Fragmento por Cait
[Saillune]
-No, no. No. ¡NO! ¡LO ESTÁIS HACIENDO MAL!
Cait dio una patada al suelo de pura frustración. Acto seguido suspiró e intentó tranquilizarse. Esto de enseñar no era lo suyo y parecía que últimamente era lo único que hacía.
-Tenéis que canalizar la energía de forma puntual, si no os resultará imposible dar en el blanco. ¿Y qué clase de Lanza de Elmekia es esa? ¿Sabéis de donde viene la magia astral? ¡DEL PUÑETERO PLANO ASTRAL! Si no os centráis lo único que vais a conseguir van a ser esos ridículos destellos que no dañarían ni a una mosca demoniaca.
-Calma, calma… - dijo una voz por detrás. Era Zarathos, con su peculiar sonrisa taimada y llegando infinitamente tarde, para variar.
El puñetero bastardo de Remy le había asignado el pelotón al que habían ido a parar todos los novatos que estaban más verdes que la hierba de verano. Eso le daba el título de Teniente y un sinfín de dolores de cabeza. Y Zarathos era el segundo al mando aunque, para lo poco que hacía, el cargo era más honorífico que otra cosa.
-¿Cómo quieres que me calme? ¿Y de dónde vienes si puede saberse?
-Otros asuntos de estado importantísimo requerían mi presencia, por supuesto. – dijo casi con un ronroneo mientras se apoyaba en la lanza que llevaba.
-Ya. Seguro. Como vuelvas a venir tan tarde te romperé esa estúpida lanza en la cabeza.
-Da igual, tengo otra lanza. ¿Quieres verla?
-¡PONTE A ENTRENAR A ALGUNO DE ESTOS INÚTILES Y CÁLLATE!
Zarathos le sacó la lengua y se dirigió a un grupo de magos jovencitos encantados de perder de vista a Cait.
La relación con Remy fue tensa desde el principio, no le gustaba que lo cuestionaran. Y normalmente nadie lo hacía hasta su llegada. Pero Cait estaba harto de sus estrategias estúpidas que lo único que harían sería matarlos a todos. Y si para conseguir cambiar eso tenía que discutir acaloradamente con ese imbécil, Cait no tenía problema. Lo malo es que al final eso había tenido desagradables consecuencias: Remy acabó poniéndolo a cargo del último pelotón repleto de magos inexpertos, para mantenerlo ocupado y quitarlo de en medio.
En un primer momento aceptó el reto encantado y estuvo dispuesto en dejar en ridículo a Remy mostrando lo que podía conseguir con un grupo tan poco prometedor. Pero había días en los que se arrepentía. Hoy era uno de esos días.
Cait suspiró con resignación mientras se sentaba recostándose en una de las paredes del patio de armas. Akira ronroneó y se tumbó a su lado hecho un ovillo, intentando reconfortarlo.
-Apañados vamos con estos inútiles. – murmuró Cait malhumorado mientras le rascaba la oreja. – Inútiles recibiendo órdenes e inútiles dándolas. Los demonios lo van a tener muy fácil.
Un carraspeo acusatorio interrumpió sus pensamientos en voz alta.
-Con que inútiles dando órdenes, ¿eh? – dijo Wilbur apareciendo por detrás de una arcada. - ¿Se está usted insubordinando contra la cadena de mando, teniente Valzhak?
Akira levantó la cabeza al oír la voz de la chica y ronroneó de placer cuando ésta le acarició el lomo.
-Me estoy insubordinando contra el imbécil de Remy. Y mira el premio. – respondió desdeñosamente señalando a un grupo de magos cargando cubos de agua y arrojándolos a la túnica en llamas de uno de ellos.
Wilbur suspiró mientras observaba el penoso espectáculo.
-Olvídate de ellos por un momento y vamos a hacer algo productivo. – dijo resoluta lanzándole a sus pies un par de dagas de entrenamiento. – Es una orden. – añadió guiñándole un ojo.
-¿Quieres estrenar el escudo? – Cait cogió las dagas y calibró su peso. Algo más pesadas que las suyas, pero la empuñadura era bastante cómoda.
-Usaré un escudo de entrenamiento, obviamente. No pienso hacerle abolladuras en el patio de armas. – replicó cruzándose de brazos.
-¡Pero deberías acostumbrarte al peso de tu escudo! Será el que uses en las batallas. Los escudos están para parar golpes y hacerse abolladuras, es su función.
-Ni hablar. Por ahora, su función es decorar el cabecero de mi cama. ¡Vamos! – exclamó y sin darle opción a réplica cogió el escudo que tenía a los pies y salió corriendo hacia uno de los sitios libres en el patio de armas.
Cait suspiró pesadamente y la siguió poniendo los ojos en blanco.
Una hora después de golpes y estocadas, los dos seguían incansables.
-El escudo te está haciendo cada vez más lenta. Cuanto más lenta seas más fácil serás de matar. Reacciona antes. Anticípate al movimiento.
-¡Pesa mucho, qué quieres que haga! Si lo tirara al suelo verías.
-Si lo tirarás al suelo serías muy fácil de matar también sin ninguna clase de protección.
Wilbur gruñó y se lanzó hacia él embistiéndolo. Cait la esquivó y giró sobre sí mismo para realizarle un ataque por la espalda. Pero ella se adelantó y también giró y en el último momento bloqueó el ataque con el escudo con un sonoro 'clonk'.
-¡Muy bien! Así me gusta.
-¡No he acabado aún! – gritó ella y empujó la daga que aún estaba sobre el escudo con fuerza para apartar ese brazo, y cuando lo consiguió describió un amplio barrido que Cait intentó evitar con la otra daga pero que llevaba tanta fuerza que el mago acabó cayendo de culo. -¡Sí!
Cait empezó a reír a carcajadas mientras Wilbur se secaba el sudor de la frente, confusa.
-¿Qué te hace tanta gracia?
-Nada, que parece que soy capaz de enseñarle algo a alguien. Vamos, señorita Grey, el entrenamiento acaba de comenzar.
-Eh, eh, ¿por qué siempre os tenéis que divertir sin mí? – dijo Zarathos con un mohín de enfado en la expresión, apoyando su peso sobre la lanza. – Yo también quiero jugar con vosotros.
-Querrás decir que también quieres que te tire al suelo – exclamó Wilbur envalentonada tras su último logro dando un golpe al escudo con la espada de entrenamiento.
-Sólo si te caes luego encima de mí y luego… eh, ¡eh! ¡Cait, deja de atacar, es trampa empezar antes de tiempo!
La noche ya estaba bastante avanzada cuando decidieron terminar el entrenamiento. La única luz que tenían era la de las estrellas y algunas antorchas en las paredes del patio de armas, y además el cansancio los hacía cada vez más torpes.
-No veo la hora de darme un baño – comentó ufano Zarathos.
-Pues mi bañera está ocupada, que lo sepas.
Cait avanzaba en silencio a su lado con Akira en brazos que dormitaba plácidamente.
-Bueeeno… - suspiró Zarathos – ¡No nos queda otra que ir a los baños públicos, Cait! Aunque a estas horas no habrá nadie. Podemos darnos un buen baño relajante tranquilamente. O no tan relajante, si quieres. – añadió rodeando su cuello con el brazo.
-¡Quieres dejarte de tonterías! – replicó Cait enrojeciendo considerablemente.
-Anda yaaa, con lo que te gustan en el fondo mis tonterías. ¡Voy cogiendo sitio! – dijo sacándole la lengua y acto seguido se fue corriendo como un niño al salir de la escuela.
Cait suspiró, cansado. Le dolía todo el cuerpo y mañana probablemente iba a sufrir unas agujetas interesantes. Pero al menos se había despejado y el cansancio haría que se durmiera enseguida y no le diera vueltas a la cabeza.
Caminaron en silencio hasta la puerta de la habitación de Wilbur. Se despidieron sin más preámbulos y justo cuando se disponía a seguir su camino hacia los baños comunitarios, la joven guerrera lo llamó:
-Cait.
-¿Mmh? – dijo girándose.
-Sí que sirves para esto. No te desanimes. Demuestra a Remy lo idiota que es, anda.
-...lo intentaré. – dijo al final.
Wilbur sonrío y cerró la puerta tras ella. Cait se quedó unos segundos quieto, sumido en sus pensamientos.
-Lo intentaré. – volvió a repetir. Para él mismo, más que nada.
