¡Hola! ¿Cómo están? Espero que bien, y sin muchas ganas de matarme ^^U. Sé que me demoré. Pero, ahora, les advertí que me demoraría, así que no creo que estén -tan- enfadadas xDD. Oh, por cierto, a algunas personas no les respondí el review, pero quiero que sepan que lo haré durante la semana. En serio. Sólo, denme tiempo para organizar todo de nuevo ^^U

Y paso al único review anónimo u.u Pero no importa, porque yo sé que muchas lo leen ^^:

Monii: Am... creo que se me olvidó decirte que FF bloquea los links xDD. Es un desperfecto que tiene. Hay que ponerlos separados. Lo bueno es que lograste mandármelo pronto ^^. Cualquiera de estos días te agrego, en serio. Es sólo que he estado liada xDD. Ahora, al review xDD. Naruto importa, y mucho, pero... nah, todas quieren saber si Hinata está viva o no. Y espero que cumpla con las expectativas .-. En fin, mi lío si no lo hace T.T Por cierto, la pasé genial en la playa, gracias ^^. Y... bueno, no miro chicos, ya tengo el mío :3 Pero eso no le interesa a nadie xDD. Te busqué en Face, pero no apareces :( Te mereces ser la madrina, honestamente. Fue difícil decidir, pero te aseguro que no me arrepiento ;) Amm... si, si noté que es San Valentín, y me la pasé ordenando mis cosas para regresar de la playa, aguantando bromas pesadas por mi pseudo-relación con un chico de mi mejor amiga. En fin. Así es la vida (?). Uhm... me perdí con lo que me contaste, así que creo que tengo que agregar pronto, para poder comprender el mundo nuevamente xDD. Me demoré porque... bueno, estaba bloqueada. Y, honestamente, como que cada día me cuesta más sacar esto adelante. Pero no importa, porque lo haré, con la ayuda de todas ustedes (y de mis madrinas especialmente, a las cuales amo *.*). Bye, suerte tú también, cuídate, nos estamos leyendo. Juro que de esta semana no pasa... Es sólo que estoy liada .-.

Y eso sería todo. Gracias a todas las que dejaron review, a las de favorite/alert y a las que leen así nada más. En serio, las adoro con todo mi corazón ;D. Nos leemos abajo, disfruten del capi ^^.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, sino a Masashi Kishimoto


Mi jodida vida


Capítulo XXI


Tosí, tratando de recuperar un poco el aliento. Apoyé una mano en la pared, agradeciendo que estuviera milagrosamente fría. El fuego aún no llegaba a esa parte del Internado, por lo que podía respirar normalmente. O, al menos, intentarlo. Tosí de nuevo, sintiendo mi garganta rasposa. Genial. El humo ya había hecho estragos, sin duda. Entrecerré los ojos, adaptándolos a la oscuridad repentina, y tratando de descifrar cuánto me faltaba. Estaba en un pasillo secreto, que venía de una de las escaleras de servicio del hall. Y mi ubicación era en algún punto entre este y la cafetería. Había descartado totalmente el primer patio interior, al ver que era prácticamente imposible pasar por allí. El mundo se había vuelto amarillo y rojo, y no tenía intenciones de convertirme en parte del mundo. Así que, había regresado al hall central, metido en una de las escaleras de servicio, y descubierto por pura casualidad ese pasillo. Por supuesto, había escuchado de ellos. Ese edificio estaba lleno de leyendas, y los conductos que recorría hasta hacía un par de minutos eran casi la máxima. Para los que no conocían el sótano, claro está.

Calculando rápidamente, decidí que quedaban unos tres minutos de carrera, para al fin llegar a la cafetería. Fruncí el ceño. Si el patio interior estaba ardiendo, la cafetería estaría en iguales –o peores- condiciones. Y tendría que correr entre mesas ardiendo. Simplemente, perfecto.

Bufando, me enderecé, dispuesta a seguir mi trayectoria, hasta que una voz gritó:

-¡Tenten! –paralizándome de la sorpresa. ¿Quién más podría estar allí? Miré hacia atrás, sobre el hombro, sintiendo como mi estómago se retorcía. Nadie. En ese pasillo no había nada más que el humo que comenzaba a filtrarse, y yo misma. Mi vientre se desanudó, permitiéndome respirar pausadamente de nuevo. Una alucinación, saltó de inmediato mi mente, dejándome con una sensación de desasosiego. Cierto, no era imposible considerar la posibilidad, más si había estado inhalando CO en cantidades no recomendadas. Pero se había escuchado tan real... Si tan sólo gritaran de nuevo, podría establecer si era alguien necesitado de ayuda que me había visto pasar y que había ignorado, o simplemente mi vívida imaginación. Me convencí de que unos segundos no harían daño a nadie. Además, tenía que saber. Lo que Reika me había explicado en la terraza me había dejado suficientemente insegura con respecto a todo, como para dejar pasar esto. Antes, probablemente lo habría dejado correr. Después de todo, mi política era no meterme dónde no me llamaban. Aunque, teóricamente, ahora sí que me habían llamado.

Como fuera, esperé, tratando de convencerme de que todo era sólo una jugarreta de mi mente, demasiado excitada en las últimas horas. Muchos sobresaltos hacen que una mente ordenada y criteriosa se revuelva sobre sí misma, y pierda el norte. Podría estar sucediendo. Y había terminado de obligarme a aceptar la muy lógica explicación de mi cabeza, adelantando un pie para emprender otra carrera infernal, cuando lo escuché de nuevo:

-¡Tenten! –aunque mucho más claro, y agudo. Como la voz histérica de una pequeña niña. Me planté dónde estaba parada, mirando intensamente la esquina por la que había doblado unos tres minutos atrás, y que comenzaba a iluminarse levemente por el fuego que consumía el lugar. Ni siquiera me había percatado de la pseudo-neblina que cubría el pasillo ahora. Lo único en lo que podía pensar era en sí había, efectivamente, alguien allí, o tan sólo era yo, volviéndome completamente loca.

¿Cuánto tiempo estuve así, mirando como idiotizada la esquina, sin darme cuenta que el calor comenzaba a sofocarme y que el monóxido de carbono reemplazaba, lentamente, el oxígeno en mi sangre? Ni idea. Sólo cuando mis dientes se deslizaron, inconscientemente, hasta mi labio inferior, y mordieron con fuerza, caí en la cuenta de que el fuego ya estaba a punto de alcanzarme, y que si no movía mi trasero, sería carbonizada en nada. Parpadeé, confundida. ¿Desde cuándo me distraía tan fácilmente?

¡¿Qué demonios importa? Gritó una voz en mi cabeza. ¡Mueve tu anémico trasero de este lugar! ¡Estás a punto de convertirte en barbacoa!

Haciéndole caso a esa voz, que se parecía increíblemente a la de Sakura, empecé a moverme lentamente, como alucinada, en dirección contraria a las llamas, que ya doblaban la esquina. Juro haber visto una cara satisfecha entre parpadeos. Cuando logré ser más consciente de la situación, aceleré el paso, y antes de siquiera dar la orden, mis piernas se movían a todo lo que podían, corriendo por el pasillo, y cubriendo la distancia que me separaba del lugar a dónde, supuestamente, iba. Pero la voz seguía dándome vueltas en la cabeza. No como un pensamiento primordial, sino entre las sombras del subconsciente, desarrollándose teorías que no me atrevía a admitir sólo por lo aterradoras que resultaban. Después de todo, no los había escuchado hablar jamás. Simplemente, chillaban, destrozándote los tímpanos de una forma horrorosa, y te atacaban. Nunca, en todo el tiempo que habíamos estado abajo, esas cosas habían hablado. Pero que no lo hicieran en ese momento no significaba que no lo pudieran hacer en otro momento. ¿Sería posible? ¿Sería capaz de tener el Director algo con inteligencia pseudo-humana en el sótano de un Internado de adolescentes? Sabía que el tipo estaba deschavetado, pero eso pasaba todo tipo de reglamento físico. La vida extraterrestre no existía. Se habían investigado muchos planetas, en diversas galaxias de diferentes partes del universo, y nada había resultado concluyente. Y las dimensiones paralelas eran sólo teoría, algo válido en el laboratorio, en las aulas de física, pero no en la práctica, a pesar de que se trataba de algo que todo científico desea descubrir. No, imposible. La vida fuera de la Tierra no era algo que estuviera comprobado. Punto. No existían más especies en el vasto Universo que las que habitan este planeta que cada vez se agota más y más. Nada más.

Me aferré a esas palabras. No podía ocupar correctamente mis neuronas si tenía ese pensamiento dando vueltas, y estaba segura de que tendría que usar un poco de cerebro una vez llegara a la cafetería. Si era imposible pasar por ella, entonces tendría que buscar otra forma de salir al patio trasero. El problema: no había ninguna otra salida directa, que no incluyera darse un chapuzón en el lago. Torcí el gesto. Genial. Arruinaría mi uniforme por Hinata.

Al final, me paré frente a una puerta de madera, y giré el pomo. Pasé al pasillo que me llevaría al lugar dónde más sufrían las personas en ese lugar, y eché a correr nuevamente, en línea recta hacia la derecha, con la vista fija en las puertas batientes. Frené un par de segundos antes, derrapando por el piso hasta parar justo en frente. Tomé aire, tratando de echar un vistazo, obteniendo tan sólo la imagen perfecta del infierno. Como había temido, la cafetería estaba consumida en su totalidad. Fruncí los labios, tratando de pensar. Bien, opción uno descartada. Tendría que arruinar el uniforme. Giré sobre mis talones, corriendo nuevamente hacia la puerta que me había llevado allí. Tenía una idea, aunque dudaba seriamente de su practicidad. Debía intentarlo. Me sentía en la obligación de hacer todo lo que estuviera en mi mano –y un poco de lo que no- para comprobar que Hinata estuviera bien.

Bufé, frustrada. ¿En qué momento la chica se había convertido en alguien tan importante? Estaba segura de que había cumplido al pie de la letra con mi política de agresividad. Las había ignorado. Las había despreciado. Las había insultado e, incluso, subestimado. Y, sin embargo, Sakura había querido resarcir el daño provocado. Y Hinata... simplemente, seguía siendo igual de amable con todos.

Incluyéndome.

De alguna forma, había establecido una especie de lazo con ella, un lazo que ahora tironeaba insistentemente, que me hacía correr con todas mis fuerzas hasta el sexto piso. Podía no ser la idea más genial del mundo, pero era una idea. Además, si consideraba la seguridad, era mil veces más sensato saltar al lago desde el sexto piso, que desde el segundo, porque corría riesgo de golpearme contra una de las rocas del borde. Sin embargo, de más altura podía hacer algo contra ello, y evitar una muerte segura. Sacudí la cabeza, rechazando el pensamiento que se repetía molestosamente en mi cabeza, con la voz profunda de Shino. Estás loca.

Llegué al sexto piso, me apoyé en la puerta de madera, tomé aire profundo, y salí al pasillo. Como esperaba, el humo impedía ver algo más allá de tu nariz, y el calor se comenzaba a hacer sofocante. Mis ojos se llenaron de lágrimas en seguida, debido a la irritación. Me obligué a no prestarle atención a ello, y volé al final del pasillo, dónde se interceptaba con otro, el cual daba directo hacia el lago, unos diez metros más abajo. Tragué saliva con fuerza. Por suerte, no tenía vértigo. Todo un mundo de problemas ahorrados.

Llegué a la dichosa ventana, la abrí rompiendo el candado con un extintor vacío que alguien había tirado, y eché un vistazo hacia abajo. Bien, era mucho más alto de lo esperado. Doce metros, si no me equivocaba, que parecían hacer toda una vida de diferencia. Tragué saliva de nuevo, aunque ahora no resultó. La garganta ya se había secado, y ahora la sentía como lija. Retrocedí hasta el centro del pasillo, con los ojos cerrados, los hombros hundidos y puños cerrados a cada lado de mi cuerpo. Había llegado el momento crucial, y ahora la pregunta no era si podía o no hacerlo.

Era si quería hacerlo o no.

Pero sabía que tenía que hacerlo. Por Hinata. Por Namikaze. Por Neji, por Sakura e incluso, por mi hermana. Y, también, sorprendentemente, por mí. Tenía que hacerlo, debía hacerlo. Saltar, y nadar, eso era, para saber, de una vez por todas, si, efectivamente, la chica Hyuuga había logrado salir, o estaba tan muerta como yo lo estaría en tres minutos, juzgando por la velocidad a la que se consumía el edificio. Rechiné los dientes. ¿Quería hacerlo? No lo sabía. Saltar significaba que Hinata se había convertido en algo ligeramente importante en mi vida, y prefería tortura antes que admitir algo como eso. Y mis hechos hablarían por sí solos. Por otra parte, no tenía muchas opciones más. Las llamas ya se acercaban, casi podía sentirlas abrasando mi piel, y la única salida parecía ser la ventana. Siempre podía poner esa excusa, aunque a estas alturas no importaría. ¿Qué iba a decir para mi precipitada entrada al Internado? ¿Qué se me habían olvidado los cuadernos en un desconocido pasillo del sexto piso? Sí, claro. Era la excusa más pobre que había escuchado en toda mi vida. Y las otras que procesaba mi mente no eran mejores que esa. Así que, tendría que soportar el interrogatorio más tarde. Y admitir algo que ni siquiera sabía si era verdad.

A la vida le encantaba joderme, se notaba a leguas.

Suspirando, tomé mi decisión. Abrí los ojos, caminé tranquilamente hacia la ventana, me encaramé al alféizar, y miré otra vez hacia abajo, ahora con ojo analítico. Tenía que impulsarme con los pies hacia delante, como si estuviera saltando de un trampolín. Y con las manos en flecha. De otra forma, mi cabeza cortaría el agua, y terminaría ahogándome. Sí, la flecha era lo más sensato. Casi solté una risotada cuando dije eso. Claro. Lo más sensato para saltar de un sexto piso, era con la posición de flecha. Sin embargo, logré controlarme. No era el momento apropiado.

Me senté en el borde, apoyando la base de mis pies en la fría roca. Sin darme cuenta, me había sacado los zapatos, el chaleco, la corbata y amarrado el cabello en mis chongitos normales. Comprendí que estaba ida, y que debía aprovechar ese estado, pues cuando saliera, tendría consciencia de todo, y podría arrepentirme. Lo cual no era algo recomendable. Erguí la espalda hasta que me dolió, y alcé las manos sobre mi cabeza, tomándolas arriba. Una flecha. Cerré los ojos y me incliné ligeramente hacia delante. Tomé aire, sin soltarlo... y me lancé.

La sensación de caer no es para nada como se describe en las novelas. El tiempo no se detiene, ni tampoco sientes una armonía perfecta con la naturaleza, ni tienes ninguna revelación que te hace cambiar el rumbo de tu vida drásticamente. Tampoco te sientes flotar en el aire, como si de la nada te hubieran salido alas, y ahora formaras parte de esa especie animal privilegiada que son las aves. No. No sucede nada de ello. Por el contrario, cuando comienzas a cortar el aire, el frío te llega a los huesos, el silbido del viento te molesta los oídos, y en dos segundos ya estás llegando al suelo, sin siquiera darte cuenta de cuándo sucedió, ni de si estás entero o no. Simplemente, sucede.

Así que, en tiempo récord e inverosímil, sentí mi cuerpo chocar contra el frío glacial del lago, y mis pulmones contraerse sobre sí mismos. Fue como si me hubieran electrificado. Toda la modorra de segundos antes se había esfumado gracias al agua casi congelada, y ahora estaba más consciente que nunca de lo que debía hacer. Cerré los ojos, abriendo mis manos hacia los lados, comenzando a nadar como rana por debajo del agua. No sabía dónde estaba. Lo único que podía ver, era una imponente oscuridad, presionando mis ojos hacia dentro, y embotando el resto de mis sentidos. Seguí avanzando hacia adelante, sin saber si bajaba o subía, hasta que logré tocar con una mano una superficie lisa y mojada, pegajosa y resbalosa. La seguí hasta que vi un resplandor naranja por fuera, y con un último impulso de mis extremidades, salí a la superficie, buscando aire a bocanadas desesperadas, los miembros congelados, y con el peso de la ropa tirándome hacia abajo. Aparté algunos mechones de cabello de mi rostro, mirando a mí alrededor. Lo que tenía en frente, era la pared del edificio, cubierta de musgo producto de la constante humedad a la que estaba expuesta. A mi izquierda, agua por todas partes, y la pared que quebraba la monotonía perfecta del lago. A mi derecha, unos veinticinco metros más allá, podía ver un claro, y la línea difusa de los árboles del bosque. Arriba, la luna había desaparecido gracias al humo de fábrica que salía del Internado, al igual que las estrellas.

Regresando la vista a la Tierra, pude ver, entre la bruma del hollín, unos cuantos bultos –que suponía eran personas- moverse rápidamente, agitando las manos en el aire, o prendiendo luces que no lograba reconocer, pero que se me hacían de celular. Parpadeé un par de veces, tratando de habituar mis ojos a la poca visibilidad, y pronto reconocí una de las figuras. Era casi imposible no hacerlo. El único que tenía esa altura, esa anchura de hombros y ese cabello despuntado, era Juugo Wasabi, el hermano mayor de Ami, y casi todos lograban reconocerlo a dos kilómetros de distancia. Después de todo, un tipo de dos metros con el cabello naranja desordenado y pinta de agente del Servicio Secreto de los Estados Unidos no es algo común en las calles de Konoha.

Al menos, había gente en esa parte de los terrenos del colegio, por lo que tenía una pequeña oportunidad de encontrar a Hinata sana y salva. Y la presencia de Juugo me tranquilizaba aún más, puesto que se la pasaba o en el gimnasio –que estaba en la exacta otra punta- o en la biblioteca. Podría decirme si la chica había salido o no. Si se había salvado, o estaba convertida en una linda imitación de cerdo asado. Podría decirme si el esfuerzo había valido la pena, o había sido pura estupidez.

Suspirando, tomé aire nuevamente, y me lancé a nadar otra vez, a pesar de que mis piernas reclamaban cada vez que las forzaba a cortar el agua. Cerré los ojos y apreté los dientes. Tenía que lograrlo. De otra forma, me quedaría flotando allí hasta que a alguien se le ocurriera reportarme desaparecida. Y para ese momento, estaría o congelada, o convertida en desecho de cualquier bicho extraño que viviera en ese lago. Ninguna de las opciones era demasiado atractiva, así que debía salir de ahí por mis propios medios. Por eso, me obligué a seguir nadando, a seguir avanzando por el agua demasiado helada, hasta que sentí una de mis rodillas raspar el suelo rugoso. En ese momento, me detuve, y traté de levantarme. No lo logré. Bueno, casi. Si no hubiera sido por un par de brazos que me sostuvieron por debajo de las axilas, sin duda habría enterrado la cara en el agua nuevamente. No obstante, si me sujetaron antes de hacer el ridículo de mi vida, y me arrastraron hasta el centro del claro. Me dejaron acostada de espaldas, mirando el cielo encapotado, y pude reconocer a los que me ayudaron. Parpadeé, sorprendida. Uno de ellos, era el hermano mayor de Sasuke, Itachi Uchiha, y el otro era Juugo. El segundo con una mueca de preocupación y asco en su boca, mientras que el rostro del primero era completamente impenetrable. Aunque creía percibir cierto brillo de curiosidad en el fondo de esos ojos negros como el carbón.

-Oy, Itachi, ¿quién es esa? ¿De dónde la sacaron? ¿Estaba acá cuando salimos? ¿O apareció hace poco? –una voz chillona preguntó, a velocidad del rayo, y por algún motivo me imaginé a Homero Simpson tratando de entender una ecuación de tercer grado. Su tono era sumamente estúpido. Más aún cuando volvió a hablar, puesto que había cambiado el de curiosidad por uno de terror. Nenita- ¿E-E-E-Está m-m-muerta?

-Naruto-kun, ella... uhm... e-es Tenten-san –murmuró una voz, respondiendo la única pregunta medianamente coherente que había sido pronunciada. El alivio recorrió cada célula de mi cuerpo al reconocer el tono suave y cándido de Hinata. Alabado fuera Kami, no había muerto- Mi c-compañera de... c-cuarto...

Itachi desvió la mirada hacia algún lugar sobre mi cabeza. Traté de girarme un poco, pero sentí pinchazos de dolor por todas partes cuando lo hice. Gemí bajito, tratando de que no me escucharan, pero no tuve demasiado éxito. De la nada, un rostro moreno, redondeado ligeramente e increíblemente infantil, que tenía dos ojos impresionantemente azules, una nariz recta y masculina, labios gruesos y una mata de cabello amarillo apareció en mi campo visual, desconcertándome ligeramente. Naruto Namikaze, hijo del gran Hokage del País del Fuego, Minato Namikaze, estaba examinándome como si fuera un bicho de laboratorio.

-¿Eres estudiante? Jamás te he visto, dattebayo –aseguró, rascándose la coronilla con los dedos. Fruncí el ceño, ofendida.

-Por supuesto que soy estudiante –repliqué, con la voz rasposa por el humo inhalado anteriormente- ¿No ves que llevo el uniforme?

Sus ojos recorrieron todo mi cuerpo, sin pararse en ninguna parte. Eso me sorprendió. ¿Qué clase de chico no echa una miradita a los senos de una chica, o a su trasero? O a sus piernas, si es lo único rescatable que tiene. Las respuestas me vinieron en una fracción de segundo, y a punto estuve de reírme. Por supuesto. Un chico gay. ¿Qué otra explicación podía haber? ¿Decencia? ¿Inocencia? Si, claro. En ese Internado era casi imposible mantener cualquiera de las dos cosas, y de hecho dudaba que incluso yo tuviera mucho de la primera, considerando que la segunda ya la había entregado hacía mucho. Así pues, el hijo del Hokage era gay. Dios, el mundo de la política se revolvería en sus cimientos cuando saliera a la luz.

-En realidad, sólo llevas la falda y la blusa –intervino una voz profunda, indiferente, sin ninguna variación en ninguna sílaba. Aunque no llegaba a ser monótona, sino intrigante. Desvié mi mirada hacia el Uchiha, que escrutaba con su oscura mirada el bosque detrás de nosotros. Hasta que caí en la cuenta de sus palabras. Sonrojándome ligeramente, y recuperando de improviso el movimiento de mis extremidades, cubrí mis pechos con los brazos, incorporándome al mismo tiempo que trataba de que no se subiera demasiado la falda. Cierto, no la ocupaba demasiado corta, pero tampoco iba a dármelas de puritana y dejarla hasta la rodilla, cuando todo el mundo sabía que estaba lejos de cualquier tipo de moralismo demasiado conservador. Cinco dedos sobre la rodilla, esa era mi medida. Estaba bien, y no se veía absolutamente cuando jugaba soccer con los chicos –de vez en cuando- ni cuando me agachaba a recoger las cosas de la forma menos elegante posible.

Sin embargo, no funcionaba demasiado bien en situaciones como aquellas. Además que la blusa blanca se transparentaba entera, gracias al agua. Estúpida idea. ¿Quién me mandaba a dármelas de Aquaman? Ah, claro. Ese jodido sentimiento de protección que despertaba la Hyuuga en mí. Tenía ganas de patearme el culo y tirarme de nuevo, aunque sin intención de nadar en esta ocasión. Recogiendo las piernas bajo del cuerpo, me senté y miré a los que tenía alrededor. Aparte de las cuatro personas más cercanas, veía más cerca del lago a un grupo de personas vestidas de negro, que se confundían fácilmente. Probablemente, la parte gótica del Internado. Eran como una masa amorfa y oscura, que se movía silenciosamente por todos los rincones del edificio, y que aparecían de las sombras. Según los rumores, celebraban ritos satánicos en la noche. Sin embargo, yo no creía en ello. Principalmente porque lo más cercano a un sacrificio que había visto por esos lados, era el incendio que se desarrollaba en esos mismos instantes. Aunque también porque jamás había visto ningún ritual en ninguno de mis recorridos nocturnos.

Además de ellos, estaba la bibliotecaria, Temari, junto a otras dos personas más, un chico y una chica. Él tenía el cabello castaño, corto, y era muy alto. También estaba vestido de negro, una camiseta y un pantalón de buzo, pero más como si fuera algo que usara inconscientemente, que por algún tipo de moda. La chica tenía el cabello rubio atado en una coleta baja, y vestía una camiseta negra de mangas cortas, hasta su estómago, el cual dejaba descubierto. Sus piernas iban enfundadas en unas calzas negras también, y usaba zapatillas negras, al igual que el muchacho. Parecían de la misma edad que Itachi, aunque jamás los había visto por ahí. Y por su vestimenta, claramente no era alumnos. Quizá, sólo estaban visitando el Internado –porque también servía de museo, como ingreso extra-, y el incendio los había pillado dentro. Aunque tampoco era probable, debido a la hora.

Los borré completamente de mi memoria cuando un susurro nervioso de Hinata rompió un poco la calma que se había instalado en el claro. Ese era el lado del humo, no de las explosiones, que se escuchaban amortiguadas desde el otro lado de los terrenos institucionales.

-Neji-nii-san –murmuró, rápidamente, llevando ambas manos a su pecho, y agachando inmediatamente la cabeza. Fruncí el ceño. ¿Por qué diablos adoptaba una posición de debilidad automáticamente? Ni siquiera había hecho algo malo, después de todo. Además, no creía que Neji la regañara. No en frente de todos, al menos. Tenían una imagen que mantener. Todo lo hacían por la imagen, especialmente Neji, y se apegaban religiosamente –casi fanáticamente- a ello. Su apellido, claramente, les pesaba- M-Me alegra... q-que... estés... b-bien...

Miré hacia el bosque, y pude ver que, efectivamente, el castaño salía de entre los árboles, con un rostro que amedrentaría hasta al más gallito de todos, y los ojos tan fríos como el hielo. Detrás de él, mi hermana, Shino, Sasuke, los tres mosqueteros y una chica más, cuyo largo cabello castaño y ojos blancos me dieron la pista de quién era: Hanabi Hyuuga, la hermana pequeña de Hinata. Avanzaron hasta quedar justo a un lado mío, y sentí la mirada de Neji sobre mi cuerpo. Se la regresé con fiereza, provocándolo a que hiciera cualquier comentario al respecto. No lo hizo. Mantuvo la boca cerrada, como un buen caballero, y volteó a ver a su prima, con el ceño ligeramente fruncido.

-Hinata-sama, Hanabi-sama estaba preocupada por tu salud.

Hinata asintió ligeramente, alzando un poco la vista, y sonriéndole a su hermana débilmente. Ella sólo movió la cabeza afirmativamente, en señal de reconocimiento, y nada más. ¿Qué les pasaba a esos tipos? ¿Todos los Hyuuga's eran así de estirados, o ellos tenían un serio problema? Porque mi compañera de cuarto no era, ni por asomo, parecida a ellos. Así que, o ellos estaban mal, o Hinata era la oveja descarriada de la familia. El hecho de sospechar que, en algún momento de mi vida, esa pregunta tenía respuesta no ayudaba en absoluto. De hecho, sólo me estaba cabreando.

-L-Lo siento, Neji-nii-san –susurró rápidamente ella, volviendo a su actitud sumisa que me enfermaba- En c-cuánto c-comenzó el i-incendio... Naruto-kun m-me sacó... de la b-biblioteca y... me... trajo... aquí...

Volvió a levantar los ojos, mirando con adoración a Naruto, quién sonrió ampliamente, de una forma que jamás había visto, y se rascó la nuca con una mano.

-He. Creía que era lo mejor, 'ttebayo –dijo, riendo aún.

Sasuke bufó.

-Dobe. Creía que estabas muerto.

Naruto reaccionó inmediatamente, acercándose mucho a Sasuke, y azucarando su voz hasta que me entraron ganas de vomitar. Hasta cierto punto, se parecía demasiado a Karin cuando ésta intentaba "coquetear". Asqueroso e increíblemente ridículo.

-Aw. ¿Estabas preocupado, teme? ¿Te preguntabas qué ibas a hacer sin mí, 'ttebayo?

Al pelinegro le dio un tic en la oreja, y lo apartó con una mano, poniéndola en la frente del rubio.

-Hmp. Dobe.

-¡No me llames dobe, teme, dattebayo! –chilló Namikaze, apuntando a su "amigo" con el dedo índice, abriendo las piernas como si se estuviera preparando para enfrentar a un sumo, y estirando los labios, como un pato. Parecía genuinamente enojado por el insulto, que no era más que una niñería. Me pregunté si eso sería común entre ellos, hasta que miré a Itachi rolar los ojos. Efectivamente, era algo común.

Y, en ese momento, comenzó la pelea más estúpida que he tenido la desgracia de presenciar en mi vida.

-Dobe.

-¡Teme!

-Dobe.

-¡Teme!

-Dobe.

-¡Teme!

-Hmp. Usuratonkachi.

Naruto abrió la boca, buscando un insulto más fuerte que ese, abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua, sin decir nada. Sasuke sonreía de lado, satisfecho consigo mismo y burlándose del rubio. Cosa que cabreaba del todo un poco más a Namikaze. Enfurruñándose como una niña pequeña, se cruzó de brazos y le dio la espalda a Sasuke, con la barbilla alzada y la espalda recta.

En mi cabeza sólo resonaba una palabra, de la cual no podía librarme: ridículo.

-Problemático –escuché un murmullo, y sólo entonces recordé que los chicos también se encontraban allí. Los enfoqué, y cuando me sonrieron, cada uno a su modo, les devolví una sonrisa un poco más entusiasta de las que tenía por costumbre. Shikamaru se acercó, y me ofreció su mano- Levántate, problemática, o te enfermarás.

Mordí mi labio inferior.

-Yo... –no podía decirle que no podía levantarme. Para hacerlo, tenía que apoyar, como mínimo, una mano en el suelo, y eso significaba dejar al descubierto mi ropa interior. Lo cual no era algo que estuviera demasiado ansiosa de hacer. Por lo que sólo le dediqué una mirada compungida. Él frunció el ceño. Yo también, frustrada, y separé ligeramente mis brazos de mis pechos. Entendió de inmediato, y comenzó a sacarse la chaqueta, sonrojándose ligeramente. Sonreí de lado, pensando en lo tierno que se veía cuando lo hacía, y aceptando su chaqueta cuando me la pasó. Me la coloqué, y pude sentir aún con más fuerza ese olor a cigarrillo y madera que desprendía a cada momento. Cerré la chaqueta por delante con mis manos, y luego me levanté, tratando de que la falda no se subiera demasiado. Una vez sobre mis dos pies de nuevo, me sentí más yo. Más entera, más segura, que botada en el suelo- Gracias –murmuré. Shikamaru asintió, encogiéndose de hombros.

-Volvamos al patio central –respondió, hablando sólo para Shino, Kiba y yo. Increíblemente, el chucho no había hecho ningún comentario sarcástico con respecto a mi vestimenta. Aunque la mirada de burla que tenía en los ojos no me agradaba en lo más mínimo- Necesitas que te den algo para que no te enfermes.

Bufé, apartando un mechón que caía por mi frente en el proceso.

-No soy una niña, Shika –espeté, irguiendo la espalda- Puedo cuidarme sola. Y no soy tan idiota como para...

-¿Cómo para entrar en un edificio en llamas, sin ningún tipo de protección? –completó otra voz, rabiosa y profunda, que reconocí en seguida. Neji. Cerré los ojos, tomé aire, los abrí de nuevo, y me giré. Ahí estaba, plantado frente a mí, como una roca sólida e indestructible, con los ojos llenos de enojo y un rictus furioso en la boca. Traté de recordar que estaba alterado por lo de Hinata, y respondí lo más suave que pude:

-Estaba preocupada por tu prima –la miré por sobre el hombro del castaño, asintiendo imperceptiblemente a la pregunta en sus ojos. Sonrió y luego se volvió hacia mi hermana, con quién había estado charlando- Creía que era lo mejor y más rápido, en caso de que estuviera en verdaderos problemas, y...

-Fue estúpido –cortó otra vez- Fuiste estúpida –corrigió, casi escupiendo las palabras. Fruncí el ceño. ¿Me acababa de llamar estúpida?- Fue un acto completamente idiota, falto de sentido. No tenías que hacer nada.

-Estaba preocupada. ¿Nunca has hecho una locura cuando estás de los nervios?

Su expresión me respondió dos cosas: uno, que nunca se permitía ponerse de los nervios, y que tenía tanta intención de escuchar lo que tenía que decir, como la tenían mis padres.

-Hinata-sama es mi responsabilidad –espetó. Solté una risa sardónica, cruzándome de brazos, y alzando la barbilla para mirarlo directo a los ojos, puesto que se había erguido tanto, que ahora la diferencia de estaturas se hacía abismal.

-Pues si así la cuidas, deberías agradecer que sigue viva.

Entrecerró los ojos.

-No te hagas la lista –masculló- De ahora en adelante, no te metas en lo que no te incumbe.

-¿vas a venir a darme órdenes a ? –reí de nuevo, sin rastro de humor alguno. En algún momento, todas las conversaciones se habían silenciado, y el ambiente se podía cortar con los cuchillos de los juego de té que regalan a las niñas cuando son pequeñas- Perdóname, pero, ¿desde cuando tienes autoridad sobre mí?

-Desde que te metiste dónde no debías –respondió, aunque ligeramente dudoso. Sabía que estaba siendo un cretino. Sabía que no tenían firmeza sus argumentos, y aún así seguía. ¿Por qué? No lo comprendía. ¿Qué estaba tratando de probar? ¿Qué era un macho? Pues no lo iba a dejar. Si para eso se comportaba como un jodido idiota, que se buscara a otra. Yo lo iba a poner en su lugar, sin hacer más que hablar con coherencia- Te recordaba inteligente. Lo que hiciste fue estúpido, irracional e insensato. Te convertiste en una idiota y...

O, al menos, esa era la intención. Porque cuando te metías conmigo, con mi inteligencia, la pagabas caro. Muy caro. Sin importarme si era un Hyuuga o el puto príncipe de Badaboo, alcé mi mano, e impacté contra su mejilla con toda la fuerza que fui capaz de reunir. Me enorgullecí de saber que, en momentos cruciales, mis músculos seguían respondiendo tan bien como siempre, sin importar lo exhaustos que estuvieran.

-Escúchame, Hyuuga, y escúchame bien –dije, sin siquiera darme cuenta de que a poco iba subiendo el volumen- Ni tú, ni nadie, me llama idiota, ni estúpida, y se queda así tan campante. Antes de hablar de mí, o de mí inteligencia, conóceme. Y sí, que me hayas conocido hace sólo Kami sabe cuántos años, y hayamos jugado a las tacitas en el pasado, eso no es conocerme. Soy otra, cambié, y no estoy dispuesta a considerar que me insultes. Ni tú, ni nadie, repito. Con respecto a lo de Hinata, era mi decisión. No, y repito, no vuelvas a tratar de mandarme, porque yo no soy como las idiotas que, muy probablemente, te has llevado a la cama desde que descubriste para qué funciona tu amiguito –señalé su entrepierna con la mirada- Además, si tanto te preocupa tu prima, deberías dejar de ser un idiota amargado y estirado, meterte tu jodido orgullo por el culo, y realmente cuidarla, no esperar que esté bien, como si el mundo tuviera la responsabilidad de cuidar de ella. Idiota arrogante.

Giré sobre mis talones, resoplando sapos y culebras contra los Hyuuga, y me alejé a grandes pasos de allí. Estaba furiosa. ¿Quién se creía que era? ¿Dios? ¡Ja! El día que alguien lo nombrara eso, me pegaría un tiro. El mundo regido por él sería una mierda. Continúe caminando, sin mirar atrás, sabiendo que Shino, Kiba y Shika me seguían, pues podía sentir sus pisadas aplastando la hierba tras de mí. Y aún cuando entramos al bosque y perdimos de vista a la gente reunida en el claro, podía sentir los ojos de Neji cavando agujeros en mi espalda. Y era una sensación no del todo agradable, siendo honesta.

Estúpida bocota.


Y sigue sin gustarme :/ En fin, supongo que nunca estaré completamente satisfecha con el resultado, hasta que me sumerja completamente de nuevo en la historia. No es que no esté en ella, es sólo que... me... bloqueo xDD. Bueno, igual espero que les haya gustado. Recuerden, a pesar de todo, el fic es sumamente sociable, y nadie quiere que se suicide, ¿cierto?

Para evitar eso, y ya que estamos en el mes del amor, ¡den amor mediante un review! No cuesta nada, excepto un poco de tiempo, y hará muy feliz a la autora y al fic, por supuesto.

Gracias por leer y comentar, las quiero mucho, cuídense y nos estamos leyendo ^^ Bye

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