Esta historia fue publicada originalmente en inglés por "EchoEternal" bajo el título de "Eternally Never Yours", yo sólo traduzco. Sus notas intactas… por si acaso.
Capítulos largos han vuelto al juego, ¡justo a tiempo para los Juegos de Bowser! ¡Ajajaja! Pensaron que todos aquellos viciosos mini-juegos de Mario party, aquellos malvados de Bowser, eran sólo meros juegos, ¡¿no es así?! Bueno… eh, supongo que estaban en lo correcto, lo son en su mayoría. ¡Pero! ¡Hay mucho más de ellos además de sólo ser una forma de arruinar una fiesta! Así que, encuéntrenlo más abajo, ¡en el capítulo que sigue! ¡Háganse algo de tiempo para leer esta historia y disfruten!
…
Una pequeña bola negra de pelusa, también conocido como Peludito, rio por lo bajo mientras rebotaba escaleras abajo en un mal iluminado corredor. Saltó sobre una tachonada, puerta de madera, y la abrió. Una serie de celdas esperaban dentro, con siete Goombas puestos dentro de una, tres Koopas en otra, y la última conteniendo a un Hermano Hammer y dos Hermanos Fire.
—Jejejeje, ¡meork! —el Peludito se rio—. ¡Mírense a ustedes perdedores!
—Puede, bola peluda —soltó Sledge, el Hermano Hammer.
—Vaya, vaya, esa no es forma de tratar al mensajero con el chisme más jugoso —se jactó el Peludito.
— ¿Q-Qué chisme? —dijo Bill el Koopa de caparazón azul.
—Oh por favor —suspiró el Koopa de caparazón rojo, Ren—. Sólo se está metiendo con nosotros.
— ¿Entonces por qué arriesgarme a bajar aquí abajo, donde podría compartir nuestra sentencia? —cuestionó Garen, el Koopa de caparazón verde.
— ¿Cuál es la historia, entonces, pelusa? —preguntó Sledge.
— ¡Meork! ¿Entonces quieren saber ahora? —dijo el Peludito—. Les costará.
— ¿Qué te parece tu vida? —ofreció Pyre, uno de los Hermanos Fire.
— ¡¿Mi vida?! —vino la respuesta sorprendida del Peludito.
—Te das cuenta de que podemos llamar a un guardia a que baje y meterte en los Juegos con nosotros, o peor —clarificó Sledge—. Así que, sí, tu vida.
— ¡Eso es sucio de ustedes, meork! —chilló el Peludito.
—Difícil —murmuró Pyro, el otro Hermano Fire.
—Bien —se rindió el Peludito—. Hay rumores alrededor del castillo sobre una rebelión, ¡y algunas personas quieren sacarlos de los Juegos!
— ¿Sacarnos? —preguntó uno de los Goombas.
— ¿Quién estaría tan loco? —inquirió otro Goomba.
—No yo, pero es divertido hablar sobre eso —dijo el Peludito—. Oh, ¡y resulta que Bowser ha estado enamorado de Mario todo este tiempo!
— ¿Él qué? —preguntó Garen.
— ¿Ven? Meterse con nosotros.
—No, ¡no lo hago, en serio! —protestó el Peludito—. ¡Todo el castillo está hablando sobre eso! Muchos de nosotros están buscando enfrentar a Bowser y destronarlo, mientras que otras personas siguen inseguras si defenderlo.
— ¿Bowser enamorado de Mario? ¿Es esa tu mejor broma del día? —soltó otro Goomba.
—Me gustaría mucho que fuera una buena broma, meork, ¡pero no me gusta la idea de estar atrapado junto a ustedes perdedores! —admitió el Peludito—. ¡No hay forma en la que me arriesgaría mintiendo acerca de esto!
Una Boo repentinamente flotó a través de las paredes, y buscó a los prisioneros. Entonces notó al Peludito y rio.
— ¡Ojojojo! —la Boo rio—. ¡Así que viniste a decirles después de todo!
— ¿Decirnos qué? —preguntó Bill.
—Acerca de la revolución del castillo —se rio la Boo—. ¡Bowser se volvió loco y reveló que cayó en el amor por Mario!
Los trece prisioneros dejaron caer sus bocas simultáneamente mientras la Boo y el Peludito se reían.
—Meork, deberíamos irnos —se rio el Peludito—. ¡Quiero ver quién es lo suficientemente loco como para ir en contra de Bowser!
— ¡Espera! —dijo Sledge—. Dile a quien sea que puedas que no venga abajo por nosotros. No necesitamos ser rescatados.
— ¡¿Qué?! —dijo con sorpresa Bill.
—Sledge, ¡estás demente! —gritó Ren.
— ¿Puedes hacerlo o no? —preguntó Sledge a la Boo y al Peludito.
—Ojo, si eso te gustaría, seguramente —se rio la Boo—. No tenemos nada mejor hacer, con todo eso de las protestas en camino.
— ¡Habla por ti misma, meork! —bufó el Peludito—. ¡Hay mucho más que puedo hacer que trabajar por esto!
Los dos continuaron conversando mientras se alejaban del calabozo. Los Goombas saltaron erráticamente por toda su celda mientras los Koopas le lanzaban miradas asesinas a Sledge.
— ¿Qué es lo que crees que haces? —demandó Ren.
— ¡Alguien pudo habernos rescatado! —chilló Bill.
—Al menos, no estaríamos aquí nunca más —notó Garen.
— ¿Acaso ninguno de ustedes lo entiende? Si alguien intenta sacarnos, tendremos un levante de guerra masivo entre nuestras tropas —explicó Sledge.
—Eh, sí, creo que ese es el punto —bromeó Pyre.
—Exactamente, y eso es malo —afirmó Sledge.
— ¿Cómo, de nuevo? —cuestionó Garen.
—Estamos en guerra con la Princesa Peach y sus Toads —informó Sledge—. Si nos dividimos entre apoyar a Bowser y no hacerlo, seremos presas fáciles para ellos.
— ¿No podríamos terminar la batalla más rápido? —preguntó Bill—. No necesitamos que dure mucho, sólo quitar a Bowser del camino.
—No, hay todavía gente que agrada de Bowser —se dio cuenta un Goomba—. Sledge tiene razón. Vamos a dividirnos en el medio de una guerra que llevará a Peach a derrotarnos a todos nosotros.
— ¡Pero no podemos simplemente ir a través de esto! —dijo Pyro—. Si morimos en los Juegos, ¡entonces habrá un pedido de sangre a nuestro favor!
—Exactamente —añadió Ren—. De una forma u otra, ¡vamos a tener una guerra civil entre nuestra gente!
—Así que no podemos permitir que una rebelión suceda, pero estamos acabados si participamos en los Juegos de Bowser —recordó otro Goomba.
Sledge giró el casco de su cabeza alrededor y pensó por un minuto. —No necesariamente —murmuró.
De mientras, Bowser lanzó su puerta y caminó fuera del pasillo. Kamek estaba ahí, esperándole.
—Buen día, señor —el Magikoopa reverenció.
—Ahórratelo —soltó Bowser. Paso una garra por su fiero cabello—. ¿Qué tan malo es?
—Un buen número de murmullos sobre una revolución a escala completa están en curso —dijo Kamek—. Muchas de las tropas se dieron cuenta que el día de hoy determinará el destino de esos trece prisioneros y quieren pararlo.
—Y —murmuró—. Paro eso, soy un cobarde y pruebo mi ineptitud como un rey, mientras también admito que estaba equivocado de aprisionarlos y para cuidar a Mario —pausó y suspiró—. Si continúo con los juegos, voy contra los deseos de mi gente, o alguna, al menos, pero llevo a cabo mi sentencia a los prisioneros, lo cual reforzará mi voluntad —Bowser se rascó la barbilla y sacudió la cabeza—. De cualquier forma, estoy mal y el resultado es una rebelión.
—Bueno, si te hace sentir bien, no todos están en contra de tu voluntad —notó Kamek.
— ¿Tales como…? —Bowser inquirió.
Kamek palmeó su varita contra su mano. —Pienso que las Bob-ombas siguen de tu lado, en términos de facciones completas. La mayoría de Moles, Beetles, y Rexes siguen favoreciendo tu punto de vista. Todas las fuerzas acuáticas siguen batallando por su reciente pérdida, así que están fuera del cuadro —ajustó sus anteojos—. Creo que puedo conjurar algunas tropas reanimadas para nuestro lado también. Y si las Pirañas se mantienen alimentadas, son leales.
— ¿Eso es todo? —cuestionó Bowser—. ¿Qué hay de los otros grupos?
—Eh… veamos —Kamek agitó un poco su varita por todos lados—. Mis Magikoopas deberían estar ahí, pero están cuestionando mi autoridad, con desertores clamando que soy muy cercano a ti. Las tropas de Peluditos y Boos no les pueden interesar menos la lealtad y disfrutan la idea de unos peleando con los otros, poniéndose detrás de cada argumento que puedan, en ninguno de los lados. Todos los demás Koopas están muy difícilmente separados, así como los Goombas, los Shy Guys, y los Lakitus. Los Spikes, Snifits, y Swoopers están muy confundidos y generalmente permanecen callados.
Bowser golpeó a la pared más cercana. — ¡Eso es ridículo!
Kamek se encogió de hombros. —Bueno, señor, debería estar contento de que ninguna tropa se ha unido como una facción completa en su contra.
— ¿No es eso un alivio? —soltó Bowser sin expresión—. Las tropas más pequeñas me tienen en favor mientras que grupos más grandes están debatiéndose en la idea de rebelarse. Pero, tengo a las bombas, así que eso es un alivio.
—En realidad, no estaría de acuerdo en eso, niño —se rio Kamek—. ¿Te das cuenta que aún tienes a los Koopalings y a tu hijo contigo? Teniéndolos a ellos y reteniendo a las Bob-ombas es un buen comienzo.
—Mi propia especie está en mi contra —Bowser dijo—. Koopas, Hermanos Hammer, Paratroopas, Hermanos Fire, Boomerang e Ice, ¿todos en mi contra? ¿Puedes imaginarte si deciden voltear la mesa?
—No lo han hecho aún —Kamek musitó.
—Aún. Entonces, podrían —observó Bowser.
—…Teóricamente —cedió Kamek.
El Rey Koopa deslizó su mano sobre su rostro. —Fantástico —murmuró.
Junior caminó fuera de su habitación. —Entonces, ¿qué es lo que vas a hacer, papá?
—…Ir debido a lo planeado —decidió Bowser—. Junior, dile a los Koopalings de reunir a los prisioneros y llevarlos a la arena. Kamek, envía el anuncio a través del Castillo, y precave a los desertores con la muerte si deciden intervenir.
—Señor, ¿está seguro…?
—Sí.
—Muy bien —asintió Kamek—. Te enviaré una escolta y te encontrarás con ella bajando las escaleras.
— ¿Escolta? —Bowser protestó—. No necesito-…
—Oh sí, sí la necesitas —Kamek insistió y palmeó el brazo de Bowser con su varita—. No estoy tratando con un posible grupo que intente asesinarte antes de que llegues ahí.
Antes de que Bowser pudiera seguir argumentando, Kamek se deslizó por el pasillo y salió a través de la escalinata. Junior intercambió una mirada con su padre.
—Am… ¿estás seguro de que quieres traerlo? —preguntó Junior—. Yo podría hacerlo.
—No, lo quiero conmigo —murmura Bowser—. Incluso si me odia ahora mismo.
—No lo hará por siempre —le alentó Junior—. Si yo no puedo, él no puede.
Bowser rio por lo bajo. —Espero que estés en lo correcto, hijo.
Se arrodilló y abrazó al príncipe antes de que Junior aumentara el paso para encontrar a los Koopalings. Con un suspiro pesado, se arrastró hacia la puerta de Mario y la abrió. Dentro de la oscura habitación, el plomero vestido de azul y rojo fulminó con la mirada a Bowser, sus muñecas y tobillos amarrados a la cama.
—Si prometes jugar lindo conmigo, no te amarraré —ofreció Bowser. Mario sólo aumentó el odio en su mirada—. Atente a las consecuencias.
Lentamente, sacó una cuerda y la deslizó alrededor del cuerpo de Mario, sólo siendo de una pierna a la vez y esquivando cada patada. Bowser hizo lo mismo con los brazos de Mario, también evadiendo los puñetazos que el plomero soltaba.
Después de terminar y apretar los nudos, Bowser se sentó a su lado en la cama y suspiró. —En verdad no soy un gran fan de esto, créeme —jaló de los nudos de Mario. Bowser esperó otro minuto y dobló sus rodillas antes de que se levantara de un salto, teniendo a Mario de su hombro, y saliendo de la habitación.
Silenciosamente, Bowser cargó a Mario a través del corredor. Alzó las cejas frente a la quietud de Mario, pero continuó abajo un par de pasos y presionó el panel de piedra. Se abrió a la habitación negra, con la pipa en el medio. Bowser escaló a la boca de la tubería y saltó, manteniendo a Mario cerca de él.
Viajaron a través del túnel oscuro y subsecuentemente emergieron en el otro lado. Bowser reposicionó a Mario gentilmente en su espalda.
—Última oportunidad —susurró—. ¿Seguro que quieres que te cargue así? —de nuevo, Mario se negó a responder, y Bowser se encogió de hombros—. Mientras tú estés aquí, está bien por mí.
Mientras caminaban de la tubería y la escalinata, una Koopa de caparazón morado se aproximó. Su rostro estaba estoico, con sus ojos rubí puestos en su rey y su prisionero.
—Saludos, Amo Bowser —Koopella hizo una reverencia.
— ¿Tú? —Bowser parpadeó—. ¿No están los Koopas en mi contra?
—Algunos, no todos, señor —corrigió.
—Hm. Claro —murmuró Bowser. Más claramente, preguntó—. Así que… ¿cómo va el entrenamiento?
—Va bien —Koopella alzó sus brazos y mostró sus coderas de color negro.
—Felicidades —asintió Bowser—. Continua así.
—Lo haré, señor —ella asintió.
Continuaron caminando y se movieron a una más grande, puerta tachonada de rojo. Un Rex negro con alas blancas se acercó a ellos, y suavemente sonrió frente a la compañía.
—Hooooola… —comenzó Nix mientras intentaba con su mano alcanzar el brazo de Bowser.
—No ahora —Bowser soltó mientras Nix retraía su mano.
—…Estáaaaa bien —el Rex terminó mientras el Rey Koopa lo pasaba de largo, y lentamente siguió al grupo adelante.
El cuarteto caminó a través de otro pasillo, el cual era más delgado que el que acababan de dejar. Otra puerta esperaba al final, y Koopella la abrió.
Mientras entraba, una multitud del ejército de Bowser estaba reunido en unas series circulares de tarimas y banquillos puestos alrededor de una plataforma circular, la cual colgaba de cadenas puestas sobre una cama de magma. Kamek se alzó de una cabina no demasiado alejada del lugar en el que Bowser y los otros habían llegado. Se paró al frente y sostuvo su varita debajo de su barbilla.
—Todos alaben a su rey, ¡Lord Bowser! —anunció el Magikoopa mientras hacía movimientos con su bastón.
Gritos y abucheos se escucharon alrededor del ring, mientras Bowser hizo su camino hacia su asiento.
— ¡Hurra, Lord Bowser!
— ¡Rey infecto!
— ¡Él no es un líder!
— ¡La grandeza alrededor!
— ¿Es ese Mario atado?
— ¡Qué asqueroso!
—No como que Peach lo tuviera mejor.
— ¡Son tan lindos juntos!
— ¡Esto será tan emocionante!
El Rey Koopa marchó adentro de su caja con la escolta, y caminó en frente de dos tronos negros mientras que un Paratroopa de alas blancas volaba a la caja y revoloteaba para estar nivelado a ella.
—Hola su majestad —saludó el Paratroopa.
— ¿Limpiador de Ventanas? —jadeó Bowser.
—En realidad, señor…
— ¿Qué estás haciendo aquí? —interrumpió el rey.
—Oh, bueno, Kamek me envió para mantener un ojo en usted mientras estamos aquí —explicó el Paratroopa. Se volteó a la Koopa y al Rex con Bowser—. Em… ¿están ustedes dos también para eso?
—Afirmativo —asintió Koopella.
— ¿Afirma…? Relájate, cariño —ronroneó Nix, quien recibió una mirada amenazadora en respuesta. Sonrió y se regresó al Paratroopa—. La respuesta para mí es sí, lindura.
—Limpio —asintió el Paratroopa mientras volaba sobre ellos—. Supongo que ustedes dos pueden lidiar con los lados mientras yo me hago cargo de los cielos —se rio por lo bajo mientras voló un par de pies más.
Nix observó al Paratroopa volar y lamió sus labios. Koopella lo golpeó duro en el brazo.
— ¿Qué? —se quejó—. Es lindo.
—Eres así con todos —gruñó Koopella.
—Claro que no —defendió Nix—. Pero entre él, tú misma, y nuestro… bueno —su rostro se encendió con un sonrojo—, gran espécimen de rey, puedo ver cómo alguien podría pensar en eso.
—Me estoy parando justo aquí —se escuchó a Bowser.
—Lo sé —ronroneó Nix, a lo cual Koopella le golpeó de nuevo—. Auch. Cariño, no me golpees tan fuerte. Me gusta duro, pero…
—Para —bufó—. Eres asqueroso.
—Oh, palabras venenosas —Nix golpeó su pecho—. Pero, como la dama ordena, debo desistir —observó a Bowser y sonrió picarescamente—. Por ahora.
El Rex se puso al lado derecho de la caja, y se hizo a un lado mientras Junior caminaba entre las butacas. Observando al atado Mario, el Príncipe Koopa frunció el ceño al tiempo que se ponía al lado de su padre. Koopella les hizo una reverencia y se puso al lado izquierdo de la caja.
—Ya están todos puestos —Junior susurró a Bowser.
—Bien —el rey suspiró y se sentó en su trono. Gentilmente posicionó a Mario en su lado vacío y Junior se sentó en el trono más pequeño a la derecha. En voz alta, Bowser dijo—. ¡Traigan a los prisioneros!
Con una colisión escandalosa, todos observaron a una larga plataforma verjada de metal alzarse cerca de la central. En ella estaban los Koopalings, sus Helikoopas, y los trece prisioneros, con los últimos aun estando unidos por las cadenas.
Algunos miembros mostraban su desacuerdo:
— ¡Libérenlos!
— ¡Ellos no merecen esto!+
— ¡Injusticia!
Mientras que otras voceaban su aprobación:
— ¡Fríanlos!
— ¡Sírvanse bien de esos prisioneros!
— ¡Dennos un show!
Igualando los gestos de Kamek, Larry alzó una varita debajo de su barbilla y anunció. — ¡Bienvenidos, sean todos, a los Juegos de Bowser! —aplausos y abucheos se escuchaban de la multitud—. El evento de hoy será presentado con los trece prisioneros que ven aquí, ¡encarando cargos de traición contra el Rey Koopa mismo! —los rugidos continuaron—. Siendo un justo y clemente líder, sin embargo, Bowser ha decidido ofrecerles la oportunidad de competir por sus vidas, y sentenciarlos aquí. Con una semana ya pasada desde su sentencia, ¡es oficialmente tiempo para sus deudas de saldarse!
Los Koopalings liberaron cuatro de los Goombas de sus cadenas y los lanzaron a la plataforma, la cual tambaleaba incluso con el más mínimo movimiento.
— ¡Nuestros primeros cuatro jugadores serán Jumpy, Grumpy, Happy y Sleepy! —gritó Larry—. ¡Ellos estarán tomando una Mágmica Aventura a través de las piedras en el río de lava abajo!
Kamek ondeó su varita y la plataforma circular se desencadenó de los colgantes a su alrededor, lanzando a los cuatro abajo. Varias piedras esperaban en frente de ellos mientras se observaban los unos a los otros y temblaban.
—Espera, ¿cuál Goomba es cuál? —Junior le preguntó a Bowser, mientras se ponían binoculares.
—Puedes distinguirlos por el color de sus ojos y expresiones —Bowser explicó—. Happy tiene ojos marrones y sonríe mucho, Grumpy tiene ojos ámbar y regaña, Jumpy salta mucho con ojos morados, y Sleepy bosteza y tiene ojos grises caídos.
Junior parpadeó y se volteó a su padre. — ¿Cómo sabes eso? —inclusive Mario alzó una ceja en confusión.
—Ellos han estado en las celdas por una semana —informó Bowser—. Tuve que tener reportes de ellos en algún punto. No saber de ellos sería un poco perezoso y falto de estrategia, ¿no te parece?
—Bueno… yo supongo —se encogió de hombros Junior y volvieron a observar el evento bajo ellos.
De mientras, los cuatro Goombas se alinearon al filo de la plataforma y se alistaron para saltar hacia el frente. Una bola de cañón los pasó rozando y cayó en la lava delante de ellos. Roy rio por lo bajo en su Helikoopa Junior del lado derecho, mientras que Morton volaba a su lado izquierdo.
—Oh, debí haber mencionado esto —dijo entre risas Larry—. Roy y Morton estarán disparando bolas de cañón mientras los cuatro cruzan —los miembros de la audiencia o se integraron a la risa o comenzaron a gritar obscenidades—. Su meta es alcanzar la línea de meta, justo por allá —Larry continuó apuntando a distancia, donde una plataforma con una línea de meta les esperaba—. Pueden comenzar cuando estén listos… ahora. Oh ups, ¡es mejor que comience a moverse!
Nerviosamente, los cuatro Goombas intercambiaron miradas. Jumpy fue el que saltó primero, y aterrizó sobre una piedra en el lado izquierdo. Happy logró llegar más lejos, siguiendo a Jumpy. Grumpy se preparó detrás de ellos, pero se acobardó cuando observó a Sleepy bostezar. Gruñendo, se regresó, lanzó a Sleepy en una piedra y fue después de él.
—Vaya, vaya, ¡ellos han comenzado! —narró Larry—. Roy, Morton, ¡disparen a voluntad!
Morton golpeó la parte delantera de su Helikoopa, preparando el cañón mientras que los cuatro Goombas continuaban saltando y avanzando. Lanzó un golpe, buscando dispararle a Jumpy mientras saltaba otra vez. El Goomba de ojos violeta se giró para observar cómo la bola de cañón aterrizaba cerca de él en una plataforma más grande. Roy imitó la acción de Morton, apuntando y disparando mientras Grumpy lanzaba a Sleepy a la misma plataforma a la que Jumpy había llegado. Afortunadamente, el agotado Goomba se golpeó con la plataforma al tiempo que la bola de cañón golpeaba el borde y caía en la lava debajo de ellos.
Happy y Grumpy saltaron hacia adelante y se encontraron con los otros dos en la plataforma. Juntos, el grupo se movió hacia adelante y se fueron hacia otra piedra aún más grande, evadiendo las bolas de cañón de Morton y Roy.
— ¡Oigan, lo estamos haciendo muy bien! —celebró Happy.
—Síp, ¡casi ahí! —saltó Jumpy.
—Genial… —bostezó Sleepy.
— ¡¿Cómo puedes dormirte en una ocasión como esta?! —soltó Grumpy.
A pesar de eso, Grumpy golpeó a Sleepy y lo lanzó hacia la siguiente piedra. Happy y Jumpy se fueron a su derecha mientras Grumpy se fue detrás de Sleepy una vez más. Una bola de cañón de parte de Roy se disparó y se estrelló en la plataforma en la que Jumpy y Happy se paraban, enviándolos a volar hacia la siguiente.
—Huh —musitó Roy—. No creí que eso sucedería.
Grumpy jadeó al tiempo que la piedra debajo de él comenzaba a crujir y deslizarse hacia la magma. Sleepy se estiró y se volvió hacia atrás mientras Grumpy lo empujaba a que continuara nuevamente, difícilmente capaz de saltar tanto de la piedra que se caía como del cañón de Morton.
—Suertudos… —gruñó Morton.
El cuarteto corrió hacia la plataforma final y saltaron a ella antes de que Roy y Morton pudieran responder. Recuperándose de los saltos, avanzaron entre tropezones y corrieron hacia la línea de meta.
—Oh, miren eso —Larry observó, aunque letárgico sobre eso—. Parece que aquellos cuatro Goombas lograron salvarse de eso, de alguna forma —algunos de la audiencia aplaudieron, mientras que otros abuchearon—. No importa —continuó Larry, recuperando su energía—. ¡Es hora del siguiente reto!
Mientras los cuatro Goombas avanzaban hacia una pared en frente de ellos, Kamek los sobrevoló y lanzó un hechizo. Polvo mágico voló sobre los Goombas mientras desaparecían, reapareciendo en la plataforma alzada del centro. En su lugar se pararon Bill, Garen y los Hermanos Fire. Los cuatro observaron a la pared detrás de ellos, la cual tenía una larga cerca en su lugar y aíre en el lado opuesto, revelando los volcanes a distancia.
—Lo siguiente, ¡la muralla! —se rio Larry—. ¡Esto es para Bill, Garen, Pyre y Pyro!
—Espera —Junior se volteó a su padre de nuevo—. Esos Hermanos Fire se ven idénticos.
—Si observas cuidadosamente, ellos tienen marcas de quemaduras en sus caparazones —apuntó Bowser—. Pyre tiene una quemadura con forma de estrella y unos ojos café más suaves, mientras que Pyro tiene una quemadura con forma de corona y ojos café más oscuros.
—Wow, tienes razón, papá —observó Junior mientras veía de nuevo a través de los binoculares.
—Esos cuatro —continuó Larry en su anuncio—, escalarán esta pared y se harán de las banderas hasta arriba —apuntó a banderas negras y rojas con la insignia de Bowser en ellas—. Las necesitarán para evadir trampas que están todo el camino hasta aquí.
Los Koopas y los Hermanos Fire observaron a la pared, notando las órbitas picudas que rotaban alrededor de la cerca.
— ¡Comiencen cuando estén listos! —mencionó Larry a los concursantes.
— ¿No deberías hablarnos acerca de los Koopalings primero? —cuestionó Garen.
— ¿Qué es eso? —preguntó Larry—. No puedo escucharte por las piedras que resuenan.
Debajo del cuarteto, la plataforma base de piedra comenzaba a hundirse en el magma. Rápidamente, se fueron a la cerca y observaron a la roca hundirse.
—Debió habernos dicho de eso también —gruñó Bill.
—Oh, les lanzaría o escupiría bolas de fuego si pudiera —soltó Pyro.
—Eso es lo que ellos querrían, para que puedan torturarnos más —racionó Pyre—. Vamos, hay que escalar.
Cuidadosamente, los cuatro lograron subirse a la pared. Una vez que tuvieron sus dos pies, se movieron en una sola fila para asegurarse de que las picudas trampas no les hiciesen nada.
Alrededor de un cuarto del camino hecho, la voz de Larry se escuchó. —¡Iggy! ¡Lemmy! Preguntaban por ustedes, ¿por qué no avivar esto un poco?
Riendo por lo bajo, los dos Koopalings volaron sus Helikoopas por el lado opuesto de la pared y nivelaron sus transportes a la altura de los cuatro escaladores.
—Eh… harán esto más difícil, ¿no es así? —inquirió Bill.
—Desafortunadamente —respondió Garen—. Como si escalar y sostenernos en esta pared no fuesen suficientes.
Sacando una especie de manguera de sus Helikoopas, Lemmy e Iggy lanzaron chorros de fuego y movieron sus transportes cerca de los competidores, intentando quemarlos y hacer que cayeran de la muralla, aunque fallando.
—Bueno, eso es un giro argumental un tanto cruel e insano —murmuró Pyre.
— ¡¿Están utilizando fuego en nuestra contra?! —chilló Pyro—. ¡Eso es un montón de mierda!
Acelerando su paso, el cuarteto siguió su paso, evadiendo tanto el fuego como las órbitas picudas. A la mitad del camino, Lemmy e Iggy decidieron cambiar su técnica, disparando de un lanzador de llamas, con la esperanza de atrapar a más de uno con la guardia baja.
—Vamos, ¡ya quémense! —se quejó Lemmy.
—No gracias, así estamos bien —respondió calmadamente Garen mientras escalaba rápidamente, evitando la bola de fuego.
—Sólo quédense quietos por un minuto —gruñó Iggy.
— ¡Eso es lo contrario a los que deberíamos hacer! —respondió Bill.
Aún con un cuarto del camino por recorrer, los escaladores continuaron con su paso, deslizándose entre las pequeñas aperturas disponibles entre las bolas de fuego y las trampas picudas. Lemmy comenzó a disparar sin control alguno, quemando la cerca en puntos sin sentido al punto de que no le atinaba a los participantes. Iggy, sin embargo, aprovechó eso y lo utilizó para intentar acorralarlos uno a uno, intentando atraparlos entre las órbitas y las bolas de fuego fueran de su hermano o suyas. Pyre se deslizó rápidamente por la valla cuando Iggy le acorraló entre las bolas de fuego de su hermano y las trampas picudas.
—Te tengo, pequeña rata —rio maniático Iggy.
Al tiempo en el que la línea de llamas pasaba cerca de Pyre, como sea, el Hermano Fire se las arregló para alcanzar una apertura y escalarla. Iggy rezongó en irritación al tiempo que Pyre se reagrupaba con su grupo y los cuatro alcanzaban las banderas.
— ¡Ja! —se mofó Pyro—. ¡Lo hicimos!
—Supongo que no eran tan buenos entonces —rio por lo bajo Pyre.
—Ow, no es justo —se quejó Lemmy—, debimos haber atrapado al menos a uno de ellos
—Y mira, los cuatro competidores lo lograron —dijo Larry sin expresión. Algunos miembros de la audiencia gritaron y alabaron,mientras que otros golpearon al suelo con sus pies e intentaron apagar su furor.
Kamek voló en su escoba y conjuró otro hechizo, los Hermanos Fire y los Koopas desaparecieron debajo del polvo mágico al tiempo que una larga, metálico plataforma salía de la punta de la cerca, llegando hasta el centro de la arena. Cerca de las banderas, tres Goombas y un Koopa aparecieron abruptamente.
— ¡Es hora del Camino de los Diverobstáculos! —anunció Larry—. ¡Observen cómo Ren, Baldy, Wheezy y Doc intentan cruzar éste puente al tiempo que Wendy, Ludwig y yo les seguimos e intentamos freírlos! —el joven Koopaling rio escuchando las obscenidades y aplausos que el público dirigía.
—Se nota que lo está disfrutando —soltó Ren.
De vuelta en la caja, Junior observaba cuidadoso a los cuatro concursantes. —Oh, creo que los reconozco —murmuró—: Wheezy tose demasiado y tiene ojos verdes. Doc tiene ojos marrones y unos lentes en la cabeza. Y… Baldy tiene ojos azules… ¿pero no cejas?
—Muy bien, hijo —congratuló Bowser.
— ¡Bowser! —chilló una voz.
Rey y Príncipe Koopa se giraron a observar a un Lakitu en frente de la caja, con un Spiny Egg en su mano. Koopela y Nix se pusieron frente de la familia real.
— ¡Esta locura necesita parar! —demandó el Lakitu—. ¡No eres el adecuado para gobernar y no tienes derecho de castigar a estas personas!
Irritado, Bowser abrió la boca para replicar, pero la cerró al observar a un flash blanco que bajó al Lakitu de su nube.
— ¡Limpiador de Ventanas! —fue todo lo que salió de la boca de Bowser, al tiempo que el Paratroopa descendìa y tomaba al Lakitu, alzándolo en el aire.
— ¡Oye, déjame ir! —espoleó el Lakitu.
—No puedo hacerlo —el Paratroopa se rió—. ¡Amenazaste la vida de nuestro Rey! Eso significa que serás enviado a los calabozos —hizo una seña hacia la plataforma, Morton la notóy rodó la caja—. ¡Aquí está, ejecutor, señor!
Morton sonrió de oreja oreja al tiempo que el Paratroopa envió al Lakitu temblando hacia él. Se regresó volando y pasando por la arena.
—Buen trabajo —le felicitó Koopella.
—Sí, buen show —concordó Nix.
—Ow, ¡gracias chicos! —el Paratroopa se sonrojó ligeramente y rio un poco—. ¿Se encuentra bien, Amo Bowser?
—Em… sí, perfecto —murmuró Bowser y parpadeó ausente.
— ¡Genial! —dijo el Paratroopa—. Bueno, ¡de vuelta al sus puestos!
Se alzó en el aire y se fue volando. Nix y Koopella observaron de nuevo a Bowser, Junior y a Mario una vez más antes de regresarse a sus puestos al lado de los asientos. Bowser se rascó detrás de la cabeza, parpadeó, encogió de hombros y agarró los binoculares para observar a los Koopalings volar en sus Helikoopas Junior detrás de los contendientes.
— ¿Los Koopalings ya están listos? —preguntó Larry.
—Por supuesto, hermano querido —rio un poco Wendy.
—Esto debería ser un espectáculo rápido —musitó Ludwig.
—Espera, ¿no deberían preguntarnos a nosotros si estamos listos? —inquirió Baldy hacia sus compañeros.
— ¡Fuera! —gritó Larry y los Helikoopas comenzaron a avanzar, forzando a los cuatro prisioneros a alejarse de los Koopalings flotantes,los cuales estaban haciendo mucho escándalo para recorrerlos por la plataforma. Más adelante, Thwomps flotaban en el aire en una fila.
—De acuerdo, deberíamos pensar esto con cuidado —analizó Doc mientras el grupo corrió cerca del Thwomp—. Si planeamos lo que recorreremos…
— ¡A la mierda con eso, sólo corre! —gritó Ren.
El Koopa de caparazón rojo corrió hacia el borde frontal de la plataforma, difícilmente capaz de moverse antes de que un Thwomp colisionara pesadamente sobre el borde metálico. Baldy corrió detrás de él, evadiendo otro Thwomp cayendo que colisionó cerca del borde metálico trasero.
—Bueno… supongo que eso funciona —musitó Doc. Se alistó para correr detrás de ellos, pero se detuvo al ver a Wheezy tener un ataque de tos.
—Só…sólo… sigue —Wheezy escupió, y nerviosamente observó a los Koopalings mientras se acercaban.
Doc se regresó y cuidadosamente se hizo cargo de Wheezy, encontrando aperturas a lo largo del puente que les permitió navegar a través de los Thwomps que caían. Se encontraron con Baldy y Ren después de cruzar y observaron un punto en el puente, con tres plataformas que rápidamente se elevaban y descendían de lugar.
—Cronométrenlo bien, entonces salten —avisó Doc.
Cuidadosamente, los cuatro tomaron turnos para saltar del puente y de ahí a la plataforma.
—Al menos los Koopalings no serán capaces de seguirnos —gruñó Ren al tiempo que intentaba estabilizarse.
—Eh… no estés muy seguro de eso —mencionó Baldy.
Regresándose a los Thwomps, los Koopalings volaban sus carros cerca de los bloques que caían y comenzaban a aproximarse a los cuatro competidores en sus plataformas. Paniqueados, los prisioneros comenzaron a saltar a la siguiente plataforma juntos, y rápidamente a la tercera.
— ¡Rayos! —Balty soltó,deslizándose cerca del borde de la plataforma.
Ren corrió y lo atrajo de vuelta al centro de la plataforma antes de que el peso los pusiese fuera de la plataforma tampoco. Los tres Goombas y el Koopa se prepararon una vez más y se lanzaron al otro lado de la plataforma.
— ¿Podemos… respirar ahora? —dijo Wheezy entre bocanadas.
—Todavía no —advirtió Doc, y los cuatro se regresaron para ver a los Koopalings flotar sobre las plataformas que acababan de cruzar.
Más al frente, los corredores tuvieron que continuar, llegando a una porción estrecha de la plataforma. Se alinearon y continuaron corriendo, moviéndose rápidamente a través de la fina área del puente. A mitad del camino, los cuatro saltaron a través de otro espacio del puente, y corrieron a través de la última parte del estrecho camino. Una vez que lo lograron, la plataforma se expandió de nuevo, y fueron capaces de utilizar más espacio.
—Oigan, los Koopalings se pararon un par de metros atrás —notó Baldy.
—Baldy, ojos al frente —murmuró Doc.
El Goomba de ojos azules se regresó para encontrar bolas picudas dirigiéndose al grupo. Ren corrió hacia el frente y saltó sobre la primera, con los Goombas siguiendo su liderazgo. Continuaron de nuevo, y saltaron sobre la segunda, que era más lenta, tuvieron que apurarse con la tercera, que era más rápida y colisionó con la segunda. Recuperándose, los cuatro corrieron y saltaron sobre otras dos más, las cuales rodaron detrás de las otras.
— ¿Eso fue… todo? —murmuró Whezzy.
—Casi, sólo continúa —respondió Ren.
— ¿A dónde creen que van? —dijo Wendy al tiempo que los Koopalings se acercaban a los cuatro prisioneros.
—Hora de la final —se rió Ludwig, al tiempo que el trío se alinean y preparaba los cañones de sus Helikoopas.
Con una serie de sonidos, los Koopalings dispararon bolas de cañón a los concursantes. Los cuatro saltaron por la línea de fuego y continuaron corriendo. Irritados, Ludwig y Larry juntaron su disparo, pero los Goombas y Koopa corrieron al centro, lejos de los disparos.
— ¡Cómo te atreves! —gritó Wendy.
Ella y Ludwig dispararon, a lo que Ren se adelantó al tiempo que los Goombas eludían los disparos. Con un gruñido, Larry y Wendy dispararon al mismo tiempo, con los Goombas saltando una vez más para esquivar las bolas al tiempo que Ren se agachaba para evadirlas. Una vez más, los Koopalings dispararon juntos, pero sus corredores se lanzaron hacia las bolas de cañón. Todos se giraron a ver y notaron que la meta estaba a sólo centímetros de alcanzarse. Precipitadamente, Ren ayudó a los Goombas a cruzar la línea al tiempo que estos se tropezaron en ésta, cayendo debajo del puente. Colisionaron de vuelta a la plataforma central, donde sus compañeros prisioneros les esperaban.
— ¡Increíble! —soltó Larry—. Nosotros realmente… fallamos.
Una serie de aplausos y gritos de alegría inundaron la arena. Kamek sobrevoló al grupo y agitó su varita, haciendo un hechizo sobre el puente, el cual se dobló y se regresó a la cerca. Con un crepitar, la pared cercada colapsó de vuelta al suelo, dejando sólo una peñascosa pared en su lugar. Las piedras debajo de ello se hundieron en el magma debajo.
— ¿Ahora qué, Papá? —preguntó Junior.
—Espera un poco, hijo —Bowser tranquilizó al príncipe.
— ¡Doce prisioneros han logrado sobrevivir sus retos! —narró Larry—. Sin embargo, seguimos teniendo todavía a un prisionero —gesticuló hacia Sledge al tiempo que el Hermano Hammer daba un paso al frente. Lentamente, la excitación de la audiencia comenzó a morir.
—Estoy listo cuando lo estés —Sledge anunció y cruzó los brazos.
—Oh, nosotros ya estamos exhaustos —confesó Larry—. Tú, sin embargo, tienes todavía mucho que hacer —hizo un movimiento con su Helikoopa que mandó a Sledge fuera de la plataforma, hacia el magma.
— ¡Sledge! —gritó Bill.
— ¡¿Qué crees que estás haciendo?! —vociferó Ren.
Kamek movió su varita y el descenso de Sledge se volvió cada vez más suave hasta que llegó a una plataforma mecánica que flotaba justo encima del río magma.
—Para el último juego —Larry continuó—, hemos decidido combinar el reto general de que tiene un sólo individuo en un gran y enorme espectáculo. Así que, disfruten ahora, ¡del Torbellino del Tesoro Final!
El silencio continuó al tiempo que la sonrisa de Larry iba desapareciendo.
—Explícalo —bufó Ludwig.
— ¡Por supuesto! —musitó Larry—. Primero, Sledge se debe alinear y concordar con las tres ranuras de la máquina —unas pesadas máquinas de ranura aparecieron y golpearon el suelo cerca de Sledge. El Hermano Hammer casi tropieza al ver a los aparatos—. Una vez que las tres casillas coincidan en un pequeño ícono, las casillas serán reemplazadas con dieciséis Mecakoopas, uno de los cuales ha devorado una llave. Una vez que el prisionero encuentre esa llave, abrirá uno de los cinco cofres, los que deben ser abiertos en un orden específico para ¡abrirle las puertas a la libertad! —Larry apuntó a una puerta que estaba ubicada al final del río, la cual aparentemente estaba en la pared—. Si tiene éxito, entonces los explosivos de al final no aparecerán.
— ¡¿Explosivos?! —tosió Sledge.
—Es que Sledge logra cruzar el camino sin la llave correcta, los explosivos se encenderán y lo harán trocitos —Larry de rio—… Oh, y sus amigos aún enfrentarán la sentencia de muerte por su falla.
— ¡¿Qué?! —dijeron Bill y Ren juntos.
— ¿Listos? ¡Fuera! —Larry dijo y Sledge avanzó a tropezones.
Tres grandes botones esperaban frente a él, cada uno para representar una imagen en una casilla. Sledge jaló de la primera palanca, y observó a la ranura, quedando un ícono en la pantalla. Sonrió y corrió hacia la segunda, golpeando el botón de nuevo. La casilla se paró, pero cuando Sledge la vio, era una insignia roja de Bowser.
—Maldición —gruñó y observó a la casilla cuidadosamente. Cronometrando, pulsó el botón de nuevo.
Esta vez, un ícono apareció en la casilla del medio y Sledge se apresuró a correr a la tercera casilla. Se giró rápidamente para ver la ruleta girar rápidamente. Incapaz de encontrar al ícono, Sledge presionó el botón. La casilla se paró en un emblema verde de Bowser. Sledge se mordió la lengua y observó a la ruleta girar rápidamente de nuevo, buscando al ícono. Presionó el botón de nuevo, pero frunció el ceño al ver a una insignia de Bowser azul.
—Esto no se ve bien —aseguró Garen desde arriba.
Una vez más, Sledge se giró y presionó el botón. La ruleta se giró en el ícono. Lanzó sus puños al tiempo que la máquina se destruía, dejando a su paso una llave de oro.
Repentinamente, un Mecakoopa se tragó la llave. Sledge parpadeó y observó alrededor; dieciséis Mecakoopas se alinearon alrededor suyo. Saltaron por ahí en un círculo y Sledge perdió de vista al que se había tragado la llave. Rápidamente,saltó y comenzó a golpear y aplastar al primero, dejándolo hecho trizas. Apretando sus puños, Sledge corrió de nuevo e hizo lo mismo con otros varios Mecakoopas, cada uno explotando, aunque sin rastros de la llave. Destruyó alrededor de la mitad cuando sacaron varios fuego de la boca, provocando que el Hermano Hammer retrocediera.
— ¡Vamos, Sledge! —gritó Pyro.
— ¡Puedes hacerlo! —aseguró Pyre.
Después de que el fuego se extinguió, Sledge se acercó y comenzó a aplastar a otros tres Mecakoopas. Cuando el último fue destrozado, una llave salió volando y el Hermano Hammer se aseguró de tomarla.
— ¡Te tengo! —sonrió.
Con un estallido de polvo mágico encima de él, Sledge corrió de vuelta al tiempo que cinco cofres se aparecieron allá. Sledge se apresuró a llegar al cofre más cercano, el cual no se abrió. Corrió al siguiente, al cual le sucedió lo mismo.
— ¡Vamos, trabaja conmigo! —gritó.
El Hermano Hammer corrió hacia el siguiente cofre, el cual se abrió y reveló una segunda llave. Se fue hacia el cofre del medio, el cual no se abrió, por lo que corrió hacia el primer cofre en vez. Intentó con la llave y el cofre se abrió, revelando la siguiente llave.
—Está corriendo corto de tiempo… —anunció Larry al tiempo que la balsa llegaba al final de la plataforma.
Sledge corrió, abrió el cofre y se dirigió al siguiente para abrirlo. Se abrió y reveló otra llave. Se movió al cofre del medio, pero se detuvo y en vez se fue al cofre de hasta el final. Girando la llave, se abrió y reveló a la última llave. La balsa mecánica comenzaba a descender conforme se acercaba a la plataforma base.
—Mierda —gruñó Sledge al tiempo que se resbalaba. Recuperándose, se dirigió hacia el cofre del centro, al tiempo que la balsa golpeaba el final de la línea. Giró la llave y abrió el cofre, revelando una llave dorada y más grande.
— ¿Lo… lo logró? —preguntó Garen.
Tomando la llave, Sledge corrió alocado a la puerta cerca de la pared. Insertó la llave y la giró al tiempo que los explosivos se desactivaban. La audiencia jadeó y observó a la pirotecnia chocar contra el río de magma debajo.
Sin embargo, un brillo apareció en el medio de la plataforma central, con forma de puerta. Se abrió y Sledge se metió con ella. Con una explosión de polvo mágico, la puerta desapareció, dejando al prisionero final con sus compañeros y los seis Koopalings. La multitud se sentó calmadamente en sus asientos.
—Huh —musitó Larry—. Ah… bueno, supongo que eso es todo. Felicidades a los trece traidores inmundos; todos ustedes sobrevivieron.
Una erupción de gritos salió de la audiencia al tiempo que los otros doce concursantes corrieron hacia Sledge, amontonándose alrededor de él y abrazándolo. Bowser se levantó y observó cómo Morton se regresaba para unirse a los Koopalings, los cuales observaban ácidamente a los prisioneros celebrar. Kamek voló de vuelta a Bowser y suspiró.
—Prepárese, señor —susurró—. Su ira acaba de comenzar —Bowser asintió calmadamente y observó a Mario y a Junior, ambos luciendo preocupados.
Alejándose de sus compañeros, Sledge saltó y tomó el cetro de Larry. Lo tapó y lo sostuvo debajo de su boca, ignorando a los Koopalings mientras demandaban que se los regresara. Los otros protegieron al Hermano Hammer al tiempo que se giraba a ver a la Caja Real.
—Lord Bowser —llamó—. ¡Sorpresa, sorpresa! —Sledge sonrió al tiempo que Bowser apretó los dientes y clavó las garras en su butaca.
—Cachorro desgraciado —suelta Kamek y alza su varita para comenzar un altercado.
Koopella y Nix se regresaron a la caja. —Denos las órdenes, señor, y nos haremos cargo —ofreció Koopella.
—Hablando por mis compañeros, quería agradecerle —Sledge continuó—. Fue usted quien nos dio esta sentencia —tomó una pausa y escuchó los gritos complacidos de la audiencia frente a sus palabras.
—¡Escúchame! —soltó Kamek.
—No, no, escuchen —Sledge interrumpió—. Nuestro gran y poderoso Rey Koopa ha sido recientemente el centro de críticas duras —esperó a que la multitud se callara de nuevo.
—Si has pensado, por un segundo, que te dejaré finalizar esas palabras —Kamek comenzó de nuevo—, tendrás otra…
—Es para bien —aseguró Sledge—. Honestamente, Bowser no debería necesitar a una marioneta para abogar sus pensamientos o forzar su voluntad.
Kamek abrió la boca para replicarle, pero Bowser alzó su mano para silenciarle.
— ¿A dónde intentas llegar? —Bowser inquirió.
—Creo que ya lo hice —Sledge se encogió de hombros—. El agradecerle, señor. Nos dio la oportunidad de pelear por nuestras vidas en vez de sentenciarnos directamente a la muerte.
Jadeos sonaron de la multitud mientras Sledge hacia una reverencia. Los ojos de Bowser se abrieron de la sorpresa al tiempo que su boca se abría un poco. Momentáneamente, los otros doce competidores se dieron la vuelta y también reverenciaron, haciendo que la multitud cuchicheara entre sí.
—La gente cuestiona su mandato a pesar de tanta piedad, Lord Bowser —Sledge presionó y se alzó de nuevo—. Es una lástima. No sé por qué un prejuicio pesado obnubila el juicio de la mayoría, pero usted es nuestro rey, el que ha reunido a los ejércitos que hasta ahora tenemos. Ha unido a incontables de maltratados y rechazados individuos, los cuales eran temidos o rechazados por el tan aclamado justo, Reino de los Hongos —pivoteó un poco y encaró a la audiencia de nuevo—. Muchos de ustedes han clamado ser mal tratados aquí, pero el juicio del Rey Bowser ha sido más justo y a nuestro favor de lo que cualquiera de ustedes se ha dado cuenta. Si es por injusticia, no vengan a lanzar su odio y disgusto hacia nuestro rey, a quien seguimos necesitando mucho —de forma más oscura, continuó—. Dirijan ese odio hacia el verdadero enemigo, aquélla que gobierna el reino que nos ha baneado y ha dejado a muchos de nosotros a morir en la intemperie. Dejen salir su ira hacia aquélla que se niega a enmendar décadas de errores hacia nosotros, aquélla que, a diferencia de nuestro rey, es de mente cerrada e indispuesta a cambios revolucionarios. El verdadero enemigo es el mismo, como siempre supimos que era. Es la Princesa Peach. No Bowser, quien nos dirige contra su opresión. No Mario, quien le sigue ciegamente sin comprender la verdad. Nuestro enemigo es Peach.
Por un rato, la multitud permaneció en silencio. Repentinamente, aplausos se escucharon de un solo Koopa Troopa. Dos más se le unieron, y un Shy Guy comenzó después de ellos. Lentamente, la audiencia se entusiasmó más y se unieron en un coro de aplausos y porras. Una frase reinaba, —¡Bowser, Bowser! —mientras continuaban su rugido. El Rey Koopa sintió su boca abrirse, aunque ninguna palabra salió de ella. Observó a Kamek, quien imitó su acción, y entonces a Junior, quien sonreía jocoso. Parpadeando, Bowser dio un paso al frente e hizo un gesto hacia la multitud, los cuales gritaron cuando lo hizo. Con una risita confundida, se regresó y tomó a Mario.
—S-Señor, ¿qué ahora? —preguntó Kamek al tiempo que Bowser se alejó, su escolta siguiéndole.
— ¿Ahora? Ahora, creo que pensaré en una forma de recompensar a esos trece lunáticos —rio Bowser—. Hicieron que mi gente estuviera a mi favor de nuevo.
— ¡Eso es un montón de mierda! —gritó una voz cercana.
Bowser y los otros se giraron para ver a un Spike, un Peludito, dos Boos, y a un Shy Guy correr hacia la caja con lanzas en las manos. Koopella se dirigió y metió en su caparazón para noquear a tres, mientras que Kamek hacía un hechizo para ahuyentar a los Boos.
— ¿De qué era eso de su favor? —inquirió Kamek.
—Bueno, la mayoría está a favor —musitó Bowser al tiempo que tomaba a Junior de la mano, reposicionaba a Mario y seguía a los demás fuera de los asientos. Koopella se acercó a ellos después de unos minutos, meintras Kamek llamaba a los Koopalings para ayudarles con los detalles de aquellos desertores.
— ¡Esos fueron los Juegos de Bowser más geniales! —dijo Junior dirigiéndose a su padre—. ¡E inclusive los prisioneros te querían después de eso! ¡Eres el mejor, Papá!
—Si tú lo dices —rio Bowser al tiempo que los escoltas los guiaron de vuelta a las paredes de los niveles inferiores.
El grupo llegó a un Tubo de Urdimbre, y fue transportado de vuelta a los niveles superiores del castillo. Junior corrió de vuelta a su habitación, con Koopella apurándose detrás de él. Bowser marchó a Mario de vuelta a su habitación y abrió la puerta.
—Dame unos minutos —murmuró a Nix.
—Como lo desee, Amo Bowser —reverenció el Rex al tiempo que se giraba para hacerle guarda a la puerta.
Bowser cerró la puerta detrás de él y posicionó a Mario de vuelta en la cama.
—Es imposible que te quedes quiero después de eso —dijo Bowser observándolo.
Aún fulminándole, Mario niega con la cabeza. —De acuerdo, tú ganas —soltó—. ¿Pero y ese discurso allá abajo? ¡Era completamente loco y errado!
—Oh, ¿eso crees? —retó Bowser.
— ¡Peach no es una opresora! —defendió Mario—. ¡Tu gente está loca de remate si cree que pueden pasar de odiarte a unificarse en su contra!
—Tal vez están un poco locos —concordó Bowser—. Pero no estaban mintiendo acerca de ser baneados del Reino de los Hongos. ¿Por qué crees que tengo a diferentes tipos de tropas en mi ejército, tantas especies en mi reino? —tomó una pausa y estudió el rostro de Mario al tiempo que el plomero le regresó la mirada—. Son marginados. Somos marginados. Gobernantes antes de Peach los expulsaron por razones varias de vivir en el Reino de los Hongos. Y si tu princesa fuese la benevolente gobernante que dices que es, los habría recibido de vuelta hace años.
— ¡Eso es mentira! —ladró Mario.
—No, no lo es —murmuró Bowser—. ¿O es que no has aprendido que se te mantienen secretos, escondidos o perdidos en el Castillo de Peach?
Mario abrió la boca para reprocharle, aunque no encontró las palabras. Bowser sacudió la cabeza y cortó rápidamente las sogas que tenían a Mario atado, para atarlo de vuelta a la cama. Esta vez, el plomero no opuso resistencia.
—No creo que sea malvada, al menos no más que yo —admitió Bowser—. Ella ha mostrado tolerancia a algunos Koopas y Goombas, y los ha dejado vivir tranquilamente en su territorio. Pero en grupos, siguen siendo aislados, lejos de los Toads, lejos del reino.
—Ella no es malvada, punto —refutó Mario.
En vez de continuar argumentando, Bowser sólo terminó de atar a Mario. Se acercó al plomero y gentilmente acarició su mejilla, a lo que Mario giró la vista.
—No lo hagas. Sigo enojado contigo —musitó Mario.
—Eso es lo que veo —suspiró Bowser—. ¿Qué es lo que toma?
Esperó, pero Mario se oponía a responderle.
—Si quieres volver a tu voto de silencio, por mí está bien —susurró Bowser—, pero no me estoy rindiendo, ni aunque quieras.
De nuevo, esperó, pero Mario ni siquiera le vería.
—Ódiame, entonces —dijo Bowser—. Tal vez ni siquiera deberíamos estar enamorados, tal vez esto está por demás de lo permitido —inhaló profundo y exhaló—. Pero sigo amándote, y no dejaré que se termine aquí. Todavía no.
Lentamente, Mario regresó su cabeza hacia Bowser, y ambos se quedaron viendo a los ojos del otro.
…
A decir verdad, me da flojera traducir las notas de Echo aquí. Básicamente, se queja porque siguen sin estar juntos y sobre Peach. Habla sobre las referencias que sacó de Mario Party 7 y de cómo sus tropas están divididas ("si tuviera que ponerlo en cantidades al tanteo, diría un 70% a favor y el 30% en contra. No uno perfecto, pero mejor que cuando comenzaron, considerando que era lo contrario al inicio") y de lo que sigue (un capítulo, que en lo personal, me da miedo).
El siguiente capítulo se concentra en Peach y compañía, y en su travesía por los Glaciares.
Um… un personaje muy difícil de manejar es Kamek. En un momento parece utilizar lenguaje formal y al otro le habla como si fuera su hijo. Así que es un tanto confuso. Sé que los Koopalings le tutean a Junior (se lo pregunté a Echo) aunque además de eso, no le he preguntado nada. Así que cuidado con mis traducciones respecto al lenguaje de Kamek. Y si, encuentran palabras raras (combinaciones que no son posibles) culpen al teclado de mi teléfono, que es sorprendentemente permitivo y yo soy muy rápida y bruta para escribir en esto (considerando lo mucho que me faltaba.
—gemini in tauro, 27 de febrero de 2017—
