Disclaimer: Los personajes pertenecen a la señora Meyer, la trama es de mi autoría.


Este Outtake fue idea de Yanina Barboza, así que esta dedicado para ella ya que es su cumpleaños. FELICIDADES BONITA!

También para ti Karen, hace poco fue tu cumple, aunque ya había adelantado antes tu regalo.

Nos leemos abajo


Outtake: "Tú no eres así"

Edward's Pov.

Después de la cena en casa de mis padres, ella regresó rara. Ya nada era lo mismo y eso no me gustaba. Apenas y cruzábamos algunas palabras, ella volvía a ser la misma que cuando llegamos. No hablaba, no sonreía y no compartía nada de su vida conmigo. Es como si quisiera alejarme de ella y yo no quería eso.

Decidí hablar con mi padre y decirle que de verdad pensaba casarme con Isabella, fui y pensé sorprenderlo con la noticia, pero fui yo quien se llevó una gran sorpresa.

Mi padre me quitó todas mis intenciones y yo no quería creerlo.

—¡Hola, hijo! —exclamó.

Estaba en el despacho de Carlisle, en casa. Lo busqué después de dos semanas de la cena. Yo ya no quería andar escondiendo mi amor de nadie y menos esconder a Isabella. Sabía los problemas que esta boda conllevaría, pero por amor estaba dispuesto a hacer lo que fuera.

—Papá —musité, me acerque a él y le besé la mejilla. Me senté y lo miré serio—. He tomado una decisión muy importante en mi vida. Y tú tienes que ser el primero en saberlo.

—Te escucho —dijo recostándose en su sillón y mirándome con cara de negocio.

—Me casaré con Isabella, padre, entregaré por segunda vez el anillo de compromiso y esta vez es verdad. La amo y no quiero seguir negándolo, ni a ella ni a nadie. —Suspiré y me levanté por una copa. Mi padre no mostraba expresión alguna—. Con Bella todo es diferente, disfruto cada momento a su lado, son tan distintas, padre. Con Ana todo era tenso y no nos amábamos, solo era costumbre y apariencias —expliqué. No sé por qué trataba de justificar mis acciones. Regresé a mi lado y miré a mi padre—. Esta noche le diré a Bella la verdad y le pediré matrimonio. Sé que quizás dirás que es muy pronto, que apenas tendré un año de haberla tratado, pero yo siento que ella es la mujer con la que quiero estar siempre.

—Si eso es lo que quieres —dijo mi padre frunciendo el ceño—, pero antes de que tomes la decisión… permíteme decirte algo —finalizó con cara de enojo.

—Adelante —le contesté firme. Estaba seguro que él me apoyaría. A mi padre Anabella no le gustaba mucho, pero seguro Bella era otro asunto.

—Hace unos días tuve una gran visita en casa —comenzó, se volvió a acomodar en su asiento y cruzó las piernas—, en un principio pensé en correrla, pero después lo pensé mejor y creo que fue una buena decisión. Me enteré de una gran verdad, hijo, y creo que eso te romperá toda tu ilusión.

—¿De qué hablas? —le inquirí serio, bebiendo de mi vaso.

—Anabella, Edward… —Casi escupo la bebida que tenía en la boca. Ella había regresado a Seattle. Miles de cosas llegaron a mi cabeza. Tenía que casarme cuanto antes con Bella, yo no permitiría que se fuera de mi lado. Además, si ella estaba aquí, Bella corría peligro y Jacob la andaría cazando. ¡Maldición!, cómo fuimos tan ciegos y nos dejamos llevar por la tranquilidad. Hacía tiempo no había amenazas de ellos y ahora resulta que estaban en la misma ciudad—. Llegó en son de paz, solo a advertirme, hijo, de la clase de arpía que es su hermana.

—No entiendes nada, Carlisle, no te das cuenta que Bella solo es una víctima en esto.

—No, Edward, la víctima en todo esto eres tú y todos nosotros. Ellas nos han estado engañando. Jacob las maneja. Anabella se vio obligada a confesarlo, hijo. Ella aún te quiere y por eso no quiere que sufras por culpa de su hermana.

—Habla más claro, padre, que no estoy entendiendo nada —dije. Me sentía nervioso. Bella no era mala. Ella no podía ser igual que su hermana.

—Sí me entiendes, Edward, pero no me quieres creer —me contestó. Se levantó y comenzó a caminar a mi alrededor—. Es simple. Bella está esperando a tenerte en sus manos y después acabará con toda la familia. Ella se está infiltrando en todos tus asuntos, ella y James están planeando todo juntos. Se burlará tal y como lo hizo Anabella, una vez que te tenga en sus manos, se irá y te hundirá, Edward. Entregará todo lo necesario a las autoridades y acabará con todo. —Negué—. No dejes que te ciegue, Edward, Anabella ya se burló una vez de ti, y está arrepentida, es por eso que me contó las verdaderas intenciones de su hermana. Abre los ojos y actúa. Ella sacará provecho de ti, querrá dejarte en la ruina y tener todo lo que nunca tuvo. No se lo permitas.

—¡No, padre! —grité—. Bella no es así, esas son mentiras de Anabella, el ciego aquí eres tú. Date cuenta, yo a Bella la tengo bien controlada, hay cámaras en casa y no la creo capaz de intervenir en mis asuntos. Su celular y computadora están protegidos, eso es imposible —le expliqué. Me levanté dispuesto a salir. Estaba muy molesto con mi padre, cómo había podido caer en las mentiras de Anabella y no creer en Bella.

—¿Has revisado las cámaras últimamente, Edward? —habló antes de que saliera. Era verdad, no las había visto, pero no era necesario, yo confiaba en Bella—. Ella se ha estado viendo con James cuando tú no estás. Solo revísalas, Edward, y no vayas a cometer el error más grande de tu vida, no la conviertas en tu esposa. Ella no te ama, solo juega contigo, Edward —aseguró, y yo volví a negar, dispuesto a salir de ahí. Ahora la duda y la desconfianza estaban en mi cabeza—. Yo ya te di una ayudadita, hijo mío.

Me detuve ante sus últimas palabras.

—¿De qué hablas? —cuestioné, y volteé a mirarlo.

—Hablé con ella el día de la fiesta y le dije unas cuantas verdades para ver si podía sacarle la verdad, pero es una mosquita muerta y debo reconocer que es inteligente. —La furia me llenó por completo. Por eso Bella estaba tan distante—. Tú no la amas, Edward, seguramente solo es el buen sexo el que te…

—¡Cállate! —volví a interrumpirlo—. No te permito que le faltes al respeto o que te metas en mi vida. Yo la amo y no dudaré de ella. No destruyas mi felicidad y mi vida, padre. Son mis asuntos y tienes prohibido volver a meterte en ellos.

—Solo trato de ayudarte, Edward, porque no me gusta que te vean la cara. Las niñas serán unas Swan, pero eso no les quita lo putas y lo arribistas, no te ciegues, hijo, y date cuenta antes de que sea demasiado tarde —concluyó.

Salí de casa hecho una furia y manejando a toda velocidad hacia el departamento.

No me resistí y revisé las cámaras. Todo era verdad, se estaba burlando de mí al igual que su hermana, pero no se lo permitiría. Ahora yo construiría mi plan. Ahora yo actuaría, de un Cullen nadie se burlaría.

.

.

.

Los días comenzaron a pasar y yo checaba a diario las cámaras. Se veía con James por las mañanas y después regresaba a su habitación o hacía lo rutinario. Nada raro, aparentemente, pero seguramente todo lo hacía el estúpido de James. Me llenaba de celos verla sonreír, o cuando él la abrazaba. Eran iguales, solo que Anabella tenía un poco más dignidad que ella, Anabella nunca ocultó lo convenenciera que era, pero Bella siempre lo hacía.

Me sentía estúpido y traicionado, me dejé llevar por su inocencia. Pero ya no más. Estaba preparando todo para llevarla a la cárcel cuando esta farsa acabara, pero una idea mejor se me ocurrió. La obligaría a estar conmigo. La tendría encerrada en casa y nunca más vería la luz. Pero primero le daría una oportunidad para salvarse. Tendría una sola oportunidad para confesar toda la verdad. Una sola y la amaría por siempre, de ella dependería su salvación.

Esa noche llegue más temprano de lo normal, esa noche sería su oportunidad y tendría que ser inteligente para salvarse.

Esto ya había sobrepasado mi límite, la amaba, ya para qué negarlo. Pero no por eso iba a permitir que se burlara de esa manera de mí.

Respiré profundo y entré a su habitación, hacía ya varias noches que no dormía a mi lado. La extrañaba mucho, no quería alejarla de mi lado. Pero era una oveja envuelta en piel de león. Toda tranquilidad se me fue cuando la vi acostada en la cama, tranquilamente.

—¡¿Qué es lo que te pasa?! —le grité, pero ella no se movió—. Desde que regresamos esa noche de la fiesta, estás muy rara, Isabella —hablé un poco más bajo. Es tu única oportunidad, Isabella, pensé para mis adentros. No la desperdicies, nena, y déjame ver que no eres igual a tu hermana. Hazme ver que no es un error estar enamorado de ti, bebé—. ¡Háblame, maldita sea, Isabella! —le volví a gritar, y no lo soporte más, la tomé de los brazos y la obligué a que me mirara. Estábamos frente a frente, a ver si así era capaz de decirme la verdad.

—¡No me pasa nada! —gritó al igual que yo. Ella también estaba molesta. Era la primera vez que me hablaba de esa forma. Estaba dejando salir a la verdadera Isabella—. Solo… ya no quiero dormir contigo —contestó con temor. No, nena, sálvate mi amor, sálvame a mí.

—No es solo eso… algo raro te pasa. —La solté de mi agarre—. Me huyes, ya no me esperas para cenar. Cuando yo llego tú estás dormida. No quieres que ni siquiera te abrace —dije. Le di la espalda y agarré mi cabeza, haría la pregunta que más me costaba. De ti depende, pequeña, no me defraudes—. ¿Dónde está la confianza que nos teníamos? Después de esa cena en casa de mis padres es que estás así. ¿Te dijo algo mi padre? —Negó a mi cuestionamiento, me mentía de nuevo, yo sabía que habían hablado—. Todo lo que habíamos avanzado tú y yo se fue, ahora estamos peor. ¿Por qué, Isabella? —pregunté. Vamos, nena, dime la verdad, amor. Dime que no quieres hacerme daño. Que estás arrepentida de estar aliada con James.

—¡Porque no hay un tú y yo, Edward! —gritó y me dio la espalda. Comenzó a llorar. Ahí estaba toda la verdad. Ella no sentía nada por mí. Yo fui el que me hice ilusiones. Ella nunca sería mía—. ¡Nunca lo habrá! Ella va a regresar y tomará su lugar y yo tendré que irme. No hagas que eso sea más doloroso…

¿Más doloroso?, pensé. Quizá sentía remordimiento por querer estafarme. Pero no me engañaría. Ahora sí la haría sufrir.

—Bella… —Me acerqué e ella. No quería que esto fuera verdad. En el fondo algo me decía que esto no estaba pasando. Sus caricias, sus besos, sus miradas, todo este tiempo me mintió, ella no me amaba. Ella lo amaba a él, desde el principio lo supe y me dejé engañar. Era una puta mentirosa.

—¡No! No te me acerques. —¡Maldición!, me rechazaba. Esto no era posible. En ese momento sentí decepción, miedo, ira. Ella era mía, lo fue desde que se entregó a mí. Y lo seguirá siendo aunque no quisiera—. Ahora soy yo la que no te quiere cerca. Yo vine aquí por una sola cosa… suplantarla a ella y creo que nos olvidamos de eso. ¡Nunca debí haberte dejado entrar en mi vida! —me gritó—. Así que te pido respetes ese trato, fue lo que acordamos al principio… recuérdalo.

—¿Eso quieres de verdad, Bella? ¿Que todo sea como al principio? —Asintió a mis preguntas—. De acuerdo —dije molesto—. ¡Yo mando aquí! ¿Me oyes? —Perdí el control de mi cuerpo y me dejé llevar por Edward el mafioso. Seguro no me quería tener nuevamente a su lado porque quería guardarle fidelidad al guardaespaldas ese, pero se equivocaba si pensaba que yo la respetaría. Ella era mía y yo la había comprado, por eso mantenía a ella y a sus amigos. Me debía mucho y me lo pagaría—. Y si quieres regresar a como estábamos en un principio… lo haremos. Te trataré como antes y harás lo que yo diga… —Volví a darle la espalda y la oí llorar. No me engañaría con ese llanto, a ella no le importaba nada más que el dinero—. Así que… desvístete ahora mismo. Necesito recordarla… necesito recordar a Anabella… —Con algo tenía que afectarla y esto era lo mejor. Le daría a entender que siempre la usé. Que de alguna manera también me burlé de ella—. Esta noche dejaré de fingir que no la extraño. Esta noche serás ella… ella que regresará algún día a mi lado —concluí. Vi su cara de odio hacia mí. ¡Chúpate esta, perra!, pensé. Aunque después me arrepentí, vi su cara de dolor y estaba a punto de abrazarla y pedirle perdón. Decirle que la amaba, pero ella se burlaría de mí y de mis sentimientos. No lo permitiría.

—¿Entonces es verdad, Edward? —me cuestionó. Limpió sus lágrimas y más odio tenía en su mirada. Quise burlarme de ella y preguntarle qué se sentía que te hicieran eso, pero no quería que mi plan se cayera tan rápido. Dejaría todo como estaba por unos meses. Cuando pensará que podría huir de mí, la encerraría y la ataría por siempre a mí. Ese sería su castigo. Ser infeliz como yo lo estaba siendo—. Todo este tiempo fingiste, ¿verdad? Nunca me diferenciaste de ella… nunca dejaste de pensar en ella mientras estabas conmigo. —Negué y estaba a punto de reírme—. ¡Te odio! ¡Te odio, maldito! —me gritó y lloró aún más. Se veía dolida y eso era lo que yo quería. Que sufriera al igual que yo. Que sintiera un poco de lo que yo estaba sintiendo. Porque al igual que ella, mi corazón estaba destrozado.

—No me importa lo que tú pienses… estás aquí para complacerme, para eso mantengo a tus amigos y te mantengo a ti. Nunca me he olvidado por qué estás aquí. Y si no te desvistes tú… lo haré yo. —Me acerqué con violencia hacia a ella y pude jurar que vi miedo en su mirada. Me dolía tratarla así, pero sería una buena lección. Le arranqué su ropa con violencia.

—¡Por favor, Edward! Así no… —me rogó. Me quería detener, pero su fuerza no era suficiente—. ¡Me lastimas! —gritó llorando, pero no me podía detener. Me imaginaba a James poseyéndola y más furia me entraba. Nadie me vería la cara y menos Isabella. ¡Maldita la hora en que la dejé entrar a mi vida! ¡Maldita la hora en que me enamoré de ella!

—¡Oh, Ana! Te extrañaba tanto —mentí. La haría sufrir aún más. Mucho más. Lloró cuando la besé, pero no me correspondió—. ¡Vamos, mi amor! No seas necia. —La tumbé en la cama y la miré. Me miró con recelo, pero no me detendría. Volví a besarla y me correspondió. Me desvestí y besé su cuerpo con adoración. Desde que ella se había entregado a mí, jamás pensé en Anabella, desde el principio solo fue ella y siempre sería ella. Aún la sentía tensa. Volví a ponerme encima de ella y tomé uno de sus senos, se arqueó y supe que había dejado de resistirse. Pasó sus manos por mi cuello y sentí como me acercó más hacia a ella. Así era como siempre quería estar. Pero eso no pasaría. Ambos nos estábamos haciendo daño, pero ya nada importaba, el daño ya estaba hecho y la sed de venganza se había apoderado de mí—. ¡Así, nena! Deja de pensar, solo actúa, amor. —"Amor", ¿cuántas veces pensé en decirle sin miedo y sin contemplación esa palabra? Miles de veces lo deseé y ahora sabía que nunca se las diría y mucho menos que ella me correspondería con una contestación igual. Adoré por más tiempo su cuerpo. Sus lágrimas no paraban de salir. Bajé mi boca hacia su intimidad, lamí, chupé y mordí… hasta que se dejó ir.

—¡Oh, Edward! —gritó.

Sentí mi pecho hincharse cuando dijo mi nombre. Pero ¡maldición, solo fingía! Ella sí pensaba en él, ella sí tenía a otra persona en su mente. La besé y la penetré sin contemplación. Enterré mi cabeza en su cuello y subí una de sus piernas a mi hombro. Quería sentir que me pertenecía por completo. Que era solo mía y de nadie más. Me engañaría creyendo que siempre lo sería. Se corrió ella primero y después yo me derramé completamente en ella. Jamás formaría una familia con la persona que amaba. No quería traer un hijo al mundo en esta situación, donde sus padres no se amaban. O más bien, en donde su madre no amaba a su padre, eso causaría la infelicidad de ambos. Así que era mejor que Isabella se protegiera y no ocurriera ese tipo de accidentes. Dejé mi cuerpo caer encima del suyo, pero después me giré dejándola encima de mi pecho. No me salí de ella, quería estar dentro de ella, saber que era mía. Sabía que la había lastimado, pero más lastimado estaba yo por sus mentiras. Me sentía arrepentido, pero no le diría la verdad.

—¡Duerme, mi pequeño amor! Todo estará bien. —Besé su cabeza y la sentí sollozar. La encerré entre mis brazos—. Lo siento tanto, pequeña… perdóname —le dije, y besé su cabeza una vez más. Sentí como su cuerpo se relajó y supe que se había dormido. Me engañó, todo este tiempo me mintió. Qué ingenuo había sido.

Besé su mejilla limpiando una lágrima que resbalaba por ella. La miré, era tan linda, pero era una mentirosa de primera. Esta noche fue su única oportunidad de salvarse, no la aprovechó y se atendría a las consecuencias. Todo sería igual que como empezamos y todo por su culpa. La amaba, pero no permitiría que se burlara de mí.


Hacía tanto tiempo no subía un capitulo como Dios manda, después de tanto tiempo subo uno! ¡Aplausos! Sara no pudo corregir el capítulo, pero gracias Nena, ojala pronto quede tu compu.

Este outtake explica el porque del comportamiento de Edward hacía Bella, espero no lo odien tanto. Solo les adelanto que después de esto, se nos viene lo bueno y ya se dieron cuenta que Anabella desde hacía rato, ya empezaba a meter su cuchara. Espero sus comentarios y nos leemos pronto en el próximo capitulo. Lizz