Pues hace un ratito me puse a ver un par de capis de Omega, así que me dieron ganas de subir esto. Omega es tan, pero tan mala, yo solo la vi porque por fin salió Ikki. Así que si alguien quería ver a Ikki en Omega, este es el momento de ir a verlo.
Por cierto, creo que me gusta escribir a Ikki con los Géminis. Son bien divertidos.
Gracias por seguir comentando.
Inmortales.
Francamente, ya se estaba hartando de ese chistecito de ser más resistente que una cucaracha en un ataque nuclear y tener más vidas que un gato. A estas alturas de la vida, ya no sabía si los dioses lo amaban o lo odiaban, o si solo estaba lo suficientemente aburridos como para jugar con él una y otra vez. Se los imaginaba a todos, sentados alrededor de una mesa, apostando sobre lo que él haría a continuación y haciendo trampa.
Ni siquiera Saga había sobrevivido a tantas cosas.
Después de lo ocurrido con Radamanthys, había despertado en una cabaña, bastante descuidada, en una isla muy calurosa. Alguien lo debía haber encontrado en la playa y cuidado hasta que despertara.
Lo que no se esperaba era que ese alguien fuera Fénix, sin duda, los dioses tenían un sentido del humor muy retorcido.
Fénix le informó que estaban en la Reina Muerte y que un día había aparecido flotando en la costa. No le dijo mucho más en aquel momento y Kanon tampoco quiso preguntar.
Ikki se había acercado al fuego que había en un rincón de la cabaña para cocinar la comida, aunque en opinión de Kanon el fogón que había era tan rudimentario que la carne se freiría mejor en una fogata de madera mojada.
Después de un rato, Ikki le pasó un plato con un trozo de carne, que sorpresivamente se veía apetitoso, y unas cuantas verduras. Ambos comieron en silencio, aunque Ikki no apartaba la mirada de Kanon y si Kanon no fuera Kanon, seguramente se hubiera intimidado al ser el objeto de estudio de alguien como Ikki.
Cuando terminaron de comer, Kanon se aclaró la garganta y se sintió extraño cuando escuchó su propia voz después de lo que le había parecido una eternidad.
—¿Qué se siente ser inmortal? —preguntó Kanon.
Ikki lo miró extrañado antes de responder.
—Después de todo lo que has pasado y es lo primero que se te ocurre preguntar.
Kanon solo se encogió de hombros.
—Sí. —volvió a insistir—. ¿Qué se siente?
—Cómo voy a saberlo, no soy inmortal.
—Te lo deberías plantear, has tenido muchas oportunidades para morir y sigues aquí.
—Justo como tú.
—Justo como yo.
—No creo en la inmortalidad —dijo Ikki—, pero tampoco tengo prisa en morir.
Kanon sonrió ligeramente, era una ironía que hubiera sido Fénix quien lo encontrara. Estaba completamente seguro de que algún dios se estaba divirtiendo a costa suya.
