Aceptación
Capítulo 21 – Conjunción
Sintió una lengua rasposa lamiéndole la mejilla. Abrió un ojo y distinguió dos esmeraldas engarzadas en una bola de pelo negro… ¡Potty! El despertador más eficaz que existir pudiera.
Draco gruñó y trató de sacárselo de encima. Inútil intento. El gato volvió al ataque con agudos maullidos cual grito de guerra. Draco se dio por vencido, abrió los dos ojos y se puso a acariciarlo. Giró la cabeza hacia su compañero que tenía la suerte de poder seguir durmiendo. Los cabellos rebeldes más despeinados que nunca… pero le otorgaban así y todo un aspecto magnífico. La noche anterior había sido… muy buena… quizá todavía no podría habérsela calificado de excelente… pero sí muy prometedora… su pequeño Gryffindor todavía tenía que aprender una o dos cosas pero él estaba más que dispuesto a enseñárselas. Harry giró un poco en sueños y Draco pudo observar una vez más las cicatrices de la espalda… frunció el ceño… ¿a qué se debían? Tenía sus dudas de que hubiesen sido causadas por Voldemort o los mortífagos. Era algo sobre lo que tendría que hablar con su compañero… no era sin embargo lo único sobre lo que tendrían que conversar.
Pero por el momento tenía otros propósitos… espantó al gato que gruñó con disgusto y regresó a su canasta refunfuñando. Draco iba a aprovechar para explorar mejor el cuerpo de su amante. Lo destapó exponiendo una extensa superficie de piel bronceada. Se regaló los ojos por unos instantes y luego los fijó en la semierección matinal… su objetivo. Se reubicó para poder trabajar más cómodo y comenzó a provocarla con suaves masajes y golpecitos de lengua. Todo el cuerpo de Harry se puso rígido bajo sus descaradas atenciones y se oyó el primer gemido de placer. Ciertamente era una forma muy agradable de despertarse y para Harry toda una novedad. Draco aumentó la apuesta y la dulce tortura de su más que complaciente víctima. Lo englobó en la boca intercalando succión con rotativas lamidas… los gemidos de Harry se multiplicaron y todo su cuerpo es estremecía gozoso… faltaba muy poco… sólo un detalle más… sin interrumpir su labor oral, con la yema de un dedo le empezó a frotar la sensible zona perineal… ¡victoria!... Harry ya no pudo soportarlo y depuso las armas, se sacudió varias veces… y para gran satisfacción de Draco se rindió entregándole lo que demandaba…
Draco volvió a trepar y se le recostó al lado.
—Buenos días… —saludó con pegajosa sensualidad.
—Buenos días… —respondió Harry escondiendo las mejillas coloradas en la almohada.
Sin dudas Harry todavía tenía bastante camino por andar. Draco se iba a encargar de guiarlo.
—¿Venís a tomar una ducha?
—¿Con vos?
—No, con Potty… —contestó Draco burlón— A él también le encantan los bellos ejemplares de cabellos oscuros y piel bronceada. —. El gato desde su canasta dejó oír un bufido fastidiado como si hubiera entendido el comentario.
Como su Gryffindor seguía mostrándose vacilante, Draco decidió tomar al toro por las astas, lo aferró de un brazo, lo sacó de la cama a los tirones y se le llevó a la rastra en dirección al baño.
—Ya no hay nada que no te conozca… así que basta de jugar al mojigato. —dijo Draco riendo.
—No me llames así… me hace acordar de…
—No pienses en eso…
—Perdón…
Draco lo rodeó con un brazo y con la mano del otro abrió las canillas.
—Si realmente querés disculparte… buscá una buena forma de hacerte perdonar.
—¿Cuál sería una buena forma?
—Creo que hace unos minutos te di alguna idea… —respondió Draco con una sonrisa pícara.
Harry se puso rojo de la coronilla a los pies, pero se metió en la ducha dispuesto a devolverle las atenciones.
oOo
—Date prisa, Harry. No quiero tener que desayunar a las apuradas.
—Pero… esperá… tengo que recomponerme un poco…
—¿Que acaso pensás que lo llevás escrito en la frente? Pero si no hacés desaparecer esa expresión culpable… todos van a terminar por darse cuenta. —dijo Draco revoleando los ojos.
Antes de ingresar en el Gran Salón Harry respiró hondo y se tomó unos segundos esforzándose por adoptar una expresión distendida.
Tomó asiento e intercambió los saludos habituales con sus amigos… no notó ninguna reacción desusada en ninguno de ellos. Pfff… ¡menos mal!
Sin embargo, Draco estaba decidido a complicarle las cosas… quizá a modo de revancha…
—Harry, ¿te apetecería un chorrito de leche en el café?
La reacción de Harry fue instantánea, se puso colorado hasta la raíz de los cabellos. Draco sonrió complacido… tenía su encanto torturar a Harry Potter, el timorato.
Hermione levantó la cabeza y los miró con desconcierto… algo pasaba pero no atinaba a darse cuenta de qué se trataba.
—Pero qué finura y buen gusto para los comentarios, Malfoy. —apuntó Ron— ¿Nos levantamos chispeantes esta mañana?
—No sé bien a qué te referís, Weasley.
—Yo creo que sí… ¿es algo habitual entre los aristócratas recurrir a vulgaridades por el estilo?
—No sé que habrás entendido, Weasley… y tampoco me importa.
Hermione estaba perpleja, seguramente Draco había dicho algo cuando ella estaba distraída… Harry parecía muy incómodo… y Ron sabía por qué…
—Ron, ¿qué es lo que pasa?
—Eso, Rooon… explicale a la dama qué es lo que pasa. —lo instó Draco con una sonrisa inocente.
Y ahora eran dos los Gryffindors incómodos y ruborizados. Estupendo. Draco se volvió hacia Hermione.
—Hermione, Ron te va a explicar todo más tarde… en privado.
Las lechuzas con el correo entraron en ese momento y la cuestión no prosperó. Harry agarró el ejemplar de El Profeta… titubeó un segundo y se lo tendió con una sonrisa culpable. Draco le sonrió a su vez. Hermione y Ron también sonrieron.
—Harry… ¿puedo leer los clasificados? —tanteó Draco.
—Sí, de ahora en adelante podés comunicarte sin restricciones con tus padres… siempre y cuando no…
—Harry, yo soy tu veela… no haría nada que pudiera perjudicarte…
Ron detectó la tensión y decidió que era mejor disolverla con un poco de humor… aunque sospechaba que iba a terminar él pagando el pato.
—Oh… parece que pasamos de las insinuaciones obscenas a las declaraciones emotivas…
—¡¿Obscenas?! —exclamó Hermione.
—Pareciera que la señorita sabelotodo va a caer finalmente… —dijo Draco divertido.
Sí, Hermione finalmente se había dado cuenta a juzgar por el color de sus mejillas. Se volvió enojada hacia Ron y le dio una cachetada.
—¡Pero, Hermione…! —se quejó Ron frotándose la mejilla dolorida.
—¡Nada de peros! ¡Sos un pervertido!
—¡Pero si fue Malfoy el que empezó!
—¡No! ¡Fuiste vos el que le encontraste un segundo sentido a una pregunta inocua!
Hermione se volvió hacia Ginny y no volvió a dirigirle la palabra a Ron durante el resto de la comida.
Harry bajó la vista… aunque para sus adentros sonreía. Pobre Ron.
Draco también sonreía oculto detrás del diario. Pobre Weasley… pensó sacudiendo apenas la cabeza… ¡Ah, ahí estaba! ¡El mensaje del día!
GSB1 y GSB2 le desean una buena convalecencia a su SVR al que tanto extrañan. Y le informan que GSB3bis está bien y que ha partido de vacaciones.
Perplejo, Draco volvió a leer el mensaje… ¿GBS3bis?... ¿el otro compañero?... ¿Fenrir? ¿Fenrir estaba vivo? De pronto el corazón se le había acelerado en el pecho. ¡Tenía que hablar con Severus para saber lo que había pasado!
—¿Harry…?
—¿Sí?
—¿Podría hablar con mi padrino hoy? Es urgente…
—No veo por qué no… tenemos clase con él…
—¡No veo que llegue la hora!
—Vos debés de ser el único… —masculló Ron.
En ese instante Dumbledore se puso de pie y les demandó atención.
—Mis queridos alumnos, hoy las clases de Pociones quedan suspendidas. El profesor Snape estará ocupado en la preparación de una poción muy importante… ya él se ocupará más delante de que puedan recuperar la lección perdida. Nada más, sigan desayunando tranquilos y que pasen un buen día.
—Gracias, Merlín… —oró Ron elevando con beatitud los ojos al cielo— Al fin una buena en esta mañana que venía pintando pésima.
Draco por su parte estaba preocupado por su padrino y contrariado porque no iba a poder hablar con él.
—Harry… ¿vos sabés algo de todo esto?
—No… bueno sí… algo sé… pero no estoy seguro de por qué Severus va a estar ausente…
—¿Y con eso qué me querés decir?
—Que es mejor que lo dejemos para hablar sobre el asunto más tarde.
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En la biblioteca…
Las clases de Pociones habían sido suspendidas, todos los alumnos estaban contentos… excepto Draco. ¡Su padrino se ausentaba justo en un momento crucial! ¿Fenrir estaba vivo o no? ¿Había comprendido bien el mensaje de sus padres? GSBbis… ¿Gran Salvador Bestial? Parecía un juego de palabras que podría habérsele ocurrido a su padre… Pero Draco lo había visto morir… bueno, en realidad no… había estado a punto… ¿Cómo debía interpretar el mensaje? ¿Fenrir está vivo y escondido?
Suspiró… lo mejor sería que se pusiera a estudiar. Harry y Ron habían partido hacia el campo de quidditch y él se había quedado en la biblioteca con Hermione para estudiar… pero con tantas preguntas rondándole la cabeza poco había estudiado.
—Deberías ocuparte de organizar el partido del sábado. —sugirió Hermione sin levantar la vista de su hoja de pergamino.
—Buena idea, no estoy con ánimos para estudiar.
—Estás preocupado por tu padrino…
—Entre otras cosas…
—Empezá a hacer una lista de todo lo que haga falta para el sábado… te va a distraer…
Draco le hizo caso, sacó una hoja limpia y se puso a trabajar.
oOo
En el aula de Defensa Bellatrix Lestrange caminaba de un lado al otro delante de su escritorio… estaba furiosísima. El cretino de su primo le había encasquetado un nombre ridículo y encima le había dejado una nota burlándose:
Mi querida malvada prima:
Me tomé la libertad de comunicarle a nuestro querido director tu nueva identidad: Ange Bell Tyrex Star. Estoy muy orgulloso del anagrama que ideé. Ange corresponde porque vos de ángel, nada… más bien todo lo contrario. Bell, no hace falta explicarlo… tenés muchos defectos criticables pero en cuanto a belleza siempre has sido una reina. Tyrex, no que te esté llamando dinosaurio… pero podés ser tan aterradora como el más feroz de ellos. Star, porque dada tu natural modestia… te cabe bien.
Te deseo mucha suerte con los pequeños monstruos que vas a tener que manejar… tratá de reunir mucha paciencia y por favor no intentes resolver las situaciones problemáticas apelando a Crucio como es tu costumbre. Esperemos que te desempeñes bien… y ojalá no termines internada en St. Mungo a los dos días… a los Longbottom ya les dieron el alta… en el pabellón de los afectados mentalmente seguro que encontrás una cama libre.
Tu primo que te quiere tanto como vos lo querés a él.
Bellatrix trinaba de rabia. ¡El muy cretino se burlaba de ella con el anagrama y la ponía en serio riesgo!
Conjuró un espejo y lo fijó en la pared cerca de su escritorio. Se observó durante un momento, el encantamiento era perfecto, nadie iba a reconocerla pero seguía siendo tan bella como siempre. Su primo era un imbécil pero indudablemente muy talentoso en Transfiguración.
Oyó ruidos provenientes del pasillo, llegaban los alumnos. Respiró hondo y marchó hacia la puerta. ¡Ánimo! Le había tocado enfrentar situaciones mucho peores que ésa.
—Buenas tardes alumnos, saludó en bienvenida.
Eugh… no habría debido decir eso… había sonado como el viejo director chiflado. Los alumnos la miraron con desconfianza… a pesar de su aspecto completamente diferente algo de su verdadera personalidad debía de transparentarse.
—Adelante. Seguramente el profesor Dumbledore ya les había anticipado mi presencia pero igualmente procederé a presentarme.
Todos se dieron prisa para instalarse en sus lugares.
—Mi nombre es Ange Bell Tyrex Star.
Se oyeron algunas risitas disimuladas… ¡Cuando pueda ponerles las manos encima a los muy impertinentes ya les voy a enseñar a burlarse de mí!
—Pero pueden llamarme simplemente madame Star. Provengo de la misma escuela que el profesor Clabuis… pero mis métodos de enseñanza son distintos. No creo que eso llegue a constituir un problema, sin embargo, ya todos nos adaptaremos.
Una mano se alzó en el aire.
—Sí… ¿señorita…?
—Granger… madame Star. Me gustaría que nos informara cuándo regresará el profesor Clabuis.
—Apenas si llego… ¿y ya quiere que me vaya?
—Eh… no… no lo tome a mal… pero es que estoy preocupada por lo que le puede haber pasado al profesor.
—No tiene por qué preocuparse… se recuperará pronto. Aunque cuando yo lo encuentre quizá no quede tan bien…
Se elevó otra mano.
—Sí, ¿señorita…?
—Lavender Brown… ¿Cuánto tiempo piensa quedarse?
Otra que ya la quería echar.
—El director les informará al respecto cuando corresponda… bueno, será mejor que nos pongamos a trabajar. Para la clase de hoy he planificado un repaso… —dijo girando sensualmente y enfilando a continuación hacia un armario.
Con su encanto no iba a tener problemas en ganarse a los varones, las mujeres iban a ser más difíciles… seguramente extrañarían al seductor profesor.
—Les he traído un boggart… ¿quién me puede aportar información sobre este género de criatura?
Todas las manos masculinas y la de Granger se alzaron de inmediato.
—Sí, ¿señor…?
—Neville Longbottom. Es una criatura que puede cambiar de apariencia. Prefiere los lugares oscuros y cerrados. Cuando se enfrenta con una persona adquiere el aspecto más aterrador para esa persona en particular. Nadie sabe qué aspecto tiene un boggart cuando no hay nadie a su lado. Aparentemente se nutren del miedo. Y no solamente para defenderse. Están clasificados en el grupo de criaturas maléficas. El sortilegio para combatirlos es: ¡Riddikulus!
—Excelente, señor Longbottom. Diez puntos para Gryffindor.
Neville la miró maravillado… y evidentemente cautivado por el atractivo de la profesora. ¡Si vos supieras, mi querido!
—¡Pasemos a la práctica sin más demora! Pónganse en fila india y se irán adelantando de a uno.
Se trataba de un ejercicio simple, los alumnos ya sabían de los boggarts desde tercer año. Ron tuvo que enfrentar a una acromántula, no tuvo problemas en calzarle patines. Parvati transformó a la cobra gigante en una boa de plumas. Harry estaba muy ansioso… ¿qué le tocaría ver esta vez? ¿Un dementor? Pero no tuvo la oportunidad de verificarlo, porque le había tocado el turno a Draco… y el boggart había adoptado la imagen de Voldemort… y el pánico había cundido entre los alumnos. Draco había quedado paralizado… incapaz de pronunciar el sortilegio de defensa.
Bellatrix se interpuso y formuló: —¡Riddikulus!
Las vestiduras del Señor Oscuro cambiaron a un tutú de danza color lila, complementado con diadema de flores y zapatillas de punta. Harry estalló en carcajadas.
Bellatrix hizo desvanecer al boggart y prefirió cambiar el tema de repaso a algo menos riesgoso. La clase trascurrió sin sobresaltos a partir de allí y hasta que sonó la campana.
—Eso será todo por hoy… ya pueden retirarse, que pasen un buen día. —los despidió la profesora.
Draco había quedado muy afectado por la experiencia, avanzaba en silencio por el pasillo con la mirada vacía como un autómata. Harry se dio cuenta… tenía que hacer algo… su veela lo necesitaba. Sin decir palabra lo abrazó estrechamente. Draco se lo agradeció también en silencio… necesitaba el abrazo confortante. Era bueno saber que podía contar siempre con alguien en quien apoyarse.
—Harry… ¿necesitás que hagamos algo? —preguntó Hermione.
—No… ustedes vayan nomás… yo lo voy a acompañar a su habitación para que descanse… y me voy a quedar con él… nos vemos en la cena.
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—No creo que ésta sea la mejor solución, Evan… me siento muy incómodo con estas ropas… y no estoy acostumbrado a observar el mundo desde tan baja altura… ¡me siento muy vulnerable! ¡Y eso es algo que detesto!
—Ya te vas a acostumbrar… y yo voy a estar a tu lado si fuera necesario defenderte. —dijo Evan con humor.
Contempló por unos instantes a la mujer que tenía delante. Pelirroja y menuda… no medía más de un metro cincuenta y cinco. El rostro tachonado con algunas pecas; en ese momento la boca primorosa estaba torcida en una mueca de disgusto. Los ojos eran grandes, de color avellana… la cabellera atractivamente ondulada. Era adorable… bajó un poco la vista… y el busto muy abundante… al menos para una mujer de tan pequeña constitución.
—¡No me mires de esa forma! ¡Me resulta muy molesto! —se quejó Fenrir.
—Estás hermoso… hermosa… nadie podría imaginarse que Fenrir Greyback se oculta debajo de ese marco encantador.
Fenrir lanzó un bufido.
El licántropo había accedido a beber polijugos y lo iba a acompañar a Hogwarts… la presentaría a todos como su futura esposa. Regulus había usado esa casa para esconderse pero también como garçonnière adonde llevar a sus conquistas. El uso de polijugos era una práctica habitual en los juegos de amantes. Greyback se había mostrado muy reticente al principio… pero finalmente se había avenido a regañadientes.
—¡Y estas cosas se bambolean a cada paso que doy!
—Muy excitantes y agradables…
—¡Dejá de babearte mirándome las tetas! ¡Sátiro libidinoso!
Evan sonrió divertido. Se pusieron las capas y salieron para desaparicionar.
Ya en Hogwarts y cerca de las tribunas del campo de juego, Evan le rodeó la cintura y le posó una mano sobre una cadera.
—¡¿Y ahora qué estás haciendo?! —reaccionó Fenrir con ojos desorbitados.
—Es para que resulte más creíble. —le susurró Evan al oído.
Para su gran sorpresa, Fenrir sintió un estremecimiento que lo recorrió entero. Ese cuerpo reaccionaba de manera muy extraña.
Se ubicaron en el sector reservado para los padres. Evan se había puesto algo nervioso, acababa de divisar a los Malfoy. Por suerte se habían instalado relativamente alejados de ellos. ¿Se cruzaría con otros mortífagos?
Andrew que ya había ingresado al campo lo saludó con la mano cuando lo vio. Su padre le respondió al saludo con entusiasmo.
—Buenas tardes, señor Rosier. —dijo una voz que conocía muy bien. Evan se volvió para mirarlo. ¡Cornelius Fudge!
—Buenas tardes, señor ministro.
—¿Me presentaría Ud. a la señorita tan encantadora que lo acompaña?
—Discúlpeme Ud., estaba tan absorbido saludando a mi hijo que me olvidé de mis modales… le presento a la señorita… —Evan se detuvo de golpe… ¡no había pensado en un nombre para su "compañera"! ¡Pero qué imbécil!
—Ericka Frynberg. —dijo Fenrir con voz grave y sensual— Encantada de conocerlo. Mi compañero tiende a olvidarse de todo y de casi todos cuando está conmigo… lo cual no deja de ser muy halagador.
Fenrir le acarició una mejilla como al descuido y Evan se ruborizó intensamente. Fenrir había decidido que ya que estaba en el juego iba a jugarlo bien… apretó su cuerpo contra el de Evan como toda buena pareja mimosa… podría haberse considerado parte de la actuación… pero de golpe había sentido el impulso de acurrucarse contra Evan… el ministro bajito y regordete "la" estaba mirando con ojos lascivos y ávidos… y eso "la" había puesto "incómoda"… más aun, le había dado un asco tremendo.
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Andrew había saludado a su padre apenas lo había distinguido entre el público. ¿Quién sería la pelirroja que lo acompañaba? No dejaba de ser algo muy curioso… conocía muy bien los sentimientos de su padre por cierto licántropo… Iba a tener que averiguar más sobre el asunto después del juego.
Harry, Ron y Draco los estaban animando para que se tranquilizaran y para que salieran a jugar por el placer del juego… pero él estaba muy nervioso… con tanto público alrededor… ¡era intimidante! Pero era mejor que se calmara… si no, cometería muchos errores.
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Todos los presentes aplaudían con fervor. El partido había sido estupendo y muy entretenido. ¡Y Andrew finalmente había capturado la snitch!
Saltó de su escoba y fue corriendo hacia su padre que había descendido de la tribuna y lo esperaba, con su acompañante, en el límite de la cancha.
—¡Papá! ¡Papá, gané! ¡Mi primer partido con público!
—Estoy muy orgulloso de vos. —dijo Evan abrazándolo y luego le desordenó cariñosamente los cabellos.
—¿Y ésta quién es? —preguntó Andrew con un gesto hacia Fenrir.
—Tenés que cuidar mejor tus modales, Andrew… permitime que te presente a una amiga, la señorita Ericka Grynberg; Ericka, éste es mi hijo Andrew.
La mujer le tendió una mano. Andrew se la estrechó con cierta renuencia… pero fue entonces que la miró a los ojos… y quizá algo había sospechado puesto que dibujó una media sonrisa pícara.
—Buenas tardes, señorita Frynberg. Encantado de conocerla.
—Podés llamarme Ericka. Creo que en el futuro nos vamos a ver seguido.
—Eso espero… ¿Ud. va a ser mi madrastra?
—Ah, los chicos… tan directos para decir las cosas… —dijo Fenrir con cierta nota de incomodidad en el tono.
—Es mejor decir todo de entrada. —prosiguió Andrew — mi padre puede dar la impresión de ser un poco frío, pero en el fondo es un gran romántico. Adora las baladas y los claros de luna…
Fenrir le soltó la mano como si lo hubiera mordido… Evan se había ruborizado rabiosamente. ¿Acaso Andrew había adivinado todo? ¿Cómo era posible? ¿Había algún detalle que traicionaba el disfraz del licántropo?
—Te dejo con tus arrullos, papá. —dijo Andrew— Los otros me esperan para festejar.
Partió corriendo dejándolos a los dos muy desconcertados.
—Tiene Ud. un hijo increíble, señor Rosier.
Potter… era una suerte que se les hubiera acercado.
—Gracias, señor Potter… pero sospecho que mucha de la desenvoltura que ha adquirido deberíamos agradecérsela a Ud.
—Soy yo el que debe agradecerle que reconsiderara su primera decisión… y que le permitiera seguir participando en el equipo.
La ocasión no podía ser más propicia.
—Quizá podría demostrarme su agradecimiento con un pequeño favor.
Harry lo miró con recelo. —Dependería del favor…
—Me gustaría poder tener una charla en privado con Ud. y con Dumbledore. ¿Sería mucho pedir?
—Eh… no… pero no entiendo… Ud. puede solicitar una audiencia con el director cuando lo desee…
—Es que quiero que Ud. también esté presente… y quizá también algunos de los… amigos… del director y de Ud.
La Orden… comprendió Harry.
—Sí, por supuesto… ¿cuándo le gustaría que tuviera lugar la reunión?
—Si fuera posible ahora…
Harry elevó la voz a propósito. — El partido ha terminado… acompáñeme, por favor, señor. —dijo poniéndose en marcha hacia el castillo— Podríamos ir al despacho del director para hablar sobre el futuro de su hijo. Tiene mucho talento para el quidditch sin dudas… pero no debe descuidar los estudios… ahora está muy entusiasmado con el deporte, pero es muy chico todavía y es posible que más adelante cambie de opinión…
Fenrir prefirió quedarse esperando… le parecía mejor que las negociaciones para el cambio de lado se llevaran a cabo sin que él estuviera presente. Y además tenía ganas de hablar con el joven Malfoy a solas. Nadie iba a sospechar de la señorita pelirroja… pero tenía que tomar otro trago de polijugos antes de que pasaran quince minutos si no su aspecto empezaría a cambiar.
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En la oficina del director…
Se hubiera dicho que Dumbledore los había estado esperando.
—Te felicito, Harry, has hecho un excelente trabajo con el equipo de los menores; por favor, trasmitile mis felicitaciones a Ron. Señor Rosier, Ud. debe de estar muy orgulloso de su hijo…
—Sí, señor director…
—Supongo que ha venido porque tiene una propuesta que hacerme…
Al parecer Dumbledore siempre sabía todo.
—Quisiera negociar… con la Orden… mi traspaso al lado de la luz.
—¿Va a traicionar a Voldemort? —preguntó Dumbledore.
Evan se estremeció al oír el nombre. —Ya lo he traicionado… y él lo sabe. Quisiera protección para mi hijo y para mí… y para otro mortífago…
—¿Y por qué cree Ud. que estaríamos dispuestos a otorgarles protección? —preguntó Dumbledore, el tono había sido amable pero frío.
—Tengo algo que les puede resultar muy útil… una lista… pero no puedo decirle nada más hasta que por lo menos me garantice que protegerá a mi hijo.
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En el campo de quidditch…
Draco estaba conversando con sus padres… Fenrir esperaba pacientemente… quería abordarlo cuando estuviera solo. Por suerte unos minutos después se despidieron y Draco enfiló de regreso al castillo.
Fenrir aprovechó la ocasión y se le acercó. Draco miró a la pelirroja con desconfianza, Era la mujer que acompañaba a Rosier… ¿qué querría?
—Buenas tardes, señor Malfoy… soy Ericka Frynberg… —se le acercó más y le susurró disimuladamente al oído: —Tengo novedades sobre Greyback…
Draco se sobresaltó pero se recompuso de inmediato.
—Encantado, señorita Grynberg… —respondió Draco en voz alta— ¿Conocía Ud. ya Hogwarts?
—No, yo estudié en Francia… Beaux Bâtons.
—¿Le gustaría hacer una pequeña visita guiada?
—Será un verdadero placer.
Draco le ofreció un brazo galante que Fenrir aceptó con una sonrisa amable. Caminaron juntos alejándose del campo de juego mientras Draco peroraba haciendo una breve reseña histórica sobre Hogwarts.
Entraron al castillo y Draco lo fue guiando por los pasillos hasta su habitación.
—¿Fenrir está vivo? —preguntó Draco apenas estuvieron solos.
—Sí, está vivo y bien.
—¿Y Ud. cómo lo sabe?
—Evan lo salvó… después de que Ud. escapó. Él también tenía un traslador y se lo llevó consigo a un escondite secreto.
—¿Y Ud. qué papel juega en toda esta historia? —preguntó Draco con desconfianza y una nota de agresividad.
—Si me concede dos minutos más… le daré todas las explicaciones correspondientes.
Draco la miró con más desconfianza aun… podía esperar dos minutos… pero qué se traía entre manos esa mujer… y fue entonces que la vio empezar a cambiar… ¡polijugos! y unos instantes después tenía a Fenrir frente a él.
Fenrir no había sabido anticipar cuál podría ser la reacción de Draco. Miedo… enojo… eran buenas posibilidades… pero para su sorpresa, Draco estalló en carcajadas.
Y no era para menos, el licántropo no podía verse más ridículo.
—¿Vamos a poder hablar o vas a seguir riéndote hasta mañana? —preguntó molesto.
—Perdón… —dijo Draco conteniéndose un poco— es que me tocaron situaciones difíciles últimamente… no podía perder la ocasión de reírme con ganas.
—Bueno… si te hace bien… reíte sin culpa.
Draco se puso serio de golpe. Recordó la atracción que el licántropo sentía hacia él. Realmente se alegraba de que estuviera vivo pero… ¿qué seguía a continuación? ¿Cómo explicarle que se había dado cuenta de que amaba a Harry? Pero que igual podían seguir siendo amigos… sonaba un poco ridículo, Fenrir había puesto su vida en serio peligro para salvarlo.
Fenrir lo observaba con atención… se imaginaba el dilema. Le debía la vida… pero no quería saber nada con él. Sonrió con ternura y cerró los ojos. La luna llena estaba próxima… el lobo le hablaba interiormente. Fenrir volvió a abrir los ojos.
Draco lo vio acercarse y se quedó paralizado… Fenrir le puso dos dedos bajo el mentón y le levantó ligeramente la cabeza. Los rasgos de Draco se crisparon, el licántropo se inclinaba hacia él… cerró los ojos… ¡Fenrir iba a besarlo!
El corazón se le había desbocado en el pecho. ¡Fenrir iba a besarlo y él no iba a hacer nada para impedírselo! ¡¿Pero qué le estaba pasando!? ¡Tenía que empujarlo, sacárselo de encima, ir a buscar a Harry! Pero no… no iba a hacer nada de eso… no podía.
—No podés imaginar cuánto te quiero, cachorro. —lo oyó susurrar. Y un segundo después sintió los cálidos labios de Fenrir besándolo en la frente.
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