Bueno, este es el último capítulo que subo dentro del 2015 y es impresionante que lleve escribiendo en FanFiction casi dos años :( Y ya que es el último capítulo del año y es especial, quiero dedicárselo a una amiga, a la que quiero muchísimo cómo a las otras, pero de diferente forma *_* Y sé que le hará mucha ilusión JAJAJAJAJA. Bueno Cels, aquí tienes tú capítulo y espero que lo disfrutes, al igual que lo espero de los demás. Te quiero mucho pequeña:*
¡FELIZ AÑO A TODOS Y GRACIAS POR SEGUIR LEYÉNDOME OTRO AÑO MÁS, SOIS GENIALES!:))
UN BESO A TODOS, Y COMENTAD SIEMPRE QUE PODÁIS AJJAAJAJAJA:***
PD: Con las prisas no he podido releerlo bien y ver si he fallado en algo, cosa que me pasa mucho tbh. Así que perdonadme si veis algún error :(
Si alguien le hubiese preguntado cuál era su lugar favorito dentro de la universidad, Kate Beckett habría respondido al instante: "el campus".
¿Por qué? La respuesta era simple. Aparte de ser el lugar de descanso de los cientos de estudiantes que se pasaban las horas sentados en una silla escuchando las lecciones que en un futuro pondrían en práctica, era el epicentro de todos los rumores (tanto falsos como verdaderos). El boca a boca era la técnica más utilizada entre los jóvenes para difundir una fiesta, para hacer circular ciertas informaciones sobre una persona o para alertar de un problema que incumbiese a un colectivo más grande. Todos sabían que cuando tu nombre era el más conocido allí dentro significaba que la gente conocía una parte de ti inventada por alguien al que nunca descubrirías. Dejabas de ser tú y te convertías en el centro de la gran mayoría de conversaciones; incluso en algunas circunstancias tu personalidad llegaba a transformarse en la idealizada, en vez de permanecer firme a ti mismo.
-Dicen que Helena ha discutido con una de segundo curso en medio de clase.-Lanie miró la lata de Coca-Cola con el ceño fruncido. Había leído un artículo por Internet que criticaba la poca sanidad en la gran industria de la famosa cadena de refrescos. Las palabras del columnista habían sido claras y directas: "¿De qué sirve ganar millones de dólares al año si luego no son capaces de sanear las fábricas?" Y no podía estar más de acuerdo con él. Después de haber casi vomitado el desayuno al leer que los casos de víctimas enfermas por intoxicación gracias a la orina de los roedores vertidas en la superficie del acero aumentaban, se había prometido a sí misma dejar de beber al menos hasta que la situación se aclarase.
Kate alzó las cejas debajo de las gafas de sol. Ese día, por suerte el sol se había decidido a salir y era preferible para todos ya que la lluvia llevaba siendo la protagonista al menos cuatro días seguidos. Pero así era Nueva York, impredecible en todos los sentidos y opuesta cómo nada.
-¿Quién era la otra?-hincó el codo en la hierba, ladeando su cuerpo. De esa forma podía mirar a su mejor amiga mientras hablaba. La vio guardar la lata de refresco en su mochila y sacar un botellín de agua mineral-
-Candance.-respondió tras haberle dado un trago.
-Me sorprende que una persona tenga un nombre puritano y que luego sea una completa zorra.-masculló Kate sonriendo de forma lasciva.
La estudiante de medicina asintió. Ese era uno de los nombres más reconocidos en el terreno de la universidad. No era fama lo que se había ganado esa chica, sino un desprestigio reflejado por sus actos. Kate y Lanie la conocían "de vista", lo que quería decir que ni siquiera habían entablado una conversación con ella, y tampoco les hacía falta para poder juzgarla. Una noche, hacía varios meses, la habían visto al salir de una discoteca en Manhattan. Rick y Espósito las acompañaban de vuelta a casa, y tal vez ellos solo habían visto a una pareja más besándose en una esquina, cómo hacían ellos cuando necesitaban sentirlas contra sus labios. Sin embargo, la perspectiva de las amigas no había sido la misma. Las dos conocían su relación amorosa con uno de los jugadores del equipo de fútbol de la universidad, y la persona con la que estaba compartiendo saliva no era ni más ni menos que el mejor amigo de éste. Se habían mirado totalmente confusas y divertidas, y eso bastó para comprender que no era una alucinación lo que habían visto.
-Ellas eran amigas, ¿no?
-Al parecer no tanto si Helena ha podido partirle la nariz de un simple puñetazo.
El pecho de Kate subió y bajo a causa de las carcajadas, cosa que solo hizo que su amiga riese contagiada por su risa y acabase expulsando el agua mineral que trataba de beber por la nariz. A lo que Kate había reaccionado riendo aún con más fuerza.
-Se lo merece.-añadió la futura abogada, quién había terminado boca abajo y usando la mochila a modo de almohada.
-Y que lo digas.
Lanie la imitó, colocándose a su lado antes de echar un vistazo a las personas que también estaban descansando allí.
-¿Sabes qué les ha pasado?-Kate se preguntó si algún día podría llegar a golpear a su mejor amiga en medio de una discusión, aunque luego se arrepintiese y se sintiese fatal por ello.
-Creo que Helena se enteró de que había estado hablando de ella mal a sus espaldas, difundiendo rumores falsos sobre ella y su novio y diciendo que tenía muchas ganas de pegarle cuando la viese.
-Me parece increíble.-rodó los ojos al mismo tiempo que sacudía la cabeza de forma negativa. Las personas así merecían ser escarmentadas o continuarían así una y otra vez, solo que cada vez con una persona distinta. El dolor para ellas no era dolor sino lo sufrían en primera persona. Egoísmo, de eso se trataba.
-Yo también lo habría hecho.
-¿Me pegarías a mí, Lanie?-la miró con un brillo burlón en los ojos, acercando el rostro hacia ella en un intento de provocación.
-A ti te haría una autopsia sin haberte matado antes.-se apartó el flequillo de los ojos y le guiñó el ojo seductoramente.- ¿Cómo llevas lo de estar a dos velas estos tres días?
El bufido de exasperación que soltó la aludida mientras se tapaba el rostro con las manos provocó una sonrisa en los labios de la morena.
-Fatal.-declaró al fin imitando una mueca de disgusto.
El hecho de que Rick hubiese tenido que volar hasta Washington por un asunto del FBI no le había gustado desde el primer momento. De camino a casa después de haber compartido ese momento tan íntimo en su coche, le habían llamado delante de ella y no le había importado usar el manos libres para responder. Iba a acabar diciéndoselo de todas formas y ese era un detalle más que probaba su confianza en la joven. Él tampoco se había alegrado de la llamada, y no porque no le gustase viajar a la capital de vez en cuando, sino porque sabía que no podría llevar a Kate allí.
"-¿Podrás pasar tres días sin mí?
La mirada tierna que le lanzó el agente hizo que su interior se deshiciera poco a poco. El BMW había ralentizado la velocidad hasta detenerse ante la puerta de su apartamento. Esa noche prefería dormir allí, puesto que estaba pagando un alquiler sin beneficiarse de ello.
-¿Te miento o te digo la verdad?-se mordió el labio inferior.
-Miénteme.-Rick ladeó la cabeza hacia su hombro derecho. De esa forma la única distancia entre los dos se basaba en un par de centímetros.
Los ojos de Kate brillaban emocionados, algo a lo que parecía haberse acostumbrado. Fuera continuaba lloviendo y dudaba que llegase a cesar al menos durante unos dos días. Ella tenía razón, no había nada comparado con el sonido que producían las gotas al chocar contra el pavimento. Podría calificarse de relajante, pero también llegaba a tener un punto romántico. Ya no vería la lluvia de la misma forma a partir de ese día, al igual que los asientos de atrás de su coche ya no serían insignificantes para él, ahora serían un nuevo recuerdo del que no iba a olvidarse nunca.
-Voy a estar mejor sin ti.-susurró ella acechando los labios del agente.
Lo vio curvando la comisura de la boca hacia arriba levemente y sintió una presión indescriptible alrededor de su corazón.
-Ahora dime la verdad.
La voz de Castle era tan baja, que más que un susurro parecía un gruñido ronco y sexy. Kate sintió la piel de su cuerpo erizarse cuando se acercó más a ella.
-No quiero que te vayas.-entreabrió los labios. La nariz de él estaba acariciando la suya con cariño, de un lado a otro. Su proximidad provocaba latidos acelerados en su pecho, y casi podía notar la sangre fluyendo a toda velocidad por sus venas.
-Mientras seas menor de edad no puedo secuestrarte y llevarte conmigo.
Las yemas de sus dedos repasaban el contorno del mentón de Kate. La fascinación que sentía por su piel aumentaba más cada día. Se veía tentado a tocarla cada vez que estaba cerca de ella, cada vez que se despertaba y la observaba dormir en silencio, las veinticuatro horas del día todos los días.
-¿Eso quiere decir que cuando lo sea me encerrarás en un sitio dónde solo pueda ser tuya?
La simple idea le hizo sonreír divertida.
-Cariño-pegó sus labios a los suyos en un beso casto mientras aferraba su barbilla-tú ya eres mía.
La joven suspiró dentro de su boca en el momento que Rick introdujo su lengua en ella y comenzó a moverla lánguidamente. Los besos del agente no requerían solo poseer sus labios, sino saber tratarlos con cuidado, masajearlos con los suyos, morderlos con delicadeza si hacía falta y robarle la respiración con los movimientos que realizaba su lengua cada vez que entraba en contacto con la de ella.
-Quédate hoy a dormir conmigo aquí...-susurró Kate después de llevar varios minutos besándose.-Si te vas lo mínimo que podrías hacer es quedarte.
Rick apoyó la frente en la de ella y volvió a besarle. En un principio se había negado a llevarla a casa en medio de esa lluvia torrencial, prefería que pasase esa noche en su loft que estaba más asegurado que su apartamento, pero ella era demasiado cabezona cómo para llevarle la contraria y al final había ganado la discusión. Sin embargo esa llamada había trastocado sus planes. La idea de dormir con ella no sonaba mal, aunque fuese en su apartamento. En esa cama minúscula que odiaba con todas sus fuerzas y de la que no se fiaba cuando hacían el amor. Daba la sensación de que en el momento menos esperado acabaría partiéndose con ellos encima.
-Puedes salir pronto por la mañana para coger ropa nueva si es eso lo que te preocupa.-añadió Kate al ver la duda cruzando sus ojos azules. En el fondo lo que deseaba era ser abrazada mientras dormían juntos.
-No me preocupa eso.-absorbió su labio superior. Kate era adorable bajo los efectos de sus caricias o de sus besos. Lo miraba a través de sus largas pestañas con los labios hinchados gracias a la excitación e impaciente por recibir un segundo beso.-Es que tu cama no me gusta nada.
Kate había comenzado a reír en voz baja hasta acabar creando un conjunto de carcajadas que para Rick solo significaban música.
-La verdad es que es pequeña.-respondió aún con la risa estancada en su garganta.
-Y mala.
-No todos tenemos su dinero, Don Agente del FBI controlador.
-Uhm, me pone cuando me llamas controlador.-le sonrió de la forma más sexy posible al mismo tiempo que arqueaba las cejas.-Vuelve a decirlo.
Kate negó lentamente con la cabeza, rodando los ojos en el proceso.
-Contrólame en la cama, Ricky.-insinuó ella apretándose los pechos con los antebrazos al inclinarse hacia él. Así su sujetador se marcaba contra la camiseta blanca y su escote se pronunciaba hasta que sus tetas se volvían más circulares de lo normal.
-Eso ya lo hago.-le guiñó un ojo divertido e intentó no fijarse demasiado en la forma de su sujetador o acabaría volviéndoselo a hacer ahí atrás.
Terminaron empapados de la cabeza a los pies entre risas al haber querido desafiar a la lluvia. Ni siquiera la velocidad al correr pudo salvarlos de no mojarse, pero a ellos les daba igual. Ahora tenían una buena excusa que les permitía ducharse juntos una vez subieran al apartamento.
-¿Vendrá mañana?-preguntó Lanie clavando la mirada en el cielo.
No estaba del todo azul, pero tampoco oculto bajo nubes grises. Los rayos del sol se distribuían por diferentes partes del campus creando así una mezcla de colores y tonalidades dignas de un cuadro al óleo. En realidad no sabía por qué Kate llevaba puestas las gafas de sol si dónde ellas estaban tumbadas no había rastro alguno de éstos rayos, más bien estaban descansando en la parte oscura del campus, a la sombra de todos y todo.
-Supongo.-ojeó el iPhone no estando muy segura de su respuesta.-Me dijo que tendría que quedarse allí un día más porque el asunto se había complicado.-Lanie hizo una mueca de disgusto con la boca, dándole a entender que era un fastidio pasar un día más sin verlo.- ¿Y tú? ¿Qué tal con Espo?
La morena sonrió al escuchar su nombre y Kate supo qué sentía en ese momento para hacerlo, ya que ella solía imitarla la mayor parte del tiempo.
-No somos nada pero lo somos todo al mismo tiempo.-el ceño de Beckett se hizo profundo, reflejando así la confusión en su rostro.-Él no ha dicho en ningún momento qué somos, y eso me tiene bastante intranquila.-su amiga se incorporó.-Creo que no quiere comprometerse. Es como si le tuviese miedo. ¿Entiendes?
"Mucho más de lo que imaginas."-había dicho algo en el interior de su cabeza. Asintió de todas formas.
-Tal vez no está seguro o no le gusto lo suficiente...
-Rick me ha dicho varias veces que está loco por ti.-intentó animarla la futura abogada.
Y aunque el agente no le hubiese dicho nada, el amor que sentía el cubano hacía su amiga podía palparse cada vez que los dos estaban juntos. Las miradas hablaban por sí solas. Cuando una persona está enamorada es incapaz de ocultar ese brillo que adquieren sus ojos cuando la persona que provoca los latidos en su corazón anda cerca. Las reacciones de la piel, erizándose ante el mínimo tacto. La forma en que los labios se secan pensando en cómo deben saber los de la otra persona. Todos esos pequeños detalles que a simple vista pasan desapercibidos pero que son más importantes que cualquier otra cosa.
-No lo sé Kate. La verdad es que no lo sé.-dejó salir el suspiro que llevaba guardado en la garganta desde que habían comenzado a hablar sobre ella.
-¿Te ha dicho alguna vez que te quiere?
-Sí.-respondió al instante sin dudarlo.-Una o dos veces, no más.
-Te aseguro que para ellos decir "te quiero" no son dos palabras a la ligera. Son pesadas y piensan que si han de decirlo deben hacerlo cuando realmente lo sienten.-Kate se había incorporado también hasta quedar sentada con las piernas cruzadas. Las gafas de sol habían desaparecido de sus ojos y ahora colgaban del cuello de su sudadera.-Te lo digo por experiencia.
-Si tú lo dices...
-Créeme, si una persona te dice que te quiere mirándote a los ojos, es porque es su corazón quién está hablándote, no su cabeza.
Lanie abrió la boca para responder a eso con un monosílabo, pero un grupo de estudiantes que serían de su misma edad pasaron por su lado, interrumpiéndola y haciendo que tanto ella como Kate escuchasen lo que estaban comentando.
-Parecía un modelo.-decía una con los ojos muy abiertos.
-¿Habéis visto lo bueno que estaba?-una de ellas, que lucía un piercing en el labio les sonrió a las demás mientras arqueaba las cejas. En el idioma de señas, eso significaba que de haber podido habría hecho otra cosa aparte de mirarlo.
La forense y la abogada se miraban reteniendo la risa, pero a la vez con unas ganas terribles de saber a quién se refería el grupito de chicas. El hecho de tener cada una un novio medianamente estable no les quitaba la libertad de disfrutar de unas buenas vistas. Aunque más que eso era pura curiosidad de comprobar si era para tanto cómo comentaban.
-Perdonad que os diga que yo a ese le daba un buen polvazo, porque entre lo guapo que era, el traje que llevaba y el aire de duro que traía se me han caído las bragas por el camino.-su risa se vio respaldada por la de las demás. Continuaron haciendo más comentarios del mismo estilo y ni siquiera cuando casi habían desaparecido del campo visual de las dos amigas dejaron de escuchar las animadas carcajadas de todas.
-Te juro que si no supiera que Rick sigue en Washington habría pensado que hablaban de él.-comentó Kate sin apartar la vista de lo poco que quedaba del grupito con un poco de recelo.
-¿Celosa?
Lanie conocía demasiado bien a su mejor amiga cómo para saber que detrás de su tono indiferente reposaba un ligero haz de celos. Nunca le había gustado que hablasen de esa forma de ninguno de los chicos con los que mantenía algo por mínimo que fuera, y había discutido con más de una chica por hacerlo.
-¿Yo?-sacudió la cabeza con aires de suficiencia mientras sonreía.-Yo ya tengo a uno cómo el que decían ellas. Todito para mí.
La forense parpadeó varias veces seguidas creyendo que lo que estaba viendo no era ni más ni menos que un espejismo creado por su cabeza después de escuchar la descripción de las chicas y la respuesta de Kate. No estaba del todo segura, pero hubiera apostado todo su dinero en decir que era Rick quién estaba aproximándose a ellas. Su forma de andar le delataba. Eso y su característico traje de Armani blanco y negro, que como siempre realzaba su figura varonil y hacía juego con la barba incipiente que decoraba su mentón. Cualquier mujer en su sano juicio habría caído rendida a sus pies. Y por lo visto eso había pasado con el grupo de estudiantes.
Cuando la mirada de la morena se cruzó con la del agente del FBI, éste se paralizó, reduciendo su paso hasta quedar petrificado en medio del césped. Por un momento temió que la siguiente en girarse fuese Kate, porque así su esfuerzo por sorprenderla habría sido en vano. Así que antes de que Lanie pudiese siquiera reaccionar, le pidió que no dijese nada colocando su dedo índice sobre sus labios. Entonces ella comprendió. Asintió con el mayor disimulo que fue capaz de aparentar y Rick sonrió aliviado.
-En el fondo te encanta el pequeño Action-Man.-el tono de Lanie derrochaba burla, al igual que el gesto de su rostro. Rick, en cambio, le dedicó una de sus miradas más gélidas posibles. Desde la primera vez que lo había llamado así no le había hecho ninguna gracia, y Lanie era consciente de ello.
-No sabes cuánto le echo de menos.-el ceño de Rick desapareció y una sonrisa cargada de ternura brilló sobre sus labios.-Y si encima tiene que quedarse un día más allí cuando yo tenía pensado verlo hoy me jode más.
Él estaba completamente de acuerdo con lo que estaba diciendo su novia. Durante los tres días que había estado en Washington, sin poder verla y con la única comunicación posible de un teléfono móvil, la había echado en falta las veinticuatro horas del día. Sobre todo cuando llegaba la hora de tumbarse en la cama y se veía completamente solo, sin tenerla a ella para abrazarla por la espalda.
Antes de Kate, Washington significaba darse unos días para él, salir por las noches a sus clubs favoritos y hartarse de mujeres sin tener que preocuparse de que alguien se enterase de ello. Estaba acostumbrado a vivir consigo mismo y el estar solo era lo que le gustaba. Pero él ya sabía que todo eso había acabado.
Un metro. Le faltaba solo un metro hasta llegar al rostro de Kate. Debía ir con cuidado, pues sí se inclinaba más de la cuenta le vería al completo y eso tampoco tendría gracia. Agradeció mentalmente a Lanie por saber entretenerla mientras él intentaba terminar de una vez eso y así poder llenarla de besos.
-¿Qué darías por que estuviese aquí?-Kate bufó desde lo más profundo de sus pulmones.
Todo. Sería capaz de darlo todo por verlo allí mismo, sin tener que esperar un día más. Sin tener que dormir otra vez abrazando una almohada con su olor.
-Cualquier cosa.
Fue entonces cuando el cielo desapareció y fue sustituido por un manto negro. Cuando sintió unas manos tapándole los ojos. Cuando su corazón se aceleró antes de que su cerebro pudiese pensar algo. Cuando Rick se cernió sobre ella.
