Veinte

El imperio de las Sombras


Erin


-Mi Señora, el dios Ares y el dios Némesis se encuentran aquí –anunció un inquieto sirviente.

Nemain se dirigió con lentitud hacia la sala de armas. ¿Ahora Ares no solo entraba a Tara como Pedro por su casa sino que además traía a uno de sus hermanos consigo? Saludó a Ares con una levísima inclinación de cabeza y estudió discretamente a su acompañante.

Némesis, el dios de la Venganza, si no le habían informado mal, lucía mucho más joven que su hermano; de hecho, tenía un aspecto bastante inofensivo, pero con esos dioses griegos uno nunca sabía qué podía esperarse...

-¿Y a qué debo el disgusto de tu presencia, Ares? –preguntó.

Como siempre, Ares actuó como si hubiera sido bien recibido ahí.

-Solo le estoy mostrando los alrededores a Némesis, y de paso quería preguntarte si notaste el último disturbio a escala universal.

-Sí, me di cuenta. Un pequeño desastre en el Santuario. ¿Y?

-No hemos podido percibir la Fuente que protegía el Santuario desde entonces –explicó Némesis-. Como si una parte del poder de la Tierra se hubiera esfumado del todo. Lo que mi hermano y yo queremos en realidad es consultarle algo, Señora... como una diosa cercana a Danna, ¿usted cree posible que la Fuente del Santuario haya sido destruida completamente?

Bueno, el chico era un poco más directo que su hermano, eso sí...


China


-Imposible –murmuró Lilith.

-¿Era esto lo que querías que hiciera Anmael? –preguntó Tamiel con aire intrigado.

-Para nada.

Lilith se puso en pie y recorrió con la mirada las pantallas del centro de comando. Las imágenes que mostraba uno de los satélites de la Fundación eran realmente sorprendentes. ¿Cómo había ocurrido tanta destrucción en tan poco tiempo?

-¿Madre, crees posible que la pequeña peste haya sobrevivido a algo semejante?

-Seguro que sí, "hierba mala..." y ya sabes el resto. Será mejor que vayas a Grecia... no creo que Araquiel y Asbeel puedan manejar solos este asunto.

Tamiel sonrió mientras hacía una reverencia y desapareció de ahí en un parpadeo. Lilith suspiró con amargura dejándose caer de nuevo en la silla.

-Esto ha sido cosa tuya, Zoe –murmuró-. ¿Por qué tuviste que llevarme siempre la contraria?


El Santuario


Leonel parpadeó unas cuantas veces, deslumbrado por la luz dorada que inundaba el lugar. Poco a poco sus ojos fueron acostumbrándose a su entorno y descubrió que la luz no lo abarcaba todo, sino que surgía de las alas de un ángel, o, mejor dicho, era el principal elemento que formaba las alas de un ángel.

Miguel no acostumbraba usar su verdadera forma en todo su poder salvo raras excepciones, la herencia de su ancestro Fuego solía manifestarse haciendo que sus alas parecieran más de fuego que de cualquier otra cosa y, por regla general, producían demasiada luz para su gusto. Pero esta vez no le había quedado más remedio que recurrir a toda su fuerza para proteger a las personas que estaban a su alrededor cuando todo se había desintegrado.

-¿Qué fue lo que sucedió? –preguntó Leonel.

Miguel lo miró con algo de sorpresa, los demás estaban inconscientes.

-Se diría que algo o alguien atacó el Santuario –dijo con cautela-, pero podría equivocarme. Será mejor que reunamos a los demás. Me figuro que los caballeros habrán sido capaces de formar escudos con sus respectivos cosmos.

-Si pudieron reaccionar a tiempo –respondió Leonel frunciendo el ceño con preocupación.

-Si no pudieron hacerlo, no tenían mucho que hacer en una Orden en primer lugar.

Repentinamente, Leonel sintió ganas de golpearlo, conocía pocas personas que pudieran mostrarse tan indiferentes hacia las vidas de los demás. Ahora podía decir que no le extrañaba que Miguel y Azrael discutieran tanto.

-¿A dónde vas? –preguntó Miguel.

-A la Casa de Acuario. Percibo ahí la presencia de mi familia. Deben haber estado visitando a Hyoga y los suyos.


Rodorio


-¡Terry! ¡Andy!

-¡Señor!

Esmeralda se mordió ligeramente el labio inferior al ver partir a Shun y los dos jóvenes con rumbo al Santuario. Era una suerte que no hubieran estado ahí cuando sucedió... lo que hubiera ocurrido, pero era inquietante que se dirigieran hacia algo completamente desconocido...

Por supuesto, la preocupación no le impidió sujetar a Ónix por el cuello de la camisa cuando intentó pasar junto a ella.

-¿A dónde crees que vas?

-¿Eh? Pues... a ver si puedo ayudar en algo...

-Tienes una mano lastimada, ¿recuerdas?

-Ya... ya estoy mucho mejor...

-Ajá. Bien, puedes ayudar en algo.

-¿Sí?

-Quédate aquí y cuida a Stephen.

-... ¡¿Qué?

Demasiado tarde, Esmeralda ya se había marchado en la misma dirección que Shun y compañía. Se quedó un momento en el umbral, preguntándose si no sería el momento ideal para darse a la fuga, cuando sintió que alguien le daba un leve tirón a su ropa.

-¿Te gustaría algo de leche y galletas, Ónix? –preguntó el niño.

-Suena como una buena idea.

-Entonces... ¿Podrías abrir la alacena y sacar las galletas? Yo no alcanzo...

-Sigh... ¿cuánto cobrará por hora una niñera competente? Sospecho que acabaré cambiando de carrera, al paso que llevo.

-A mí me cuidan gratis –contestó Stephen con su mejor sonrisa.

-... ¿Por qué será que no me sorprende?


El Santuario


Había esperado que la tierra estuviera caliente. Por lo menos daba esa impresión con las columnas blancas que se elevaban algunas muy veloces y otras con dolorosa lentitud, pero pronto se dio cuenta de que no se trataba de nubes de humo o vapor, sino de polvo blanco que era arrastrado por corrientes de viento caprichosas y extrañas.

Y luego resultó que el suelo no sólo no estaba caliente, sino que además estaba frío. Un frío completamente antinatural.

"Es como si la tierra estuviera muerta aquí" pensó, mientras avanzaba cuidadosamente por lo que alguna vez había sido el Santuario de Atenea.

La montaña había perdido de un solo golpe una cuarta parte de su altura y ahora era una meseta, plana como una tabla y cubierta de polvo. ¿En dónde habría estado la Cripta? Gibil se sentía completamente incapaz de orientarse.

Caminó, hundiéndose hasta las rodillas más de una vez en el polvo, hasta llegar a una parte que rompía un poco la monotonía de la planicie, se trataba de una pequeña hondonada... que conducía hasta unas escaleras.

"Escaleras que bajan... ¿a un sótano tal vez? O quizá a la Cripta..."

Había sido pura suerte, pero efectivamente había logrado llegar a la entrada (o lo que quedaba de la entrada) de la cripta.

Aquel polvo blanco amortiguaba por completo sus pasos, así que no pudo menos que sobresaltarse un poco al escuchar los pasos de alguien más, que subía lentamente las gradas. Pronto la luz del exterior alcanzó a la persona que salía de la cripta, brillando como un halo al reflejarse en su cabello.

-Tú –dijo Anmael, sin demostrar mucha sorpresa.

-Cuando te pedí ayuda, no era esto lo que tenía en mente –declaró Gibil.

-¿Ah, no? Cuánto lo siento...

La voz de Anmael destilaba ironía y Gibil sintió ganas de golpearlo, pero se contuvo. La sonrisa de Anmael era tan poco natural como el frío que los rodeaba.

-¿Qué fue lo que le hiciste a la Fuente? –preguntó, acercándose con algo de trabajo, el polvo seguía dándole problemas a él, pero se apartaba de la Sombra Azul, algo más para meditarse cuidadosamente.

-Reclamarla.

Eso no tenía mucho sentido...

-Esto no es lo que suele pasar cuando un miembro del Círculo Negro contamina una Fuente –señaló Gibil con seriedad.

-¿Y quién dice que fue contaminada? La fuente está intacta.

-¡Pero el Santuario... la tierra! ¡Todo está como si hubieras destruido la Fuente!

-Bueno, el Santuario ya no está siendo alimentado... creo que fue por eso que se derrumbó... no sé... la tierra... pues es natural, ya no está en contacto con la Fuente... –Anmael dio un paso en falso, pero recuperó el equilibrio inmediatamente-. No sabría decirte cuáles son los efectos secundarios.

Finalmente, Gibil había logrado llegar hasta donde se despejaba el polvo, había una corriente de cosmos (¿el aura de Anmael?) que mantenía apartada aquella materia blanca. Con un suspiro de alivio, el edinmú se acercó un poco más a Anmael y descubrió otro hecho curioso: pequeñas chispas doradas aparecían y desaparecían en los irises de la Sombra Azul.

-¿Vas a explicarme lo que hiciste o tengo que adivinar?

Anmael entrecerró los ojos.

-Mi predecesora solía decirle a madre que contaminar una fuente era un desperdicio... tú sabes, cuando un espíritu maligno contamina una de las Fuentes de la Tierra, ésta no resulta tan fácil de dominar como una fuente limpia... porque tiende a rebelarse contra su nuevo amo... es por eso que madre quería construir esa cosa horrible en China, el Palacio de las Máquinas, para dominar la Fuente cuando consiguiera apoderarse del Santuario, si ninguna Sombra entraba en contacto con la Fuente sino sólo las máquinas, se lograría dominar todo ese poder con la misma facilidad que lo hacen los miembros de los otros Círculos... Pero Zoe pensaba que había otra forma...

Anmael dio otro paso en falso. Instintivamente, Gibil adelantó un brazo para sostenerlo, pero Anmael lo rechazó de un manotazo y continuó hablando mientras pasaba junto a él, el edinmú empezó a preguntarse si la Sombra estaba consciente por lo menos de en qué dirección estaba caminando.

-Si una de las Sombras trataba de contener la Fuente dentro de sí en lugar de contaminarla para poder usarla, su voluntad y la de la Fuente serían una sola...

-Pero... ustedes no podrían resistir el poder de la Tierra viva. Quemaría desde dentro al que intentara hacerlo, no son tan poderosos como para siquiera pensar en algo así.

-Uh... ¿ya te diste cuenta de que no soy un Ángel?

-Xellas me puso al tanto.

-Qué alivio...

-¿Y bien?

-Oh... pues tienes razón, para una Sombra sería muy complicado... Nuestra madre vendió su alma y las de sus hijos a las potencias del Abismo, así que pertenecemos por completo a la Oscuridad... pero las fuentes no pertenecen ni a la Oscuridad ni a la Luz sino a la Naturaleza, y Zoe pensó que si una Sombra pudiera semejarse más a los espíritus naturales podría tener la capacidad de absorber y contener dentro de sí la Fuente sin ser destruida por su poder... Así que... buscó una pareja entre los Primordiales... un Ángel... y... el resultado soy yo.

Estaba empezando a verlo todo borroso, pero Anmael se apartó el cabello de la cara con impaciencia y trató de mantenerse firme. Por mucho que hubiera acertado el edinmú al decir que aquello era como ser quemado desde dentro, no iba a demostrárselo.

-El único propósito de mi nacimiento, de toda mi existencia, ha sido llegar a este punto. Ahora tengo el poder de la Fuente del Santuario y puedo controlarlo a voluntad. Zoe tenía razón.

-... Podías haberme avisado.

-¿Para que trataras de ponerme obstáculos? ¡Bastante tuve con el que me hayas obligado a apresurarme a hacer esto antes de que alguien te aclarara que no soy un Ángel!

El edinmú suspiró. Un gesto patéticamente humano en opinión de Anmael.

-Bien, tienes la Fuente. O, mejor dicho, eres la Fuente. ¿Cuánto tiempo calculas que vas a sobrevivir?

Las chispas doradas se multiplicaron en los ojos de la Sombra, Gibil calculó que debía ser una señal del esfuerzo que le costaba mantener bajo control todo el poder que había absorbido.

-Puede que tarde un poco en adaptarme a mi nueva situación... pero puedo manejarlo.

-... Supongo que habrá que confiar en tu palabra.

Anmael trató de sonreír, pero no lo consiguió.

"No voy a desmayarme. Pase lo que pase, no voy a desmayarme..."

Temiendo que el contacto con su poder rompiera el precario balance que mantenía Anmael, Gibil volvió a su forma humana al momento de sujetarlo para evitar que fuera a dar al suelo luego de tropezar con una grieta. La Sombra Azul podía decir todo lo que quisiera, pero nadie puede retener una estrella dentro de sí sin al menos lastimarse un poco en el proceso. Anmael lo miró con los ojos nublados, las chispas doradas casi habían reemplazado por completo el azul original.

-¿Tú? –murmuró con fastidio-. ¿De entre todos los seres vivientes, tú?

-De nada –gruñó Darien, ofendido-. Es un placer ayudarte.

-Y... de casualidad... ¿Vanessa te dijo por fin que no soy una chica?

Con eso Darien estuvo a punto de dejarlo caer.

-¡¿QUÉ?


Erin


-Ahí, ¿lo ves? –murmuró Daniela.

-Sí.

No había sido muy difícil ubicar a Némesis, el dios ni siquiera se había molestado en disimular su aura, cosa que hacía por pura costumbre en circunstancias normales.

-Bien, ya lo vimos. ¿Qué vamos a hacer ahora? –preguntó Esteban.

-Podemos: a) ir a hablar con él y pedirle que vuelva a casa, b) seguirlo todo el día y averiguar qué es lo que le está pasando exactamente...

-¿Qué te parece c) secuestrarlo y tratar de resolver el resto después?

-¿Tú crees que algo así funcione?


El Santuario


-¡Azrael!

Miguel sonrió aliviado al ver que su hermano se encontraba ileso y luego estalló en carcajadas cuando terminó de darse cuenta del aspecto que ofrecía el Ángel Añil, cubierto de polvo blanco de pies a cabeza, por lo visto Azrael no había alcanzado a crear el escudo a tiempo para evitar que algo de polvo lo alcanzara al derrumbarse el Santuario, o tal vez habría tropezado después.

-Celebro verte tan animado –gruñó Azrael-. ¿Dónde está tu hijo?

La risa de Miguel se cortó de inmediato.

-No tengo idea. No lo percibo.

-¿Sabes reconocer su aura?

-¿Por qué pones esa cara de sorpresa?

-No, por nada... Yo tampoco puedo detectar su presencia en este momento.

-¿Crees que haya salido del Santuario antes de que pasara esto?

-Esperemos que sea así.

Aquí y allá podían distinguirse pequeños grupos de personas que se dirigían hacia ellos. Al parecer, nadie estaba seriamente lastimado.

-¿Qué es toda esta polvareda? –preguntó Miguel, sacudiendo un poco el cabello de Azrael.

-Me parece... que es mármol... No tenía idea de que hubiera tanto por aquí.


Rodorio


Kanon miró hacia el Santuario con verdadera sorpresa antes de apresurar el paso para reunirse con Shun.

-Asombroso.

-Tengo la impresión de estar dentro de una pesadilla –murmuró el Caballero de Virgo.

-Me temo que es muy real –intervino Terry-. Si fuera una ilusión nos daríamos cuenta, ¿no crees? Virgo y Géminis saben de esas técnicas.

Kanon enarcó una ceja.

-¿Le has contado a este chico sobre mi hermano y yo?

-No, él averigua por su cuenta.

-Humm...


El Santuario


-¿Podrías dejar de reírte al menos por un rato? –protestó Darien.

-¡No puedo! ¡Tu cara! ¡La cara que pusiste!... ¡Eso vale un reino!

La risa de Anmael estaba completamente fuera de control y Darien no estaba seguro de que su cara de sorpresa al enterarse de que su adorada Anmy no sólo no era un Ángel sino que además no era una "ella" y encima detestaba que le dijeran "Anmy" fuera la única causa de toda esa hilaridad.

-Supongo que tienes razón, pero podrías ir calmándote un poco, no creo que sea bueno para ti...

La sonrisa de Anmael se borró en un instante.

-No empieces a sermonearme.

-Sólo trato...

-¡Cállate!

Anmael se pasó una mano por la frente.

-Estoy cansado. Eso es todo, sólo un poco cansado... ¿Puedes llevarme con mi hermano? Él cuidará de mí...

-Er... ¿Te refieres a tus tíos? ¿Cuál de ellos? ¿Azrael? ¿Raziel? ¿Miguel? Creo que sería mejor llevarte con Azrael...

-Estoy hablando de Araquiel.

Darien hizo su mejor esfuerzo por no fruncir el ceño. No, definitivamente eso no sonaba como una buena idea.

Anmael esperó con paciencia por un par de minutos antes de intentar que Darien le soltara el brazo por el que había estado sosteniéndolo desde el tropezón. Eso hizo reaccionar al muchacho.

-Mmm... ¿cómo quieres que te lleve?

-¿Eh?

-No vine hasta aquí en auto precisamente. Podríamos caminar hasta el pueblo, corriendo el riesgo de que alguien del Santuario nos vea... o, podríamos volar. ¿Puedes usar tus alas?

-Por supuesto que puedo –Anmael se escuchaba un tanto ofendido.

-¿Igual de bien que como estás caminando? Tengo la ligera impresión de que apenas puedes tenerte en pie.

-Estoy cansado, ya te dije. Pero puedo volar tan lejos y tan rápido como sea necesario –definitivamente, sonaba como si estuviera ofendido.

-De acuerdo –Darien retrocedió unos cuantos pasos y recobró su verdadera apariencia-. Vamos.

Gibil miraba a Anmael de reojo cada cinco segundos. Al parecer, la Sombra Azul se las estaba arreglando bastante bien para seguirlo a través del cielo, pero había hecho el firme propósito de no volver a fiarse nunca más de las apariencias.

-¿Estás bien? –preguntó.

-Por enésima vez, ¡ESTOY BIEN! –fue la exasperada respuesta.

Gibil sacudió la cabeza, si la cólera le daba fuerzas, entonces iba a dejar que se enojara todo lo que quisiera...

Pero aún no habían cubierto la tercera parte del trayecto hasta Rodorio cuando empezó a resultar evidente que Anmael estaba completamente agotado. Esta vez Gibil no se molestó en preguntarle cómo estaba, simplemente descendió y esperó a que Anmael lo siguiera.

-¿Por qué... nos... detenemos? –murmuró Anmael, casi sin aliento.

-Alguien que conozco necesita un descanso –replicó el edinmú.

-No...

-Ah, cállate.

Nuevamente, Gibil cambió de forma, sólo que esta vez adquirió la apariencia de un grifo. Anmael retrocedió de un salto, alarmado por la presencia del animal, con cuerpo de león, alas de águila y una extraña melena de plumas.

-No te asustes, sólo soy yo –señaló Gibil, hablando con algo que se parecía más a un rugido que a una voz humana.

-No me digas... ¿En cuántas cosas puedes transformarte?

-No lo sé, todavía no me he puesto a averiguarlo. Sube.

-¿Que sub...? ... De ninguna manera.

-Como quieras, también puedo sujetarte del cuello con mi hocico como si fueras un gatito y llevarte así hasta la ciudad. Tú eliges.

-Oh, ratas.

Anmael subió al lomo del grifo con algo de torpeza.

-¡Oye, tampoco es para que me tires de las plumas! ¡Eso duele!

-Nunca dije que fuera bueno en equitación, ¿o sí?

Gibil se limitó a gruñir y empezó a correr. El movimiento repentino obligó a Anmael a sujetarse de su cuello.

-Procura no estrangularme.

-¡Me dijiste que no te tirara de las plumas, y no quiero caerme!

-¿Siempre eres así de quejumbroso?

-¿No te habías dado cuenta?

-Grrr... Voy a matar a esa Vanessa...

Gibil redujo el paso poco antes de entrar a la ciudad. Anmael se había quedado dormido en algún momento y no lo notó. Contemplando los edificios, el edinmú tomó una decisión y voló de nuevo... en dirección completamente contraria al lugar donde podría haber encontrado a Araquiel.

"Insisto" pensó mientras entraba a su casa por la ventana del balcón "No creo que sea una buena idea llevarlo con Araquiel"


Rodorio


Araquiel caminaba nerviosamente de un lado a otro de la sala. No le gustaba para nada el apartamento de Asbeel y no le gustaba para nada tener que esperar ahí solo y sintiéndose completamente inútil.

En su calidad de jefe de policía, Asbeel cuando menos podía enterarse de las últimas noticias con rapidez, pero una cosa era saber que la otra Sombra estaba bien enterada de todo y otra era conseguir que le contara algo. Araquiel había tenido que quedarse en el apartamento mientras Asbeel atendía lo que parecía ser una emergencia en el Santuario y no tenía paciencia para sentarse a esperar que alguien le aclarara lo que pasaba. Pero tampoco era prudente presentarse él mismo en el Santuario sabiendo que Miguel estaría por ahí.


El Santuario


-¡Ginsei!

La muchacha miró con desconcierto a Azrael por unos segundos antes de comprender lo que estaba mal: el Patriarca estaba cubierto de polvo blanco.

-Pareces una estatua –murmuró-. Hasta tus pestañas están blancas.

-¿Te encuentras bien?

-Define "bien". No estoy lastimada. Sólo... algo aturdida... ¿qué pasó?

-No tengo idea...

-¿Dónde...? –Ginsei se apartó el cabello de la cara y lo miró como si enfocara claramente por primera vez en ese mismo instante-. ¿Dónde está Anmael? ¡Hay que encontrarlo de inmediato!

-Él estará bien,... espero...

Ginsei tomó aire.

-Azrael, esto es obra suya. Incluso me advirtió que lo haría.

-... ¿qué?...

-Tomó el Carbunclo y lo usó para dominar la Fuente del Santuario. Jamás imaginé que lograría hacerlo en una forma tan completa...

La voz de la muchacha fue muriendo hacia el final de la frase, mientras contemplaba a Azrael arrodillarse lentamente en el suelo, como si de pronto ya no pudiera tenerse en pie.

Junto a él, Miguel apretó los puños con fuerza.

Dondequiera que se encontrara, Anmael acababa de conseguirse un problema realmente serio...


Rodorio


Anmael se removió en la cama, hablando dormido. Darien lo contempló con preocupación desde la silla que ocupaba, podía darse cuenta de que estaba hablando muy claramente, pero no entendía más que unas pocas palabras en latín. Había estudiado en algún momento latín clásico, pero lo que Anmael estaba usando en sueños era una enloquecedora mezcla de latín medieval y algún antiguo dialecto celta. ¿Su lengua materna, quizá? Si Anmael era una Sombra... ¿qué edad tendría realmente?

Darien se estremeció al caer en la cuenta de que si el subconsciente de Anmael elegía un idioma medieval por encima de cualquier otro, debía ser realmente antiguo... Y empezó a preguntarse (por enésima vez en lo que iba del día) hasta qué punto habría hecho el ridículo frente a él.

Estaba acostumbrado a sufrir las burlas de demonios mayores que él en edad y rango, pero hasta ahora se las había arreglado bien para que eso se limitara a demonios babilónicos. Nunca se había imaginado que lo primero que haría frente a un demonio de otra mitología sería el más completo ridículo. Vanessa definitivamente iba a pagar por ese hechizo de confusión.

De repente Anmael abrió los ojos con sobresalto, habían vuelto a su azul habitual (para alivio de Darien), pero era evidente que estaba desorientado.

-¿Eh? ¿Qué?... ¿Dónde estoy?

-En mi casa.

-Tu... ¿no te dije que me llevaras con mi hermano?

-Y yo te dije que me parecía más adecuado llevarte con Azrael. Así que pensé que lo mejor que podía hacer era discutir de nuevo el asunto cuando hubieras descansado. ¿Cómo te sientes?

-¡ESTOY BIEN!

-Me alegro. ¿Quieres comer algo?

-Yo no como.

-Otro bebedor de auras, debí imaginármelo. ¿Tendré que ir a cazarte alguna víctima?

-Puedo encargarme perfectamente de eso yo mismo, gracias.

-Una cosa es que puedas hacerlo y otra es que yo te deje hacerlo.

-... ¿Sabes que te arriesgas mucho dirigiéndote a mí en ese tono?

-¿Ah, sí? Estuve estudiando tu aura hasta hace un rato...

-Justo lo que debiste hacer antes de pedirme mi número de teléfono.

-... y no creo realmente que deba preocuparme mucho por si te enfadas o no; la Sombras en general son débiles comparadas con los edinmú y tú eres más débil que el promedio, ¿no es así? Eres de segunda generación y mitad humano, además.

-¡Mitad Primordial, para que lo sepas!

-Ah, he tocado un punto sensible, ¿no?

-Si fuera mitad humano, no habría podido capturar la Fuente, ¡eso me habría matado!

-Hum, ¿Y qué hay de tus tíos? ¿Las otras Sombras sabían lo que ibas a hacer?

-Por supuesto que no.

-Bien, la Fuente no te mató: te matarán ellos cuando logren echarte el guante.

-... No se atreverán.

-¿Quieres apostar?

Anmael dejó caer la cabeza en la almohada.

-De acuerdo. ¿Qué es lo que sugieres?

Darien se puso en pie.

-Duerme un rato más, iré a conseguirte a alguien para que comas.

-Yuck, lo dices en un tono realmente desagradable.

-Jum, si quieres que sea sincero, los bebedores de auras me parecen la peor clase de entre todos los vampiros conocidos.

-Primero me llamas medio humano y ahora me dices vampiro. Creo que empiezo a extrañar al Darien que bebía los vientos por mí.

-Murió hace como dos horas. Dejó dicho que no quiere flores en su funeral.


-¡¿ESTÁS LOCO? –gritó Anmael, alrededor de una hora después.

-Fue todo lo que pude conseguir –respondió Darien, a la defensiva-. Rodorio está prácticamente desierto después de lo que pasó en el Santuario, todos han ido a ver si se necesita rescatar a alguien, o están escondidos en sus casas...

-Ni siquiera en los peores momentos de mi existencia he tenido que rebajarme a algo así –dijo Anmael entre dientes.

Un pequeño gato negro lo miraba con grandes ojos verdes.

-Miauuu...

-¿En serio pretendes que me alimente del aura de un gato?... Déjame aclararte un detalle. No me alimento de toda el aura de un ser viviente, me alimento del sufrimiento ajeno, nada más que eso.

Darien lo miró desconcertado.

-Entonces, ¿habría que lastimar al gato? Está bien...

-¡NOOOO! –chilló Anmael, arrebatándole al gatito tan pronto como vio a Darien sacar una navaja suiza.

-Bueno, no es para que te sulfures de esa manera.

-¿Te parece poco? ¿Acaso te ha hecho algo a ti el gato?

-¿Sabes que eres una persona realmente insoportable?

-¡Me alegra muchísimo que te hayas dado cuenta, Darien!

-¡Déjame decirte una cosa, Anmy...!

-¡NO ME LLAMES "ANMY"!

-¡ESTOY EN MI CASA Y PUEDO LLAMARTE COMO SE ME DÉ LA GANA!

-¿Qué demonios ocurre aquí? –exclamó Arien desde la puerta de la sala.

-Demonios, precisamente –contestó Darien, esforzándose por recuperar la compostura-. ¿Recuerdas a Anmael?

-Ah, sí, la Sombra que vive en el Santuario.

-¿Qué, tú lo sabías? –preguntó Darien.

-Pero si salta a la vista. El chico es una Sombra... de segunda generación, si no me equivoco, prácticamente lo lleva escrito en su aura... ¿me vas a decir que no habías examinado su aura todavía? Sinceramente, Gibil, pasas demasiado tiempo entre mortales... ¿de dónde salió ese gato?

-De un callejón –murmuró Darien.

-Tu hermano acaba de regalármelo –añadió Anmael con una sonrisa burlona-. Creo que lo llamaré Darien en su honor... ¿puedo usar tu teléfono, linda?

-Por supuesto.

Mientras Anmael llamaba a Araquiel para pedirle que lo recogiera, Arien miró con preocupación a su hermano. ¿Por qué luciría tan apabullado alguien que normalmente estaba alegre hasta resultar un fastidio?


Erin


Némesis caminaba de nuevo por los límites del campamento. Sabía que algo no andaba bien, pero no podía ubicar exactamente cuál era el problema. Últimamente su percepción del cosmos estaba... nublada. Sí, esa era la palabra.

Era como caminar rodeado por una niebla espesa, por ese motivo no le había comentado aún a Ares las entrevistas furtivas de Alhena con uno de los habitantes de Tara. Ni el silencioso intercambio de palabras que podía percibir de vez en cuando entre Fobos y Deimos. No era su costumbre hablar de cosas de las que no estaba seguro...

-Hola, hola –saludó una voz que lo tomó completamente desprevenido.

-¿Quién...?

Conocía a esos mortales... ¿pero de dónde?

Daniela se permitió una media sonrisa. Siempre había considerado a Braulio como una persona bastante despistada, pero esa mirada tipo "¿quién eres tú?" ya resultaba demasiado.


Rodorio


Ya era de noche cuando Shun y su familia regresaron a casa. Lo que habían encontrado en el Santuario era realmente asombroso.

De alguna manera la Casa de Virgo había salido intacta del desastre, e incluso los salas gemelos y el jardín de cerezos parecían haber resistido sin problemas lo que había pulverizado lo que los rodeaba. También la Casa de Sagitario estaba intacta, junto con el pequeño espacio verde consagrado a Danna. Y al otro lado de la montaña, una pequeña naciente rodeada de árboles viejos había resistido también. Shun ni siquiera recordaba haber visto antes ese arroyo.

Del palacio de Atenea lo único que había quedado en pie era el mural de las constelaciones.

Y estando ahí, frente al mural, había podido percibir lo mismo que había inquietado a Esmeralda al punto de seguirlos a él, Andy y Terry.

Oscuridad.

Oscuridad acercándose al Santuario.

Oscuridad royendo desde dentro, rodeando y cubriendo, todo a la vez.

¿Era eso lo que sucedía cuando una de las Fuentes de la Tierra dejaba de existir?

La tierra muerta había pasado a ser propiedad de algo que Shun sólo había contemplado una vez y no deseaba volver a ver nunca más.

Aquella meseta cubierta de polvo blanco se sentía como los yermos desolados del Hades.

-¡Arh! ¡Stephen! –exclamó Terry desde el segundo piso.

Stephen soltó el juguete que tenía en las manos y corrió a esconderse detrás de Shun.

-¿Estuviste jugando con las estatuillas otra vez? –preguntó Shun.

-Estuvimos –dijo Ónix desde el rincón que ocupaba cerca de una ventana

-¡Stephen Kido! –gritó de nuevo Terry.

Con un suspiro de resignación, Shun tomó a Stephen de la mano y lo llevó a la habitación de Terry. A alguna hora tendría que aprender a pedir permiso...

Terry estaba esperando en la puerta, con una expresión muy seria.

-Stephen, ¿tú pusiste las estatuillas como están ordenadas ahora?

El niño asintió.

Shun miró hacia la mesa donde estaban las figuras. Uno de los budas (Sakyamuni) estaba en el centro de la mesa. Otro (Amida) estaba bastante alejado del resto. El sexto buda y Maitreya estaban juntos, los otros dos se encontraban aparte de los demás y separados también, cuando lo normal era que los seis estuvieran en una ordenada fila en el centro de la mesa.

Las estatuillas de los Guardianes de los Cuatro Cielos deberían ocupar las cuatro esquinas de la mesa, pero estaban juntas las cuatro, cerca de Maitreya y el sexto buda.

-Siempre las pones así luego de que terminas de jugar... ¿por qué? –preguntó Terry.

Stephen lo miró con aire sorprendido, al igual que Shun.

-Se ven bien así –dijo el niño luego de una larga pausa.

Terry suspiró e inclinó la cabeza.

-Soy un tonto –murmuró-. Seguía poniendo las estatuillas en el orden que recordaba y no me había dado cuenta de que lo estaba haciendo mal. Stephen, te ruego que me perdones por regañarte cada vez que las cambiabas de sitio. Gracias por corregir mi error.

-¡De nada, Otooto!

Stephen salió de la habitación riendo alegremente. Shun se sentó en la cama, sin dejar de mirar la mesa y las estatuillas.

-¿Qué representa la mesa? –preguntó Shun luego de un rato de silencio.

-El eje de los universos.

-¿Y las estatuillas?

-Son sus protectores y los amigos de sus protectores. Y la posición que ocupan los diez señala el equilibrio entre los universos.

-Pero las posiciones son diferentes a lo que tú pensabas.

-Así es... el orden fue dañado hace 20 años. Y el daño ha empeorado progresivamente. Por eso los budas ya no permanecen inmóviles en el eje...

Shun señaló las cuatro estatuillas que estaban cerca de Maitreya y el sexto buda.

-¿Y los Guardianes de los Cuatro Cielos?

-Los cuatro han nacido, aunque no pertenecen todos a la misma generación, y acabarán reuniéndose en esta vida. Será la segunda vez que los cuatro se encuentren al mismo tiempo. La tierra muerta en el Santuario llamará la atención de todos en algún momento, alertándolos sobre lo que pasa.

Cuidadosamente, Shun tomó la estatuilla de Amida, admirando el detalle con el que estaba elaborada, podía contar las plumas de la cola del pavorreal que acompañaba al buda como su emblema.

-¿Y tú... por qué estás tan lejos del resto?

Terry inclinó la cabeza.

-Debo marcharme.


Erin


Daniela creó un escudo a toda prisa, apenas con el tiempo suficiente para evitar que una descarga de energía los desintegrara a Esteban y ella. No era tan fácil secuestrar a un dios, después de todo.

Némesis había revelado la totalidad de su aura frente a ellos y era el aura misma lo que se encargaba de impedir que se acercaran. Ni siquiera estaba atacando: las fluctuaciones que terminaban convirtiéndose en chispazos de poder parecían ser algo completamente normal en su caso.

No se parecía en nada a la forma en que les habían descrito el cosmos cálido y sereno de Atenea, el de Némesis era frío y tormentoso. Orden y Caos.

Llevaban así casi una hora, ya habían probado todos los hechizos que creían que podían ayudarlos sin que ninguno funcionara y lo que más sorprendía a los dos hermanos era el que nadie hubiera acudido a averiguar qué pasaba. Aquella tormenta de energía debía sentirse en todo Tir Na Og...

-... A menos que sea una ilusión –murmuró Esteban.

-¿Tú crees que sea conveniente tratar de averiguarlo? –preguntó Daniela.

Esteban se mordió el labio inferior. Debía haber una forma menos complicada de arreglar las cosas...

-¡Braulio! –gritó, esperando poder hacerse escuchar a través de lo que fuera que estaba nublando la mente de Némesis-. ¡Braulio, necesito hablar contigo un momento!

La tormenta cesó.

-¿Qué es lo que quieres?

Vaya, eso había resultado sencillo... Daniela suspiró y dejó que el escudo desapareciera.

-Tenemos que volver a casa –dijo Esteban.

-¿Cuál casa?

-La tuya, la nuestra.

-Yo no tengo casa. Fui desterrado de la dimensión del Olimpo el mismo día de mi nacimiento. No pertenezco a ninguna parte... ¿y por qué me llaman "Braulio" ustedes dos? ¿Quiénes son?

-No no nos creerás si te lo decimos –suspiró Daniela-, si no eres capaz de reconocernos entonces no tiene caso perder tiempo con presentaciones.

-¿Pero qué es lo que quieren de mí? ¡No estoy entendiendo nada! –exclamó Némesis.

-Bueno... tal vez si probamos uno de esos métodos de emergencia...

-¿Qué co...?

Némesis se llevo una mano a la mejilla izquierda sin poder creer lo que acababa de pasar, Daniela le había dado una cachetada.

-¡Despierta de una buena vez! –gritó la muchacha.

Casi enseguida, Daniela llegó a la conclusión de que había cometido un error: Némesis la sujetó de la garganta.

-¿Cómo te atreves a levantarme la mano? –murmuró él, con un tono lleno de rabia-. Nadie JAMÁS se ha atrevido a tanto...

-Uhg...

-¡Vas a pagar por esto!

-¡Braulio Seadragon! –Esteban sujetó a Némesis por las muñecas, dándose cuenta al mismo tiempo que no podría forzarlo a soltar a Daniela, aquel cosmos tormentoso estaba empezando a manifestarse nuevamente y no tardaría mucho en rechazarlo como a una hoja seca-. Némesis, si así lo prefieres. ¿Eres o no eres una de las manifestaciones de la Justicia?

Némesis lo miró sin comprender.

-Soy la Venganza.

-¿Sólo la Venganza? ¿O alguna clase de venganza en particular?

-...

-¿Eres o no eres la Venganza Justa? ¿El castigo de los criminales? ¿No se ha dicho que Némesis es quien restaura el equilibrio creado por la injusticia?

-Eso se dice.

-¿Hay justicia en lo que estás haciendo ahora? Mi hermana te abofeteó y tú la estás estrangulando.

Némesis soltó a Daniela como si quemara, se había puesto pálido de repente.

-No comprendo nada de lo que está pasando... –murmuró.

-Cof... cof... tampoco... nosotros... –jadeó Daniela-. ¡Tú no eres así! ¡Una parte de la Triada de la Justicia no puede ni debe actuar por cuenta propia!

Eso último pareció sacudir realmente a Némesis.

-Eso... es cierto... –dijo, con voz apenas audible-. ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué es lo que me está pasando?

-Creo que estás sufriendo los efectos de algún tipo de ilusión –dijo Esteban.

-Sí, como la Ilusión Diabólica del Dragón Marino o el Satán Imperial de Géminis. Incluso la Ilusión del Fénix podría crear algo semejante... pero es con Ares con quien has estado en contacto, así que debe ser un Satán Imperial.

Némesis se mordió el labio inferior, en un gesto repentinamente parecido al que era habitual en Esteban.

-¿Mi hermano Ares? ¿Él me hizo esto? ¿Es por eso que no puedo pensar con claridad y me siento como si estuviera caminando bajo el agua? ¿Es por eso que me parece que estoy en trance todo el tiempo?

-Si puedes darte cuenta de eso, no te está controlando totalmente –sonrió Daniela.

-Lo que sí es cierto es que te ha vuelto muy influenciable –apuntó Esteban-. Si Ares viniera aquí y te dijera que estamos mintiendo, le creerías a pie juntillas, con la misma facilidad con la que te estamos convenciendo de que estás bajo el control de alguien más.

Némesis retrocedió.

-Esto es... imperdonable.

-Creo que no te corresponde a ti juzgarlo –dijo Daniela.

-No... en verdad no me corresponde... ¡Oh, ratas! ¡¿Voy a tener que pasar el resto de mi vida cambiando de opinión según quién me hable, como si no tuviera mente propia? Menos mal que no es año de elecciones.

-Eso ya empieza a escucharse como el Braulio de todos los días... –comentó Esteban.

-Está copiando nuestra manera de hablar, no puede evitarlo. Mientras esté bajo el dominio del Satán Imperial, se inclinará por la opinión de la voluntad más fuerte que se encuentre cerca de él en determinado momento.

-¿Es por eso que Ethan no pudo convencerme de acompañarlo? ¿Su voluntad es menos fuerte que la de Ares? –preguntó Némesis.

Los dos hermanos lo miraron con aire reflexivo.

-No lo sé –confesó Daniela-. Tendría que haber estado presente para poder decirlo. Pero no me atrevería a jurar que las voluntades de nosotros dos juntos superen la terquedad de Ares. Creo que tu propia voluntad, si aún te queda algo, debe estar ayudando.

-En fin, vámonos, entre más lejos estés de la voluntad de Ares, mejor.

-¡Ey! ¡Esperen! –exclamó Némesis, cuando cada uno lo tomó por una mano y empezaron a caminar hacia una puerta dimensional recién abierta-. ¡¿A dónde me llevan?

-Ya te dijimos: a casa.

-¡Pero yo no tengo casa! ¡Y todavía no sé quiénes son ustedes! ¡Suéltenme!

-Trata de oblig... Ejem, quiero decir, ¡cálmate, Braulio!


Rodorio


Araquiel examinó cuidadosamente la mano izquierda de Anmael. Por lo visto, la primera reacción de la joya había sido defenderse del desconocido que se había atrevido a tocarla produciendo una quemadura realmente seria. De alguna manera Anmael había logrado cicatrizar los tejidos al momento de absorber dentro de sí la Fuente, pero era obvio que lo había hecho mal. No era algo que sorprendiera mucho, después de todo las Sombras carecían de todo poder curativo, más bien resultaba sorprendente el que Anmael hubiera tenido la ocurrencia de intentarlo siquiera, eso había salvado su mano, pero era una lástima el que la cicatriz fuera a resultar imborrable. En fin, una más sumada a todas las anteriores no parecía importar demasiado en realidad.

-No creo que podamos hacer mucho para arreglar esto, ratoncito –murmuró.

-Da igual, de todos modos ya no me duele –la voz de Anmael se escuchaba un tanto apagada-. ¿Hay noticias de madre?

-No se ha comunicado conmigo por el momento.

-Oh.

-¿Esperabas algún mensaje suyo?

-No... supongo que enviará aquí a Tamiel.

-¿Por qué habría de hacerlo? Asbeel y yo estamos a cargo...

Anmael dejó escapar una risita.

-No por mucho tiempo. Si yo fuera tú, me pondría de acuerdo con Asbeel... creo que debemos tomar posesión de lo que queda del Santuario, para que Tamiel no nos considere demasiado inútiles a fin de cuentas cuando llegue aquí.


Casa de Sagitario


-Muchas gracias por permitir que me quede aquí –dijo Ginsei.

-No tienes nada que agradecer –sonrió Verena.

Seiya no dijo nada.

Ginsei se las había arreglado para fingir calma durante todo el día, pero una vez que pudo retirarse a su habitación, se derrumbó por completo. Solo esperaba que nadie la escuchara llorar de aquella manera.

No supo cuánto tiempo estuvo así, pero cuando por fin logró calmarse sentía el cuerpo completamente entumecido. Estar de rodillas frente a la cama y con la cara enterrada en una almohada para acallar los sollozos no era algo muy cómodo a fin de cuentas...

No fue sino hasta entonces que advirtió la luz perlada que parecía venir de la mesita de noche. Alguien había recogido las dos esferas que habían encontrado en la Cripta y las había dejado ahí. Nadie sabía qué eran exactamente, pero parecían inofensivas...

Tuvo que recurrir otra vez a la almohada, esta vez para ahogar un grito cuando la esfera que tocó pareció estallar. Un segundo después, el fantasma de Saga estaba frente a ella, mirándola con desconcierto.

"¿Ginsei?"

-¿Saga?

"¿Dónde está Máscara de Muerte?"

-¿Eh? -¿qué clase de pregunta era esa? El fantasma lucía completamente desorientado y se limitó a quedarse como había aparecido al momento de que la esfera estallara, arrodillado frente a Ginsei, que estaba sentada en el suelo y abrazando la almohada.

La joven lo examinó con atención por unos segundos, había algo diferente en él... seguía siendo traslúcido, pero no tanto como de costumbre. ¿Sería un efecto de la luz? ¿O más bien de la falta de luz? Después de todo la habitación estaba a oscuras, excepto por la luz de las estrellas que entraba por la ventana todavía abierta, y la leve fosforescencia que proporcionaban la otra esfera y el propio Saga.

Cuidadosamente, Ginsei adelantó una mano. En circunstancias normales, habría atravesado a Saga como si fuera de niebla y además se habría ganado una mirada disgustada por parte de él, ya que pasar corriendo a través de los fantasmas del Santuario había sido una de sus travesuras preferidas cuando pequeña. Pero en esta ocasión fue distinto, el fantasma no era sólido precisamente y Ginsei se convenció de inmediato de que lo atravesaría como de costumbre si ejercía un poco más de presión... pero podía tocarlo. Era como tocar la superficie del agua en el momento en que empiezan a formarse cristales de hielo...

Saga la miraba con los ojos muy abiertos, evidentemente igual de sorprendido que ella, si no es que más.

"Puedo sentir tu mano" comentó.

-Asombroso. Eres casi sólido. ¿Tiene algo que ver con lo que pasó en la fuente?

"Máscara de Muerte buscaba la forma de volver a la vida, quizá lo que haya hecho con la Fuente me haya afectado también... ¿Dónde está Afrodita?"

Ginsei frunció el ceño.

-¿Quién es Máscara de Muerte?

"El Caballero Dorado de Cáncer anterior a Nachi. Mi segundo hombre de confianza, después de Afrodita, el cual, por cierto, estaba conmigo cuando pasó... lo que haya pasado. ¿No lo has visto?"

-No, pero ahora tengo una idea más o menos clara de dónde puede estar. Aclárame una duda, ¿por qué estás tan seguro de que ese sujeto del que me hablas le hizo algo a la Fuente?

"Era de él de quien te hablaba cuando te dije que el Carbunclo y la Fuente corrían peligro. Llegó al Santuario haciéndose pasar por el alma de Mu de Aries, el Maestro de Kirkelen. Afrodita y yo hemos estado vigilándolo desde que llegó porque no entendíamos qué podía buscar aquí, en especial fingiendo ser alguien más. Cuando nos pediste que custodiáramos el Carbunclo, Máscara entró a la Cripta y nos atacó... no recuerdo nada más, hasta... eh... despertar aquí, frente a ti"

-Mmm. No fue él quien usó la Fuente, fue Anmael, como te dije que podría pasar.

Saga sacudió la cabeza.

"Cuesta creerlo. Siempre me has hablado muy bien de ese chico. Llegué a creer que te gustaba"

-¿Anmy? Te diré algo aprovechando que Afrodita no nos escucha: no creo que llegue a gustarme un chico que sea más bonito que yo... bueno, tal vez si me dejara cortarle el cabello y conseguirle ropa un poco más masculina... ¡Arhg! ¡Tienes razón: leo demasiadas revistas para adolescentes! –Ginsei empezó a reír sin poder evitarlo, sorprendida de lo mucho que la confortaba la presencia del fantasma y la facilidad con la que conseguía distraerla de sus preocupaciones sin abandonar del todo el tema-. No te has dado cuenta aún de lo grave que es todo el asunto, ¿verdad? No solo utilizó el Carbunclo y no solo le hizo algo a la Fuente. Destruyó las Doce Casas.

Saga miró a su alrededor y luego la miró a ella, con aire interrogante.

-Virgo y Sagitario es todo lo que queda en pie, ve a mirar por la ventana –aclaró Ginsei.

Saga obedeció.

"Jamás... en toda mi vid... en toda mi existencia..."

-Sé lo que quieres decir.

El fantasma regresó lentamente y se sentó en la cama.

"¿Alguna otra mala noticia?" preguntó.

-El culpable escapó. Y me siento estúpida, ¿sabes? Él mismo me dijo lo que iba a hacer, casi como si me suplicara que lo detuviera, y yo no hice nada al respecto pensando que cambiaría de opinión... fue un error, ¿verdad?

"Todos cometemos errores."

-¡Pero no así de GRANDES! ¡Pude haber evitado que el Santuario fuera destruido!

"¿Alguien resultó herido?"

-Nadie que yo sepa.

"¿Las armaduras están a salvo?"

-Sí.

"¿Tú estás a salvo?"

-¿No me estás viendo?

"Una cosa es que yo vea que estás a salvo y otra es que tú te des cuenta de ese detalle."

-Estoy a salvo.

"Entonces solo hemos perdido una gran cantidad de mármol viejo"

-Antiguo. Obras de arte inapreciables. Toda la historia de la Orden, los bienes de la mayor parte de sus habitantes...

"Todo eso puede reconstruirse."

-Y hemos perdido también la Fuente.

"¿Cómo es eso?"

-Simplemente desapareció.

"Eso no tiene sentido. Una fuente de la Tierra no puede desaparecer... jamás había pasado antes."

-Tú te la pasas diciéndome que siempre hay una primera vez para todo.

"Y que los problemas son solo oportunidades con espinas, eso también te lo digo con frecuencia. Y también te he dicho que el Santuario de Atenea no es un lugar."

Ginsei sacudió la cabeza.

-No puedo ponerme a pensar ahora, Saga. En las sabias palabras de Scarlett O'Hara, "lo pensaré mañana".

"Sí, sería bueno que durmieras. Te ves cansada... Eh... Ginsei... Antes de que te acuestes... dijiste que tenías alguna idea de dónde podría estar Afrodita..."

-Ah, sí, claro...

Ginsei tocó ligeramente la otra esfera, que estalló también. Afrodita, sentado en la mesita de noche, los miró a ambos con total desconcierto.

"¿Qué pasó? ¿Saga?"

"Muchas cosas... Ven, hablaremos afuera, Ginsei ya va a acostarse."

"Eh, sí, claro. Buenas noches, princesa."

-Buenas noches, Afrodita, Saga.

"Buenas noches."

Ginsei contempló a los dos fantasmas salir de su habitación atravesando una pared. Un segundo después llegó un grito hasta ella.

"¡¿PERO QUÉ HA PASADO AQUÍ?"

Quizá habría sido mejor que Saga le hubiera avisado a Afrodita sobre lo que iba a ver tan pronto como salieran de Sagitario, pero no se le había ocurrido sugerírselo a tiempo.

Abrazó la almohada y se acurrucó en la cama, llorando de nuevo hasta quedarse dormida.


Rodorio


-¿Tan pronto? –preguntó Esmeralda, aún sabiendo que en realidad Terry había tardado en decidir que tenía que irse.

Los dos caminaban hacia el centro de la ciudad, y el muchacho había aprovechado para explicarle su situación.

-Me he quedado mucho tiempo aquí... y ahora es todavía más difícil de lo que habría sido hace tres años... o hace diez años...

-En realidad no quieres marcharte, ¿verdad?

-No, mamá. Pero es lo que debo hacer.

-Entonces... supongo que está bien. O quizá no está bien, pero es lo que tiene que pasar, no es así –Esmeralda acarició lentamente el cabello del muchacho-. ¿Mantendrás la promesa que le hiciste a Ginsei?

-En tanto no contradiga la misión de la Orden de Atenea, ningún Guerrero del Zodiaco Chino morirá por mi mano.

-Lo dices de un modo un tanto extraño. ¿Qué es lo que estás planeando hacer?

-Nunca tuve intención de matar a nadie, eso algo de lo que ni Atenea ni los Primordiales parecieron darse cuenta jamás... Créeme, no quiero que nadie muera mientras cumplo mi misión.

-Pero si llegara a darse el caso...

-Mamá... ¿sabes por qué Amida es el Buda de la Luz?

-No.

-Pídele a Stephen que te lo cuente, ¿sí? Debo irme ya.

-¿Ya? ¿No vas a despedirte de tus hermanos?

Terry sacudió la cabeza.

-Andy trataría de detenerme y Stephen lograría detenerme. De papá ya me despedí.

-Ten cuidado, cielo.

-Lo tendré. Adiós, mamá.

-Adiós, Terry.

El muchacho sonrió con algo de tristeza y desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

-Regresa pronto –murmuró Esmeralda mientras continuaba su camino.


Casa de Sagitario


Ginsei miró una por una las doce armaduras de oro que estaban perfectamente alineadas frente a ella. Las armaduras de plata y bronce que aún no tenían dueño estaban en otra habitación.

-Se diría que fue el cosmos de Atenea lo que las preservó en medio de todo ese desastre –comentó Kiki.

Ella asintió distraídamente. Saori nunca volvería, pero Atenea siempre había estado ahí y nunca se marcharía del todo. ¿Era ese el mensaje que quería transmitirle el elfo? ¿O estaba tratando de señalar que en el cosmos propio de cada armadura existía desde la primera forja un leve rastro de la presencia de la diosa?

-Supongo que lo que sigue ahora es reconstruir –dijo Seiya.

Ginsei asintió también. Sí, los recursos de la Fundación Graude eran más que suficientes para emprender aquella tarea. Un Santuario nuevo. A medida que empezaba a reponerse del shock, la idea le parecía más y más atrayente... ¿alguien sabría cómo eran los planos originales?

Seiya hubiera querido poder contagiarse del entusiasmo de la muchacha, pero estaba empezando a convencerse de que nada relacionado con Ginsei podía animarlo. ¿Por qué habría insistido tanto Verena en que la chica estaría mejor en la Casa de Sagitario que en la de Virgo? Después de todo Shun siempre la había adorado, cosa que le daría mucho qué pensar si no fuera porque Shun se comportaba igual con todos los niños, y viceversa, no había un solo niño en el Santuario que no lo llamara "tío Shun" y todos acudían a él cuando necesitaban ayuda... ahí estaba el detalle extraño, Ginsei había pedido permiso de quedarse en la casa del Caballero de Sagitario primero, como si no se le hubiera ocurrido la posibilidad de alojarse con la familia de Shun. A lo mejor había pensado que Shun ya tenía demasiados problemas vigilando a Ónix... o tal vez había pensado que Shun preferiría llevarla a la casa que ocupaba en Rodorio y Ginsei no quería salir del Santuario (o lo que quedaba de éste) por el momento.

Muchas posibilidades...

-¿Me estás escuchando, tío Seiya?

-Llámame Seiya –gruñó él. ¡Lo irritaba tanto ese "tío"! Probablemente se estaba contagiando de Ikki, que también ponía mala cara cuando Ginsei lo llamaba así-. ¿Qué me decías?

-Preguntaba si hay alguna noticia de Anmael.

¿Anmael? No había nada que pudiera decir al respecto, aparte de que Azrael y Raziel parecían muy angustiados.

-Nada, como si se lo hubiera tragado la tierra. Ya hay varios grupos buscándolo y avisamos a la policía...

-¿Avisamos? Oh, eso puede haber sido un error –dijo Azrael, levantando la mirada de los pergaminos que estaba revisando.

-¿Y eso por qué?

-Eh... la madre de Anmael era hermana de nuestro "muy apreciado" capitán de policía de Rodorio, y tengo razones para creer que Asbeel estará muy feliz de dificultarnos mucho el localizarlo.

Genial, ahora además había metido la pata. ¿Pero por qué Azrael nunca hablaba de su familia hasta que ya era tarde? Ni siquiera estaba seguro de cuántos hermanos eran en total...

-Ustedes son una familia bastante complicada –murmuró entre dientes.

Azrael se puso tenso.

-Yo no soy pariente de Asbeel –le indicó con un susurro.


China


-¡Ey! –Shunrei bajó casi corriendo por el camino hasta llegar a donde se encontraban Shiryu y Obsidian, contemplando el Palacio de las Máquinas-. ¿Es que ustedes dos no piensan desayunar hoy?

-Últimamente está empezando a hablar como Myly –murmuró Shiryu sacudiendo la cabeza.

-La actividad allá abajo está incrementándose. ¿Crees que tenga relación con lo que sucedió con el Santuario?

-Por lo que me dijo Hyoga, podría jurar que sí. Ya va siendo tiempo de regresar.

-Me alegro –Obsidian suspiró aliviado-. No quiero ni pensar en todos los problemas que mi hermano le habrá causado a Shun.

-¿Puedo acompañarlos esta vez? –preguntó Shunrei.

Obsidian la miró como si se hubiera vuelto loca de repente.

-¡No voy a exponerte a algún peligro allá!

-¿Y Rozan te parece muy seguro ahora con esa cosa negra ahí enfrente?

-Eh...

-Como te iba diciendo, Obsidian, últimamente está hablando como Myly...


Rodorio


Ethan miró a su alrededor tratando de orientarse. Era la primera vez que trataba de llegar al mundo de los mortales a través de un espejo que no fuera el de su casa en Londres y temía haberse equivocado. Bueno, aquello tenía que ser Grecia, cuando menos. El paisaje era bastante similar a las fotografías que le había enviado Rhiannon en sus cartas.

Salió a toda prisa de la casa en la que había aparecido, no fuera a ser que los dueños lo encontraran ahí y le pidieran explicaciones. Muy bien, si aquel lugar era Rodorio, no sería demasiado difícil dar con el Santuario. Sólo tenía que buscar una montaña...

Aunque quizá sí se hubiera equivocado de dirección después de todo. El pueblo era igual al de las fotos... ¿pero dónde estaba la montaña?


China


Lilith sacudió la cabeza lentamente. Algo no estaba bien.

Desprendió la esmeralda de los Mayfair de la diadema de su armadura y la contempló, tratando de concentrarse en el juego de luces que se formaba en su interior gracias a las facetas, algunos años antes había descubierto que le era mucho más fácil concentrarse con la esmeralda que con una bola de cristal...

-¡Azael!

La Sombra Verde se aproximó silenciosamente y se arrodilló frente a ella. Siempre había sido el más respetuoso de los siete. O por lo menos el más solemne.

-¿Tamiel ya se marchó a Grecia?

-Sí, iba muy... entusiasmado por tus órdenes.

Lilith se mordió el labio inferior.

-Bien, quiero que vayas a Grecia. Síguelo. Y mantenme informada de todo lo que hagan él y los demás.

-¿Irás a Grecia tú también, madre?

-No... creo que será mejor que me traigan aquí la Fuente. Será más fácil aprovechar su poder dentro del Palacio que apoderarnos del Santuario como habíamos pensado en un principio... Tal parece que las locuras de Zoe me han sido útiles a fin de cuentas.

-Se hará tu voluntad.

Ella lo miró enarcando una ceja, con un deseo repentino por reírse en su cara, pero sabía que Azael lo interpretaría mal. ¿Cumplirse su voluntad? Eso era difícil. Su voluntad era algo demasiado complicado como para que estuviera segura de hasta qué punto podría ser cumplida alguna vez... Pero sus hijos harían el intento, de eso estaba segura.

-¿Estás ahí, Exael?

La Sombra Violeta tocó ligeramente el hombro de Lilith, sí, ahí había estado desde hacía un buen rato.

-Preparaste lo que te encargué, supongo.

Exael asintió.

-Bien. Quiero que todo esté listo para cuando la familia se reúna... Será toda una fiesta.

Exael asintió nuevamente, esta vez con una sonrisa.

Continuará...


Notas:

Con respecto a la apariencia de Gibil cuando es un grifo... no me refería exactamente al grifo europeo (cabeza de águila, cuerpo de león y alas) sino a una especie de león demonio que aparece en el arte babilonio con un par de añadidos de mi propia cosecha. Vendría siendo un león con alas y melena de plumas.