí… podrás salir adelante. Estoy… seguro de que lo conseguirás…

No puedo creerme lo que me está diciendo. Ni yo ni ninguno de los aquí presentes. Todos permanecemos atónitos por el curso que están tomando los hechos, como si estuviésemos dentro de una nueva profecía aunque, por supuesto, esto fuera algo inevitable.

Mis lágrimas empapan el rostro de Shaoran cuando vuelvo a hablar.

—Te equivocas. Sin ti no podré…

—Por favor, Sakura, sé fuerte —dice con amargura mientras intenta secar mis lágrimas con la punta de su dedo índice— Y… no llores… Nunca vuelvas a… llorar por mí. Sólo ten en mente… que yo, pese a todo… siempre te he amado. Y siempre te ama…

Los latidos de Shaoran tocan a su fin antes de que pueda finalizar la frase. Se va así, entre mis brazos que ahora son los de la Muerte. Shaoran… se muere…

—¿Shaoran…? —murmuro con un miedo indescriptible que se deja entrever en el tono de mi voz. Él ha cerrado los ojos para no volver a abrirlos. Pero esa hipótesis no quiere cobrar fuerza en mi cabeza mientras aún sienta su piel junto a la mía. —¡Shaoran!

Eriol corre junto a mí en el momento en que de nuevo vuelvo a ensordecer el mundo con mis gritos. Me abraza con fuerza sin soltar a una todavía inconsciente Tomoyo, intentando calmar mi dolor sin conseguir nada. La idea de una vida sin Shaoran se me hace muy cuesta arriba, imposible del todo… Y por un breve instante de tiempo deseo que la hoja de esa maldita espada, asesina de Shaoran, también se hunda en mi pecho.

Lyang avanza hacia la escena dando traspiés, con la vista fija en su hijo muerto, el cual clava sus ojos en algún punto vacío del negro techo. Extiende una mano, pero yo me interpongo entre él y Shaoran. No quiero que lo toque, no quiero que manche lo que un día fue ni que tan siquiera vuelva a pensar en cómo se llama. Shaoran no se lo merece… En realidad, no merece nada de lo que le ha pasado a lo largo de su vida, ni todo el dolor ni el sufrimiento causados, ni el arrebato de esa infancia que tuvo que perder a la fuerza, ni mucho menos un padre que manipula y juega con vidas ajenas y no tan ajenas para lograr sus más oscuros fines. ¿La inmortalidad? ¡Espero que te pudras en ella, Lyang Li!

—Pobre iluso —masculla frunciendo el entrecejo— Pensar que dando su vida podría salvarte… Pero tú también estás muerta, Sakura Kinomoto. Él ha sentenciado tu fin con su propia muerte…

Intenta tocar a su hijo otra vez mientras sonríe malévolamente como un loco desquiciado que rechaza por completo cualquier ápice de cordura que pudiera poseer.

—¡No lo toques! —grito con todas mis fuerzas revolviéndome entre los brazos de Eriol sin dejar de soltar a Shaoran— ¡Déjanos en paz! ¡Él ya está muerto! ¿Qué más quieres arrebatarnos?

Lyang retrocede un par de pasos, pero no abandona la altanería que lo caracteriza ni por un segundo, sino que prefiere seguir regodeándose en su victoria.

—No lo entiendes, ¿verdad, niña? —pregunta tomándose su tiempo antes de responder— Daba igual que Shaoran muriera o no esta noche. Lo único que ha conseguido con desaparecer es que el equilibrio del mundo no se tambaleé, ya que la magia de Clow Reed no puede residir en la Tierra por separado. Yo, para lograr la Inmortalidad absoluta, debo reunir la magia que depositó Clow en ti y que aún duerme tranquila junto con mi propio poder. Que Shaoran haya muerto no cambia las cosas, puesto que la fuente de su poder también es la mía. Eso es algo que se ha buscado él solito por imbécil y por niñato, por haberse enamorado de quien no debía.

—¡Shaoran no es imbécil ni tampoco un niñato! ¡Es mucho más hombre de lo que tú podrás llegar a ser algún día! ¡Él se ha sacrificado por amor y eso es algo que tú jamás podrás entender!

Eriol me da un apretón en los hombros como advirtiéndome de que mida cuidadosamente las palabras antes de soltarlas por la boca, pero la ira y la rabia me consumen tantísimo y me hacen tanto daño que yo, sinceramente, ya no puedo controlarme ni permitirme el lujo de guardar silencio. Shaoran ha muerto. Y eso es algo inadmisible, imperdonable… Algo que no pienso pasar por alto

—¿Y qué con eso? —espeta Lyang con dureza— ¿Qué ha ganado? ¿Qué ha conseguido? No ha logrado ni su felicidad ni la tuya. El amor que a ti te profesaba no ha sido suficiente para salvarlo. Y tampoco podrá conservar tu vida. Prepárate para morir, Sakura Kinomoto.

Lyang alza sus manos al cielo y extrae de ellas un bastón de una longitud considerable, de color dorado y con una extraña forma coronando el extremo superior. Es idéntico al que vi en mi sueño en aquella Torre de Tokio… Me apunta directamente con él sin pensárselo dos veces.

—Eso es el bastón que antaño pertenecía a Clow Reed —explica rápidamente Eriol— Con él combinaba los poderes del sol y la luna para fortalecer su magia y realizar los conjuros más complicados de la magia negra…

Lyang no le da tiempo a terminar.

—Apártate, Eriol. O tú también morirás.

Eriol no se mueve de su sitio, sino que me deja a Tomoyo y se sitúa delante de nosotras con los brazos extendidos a lo largo de su cuerpo.

—No pienso consentir que le hagas más daño a mis amigos.

Del bofetón que Lyang le suelta a Eriol en toda la cara, éste no vuelve a pronunciar palabra, sino que se queda anclado al suelo sin poder despegar los pies por mucho que lo intente. Comprendo entonces que Lyang ha debido de embrujarlo para impedir cualquier tipo de movimiento. Eriol fija una mirada inexpresiva en Tomoyo, tal vez implorando al cielo que no le suceda nada por estar entre mis brazos. Yo le hago una seña prácticamente imperceptible para evitar que se preocupe. Yo moriré, pero no pienso llevarme a mi amiga conmigo.

—¡Devuelve a Tomoyo a la normalidad! —exijo sujetando con firmeza su frágil y pálido cuerpo— ¡Has hecho un trato con Hiiraguizawa! ¡Cúmplelo!

—Por supuesto que lo haré —ronronea Lyang con una sonrisa de lo más superficial pintada en su rostro de duras facciones— Pero lo haré después de que tú mueras. ¡Deja de ser un estorbo y desaparece!

Lyang se precipita sobre mí en el momento en que termina su amenaza. Me aparto bruscamente para evitar que me toque y en el camino de mi adversario se cruza Tomoyo, la cual se ve propulsada por una fuerza sobrehumana hacia el lugar en donde Eriol está, cayendo de bruces contra el suelo y llevándose un fuerte golpe en la cabeza.

—¡Tomoyo!

—No gastes aliento… Ella ya no te responderá.

—¡Sakura! —unos metros más a la izquierda, Eriol, haciendo un gran esfuerzo por su parte, logra desplazarse los centímetros necesarios para recoger a Tomoyo y hacerse cargo nuevamente de ella. Suspiro aliviada cuando vuelvo a verlos juntos. Están a salvo… de momento— ¡No te preocupes por nosotros y céntrate en el combate! ¡Tienes que aprovechar la oportunidad que Shaoran te ha brindado! ¡Debes vivir por él!

Asiento con la cabeza mientras me recupero del golpe y visualizo la espada que he arrojado minutos antes, cuando estaba enzarzada en la pelea con Shaoran.

Shaoran…

¡No! ¡No puedo pensar en eso ahora! ¡Si muero Shaoran habrá entregado su vida en vano! ¡He de impedir que eso suceda! ¡Pase lo que pase viviré!

—No tienes nada que hacer contra mí, ¿me oyes? —interviene Lyang cortando el hilo de mis pensamientos— ¡Ríndete ahora que estás a tiempo y entrégate a mí! ¡Dame tu poder! Vamos… ¡Concédeme la Inmortalidad!

—¡No pienso abandonar nunca!

Y me deslizo entre los ataques de Lyang buscando el hueco que necesito para escabullirme y hacerme con la espada que yace inerte en el suelo unos metros más allá. Mientras tanto, Lyang intenta alcanzarme en mi huida hacia la vida que él ha despreciado para su propio hijo. Hablo. Le hablo a él; a Lyang. Hablo a la par que me muevo como si estuviera interpretando la más bella de las coreografías con la intención de desconcentrarle, de hacer que no me siga el ritmo y que se pierda en su propio remolino de venganza. Corro de un lado para otro lanzando algunos hechizos defensivos que Shaoran me enseñó; escudos y barreras que frenan los ataques de Lyang durante algunos segundos. Y cuando ya estoy a escasos centímetros de la espada, Lyang se percata de mis intenciones.

—¡Quieta! —grita corriendo hacia donde yo me encuentro, todavía sin tomar la empuñadura entre mis manos.

Y yo, haciendo caso omiso de su advertencia, recojo la espada del suelo y lo apunto con la afilada hoja. Lyang vuelve a sonreír y lanza un poderoso conjuro con su bastón dorado. Del extremo superior saltan chispas rojas y verdes que rodean la espada y empiezan a oxidar el filo plateado, a carcomer el metal, taladrarlo y destruirlo por completo. Zarandeo el arma de un lado para otro tratando de disipar esos extraños chorros de luz que se han enroscado como serpientes a lo largo de toda la espada, pero ya es tarde. Antes de que pueda hacer nada, el arma se deshace en un millar de granitos de ceniza gris.

Abatida caigo de rodillas contra el suelo, alcanzando el cuerpo sin vida y desangrado de Shaoran, el mismo que todavía tiene hundida su propia espada en su pecho. Me acurruco a su lado y, sintiéndome débil, frágil, pequeña y de lo más infantil e inútil, rompo a llorar.

Es entonces cuando sé que yo también voy a morir.

—Perdóname, Shaoran… No he sabido preservar lo que tú me has dado. Lo siento tanto…

—¡No te rindas, Sakura! —grita Eriol, pero él ya no puede hacer nada para que yo cambie de idea. Ahora sí que se acabó— ¿Dónde se ha visto que Sakura Kinomoto se rinda? ¡Tú puedes!

No… He perdido… Ahora lo sé… De esta batalla y de esta guerra… yo ya no seré la vencedora. Perdonadme también vosotros, Eriol y Tomoyo…

Las lágrimas me impiden ver la figura de Lyang cuando éste se arrodilla a mi lado y deja suspendida en el aire su mano derecha a unos pocos centímetros de mi cabeza, sin llegar a tocarme siquiera. En su fuero interno lucha por no reírse, pero lo que más desea, a parte de su preciada inmortalidad, es poder regodearse a gusto de su victoria.

—¿A qué esperas? —pregunto yo sin poder soportarlo más— Venga, adelante… Has ganado… ¡Quítame la vida al igual que has hecho que tu hijo muriera!

—Todos sois unos inútiles, incompetentes e innecesarios —murmura sin alzar demasiado la voz mientras las luces encendidas de la Torre de Tokio colorean de anaranjado su semblante relajado— Si de verdad supierais de qué va la vida lucharíais conmigo. Serías inmortales junto a mí… Y construiríamos juntos un mundo mejor…

—Estás loco…

—Pero vuestra decisión es otra, ¿verdad? —masculla acercando su cara a la mía, dejando que su aliento toque mi piel— Voy a contarte un pequeño secreto, Kinomoto. Guarda silencio porque Eriol no debe enterarse, ¿eh? Para eso están los secretos. Para no ser revelados jamás. Aunque contigo podré hacer una excepción. A fin de cuentas dentro de nada estarás muerta y yo habré borrado cualquier recuerdo que pueda quedar en aquellos que te conozcan para no causarles dolor.

—¡Eso lo harías para que no relacionaran mi muerte contigo, cabrón! —grito escupiendo las palabras con asco— ¡No quiero saber nada de lo que tengas que decirme!

—Pero yo sí quiero que lo sepas —dice acercándose todavía más y acariciando el pelo de su hijo, un gesto que no me da tiempo a impedir— Verás, una vez muerta tú, también acabaré con la vida de tus amigos. Eriol Hiiraguizawa y la tal Tomoyo Daidouji caerán aquí, esta misma noche.

—¡Maldito hijo de…! ¡Dijiste que ellos dos serían libres! ¡Era un trato!

—Y no sabes lo que me gusta romperlos. Ahora sí, Sakura, no quiero alargar tu vida durante mucho más tiempo, así que ha llegado el momento del adiós definitivo. ¿Estás lista?

Yo ya no escucho las palabras de Lyang. No oigo absolutamente nada. Sólo tengo un pensamiento que no quiere abandonar mi cabeza; que todos sin excepción vamos a morir y que luego nuestros recuerdos serán borrados de las mentes y corazones de aquellos a los que un día conocimos. Moriremos todos… como Shaoran, como Ielan y como todos los que se han quedado en el camino de esta historia… Sólo quedará Lyang Li en un mundo vacío y desolado. Un mundo en donde nuestra existencia habrá perdido toda la vigencia que le corresponde tener.

No… No me gusta… No quiero un mundo como ése aunque yo no esté para verlo.

No… ¡No quiero! ¡No me gusta nada!

—¡No pienso consentirlo!

Se oye un fuerte estallido procedente de algún lugar cercano. Tanto que incluso creo que semejante ruido procede de mi propio cuerpo, y un fulgor, un resplandor azul plateado emerge del interior de mi pecho creando una especie de película alrededor de mi piel. Es una sensación cálida y suave, relajante… como el agua…

Lyang grita mientras dicta su sentencia final sobre mí. Y entonces, al fin, se decide a tocarme por primera vez.

(Shaoran)

La muerte… A decir verdad es mucho más sencillo vivir el momento que pensar en cómo será hasta que llega. No es nada del otro mundo, tan sólo la línea que separa el decir "hoy estoy aquí y mañana ya no". Duele, para qué negarlo… Pero sólo es dolor físico, ése que a los dos segundos te deja tranquilo y lo olvidas para siempre. Estoy plenamente convencido de que, si yo he muerto esta noche, no ha sido por clavarme semejante arma mortal en el pecho, sino por ese par de ojos verdes inundados en lágrimas que me suplicaban una y otra vez que les quitase la vida. Ese dolor permanecerá en mí aún después de muerto. Estoy seguro de ello.

Ya está, al fin soy libre… Disfruto de la libertad sin ti… Sin Sakura. ¿Te das cuenta de la cantidad de cosas que ya no vamos a poder descubrir juntos?

Pero te lo juro, mi vida… Yo también quería sonreír, ser feliz contigo. Quería que nos perteneciera una fecha, nuestra fecha, la más bonita. Sólo para ti y para mí. Deseaba tener un estado que llevase tu nombre, marcar el número de tu teléfono con los ojos cerrados y esperar un par de tonos para escuchar tu voz cada día en que no pudiésemos vernos. Deleitarme con una caricia, un beso, un "te quiero" que procediera de tu boca. Quería llevarte en mi mente, recordarte en mi memoria, conservarte en mi corazón y, por supuesto, que hicieras nuestra una canción, la más dulce, la más emotiva, la más suave. Quizá la más heavy, yo qué sé, pero que fuera sólo nuestra. Necesitaba que me amaras, así como tú necesitabas que yo te amara a ti. Ansiaba darte todo. Entregarme a tu piel. Ser única estrella de tu universo, convertirme en la luz que alumbrara tus días. Yo también quería decirte una y otra vez que me encantas, quería escuchar de tu boca que me adoras. Quería estar contigo aún cuando tú no quisieras saber nada de mí. Hablar con sinceridad, atreverme, respetar, crecer, tener valor o simplemente ser valiente para no dejarte nunca marchar. Mi vocación jamás fue la de ser escritor pero, pretendía escribir nuestra historia, ¿sabes, Sakura? La más bonita de todas, y crear así páginas distorsionadas de esta realidad, pues deseaba que ésta vez tuviera un final feliz. Sí, te quería a ti y sólo a ti. Y también quería vivir. Eso no era una mentira ni ninguna fantasía inventada, vida mía… Yo quería vivir junto a ti.

A duras penas creo que me pongo en pie y me encamino hacia ninguna parte. Tratar de ver algo es inútil, pues lo único que hay es oscuridad. Todo aquí es tan negro que ni yo mismo puedo verme, así que ni siquiera sé si conservo mi cuerpo intacto o si me he convertido en una especie de alma en pena que busca tratando de hallar consuelo en el lugar equivocado y de la forma errónea. No hay nadie. Sólo estoy yo deslizándome entre las sombras de un mañana en el cual mi futuro ya no tiene vigencia alguna.

Sakura… No me arrepiento de haber muerto si con ello he conseguido salvarte. Mil veces deseaba mi muerte antes que la tuya, te lo aseguro… Desde el mismo momento en que supe que uno de los dos tendría que abandonar irremediablemente al otro, comprendí que ése alguien a la fuerza iba a ser yo… Pues no iba a permitir que nada malo te sucediese. Aún así, a partir de ahora no soy capaz de imaginar una vida sin ti, si se le puede llamar así…

Las horas fluyen en el reloj del tiempo a medida que camino en el más profundo de los silencios. Por más que ando y ando nunca llego a cansarme, como si me sobrara energía. Tal vez se debe a que el camino tampoco quiere terminarse, sino sólo seguir adelante.

Si de verdad esto es la muerte, tampoco resulta tan desagradable como yo la concebía en mi cabeza. Es incluso apacible ser el dueño de un mundo que sólo es tuyo. Soportar la soledad es otra cosa, pero en alguna parte de este extraño lugar debe haber algún pobre diablo con quien poder compartir los ratos de angustia que me esperan si tengo que vagar sin rumbo fijo dentro de esta oscuridad.

Es increíble… Pienso que después de todo lo que me ha pasado no me merezco un final así… ¿Cómo es posible? ¡Lucha, Sakura! Porque es la única manera de que esta historia termine bien, al menos para ti.

—Y ella así lo hará.

Una repentina luz ilumina mi rostro permitiendo una ligera visión de lo que me rodea. El corazón me da un vuelco cuando escucho esas palabras. O más bien, cuando ese tono de voz llega a mis oídos. Arrogante, imponente y altanero. Pese a todo, femenino hasta la muerte… y nunca mejor dicho. Sus ojos se clavan en los míos desafiándome a entender el misterio que con su presencia se acaba de revelar, pero yo lo único que puedo comprender con semejante visión es la certeza de que realmente estoy muerto.

La mujer retira algunos mechones de pelo negro y largo de su cara y me observa con ternura mientras deposita sus manos sobre mis hombros y acaricia mi piel por encima de la camiseta. Así, lentamente, como si no tuviera prisa, como si quisiera perderse dentro de esa delicada caricia similar al roce de un pétalo perteneciente a una flor cualquiera en tu mejilla. Es suave y también cálida, porque a fin de cuentas, ese gesto no deja de ser suyo.

—Mamá…

Y el curso de las lágrimas es prácticamente irrefrenable. La abrazo con fuerza, arrugando los pliegues del kimono que ella viste entre mis manos, sintiendo la delicada tela junto a mi pecho, en donde yace un corazón que ya no late. Ielan enreda sus dedos en mi pelo mientras sonríe abiertamente y trata de transmitir en silencio todo lo que las palabras no pueden llenar. Al fin nos hemos reunido los dos tras tanta penuria. Ahora puedo despedirme de ella como es debido… O mejor dicho, que ella misma me dé la bienvenida a su propio mundo; el de los muertos, pues he comprendido que el de los vivos ya no está abierto para mí.

—Has hecho bien, Shaoran —masculla sin dejar de abrazarme— Estoy muy orgullosa de ti, hijo.

El momento es tan emotivo que no soy capaz de pronunciar palabra, así que sólo me dejo llevar por la persona que me arrulla sin pensar en nada más. ¿Cuántas veces he perdido la ocasión de disfrutar de detalles como estos durante mi niñez? Es cruel que a un niño le arrebaten el cariño de su madre cambiándolo por falsas palabras, por espadas y deseos de venganza. Pero ahora todo eso se ha acabado… y siento como si una parte de mí hubiera sido liberada, como si a partir de este preciso instante fuese capaz de sonreír por el resto de mi existencia, sea cual sea.

Ielan se separa unos centímetros de mi cuerpo y rodea mis hombros con sus brazos mientras los dos echamos a caminar en medio de esta oscuridad impenetrable que, de pronto, no parece tan profunda. Avanzamos en silencio, dejando que nuestros sentimientos hablen por nosotros. Lo cierto es que nunca hemos sido demasiado abiertos el uno con el otro. En vida nos queríamos, sí, y por supuesto, eso es algo que en muerte no cambiará, pero tampoco lo hará la relación que teníamos. Ni se distanciará ni se hará más estrecha. Sin embargo, ninguno de los dos necesita nada más.

—Mamá —susurro rompiendo el silencio— Ya sé que es estúpido preguntarlo, pero… ¿estoy muerto? ¿Y tú…?

Mi madre levante el dedo índice de su mano izquierda, llevándoselo a los labios. ¿He hecho mal en romper el silencio que nos embriagaba?

—No me corresponde a mí explicarte esos detalles, Shaoran —contesta mirando al frente y sin apartar su brazo derecho de mis hombros— Vamos, nos están esperando.

—¿Esperando? ¿Quiénes?

Ielan dibuja una sonrisa misteriosa en los labios que rápidamente acaba contagiándome. Ya se me había olvidado que ella podía sonreír así.

—Aquellos que te darán las respuestas a tus preguntas.

Y con eso continuamos caminando con la sensación de que en verdad no avanzamos nada, pero con la certeza de que toda esta historia comenzará a tener sentido dentro de muy poco. Los minutos corren mientras Ielan y yo volvemos a revivir juntos cada segundo que nos han arrebatado. Cuesta entender que el causante sea también una persona a la que nosotros considerábamos realmente importante. Tanto, que incluso cualquiera de los dos hubiera podido dar la vida por él. Pero ya no. Ya no estamos ciegos. Y sólo ahora sabemos que la realidad de Lyang es otra muy distinta. Supongo que él jamás nos tuvo en cuenta. No supo distinguir que nosotros éramos su verdadera y única familia.

—Es aquí.

Ielan detiene sus pasos tan pronto como abre la boca y yo, instantáneamente, me quedo petrificado en el sitio. No veo nada que sea diferente de donde hemos venido. El oscuro paisaje no ha cambiado ni un ápice desde que yo he aparecido en este mundo. Todo sigue tan muerto y vacío como era de esperar.

—¿Aquí? ¿Qué tiene de especial este sitio? —pregunto con curiosidad y unas cuantas dudas rondando en mi cabeza, las cuales no quieren abandonarme— Además… Aquí no hay nadie. ¿No nos estaban esperando?

Ielan suelta una carcajada un tanto amarga mientras acaricia mi mejilla con la yema de sus dedos.

—La paciencia nunca ha sido lo tuyo, ¿eh, Shaoran? Veo que eso no ha cambiado…

Yo no diría que esa es una afirmación tan rotunda que desborda una seguridad aplastante por cada palabra. En realidad, he esperado casi dieciocho años para encontrar al amor de mi vida, todo para que al final yo terminase separado de ella por leyes que superan cualquier posibilidad de marcha atrás. Sin embargo, no me da tiempo a rebatir lo dicho por mi madre, pues frente a nosotros comienza a vislumbrarse una figura envuelta con una túnica blanca.

La silueta de una mujer se dibuja muy despacio ante nuestros ojos, los míos más atónitos que los de mi madre, que permanecen tranquilos y serenos, con su habitual fulgor de siempre. Supero por poco su estatura cuando la veo más de cerca, y su pelo largo, negro y rizado se deja entrever bajo la capucha que cubre su rostro y que rápidamente se esmera en quitar de en medio, dejando al descubierto unos hermosos ojos verdes. Unos ojos como los suyos

Y de la impresión que me causa esa mirada creo enmudecer. Pero no, pues de pronto mi boca gesticula con su nombre en mis labios como si fuera un acto reflejo.

—¡Nadeshiko! ¡Nadeshiko Kinomoto!

Ella asiente con la cabeza y se apresura a tomar sus manos entre las mías con un deje de amargura por toda expresión. Su piel es cálida, suave, como la de su hija… Y es justo esa sensación tan terriblemente familiar lo que me obliga a apartarme, a romper ese contacto tan deprisa como puedo. Nadeshiko no se lo toma a mal, sino que me mira con dulzura por toda respuesta. Me siento culpable.

—Lo siento —me disculpo en apenas un susurro.

—No, no pidas perdón —repone sin abandonar su sonrisa— Te estoy muy agradecida por lo que has hecho con Sakura, de verdad. Muchas gracias.

Inevitablemente siento unas ganas irrefrenables de abrazar a esta mujer, como si con ese gesto pudiera ella devolverme a la vida o hacerme revivir los momentos que pasé junto a su hija. Porque ya no hay duda, no necesito preguntárselo. Con lo que me dijo en nuestro último encuentro anterior a éste, sé con total certeza que ellas dos son madre e hija. Aún así, todavía quedan varios enigmas que sólo Nadeshiko puede descifrar.

—¿Por qué? —pregunto sin saber muy bien por dónde empezar— ¿Por qué te hiciste pasar por Yuuko Ichihara? Ella ya está muerta, ¿no? Dímelo, por favor, necesito saber tantas cosas…

Nadeshiko intercambia una breve mirada con mi madre, Ielan, la cual asiente con la cabeza, como otorgando permiso para que ella me dé todas las respuestas.

—Sólo quería preveniros —dice alzando la mano en mi dirección pero sin tocarme, temerosa de otro rechazo por mi parte.— A ti y a Sakura… Ella no sabía nada de la existencia de Yuuko, pero tanto tú como Eriol sí. Y yo, de alguna manera, quería avisaros de todo lo que os tocaría vivir para que pudierais salir adelante y no abandonar vuestros objetivos. Pensé que eso os ayudaría, por eso adopté su forma. Nada más.

—Prevenirnos… ¿De qué exactamente? ¿Y por qué no lo dijiste en abierto, sino que sólo nos dabas pistas? No lo entiendo…

Ielan da un paso al frente y me encara consiguiendo intimidarme con una simple mirada. Eso es algo que tampoco ha cambiado.

—Guarda silencio y escucha con atención, Shaoran, antes de hacer ninguna pregunta —comenta lentamente para que yo vaya asimilando todo lo que me tiene que decir. Nadeshiko deja vagar sus ojos de Ielan a mí y viceversa sin atreverse a pronunciar palabra— Sí. Si por si acaso tenías alguna duda de ello, Nadeshiko Amamiya, ahora Kinomoto, es la madre de Sakura. Tanto ella como yo, como su padre, Fujitaka Kinomoto, y como el tuyo, Lyang Li, sabíamos de la existencia de una profecía que cambiaría por completo el mundo mágico, otorgando el pleno poder a uno de los dos clanes que se formarían con la división que antaño realizó Clow… o destruyéndolo para siempre. Conscientes de las consecuencias que esto acarrearía, tratamos de romper dicha profecía para que los últimos herederos, Sakura y tú, no sufrierais en vuestro encuentro, en vuestro periplo por cumplir o romper el hilo de vuestro destino. Pero todo fue inútil; no conseguimos destruir el maleficio que, sin duda, recaería sobre vosotros. Y una noche de invierno, antes de que Sakura o tú nacierais, Nadeshiko y yo tuvimos el mismo sueño. —Ielan hace una pausa de apenas dos segundos, observando mi reacción e intentando averiguar hacia dónde vagan mis pensamientos— Soñamos con el futuro que estaba por llegar.

Mis ojos se clavan en Nadeshiko buscando la confirmación de las palabras de Ielan. Ella asiente con la cabeza y continúa con la historia:

—Sí, es cierto. Ielan y yo soñamos con este momento y con todo lo que ha sucedido hasta ahora. Aunque la verdad es que vimos una realidad diferente en la que Sakura terminaba con la otra rama mágica, la vuestra, la de la Familia Li, cuando su poder Despertaba. Ella, a la edad de quince años, acababa con todos vosotros, corrompida por el poder que Clow Reed le cedió.

—Viendo cómo estaban las cosas —interviene Ielan—, decidimos crear un futuro alternativo en el que nadie sufriera daño alguno. Y es así como, unos años después de que Sakura naciera, Fujitaka, que había heredado el poder de Clow, le otorgó la mitad de su poder a Nadeshiko, un ser humano normal y corriente, huyendo ésta de su hogar tras ese intercambio. La profecía hablaba que Fujitaka conservaba la herencia de Clow Reed sin saberlo, pero lo cierto es que él era plenamente consciente de la magia que ocultaba en su interior.

Las palabras que fluyen de las bocas de estas dos mujeres se van convirtiendo poco a poco en ideas que revolotean inquietas en el interior de mi cabeza, creyendo ser las piezas de un puzle que, lentamente, comienzan a encajar.

—¿Por eso el poder de Sakura no se ha manifestado aún? ¿Porque tú te marchaste de su lado siendo ella una niña? —pregunto tratando de atar todos los cabos que me sea posible.

—Así es —contesta Nadeshiko— Para mí fue extremadamente difícil separarme de mis hijos y de mi marido, pero no tuve otro remedio. Si Sakura se criaba en una familia en donde yaciera oculto el pleno poder de Clow, aunque estuviera repartido en dos personas, su magia no tardaría en Despertar. Y no podíamos permitirnos eso. Fujitaka insistió en irse él, pero yo le aseguré que lo mejor sería marcharme yo. De haber permanecido los dos juntos a su lado, Sakura habría llevado a cabo el cometido de la profecía sin dudarlo.

—¿Y entonces por qué Fujitaka no te cedió todo su poder? Sólo te dio la mitad…

—Porque en el momento en que posees el don de la magia —explica Ielan— comienzas a nutrirte de tus poderes. Son como un órgano vital sin el cual no podrías vivir. Si Fujitaka me hubiera entregado todo su poder, él habría muerto. De todos modos, el poder de Sakura le viene dado por herencia directa de sus genes. Daba lo mismo que uno de los dos padres concentrara todo su poder y el otro se marchara. La magia de Sakura acabaría Despertando tarde o temprano. Además, queríamos tenerla bien vigilada para actuar en caso de que fuera preciso.

—En fin, volviendo al tema de que aquello conocido como sobrenatural es como un órgano vital que una vez se posee, se depende toda la vida de él… Incluso se da el caso —comenta Nadeshiko tratando de dar un paso más en la explicación. Yo escucho atentamente sin perder detalle— en que tu propia magia te absorbe por completo, creando de ti una imagen distorsionada de lo que en realidad no eres. Y eso sucede porque no eres capaz de controlarla, porque no eres consciente de que un gran poder, acarrea una gran responsabilidad.

—Te absorbe… —repito muy despacio. Y de pronto me veo a mí mismo en ese oscuro callejón en donde Sakura estuvo a punto de ser violada por aquel hombre. Fue odio lo que sentí entonces. Un odio profundo e inmenso que se adueñó de mi cuerpo, de todo mi ser. Tuve deseos de matarlo allí mismo. Y si no lo hice fue por ella, por Sakura… En ese momento pensé que a ella no le gustaría verme convertido en un asesino, ya que Sakura, no quiere hacer nunca daño a nadie ni ver sufrir a los demás. Es por eso que se me hace muy difícil la idea de que, en ese futuro que tanto mi madre como la suya vislumbraron, ella acabara con toda nuestra familia corrompida por ese poder.

—Sí, Shaoran. Y a veces, cuando es más grande que tú mismo, llega a manipularte —añade Ielan con amargura— Eso es lo que le sucedió a Lyang.

Lyang Li… ¿Su propio poder… le ha convertido en lo que es? ¿Es eso lo que pasará con Sakura si ella Despierta? No, me niego a creerlo… Sakura es dulce y amable con todo el mundo. Ella no haría nada de lo que mi padre hace. Pero… Las palabras de Ielan no pueden ser mentira, ¿verdad? Entonces, ¿qué debería creer?

A medida que trato de buscarle un nuevo sentido al asunto, siento que la cabeza me da vueltas y comienza a dolerme de forma exagerada. Es como si, de abrirse una puerta, se cerrara otra. Esto no conlleva a ninguna parte…

—Creo… que no lo entiendo muy bien. Lyang quiere la Inmortalidad, ¿no? ¿Qué tiene eso que ver con la profecía?

—Después de mucho investigar el tema —dice Nadeshiko—, descubrimos que, si el poder de Clow que estaba repartido entre sus dos últimos herederos, se reunía en una sola persona, alcanzaríamos la vida eterna. Algo que el mismo Reed rechazó por no ser capaz de vivir en ella. No es fácil ver cómo las personas a las que tú más amas van cayendo unas detrás de otras. Clow no pudo soportar ver morir a sus seres queridos mientras él estaba condenado a ser inmortal, a quedarse solo por los restos. Y por eso mismo rompió su poder a sabiendas de que tras su decisión, y llegado el momento oportuno (éste), su magia resurgiría en una nueva rama o sería destruida para siempre. Y pasase lo que pasase, para lograr cualquiera de las dos cosas, uno de los dos últimos herederos debería arrebatarle la vida al otro. Todo se reducía a Sakura o tú y viceversa. Así, para que sus futuras generaciones tuvieran pleno conocimiento de esto, Clow Reed creó la profecía y la dejó en un lugar estratégico para que la persona indicada la encontrara. Y esa persona no fue otra que Lyang.

—La Inmortalidad es algo muy apetecible, codiciado y deseado por cualquier ser humano, pues no hay persona que no sea vulnerable en ese sentido. ¿Quién no querría vivir para siempre? Si tú pudieras estar junto a Sakura indefinidamente, ¿a que no lo dudarías ni por un segundo y aceptarías el trato sin pensarlo? —continúa Ielan— Cuando supimos esto, todos prometimos no caer nunca en su trampa, rechazando cualquier cosa que pudiera conllevar a esa Inmortalidad no deseada. Lyang luchó con todas sus fuerzas para contrarrestar la tentación que semejante premio le podía dar… Pero no fue capaz… Y así es como murió.

—¿Qué?

De nuevo, todas mis teorías se derrumban con esa última palabra. Murió. Lyang murió… ¿Y con quién hemos estado viviendo durante todos estos años? ¿Acaso ése no era el verdadero Lyang Li? ¿Se trataba de un impostor?

—Lo que dice tu madre es cierto, Shaoran. Ahora yo estoy muerto, pero esa otra parte vive por mí…

Me giro bruscamente cuando ese tono de voz alcanza mis oídos. Y ante la sorpresa de creer que lo que estoy viendo no es más que una mera ilusión cuando en realidad de ficticio tiene, más bien nada, siento cómo el equilibrio me falla, aunque consigo mantenerme en pie.

Justo en frente de mí se encuentra mi padre; Lyang Li, ataviado con su traje ceremonial, la misma ropa que llevaba el día en que me reveló el secreto de la profecía cuando yo tenía siete años de edad. Su imagen iluminada por las llamas de todas las velas que rodeaban la cámara donde nos encontrábamos, aún no se ha borrado de mi memoria. Y tengo la impresión de que nunca lo hará.

—¡¿Qué haces tú aquí? —espeto con dureza y gritando más de la cuenta. Intento extraer mi espada de mi cuerpo, pero cuando junto las palmas de mis manos con esa intención, no sucede nada. Claro, el arma se ha quedado en el mundo de los vivos. Ya no poseo la facultad de invocarla mediante mi magia.

Mi mente trabaja a toda máquina buscando en algún resquicio la respuesta que necesito para la presencia de Lyang aquí. Y sólo se me ocurre que, de alguna forma, Sakura haya conseguido darle muerte, pero algo en mi interior me dice que eso no ha sido así.

—He venido porque era lo que debía hacer —explica acercándose lentamente— Me alegro de verte otra vez, hijo… después de tantos años…

—¿Qué insinúas? ¿Qué has hecho con Sakura y los demás?

Ielan detiene mis movimientos cuando yo avanzo con la idea de arremeter contra Lyang. Luego me mira, retoca mi pelo como una madre sólo puede hacerlo aun viviendo un momento como éste y me obliga a guardar silencio.

Sí… Es tal y como aquella noche hace once años… La noche en que se me otorgó la misión de destruir a Sakura.

—Ielan, Nadeshiko —dice Lyang observando a sus interlocutoras— ¿Me permitís a mí continuar con el resto de la historia?

—Claro.

—Por supuesto, ahora sólo puedes continuarla tú.

Yo no entiendo nada de nada. Ni esas contestaciones, ni esas palabras tan amables, ni mucho menos el respeto que los tres adultos parecen profesarse. ¿De qué van? ¿Será posible que ahora sea Lyang el que me dé todas las respuestas? Es de lo más irónico…

—Pues sí, Shaoran —comienza Lyang pintando una afable sonrisa en su rostro enjuto y cansado de deambular en la soledad de este mundo. Una sonrisa que, por cierto, es la primera vez que puedo contemplar— A medida que la idea de alcanzar esa preciada Inmortalidad cobraba importancia y vigencia en mí, mi poder aumentó de la misma manera, corrompiendo todo lo que yo era. Y para abreviar, todo se reduce a que pudo superarme en todos los sentidos. La magia está viva, Shaoran, viva… Siente y padece lo que se esconde en el rincón más oculto de nuestro corazón. Y ese deseo de vivir para siempre hizo que mi magia fuese capaz de crear otro yo que pudiese cumplir mis aspiraciones más oscuras, las que superaban por todo lo alto la promesa que hice con los Kinomoto y con Ielan. Sobra decir que lo consiguió. Y así surgió un falso Lyang alimentado con los sentimientos que, por mi propia conciencia, pretendía ocultar. Ese otro yo, motivado por la idea de vivir más que ningún otro ser humano, fue cobrando más y más fuerza… Y acabó destruyéndome por completo, siendo él el único Lyang Li sobre la faz de la Tierra. Yo lo único que pretendía era pasar el resto de mi vida junto a Ielan y junto a mis hijos. Os quería con locura y deseaba protegeros a toda costa, pero no fui capaz. No pude controlarme. Shaoran, mi otro yo es parte de mí, y sé que he hecho cosas horribles, pero esta es la verdad. En todos estos años no he dejado de pensar en mi familia y en la forma de salvarla. Tienes que creerne.

Lyang concluye su explicación sin dejar de sonreír, pese a la gravedad de las cosas que cuenta. Y en su expresión puedo ver que está siendo sincero, que no mienten sus palabras. Y por primera vez en mucho tiempo, siento que a esta persona sí puedo llamarla "padre".

—¿Cuándo sucedió todo esto? —pregunto refrenando las ganas de correr y abrazar a Lyang. Le creo. No hay duda de que no miente, de que su mirada refleja una sinceridad más que convincente. No puedo engañarme a mí mismo por más tiempo. Creo las palabras de Lyang… Y no hay más que hablar.

Él, adivinando mis pensamientos, no tarda en acercarse y enjaularme entre sus brazos.

—¡Vaya! Sí que has crecido… ¿Pero tú has visto a nuestro niño, Ielan? Ya es todo un hombre hecho y derecho —Lyang sonríe abiertamente mientras compara mi estatura con la suya. Aunque, por supuesto, él todavía me saca algún que otro centímetro. Ielan retira una lágrima que, solitaria, resbala por sus pestañas. Estoy seguro de que es la primera vez que puede ver a su hijo y a su marido de esta forma.

—Es que ya no soy un crío —espeto bromeando.

—Lo sé, Shaoran… Y esta noche lo has demostrado con creces —Lyang y yo nos separamos mientras él carraspea retomando mi pregunta— Bueno, no me queda mucho tiempo, así que… Sobre lo que estábamos hablando… Eso sucedió la noche anterior a la que tú te enteraste de todo. Ese Lyang que te dio a conocer la profecía ya no era yo.

—¿No hay ninguna manera de acabar con el falso Lyang?

Los adultos intercambian miradas cuyos significados sólo ellos comparten. Es finalmente Ielan la que toma la palabra:

—La hay. —contesta con seriedad— Pero eso no depende de nosotros. Ya no podemos hacer más.

—¿Cómo que no? —estallo de pronto ante la impotencia de sentirme un inútil por no ser capaz de solucionar las cosas— ¡No podemos quedarnos de brazos cruzados sin hacer nada! ¡Algo habrá que no hayamos intentado! ¿Qué pasa con Fujitaka? Él posee magia, ¿no? ¡Quizás pueda ayudarnos!

—¿Y qué pretendes conseguir estando aquí? —pregunta Lyang, pero su tono no es para nada estricto ni duro.

Sin respuestas, escondo la mirada ligeramente avergonzado. Mi padre tiene razón, pero me gustaría creer que tenemos alguna otra alternativa.

—En cuanto a Fujitaka —interviene Nadeshiko—, él no podría ser rival para el falso Lyang. Recuerda que me dio la mitad de su poder.

—¿Entonces qué…?

—Ahora dependemos de Sakura —continúa Nadeshiko— Sobre todo tú, Shaoran. Esperemos que su poder se manifieste de la forma en que debe hacerlo… Porque si no, todo este tiempo que hemos ganado, habrá sido en vano.

Nuevamente las palabras de Nadeshiko se transforman en un enigma para mí y así se lo hago saber. Aunque quede como un ignorante necesito conocer todos los detalles de esta historia.

—No comprendo…

Y es Ielan la que se decide a explicarlo.

—Estudiando el tema de la profecía, supimos que si provocábamos un encuentro entre tú y Sakura, tarde o temprano os acabaríais enamorando, y esa era la clave que necesitábamos para modificar el curso de los acontecimientos. Es aquí cuando contábamos con la intervención de Eriol —Eriol… el nombre resuena en mi cabeza provocándome un agudo pinchazo. ¿Él también lo sabía? ¿Y cómo se encontrará ahora? ¿Estará bien? Alejando estos pensamientos de mi mente, vuelvo a centrar mi atención en el diálogo de Ielan— A espaldas del Lyang falso, le contamos a Eriol todos nuestros planes para cambiar el futuro que el destino nos deparaba. Y él actuó como se esperaba que haría. Vamos, no me digas que no te habías dado cuenta ni sospechabas nada, ¿quién propuso a Sakura como la chica perfecta para ti, Shaoran?

No lo dudo. Me traslado a aquella tarde. Justo a aquel viernes 15 de noviembre, día en el que Yamazaki y yo esperábamos sentados a Ryuo y Eriol mientras contemplábamos el entrenamiento de las animadoras de Seiyô, donde Sakura se encontraba entre ellas.

—Fue él… Eriol Hiiraguizawa… Entonces… ¿Todo estaba planeado? Sakura y yo hemos vivido lo que hemos vivido… ¿Por vuestra propia voluntad?

—Exacto. Porque, a fin de cuentas, en este mundo no existen las coincidencias, sólo lo inevitable. Ya deberías saberlo, Shaoran. —comenta con solemnidad dispuesta a continuar. Yo, por mi parte, no sé cómo reaccionar. No sé si debería sentirme triste, enfadado o decepcionado. Se me hace muy cuesta arriba pensar que lo que compartimos Sakura y yo siempre ha estado manipulado— Lo que no imaginábamos es que él, que Eriol, caería en las redes de la otra chica, ¿cómo se llamaba? Ah, sí… Tomoyo Daidouji.

—¿Y ella qué tiene que ver en todo esto?

—Nada, a decir verdad. Simplemente fue un apoyo para Sakura cuando ella lo necesitó. Pero también es la causa de que Eriol nos traicionara esta noche. Sí, ha sido por amor… Pero no deja de ser una traición.

—Bueno, nos estamos desviando del tema —dice Lyang denotando cierta impaciencia. ¿O quizás lo hace en defensa de Eriol?— Lo que realmente importa, es que descubrimos que para cambiar el futuro, también debían hacerlo los propios Shaoran y Sakura. Ella podía cambiarlo a él y viceversa. De esta forma, también vuestros poderes (el de Sakura todavía latente) y vuestro modo de ver la vida serían modificados. Y la única manera de que esto sucediera es que ambos os enamorarais el uno del otro.

—Eso es algo que ya hemos conseguido —corrobora Ielan— Por lo tanto, sólo queda esperar… Y confiar en ella, en Sakura.

Sí, esperar y confiar… porque el misterio ya se ha desvelado. En parte sí, al menos… Pero aunque siempre se haya tratado de esto, todavía tengo algunas dudas que quiero resolver.

—Sé lo que vas a preguntarme —se adelanta Nadeshiko Kinomoto— Si no te dije nada durante los encuentros que hemos compartido, ya sea como Yuuko o como mi propio yo, es porque simplemente no me estaba permitido hablarte de todo lo que ya sabíamos. Tu forma de actuar no habría sido la misma de haber sabido la verdad. En otras palabras, no habrías tomado el camino que nosotros queríamos que tomaras. Por ello, sólo os daba pistas, como cuando desaparecía dejando un clavel y un manto, ambos de color blanco.

—¿Y ahora puedo saber qué significado tenían?

—"Nadeshiko" es el nombre de aquella flor conocida como clavel. Si tú se lo mostrabas a Sakura, yo creía que ella se daría cuenta de que podía estar relacionado conmigo y así descubrir que en realidad yo estaba viva. Pero mi hija no supo darse cuenta. —abro la boca para formular otra pregunta, pero Nadeshiko se lleva el dedo índice a los labios invitándome a guardar silencio hasta que ella me cuente todo lo que tenga que contarme— El manto en sí no tenía ningún significado especial, al igual que el color. Podía haber escogido otro cualquiera, pero sencillamente me gusta el blanco. Lo siento si eso ha podido causar algún tipo de ambigüedad.

Claro… No podía ser otra cosa… ¿Pero cómo íbamos nosotros a saber todo esto? En lo único que pensamos era en sobrevivir a toda costa, en salvaguardar nuestro amor. No podíamos jugar a ser detectives privados.

—Sólo voy a decirte una cosa más, Shaoran, así que escúchame bien —dice Lyang apoyando sus manos sobre mis hombros— Así como tú esta noche has podido salvar a Sakura, ahora Sakura podrá salvarte a ti. —pese a la seriedad con que Lyang pronuncia esta nueva afirmación, no deja de sonreír ni por un segundo, lo cual hace que la situación resulte más convincente de lo que podemos imaginar— Porque al fin y al cabo… Todo irá bien.

—¿Sa… Salvarme? ¿Sakura podrá salvarme… a mí? Pero si yo estoy…

Los cuerpos de Lyang y Ielan comienzan a resplandecer en la oscuridad e incluso se elevan unos cuantos centímetros en el aire sin que me dé tiempo a terminar la frase. Ambos se toman de la mano mientras se miran con ternura y acarician mis mejillas a la par mientras yo, cómo no, no me entero de nada de lo que está pasando.

—El tiempo de Lyang y el mío propio están limitados —explica apresuradamente Ielan— Este lugar, hijo, no es ni el Cielo ni el Infierno. Es un sueño, como el que ahora están viviendo Sakura y los demás, en el que, gracias a Nadeshiko, quien posee la facultad de materializarlos en la realidad así como abandonarlos, hemos podido encontrarnos para revelarte todo esto.

—Pero nada cambia el hecho de que tanto yo como Ielan estamos muertos, algo que ni tú ni Nadeshiko podéis compartir con nosotros —continúa Lyang— Al igual que sabíamos todo lo demás, también éramos conscientes de que, tarde o temprano, deberíamos dar la vida para que vosotros pudierais ser felices algún día. Y que quede claro que no nos arrepentimos de nada. Y que nos alegramos muchísimo de haber podido hablar contigo una vez más, Shaoran, aunque sea la última. Espero que puedas contárselo todo a tus hermanas y a Meiling cuando esto termine.

—Hasta la próxima, hijo… Sé feliz.

Con un último beso por parte de ambos, los cuerpos de mis padres comienzan a desaparecer lentamente mientras se funden en un abrazo indescriptible. Sonríen apaciblemente, con la mirada perdida en mí, con un alma que al fin, cuando se volatiliza por completo… es liberada.

—Bueno, Shaoran —dice Nadeshiko rompiendo el silencio que acompaña nuestra soledad— Tanto tú como yo tenemos que hacer bastantes cosas lejos de aquí. ¿Estás preparado para regresar?

(Sakura)

Voy a morir… Moriré aquí y ahora… Y no podré hacer nada para evitarlo… Shaoran… ¡Perdóname!

La piel de Lyang Li, su contacto sobre mi propia anatomía, provoca un dolor, un ardor tan intenso, que no puedo menos que deshacerme en sollozos mientras sostengo entre mis brazos el demacrado cuerpo de Shaoran con la intención de no soltarlo así se rompa el cielo sobre nuestras cabezas.

Ese rencor y odio que Lyang siente hacia mí, su único obstáculo para lograr sus objetivos, se transmite claramente en la forma en que comienza a arrebatarme la vida con su sólo roce. ¿Por qué no termina ya esta locura, esta maldita tortura? Yo sólo quería amar a Shaoran. Deseaba estar por siempre a su lado. ¿Qué tenían mis sentimientos de malo? ¿Cuál es el motivo por el que estaban prohibidos?

—¡Joder, Sakura! ¡Haz algo! —exclama Eriol desde su posición— ¿Vas a dejar que Shaoran haya muerto en vano? ¡Tú puedes, Sakura! ¡No te rindas!

Una vez muerta tú, también acabaré con la vida de tus amigos. Eriol Hiiraguizawa y la tal Tomoyo Daidouji caerán aquí, esta misma noche.

Son las propias palabras de Lyang las que comienzan a matarme poco a poco, a destruir cada parte de mi ser para no dejar absolutamente nada. Vacío, sólo eso.

Y de nuevo me digo a mí misma que aquello no puede ser, que si está en mi mano impedirlo estoy dispuesta a cualquier cosa con tal de lograr mis objetivos.

Sí, a cualquier cosa… ¡Incluso a Despertar!

—¡Otórgame tu poder con tu muerte, Sakura Kinomoto! —chilla Lyang mientras presiona aún con más fuerza si cabe mi cuello, llegando yo casi a expirar— ¡Muere!

—¡NOOOOOOOOOOOOOO!

Una enorme grieta se abre camino sobre el suelo del lugar en donde nos encontramos; esa Torre de Tokio tan ficticia y a la par tan real. Mi cuerpo comienza a brillar a medida que todo lo que nos rodea comienza a tambalearse, a deshacerse, a reducirse a la nada en sí.

Lyang, que me había tomado por el cuello, se ve obligado a soltarme mientras se retuerce entre gritos de dolor, envolviendo sus manos en los pliegues de su túnica. Ante la confusión de verle chillar de esa manera, trato de escapar junto a Eriol y Tomoyo llevándome conmigo el cuerpo inerte de Shaoran, pero apenas he avanzado un par de pasos, el equilibrio me falla y caigo al suelo derrotada, como si Lyang hubiera absorbido parte de mi energía sólo con tocarme.

Un agudo dolor sacude el interior de mi pecho y hace que tenga una horrible sensación nauseabunda que me impide vislumbrar la escena que se desarrolla frente a mis ojos con claridad… y ese extraño resplandor entre azul y plateado no ha reducido el nivel de su luz, sino que se ha intensificado rodeando todo mi cuerpo y concentrándose en mis propias manos con otra sonora explosión.

—Ha… Despertado… —masculla Eriol casi para sí mismo mirándome con perplejidad.

Una extraña sensación de renacimiento embriaga todo mi ser cuando Eriol dice lo que yo creía imposible llegar a escuchar algún día. Pero es cierto. Poco a poco siento cómo mis fuerzas se regeneran, cómo la energía que he perdido vuelve a empujarme hacia delante con valentía. Siento cómo la debilidad me abandona… Y de pronto puedo asegurar que todo irá bien.

¡Oh, llave que ocultas el poder de mi Estrella! —exclamo sin saber con exactitud qué estoy diciendo. Simplemente las palabras salen solas de mi boca sin que yo pueda hacer nada para retenerlas— ¡Muestra tu verdadero poder frente a nosotros y bríndaselo a Sakura, la valiente que aceptó está misión! ¡LIBÉRATE!

Unas llamas blancas surgen de la nada y se adhieren a mi piel como una especie de película transparente aunque de un resplandor tan bello como mortal. ¿Es este el poder que yacía en mí escondido?

Lyang me observa con la furia desbordando sus ojos y vuelve a avanzar en mi dirección sin achantarse. Me amenaza señalándome con su pesado báculo, el que un día fue del mismo Clow Reed… Y de pronto puedo ver su piel enrojecida, completamente quemada allá donde mi contacto se ha hecho suyo. ¿Yo le he hecho eso?

—¡Maldita seas! —grita corriendo hacia a mí dispuesto a lanzar un conjuro que seguro que será mortal.

Yo no me lo planteo, pese a las pocas posibilidades que pueda tener de victoria. A la velocidad del rayo, me precipito sobre Lyang y aplasto mis manos contra su cara mientras él trata de arremeter con su bastón mágico. El golpe me da de lleno en el estómago, y es tan fuerte que incluso consigue desplazarme algunos metros de distancia, pero el daño que yo le he causado ya está hecho.

Lyang oculta el rostro como puede abstrayéndose de la batalla durante algunos segundos que para mí resultan cruciales. Veo brillar la hoja de mi propia espada no muy lejos de donde yo me encuentro y, haciendo un esfuerzo sobre humano para desplazarme lo más rápido que me sea posible, finalmente vuelvo a empuñar la peligrosa arma entre mis brazos.

Cuando Lyang vuelve a buscarme con la mirada, yo ya me dirijo corriendo hacia donde él está con la espada en alto y dictaminando mi propia sentencia sobre él.

—¡Acabemos con esto, Li!

En una fracción de segundo, en lo que se tarde en hacer una sencilla respiración, en el tiempo que transcurre en un pestañear cualquiera, Lyang transforma el portentoso báculo dorado en una magnífica katana de filo tan largo como peligroso.

Sucede igual de rápido, en un golpe tan seco que hasta da miedo.

Siento cómo mi espada se hunde en el abdomen de mi rival mientras él desliza su arma contra mi maltrecho cuerpo, pero de nuevo una fortísima explosión llena el ambiente y la luz es tan cegadora que durante un breve lapso de tiempo tiñe toda esa Torre de Tokio de color blanco. Abrazo a Lyang, reteniéndolo contra mi pecho y sin soltar la empuñadura de mi espada. Él grita desgarrándose la garganta, agonizando mientras se quema entre mis brazos y su sangre se derrama por el suelo. Yo cierro los ojos, tratando de no sentir ese dolor que siento justo en donde esa katana ha rozado mi piel. Como un cruel veneno que estuviera corrompiéndome a paso lento.

—¡¿Qué clase de magia es ésta? —grita Lyang comenzando a desaparecer en pequeños fragmentos de cristal.

—Lo siento, Lyang… Desearía que las cosas hubieran terminado de otro modo… Hubiera querido que al menos entendieras lo que es vivir enamorado. Lamento quitarte ese derecho.

—¡NO! ¡No puedo morir! ¡Yo soy Lyang Li, ¿entiendes? ¡No puedo acabar así!

—Lo siento tanto…

—¡N-NOOOOOOOOOOOOOO!

El cuerpo de Lyang queda convertido en una estatua de mármol blanco antes de romperse definitivamente en un millar de pedazos, desapareciendo de una vez… y para siempre.

La luz vuelve a llenar cada espacio de esa pesadilla que al fin ha terminado. En el exterior ya está amaneciendo y el sol comienza a bañar con sus rayos la pequeña ciudad de Tomoeda, reconfortándola con su calor, pues estoy segura de que, aunque todo lo que nos rodea forma parte de un sueño, también puede sentir esta calidez que a mí no me pertenece.

Yo caigo de rodillas al suelo entre lágrimas y gimoteos mientras apenas puedo susurrar:

—Se acabó… Se acabó…

Mi propia espada se transforma en un montón de cenizas cuando deslizo los dedos sobre la empuñadura plateada. Comprendo que esto también ha terminado.

Eriol corre junto a mí y me abraza con fuerza en el preciso instante en que Tomoyo abre los ojos por fin (debido a la muerte de aquel cuya maldición pesaba sobre ella. Maldición que finalmente se ha roto), pero ni siquiera eso consigue hacer que me sienta mejor, por muy egoísta que suene. Ella enseguida se interesa por mi estado, haciendo mil y una preguntas que se quedan sin respuestas. ¿Qué clase de final es este?

—¡Sakura! ¡Sakura! —grita Eriol Hiiraguizawa reteniéndome contra su pecho. Yo le devuelvo el abrazo mientras me derrumbo sin ganas para continuar. Eriol acaricia mi cabello con delicadeza sin soltarme ni por un segundo. Él también lo ha pasado muy mal— ¡Dios! ¿Cómo estás? ¿Te encuentras bien?

—Eriol…

—¡Sakura, dinos algo! —exclama Tomoyo tomándome de las manos— ¡SAKURA!

Soy incapaz de decir nada más, pues la visión de Shaoran es tan horrible que me corta el habla y hace que me ponga a chillar de impotencia arropada por los brazos de Eriol quien, inútilmente intenta consolarme.

No te preocupes por nada, mi niña. Simplemente deja que te guíe… Y confía en mí.

¡¿Y dónde quedan ahora esas palabras, Shaoran Li? ¡¿DÓNDE?

—¡SHAORAN!

La desesperación es tan fuerte que, Eriol, temiendo alguna locura por mi parte al tratar de alcanzar la espada que todavía sigue insertada en el pecho de Shaoran, me inmoviliza con su propio cuerpo. Tomoyo, que parecía no haberse fijado en el estado de su compañero de clase, también rompe a llorar ahogando un grito. Yo me siento igual que si intentara respirar dentro del agua, algo totalmente inútil y absurdo. Ni la tristeza que Eriol y Tomoyo pudieran sentir se asemejan ni de lejos a la mía… Y mi único deseo es reunirme con Shaoran de algún modo, pues ya no puedo concebir un mundo donde él no esté.

—Venga, salgamos de aquí… —comenta Eriol poniéndose en pie y ayudándonos a Tomoyo y a mí a levantarnos.— Ya no podemos hacer nada, Sakura…

—¡No! ¡Yo quiero estar junto a Shaoran! ¡No puedo vivir si no es con él a mi lado, Eriol! ¡Porque yo lo amo! —declaro liberándome de su agarre y desplomándome sobre el cuerpo sin vida de Shaoran— ¡Hay muchas cosas que tenemos que compartir, tantos y tantos lugares que nos quedan por visitar…! ¡Tenemos que realizar ese viaje juntos, Shaoran! ¿Lo recuerdas? Podremos… ¡Podremos empezar de cero y construir nuestros propios recuerdos! Por favor, por favor… No… ¡No me dejes! ¡Shaoran, regresa a mi lado!

Las lágrimas van cayendo a todo correr, mojando su pecho ensangrentado, fundiéndose con esas gotitas rojas llenas de dolor.

¿Por qué la vida te puso en mi camino, Shaoran? ¿Por qué lo hizo si sabía de antemano que íbamos a vagar por el sendero de la desdicha? Quisiera saberlo con una certeza abrumadora, de ésas en las que entiendes que por irreal e increíble que parezca, no te están contando ninguna mentira. Pero yo sólo puedo suponer.

Sí, suponer…

Y por ello supongo que si la vida te ha puesto en mi camino habrá sido por algo, ¿no? Quizás quería enseñarme que yo podía sentir mucho más de lo que jamás imaginé por una persona. O tal vez pensó que debía conocerte para darme cuenta de que nada es como parece, de que es inútil creer que tus días pueden convertirse en un hermoso cuento de hadas, de que una única persona no es suficiente para entender lo que verdaderamente es amar…

Cae una lágrima más, aunque parece que esta es diferente… Más plateada, como el reflejo de la luna sobre un lago de aguas oscuras, más bonita y sincera… Así es. Cae sobre el pecho de Shaoran, acaricia su piel y se deja envolver por esa sangre que también empapa mis manos.

A veces, Shaoran… Perdóname, pero a veces desearía no haberte conocido nunca, como decía aquella canción compuesta mucho antes de que tú y yo naciéramos… Quizás es que yo soy demasiado inocente, demasiado buena, demasiado estúpida. Tal vez es que quiero perdonarte eso que jamás me has hecho cuando ni siquiera hay un por qué para hacerlo... No lo sé, no me interesa saberlo.

Sin embargo, no puedo dejar de pensar que en ese lugar apartado del mundo y cuya entrada no tiene vigencia para mí, justo ahí... Ahí estás tú.

Otra lágrima, y otra, y otra más… Deslizándose en singular y silenciosa procesión hacia su próximo destino.

—¿Qu-Qué está pasando aquí?

Las palabras de Eriol me llegan muy lejanas, como si yo estuviera a punto de conciliar el sueño y él quisiera despertarme. Pero tal es mi abstracción en mis pensamientos, que no le presto la atención debida.

Yo también quería volar, ¿sabes, Shaoran? Quería vivir esa fantasía llamada amor a pesar de saber que probablemente cayera en el mismo o mismos errores cometidos anteriormente, en ilusiones rotas y promesas olvidadas, en palabras que nunca significarán absolutamente nada.

—¿Sakura?

Sí, porque cuando yo te amaba, Shaoran, todas esas noches que vivimos el uno junto al otro, vivía el momento y punto. No me preocupaba del mañana porque todavía pensaba en lo que me tocaba vivir en el presente.

Pero el mañana tarde o temprano acaba llegando. Y a veces es demasiado peligroso. Desearías no tener que enfrentarte nunca a él, pero bien sabes que eso es imposible.

¿Cómo crees que podré mirarme al espejo a partir de ahora? ¿Y nuestras fotografías? ¿Cómo piensas que podré contemplarlas? Sencillamente no podré hacer nada… Sino sólo ver la vida pasar como un autómata hasta que llegue el momento de volver a encontrarnos.

Una lágrima más…

Yo, Shaoran, una vez más yo… ¡Quiero decirte que te amo una vez más!

Te amo sin miedo, pero con desenfreno. Sin preocuparnos del tiempo y viviendo a cada momento. Con lujuria y también deseo. Con locura y sin razón. Con sinceridad y humildad.
Sin temor de amarnos libremente como el viento. Sin mentiras, con ilusión. Sin caer en el olvido. Con fantasías e incluso con perversión, pero te amo…

—¡Mira, Sakura!

Waking up I see that everything is ok

A mi alrededor comienza a escucharse misteriosamente y sin saber su lugar de procedencia, esta dulce melodía que, en cierto modo, calma el dolor y las heridas que sacuden violentamente tanto mi cuerpo como mi alma.

Unas pequeñas esferas de color azul zafiro comienzan a rodearnos. Parecen frágiles y débiles, pero son tan puramente hermosas que su belleza las hace fuertes. Se mueven en una peculiar y suave danza revoloteando sobre nuestras cabezas, volando con unas alas invisibles y seguramente perfectas.

The first time in my life and now it´s so great

—¿Lu-luciérnagas? —intuyo tratando de encerrar alguna entre mis dedos. Pero cuando lo consigo, ésta estalla en un millón de granos de ceniza plateados, sobresaltándome.

—No… —contradice Eriol sin atreverse a tocar las diminutas esferas de luz— Eso, Sakura, son tus lágrimas.

—¿Qué?

Y efectivamente, al palpar mi rostro con las yemas de mis dedos, compruebo que mi piel está completamente humedecida por esas pequeñas lunas bañadas de azul y plata que van escapando de mis ojos, cayendo sobre el pecho de Shaoran.

Slowing down I look around and I am so amazed

Una corazonada, un presentimiento o acaso una ilusión, sacude mi ya maltratado corazón a medida que los versos de esa canción en inglés se van repitiendo en el interior de mi cabeza, y, con sumo cuidado, retiro la espada hendida en el cuerpo de Shaoran, comprobando la profundidad de esa herida que él mismo se ha provocado y que ha sido mortal.

Mis manos se estremecen al contacto con su sangre, pero no me importa. Algo me dice que es esto lo que he de hacer. Así, sin dejar de llorar, acaricio el pecho herido de la persona a la que más he amado y a la que sin duda, más amaré… aunque todo acabe y yo vuelva a enamorarme. Pese a que la vida me conceda una nueva oportunidad, yo sé que nunca podré olvidar a Shaoran.

I think about the little things that make life great

—¡Sakura!

Algo asustada, Tomoyo señala a Shaoran, llamando mi atención. Retrocedo algunos centímetros cuando todo su cuerpo se ilumina con el mismo resplandor de mis lágrimas, las cuales continúan deslizándose por mi vestido y también, sorprendentemente, limpiando la sangre con la que el blanco se había teñido de rojo durante la batalla, pero no sólo eso. Las gotas cristalinas, fuente de mi llanto, se derraman sobre la camisa de Shaoran, introduciéndose por debajo de la tela, como si tuvieran vida propia, y poco a poco van cerrando esa herida de muerte, sanándola con tiernas y dulces caricias, curándola con su brillante candor.

I wouldn´t change a thing about it
This is the best feeling

—Es hermoso… —comenta Eriol abrazando a Tomoyo con fuerza— No hay duda de que éste es tu verdadero poder, Sakura, el que yacía oculto dentro de ti.

Sin atender demasiado a las palabras de mi amigo, me inclino entre todas esas luces plateadas y tomo entre mis manos las de Shaoran, estrechándolas fuerte y posesivamente, como si ese tacto me perteneciera y fuera sólo mío. Apenas puedo susurrar su nombre, pues de pronto se me quiebra la voz, y de nuevo no puedo hacer otra cosa más que llorar. Ni siquiera quiero verle la cara. No después de muerto. No puedo imaginar que él ya no sea capaz de sonreír, que su mirada no volverá a posarse sobre la mía, que sus labios ya no podrán besarme.

Cierro los ojos abandonándome a su propio contacto mientras mis lágrimas siguen sanando su maltratada anatomía. Es como si ya no quisiera saber nada de él, ni recordarlo de ninguna manera. Como si quisiera olvidar cualquier cambio que él hubiera ocasionado en mi vida cuando yo suelte su mano…

Piel con piel… Algo acaricia mi mejilla. Es una sensación muy cálida y dulce, reconfortante, que también quiere curar mis heridas… Pero yo tengo miedo de que lo haga. Tengo miedo y hasta me da pánico el sólo hecho de poder sentirme mejor para que cuando abra los ojos todo mi mundo comience a tambalearse otra vez. Ojalá Shaoran pudiera consolarme, hacerme olvidar los malos ratos y sonreír como siempre, como si no hubiera pasado nada. Sí, unas simples palabras bastarían. Quizá nuestro amor fue de los cobardes, por eso ninguno de los dos pudo sacarlo adelante…

—No… No pienses eso ahora…

Creo que por momentos me vuelvo loca. Es tal mi deseo de hallar su consuelo que incluso puedo escuchar su voz resonando en mi cabeza mientras él mismo se entretiene retorciendo los mechones de mi cabello entre sus dedos. Algo absurdo e imposible…

—Te… quiero… Sakura.

Confesión… Una más… Tan real que… que… ¡No puede ser!

Abro precipitadamente los ojos cuando esas tres simples palabras llegan a mis oídos. Y lo que veo me corta el habla, la respiración y todo aquello que se pueda cortar. Pienso que estoy soñando y me obligo a pellizcar un pedacito de mi piel. Duele. Duele demasiado como para estar dentro de un sueño, de otro que no sea verídico, quiero decir, como lo es éste en donde nos encontramos.

—¡Shaoran!

This innocence is brilliance
I hope that it will stay
This moment is perfect
Please don´t go away
I need you now
And I´ll hold on to it
Don´t you let it pass you by

Sí, Shaoran… Porque es él quien me acaricia, quien me sonríe, quien poco a poco va abriendo los ojos mientras su maltrecho cuerpo se va recuperando de todos los ataques recibidos con cada lágrima que toca su piel. Quien se levanta y finalmente me abraza. Quien me besa. Shaoran.

Queriendo hacer todo y a la vez no siendo capaz de planear mis próximos movimientos, más que atónita, me aferro a sus brazos y entierro mi rostro en su pecho, completamente curado. No puedo más que llorar y llorar mientras él me acuna con suavidad, besando mi frente una y otra vez… y repitiéndome que ama.

Y yo grito… Grito desconsoladamente liberándome, saliendo de esta pesadilla. Grito porque no me salen las palabras, porque quiero desahogarme y no sé cómo. Grito sintiendo sus manos pasearse por mi espalda, acariciando la tela de mi vestido blanco. Grito…

Tomoyo también rompe a llorar buscando el mismo refugio que yo en el pecho de Eriol, pero éste también ha enmudecido por completo, quedándose totalmente petrificado. Lo único que puede hacer es estrechar la mano de su amigo para, finalmente, sonreír.

—Estás vivo… —dice casi de modo automático. Shaoran sólo se dedica a asentir con la cabeza mientras también nos deleita con una sonrisa que las lágrimas no me dejan ver— ¡Estás vivo, joder!

Y tras estas palabras, tanto Eriol como Tomoyo se suman a un abrazo que de pronto se hace de nosotros cuatro. Ninguno sabemos de quién es este brazo o el otro, ni tampoco esta pierna que intenta colarse por este hueco, pero todos queremos tocar a Shaoran sólo para asegurarnos que realmente es de carne y hueso, que es un ser humano y no una ilusión óptica que más tarde desaparecerá sin dejar rastro.

I found a place so safe, not a single tear
The first time in my life and now it´s so clear
Feel calm, I belong, I´m so happy here
It´s so strong and now I let myself be sincere

Así, abrazados los cuatro, dejamos pasar los segundos de ese conocido reloj de la vida que ha querido concedernos una nueva oportunidad. No sabemos ni somos conscientes del tiempo que pasa, pero cualquiera de nosotros sería capaz de permanecer dentro de este simple instante para siempre.

—Bienvenido de nuevo, Shaoran —digo alcanzando sus labios en un rápido movimiento.

Eriol y Tomoyo se separan de nuestro lado pese a no quitarnos ojo de encima. Shaoran retira las lágrimas que todavía empapan mis mejillas y me devuelve el beso con ternura.

—Nunca me he marchado, Sakura… Te amo demasiado como para dejarte sola.

—Como sigas diciendo esas cosas me voy a deshidratar con tanto lloriqueo —intervengo tratando de bromear, sin embargo las lágrimas no cesan en su descenso por mi piel. Aunque una cosa es segura… Ahora mi llanto en sí, pero sobre todo estas lágrimas… son de felicidad.— ¡Te quiero, Shaoran, te quiero mucho!

—Yo también te quiero, Sakura.

Y con sólo esas palabras, para mí ya es suficiente. No necesito nada más, pues así como estamos ahora mis amigos y yo, junto a la persona que más amo, es como quiero estar. Caminando. Hacia qué lugar me es indiferente. Sólo quiero seguir adelante con Shaoran a mi lado. Con él y con estas manos que se aferran a las mías mientras avanzamos. Sí, es cierto… No necesito nada más.

—¡Has estado fabulosa, Sakura! ¡Qué maravilla! —exclama Tomoyo plenamente feliz. Las ganas de llorar han desaparecido en todos nosotros y ya no hay más alegría esperando poder albergar más— ¡Ojalá lo hubiera grabado todo con mi cámara de vídeo!

La observo de arriba abajo. Tomoyo Daidouji; mi mejor amiga… Todavía tiene magulladuras en su nívea piel, los ojos violáceos enrojecidos de tanto haber llorado y el pelo negro completamente desaliñado, así como ese ligero temblor en sus piernas, claramente visible. Son pequeñas muestras de todo lo que ha sufrido por culpa de esta historia. Ese sufrimiento que lo que hizo fue llegar un mal día para abatirla destrozando su vida. Tanto ella como Eriol merecen ser felices. No importa que Eriol decidiera vendernos al diablo. Lo hizo por amor. Y para mí esa excusa es una justificación más que suficiente.

—¿Tú cómo te encuentras, Tomoyo? ¿Estás bien?

Ella asiente enérgicamente con la cabeza.

—¡Por supuesto que sí! ¡Ha sido una aventura increíble!

Todos estamos de acuerdo con las palabras de Tomoyo, como no podía ser de otra manera. Bajamos por esa Torre de Tokio ficticia mientras Shaoran nos va guiando hacia algún lugar para volver a nuestro mundo real. Por el camino, pienso que hay tantas cosas que quiero saber que creo que lo único que quiero es soltarlas todas juntas para que, de igual forma, me lleguen las respuestas. Pero por algún motivo, prefiero guardar silencio, como si tarde o temprano fuera a conocer la verdad. Y al final es Shaoran el que saca a relucir mis pensamientos.

—¿Has averiguado en qué consistía tu verdadero poder, Sakura? —pregunta sin dejar de sonreír.

Yo sopeso las posibilidades, pero estoy tan confusa y cansada que ni siquiera alcanzo a mascullar un rotundo "no". Todo se ha desarrollado tan deprisa que ni me daba cuenta de mi forma de actuar… Yo sólo quería llegar hasta el final.

—Yo, al fin, lo he comprendido —asegura Shaoran acariciando el dorso de mis manos mientras que con la mirada le pido la explicación, la conclusión a la que yo no he llegado— Tú poder estaba directamente relacionado con el agua, Sakura, de eso no cabe duda. El agua y tú erais compatibles por tu propia magia. Guardabais una estrecha relación que ninguno supimos valorar, pero la respuesta estaba ahí desde el principio; en esa conexión tan especial. El agua es pura, cristalina y tiene el don de purificar entre otras muchas cualidades. Tú eres… o mejor dicho, tu magia es igual que el agua, ¿me sigues? Es tan pura, tan blanca y tan especial que ha logrado traerme de nuevo a la vida.

—Sí, pero entonces… ¿Qué clase de poder dormitaba en mi interior?

Shaoran me examina cuidadosamente tomándose su tiempo para responder. Durante algunos segundos, se pierde en mi propia mirada, dejando vagar libremente sus pensamientos, los cuales yo nunca puedo averiguar, como siempre. Y después de un par de minutos de silencio, es una palabra la que pronuncian sus labios:

—Inocencia.

Me quedo de piedra… ¿Algo tan simple como eso ha causado tantos problemas? ¿Inocencia? ¡Anda ya!

—¿Qué? —exclamo sin llegar a creérmelo, aunque no parece que Shaoran tenga pintas de estar bromeando— ¿Quieres decir que todo esto se ha desencadenado porque yo soy inocente?

Shaoran se lleva las manos a la boca evitando reírse.

—No exactamente, pero sí —contesta— Podríamos decir que sí.

—Así es.

La silueta de una mujer vestida de blanco se vislumbra a lo lejos, apoyada contra uno de los muros pétreos de la calle. Los cuatro nos quedamos paralizados tratando de averiguar de quién se trata y por qué está en este lugar. Y no es hasta que estamos a un par de pasos de ella que puedo reconocerla.

Creyendo que mi corazón saldrá corriendo desbocado de mi boca en cualquier momento, presiono las manos sobre el pecho, visiblemente sorprendida. Es ella, no hay duda. Su pelo largo, negro y ondulado, su piel blanca, de un tono casi enfermizo, sus ojos verdes, al igual que los míos y su eterna sonrisa enmarcando su rostro. Es…

—¡Mamá!

Nadeshiko Kinomoto se acerca a la escena y me retiene entre sus brazos. Tal vez yo me pregunto por qué soy incapaz de sentir nada, por qué no puedo alegrarme de que ella haya regresado tras estos largos años de ausencia y por qué siento como si todo esto yo ya lo supiera de antemano. Y la respuesta es otra pregunta, de tal manera que no hay modo de avanzar.

Sólo llorar… de nuevo… Lágrimas de felicidad tras el reencuentro.

—¿Por qué estás…? —trato de preguntar, pero mi propio llanto quiebra mis voz. Demasiadas emociones fuertes en un solo día, supongo.

—Te he echado de menos, hija, pero te aseguro que ya nada ni nadie podrá separarnos otra vez.

—Pero… ¿Por qué te marchaste? ¿Por qué nos dejaste a papá, a Touya y a mí de lado?

Nadeshiko clava su mirada en la de Shaoran, quien asiente con la cabeza para a continuación guiñarme un ojo misteriosamente. ¿Él sabe algo que yo no sé?

—Inocencia, Sakura. Tan pura que ha sido capaz de salvar a Shaoran esta noche —dice Nadeshiko abstraída en su propio mundo y provocando que me trague mis propias palabras, mis preguntas…— Te lo explicaré todo por el camino, pero primero… ¿Por qué no salimos de aquí? Es hora de regresar a casa.

Inmediatamente, Nadeshiko extiende su brazo derecho hacia adelante, con la palma de su mano completamente abierta. Un remolino de luz violeta sale de la punta de sus dedos, formando lo que parece ser una puerta interdimensional, idéntica a la que atravesamos con Eriol desde la dimensión alternativa que Shaoran creó durante su infancia para llegar hasta aquí.

—¿Vamos? —apremia mi madre atravesando la hendidura salida de la nada.

Tomoyo y Eriol se toman la mano y avanzan con decisión hacia donde Nadeshiko espera mientras que Shaoran pasa su brazo alrededor de mi cintura, sosteniéndome la mirada.

—Deja de preocuparte —susurra contra mi oído al tiempo nos perdemos en ese torbellino de colores hacia una nueva vida— Que tu madre esté aquí tiene una sencilla explicación. Y ella te contará todo lo que necesitas saber cuando lleguemos a casa. Esta pesadilla ya se ha terminado, Sakura. A partir de ahora todo irá bien.

—No vuelvas a marcharte jamás, Shaoran. —declaro abiertamente y con seriedad. No quiero que Shaoran se olvide de que él es lo más importante para mí— No sabes cuánto te necesito a mi lado.

—No voy a irme nunca más, Sakura. Te lo prometo.

Ambos entrelazamos nuestros dedos meñiques en una promesa que durará eternamente, lo sabemos. ¡Pase lo que pase nos tendremos el uno al otro!

Shaoran se inclina y me besa nuevamente en los labios bajo la atenta mirada de nuestros amigos y… ¡Mi madre! Los colores se me suben a la cara de pronto, mareándome, pero eso no le impide a Shaoran robarme otro beso, y otro… y otro más. ¿Piensa besarme hasta que Nadeshiko se acostumbre a vernos juntos o qué? No puedo evitar reírme ante esa idea, un pensamiento que, por primera vez, Shaoran ha mostrado sin tapujos ni reparos. Sí, el primero que he podido intuir acertadamente. Estoy contenta, soy feliz. Y Shaoran tiene razón… No debo preocuparme, las respuesta vendrán a mí cuando tengan que hacerlo. De ahora en adelante… ¡Todo irá bien!

—¡Sí! —exclamo llena de felicidad y con una seguridad aplastante mientras me fundo con Shaoran en un tierno abrazo que ambos estábamos esperando— ¡A partir de ahora podremos estar juntos para siempre, Shaoran!

I wouldn´t change a thing about it
This is the best feeling

It´s a state of bliss, you think you´re dreaming
It´s the happiness inside that you´re feeling
It´s so beautiful it makes you wanna cry
It´s a state of bliss, you think you´re dreaming
It´s the happiness inside that you´re feeling
It´s so beautiful it makes you wanna cry

It´s so beautiful it makes you wanna cry

This innocence is brilliance
Makes you wanna cry

This innocence is brilliance
Please don´t go away
Cus I need you now
And I´ll hold on to it
Don´t you let it pass you by

CONTINUARÁ...


Notas de la autora:

Lo primero y más importante de todo, es que esta historia NO ha llegado a su fin. ¡Todavía queda el capítulo final! El cual trataré de publicar en estas semanas, antes del día 30 de septiembre, que es cuando comienzo las clases de la Universidad.

Y ahora sí, pasando a esta sección de las notas, os pregunto, como siempre: ¿Qué os ha parecido este capítulo? Espero que os haya gustado tanto como a mí escribirlo. La verdad, y ahora que lo pienso, tratándose de Sakura, su poder no podía ser más que la Inocencia personificada. Siempre he creído que es una chica adorable, pero con el defecto de confiar demasiado en la gente. Tanto Sakura como Shaoran brillan por su inocencia (y si no, recordad cómo se creían las mentiras de Yamazaki en el anime y manga de Card Captor Sakura). Antes de ponerme a escribir esta historia, le di muchas vueltas a cómo debía ser la magia de la protagonista. Quería que fuera algo obvio que se repitiera a lo largo de todo el fanfic de forma indirecta para provocar que el lector fuera atando cabos. Es la razón por la que, en muchas descripciones de Sakura, el adjetivo inocente aparecer por todas partes. Sólo necesitaba encontrar un símil para establecer la conexión, y ahí es de donde surgió la idea del agua, si bien es cierto que este aspecto coincide con la facultad que posee la Sakura de Tsubasa ~ RESERVoir CHRoNiCLE para comunicarse con dicho elemento. De todas formas, quise dejarlo así porque concordaba con la historia y tampoco quería alejarme demasiado de lo que es el personaje de Sakura en sí. Por ello, también introduje la entradilla que ella utiliza en Card Captor Sakura para transformar su llave en el báculo con el que poder controlar las cartas de Clow. Y relacionado con CLAMP, no podía faltar su famosa frase "Las coincidencias no existen, sólo lo inevitable".

Sé que quedan cosas por resolver, pero no podría aclarar todo en este mismo capítulo, por lo que veo necesario escribir uno más para dejar todos los cabos bien atados, porque a fin de cuentas y pese a utilizar sus personajes para escribir este fanfic, yo no soy ni formo parte de las CLAMP (de ser así, de vez en cuando dibujaría algún beso en sus mangas), así que siempre quiero que mis finales no queden abiertos o sean ambiguos a no ser que tengan una futura continuación.

Dicho lo dicho, paso a agradeceros vuestro apoyo y el rato que empleáis en escribirme comentarios sobre esta historia. ¡Dan ganas de escribir más y más a cada comentario que leo! De verdad, quisiera poder responderos a todos, pero mi tiempo es limitado, así que mando un saludo especial a la gente de YouTube (ya sabéis quiénes sois) que lee este fanfic y que ha estado pendientes de sus capítulos desde su comienzo. Pero también a Daniratoe, Asuka-hime (tus reviews son increíbles. En serio, ¡muchas gracias!), Esthercita93, Konoha-Chan, Elsa Karina, sakura y shaoran, Ixtaolzin, priss, javi-chan, sandymayra, TakkaLS y tantos otros que me dejo en el tintero pero que también estáis ahí, algunos dejando reviews, otros no. Por supuesto, para mi amiga y compañera Marta (Hachikoo), que me animó desde el principio, que estuvo conmigo brindándome su apoyo cuando yo verdaderamente lo necesitaba, que me aconsejaba con cierto individuo con el que por fin aclaré las cosas este miso verano durante el mes de agosto (esa noche me acordé mucho de ti) que superamos juntas el Bachillerato, que tuvimos la misma suerte en la Selectividad y a la que quiero con todo mi corazón.

Eso es todo por ahora, pero recordad que Mentir por Amor no termina aquí. Nos veremos muy pronto en el próximo capítulo, el último, de este fanfic que nos ha estado acompañando a lo largo de casi un año.

¡Un abrazo muy fuerte! ¡GRACIAS!

PD: La canción que ha aparecido en este episodio es Innocence, de Avril Lavigne. Podréis descargar la BSO completa de Mentir por Amor en una entrada de mi blog en la que dejaré un archivo con todas las canciones al terminar este fanfic.