Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, bla… la historia es mía, bla, bla, bla… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, bla, bla, bla… o te acuso con Aro Vulturi.
Disfruten, queridos querubines :D
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Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Bella Swan's Brand New Acid Test:
(La prueba de fuego de Bella Swan).
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Capítulo 18: Primera cita. O algo así.
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—Uhm, hey. —Mi voz sonó como un murmullo. Estábamos a jueves, y había tenido toda la semana para preparar a Charlie y Renée para esto. Edward ya les había comentado algo a Esme y a Carlisle sobre que había alguien por ahí que ellos deberían conocer. Ellos no presionaron, según él.
Mañana se suponía que saldría con Edward, formalmente, supongo. Y sería bastante… feo que Edward ya les haya hablado de mí a sus padres, pero que él siguiera siendo un desconocido en mi familia.
Antes de que despotricaran contra mí, ¡no me culpen! ¿Qué se suponía que debía hacer?
Creo que lo último que algún día Renée esperaría de mí es que le llegara con la noticia de que iba a salir con un chico, precisamente de la talla de Edward.
¡Pero era una Swan! No sabía cómo manejar esa clase de cosas. El lunes por la noche, cuando estábamos cenando, había intentado decirlo, pero la voz no había salido. El martes, tampoco. ¿Miércoles? Ni hablar. Y hoy, no parecía ser muy distinto.
Charlie nos ayudó a poner la mesa, mientras yo aliñaba las ensaladas y Renée servía los platos. Cuando estuvimos todos sentados, comiendo, cada vez que iba a abrir la boca sentía que me ahogaba.
—Hey —repetí. Renée me estaba mirando como si tuviera algo entre manos, pero Charlie lucía más sereno. Suponía que era porque no se esperaba la bomba que le iba a tirar.
—¿Cielo, estás bien? —dijo mi mamá, tocándome la frente. Quizás estaba roja-rojita, como un tomate.
—Uhm, esto, mañana en la noche voy a Port Angeles —murmuré. Tomé un trago de jugo para calmarme.
—¡Qué bien, Bells! ¿Vas con las chicas a ver una película o algo? —dijo Renée.
—Uhm, nope.
—¿Vas a ir sola? —Charlie frunció el ceño. Esto no me estaba gustando nada.
—Voy algo así como con un chico. En algo así como una cita. O algo así —balbuceé.
Renée y Charlie guardaron silencio.
—Esto, eh… ¿les parece bien? —Mi expresión denotaba duda, y no tenía que mirarme en el espejo para saberlo. Debía verme bastante patética en este momento.
Cuando terminé de comer, levanté mi plato y pedí permiso para levantarme.
—Estaba muy rico, mamá. Gracias.
Corrí escaleras arriba, presa del pánico.
Oí murmullos abajo.
—¿Bella y un chico? Santo cielo.
—Espero que no sea traficante de drogas… —dijo Charlie, con recelo.
—¡A quién le importa, Bella tiene novio!
Y oí un choque de palmas.
¿En serio, Charlie? ¿Un traficante?
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—Mamá, estoy bien. Alice, ¡aleja esa cosa de mí!
Renée no me hizo caso y volvió a acomodar el cintillo.
—Rosalie, ¡ya basta! —lloriqueé.
—Ay, vamos Bella —decían las tres.
Me tenían harta. Edward llegaría en veinte minutos y ellas todavía no me dejaban en paz.
—¡No voy a salir con Edward vestida de esta forma! —reclamé, parándome de la silla. A Alice se le escapó el mechón de cabello que quería ondular con calor. Me miré al espejo, parecía cualquier cosa menos yo.
Las tomé a las tres y las eché de mi habitación, cerrándoles la puerta en la cara.
—¡Bella, déjanos pasar!
—¡Sólo faltaba un poco de rímel!
—¡Edward no va a llevarme a ningún lugar formal, sobre mi cadáver!
Me quité esos estúpidos zapatos y la falda floreada. Me calcé unos jeans ajustados y me puse mis zapatillas de lona. Al menos estaban limpias.
También me quité la blusa rosada, antes de que Barbie y sus secuaces llegaran a llevarme al castillo Barbie a conocer a Ken y a la casa en Malibú.
Me miré al espejo, ya desmaquillada.
Tomé el puente de mi nariz y caminé al clóset, mientras seguía escuchando los gritos afuera. Encontré mi blusa favorita, en color azul, me encantaba el azul, tenía pequeños bordados, por lo que era femenina, pero casual.
Mis pestañas siempre se habían encrespado solas, porque eran muy largas, finas y dóciles, así que no tuve que hacerles nada. Estaba tan nerviosa que ya estaba ruborizada, así que no tenía que aplicarme color en las mejillas. Y mis ojos brillaban, quizá de nervios o de emoción, así que no me parecía maquillarlos. Lo único que hice fue echarme mi hidratante de labios de fresa, que tenía olor rico.
—¡Bella! ¡Ya te dijimos que… Ouch!
—¡Romeo está aquí!
—Hija, sal ya de ahí. ¡Quizás qué te estás haciendo!
Tiré toda mi ropa dentro del clóset y, cuando noté que mi habitación estaba decente, tomé una ligera casaca. Cuando abrí la puerta, el séquito había desaparecido. Respiré hondo y dejé la puerta de mi habitación abierta.
Bajé, aún no habían abierto la puerta. Charlie estaba leyendo el diario y las chicas junto con Renée estaban en la cocina. Ellas gimieron cuando me vieron, pero al menos sonrieron. Supe que al menos no me veía terrible, sino, me lo habrían dicho.
Por primera vez, Edward tocó la puerta. Yo pretendía abrir, pero Charlie me ganó la carrera.
—Hola, ¿tú eres Edward? —Charlie saludó. Edward asintió y le estrechó la mano.
—Hola, Jefe Swan.
—Adelante, Bella ya está lista.
En eso, Renée se acercó a la puerta, mientras yo me ponía detrás de esta. Edward aún no me había visto, dado que mis padres se robaban toda la película.
—¡Hola, Edward! —Renée le ofreció la mano, y la estrecharon. Mi mamá le sonrió con calidez—. Gusto en conocerte.
—Igualmente, señora Swan.
—Nah, dime Renée. Cualquier persona que logre que Bella salga un viernes por la noche ya es mi amigo. ¡Eso es casi un milagro!
—Mamá —gruñí, desde el otro lado de la puerta. Oí las risitas de Alice y Rosalie en la cocina.
Caminé hasta situarme junto a Edward, donde sacudimos la mano, porque no estaba segura de cómo decirle hola, y creo que él tampoco. Sin embargo, se veía muy guapo y también estaba vestido bastante casual. ¡Yo les había dicho que yo estaba en lo correcto!
—Luces muy bien —susurró, sonriéndome. Mi rostro recorrió todos los tonos de rojo posible. No supe qué responder.
Entró a la casa y, al instante, aparecieron Alice y Rosalie. Edward las saludó y las chicas hicieron lo mismo.
—Me alegro tanto de que vayan a salir —dijo Renée—. Bella es tan antisocial de que, de veras, esto es como un logro.
—Mamá —gemí.
—Nos costó un poco arreglarla, porque se resistía a todo lo que le poníamos.
—Alice —gruñí.
—Y al final, como siempre, terminó usando lo que ella quería —agregó Rosalie.
—De acuerdo, Edward, vamos. —Tomé su mano y lo arrastré a la puerta, entre sus risas.
—Cuida de ella —le pidió Charlie.
—Lo haré, Jefe Swan.
—Dime Charlie —respondió. Edward sonrió desde la puerta, pero yo ya había salido y le seguía tirando del brazo. Edward movió la mano y murmuró un "adiós", mientras yo permanecía detrás de él.
Todos salieron a la calle, yo les saqué la lengua. Un comportamiento muy maduro de mi parte. Nos gritaron "¡adiós!" desde la puerta repetidas veces, pero no quería mirar atrás. Esto había sido lo más humillante de la vida.
Edward tomó mi mano mientras caminábamos al auto, y me abrió la puerta para el asiento del copiloto. Subí y cerró. Luego subió por su lado e hizo una última seña con la mano antes de que desapareciéramos por la calle principal.
—Eso fue tan humillante —lloriqueé.
Oí la risa melodiosa de Edward a mi lado. Nos detuvimos en un semáforo.
—Salúdame —pidió, haciendo un puchero.
Negué con la cabeza y me acerqué lentamente a él, donde dejé un suave beso en la comisura de sus labios.
El semáforo marcó verde.
—Tramposa —murmuró entre risas.
Me reí, un poco más relajada.
—¿Qué rayos hacían Alice y Rosalie conspirando contra ti? —dijo con suspicacia.
—Y con Renée incluida —agregué—. Según ellas, esto sería una ocasión "especial".
Hice las comillas en el aire.
Edward se rió a mi lado.
—Porque es especial, tontita —dijo como si fuera lo más obvio del mundo. Yo rodé los ojos.
—Querían vestirme y maquillarme como si el mundo se acabara.
—Pero a ti no te gustan las cosas formales —puntualizó—, así que supe que como no te gusta mucho salir, ya sería muy complicado llevarte a un restaurante de cinco estrellas o algo por el estilo. Te negarías rotundamente y bla, bla, bla.
—Me conoces bien —dije con orgullo.
—Esta no será la ocasión, pero ya verás que pronto sí habrá una.
—Edward —gruñí.
—Atrás, pequeña saltamontes, te voy a pillar desprevenida, así que por ahora puedes dejar el tema en pausa.
Rodé los ojos, pero supe que incluso en la oscuridad, Edward podía verme. Se rió de nuevo. Últimamente le escuchaba mucho reírse.
Ya íbamos de camino a Port Angeles, por lo que Edward decidió poner algo de música. Me ofreció el I-pod, por si quería yo escoger algo de ahí.
Me puse a revisar la música que tenía, cosa que nunca había hecho. Nunca habíamos compartido un viaje en auto, o al menos con esta connotación. Sabía más o menos el estilo del que él disfrutaba, pero no los artistas. Aparentemente tenía buen gusto. The Beatles, Coldplay, The Smiths, Elvis… aparentemente compartíamos el gusto por la música no tan contemporánea.
Entré a la sección de listas de reproducción y sonreí levemente. Había una lista de reproducción que decía "Bella".
Se la enseñé.
—Son canciones que me recuerdan a ti. El otro día me puse a reordenar lo que tenía en el I-pod, y pensé que te merecías tu propia lista —susurró.
—Eso es muy dulce —respondí bajito. Noté que Edward sonreía de vuelta—, gracias.
—Hace tiempo que estoy en lo de configurar mis propias listas. Algún día te voy a grabar algo bonito.
Le dediqué una sonrisa, la verdad era que no sabía cómo responder a ello.
Nos fuimos escuchando las canciones con las que Edward pensaba en mí. Un detalle tan sencillo como ese, me derritió por completo. No estaba segura de lo que haría con él ahora, más que derramar miel.
Quizás era porque nunca había esperado ser tan feliz. Nunca me había esperado llegar al punto en que alguien me querría y que yo correspondería ese cariño.
Conversamos un poco sobre Renée y Charlie, la forma en que ellos eran conmigo, entre otras cosas. También sobre Carlisle y Esme, sobre Bree.
Guardábamos silencio un rato y luego volvíamos a hablar: sobre las materias, si creía en el horóscopo, las estrellas, de todo un poco y nada a la vez.
Mientras más tiempo pasaba con Edward, más cómoda me sentía. No necesitaba máscaras ni nada por el estilo porque así me quería él. O al menos, me hacía sentir querida.
Cuando llegamos a Port Angeles, Edward giró por una calle, sin entrar directamente a la ciudad, sino que quedándose más a la periferia. Íbamos en dirección a la costanera.
—¿Estamos llegando? —pregunté. Edward asintió, pero no dijo nada.
—Por aquí cerca.
—Dime qué vamos a hacer —pedí.
—Aún no —respondió con voz juguetona.
Cuando Edward se estacionó, bajó a abrirme la puerta y luego caminamos en dirección al maletero del volvo.
Ahí adentro, había una canastita y una manta. Tomó ambas cosas con cuidado, con una mano, y con la otra sujetó la mía. Me ofrecí a ayudarle a cargar las cosas, pero él se negó.
—Voy a mimarte un poco —susurró.
Caminamos en dirección a la playa, donde extendió la manta y sacó todo de la canastita. Nos sentamos y Edward sacó distintos recipientes, había emparedados con carne, lechuga y tomate, además de fruta, golosinas y bebidas.
Puso el I-Pod, con la lista de reproducción que veníamos escuchando, con un pequeño parlante portátil. Y nos quedamos juntos, mirando el mar.
—Sé que no es gran cosa, pero…
—Es perfecto —le callé.
Edward me sonrió. Parecía tan inexperto como yo en esto de las relaciones, me imaginaba que lo único que quería era no meter la pata. Pero yo era feliz con esto. Era sencillo, pero también adorable de su parte que hubiera traído comida para los dos y que hubiéramos recorrido el camino para ver el mar.
Comenzamos a atacar nuestros panecillos y no pude evitar soltar una risita cuando a Edward se le había manchado la nariz con mayonesa. Tomé una servilleta y se la limpié, despacito. Sonrió avergonzado, sonrojándose de la misma forma en que yo lo había hecho tantas veces a lo largo de la noche.
Dejé mi panecillo sobre el plato, me puse de pie y me situé junto a Edward. Él dejó también su sándwich en su plato.
Le tomé la mano y él estrechó de vuelta las mías. Me acerqué un poquito, hasta juntar su frente con la mía. Y dejé un pequeño beso en sus labios.
—Te lo ganaste —susurré, con voz juguetona. Pude sentir su sonrisa.
—¿Uno más? —me pidió. Tenía sus ojos cerrados, así que hice lo mismo y le di el gusto. Lo besé una vez más. Y en la frente, en las mejillas y en la nariz. Edward estaba con sus ojos cerrados, concentrado en las sensaciones. Se veía tan tranquilo…
Besó mi frente, y luego me acurruqué en su pecho. Me envolvió con sus brazos, una cantidad de tiempo inmensurable.
Luego, me quedé sentada en su regazo, mientras terminábamos nuestros emparedados. Dejamos que la música llenara el ambiente, no eran necesarias las palabras.
—Te quiero —murmuré una vez que terminé de comer, contenta de estar donde estaba. Me acomodé, escondiendo la cabeza en su pecho.
—Yo también —respondió, acariciando mi cabeza.
—No quiero que esto acabe —susurré.
—No te preocupes, aún queda una segunda parte de la cita.
—¿Qué? —pregunté, alzando la vista.
—Ya verás. —Besó la punta de mi nariz, con una mirada juguetona que no sabía descifrar.
Bueno, este tipo iba a volverme loca. Si es que no moría por taquicardia primero.
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aw, pues, como soy malita dije "muahaha voy a dejar la cita a la mitad", y lo hice porque... porque... porque puedo
¿les gustó el capítulo? está más larguito que los últimos que he estado subiendo c: espero sus opiniones en los reviews n-n
quiero darles las gracias por el apoyo y las cosas bonitas que comentan, en serio, muchas, muchas gracias c:
Y bueno, un aviso comercial: los que no se han suscrito a mi canal de youtube, HÁGANLO, o las acuso a Aro vulturi ah
pueden encontrarme como "delibrosylaVale", las estaré esperando c:
¡Un abrazote y estamos al habla!
Mordiscos,
Vale.
