La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia pertenece a Limona y yo me adjudico su traducción.
Dedo parado- Es un término para referirse a las personas muy ricas y q se creen más que los demás.
Rollo Parker House- es un pan hecho aplanando el centro de una bola de masa con un rodillo de modo que tome una forma oval, luego ésta se dobla a la mitad. Están hechos con leche y generalmente son muy mantecosos, suaves y ligeramente dulces con una capa crujiente. – Wikipedia.
Capítulo 20
Lunes, Octubre 29 de 2007
Este no era un trabajo normal.
A lo largo de los últimos seis meses había sido aprendiz de Heidi. Aro lo llamaba aprender cómo hacer preguntas. Yo lo llamaba sacarle información por debajo de cuerda a la gente.
Usábamos ropa de diseñador pagada por Volterra Inc. Comíamos platos tan costosos que costaban más de lo que yo gastaba en la tienda en un mes entero. Al principio era incómodo a más no poder. Volterra tenía todo este dinero, ¿y nos tenían a Heidi y a mí gastándonoslo en ropa y comida? Con el tiempo, me habitué a los signos de dólares. No importa cuánto costara algo, Heidi sacudía su reluciente tarjeta de crédito negra y era nuestro.
¿Qué teníamos que hacer nosotras a cambio de esta generosidad? Hablábamos con gente; mucha gente. La mayoría de personas a las que les hablábamos eran huéspedes de Volterra, volaban de todas partes del mundo para visitar. Algunas de las personas no eran huéspedes de Volterra, y no sabían que estarían hablando con nosotras hasta que nosotras nos les acercábamos. Esas conversaciones eran las que más me incomodaban, pero Heidi ni siquiera pestañeaba.
No hacíamos nada ilícito ni ilegal. Aro nos daba objetivos, una lista de puntos relacionados con información interesante que nuestros objetivos tendrían, y luego nosotras tratábamos de obtener la información. Al principio parecía imposible, pero Heidi era mágica. Me convencí de que si alguien sabía algo, lo iba a escupir. Todo lo que nosotras hacíamos era hablarle a la gente, entretenerlos—de vez en cuando saldríamos con ellos a lugares como la sinfonía—y la gente nos contaría las cosas. Después de eso, yo escribiría un reporte para Aro y lo entregaría a la mañana siguiente.
¿Sabía la gente que nosotras estábamos hablando con ellos con el propósito de obtener información? Nunca estuve segura. Le pregunté a Heidi, y ella dijo que por supuesto que sí. Le pregunté a Aro, y él me dijo que era lo bastante lista como para descubrirlo por mi cuenta.
Yo no estaba segura de por qué estaba de aprendiz con Heidi. Nunca podría ser tan atractiva como ella y tampoco me podía imaginar jamás ser tan coqueta. Joven o viejo, apuesto o feo, hombre o mujer—Heidi los encantaba a todos. Yo era simple. Donde el cabello de Heidi era de un brillante color caoba, el mío era marrón. Sus ojos eran como dulce té helado en un día de verano. Los míos eran marrones. Su piel era dorada y saludable, mientras que la mía era blanca y aburrida. No había similitudes que yo pudiera detectar.
Hoy, era mi turno en tomar las riendas. Mi corazón estaba en mi garganta. Heidi estaba cerca por si acaso yo metía la pata, pero se suponía que hiciera esto sin ayuda. Esperé a que el objetivo estuviera al alcance, y entonces dejé caer mi maletín.
Los papeles se regaron por todos lados y yo pretendí que eran importantes. Como se esperaba, el objetivo me ayudó a recoger los documentos. Desde ahí, entablamos conversación.
Después de todo, tal vez podría hacer esto.
Lunes, Agosto 1 de 2008
Yo pensé que una boutique para novias sería muy de estirados. Pues bien, Esme quería mandar a confeccionar un vestido para mí, por lo que obviamente no sería lo bastante estirada para ella. Y ni Alice ni Rosalie habían tenido vestidos 'listos para llevar', de modo que Esme estaba determinada a que yo tampoco tuviera uno.
Me rehusé a visitar un diseñador para que tomara mis medidas y me hiciera algo a la medida. Fue la primera vez que le dije no a Esme, y me sorprendió un poco haber tenido éxito. Sin titubear, ella me dijo que yo era la novia y que lo haríamos a mi manera. Alice señaló en privado que probarse vestidos era el primer paso para decidirse por algo hecho a la medida, por lo que no debería considerarlo como una victoria todavía.
Para la boda de su hijo menor, Esme había dejado ya depósitos para tres floristerías y reservado todo un hotel de lujo en el centro de la ciudad para la noche del 20 Junio de 2009. Nos casaríamos en el último piso con una vista de toda la ciudad a nuestro alrededor.
Yo tenía sentimientos encontrados respecto a la boda. Con todo el caos de planear la boda e ir de compras y dejar depósitos, era fácil creer que ésta era la vida real. Ya no sentía que estaba viviendo una mentira. Me sentía segura en el amor de Edward. Pasábamos nuestras noches descubriendo secretos el uno del otro. Su familia me rodeaba como una manta de seguridad. Era fácil olvidar que todo esto era falso.
"Psst," susurró Alice en mi oído.
Salté, habiendo olvidado que tenía una audiencia. Estaba dejando que mi amor por Edward me volviera descuidada. "¿Qué?" Susurré de regreso. "¿Y por qué estamos susurrando?"
"Porque te veías demasiado seria como para que usara mi voz normal."
"Lo siento. Tengo muchas cosas en la cabeza."
"¿Cómo cuáles?"
"Como pensar en lo real que se está volviendo esta boda." Esa no era una mentira. Para ser un evento de ficción, la boda estaba cobrando vida propia.
"¿Te emociona probarte los vestidos?" Alice estaba prácticamente vibrando de la emoción.
Yo miré al pequeño Joshua, atado fuertemente contra ella en un canguro. No tenía idea cómo era posible que pudiera dormir cuando Alice era tan efervescente, pero lo hacía. Incluso soltó un pequeño bufido como para probar su satisfacción.
"¿Bueno? ¿Lo estás?" Demandó Alice cuando no respondí lo bastante rápido.
Le dirigí una sonrisa precavida. "Me emociona la idea de tener una eternidad con Edward." O al menos lo haría, si eso fuera posible.
Entramos a la tienda y me quedé sin palabras. Yo esperaba que la tienda fuera súper lujosa, pero en cambio, era acogedora. La única indicación de que era una tienda merecedora del patrocinio de Alice y Esme era un signo cerca de la puerta escrito a mano en una hermosa caligrafía, indicando que las futuras novias eran vistas sólo por cita.
El salón de estar estaba vacío. Alice entró directamente y timbró una pequeña campanilla que descansaba sobre una mesa auxiliar. La campana produjo suaves y tintineantes notas que inundaron el cuarto.
Un par de segundos después, una joven mujer abrió un set de puertas de cristal y entró.
Ella nos sonrió ampliamente. "Buenas. Usted debe ser Alice. Qué hermoso bebe tiene."
Alice sonrió complacida. "Lo es, ¿no es cierto?"
Luego dirigió su sonrisa hacia mí. "Y usted debe ser Bella, nuestra novia."
Sus palabras debieron haber infundido miedo y paranoia en mi corazón, pero su sonrisa era genuina y más que un poco contagiosa.
"Su futura suegra ya está aquí, disfrutando de un capuchino en la parte de atrás. ¿Puedo traerle algo alguna de las dos?"
"Agua para mí," dijo Alice.
"Estoy bien."
"Por aquí, señoras."
Fuimos hacia atrás, por las puertas de cristal y al interior de una habitación llena de vestidos. Esme estaba sentada sobre un sofá en el medio del cuarto, mordisqueando bizcochos
Cada una su turno para abrazarla y Esme consintió un poco a Joshua. Yo no estaba segura de cuál era el procedimiento a seguir en un almacén como este, por lo que merodeé un poco hasta que fue claro que me debía sentar.
La joven que nos recibió se presentó a sí misma como Margaret. Ella se sentó con nosotras e inició una charla sobre mi visión de la boda. Dado que yo no tenía visión, Esme y Alice fueron las que más hablaron. Después de diez o quince minutos de charlar, Margaret desapareció. Cuando ella regresó, nos informó que alguien estaba juntando los vestidos apropiados para mí de modo que pudiera empezar a probarme cosas en un probador.
Margaret me guió al interior de un vestier lo bastante grande como para albergar un sofá pequeño, dos sillones, un espejo triple y suficiente espacio para colgar los posibles vestidos. Ya había un vestido blanco esperando por mí.
"¿Trajo algunos zapatos especiales que le gustaría usar?"
"¿Zapatos?" ¿Por qué traería zapatos? Estaba aquí para probarme vestidos.
Sintiendo mi confusión, Margaret agregó rápidamente, "algunas señoras tienen elegidos los zapatos que les gustaría usar antes de probarse los vestidos. Otras sólo quieren usar zapatillas mientras se los prueban. Si me dice su talla de calzado, puedo traerle unas zapatillas blancas para que use."
"Talla siete."
"¿Y está usando un sostén sin tiras?"
Me sonrojé y sacudí mi cabeza. Aparentemente, yo no tenía ni idea que lo que involucraba probarse vestidos.
"Puedo sacar uno para usted de nuestra tienda de lencería."
Le dije mi talla y ella regresó con ambos, zapatos y un brasier.
Comenzamos con el vestido en el colgador. Era uno talla 6, y aunque no me quedaba perfectamente, me quedó lo bastante bien como para tener una idea de cómo se vería en mi talla. Me las arreglé para mantenerme calmada mientras Margaret me ayudaba a ponerme el vestido y cerraba el cierre por mí.
Esme y Alice fueron acompañadas dentro y ambas hicieron ahhh y ohhh en todos los momentos apropiados mientras yo daba vueltas para ellas.
Todo iba bien hasta que me subí sobre la plataforma para mirarme en el espejo triple. No tenía velo, pero eso no importaba. Me veía como una novia. El vestido blanco strapless de falda acampanada hecho en satín con cuentas bordadas me hacía ver como si estuviera saliendo de las páginas de una revista para novias.
Los lagrimales de mis ojos ardían. Yo no era una novia. Yo nunca iba a ser una novia. Podría soñar y soñar con un futuro con Edward, pero eso nunca pasaría. Jamás. Respiré profundo y traté de mantener las lágrimas a raya. No lloraré.
Esme tenía buen ojo y estuvo a mi lado de inmediato. "Bella, corazón, ¿qué ocurre?"
Gimoteé. Pude haber detenido las lágrimas si no fuera por la amabilidad y la preocupación de Esme. Las cascadas se abrieron y las lágrimas recorrieron mis mejillas. No había nada que yo pudiera decir, y las lágrimas no se detendrían. Lloré aún más fuerte.
Margaret me largó una caja de pañuelos y luego desapareció prontamente a través de las puertas de cristal. Esme me guió hacia el sofá y me sentó junto a ella. Acarició mi cabello con su mano, y yo me permití apoyarme sobre el amor y la protección que no merecía. Ella no me preguntó de nuevo qué estaba mal, y por eso estaba agradecida.
Alice acarició mi cabeza y luego anunció que necesitaba ir a darle de comer a Joshua.
Esme y yo estábamos solas en el vestidor de la tienda para novias, rodeadas de vestidos blancos, sentadas sobre un diván de felpilla color lavanda. Las lágrimas continuaron por varios vergonzosos minutos antes de que pudiera controlarme lo suficiente como para secar mis ojos y sonar mi nariz.
"Sé que debe ser duro probarte vestidos de novia sin tu madre."
La idea nunca se me había ocurrido y trajo consigo una nueva ronda de lágrimas. Si Mamá estuviera con vida, si ella pudiera verme ahora, ¿qué habría dicho? Ella habría estado enojada de que me hubiera involucrado con los Vulturi. Ella estaría preocupada. Se fliparía porque me enamoré de alguien rico, pues ella sospechaba de la gente con dinero. Su filosofía: Sólo hay un número determinado de formas para terminar con dinero, y ninguna de ellas es buena. Pero quizás, quizás ella vería lo mucho que yo amaba a Edward y estaría feliz por mí. La extrañaba tanto.
"Yo nunca podré tomar el lugar de tu madre, Bella, pero te amaré como si fueras mía. Espero que sepas eso. Si alguna vez necesitas un amigo que te escuche o un hombro para llorar, estoy aquí para ti." Las manos de Esme continuaron sus tiernas caricias sobre mi cabello y me encontré relajándome con el paso de los minutos.
Tomé un gran suspiro tembloroso. Y luego otro. "Gracias," dije al final.
"¿Quieres ir a casa? Si esto no es agradable…"
"Estaré bien." Y estaría bien, si podía salirme de la realidad y regresar a la tierra de la pretensión donde esta boda era real.
Con un sexto sentido envidiable, Margaret se materializó con una taza de té de manzanilla y un panecillo. También trajo tajadas de pepino, lo que pareció una elección rara, pero su nítido y crocante crujido fue de alguna forma reconfortante. Cuando me comía el primero, Esme se parecía querer decir algo, pero luego me dio sólo unas palmaditas en el hombro y sonrió.
Alice regresó con un bebe alerta en sus brazos. Sus ojos pasearon alrededor del cuarto y sus diminutos pies patearon mientras ella lo sostenía bajo su brazo.
"¿Qué me perdí?" Preguntó Alice.
"Nada. Estoy a punto de ir por la segunda ronda." Forcé una sonrisa.
***
Saqué los espárragos envueltos en tocino del horno y empecé a servirlos. Los vegetales crudos estaban sobre el mesón. La lasaña entró al horno. Vertí el vino rojo dentro de un decantador y comencé cortar las cosas para la ensalada. La masa para los rollos Parker House se había duplicado en tamaño y estaba lista para ser amasada –con los puños- y moldeada. Todo en la cocina avanzaba sin problema, pero yo todavía estaba inquieta.
Escuché a Edward entrar, pero no me di la vuelta. Era mucho más fácil moldear mis rollos en pequeños tréboles que contarle sobre mi día. Podía escuchar sus pasos dentro de la casa conforme él se acercaba a la cocina. Los pasos se detuvieron en la puerta.
"¿Qué tal tu día?" Preguntó, su voz baja.
Levanté la mirada de mis rollos e hice contacto visual brevemente. "Estuvo bien."
"¿Oh?" Sus ojos captaron los aperitivos, el vino y el desorden de platos que aún no habían llegado al lavaplatos. "Te has superado a ti misma para la cena."
"No seas tontito."
"Bella, si esa es lasaña en el horno, hay suficiente comida ahí para alimentar una fiesta de ocho."
"Los sobrantes estarán buenos mañana."
"¿Qué pasó hoy?"
Yo lo miré, y no pude alejar mis ojos, aunque mis manos siguieron moldeando rollos. No había punto en ocultarle nada a él. Me conocía demasiado bien. Darme cuenta de eso fue tanto reconfortante como aterrador.
"Comprar el vestido fue duro," dije. Su obvio amor por mí me estaba poniendo difícil el ser fuerte.
Edward dudó. ¿Qué pasó?"
"Es sólo que," pausé, buscando las palabras, "me veía como una novia."
"Esto no durará para siempre. Cuando todo se termine…" La voz de Edward se apagó cuando notó mi expresión.
"No puedo hablar de ello." Nosotros habíamos tenido esta conversación antes. O más bien, yo había evitado esta conversación antes.
Él camino el resto del espacio entrando a la cocina hasta que estuvo parado detrás de mí y apoyó sus manos sobre mi cadera; tomó toda mi concentración seguir trabajando en los rollos.
"No quiero estar lejos de ti," murmuró en mi oído.
Yo terminé el último trébol, cubrí los rollos y los empujé a un lado. Necesitaban crecer por un rato. No me di la vuelta. En cambio, me permití sentir la proximidad de Edward.
Yo sabía lo que él quería. Él quería que yo estuviera de acuerdo, que dijera que no quería estar lejos de él tampoco. Las palabras se atascaron en mi garganta. Eran palabras verdaderas, pero decirlas sería darles poder sobre mí. Yo ya tenía más de lo que alguna vez esperé o tuve esperanza de tener. ¿Qué derecho tenía a pedir más?
En vez de responderle, me di la vuelta y presioné mi cuerpo contra el suyo. Por un momento, me preocupó que él fuera a alejarme y a demandar que habláramos, pero tal vez él sabía que yo no podría manejarlo.
Miércoles y Jueves, Septiembre 3 y 4 de 2008
"¿Debería conseguirnos otra botella?"
Me reí. Nosotras definitivamente no necesitábamos otra botella de Cristal, pero había algo tan pecaminosamente delicioso en pasar el rato junto a la piscina en un día soleado, bebiendo champaña helada.
Rose no esperó a que respondiera. En lugar de eso, estiró sus largas piernas sobre el lado de su silla y extendió su alta figura hasta que se alzó sobre mí.
Protegí mis ojos contra el brillante sol y levanté la mirada hacia ella.
"Yo todavía me puedo parar," dijo, "así que necesitamos más."
Una parte de mí se sentía culpable de que estuviéramos desperdiciando toda una tarde bebiendo alcohol que costaba más que de lo que valía un mes de comestibles. Pero la otra parte de mí se deleitaba en la decadencia. Rosalie era buena compañía; ella había vivido más, antes de conocer a Emmett, de lo que la mayoría de personas vivían en todas sus vidas. Habíamos pasado la mayoría de la tarde riéndonos y yo estaba feliz. Ella también estaba feliz. No era seguido que se tomaba tiempo libre de ser una mamá.
Esperé un par de minutos por Rosalie, y luego me di cuenta que tenía que hacer pis. Mejor acabar con esto antes de que nos internáramos en la segunda botella, ¿cierto? Enrollando bien una toalla de playa alrededor de mi cintura, caminé tranquilamente de regreso a la casa. Entré por la cocina y escuché voces en el salón de estar.
Mi corazón saltó a mi garganta y la excitación por el alcohol se me evaporó. Había un hombre hablando con Rose. ¿Qué estaba haciendo alguien que no fuera Edward o Emmett en la casa? Me arrastré por la cocina y miré detenidamente alrededor de la esquina, examinando la entrada. El hombre era Jason Jenks. Él estaba aquí, charlando con Rose en su bikini blanco como si fuera la cosa más normal del mundo.
Los fuertes latidos de mi corazón vibraron a través de mis oídos y no pude escuchar nada que lo que estaban diciendo. Un millón de pensamientos pasaron volando por mi cabeza, pero no pude concentrarme en ninguno de ellos. Todo lo que pude sentir fue pánico. Jason Jenks me recordaba de algún lugar, y ahora él estaba en la casa de Edward, entablando una conversación con Rosalie. ¿Era mi imaginación, o sus ojos se estaban desviando por todo el vestíbulo, asimilándolo todo?
Después de lo que se sintió como una eternidad, pero fueron probablemente cinco minutos, ellos dejaron de hablar y Rose lo acompañó a la puerta. Aún cuando la puerta se cerró detrás de él, mi corazón no se calmó.
Rose me vio entonces y caminó hacia mí. "Bella, ¿estás bien? Te vez verde."
Me forcé a tragar el nudo en mi garganta. Tenía que actuar normal.
"¿Qué estaba haciendo ese hombre aquí?" Mi voz salió un poco temblorosa y no sonó como la mía.
"Dejando algo para Edward, ¿por qué?
"¿Tu lo dejaste entrar?"
Ella me miró raro. "Claro que lo hice. Da la casualidad de que yo estaba aquí cuando él apareció en el intercomunicador, diciendo que tenía algo para Edward."
"¡Él pudo haber sido cualquier persona!"
"Eres una borracha paranoica. Todo está bien." Rosalie rodó sus ojos. "Él estuvo en la fiesta de cumpleaños de Edward, ¿recuerdas?"
Mordí mi lengua. No había nada que yo pudiera decirle a Rosalie que tuviera sentido para ella. Desde su perspectiva, yo estaba comportándome como una demente.
"¿Qué le dejó a Edward?"
"Algo de arte. Está por allí."
Estaba en la esquina del vestíbulo, una caja de madera, cuadrada, de sólo unos pocos centímetros de profundidad. Era la clase correcta de contenedor para una pintura, ¿pero y si no era una pintura? ¿Y si era una bomba o un gas venenoso o alguna clase de equipo espía?
Rose regresó a la piscina con nuestra nueva botella de Cristal mientras yo revisaba las cámaras de seguridad para asegurarme que Jason Jenks se hubiese ido. Cuando me sentí segura de su ausencia, me oculté en el baño como originalmente había planeado, salpiqué agua fría sobre mi rostro y volví a salir para revisar el paquete que Jason había traído.
Si lo abría y no había nada, no había lío. Si lo abría y era algo peligroso, ¿entonces qué?
Llamé a Edward, aunque me detesté a mi misma por posiblemente ponerlo en peligro. No sabía qué más hacer. Él me dijo que no lo tocara y que estaría en casa en diez minutos.
No fueron los diez minutos más largos de mi vida, pero cada segundo se alargó como una eternidad. Todas mis experiencias previas con el peligro sólo habían sido sobre mí, y a veces Emmett, pero esta vez Rose estaba afuera y Edward venía para acá. Cualquiera de los dos podría resultar herido, y todo sería mi culpa. No pude regresar a la piscina y seguir bebiendo Cristal como si nada hubiera pasado. Si había una bomba en la caja y producía alguna clase de beep o algo, ¿no sería mejor estar cerca?
O tal vez sería mejor estar fuera de la casa.
Detestaba no saber. Detestaba la culpa que comprometía mi habilidad para pensar claramente. Porque si yo hubiera estado pensando, habría llamado a Emmett. Rose estaba aquí de visita, por lo que sería completamente normal que Emmett hiciera una parada en la casa.
Abrí rápidamente mi teléfono y marqué el celular de Emmett.
Él contestó al segundo timbre.
"Hola Bella." Su voz habría sonado normal para la mayoría de gente, pero yo podía escuchar la tensión subyacente.
"¿Estás ocupado?" De pronto estaba dudando el revelar todo. ¿Y si se enojaba conmigo por poner en peligro a su esposa…y su hermano y sus hijas y a su familia entera? Soy una persona horrible.
"Nunca estoy demasiado ocupada para hablarte. ¿Qué pasa?"
"¿Puedes venir? Hay un paquete sospechoso en el vestíbulo. Edward está en camino, pero yo me sentiría mejor si tú estuvieras aquí. Rosalie también está aquí."
Silencio.
"¿Todavía estás ahí?"
"¿Rosalie está en la casa?" A estas alturas, cualquiera podría haber escuchado la tensión en su voz.
"Si."
"¿Está todo bien?"
"Eso creo. Pero me siento un poco paranoica--"
Él me interrumpió. "Estaré ahí de inmediato."
Edward llegó primero, sus llantas chillando sobre el camino de entrada. La puerta que daba a la casa desde el garaje se estrelló contra la pared, y sus pasos retumbaron sobre el piso cuando mientras entraba corriendo al vestíbulo. Su cabello apuntaba en todas las direcciones, como si hubiera pasado sus dedos por éste repetidamente de camino a casa.
"Estás a salvo," dijo Edward, atrayéndome dentro de un busco abrazo.
"Bueno, no lo toqué." No pude evitar el pánico que se filtró por mi voz. Yo estaba con vida, pero no estaba a salvo. Y ahora que Edward estaba aquí, él tampoco lo estaba. Sus brazos eran fuertes y tranquilizantes, pero una parte de mi se aterraba de que ambos estuviéramos parados junto a una posible bomba.
"Estaba tan asustado de que fuera una bomba que explotaría antes de que alcanzara a llegar a ti."
Su tono calmado debió haberme relajado, pero tuvo el efecto contrario. "¿Sabes algo sobre bombas?"
"Sé que te quiero fuera de la casa mientras la muevo fuera."
"Pero…"
Él cubrió mi boca con la suya y le dio un apretón a mis hombros. Se sintió un poco desesperado, y el miedo de que esta pudiera ser la última vez que nos besáramos me abrumó. Lo besé tan fuerte como pude. Demasiado pronto, él me soltó.
"¿Dijiste que Rosalie estaba junto a la piscina?"
"Si."
"Si esto es una bomba, la piscina es el mejor lugar para ponerla. ¿Por qué no vas por Rosalie y las dos pueden esperar en la casa?"
"Um, ¿no sospechará? ¿Y si de verdad es un cuadro? ¿Estabas esperando uno?"
"Si es arte, entonces se arruinará. Si, compré una pintura, pero no se supone que me la trajeran. Puedo comprar otra pintura. No puedo comprar otra Bella."
Un golpeteo sobre la puerta nos hizo saltar a ambos.
"Ve a la cocina, Bella. Yo abriré la puerta."
"Probablemente es Emmett. Lo llamé después de que te llamé a ti."
Las cejas de Edward se juntaron por una milésima de segundo y tuve un momento de inseguridad.
"¿No debí haberlo llamado? Pensé que tal vez él sabía más sobre bombas"
El golpeteó sobre la puerta empezó de nuevo.
"A la cocina, Bella."
Fui a la cocina, todo el tiempo segura de que era Emmett. Es decir, tenía que ser, de otra forma habría tenido que timbrar para poder entrar por la reja. Y los criminales no golpean las puertas. Ellos rompen ventanas. O disparan armas. Temblé.
Voces en el vestíbulo confirmaron mis sospechas. Emmett estaba aquí. Edward tampoco sonaba encantado de verlo.
"¿Bella?" Rosalie abrió un poco la puerta que llevaba al patio, y entró cuando me vio. "¿Por qué estás todavía en la casa? Por un minuto pensé que moriste o algo."
Me encogí ante su elección de palabras. "Bueno," comencé, no segura de qué decirle. Ambas escuchamos las voces en el vestíbulo.
"¿Tenemos compañía?"
"No exactamente." No había forma de evitar decirle que Edward y Emmett estaban aquí a estas alturas. Debí haberla sacado a empujones a la piscina antes de que pudiera sospechar algo, pero el alcohol me estaba dificultando concentrarme. Si todos íbamos a morir, yo no quería que mi última acción sobre la faz de la tierra fuera mentirle a mi amiga.
"¿Es ese Emmett?" Rose se veía perpleja.
"Si, y Edward está aquí también."
Antes de que yo pudiera terminar, Rose estaba fuera de la cocina y en el vestíbulo para investigar con el apremio de alguien que no tiene miedo. Sentí un destello de envidia cuando la seguí. La escena que nos encontró hubiera sido cómica si yo no hubiera temido por todas nuestras vidas. Rose estalló en carcajadas.
"¿Qué diablos están haciendo ustedes ahí abajo?" Preguntó entre risotadas.
La caja en cuestión estaba recostada sobre el piso. Edward estaba sobre el mármol con su oído contra el lado plano, aparentemente escuchando a ver si había algo. Emmett estaba arrodillado, apuntando una clase de dispositivo portátil hacia el cartón, moviendo su brazo de atrás hacia adelante sobre el.
Fue un tributo a su dedicación que terminaran lo que estaban haciendo antes de dirigirse a Rosalie.
Emmett le dirigió a Rosalie una amplia sonrisa. "Supongo que hicimos el ridículo, ¿no?"
"Eso es decir poco. ¿Por qué todo el alboroto sobre ese cartón?"
"Edward se ganó un par de enemigos y estamos siendo extra cuidadosos." Emmett sonaba despreocupado, pero el brillo usual de sus ojos no estaba ahí.
Yo podía notar que él estaba mintiendo. De seguro Rosalie también podía hacerlo, pero en vez de interrogarlo, dijo: "¿Eso es todo?". Y luego, hacia Edward, agregó, "a veces una imagen es sólo una imagen, tarado."
Nadie dijo nada por varios segundos, y luego Rosalie se giró hacia mí. "Creo que tendremos que terminar nuestra fiesta Cristal en otro momento, Bella. La borrachera se me arruinó."
"¿Estás diciendo que no quieres disfrutar de la piscina mientras puede haber una bomba?" Ese fue mi flojo intento de broma.
"Debería regresar de todos modos, y mi tontorrón de esposo puede llevarme a casa cuando esta cosa resulte ser una pintura, justo como Jason dijo que era." Rose movió su pie con impaciencia, como si esperara a que la abrieran en frente de ella.
Edward y Emmett intercambiaron una larga mirada, y luego Emmett encogió los hombros. Él sacó una navaja y cortó los lazos. La caja cayó abierta, revelando una hermosa pintura de una playa. Todos nos quedamos mirando fijamente el cuadro. Sin perder un segundo, Emmett deslizó sus dedos alrededor de la parte de atrás de la imagen. Yo no estaba segura de qué era lo que estaba buscando, pero estaba decidido en sus acciones.
"Tienes razón, cariño," dijo Emmett. "Está limpia."
Rose tomó su bolso y ella y Emmett partieron, dejándonos a Edward y a mí parados en el vestíbulo.
"Deberías regresar al trabajo," le dije a Edward, porque quería estar sola.
"Son casi las tres." Dudó, y luego agregó, "no quiero estar separado de ti."
Él me atrajo hacía su cuerpo y yo me permití ser acunada entre sus brazos. Me sostuvo firmemente y descansó su mentón sobre mi cabeza, pero yo no sentí la misma sensación de seguridad de antes. Todas mis emociones estaban un poco manchadas por un miedo que sus caricias no podían aliviar.
"Estaba tan asustado de perderte," murmuró dentro de mi cabello.
Edward me guió por las escaleras hasta la habitación que juntos compartíamos, e hicimos el amor-él con intenso sentimiento, y yo con un abandono nacido de la desesperación.
Yo lo amaba con todo mi corazón.
Y era por eso que sabía que tenía que irme.
***
Edward envolvió sus brazos a mí alrededor y se deslizó a la tierra de los sueños. Mientras él dormía, su brazo caía protectoramente sobre mí. Yo debería haber estado soñolienta, pero en su lugar, mi cerebro retumbaba con actividad mientras yo armaba mi plan.
Edward no iba a querer que me fuera. Eso era seguro. Si le daba siquiera una pista de mi plan, él lo detendría. Eso lo sabía yo. Alice, Rose y Esme tenían todas que permanecer en la oscuridad también. Ellas nunca entenderían, y yo no podía imaginar ponerlas en peligro contándoles la verdad. Y Emmett, bueno, él iba a tomar mi huída como algo personal, pero no había nada que yo pudiera hacer respecto a eso.
Entonces…
No es que tuviera muchas opciones que digamos. Podía irme y esconderme hasta el juicio, o podía quedarme y poner en en peligro a toda una familia que había aprendido a querer y a considerar como mía.
Elegí la primera opción.
El brazo de Edward se tensó a mi alrededor como un gancho y la culpa me invadió hasta el punto donde me sentí físicamente enferma. Él se iba a enojar, pero yo esperaba que comprendiera por qué no pude confiar en él. Él quería protegerme, y yo amaba eso de él, pero nadie podía ganar contra los Vulturi. Con el tiempo, algo malo pasaría. El único milagro era que nada malo había pasado todavía. Desde el accidente con la pintura, él había tomado la costumbre de sostenerme toda la noche. Ayer, traté de liberarme para ir al baño a las cinco de la mañana. Fue tan difícil que terminé esperando a que la alarma sonara a las seis.
Giré mi cabeza para mirar su rostro, tan relajado en la paz del sueño. Era difícil creer lo escabroso que había sido nuestro inicio juntos. Mi pulgar acarició el anillo sobre mi tercer dedo, el anillo que él me dio esa primera noche. Era un anillo obscenamente costoso, y al principio me había dado pena usarlo. Todavía podía acordarme de él enumerando a toda velocidad los aspectos del anillo en ese tono displicente, como si no fuera la gran cosa darle a alguien un anillo que costaba más que la suma de todas sus posesiones. En ese entonces yo no podía entender por qué un anillo falso no habría sido suficiente, pero ahora lo hacía. Él sabía que tendríamos que actuar como si el anillo y el compromiso fueran reales.
Pero el compromiso no era real, y me alegré en aquel momento. Yo tenía algunos recuerdos maravillosos, y si Edward realmente me hubiera propuesto matrimonio, no sabía si tendría la fuerza para irme.
***
Yo estaba en mi bata, sentada a la mesa del desayuno cuando Edward bajó las escaleras y entró a la cocina. Él tenía puesto un traje color carbón. El primer botón de su camisa estaba desabotonado, y una corbata colgaba alrededor de su cuello. Su cabello aún estaba húmedo por la ducha. Mis ojos lo devoraron. ¿Lo volvería a ver alguna vez?
"Sigue mirándome así y nunca llegaré al trabajo a tiempo."
Forcé una sonrisa. "No podemos dejar que eso pase, ¿o sí?"
Edward se rió entre dientes, ajeno a mi conflicto interno. "Al menos permíteme un beso."
"Con gusto." Estiré mi mano y acerqué su cabeza a la mía. Sus labios eran cálidos y dóciles, y se sentían como mi hogar.
Fue un alivio cuando Edward rompió el beso, porque yo no hubiera podido hacerlo sabiendo que era nuestro último.
Cuando vi la puerta del garaje cerrarse tras su auto, comencé a empacar. Yo era impulsiva en ocasiones, pero incluso yo nunca dejaría la casa de Edward con sólo la ropa que traía sobre mi espalda. Tal vez erase una vez Marie podría haber escapado en un ataque de pánico sin plan de ningún tipo, pero yo era más Bella que Marie en estos días, y había aprendido unas pocas cosas que Marie nunca supo. De Esme, había aprendido que había una forma civilizada de hacer cualquier cosa, por lo que definitivamente empacaría una maleta llena de ropa. Alice no creía en pasar hambre, así que llevaría comida conmigo. Rosalie era lista, y me comprometí reemplazar mi lema de ¿qué haría la prometida de Edward? Con ¿qué haría Rosalie? mientras estaba en la carretera. Y Edward, bueno, yo no podía soportar pensar en él sin llorar, por lo que guardaría esa reflexión para más tarde.
Bella Lawson tenía ambas, licencia de conducción y un pasaporte, pero ninguno de esos dos me haría bien alguno. Ya sea que la entrega de la pintura fuera inocente o no, yo estaba convencida de que los Vulturi sabían quién era yo. Y por esa razón necesitaba desaparecer por un tiempo. Necesitaba dinero para comprar una identificación falsa. No estaba segura de cómo comprar una o de dónde hacerlo, pero esa era una preocupación para otro momento.
No podía usar el ATM para sacar dinero, y yo no cargaba efectivo en mi billetera, pero sí sabía la combinación para la caja fuerte de Edward. Él me hizo guardar mi pasaporte ahí, y me dio la combinación en caso de que alguna vez necesitara acceso a él.
No iba a dejar el país, por lo que no lo necesitaba, pero si recordaba las pilas y pilas de dinero en la caja.
Mis dedos temblaban mientras ingresaba el código.
Se sentía como si le estuviera robando a Edward, y odiaba eso. Pero parte de mi cerebro seguía racionalizando que Edward querría que yo tomara el dinero. Él no me querría viviendo una vida precaria en la calle mientras esperaba por el juicio. Él querría que estuviera tan segura como fuera posible, ¿no? O tal vez estará tan indignado cuando descubra que no estoy que estará cabreado.
Sacudí la idea fuera de mi mente mientras tenía mi primer QHR momentum. Rosalie tomaría el dinero en un parpadeo. Ella no lo pensaría dos veces, y ella no se sentiría culpable.
¿Cuánto necesitaba? El dinero estaba empaquetado en montones de a veintes en lo que parecía ser incrementos de a mil dólares. Estábamos a septiembre; el juicio era en febrero en Carolina del Norte. Necesitaría dinero para un tiquete de avión, para gasolina, para hoteles, para identificaciones falsas…
Detrás del dinero, había un sobre. No debí haberlo abierto, pero en mi defensa, yo todavía estaba operando en el estado mental de Rosalie. En su interior había cuatro pasaportes americanos. Dos eran para Edward, dos eran para mí. Metida dentro de cada pasaporte estaba una licencia de conducción para el estado de Nevada.
Casi pierdo el coraje que tenía. Edward tenía pasaportes falsos para ambos en la caja fuerte. Me era posible creer que pudiera mandar a hacer uno para mí bajo otro nombre para facilitarme la huída, pero los tenía hechos para él también. Eso sólo podía significar que él había planeado escapar conmigo.
Me permití a mi misma contemplar la idea de quedarnos juntos por un momento. Eso trajo una sonrisa a mi rostro hasta que me imaginé que le disparaban tratando de protegerme.
Guardé en mi bolsillo los dos pasaportes con mi foto y regresé los de Edward al interior del paquete. Volví a poner el sobre en el fondo de la caja fuerte con un poquitín de arrepentimiento, y me puse de nuevo a calcular cuánto dinero necesitaría. ¿Serían $5.000 suficientes? De seguro lo serían.
Un flash de mi antigua vida me asaltó. Yo una vez le había preguntado a Heidi si $5.000 eran suficientes, y ella me dijo que tomara $20.000. Cuando le pregunté por qué, ella dijo que el doble lo que crees que necesitas nunca es suficiente.
Sin pensarlo, mis manos se cerraron automáticamente sobre más fajos de dinero.
Yo no había pensado en Heidi en meses. Había enterrado los recuerdos de ella y de el resto de los Vulturi tan profundo que sólo salían a la superficie en mis pesadillas. Yo no era Bella Lawson. Nadie lo era. Ella era una invención de ficción creada por Edward, Emmett y yo. Mientras Bella Lawson pasaba su tiempo comprando vestidos de novia, planeando galas de caridad y bebiendo Cristal junto a la piscina; Marie Swan tenía que testificar contra los Vulturi, un grupo que había infiltrado cada esquina de la sociedad y eliminado sin piedad a cualquiera que se opusiera a ellos.
Dada una elección, yo elegiría ser Bella cualquier día, pero yo nunca tuve una elección, ¿no es cierto?
Bajé las escaleras y tomé mi cartera de la mesa de la cocina. Subí trotando los pequeños escalones y entré al estudio de Edward donde la caja fuerte permanecía abierta. De la cartera extraje el pasaporte de Bella, y de la billetera retiré la licencia de conducción de Bella.
Me obligué a ponerlos dentro del sobre con los documentos de Edward.
Yo ya no era Bella.
Nunca lo fui.
***
Dos horas después, yo estaba esperando a que Jake llegara del trabajo. Él era la única persona que yo conocía que entendería. Todo lo que necesitaba de él era un viaje anónimo a una estación de bus, pero él me hizo una oferta mejor y se ofreció a instalarme con un set de ruedas de sobra que tenía descansando en su garaje.
Eso fue mucho más de lo que yo pude haber esperado, dado que no sería inmediatamente rastreable para Edward. Jacob incluso podía llevarme al auto de inmediato. Eso me dejaba de regreso en la casa, metiendo comida en una hielera y mirando nerviosamente el reloj. Edward no llegaría a casa sino en tres horas como mínimo, pero yo quería una ventaja significativa sobre él. El plan entero sería para nada si él entraba por la puerta ahora.
¿Maleta repleta de ropa para cualquier clima? Listo. ¿Dinero escondido? Listo. ¿Hiele llena? Con la adición de último minuto de una bolsa de galletas de menta Milano, eso estaba listo también.
Marie estaba lista para arrancar.
Puse mi teléfono sobre la mesa de la cocina. El se quedaría en la casa. La gente que quería desaparecer no usaba celulares. Probablemente había alguna clase de chip de rastreo en el mío o alguna otra forma de comprometer mi ubicación. El celular se veía solitario sobre la mesa, y me di cuenta que por mucho que fuera lo mejor para mí simplemente desaparecer como si Bella Lawson nunca hubiera existido, yo no podía hacerlo. Tenía que decirle algo a Edward.
¿Pero y si alguien encontraba la nota?
La posibilidad de ser descubierta no fue disuasivo suficiente. Escribiría la nota con la idea de que alguien podía encontrarla. Había un esfero en bolso y lo destapé lentamente. Puse el lapicero sobre el papel, y éste reposó ahí por varios segundos mientras yo consideraba lo que quería decir.
Querido Edward,
He decidido irme. Sé que te sentirás herido, pero por favor conoce que esto es lo mejor. No trates de encontrarme, porque no te será posible.
No te tomes como personal el hecho que las cosas no funcionaran. Yo era el problema, no tu. Siempre tendrás un lugar en mi corazón.
Bella
No capturaba todo lo que yo quería decir; particularmente, no decía lo mucho que lo amaba, pero al menos él sabría que me fui por mi propia cuenta y que no fui secuestrada ni nada. Si mi disfraz estaba intacto, esto tenía que ver como una nota de rompimiento para cualquiera que la viera.
Luché contra las lágrimas cuando me di cuenta de la última cosa que tenía que hacer. Deslicé el anillo de Edward fuera de mi dedo y lo puse sobre la mesa junto a mi nota. Yo no podía usar algo tan llamativo en la carretera, y de todo modos, no sería correcto quedármelo. Estaba segura de que el anillo valía más que los $20,000 en efectivo que había escondido en mi maleta. Mejor dejar el anillo aquí, en vez de tener un recordatorio constante de lo que nunca pasó exactamente.
Escuché pasos sobre las escaleras y vi a Jacob parado en el porche.
Él abrió un poco la puerta. "Estoy listo cuando tu lo estés, Bells."
Mi sonrisa fue llorosa. "Estoy lista."
Llorosa: Que tiene señales de haber llorado. Que causa llanto o tristeza.
Oh-oh.
La semana antepasada subí el one-shot que Maggie, la ganadora del segundo lugar del concurso, nos pidió traducir; los invito a darle un leidita y a dejar un comentario, es un JasperxAlice. Se llama Love Me Tender :D
Los reviews me ayudan a traducir más rápido, y esta semana no ando tan ocupada :P
